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  • Cuidando el uno con cinco

    El tiempo perdido los santos lo lloran y el mes de no racionamiento va a hacer que en el futuro, el problema sea mucho más grave. Las medidas de racionamiento son un último recurso al que no se debería llegar.
    En estos días los representantes por Cundinamarca intentaron revocarle el mandato al Alcalde de Santafé de Bogotá. El Alcalde muy enojado, les contestó que no pensaba renunciar y que no aceptaba críticas de ellos, porque consideraba que los representantes estaban resentidos por los malos resultados electorales. 

    Sin entrar a tomar partida en esta pelea política, la ciudadanía vería con mucho gusto que el Alcalde utilizara estos días para dejar en orden la ciudad. Todo el mundo quisiera que el Alcalde utilizara su desprestigio para tomar una serie de medidas impopulares, que le permitan al nuevo Alcalde comenzar de una mejor manera.

    Que el desprestigio es para usarlo, es una enseñanza que nos han dejado los gobiernos mexicanos. Allá las decisiones impopulares suelen tomarse en el período de transición por el Presidente, que termina tratando de mantenerle el prestigio al gobernante que entra. Las devaluaciones masivas que tanto afectan la buena imagen de una administración, suelen hacerse al final del mandato evitando futuros problemas.

    En Colombia los gobernantes tratan de cuidar la imagen hasta el final. Por más desprestigiados que se encuentren, tratan de mantener su imagen previendo que en el futuro, los electores tengan mala memoria y que los vuelvan a considerar. Como decía un amigo: En Colombia no hay prestigio que dure seis meses, ni desprestigio que dure más de un año. 

    La Administración Caicedo Ferrer en estos días nos sorprendió nuevamente por su falta de liderazgo. En lugar de haber previsto con suficiente anterioridad el efecto que el verano y el mal mantenimiento de las plantas de la Empresa de Energía iban a tener en el suministro del “fluido eléctrico”, tomó medidas insuficientes. El racionamiento que se puso en práctica antes de las elecciones no podía tener ningún efecto real. 

    Todo el mundo sabe que los consumos en horas no pico son fácilmente sustituibles. Si no hay energía de 3 a 5, las actividades que  normalmente se realizaban a esas horas, se desplazan para otras en las que si haya energía. Realmente, los únicos ahorros que se dan son los correspondientes al refrigerador. Este ahorro es irrisorio cuando se compara con las necesidades que se tienen de hacer rendir el agua de los embalses. 

    El tiempo perdido los santos lo lloran y el mes de no racionamiento va a hacer que en el futuro, el problema sea mucho más grave.
    Las medidas de racionamiento son un último recurso al que no se debería llegar. La experiencia ha mostrado que es mucho mejor apelar al sistema de precios para cuidar los recursos escasos. Colombia tiene que reconocer algún día, que la energía en épocas de verano es más cara que la que se genera en el invierno. Las tarifas de energía en Colombia debían copiar el modelo Brasileño, fijando unas tarifas diferenciales por época del año. Es absurdo no dar la señal adecuada en el uso de energía. Esto lo único que hace es componer el problema de generación de energía y magnificar los recursos necesarios para satisfacer la demanda. 
  • Tasas de cambio fijas o flexibles

