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  • Ahora si tocó capacitarse.

    Entre las noticias
    buenas en el frente económico se podría destacar lo hecho por la Administración
    Gaviria en el campo de la capacitación.
    La Prensa ha tenido la
    magnífica idea de darle realce a las buenas noticias. Para entrar en la onda
    optimista trataremos de destacar, cuando se pueda, lo que consideremos como
    buena noticia. No sobra advertir, que en el campo económico no siempre hay consenso
    en cuanto a lo que constituye una buena noticia. Suele ocurrir que lo que es
    bueno para unos es malo para otros. Por ejemplo, el alza de los peajes puede
    ser muy buena noticia para el Ministerio de Transporte,  para sus contratistas y para Avianca famosa
    por su servicio ruana roja y por sus balances del mismo color, pero es muy mala
    para el público en general y para los usuarios de las carreteras.
    Entre las noticias
    buenas en el frente económico se podría destacar lo hecho por la Administración
    Gaviria en el campo de la capacitación. La reforma del SENA tiene aspectos muy
    positivos. El tratar de convertir a unos funcionarios bien pagos en empresarios
    es sin lugar a dudas un aspecto positivo. El comportamiento de nuestros
    capacitadores va a cambiar de manera importante cuando tengan que competir por
    alumnos y cuando su futuro económico dependa en buena parte en la manera como
    atienden a sus alumnos.
    La posibilidad de que
    las Empresas puedan disminuir su contribución al SENA en la medida en que
    lleven a cabo labores de capacitación es un paso hacia adelante. Me complace
    que se esté poniendo en práctica algo que insinué en una columna del 9 de abril
    de 1990. Allí presentaba el caso de Francia en donde había empresas que gracias
    a un incentivo fiscal similar estaban llevando a cabo programas intensivos de
    capacitación.
    Esta medida es de gran
    utilidad para que las empresas impartan adiestramiento a sus trabajadores.
    Veremos entonces un fortalecimiento de las unidades de capacitación en las
    empresas. Estas unidades se dedicarán a impartir entrenamiento orientado al
    perfeccionamiento de actividades propias de cada empresa. En palabras del
    Profesor Becker, los capacitadores de las empresas se dedicarán al
    entrenamiento específico, buscando de esta manera apropiarse de buena parte de
    los beneficios del entrenamiento.
    La medida anterior no
    afectará mucho el entrenamiento que puede ser utilizado en cualquier parte. El
    llamado entrenamiento genérico será dejado a un lado por obvias razones. Nadie
    está interesado en capacitar a un trabajador si sabe que el día de mañana, una
    vez haya terminado su entrenamiento, se puede salir a trabajar en otra empresa,
    llevándose las habilidades adquiridas.
    Afortunadamente, dentro
    de una de tantas reformas hechas recientemente por esta revolcadora
    administración se han tomado medidas que van a incentivar el entrenamiento
    genérico. En efecto, al permitirse la reducción de los impuestos y de la
    retención en la fuente cuando el contribuyente haga gastos en educación, se
    vuelve muy atractivo para el trabajador y su familia capacitarse en habilidades
    que puedan ser utilizadas en diferentes firmas.

    Los cambios
    introducidos recientemente por el Gobierno van en la dirección correcta pues
    van a incentivar tanto el entrenamiento específico como el genérico. Parece que
    en materia económica, al fin, vamos a estar a la última moda, pues estas
    reformas parecen inspiradas por el más reciente Premio Nobel de Economía.
  • Hamlets energéticos

    El método utilizado
    para atender el desbalance entre oferta y demanda ha sido tremendamente injusto
    e ineficiente. Un método basado en el sistema de precios hubiera sido más
    eficiente.
