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  • Un gran error en la privatización de TELECOM

    Si Bogotá por razón de su crisis financiera, tuviera que vender la
    ETB, recibiría menos dólares de lo que le correspondería en un regimen normal
    de impuesto a la renta.
    La privatización de Telecom ha sido objeto de fuertes críticas por la
    manera tan poco profesional como se está manejando. Al Ministro de
    Comunicaciones le tocó conjugar el temido verbo renunciar dando un ejemplo que
    debería ser seguido por los funcionarios del actual gobierno a quienes la
    suerte no los ha acompañado en su gestión.
    El setenta y cinco por ciento de impuesto a la Renta, es una mala
    decisión por muchas razones. Poner un impuesto tan alto no mejora el mal  comportamiento de un monopolista. La lógica
    económica enseña que las decisiones de una firma que maximiza ganancias es
    idéntica a la firma que maximiza el 25 por ciento de sus ganancias. Por tanto,
    la definición de la escala de producción se hace independientemente de la
    tarifa del impuesto a la renta. En los cursos de principios y de microeconomía
    se ilustra algo que los encargados de las decisiones tienden a olvidar. El
    problema del monopolio no es tener ganancias excesivas sino más bien producir
    una cantidad menor de la que es socialmente deseable. Por tanto, el problema no
    se soluciona mediante un aumento en el impuesto a la renta sino haciendo que el
    monopolista opere en el punto en que el precio sea igual al costo marginal.
    En segundo lugar, no debe olvidarse que entre  mayor sea el impuesto a la renta menor será
    lo que está dispuesto a pagar un inversionista privado. En el caso extremo, en
    el que se pusiera un impuesto del ciento por ciento, nadie en su sano juicio
    estaría dispuesto a pagar un centavo por una empresa que se pone en venta. El
    impuesto alto es la mejor manera de bajar el valor de una empresa que se va a
    vender. Unos cálculos sencillos muestran que un inversionista interesado en una
    Empresa a la que se le cobra un 75% de impuesto, ofrecerá únicamente el 36 por
    ciento de lo que ofrecería por una Empresa con el impuesto normal del 30 por
    ciento.
    Las telefónicas locales lograrán menos ingresos entre mayor sea el
    impuesto a la renta; el impuesto del 75 por ciento, en efecto les quita un 64
    por ciento del valor de su patrimonio. Si la ETB puede valer 2.000 millones de
    dólares con un impuesto del 30 por ciento, con un impuesto del 75 su valor se
    reduciría a apenas 700 millones de dólares. Si Bogotá por razón de su crisis
    financiera, tuviera que vender la ETB recibiría 1300 millones de dólares menos
    de lo que le correspondería en un regimen normal de impuesto a la renta.
    El caso de una Empresa de propiedad de la Nación es menos malo. Si
    bien, con el impuesto a la renta el tesoro nacional va a recibir un poco más de
    la tercera parte de su valor comercial, le queda el consuelo de que en el
    futuro tendrá los ingresos correspondientes al impuesto a la renta. En estas
    circunstancias, el poner impuestos altos es ni más ni menos equivalente a
    hacerle un préstamo sin intereses al futuro dueño, pues este tendría que poner
    únicamente el 36 por ciento, y el otro 64 por ciento del valor se pagaría en
    cómodas cuotas anuales sin intereses.
    Pero más grave aún, el poner un impuesto tan alto tiene un efecto
    pernicioso sobre las inversiones futuras. Las empresas tratarán de invertir
    hasta que su rentabilidad, después de impuestos, sea igual a la rentabilidad en
    otro tipo de negocios. Por tanto, debido a las altas tasas tributarias habrá
    una subinversión en el sector de las telecomunicaciones. Esto es totalmente
    contrario al objetivo que se ha buscado para la privatización de la
    telecomunicación. Se ha afirmado, que se busca la participación del sector
    privado porque el gobierno no tiene la capacidad de invertir pues debe atender
    necesidades crecientes en el campo social. Desafortunadamente, con una tasa del
    75 por ciento los nuevos dueños, con toda seguridad, invertirán mucho menos que
    lo que está invirtiendo TELECOM.
    La privatización planteada, por tanto, no es la solución que requiere
    un país retrasado tecnológicamente. La actitud demagógica de poner altas tasas
    de impuestos para calmar a los opositores de la privatización, equivaldrá a
    matar la gallina de los huevos de oro.
  • Autocontrol antes de intervención