    La existencia de dos
    sistemas de cambio ha obligado a los economistas a estudiar las implicaciones
    que tienen las políticas monetaria y fiscal para cada una de ellas
    .
    A comienzos de 1970 se
    discutió mucho si era más conveniente mantener un sistema de tasas de cambio en
    las que la Banca Central interviniera o sí, simplemente sería mejor dejar que
    las fuerzas del mercado determinaran el precio de las divisas.
    En esa ocasión, el
    profesor Milton Friedman fue uno de los principales defensores de adoptar un
    sistema de tasas de cambio flexibles. Para ello dio una serie de argumentos,
    que sin lugar a dudas contribuyeron a convencer a los encargados de la política
    económica a nivel mundial.
    Los argumentos teóricos
    en favor de un sistema de cambios flexibles, unidos a las perturbaciones de
    comienzos de los setenta, llevaron al abandono del sistema de Bretton Woods,
    vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Los países
    industrializados han mantenido en los últimos quince años, un sistema en el que
    las autoridades monetarias y cambiarias prácticamente no intervienen en el
    mercado de divisas.
    La experiencia con el
    sistema de tasas de cambio variables ha sido positiva, pues ha servido para
    absorber los efectos de grandes perturbaciones externas sin consecuencias muy
    negativas en las economías de los países industrializados. Sin embargo, la
    experiencia también ha demostrado que el sistema de cambios flexibles no puede
    ser adoptado por los países pequeños, pues en mercados de tamaño reducido no es
    posible desarrollar instrumentos que permitan cubrir los riesgos inherentes en
    variaciones no previstas de la tasa de cambio.
    La coexistencia de dos
    sistemas de cambio, uno de tasas de cambio fijo para países pequeños, y otro de
    tasas de cambio flexible, ha obligado a los economistas a estudiar las
    implicaciones que tienen las políticas monetaria y fiscal para cada uno de los
    dos regímenes.
    Las conclusiones de
    este análisis son bien importantes, sobre todo, cuando se considera la
    existencia de los capitales golondrina que vuelan hacia el país donde el
    retorno es más alto. En estos casos, la conclusión es que en un sistema de
    cambios fijos la política monetaria es impotente para cambiar el nivel de la
    actividad económica doméstica. Por otra parte, en un sistema de tasas de cambio
    fijo, la política fiscal se torna importante para estabilizar la economía.
    La experiencia de la
    importancia de las autoridades monetarias en la Administración Gaviria para
    controlar la economía colombiana, corrobora que el análisis realizado por los
    buenos macroeconomistas también se aplica en el trópico.
  • Verano Oscuro: Culpa del Niño o del “Chino”

    Los encargados del
    sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones
    meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las
    principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales
    de los setenta.
    Después de haber pasado
    por un crudo invierno que acabó con las calles de Bogotá, que la eficiente
    administración del Doctor Juan Martín Caicedo no ha podido reparar, nos enfrentamos
    a la declaración de un racionamiento de energía.
    Los encargados del
    sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones
    meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las
    principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales
    de los setenta.
    El sector eléctrico,
    que a mediados de 1985 se caracterizó por unos excedentes de generación y por
    un sobre-dimensionamiento, ha pasado a ser un sector con deficiencias. Colombia
    ha entrado un poco más tarde que otros países de racionamiento al ciclo
    energético. De una etapa de racionamiento pasa a una de exceso de capacidad
    instalada y luego, otra vez, en la época de apagones. Esto se ha vivido en
    otros países como Argentina y Brasil, donde también se han hecho desarrollos
    con base en hidroeléctricas.
    Los errores de
    planeación y el inmoderado optimismo de un crecimiento, da lugar a una etapa de
    ampliación considerable de expansión. Por otra parte, la necesidad de servir la
    deuda incurrida, da lugar a aumentos de tarifas que influyen negativamente en
    el crecimiento de la demanda y que causan, a su vez, el exceso de capacidad. El
    exceso de la capacidad instalada y el alto endeudamiento del sector frenan la
    inversión, lo que también influye en el futuro racionamiento.
    En este ciclo
    energético el experto Guillermo Perry, que cuando era un joven y destacado
    ingeniero se ganó por su precocidad el remoquete de “El Chino Perry”,
    ha tenido una participación importante. Como consultor, dirigió el Estudio
    Nacional de Energía, lo cual tuvo como consecuencia un plan de expansión del
    sector eléctrico, que dió lugar a la sobreinversión.
    Más tarde, como
    Ministro de Minas y Energía, para enmendar el sobre-dimensionamiento existente
    y de acuerdo con los organismos multilaterales de crédito, frenó el ritmo de
    inversión de los mega-proyectos del sector eléctrico. El frenazo al Guavio y a
    otras inversiones nos ha colocado, cinco años más tarde, en un racionamiento
    con altos costos sociales y políticos.
    La planeación del sector eléctrico, que en una época había sido
    considerada como la mejor del país, ha entrado en una nueva crisis. Los errores
    del pasado unidos a una gestión deficiente, han sido tan grandes que nos han
    llevado a esta situación. La larga gestación de los proyectos hidráulicos ha
    sido una de las causas estructurales del ciclo de los proyectos. El análisis
    elemental del conocido modelo de la telaraña ha enseñado a los estudiantes de
    primer año de economía, que entre mayor sea el rezago entre la decisión y la ejecución,
    mayor es la inestabilidad.