    En los primeros quince
    días del año los periódicos han tratado en diversas ocasiones el tema
    energético. Las autoridades han mantenido una actitud bastante ambivalente en
    lo referente a la disminución del racionamiento. Como Hamlet, las autoridades
    energéticas han estado dudando entre disminuir o no el horario de
    racionamiento. La entrada de una nueva unidad en el Guavio y las lluvias de
    enero son motivo de optimismo y hacen presagiar una reducción del
    racionamiento. La posible repetición de un verano como el del año pasado y el
    recuerdo de la masacre de un martes en la noche en que las cabezas del sector
    eléctrico rodaron en una alocución presidencial, hacen diferir la decisión de
    reducir la severidad del racionamiento.
    Esta cruel
    incertidumbre de comienzos del año es una manifestación más de la alta
    dependencia en generación hidráulica. El apagón de 1992 nos ha enseñado que el
    sistema colombiano basado en hidroeléctricas es muy poco confiable. La
    capacidad real de generación es muy inferior a la teórica. Los principales
    embalses como el agregado de Bogotá nunca se pueden llenar pues la contribución
    de los ríos apenas cubre los requerimientos de generación. La capacidad real de
    los embalses cada vez es más insuficiente. La demanda de energía ha venido
    creciendo mientras que los flujos que entran a los embalses han venido
    decreciendo por la deforestación y la capacidad real de los embalses ha
    disminuido.
    Si se tiene en cuenta
    además el incremento en la demanda para uso humano y para riego es posible
    concluir que el desarrollo del sistema eléctrico colombiano debe orientarse
    hacia una utilización mayor de las plantas térmicas. Nuestra riqueza
    carbonífera nos puede permitir suplir sin problema las necesidades de materia prima.
    No parece lógico que sigamos exportando carbón e importando energía. Es mucho
    más lógico utilizar el carbón en Colombia para generar electricidad.
    Otra importante lección
    que nos ha dejado el apagón es que el sistema de precios de la energía está muy
    distorsionado. Estas distorsiones en el sistema de precios han agravado los
    problemas causados por una mala planeación y operación del sistema eléctrico
    colombiano. En efecto, las tarifas de la energía eléctrica para el sector
    residencial son demasiado bajas y los usuarios están utilizando
    ineficientemente la electricidad para cocinar y para calentar agua que puede
    hacerse a un costo menor mediante otros energéticos.
    Los bajos niveles de
    las tarifas para el sector residencial no son el único problema existente en
    los precios de la energía eléctrica. Es bastante grave que los precios no
    indiquen la escasez relativa de un bien. 
    El precio de la energía debería ser más alto en momentos de escasez y
    más bajo en momento de abundancia. El usuario trataría de ahorrar en los
    momentos de escasez y los productores redoblarían sus esfuerzos para atender
    estas épocas de vacas flacas.
    La experiencia de otros
    países puede servir para aminorar el impacto de un sistema demasiado
    dependiente en centrales hidroeléctricas. En Brasil existen tarifas
    diferenciales según la estación. En épocas de verano las tarifas son más altas
    que en las épocas de lluvias. Cinco mil consumidores que representan el 53% del
    consumo nacional pagan una tarifa más alta entre mayo y noviembre. En estos
    meses la tarifa por kilovatio-hora sube un 15 por ciento en relación con los
    meses lluviosos.
    Las empresas
    colombianas podrían pensar en recargos cercanos al 20% en los meses de enero a
    marzo con el fin de incentivar el mejor uso de la energía. Los ahorros en el
    consumo permitirían sortear estas épocas de bajas lluvias sin tener que apelar
    a un racionamiento tan fuerte. El método utilizado para atender el desbalance
    entre oferta y demanda ha sido tremendamente injusto e ineficiente. Un método
    basado en el sistema de precios hubiera sido más eficiente y hubiera resuelto
    el problema de una manera mucho más rápida. 
  • Mil novecientos noventa y dos: el año del niño

    Lo más importante
    ocurrido en los últimos doce meses en el campo económico es, sin lugar a dudas,
    el cruel apagón que nos ha venido acompañando desde marzo.