    La peor consecuencia de
    una crisis fiscal es la pérdida de autonomía en el manejo de la ciudad.
    En el fin de semana
    pasado se realizó un importante seminario sobre el futuro del Distrito. Con la
    asistencia de destacados expositores del Banco Mundial y del gobierno nacional
    se revisó la situación del Distrito Capital y se analizaron las perspectivas
    que le espera a la Administración que comienza el próximo primero de junio.
    Por lo visto en el
    seminario, a la ciudad no le fue muy bien en los dos últimos años. Los
    compromisos con el Banco Mundial no se cumplieron lo que tuvo como consecuencia
    la cancelación del segundo Proyecto de Distribución de la Empresa de Energía de
    Bogotá. El Proyecto Bogotá IV de gran importancia para la Empresa de Acueducto
    de Bogotá presenta considerables retrasos y muy probablemente será cancelado
    dentro de muy poco tiempo.
    Dos proyectos de gran
    importancia para la ciudad cuyo trámite se encontraba bastante adelantado al
    comienzo de la Administración Caicedo Ferrer se encuentran en el limbo
    burocrático. El Proyecto de transporte urbano ya evaluado por el Banco Mundial
    no ha podido ser llevado a la aprobación del Directorio por falta de
    compromisos serios sobre el manejo de las finanzas bogotanas. El Proyecto
    Bogotá V sometido a la consideración del Banco Mundial no ha podido avanzar por
    la postración financiera en que se encuentra la Empresa de Acueducto y Alcantarillado.
    Los indicadores de
    eficiencia de las Empresas de Energía y Acueducto son muy pobres. Los costos
    laborales de las empresas no solo son altos sino que además han continuado
    creciendo en el pasado reciente. La oligarquía sindical del Distrito ha montado
    su propio programa de bienestar. Los sobrecostos laborales superan los gastos
    sociales del Distrito.
    La deuda del Distrito
    ha venido creciendo vertiginosamente. Los plazos con los que se ha contratado
    la deuda distrital son tan cortos que más de la mitad de los nuevos créditos
    deben ser contratados para amortizar créditos anteriores. El Distrito Capital
    en los dos últimos años parece estar enviciado con la contratación de deudas.
    En el pasado la deuda se contrató para poder financiar la inversión necesaria
    para asegurar la prestación de los servicios a cargo del Distrito. En 1991 fue
    necesario incurrir en endeudamiento para poder cubrir los pagos corrientes pues
    los ingresos resultaron insuficientes.
    Los casos de Nueva York
    y Ciudad de México se mencionaron durante el seminario como posibilidades de lo
    que puede pasar cuando las ciudades pierden el control absoluto de sus
    finanzas. Para salir de su crisis las dos ciudades mencionadas tuvieron que
    pedir ayuda al gobierno central. Como bien lo dijo William Dillinger del Banco
    Mundial.  “En ambos casos, la ayuda
    del gobierno central tuvo un costo altísimo. La ayuda del gobierno
    norteamericano dependió de lograr un presupuesto balanceado en tres años. Esto
    requirió una cirugía radical tanto desde el lado de gasto como del lado
    impositivo. Para reducir el gasto fue necesario despedir  25.000 funcionarios, revocar un aumento
    salarial del 6%, y congelar por cinco años los programas de construcción de
    vivienda. Para aumentar los ingresos, el gobierno debió aumentar 200 millones
    de dólares de impuestos, incrementar las tarifas del metro y de los buses y
    fijar matrículas en una universidad que tradicionalmente había sido gratis.
    México, de manera similar, se vio forzado a aumentar dramáticamente sus
    impuestos y tarifas, esto incluyó el impuesto predial, las placas de los
    vehículos, arriendos, tarifas de acueducto, y del metro. México redujo sus
    gastos en una tercera parte, principalmente mediante una reducción drástica de
    la inversión.”
    Si uno considera, con
    el expositor, que la peor consecuencia de la crisis, se da en el largo plazo
    con la pérdida de autonomía en el manejo de la ciudad no puede menos de pensar
    que es necesario evitar a toda costa que Bogotá entre en una crisis financiera.
    El triste ejemplo de la pérdida de autonomía de la Empresa de Energía al
    suscribir un convenio con la FEN nos debe alertar sobre la posibilidad de
    quedar sometidos a unos compromisos dolorosos impuestos, unilateralmente, por
    otros niveles de la Administración Pública.

    Para evitar que Bogotá
    pierda la autonomía que le confiere la nueva Constitución es necesario retornar
    a una disciplina fiscal estricta. El Alcalde debe tomar las riendas de toda la
    ciudad. En especial debe ejercer un control sobre el proceso de inversión de
    las grandes empresas. El Alcalde, con un grupo selecto de asesores, tiene que
    asumir la responsabilidad de fijar topes en la inversión que puedan ejecutar
    las Empresas de Servicios Públicos. Los gastos de inversión de gastos deben ser
    congruentes tanto con la capacidad fiscal de la ciudad como con las metas
    macroeconómicas del gobierno central. Las decisiones sobre los proyectos de
    ampliación más atractivos tienen que ser tomadas por el Alcalde y su grupo de
    asesores buscando siempre los proyectos con las más altas rentabilidades
    económica y social. Esta dura labor de autocontrol, sin lugar a dudas, es
    preferible a entregar la autonomía del Distrito al gobierno nacional a cambio
    de una ayuda financiera solicitada en momentos de crisis en los que no existe
    capacidad negociadora alguna.
  • Apagando el incendio con Gasolina