    Esta clara enseñanza de
    la teoría económica es olvidada por los diseñadores, quienes muchas veces
    seleccionan el proyecto con el criterio equivocado. En varias ocasiones he oído
    defender, equivocadamente, un proyecto por sus bajos costos de inversión por
    unidad de potencia.  El criterio correcto
    es escoger el proyecto con base en un criterio de minimización del costo por
    kilovatio-hora producido. En estos momentos, en que nuestros embalses están
    agotados, no es un consuelo saber que tenemos capacidad de generación en
    exceso, si nos falta el agua, o sea la materia prima para la generación
    hidráulica. 
  • El costo de las elecciones

    No solo es importante
    considerar la posibilidad de privatizar los servicios, sino que también es
    necesario ponerle límites claros a 
    lo que se puede
    negociar en las convenciones colectivas.
    En Colombia, a medida
    que se acercan las elecciones se agudizan los problemas laborales. La agitación
    laboral está a punto de acabar con la poca paciencia de los sufridos usuarios
    de los servicios públicos. No solo deben sufrir el deterioro en los niveles de
    servicio, sino que después tienen que pagar los logros laborales de los
    sindicatos. En elecciones anteriores, era normal esperar huelgas en Teléfonos y
    la Registraduría, hoy en día, hay agitación laboral en la Energía de Bogotá y
    otras entidades del sector eléctrico al mismo tiempo que en varias
    instituciones financieras. Las magníficas condiciones de los trabajadores de
    Teléfonos y de la Registraduría han inspirado a otros líderes sindicales para
    negociar con las autoridades en vísperas electorales.
    El mal servicio
    imperante en estas épocas de negociaciones colectivas, hace ganar a la
    privatización de las Empresas Públicas muchos adeptos. El mal servicio de la
    Empresa de Teléfonos que he podido apreciar por la falla de más de un mes en
    una de las líneas telefónicas de mi oficina, me ha hecho pensar en los
    argumentos que ha dado el Doctor Miguel Urrutia para la privatización de la
    Empresa de Comunicaciones de Bogotá. La buena voluntad y la capacidad técnicas
    de un gerente como el Doctor Carrizosa, se enfrentan a problemas de carácter
    estructural que claman por una solución diferente a la de montar un Canal
    Local.
    No solo es importante
    considerar la posibilidad de privatizar los servicios, sino que también es
    necesario ponerle límites claros a lo que se puede negociar en las convenciones
    colectivas. Sin lugar a dudas, es muy importante realizar un cambio radical en
    el sistema  de seguridad social. Las
    directivas de las empresas, con un horizonte de planeación corto, tienden a
    conceder muy buenas condiciones para la jubilación de sus trabajadores.
    Algunos gerentes caen
    en la tentación de transferir al futuro los problemas, concediendo unas
    condiciones generosas que terminan acabando las empresas. Colpuertos y los
    Ferrocarriles, son ejemplos claros de los problemas que se generan cuando por
    la presión del día se cede en materia de jubilaciones. Los altos costos
    laborales, no solo llevan a la ruina de unas empresas, sino que le ponen un
    punto de negociación a los demás sindicatos. 
    Esta espiral de salarios termina arruinando todas las empresas públicas.
    Después de haber mirado, así sea por encima, la caótica situación
    pensional, es muy fácil concluir que es necesario llegar a unas condiciones
    idénticas para todos los trabajadores. El régimen de jubilación debería ser
    uniforme para todos los trabajadores. Las convenciones colectivas no podrían
    cambiar estas reglas y deberían centrarse en el nivel de salarios, en políticas
    de promoción y capacitación, y en las condiciones mismas del trabajo, dejando
    al sistema de seguridad social y a los fondos de pensión el problema de cómo
    pagar al trabajadores en su jubilación.
    Afortunadamente, el
    sistema electoral va a entrar en un receso hasta mayo de 1994. Durante este
    período, las autoridades deberían hacer algunas reformas para romper la
    vinculación entre las elecciones y los pliegos laborales. Por ejemplo, los
    procedimientos de votación deberían sistematizarse para disminuir la amenaza
    constante de los funcionarios de la registraduría.

    Las elecciones deberían
    realizarse en días laborales, sin tener que 
    paralizar todo el país. Si el censo de población se pudo realizar en un
    día ordinario, no hay ninguna razón para que no se pueda cumplir con el deber
    ciudadano de la votación en un martes cualquiera, como se hace en los Estados
    Unidos. 
  • Política Económica: Mucho cacique y pocos indios

    Los ministros del equipo económico continúan pisándose las mangueras.
    El representante de El Tiempo en el gobierno continua opinando acerca de los
    asuntos cafeteros.