    Los Organismos
    Internacionales y en especial las Naciones Unidas suelen seleccionar algunos
    años con el fin de destacar a un grupo de la población. El horóscopo chino
    designa los años con un nombre de animal. Los periodistas cuando escriben sus
    resúmenes de fin de año escogen un evento importante para caracterizar lo más
    importante de los últimos 365 días. Mil novecientos noventa y dos quedará
    registrado como el “año del niño”.
    En efecto, lo más
    importante ocurrido en los últimos doce meses en el campo económico es, sin
    lugar a dudas, el cruel apagón que nos ha venido acompañando desde marzo. El
    impacto en la pequeña y mediana empresa y en los hogares ha sido muy grande. El
    racionamiento de energía eléctrica ha tenido impactos negativos en el nivel de
    producción de muchas empresas, ha cambiado los hábitos de gran parte de los
    colombianos y ha hecho sufrir a innumerables estudiantes que han tenido que
    hacer sus labores escolares a la luz de una vela.
    El manejo del problema
    energético ha sido muy poco afortunado. En primer lugar, el gobierno pospuso la
    decisión de racionar hasta muy pocos días antes de las elecciones. El análisis
    de los registros históricos muestra que desde finales del año pasado era
    posible prever que en 1992 habría problemas con la oferta de energía eléctrica.
    En efecto, el nivel de los embalses a partir de octubre fue muy inferior al
    promedio histórico. La falta de una decisión oportuna agravó considerablemente
    el problema.
    En segundo lugar, el
    gobierno falló lamentablemente en precisar las verdaderas causas del apagón.
    Comenzó con una historia sencilla en la que el único culpable era el prolongado
    verano causado por el fenómeno del niño y terminó acusando a todos los
    encargados del sector eléctrico en los últimos diez años. El Sector Eléctrico
    de la noche a la mañana pasó de ser el mejor planeado y el mejor manejado
    dentro de sector público a ser el chivo expiatorio. Con el fin de calmar la
    justa protesta ciudadana, el Gobierno, el legislativo, y los organismos
    fiscalizadores realizaron una cacería de brujas que terminó con la carrera
    pública de distinguidos técnicos del sector eléctrico.
    En tercer lugar, el
    gobierno no pudo cumplir con el programa de emergencia. Las barcazas nunca
    pudieron entrar en funcionamiento, las plantas térmicas siguen en muy mal
    estado y el sistema sigue vulnerable a la acción de la guerrilla. Dentro de
    este panorama desolador de incompetencia en el manejo de la crisis, se salva la
    terminación del Proyecto Hidroeléctrico del Guavio. Lo que nuestro tropicalismo
    llamó el “descalabro gerencial del siglo” y la “presa en el
    aire”, al final de cuentas resultó ser la verdadera solución para el
    racionamiento de energía. Parece claro, entonces, que la terminación a tiempo
    del Proyecto Guavio y la segunda etapa de Rio Grande hubieran evitado el
    problema.
    La decisión de posponer
    deliberadamente la entrada del Proyecto Guavio tomada en el Gobierno anterior
    fue un grave error. Si las cosas hubieran continuado dentro del cronograma
    vigente al final de la Administración Betancur, se hubiera podido evitar el
    grave problema que hemos vivido en el presente año. Más aún, la Empresa de
    Energía de Bogotá no estaría en una situación financiera tan grave pues hubiera
    podido comenzar a generar desde diciembre de 1989 y se habría ahorrado los
    pagos que ha tenido que hacer al sistema interconectado en estos tres últimos
    años.
    Me complace sobremanera
    que el Doctor Alberto Calderón y el Alcalde de Bogotá hayan podido cumplirle al
    país. Les hago llegar mi sincera felicitación para ellos y para los sufridos
    funcionarios de la Empresa de Energía que durante la construcción han tenido
    que trabajar muchas veces en condiciones muy desfavorables. 