    Las medidas adoptadas por el Gobierno en cuanto a la tasa de interés
    no sólo reactivarán la inflación, sino que además acelerará la revaluación, lo
    que llevará a la quiebra a muchos exportadores.
    La Junta Directiva del Banco de la República se ha venido preocupando
    por las tasas de interés. Algunos miembros de la Junta se han mostrado
    partidarios de establecer a la brava las tasas de interés que cobran los bancos
    a los usuarios del crédito. Otros, por el contrario consideran que la mejor
    manera de intervenir es a través del mercado.
    Sin lugar a dudas este tema es importante, ya que el margen de
    intermediación debe disminuir para que Colombia pueda competir en los mercados
    internacionales. No es posible que el empresario Colombiano compita
    ventajosamente cuando tiene que pagar estos altos márgenes. Mientras no se
    reduzcan los márgenes de intermediación, el endeudarse con el exterior va a
    seguir siendo atractivo, para un nivel dado de tasas de interés de captación.
    Lo que no parece muy claro es que se hayan reducido las tasas de
    interés a niveles tan bajos. Hoy en día se tienen unas tasas de interés reales
    negativas. La existencia de estas tasas negativas indudablemente son ventajosas
    en la medida en que incentivan la inversión. Por otra parte, tiene unos efectos
    muy nocivos que han venido siendo objeto de análisis. Estas tasas de interés
    pueden dar lugar a una disminución en el ahorro.
    La influencia de la tasa de interés en el ahorro mismo es algo que ha
    sido objeto de intensas discusiones; la evidencia empírica muestra que hay
    pocos efectos al existir dos fuerzas opuestas.
    Este análisis que es válido para condiciones normales, en donde se
    tiene tasas de interés reales positivas, deja de serlo cuando tenemos una
    situación como la presente, con tasas de interés por debajo del nivel de
    inflación.
    Cuando el sistema financiero deja de proteger a los ahorradores de las
    consecuencias de la inflación, la solución obvia es protegerse con los mismos
    bienes. En lugar de hacer un depósito a término, se vuelve atractivo comprar
    anticipadamente materias primas cuyo precio se espera que va a subir.  Estas tasas de interés tan bajas, al
    desplazar los recursos hacia la compra de bienes, indudablemente tienen efectos
    inflacionarios importantes. La baja de las tasas de interés se convierte
    entonces en combustible para el crecimiento inflacionario. En consecuencia, el
    lograr unas tasas más bajas para disminuir la entrada de divisas, cuando llega
    a extremos de tener tasas de interés por debajo de la inflación,  se convierte en un factor perturbador de la
    estabilidad de precios.
    Estos efectos pueden llegar a ser muy graves cuando hay desequilibrios
    cambiarios. El trabajo pionero de Musalem sobre Dinero, Inflación y Balanza de
    Pagos nos muestra como es la dinámica cuando los agentes perciben que existe un
    desequilibrio en el frente cambiario.
    Al pasarse los agentes económicos de la posesión de dinero a la de
    bienes, porque el retorno en el sector financiero es inferior al que se obtiene
    en la compra anticipada de bienes, se genera un exceso de demanda de bienes que
    no sólo contribuye a un aumento de la inflación, sino que acelera el ajuste
    cambiario, pues los agentes económicos prefieren comprar los bienes que van a
    experimentar un aumento mayor.
    Como lo mostró Musalem, cuando se espera que va a haber una
    devaluación, el exceso de demanda se canaliza hacia los bienes importados, cuyo
    precio se espera que va a subir más rápidamente que el los bienes producidos en
    el país. Este desplazamiento hacia los bienes importados obviamente genera un
    aumento en la demanda de dólares, lo cual tiene como efecto una aceleración de
    la devaluación que se había previsto.
    La política de las tasas de interés por debajo de la inflación nos ha
    devuelto a la situación analizada por Musalem. La protección que ya no se puede
    lograr con el sistema financiero, se puede obtener con la compra anticipada de
    bienes. En este caso los agentes estarán interesados en adquirir los bienes
    cuyo precio va a aumentar más rápidamente.
    En este caso, cuando existen unas claras expectativas de revaluación,
    la demanda no se canalizará a los bienes importados, ni tampoco aumentarán la
    demanda de dólares.  Lo que se obtendrá
    será un aumento en la demanda de bienes domésticos como la vivienda y la
    tierra. Esta canalización hacia los bienes no transables tendrá como
    consecuencia un aumento en la demanda de pesos, lo que hará que la revaluación
    prevista se acelere más.

    En resumidas cuentas las medidas del gobierno en el frente de las
    tasas de interés, cuando existe un ambiente de expectativas de revaluación van
    a resultar nefastas. No sólo se reactivará la inflación, sino que además la
    revaluación se acelerará, lo que llevará a la quiebra a muchos exportadores.
  • La Privatización de la ayuda a las Instituciones meritorias

    Para lograr una mejor
    asignación de recursos y disminuir el costo del manejo de las instituciones sin
    ánimo de lucro es necesario diseñar unos incentivos adecuados.
    En estos días se ha
    venido comentando las dificultades que han venido pasando las instituciones sin
    ánimo de lucro. Algunas de estas instituciones están prácticamente paralizadas,
    debido a que los auxilios no han podido ser girados pues no hay ningún
    funcionario que se atreva a enfrentarse a una posible demanda.
    Los abogados han venido
    proponiendo una serie de medidas que permitan resolver el problema jurídico que
    se presentó por el cambio en la Constitución. Indudablemente, es necesario que
    el Congreso defina la situación legal de los auxilios y que llene el vacío
    dejado en muchas materias. Las Corporaciones Regionales, por ejemplo, han
    quedado sin fuentes de recursos porque la constitución asignó a los municipios
    los impuestos sobre la propiedad raíz.
    Para un economista el
    problema creado por los auxilios tiene una solución diferente. El problema de
    la mala destinación de ellos es simplemente un caso típico de un abuso de la
    posición de monopolio. Los auxilios son mal utilizados porque no están
    reflejando las preferencias de los consumidores, sino más bien las preferencias
    de unos privilegiados, a quienes se les concedió el monopolio de la decisión
    del destino de estos.
    La triste realidad es
    que las preferencias de los que asignaban el gasto, casi nunca coincidían con
    las preferencias de los que ponían el dinero o sea los contribuyentes. Por lo
    menos en mi caso si me preguntaran que haría con mis impuestos, nunca se me
    hubiera ocurrido gastar mi dinero en beneficio de todos los proyectos en los
    que fueron gastados.
    El ponerle una
    cortapisa legal es muy probable que sirva para que en el futuro los auxilios
    tengan una mejor utilización. Sin embargo, el problema persistirá. El encargado
    de las decisiones siempre tendrá en cuenta sus preferencias, y no los de la
    comunidad. El querer poner demasiadas condiciones a la utilización de los
    auxilios conducirá a una situación en que muchas de las instituciones
    meritorias, como los hospitales, no gocen de auxilios suficientes porque
    incumplen con alguno de los requisitos.
    Adicionalmente, el
    exceso de regulación tiene un costo muy grande para la sociedad, pues el costo
    de administrar estos auxilios puede llegar a representar una fracción
    considerable del valor total. El neto que le queda a la institución, después de
    haber incurrido en altos costos en la tramitación, puede llegar a ser muy
    pequeño. Los administradores van a dedicar todo el tiempo a cumplir con una
    serie infinita de requisitos, y por lo tanto no podrán cumplir con sus labores
    de dirección.
    Para lograr una mejor
    asignación de recursos y disminuir el costo del manejo de las instituciones sin
    ánimo de lucro es necesario inyectar incentivos adecuados. El administrador
    debe concentrarse en prestar un buen servicio y el contribuyente debe expresar
    sus preferencias sobre las obras en las que se debe gastar el dinero. Una
    manera de lograr esto es haciendo que sea más atractivo el apoyar las
    instituciones meritorias. Si el ciudadano tuviera un buen incentivo tributario
    para apoyar la institución meritoria de sus preferencias, se podría lograr que
    las instituciones se dedicarán a conseguir el apoyo de los contribuyentes
    probablemente buscando prestar un buen servicio.