    Los primeros resultados en el campo económico no auguran un buen año.
    Si en la economía existieran las cabañuelas, las predicciones para todo el 92
    no parecerían muy brillantes. Los encargados de la política no parecen haber
    encontrado la medicina adecuada para aliviar las dolencias que aquejan a la
    economía colombiana. La política monetaria, cambiaria y fiscal siguen siendo
    manejadas sin una clara orientación y sin producir los resultados esperados.
    Las autoridades monetarias no han encontrado la manera de cumplir con
    unas metas de crecimiento del dinero. Los medios de pago siguen descontrolados.
    Las medidas tomadas no han logrado disminuir el crecimiento de la base
    monetaria. Las autoridades parecen, al igual que un amigo mío, haber tomado la
    decisión de seguir siendo indecisos. No saben todavía si es importante o no
    controlar los medios de pago. Como consecuencia de la falta de control las
    presiones inflacionarias se mantienen vivas. 
    En efecto, el costo de vida arrancó con patada de antioqueño en
    1992.  El 3.5 por ciento del 92 superó
    con creces los resultados de los últimos años.
    La política cambiaria sigue siendo utilizada como un elemento de
    control monetario.  La Junta Directiva
    del Banco de la República, ha continuado revaluando el peso para controlar el
    crecimiento de la base monetaria aún a costa de la competitividad externa. Las
    negras perspectivas externas del café, el petróleo y el carbón, se unen a un
    sombrío panorama de las importaciones no tradicionales  y, a una economía americana en recesión para
    augurar un mal año a las exportaciones.
    La política fiscal sigue en el limbo. La tan mentada reforma
    tributaria espera que pasen las elecciones para que sea discutida en el
    Congreso. En consecuencia, el déficit fiscal se mantiene en niveles
    incompatibles con el equilibrio macroeconómico. Los huecos negros (Fondo
    Nacional del Café, Sector Eléctrico, ISS, Colpuertos, Metro de Medellín) donde
    desaparecen todos los fondos del gobierno siguen tan profundos como los de las
    calles santafereñas.
    Las batallas económicas se están perdiendo porque parece que en el
    gobierno hay muchos caciques y pocos indios. Poner de acuerdo a seis
    economistas y un abogado en la Junta Directiva del Banco de la República, se ha
    mostrado bastante difícil. En temas tan importantes como, si se debía o no
    controlar las tasas de interés se presentaron importantes divergencias. La
    falta de estudios por parte de los funcionarios del Banco Central contribuye a
    dilatar las discusiones, e impide llegar a una pronta solución. Como si no
    fuera suficiente contar con seis opiniones, el Gobierno ha traído a destacados
    asesores que con sus densos documentos han contribuido a aumentar la entropía
    económica.

    Los ministros del equipo económico continúan pisándose las mangueras.
    El representante de El Tiempo en el gobierno continua opinando acerca de los
    asuntos cafeteros. En la radio sostiene que el precio interno del café debe
    bajar antes de que sus colegas de Hacienda y Agricultura hayan tomado la
    decisión. Como si no tuviera suficiente trabajo con presidir la UNCTAD y fijar
    la política cafetera, el Doctor Santos decide también fijar las políticas de
    ensamble del país. Si se quiere que haya futuro en el frente económico, el
    Presidente Gaviria debería comenzar a buscar una embajada a los ministros que
    están impidiendo una marcha armoniosa del equipo económico.
  • El milagroso 3,5 por ciento