  • Jugando al hablar y no contestar

    El proceso de fijación
    del salario mínimo de por si imperfecto puede mejorarse.
       
    Cada año por esta época,
    los gremios, los sindicatos y el gobierno comienzan a apostar aguinaldos. Las
    discusiones del salario mínimo comienzan, la mayoría de las veces con el si y
    el no, continúan con el dar y no recibir y terminan al final con el hablar y no
    contestar. La tan anhelada concertación hace mucho tiempo que no se logra pues
    los intereses de las tres partes son muy divergentes.
    Una consecuencia
    importante de este ritual anual en las negociaciones laborales debería ser
    aclarar el papel del salario mínimo en la economía colombiana. Este año, tanto
    el Director de Fedesarrollo, Eduardo Lora y mi compañero de página el Doctor
    Luis Eduardo Rosas han hecho propuestas interesantes. El primero de ellos
    sostiene que lo mejor sería que el aumento del salario mínimo se fijara una vez
    al año con base en un índice de salarios. Debe notarse que la propuesta del
    Doctor Lora supone, al menos de manera implícita, que el mercado es un buen
    indicador del aumento en el nivel de salarios. El Doctor Rosas, con muy buena
    lógica, propone que el salario mínimo se fije con una mayor periodicidad, para
    de esta manera evitar el fuerte impacto que su aumento tiene en los costos de
    producción y en especial en las empresas dedicadas a la construcción de
    vivienda.
    Las propuestas hechas
    por tan destacados economistas pueden ayudar a encontrar la mejor forma en que
    se debe ajustar el salario mínimo. Desafortunadamente, en la vida real no solo
    se requiere saber cuánto se debe aumentar el salario mínimo, sino que también
    es necesario conocer si el nivel del salario mínimo es adecuado.  Suponer que el salario mínimo está en su
    nivel adecuado es una hipótesis demasiado fuerte. En efecto, si el nivel
    existente en 1992 es el correcto, no se necesita determinar un nuevo
    procedimiento  para calcularlo sino que
    lo que se necesita es continuar con el proceso existente, pues la continuidad
    va a asegurar que el salario mínimo continuará fijándose en su nivel óptimo.
    Las consideraciones
    anteriores no deben entenderse como una crítica a las propuestas de dos economistas
    muy respetados, sino más bien como unas reflexiones que tratan de mostrar que
    el proceso de fijación del salario mínimo es de por si imperfecto. La fijación
    del salario mínimo debe considerarse, primordialmente, como un medio imperfecto
    de mejorar los resultados obtenidos bajo un régimen de competencia perfecta. La
    intervención del Estado debe entenderse, entonces, como una aplicación del
    conocido refrán, tan de actualidad en estos días de racionamiento: “Ni tan
    cerca que queme al Santo ni tan lejos que no lo alumbre”
    Bajo las circunstancias
    actuales, es muy difícil proponer una posición tan extrema como la de permitir
    que el salario mínimo sea determinado, como la mayoría de los precios de la
    economía, por el libre juego de la oferta y la demanda. Tampoco parece lógico
    mantener el sistema vigente en el que el salario mínimo se ha convertido, sin
    querer queriendo, en una verdadera Unidad de Poder Adquisitivo Constante.
    En efecto, por obra y
    gracia de algunos de nuestros genios que han pensado colincharse en el tren del
    aumento del salario mínimo, hay gran cantidad de bienes y servicios que se
    denominan en salarios mínimos. No es extraño, entonces, ver que las multas se
    fijen en s.m.m o sea salarios mínimos mensuales. Las pensiones, por obra y gracia
    de nuestro inolvidable Alcalde de Verdad se reajustan, sin ninguna razón
    valedera, con base en el aumento del salario mínimo. La capacidad de
    contratación y el monto de los contratos de obra pública que deben ser
    revisados por el Contencioso Administrativo también se fijan como múltiplos del
    salario mínimo.