    Muchos podrían pensar
    que esta propuesta puede no tener validez, porque algunas instituciones no
    podrían contar con el apoyo suficiente, a pesar de un gran esfuerzo por
    despertar la solidaridad ciudadana. La respuesta a esta objeción sería que si
    se logra demostrar que dicha institución realmente debe existir, requería
    contar con un apoyo explícito del gobierno. Si se piensa que una entidad
    particular podría realizar más eficientemente la gestión, que una oficial,
    sería necesario realizar un contrato de administración con la entidad sin ánimo
    de lucro. El pago a este servicio debería reflejar el servicio prestado y no
    únicamente, un reconocimiento de los costos incurridos.
  • Buenas noches y muchas gracias

    La buena noticia de
    poder contar con una oferta abundante de gas propano viene, acompañada de la
    mala noticia de que esto le va a implicar al sufrido consumidor, un aumento de
    casi el ciento por ciento sobre su factura mensual.
    El presidente Gaviria
    se dirigió a los colombianos el miércoles de la semana pasada. En su discurso
    el Presidente señala una serie de posibles causas del cruel apagón que hemos
    estado padeciendo desde las últimas elecciones. El miércoles, por primera vez,
    se hizo un pronunciamiento enjuiciando la política de precios de los
    energéticos.
    Estoy totalmente de
    acuerdo con el presidente cuando afirma que “Otro de los problemas es el
    de la estructura tarifaria”. Desde hace bastante tiempo he venido
    sosteniendo que uno de los mayores problema del sector tiene que ver con las
    grandes distorsiones vigentes en el precio de los energéticos. La fijación de
    precios se ha hecho en buena parte con ánimo fiscalista tratando de generar no
    más energía sino, más bien, más recursos para las empresas.
    Está política ha sido
    totalmente equivocada. Cuando se han elevado las tarifas por encima de su nivel
    de equilibrio lo único que se ha logrado es generar unos excedentes de oferta
    que han tenido como consecuencia el sobre-dimensionamiento. Por otra parte, los
    precios bajos han tenido como consecuencia un exceso de demanda y una reducción
    de la oferta. Los excesos de demanda o sobre-dimensionamientos son simplemente
    otro nombre para precios altos en el sector energético y los racionamientos no
    son sino la consecuencia elemental de los precios bajos de los energéticos.
    La estructura diseñada
    por sucesivas Juntas de Tarifas para el sector eléctrico ha llevado a
    situaciones muy graves. Los problemas existentes son muy bien descritos por el
    Señor Presidente en su discurso. “Hay muchas empresas de carácter
    industrial y de carácter comercial que están pagando muy por encima de sus
    costos, que están empezando a autogenerar, que se están empezando a salir del
    sistema y que el sistema eléctrico va a quedar eventualmente con los usuarios
    que no tienen capacidad de pago y que se van a salir los usuarios que si tienen
    capacidad.”
    El racionamiento
    eléctrico se debe no solo a fallas en el sector eléctrico sino que en buena
    parte es el resultado natural del exceso de demanda creado por unos precios
    bajos de todos los energéticos. Como se muestra en el documento Conpes 2571 del
    pasado 18 de diciembre, “En Colombia los precios de los energéticos tienen
    una estructura inadecuada. Exceptuando el carbón, todos los energéticos tienen
    un precio de venta inferior a su costo económico, lo cual supone subsidios al
    consumidor.”
    La masificación del
    consumo del gas que nos promete el Presidente como una de las soluciones del
    racionamiento de 1993 y que en sus palabras “nos permitirá cambiar la
    composición de las fuentes de energía, tener más energía de origen térmico y no
    tener ese recargo tan grande de energía hidroeléctrica que hace vulnerable todo
    el sistema en tiempos de sequía” depende en buena parte de “llevar a
    precios internacionales el gas propano, que es un material que tiene que importar
    el país.”
    El documento CONPES
    mencionado, que entre otras, se ha hecho famoso por sostener la existencia de
    2000 Mw en capacidad excedentaria eléctrica, tres meses antes de la iniciación
    del más salvaje racionamiento de la historia reciente, muestra un cuadro impresionante
    sobre estas distorsiones en el precio de los energéticos.
    La energía eléctrica
    por la cual estaríamos a dispuestos a pagar mucho más de su costo económico de
    750 dólares por tonelada equivalente de petróleo (TEP) tiene un precio apenas
    de 504.8 dólares y los afortunados que gozan sin ninguna justificación del no
    racionamiento están recibiendo, además, un subsidio del 32.7 porciento. Esto
    quiere decir que los privilegiados industriales y algunas entidades oficiales
    que tienen su oferta garantizada reciben de los sufridos consumidores la
    tercera parte del valor de su cuenta eléctrica.
    El presidente ha
    informado que quiere aumentar la oferta de gas propano y gas natural. La buena
    noticia de poder contar con una oferta abundante de gas propano viene
    acompañada de la mala noticia de que esto le va a implicar al sufrido
    consumidor un aumento de casi el ciento por ciento, 92 por ciento para ser más
    precisos, sobre su factura mensual de gas propano. Para llevar el gas natural a
    su precio económico de 183.7 dólares por TEP el consumidor tendrá que pagar un
    aumento, módico, del 69 por ciento. Sin embargo, a los usuarios del gas
    natural, como los de Ciudad Salitre, les va a quedar el consuelo de que su
    cuenta energética va a ser la más baja pues según el documento del DNP es el
    energético diferente al carbón con el menor valor económico.