    Los agentes económicos
    están sumidos en la incertidumbre, al no tener muy claro quién es el
    responsable por la inflación: 
    la Junta Directiva del
    Banco de la República o el Ministro de Hacienda
    La semana anterior los
    medios de comunicación nos dieron a conocer una noticia en el frente
    inflacionario. De acuerdo con el Dane la inflación de enero llegó a 3,5 por
    ciento. Esta cifra no sólo superó los eneros de los últimos años, sino que de
    continuar durante el resto del año nos pondría en el explosivo nivel del 50 por
    ciento.
    Al mirar con más
    detenimiento el incremento de los precios, uno se da cuenta que en buena parte
    está reflejando los aumentos del año pasado. En efecto, para poder pasar al año
    con menos de 27 por ciento, el gobierno decidió incrementar el precio de la
    gasolina cuando el Dane ya había cerrado el mes de diciembre. De esta manera se
    logró una cifra  menor en 1991 a costa de
    una mayor inflación en 1992.
    Si bien la inflación no
    va a seguir corriendo a ritmos tan altos como el de enero, es posible que no
    baje tan rápido como se espera. Las cifras disponibles sobre medios de pago
    muestran que el crecimiento de la demanda agregada sigue siendo muy alto. En
    crecimiento del dinero cercano al 35 por ciento no puede ser compatible con una
    inflación del 22 por ciento.
    La entrada de divisas
    sigue influyendo positivamente en el crecimiento de las reservas
    internacionales, y, por lo tanto, está alimentando el crecimiento de los medios
    de pago. Las importaciones se mantienen estancadas y las expectativas de
    revaluación siguen vigentes.
    La Junta Directiva del
    Banco de la República y el Ministro de Hacienda, han venido pasándose la pelota
    emulando a los dirigidos por el “Bolillo” Gómez. El público no tiene
    muy claro quién de los dos es el responsable de por la inflación. La Junta le
    pide al Ministro de Hacienda que aumente el superávit fiscal para poder
    controlar la inflación, mientras que el Ministro considera que la
    responsabilidad del control de la inflación ha pasado al parque de Santander.
    Esta situación no
    debería continuar pues, los agentes económicos están sumidos en la
    incertidumbre. La Junta debería asumir la responsabilidad del control
    inflacionario, sin esperar a que el ministro logre el milagro de reducir el
    déficit fiscal. El gobierno debe asumir la responsabilidad de determinar una
    política en la que se pueda absorber el superávit cambiario mediante una
    reducción del déficit fiscal.

    Bajo un esquema lógico
    de asignación de responsabilidades, la Junta tendría a su cargo la obligación
    de mantener una tasa de inflación baja, y que el gobierno debería responder por
    la coherencia macroeconómica del plan de apertura. 
  • No me defiendas compadre

    La política de mantener
    los precios de los vehículos por parte de algunas ensambladoras se trata de
    justificar con argumentos que no tienen mucha validez, intentando convencer al
    consumidor de que esa acción se toma en su beneficio.
    Recientemente, el
    gerente de COLMOTORES nos sorprendió con la grata noticia de que los precios de
    los vehículos ensamblados por la General Motor se iban a reducir. La
    disminución de los precios se originó en buena parte en la rebaja del arancel
    para el componente importado y por la apertura de las importaciones de
    vehículos. Sin embargo, el buen ejemplo no fue seguido por las otras
    ensambladoras. SOFASA fabricante de Renault en avisos de prensa publicados al
    día siguiente, anunció que no rebajaría el precio de sus vehículos.
    Uno puede entender que
    la grave situación por la que atraviesa esta ensambladora, le haya obligado a
    mantener el precio de sus vehículos. Lo que no se puede aceptar es que esta
    política se esté justificando con argumentos que no tienen mucha validez. Es
    mucho menos aceptable el que se pretenda hacer creer al consumidor que, esta
    actuación se ha hecho pensando en beneficiar al sufrido dueño del carro
    colombiano.
    En efecto, el argumentar
    que este aumento va a beneficiar al comprador del vehículo desafía cualquier
    análisis. En la vida es muy válido el conocido principio de Pambelé, todos
    sabemos que es mejor ser rico que ser pobre; de la misma manera, siempre es
    mejor pagar menos que pagar más. Cuando un productor llámese SOFASA o CCA cobra
    más de lo que se debe por un producto, el consumidor sale perjudicado. No es
    mucho consuelo saber que el vehículo por el que hemos pagado más de lo debido
    se va vender, ya usado, a un precio más alto. Evidentemente, quien nos compre
    el vehículo usado a un precio mayor también va a salir perjudicado en esta
    cadena de la infelicidad. El hecho de que haya muchos perjudicados no mejora la
    situación sino que por el contrario la empeora.
    La política gubernamental,
    de eliminar las grandes distorsiones existentes en el mercado automotor, está
    siendo convertida en un programa de subsidios para las dos ensambladoras que no
    han rebajado el precio de sus vehículos. Para efectos prácticos, y por obra y
    gracia de la decisión de dos empresas, el programa de rebaja se ha convertido
    en una sobretasa arancelaria con destinación específica. El consumidor termina
    pagando más para que dos empresas ganen más.
    La competencia con
    COLMOTORES  y con las importaciones, van
    a frustrar en parte las intenciones de las ensambladoras que no han bajado los
    precios. En estas circunstancias se vuelve muy atractivo vender los R9 y R 18
    usados a buen precio para comprar el SPRINT o el HONDA que hemos venido
    anhelando desde hace algún tiempo.
    Infortunadamente, la
    realidad fiscal de Colombia nos prevé un aumento de impuestos para compensar
    las rebajas arancelarias. Los dueños de Mazda y Renault además de contribuir al
    bienestar de los fabricantes van a tener que pagar los nuevos impuestos que nos
    está preparando el Doctor Hommes. 
  • La calentura no está en las sábanas