    El utilizar el salario
    mínimo como una unidad de poder adquisitivo constante es un gran impedimento en
    la discusión racional de un tema laboral. Esta innecesaria interferencia ha
    entrabado el proceso de concertación laboral. Las conversaciones de 1992 no
    pueden centrarse tanto en el poder adquisitivo del salario mínimo,  pues en las circunstancias actuales los
    cambios en esta variable no solo afectan la remuneración de una mano de obra no
    calificada sino que conservan el poder adquisitivo de las multas y otras cosas
    poco relacionadas con el mercado laboral.
    El reto en el 92, y
    mientras se desvincula el aumento del salario mínimo del aumento en otros
    bienes y servicios, es lograr que las expectativas de inflación se acerquen lo
    más posible a las metas fijadas por la Junta Directiva del Banco de la
    República. La propuesta de Fedesarrollo de un 27.5 de aumento en el salario
    mínimo, casi igual a la mitad del aumento en el precio de las publicaciones de esta
    entidad sin ánimo de lucro, tienden a entrabar el proceso de concertación que
    busca reducir el ritmo de inflación de la economía colombiana.

  • Corrección Monetaria un poco incorrecta

     El juego con la fórmula
    para calcular la corrección monetaria ha llegado a extremos intolerables
    .
      
    El sistema UPAC
    continua mostrando su vitalidad a los veinte años de establecido. Las
    autoridades económicas, contrariando la sabia máxima gringa de no arreglar algo
    que no esté dañado han realizado permanentes cambios en sus reglas de juego. A
    través de su existencia, el sistema de ahorro y vivienda colombiano ha sufrido
    múltiples cambios. Las autoridades han tratado de orientar la utilización de
    recursos hacia segmentos del mercado mediante la fijación de porcentajes de la
    cartera de las corporaciones. Además, han establecido esquemas de subsidios
    cruzados tratando de emular a Robin Hood gravando a los ricos para subsidiar a
    los pobres.
    Permanentemente, las
    autoridades monetarias han asumido el papel de árbitros buscando establecer un
    equilibrio entre el sistema UPAC y los otros intermediarios financieros.  A falta de pito, las autoridades monetarias
    han apelado al fácil expediente de introducir cambios en la manera como se
    liquida la corrección monetaria.
    La Administración López
    Michelsen con el fin de proteger a los otros intermediarios financieros y a la
    vez ganar adeptos entre los usuarios del sistema decidió imponer topes a la
    corrección monetaria. Este cambio en las reglas de juego aparentemente sencillo
    tuvo notables consecuencias. En primer lugar, acabó con la transparencia
    existente en el sistema UPAC, al terminar la separación entre el retorno debido
    a la inflación y el debido a la tasa de interés real. En efecto, a partir de
    esta reforma la corrección monetaria dejo de ser el reflejo de la inflación
    pasada y se convirtió en un número mágico fijado primero por el gobierno y
    luego por la Autoridad Monetaria.
    En segundo lugar, al
    convertirse la corrección monetaria en un instrumento de política, la forma de
    definir esta corrección monetaria se convirtió en una manera sencilla de
    favorecer a un intermediario en particular. Los amigos del sistema UPAC se
    dedicaron a inventarse fórmulas que les permitiera competir ventajosamente.
    Cuando los enemigos del Sistema llegaron al poder cambiaron las fórmulas para
    reducir la competitividad del UPAC.
    El juego con la fórmula
    para calcular la corrección monetaria ha llegado a extremos intolerables. La
    fórmula utilizada actualmente combina, de una manera totalmente arbitraria, el
    aumento en el Indice de Precios al Consumidor y la tasa de interés de captación
    conocida técnicamente como el DTF. Sumar el veinte por ciento del incremento en
    los precios con el cincuenta por ciento de la tasa de interés denominada DTF es
    algo digno de figurar en una novela de García Márquez.