    Las cifras del tan
    mencionado documento CONPES están mostrando algo bien interesante. La energía
    eléctrica tiene un costo económico de 750 dólares mientras que el carbón tiene
    un costo de 24.8 dólares. Si esto fuera cierto, querría decir que el negocio
    más grande para el país es transformar el carbón en energía eléctrica y que por
    lo tanto la mejor inversión es hacer plantas termoeléctricas.

  • In Memoriam

    La desaparición
    prematura y absurda de Enrique Low Murtra lega a las nuevas generaciones el
    ejemplo de una vida dedicada a la búsqueda de la verdad, la defensa
    indeclinable de sus principios y el servicio desinteresado a sus compatriotas.
    Esta semana se
    conmemora el primer aniversario de la desaparición del ilustre Abogado y
    economista Enrique Low Murtra. Su temprana desaparición nos lleno de tristeza a
    sus compañeros de generación.  La muerte
    de Enrique Low muestra que el cumplimiento del deber y la rectitud en Colombia
    no tienen siempre su justa recompensa. El abandono por parte del Estado a uno
    de sus hijos más preclaros fue un agravante en esta absurda tragedia.
    El medio académico
    perdió uno de sus más distinguidos miembros. La ausencia de Enrique Low ha
    afectado a varias universidades colombianas. Las directivas y los estudiantes
    se acuerdan por estos días de alguien que trabajó durante mucho tiempo en la
    formación de las nuevas generaciones. Enrique Low fue profesor en las
    principales universidades colombianas. La última vez que vi  a Enrique Low fue en la Universidad Javeriana
    cuando salíamos de dictar clase del programa de postgrado en economía. 
      
    En su actuación
    profesional en el campo de la economía Enrique Low se destacó por su interés en
    el tema de las finanzas públicas. Como muchos de los estudiantes que hicieron
    sus postgrados en Harvard Enrique se formó bajó la guía de Richard Musgrave. La
    influencia de Musgrave de puede apreciar en su enfoque del tratamiento de los
    temas fiscales. En su paso por la Dirección de Impuestos y por la Contraloría
    Distrital Enrique dejó una profunda huella y realizó una gestión que ha servido
    de ejemplo a sus sucesores.
    Su entusiasmo por los
    temas fiscales era contagioso. Me acuerdo muy bien que en 1982 cuando se
    estaban divulgando los principales hallazgos del estudio del Banco Mundial
    sobre el desarrollo de Bogotá, le correspondió a Enrique la presentación del
    tema de las Finanzas Públicas Distritales. La presentación de Enrique logró
    interesar al auditorio por el entusiasmo con que realizó su tarea de divulgador
    de unos hallazgos que a simple vista parecían poco  atrayente.
    En los últimos tres
    meses he tenido la oportunidad de conocer otros aspectos de la actividad
    profesional de Enrique Low. Las Directivas de la Universidad de la Salle me han
    dado la oportunidad de reemplazarlo como Decano de la Universidad de la Salle.
    Sus ideas sobre la manera de mejorar la docencia de la economía me han sido muy
    útiles en estos días. Al enfrentarme al reto del manejo de una facultad no
    puedo dejar de admirar el gran esfuerzo que le debió representar a Enrique Low
    poder combinar exitósamente sus labores académicas con las inmensas presiones
    del día.

    Esta semana la
    Universidad en donde fue sacrificado va a rendirle un pequeño homenaje. El
    jueves estaremos unidos a su familia en la conmemoración de esta dolorosa
    efeméride. En ella estaremos acompañados por toda la comunidad académica.