    El control
    administrativo de las tasas de interés, fuera de ser un pésimo mensaje para los
    agentes económicos, ataca los síntomas de un problema, en lugar de atacar sus
    causas.
    La semana anterior se
    estuvo discutiendo en el seno del gobierno, la conveniencia de poner en
    práctica el control administrativo de las tasas de interés que cobran los
    intermediarios a sus clientes. Dentro de la Junta Directiva del Banco de la
    República existían varias opiniones. Algunos de los miembros pensaban que era
    conveniente la intervención, mientras que otros, consideraban que era mejor que
    las tasas de interés se siguieran determinando como un resultado del juego de
    la oferta y la demanda.
    Al final de la semana
    se llegó a un compromiso, en el que se decidió fijar las tasas de interés de
    los bancos oficiales, dejando la determinación de las de los bancos privados,
    al buen criterio de los banqueros. Las autoridades, en esta ocasión, no
    buscaron el famoso pacto de caballeros para bajar las tasas de interés. Por el
    contrario, se pronunciaron en contra de la fijación concertada de ellas.
    Inclusive, las autoridades regañaron a los miembros de la asociación de
    tarjetas de crédito, porque encontraron que el parecido en las tasas fijadas no
    era una pura coincidencia.
    Aunque en teoría, las
    discrepancias en el equipo de gobierno pueden ser sanas, en la práctica estas
    diferencias dan un mensaje negativo a los agentes económicos. En materia tan
    importante para el manejo monetario, lo menos que se puede pedir es que se
    compartan los criterios sobre cómo se determinan las tasas de interés.
    Más aún, cuando se ha
    tratado de independizar el manejo monetario de las presiones ejercidas por los
    ministros encargados del gasto, no pareciera lógico volver a la época en que se
    fijaban las tasas de interés en el despacho del Ministro de Hacienda. En los
    países con una autoridad monetaria independiente, esta busca cumplir con sus
    objetivos a través del mercado, sin apelar a las medidas directas. En Estados
    Unidos lo último que pensarían los intermediarios financieros, sería la
    apelación por parte de la Reserva Federal a controles directos de la tasa de
    interés.
    El control
    administrativo de las tasas de interés, fuera de ser un pésimo mensaje para los
    agentes económicos, ataca los síntomas de un problema, en lugar de atacar sus
    causas. Las autoridades deberían preguntarse, por qué están tan altas las tasas
    de interés y una vez obtenida la respuesta, tratar de encontrar la solución a
    estos problemas.
    El haber bajado las tasas de interés de captación frenará la entrada
    de divisas. Si se cumple lo que está pidiendo el Doctor Hommes, de que la gente
    se endeude en el exterior, se generará un efecto similar.  Terminaremos con una salida de dólares igual
    a la entrada de estos, lo cual se obtiene como resultado del endeudamiento con
    el extranjero. El control de la base monetaria requiere que la gente, no sólo
    no traiga sus dólares o los saque, sino que no se endeude en el exterior.
    Un economista podría
    pensar que las tasas de interés de captación están altas porque hay una demanda
    elevada de crédito. Es posible pensar que algunos de los cambios introducidos
    por las reformas de la actual administración, están generando demandas
    adicionales de crédito. Por ejemplo, modificaciones en la legislación laboral,
    como lo es el traslado de las cesantías a los nuevos fondos, obligará a algunas
    empresas a endeudarse para poder cumplir con esta disposición antes del 15 de
    febrero. Adicionalmente, las reformas en el régimen de retención en la fuente,
    introducidas por la dirección de impuestos para generar fondos al comienzo del
    año, en algo influyen en la liquidez de las empresas y en las necesidades de
    préstamos.
    Además de lo anterior,
    la demanda de crédito ha aumentado por el ánimo especulativo de algunos de
    nuestros yuppies. Si bien, los más prudentes han colocado sus ahorros en la
    bolsa, los más osados no han dudado en endeudarse para gozar del boom de
    nuestro Wall Street criollo.
    Por el lado de la
    oferta, también parece que las políticas del gobierno algo han tenido que ver
    con el problema del alto costo del crédito. Aunque se hubiera podido pensar que
    la privatización de los bancos contribuiría a una mayor competencia, parece que
    esto no ha ocurrido. Por el contrario, en el corto plazo, la privatización de
    los bancos, ha aumentado la concentración del poder del mercado en los grupos
    más poderosos. Los gigantes parecen estar más bien fortaleciéndose con unos
    márgenes grandes, como preparación a la pelea que se ve venir.