    Sólo en Macondo puede
    suceder que la suma de las ponderaciones utilizadas en una fórmula no sea
    siempre el ciento por ciento. Como en las rebajas postnavideñas, la fórmula
    colombiana tiene una descuento del treinta por ciento pues la suma de las dos
    ponderaciones solo llega al setenta por ciento.
    Esta fórmula macondiana
    que ha puesto en aprietos al sistema UPAC y que ha favorecido a sus deudores y
    a otros intermediarios financieros tiene defectos intrínsecos que desaparecen
    cuando se tienen tasas de inflación muy bajas o cuando las tasas de interés
    reales son muy altas. Sería necesario tener una inflación de un solo dígito o
    una tasa de interés real de dos dígitos para que la fórmula produjera un valor
    cercano al incremento en el costo de vida.
    El cambio de las
    ponderaciones tampoco es una solución. Aceptar la propuesta del ICAV
    consistente en tomar el noventa por ciento de la tasa de interés es también una
    equivocación. La fórmula produciría un resultado justo únicamente para
    inflaciones cercanas al 45%. Para inflaciones menores se estaría favoreciendo
    innecesariamente al Sistema de Ahorro y Vivienda en perjuicio de los otros
    intermediarios financieros.

    La solución obvia es
    volver a la concepción original en la que la corrección monetaria refleja el
    aumento en los precios. Dentro de esta concepción, es posible ensayar
    variaciones interesantes que pueden contribuir a disminuir los costos de una
    política de estabilización. Sin lugar a dudas, la innovación más interesante
    sería tratar de incorporar en la fórmula las expectativas de inflación. Por
    ejemplo, no me disgustaría que la corrección monetaria que se adopte para 1993
    sea el famoso 22 por ciento. Pienso que, en las circunstancias actuales, una
    corrección monetaria igual a la meta de inflación del gobierno podría tener un
    importante efecto en la formación de las expectativas de inflación para el año
    entrante.
  • El impuesto más injusto

    Una inflación tan
    elevada como la colombiana está actuando como un impuesto considerable en todo
    aquel que usa dinero.
    La inflación y el
    desempleo son sin lugar a dudas dos de los grandes problemas económicos. El
    costo del desempleo es relativamente fácil de cuantificar, pues puede ser
    medido por la pérdida en producción causada por el aumento en la 
    desocupación. Por
    el contrario, el verdadero costo de la inflación para la sociedad es un poco
    más difícil de cuantificar.
    La inflación tiende a
    tener serios efectos económicos en la medida en que los resultados sean
    diferentes a los previstos. Como muy gráficamente lo ha manifestado un antiguo
    dirigente gremial, el problema de la inflación estriba en que cuando todo el
    mundo está esperando aumentos moderados de precios, los precios suben por el
    ascensor, mientras los salarios suben por la escalera. De esta manera el
    empleado ve aumentar más rápidamente sus gastos que sus ingresos y siente que
    le están poniendo un impuesto adicional sobre ellos.
    El crecimiento
    diferencial de precios y salarios es igualmente grave cuando lo que sube más
    rápidamente son los salarios que los precios. El serio problema de algunas
    empresas de servicio público es una consecuencia de un aumento vertiginoso de
    los salarios y de un bajo incremento de los precios de sus servicios. Cuando
    los precios suben más lentamente que los salarios los productores ven
    disminuidos sus ingresos y para ellos la inflación se convierte en un impuesto
    adicional.
    Cuando se mira el
    efecto combinado en productores y trabajadores las discrepancias entre las
    previsiones y los resultados se compensan, pues los impuestos a los
    trabajadores son recaudados por los productores y los impuestos a las empresas
    son aprovechados por las oligarquías de overol.