    Enrique Low no solo fue
    apreciado por las Universidades en las que se vinculó como Decano.
    Recientemente, la Universidad de los Andes ha lanzado el libro Cambios
    Estructurales y Crecimiento que presenta una visión de lo acontecido en
    Colombia en los últimos veinte años. Este libro fue dedicado con muy buen
    criterio a la memoria de Enrique Low Murtra. En el prólogo del libro el Decano
    de Economía de los Andes ha escrito unas palabras que resumen el sentimiento de
    los autores de tan importante libro. “Enrique low pertenece a una
    generación que desde temprana edad se comprometió con el estudio del desarrollo
    y la desigualdad social. A lo largo de su carrera profesional alternó con
    brillantez el servicio público y las tareas académicas. Fue ministro de
    Justicia, consejero de Estado, director del Sena, director de Impuestos
    Nacionales entre otros. Al mismo tiempo deja un número importante de trabajos
    en las áreas de desarrollo económico, finanzas públicas y derecho que por mucho
    tiempo serán materia obligada. Su desaparición prematura y absurda lega a las
    nuevas generaciones el ejemplo de una vida dedicada a la búsqueda de la verdad,
    la defensa indeclinable de sus principios y el servicio desinteresado a sus
    compatriotas”. 
  • Llegó la estanflación

    Los teóricos comenzaron
    a plantearse explicaciones del fenómeno que les permitiera sugerir
    recomendaciones de política económica que aliviaran esta dolorosa situación de
    inflación con desempleo.
    La primera crisis del
    petróleo de 1973 no sólo afectó la economía mundial, sino que también tuvo
    importantes impactos en la ciencia económica. Hasta esa fecha se pensaba que
    las altas tasas de inflación estaban asociadas con bajas tasas de desempleo. La
    ocurrencia simultánea de altas tasas de inflación y desempleo causadas a nivel
    mundial por la crisis del petróleo, puso a comentaristas y académicos a buscar
    explicaciones.
    Los comentaristas
    decidieron que lo más importante era buscar un término que describiera el nuevo
    fenómeno. Para eso usaron la técnica utilizada por los criadores de caballos de
    pura sangre, de poner como nombre del potro una mezcla de los nombres del padre
    y de la madre. De esta manera, surgió el nombre de estanflación para describir
    la ocurrencia simultánea de un estancamiento y de la inflación.
    Los teóricos comenzaron
    a plantearse explicaciones del fenómeno que les permitiera sugerir
    recomendaciones de política económica y, que aliviaran esta dolorosa situación
    de inflación con desempleo. Las naturaleza misma del fenómeno y las soluciones
    eran objeto de amplio debate. No existía un consenso sobre el tema. Por esa
    época, en los exámenes a los candidatos al Ph. D. de las mejores universidades
    americanas se incluyeron preguntas en las que se planteaba el fenómeno y se
    pedían soluciones a dicho problema.
    Como fruto de ese
    análisis surgieron importantes reformulaciones de los principales modelos
    vigentes. Se entendió que era muy importante distinguir entre perturbaciones
    causadas por aumentos en la demanda y, las que ocurrían como consecuencia de
    los cambios en la oferta. Se concluyó que los resultados eran muy diferentes
    para los dos casos. Cuando la perturbación se debía a cambios en la demanda,
    como por ejemplo los que se daban por variaciones en la política, fiscal y
    monetaria, existía el famoso intercambio entre inflación y desempleo. Por el
    contrario, cuando la perturbación afectaba primordialmente el lado de la oferta
    como era el caso del “shock” petrolero, ocurría la estanflación. 
    El descubrimiento de la
    medicina adecuada para manejar los fenómenos de la estanflación asociada con la
    primera crisis del petróleo llegó un poco tarde pues algunos de los pacientes
    tuvieron que padecer remedios que muchas veces resultaron peores que la
    enfermedad. Cuando ocurrió la segunda crisis del petróleo los países avanzados
    tenían más claras las posibles soluciones. Los que consideraban importante
    mantener un nivel de precios estables, por ejemplo Japón y Alemania, optaron
    por políticas monetarias y fiscales restrictivas. Por el contrario, algunos
    países decidieron acomodar la situación contrarrestando los efectos recesivos
    causados por los altos precios del petróleo, mediante una expansión de la
    demanda agregada.
    Las experiencias del
    manejo de las crisis del petróleo son invaluables para poder tomar decisiones
    en estas épocas de racionamiento eléctrico. El racionamiento eléctrico es sin
    lugar a dudas un choque de oferta tan traumático, o más, que el causado por los
    jeques árabes en 1973 y 1979. Nuestras opciones de manejo económico están
    centradas en ver si continuamos con una política restrictiva que nos elimine
    las expectativas inflacionarias, o si por el contrario aceptamos el aumento de
    precios y lo validamos mediante políticas monetarias y fiscales estimulativas.
    El racionamiento
    eléctrico entra entonces como un actor nuevo en las discusiones de política
    fiscal. El Ministro de Hacienda tiene que preguntarse si en estas
    circunstancias es necesario frenar la economía, o si más bien, se requiere un
    estímulo adicional que compense los autogoles que le metieron los encargados de
    la política energética de la Administración Barco y de la actual.

  • Orden antes que impuestos

    Infortunadamente, la superabundancia de elecciones y la asamblea
    constituyente, demoraron la solución y 
    la magnitud del ajuste fiscal contemplado resulta demasiado alta.
    Ante el fracaso de las medidas tomadas en 1991 para controlar la
    inflación, el gobierno ha presentado a la consideración del Congreso un paquete
    tributario. La generación de un superávit fiscal aparece como la última
    alternativa para el control de la inflación dentro del modelo de apertura. La
    política fiscal surge entonces como una alternativa a las políticas monetarias
    y cambiarias ya ensayadas sin éxito.
    Como se ha venido comentando en esta columna, la generación del
    superávit fiscal es la terapeútica recomendada por los libros de texto para
    estabilizar una economía con tasa de cambio fijas y con alta movilidad de
    capitales. Desafortunadamente, la superabundancia de elecciones y la asamblea
    constituyente, demoraron la solución y 
    la magnitud del ajuste fiscal contemplado resulta demasiado alta. Al
    igual que con el racionamiento, las demoras en la toma de decisiones han
    contribuido al deterioro de la situación y a una sobrerreacción que tiene a
    todos los colombianos al borde del colapso.
    El aumento de los tributos para generar el superávit es un camino
    salpicado de peligros. El exceso de recursos en manos del Estado puede llevar a
    graves problemas. Cuando el mandatario de turno se encuentra con abundantes
    recursos, comienza a tener malos pensamientos sobre lo que puede hacer y se
    olvida de hacer un escrutinio riguroso a los gastos. Como muy bien lo ha
    descrito Parkinson, el gasto aumenta hasta igualar el monto de los tributos.