    A propósito de la
    privatización, resulta paradójico en la decisión de bajar el costo del crédito,
    que ella, no sólo va a hacer menos atractiva la compra de los bancos, pues los
    márgenes de intermediación van a ser menores, sino que los inversionistas se
    desalentarán, al saber que el precio de su negocio va estar bajo control de las
    autoridades monetarias. Los que compraron los bancos bajo la hipótesis de que
    los márgenes de intermediación seguirían siendo altos, deben estar pensando en
    imitar a la Renault y solicitar una indemnización, pues el negocio resultó
    menos rentable de lo que se había pensado al hacer la oferta. 
  • ¿Qué nos espera en el 92?

    Las autoridades
    económicas colombianas y los institutos de investigación colombianos, piensan
    que el 92 va a ser mejor que el 91.
    Las primeras semanas
    del año son propicias para hacer la planeación de los próximos doce meses. Por
    regla general, existe una cierta tendencia al optimismo pues se suele creer que
    el año que entra va a ser mejor que el que termina. Para el presente año, las
    publicaciones especializadas de Colombia y de los Estados Unidos están
    presentando unos pronósticos de la actividad económica que superan los
    resultados obtenidos en 1991.
    Las autoridades
    económicas colombianas y los institutos de investigación colombianos, piensan
    que el 92 va a ser mejor que el 91. La revista Coyuntura Económica, publicada
    por FEDESARROLLO, presenta unas proyecciones ligeramente mejores que sus
    estimativos del desempeño de la economía colombiana en 1991. Para Coyuntura
    Económica, la economía puede crecer un 2.2 por ciento en el 92, un poco más del
    1.8 por ciento estimado para el 91. La inflación puede llegar a los dos paticos
    (22%), cinco puntos por debajo del 27 obtenido en el 91.  Las tasas de interés bajarán los mismos cinco
    puntos porcentuales de reducción de la inflación, para colocarse a un nivel de
    31.5 por ciento. El único indicador que no mejora en las proyecciones de
    FEDESARROLLO es el déficit fiscal, que pasa de 1 por ciento del producto
    interno bruto al 1.5 por ciento.
    Las proyecciones del
    gobierno, aunque difieren en cuanto a la magnitud de las cifras, también
    muestran una mejoría de la economía. Las estimaciones del Departamento Nacional
    de Planeación presentan un crecimiento del PIB de 3.5 por ciento para 1992.
    Este desempeño de la economía colombiana, según el DNP, se basaría en un
    crecimiento elevado en las exportaciones y la inversión.
    Los cálculos no sólo
    coinciden en cuanto a que el 92 va a ser mejor que el 91, sino también en que
    el crecimiento no será el mismo para todos los sectores y para todos los
    componentes del gasto.  Según Coyuntura
    Económica, el café, la minería y la construcción crecerían dos veces más rápido
    que el total de la economía. Para FEDESARROLLO, el sector industrial sería el
    principal damnificado del 92; el valor agregado de la Industria descendería un
    cuatro por ciento durante dicho año. A nivel de componentes de la demanda,
    FEDESARROLLO coincide con Planeación en que habrá un mejor comportamiento de la
    inversión y de las exportaciones.
    Todos los analistas coinciden esta vez en que las importaciones van a
    crecer a una tasa de dos dígitos. El represamiento de las importaciones,
    causado en 1991 por la gradualidad y las expectativas de revaluación, va a
    convertirse en un torrente de productos, que si bien representará mayores
    inversiones, también tendrá efectos negativos en el sector productivo y
    especialmente en la industria.
    El rápido crecimiento
    de las importaciones, sin lugar a dudas permitirá un mejor manejo de la oferta
    monetaria, pues se eliminará la necesidad de congelar recursos, bien sea por
    operaciones de mercado abierto o, por emisión de certificados de cambio. Más
    aún, en la medida en que el volumen de importaciones sea mayor que el de
    exportaciones, el saldo de los certificados de cambio comenzará a reducirse.
    Sin embargo, la Junta
    Directiva del Banco de la República no puede esperar a que los certificados
    mueran por un mayor crecimiento de las importaciones, sino que debe tomar
    medidas adicionales para salirse del problema creado, el año anterior, por el
    Ministro de Hacienda. Una medida que serviría para eliminar algunas
    distorsiones sería la igualación de la tasa de cambio oficial y la tasa que se
    determina libremente en el mercado.

  • No hay hueco que dure dos años

    La guerra al solo-hueco
    ha sido un clamor constante del sufrido bogotano. Ante el anuncio de tantas
    maravillas que se piensan realizar en tan corto tiempo, no puede menos de
    preguntarse por qué esto no se había podido hacer antes.
    El Alcalde Caicedo ha
    anunciado que antes de las elecciones de marzo entregará completamente
    repavimentadas las calles de Bogotá. Indudablemente, uno de los mayores
    beneficiados será el ilustre candidato del partido de gobierno, pues si de
    verdad esta vez el Alcalde cumple sus promesas algo le va a mejorar la
    votación.
    La guerra al solo-hueco
    ha sido un clamor constante del sufrido bogotano. Ante el anuncio de tantas
    maravillas que se piensan realizar en tan corto tiempo, no puede menos de
    preguntarse por qué esto no se había podido hacer antes. Uno podría aventurarse
    a pensar que es porque ahora el famoso Registro Unico de Proponentes si está
    funcionando. Por las denuncias hechas por la Administración sobre el caos
    imperante en el Registro Unico de Proveedores, se podría imaginar que en la
    anterior emergencia vial decretada por la Administración Caicedo Ferrer, los
    contratistas de obras públicas se escogieron entre los proveedores de artículos
    de oficina.
    Esta hipótesis debe
    descartarse pues como bien se sabe la Administración Caicedo Ferrer ha sido muy
    adicta a hacer adjudicaciones a dedo, sin tener en cuenta el regimen de
    contratación del Distrito definido en su Código Fiscal. Infortunadamente, el
    dedo del anterior Secretario de Obras Públicas no fue muy acertado, al elegir a
    unos contratistas sin experiencia que además cobraron unos precios muy por
    encima de los que habitualmente cobran los pavimentadores bogotanos.
    La importancia de
    contar con unas calles en buen estado no puede subestimarse. La evaluación
    económica de un proyecto de rehabilitación de calles urbanas muestra que los
    beneficios para la ciudad son muy superiores a sus costos. Los indicadores de
    rentabilidad de estos proyectos son siempre superiores a los de otros proyectos
    urbanos.
    Los proyectos de
    transporte financiados por el Banco Mundial y otros organismos internacionales
    siempre incluyen un componente importante de rehabilitación de vías urbanas. El
    componente de pavimentación no solo busca solucionar un problema existente en
    la ciudad, sino que además pretende establecer un sistema de mantenimiento que
    asegure que las inversiones se continúen haciendo y que además, obedezcan a un
    plan de prioridades adecuado.
    Precisamente, el
    Proyecto que preparó la Administración Pastrana y que aprobó recientemente el
    Banco Mundial, incluye un plan de rehabilitación de las vías de Bogotá. Como
    parte de la preparación misma del proyecto se diseñó con asesoría de destacados
    profesionales nacionales y con el apoyo de un consultor peruano, un
    procedimiento para fijar las prioridades del plan de rehabilitación.

    Gracias a la
    financiación obtenida a través del crédito del Banco Mundial, la Administración
    ha podido emprender este plan de recuperación, no solo de la infraestructura
    vial, sino también de la deteriorada imagen de nuestro Alcalde. Esperamos que
    esta vez le salgan bien las cosas al Doctor Caicedo Ferrer y que pueda al fin
    utilizar los recursos del préstamo del Banco Mundial.