    En Colombia la tendencia a aumentar los recaudos se ha visto
    incentivada con la peregrina idea de que a los gobernantes debe medírseles por
    las obras. Los malos alcaldes se concentran en las obras de concreto con la
    esperanza de que estos monumentos les hagan olvidar a sus electores los
    innumerables errores cometidos durante su gestión. El complejo de los faraones
    de inmortalizarse con obras materiales es uno de los principales pecados
    colombianos. En sana lógica el gobernante de turno no puede reclamar como un
    logro estas obras. Los verdaderos méritos se los debe llevar el sufrido
    contribuyente que vió disminuido su presupuesto para poder sufragarlas.
    La eficiencia del gasto público debe ser un prerrequisito para un
    aumento en los impuestos. No suena muy lógico que se exijan más sacrificios al
    contribuyente ante situaciones tan aberrantes como la vivida en Bogotá. El
    Alcalde se gasta el dinero público en los famosos auxilios con el fin de que
    los Concejales le den vía expresa a sus intentos de pasar a la historia con
    obras tan inútiles como costosas.
    Los elefantes blancos no son patrimonio exclusivo del Distrito
    Capital. Obras como el Metro de Medellín deberían avergonzar a toda Colombia.
    El sacrificio que nos piden ahora se hubiera podido evitar si se hubiera parado
    a tiempo este proyecto. Los colombianos vamos a tener que apretarnos el cinturón
    por una obra sin justificación alguna.
    La ineficiencia de las Empresas Públicas y en especial las del sector
    eléctrico que nos tiene sumergidos en tinieblas a pesar de ser el mejor
    planeado nos muestra que hay amplio espacio para conseguir producir más con los
    mismos recursos. Los convenios de gestión pueden ser un instrumento para
    reducir las inefciencias existentes. Lástima que el gobierno no haya encontrado
    a alguien para la Presidencia de la FEN a quien se le ha asignado la
    importantísima función de mejorar la gestión de las empresas del sector
    Energético.
    Si bien la eficiencia en los recaudos ha mejorado en los últimos
    tiempos, la evasión de impuestos y los contrabandos siguen siendo muy altos.
    Los municipios tienen todavía mucho campo para aumentar sus recaudos. Las
    transferencias del Gobierno Nacional han sido tan generosas que han permitido a
    muchos municipios continuar con una administración tributaria muy deficiente.
    La experiencia de la infortunada reforma tributaria que el discutido
    Doctor Perry diseñó en el 75 mostró claramente que la evasión y la elusión
    dependen en buena parte de las tasas tributarias. El incremento en las tasas
    impositivas puede dar lugar a menores recaudos en la medida en que se aumenten
    la evasión y la elusión.

  • Lecciones de un apagón anunciado

    En Colombia seguimos
    viviendo a la penúltima moda. La asignación del famoso “fluido
    eléctrico” se está haciendo a dedo.

    El año de 1991 fue muy
    bueno para los profesores de Macroeconomía pues los desaciertos del equipo
    económico sirvieron para ilustrar algunos conceptos modernos de la
    macroeconomía. La impotencia de las autoridades monetarias para controlar la
    economía colombiana sirvió para ilustrar la falta de efectividad de la política
    monetaria en una economía con movilidad de capital y tasas de cambio fijo.
    En este año el turno le
    ha tocado a los profesores de microeconomía. La situación del sector eléctrico
    puede servir para ilustrar algunos conceptos microeconómicos básicos. Como bien
    lo dice el Profesor Samuelson en su libro, “la economía es el estudio de
    la manera en que las sociedades utilizan los recursos escasos para producir
    mercancías valiosas y distribuirlas entre los diferentes grupos”. Por
    tanto la explicación de la asignación de recursos escasos es una de las tareas
    primordiales de la microeconomía.
    El fracaso del sistema
    comunista en la asignación de recursos escasos ha convencido a todo el mundo de
    la ineficiencia de las economías planificadas. En Colombia seguimos viviendo a
    la penúltima moda. La asignación del famoso “fluido eléctrico” se
    está haciendo a dedo. El Gerente de la Energía y el Ministro de Minas definen
    quien puede trabajar cada día y a las horas en que uno puede utilizar sus
    computadores, tomarse un tinto o disfrutar de la maravillosa programación de la
    televisión. Las definiciones de si se debe generar en las termoeléctricas o en
    las hidroeléctricas se hace con base a unos programas de computador que
    pretenden simular el mercado. 
    La economía nos enseña
    que el sistema de precios produce una mejor asignación de recursos que los
    sistemas dirigidos por los comisarios del plan. Los precios altos son una señal
    que indican que el recurso es muy valioso y que su uso debe limitarse. Por el
    contrario, el precio bajo de un bien indica que es bastante abundante y que su
    utilización debe ser intensa.
    Los encargados del
    sector eléctrico han ignorado olímpicamente la importancia de las señales dadas
    por el sistema de precios. En estos momentos en que hay escasez el precio de la
    energía no ha variado. La racionalidad económica nos indica que tanto
    consumidores como productores deberían pagar un precio más alto en épocas de
    escasez. Si las Empresas de Energía se hubieran enfrentado a precios altos por
    la materia prima o sea el agua habrían tomado la decisión de cambiar de
    combustible y hubieran alistado las plantas termoeléctricas para poder generar.
    Los consumidores han debido tener unos precios más altos a medida en que el
    agua se iba acabando para obligarlos a ahorrar energía y para hacer rendir el
    precioso líquido.
    En una encuesta
    informal que he venido realizando, he podido comprobar que hay muchas personas
    que encuentran mejor pagar un aumento temporal de tarifas a cambio de disfrutar
    la energía a todas horas. Esto no es de extrañar, pues se sabe que los costos
    de racionamiento pueden llegar a ser diez veces el valor de la tarifa. Las
    mayores tarifas permitirían disminuir estos altos costos de racionamiento e
    incentivarían un verdadero ahorro de energía. Con tarifas altas los incentivos
    para ahorrar energía serían considerables. La energía se utilizaría, sin lugar
    a dudas, únicamente para los que es absolutamente indispensable.
    Este esquema basado en
    el mercado sería mucho mejor que el actual programa de racionamientos en que
    cándidamente se ha privilegiado a un grupo como el industrial que estaría
    dispuesto a pagar más por la energía con tal de mantener el suministro. La
    amenaza de cárcel para el industrial que no conserve la energía es realmente
    inoperante. No solo va contra los más elementales derechos humanos sino que lo
    único que va a ser es aumentarle los ingresos a los funcionarios del Ministerio
    a los que se le asigne el control.

    Como dice el Doctor
    Lleras en sus editoriales, cuando se le acaba el espacio, el tema amerita un
    tratamiento mucho más amplio del que se ha dado en este artículo. Es necesario
    elaborar un poco más esta propuesta buscando evitar algunos posibles problemas.
    Sería importante considerar, por una parte, el caso de los usuarios de bajos
    ingresos y por otra pensar en la posibilidad de que este sobrecosto no se
    convierta en una recompensa a los causantes de los problemas actuales.

  • Los Mellizos Colombianos

    La importancia de
    lograr el superávit fiscal en Colombia, se ha hecho más evidente con el
    estruendoso fracaso de la política monetaria como elemento de estabilización.
    En días pasados, en un
    parcial de un Curso de Macroeconomía que dicto pregunté la definición de
    Déficit Gemelos. Para mi sorpresa está pregunta no fue contestada
    acertadamente. Con el fin de probar si la falta de conocimiento era más general
    hice la misma pregunta a otros economistas. La respuesta no fue mejor. Algunos
    preguntaron que si no había un sinónimo para este fenómeno, a lo cual me tocó
    responder que si y que se podía usar mellizos en lugar de gemelos.
    Es sorprendente que un
    concepto, que ha tenido tanta discusión en los Estados Unidos y que ha hecho su
    aparición en los principales libros de texto, sea tan desconocido en Colombia.
    Martin Feldstein se
    inventó este término, cuando era el Consejero Económico del Presidente Reagan,
    para mostrar la coincidencia entre el déficit externo y el déficit fiscal. La
    evidencia aportada por Feldstein mostraba claramente que el déficit externo de
    los Estados Unidos se originaba en el cuantioso déficit fiscal y sugería que
    para aliviar el problema externo de los Estados Unidos, que lo había llevado a
    pasar de ser el mayor acreedor mundial a ser el mayor deudor mundial, debería
    disminuir el desequilibrio presupuestal. La posibilidad de que el mundo dejara
    de financiar el déficit fiscal de los Estados Unidos llevó al Congreso a pasar unas
    reformas que intentan equilibrar las finanzas públicas.
    En Colombia, la reforma
    tributaria del 92 se basa también en la noción de la existencia de una fuerte
    interrelación entre el sector fiscal y el sector externo. A diferencia de los
    Estados Unidos en Colombia se piensa más en los superávit gemelos. La idea es,
    que para poder mantener un superávit externo que garantice el éxito de la
    política de apertura es necesario generar un superávit fiscal.
    La importancia de
    lograr el superávit fiscal en Colombia, se ha hecho más evidente con el
    estruendoso fracaso de la política monetaria como elemento de estabilización.
    Como nos lo ha confirmado la experiencia del 91, la Autoridad Monetaria en una
    economía abierta con tasa de cambio fijo y libre movimiento de capitales,
    pierde el control de la base monetaria y de los medios de pago.
    Si bien la idea de los
    superávit gemelos es bastante importante, la realidad es que en el mundo real
    hay otras posibilidades. La aritmética de la contabilidad nacional nos enseña
    que el superávit externo es igual a la suma del superávit del sector privado
    más el superávit del sector público. Por tanto, es posible contrarrestar el
    efecto inflacionario del Sector Externo en la medida en que el sector privado
    ahorre más o invierta menos.

    La experiencia de
    Singapur, del Japón y Alemania Occidental, entre otros, ha mostrado que es
    posible absorber el exceso de liquidez mediante un aumento en el ahorro
    interno. Colombia debería considerar la posibilidad de aumentar sus ahorros. El
    sector privado ganaría indudablemente si en lugar de pagar impuestos que
    usualmente van a un hueco