    Los efectos nocivos
    causados por inflaciones no previstas se pueden minimizar mediante reformas en
    los sistemas tributarios, financieros y laborales. El sistema de protección
    contra la inflación existente en Colombia es bastante sofisticado y se han
    eliminado las distorsiones más grandes. Los ahorros de los pobres están
    protegidos desde la creación del sistema UPAC. El sistema tributario esta indexado
    desde 1979 y los salarios reales tienden a mantenerse en sus niveles.
    Teniendo en cuenta lo
    anterior es posible pensar que en Colombia la inflación es relativamente
    neutral en su efecto en la distribución del ingreso. Sin embargo, una inflación
    tan elevada como la colombiana está actuando como un impuesto considerable en
    todo aquel que usa dinero. Los poseedores de dinero año a año tienen que
    reducir sus consumos para mantener unas tenencias de dinero con el mismo poder
    adquisitivo.
    Supongamos un trabajador
    que ganó un millón mensual durante los doce meses de 1992. Si sus gastos fueron
    relativamente uniformes y mantuvo todos sus ingresos en cuentas corrientes, en
    promedio tuvo un saldo bancario de 500.000 pesos. Cuando los precios y salarios
    suben un treinta por ciento al año, el promedio requerido es ya de 650.000
    pesos. Por tanto, para poder contrarrestar los efectos inflacionarios en sus
    saldos monetarios el trabajador debe aumentar sus ahorros en 150.000 y por lo
    tanto disminuir sus consumos en 150.000 pesos durante el año. Para el
    trabajador entonces la inflación se ha convertido en un verdadero impuesto pues
    ha afectado negativamente sus finanzas.
    Como quien tiene el
    privilegio de emitir es el Estado, quien se beneficia de este impuesto es el mismo
    Estado. Esta figura conocida con el nombre técnico de señoraje es una fuente
    importante de ingresos para el gobierno. En efecto, según un estudio de
    Dornbusch y Fischer publicado en el último número de Ensayos sobre política
    económica el señoraje en 1980 fue equivalente al 2.8 por ciento del PIB. A
    comienzos de los ochenta llegó a ser equivalente al noventa por ciento de los
    recaudos del impuesto a la renta, pues el recaudo del impuesto a la renta en
    1980 fue del 3.07 del PIB. Para finales de la década del ochenta el señoraje
    era un poco menos del cincuenta por ciento del impuesto a la renta, pues la
    participación del señoraje había bajado y la participación de los impuestos
    directos había aumentado.
    El considerar la
    inflación como un impuesto y por lo tanto, como una fuente de ingresos para el
    gobierno, nos pone de presente la importancia de las reformas tributarias para
    poder lograr una verdadera estabilización de la economía. Esto se sintetiza en
    una frase afortunada del artículo de Dornbusch y Fischer sobre el caso
    colombiano. La estabilización de la inflación requería un incremento en los
    impuestos para compensar la caída en los ingresos por concepto de señoraje.
  • Feria presupuestal 1993

    La determinación del
    presupuesto de las Empresas de Servicio Público mediante un proceso de regateo
    entre Concejales y funcionarios es la mejor manera para llevarlas a la
    bancarrota.
    Esta es la época en la
    que los funcionarios Distritales tienen que estar permanentemente en el Concejo
    para la mal llamada discusión del presupuesto. En la realidad nunca hay un
    análisis serio de los problemas que afrontan las diversas entidades ni de las
    verdaderas prioridades en el gasto público.
    La mayoría de las veces
    el Concejo termina aprobando todas las propuestas de la Administración después
    de agotadoras sesiones en las que los funcionarios tienen que oir discursos
    interminables de todos los miembros del Concejo. Esta confrontación anual entre
    Administración y Concejo nunca se puede hacer de una manera racional, pues el
    Concejo no cuenta con la asistencia técnica necesaria para poder estudiar el
    proyecto de presupuesto.
    Si bien se supone que
    el presupuesto debe reflejar las prioridades de un plan de desarrollo
    previamente definido, en la práctica esto nunca ocurre. Tanto la Administración
    como el Concejo tienen una visión muy parcial. Cada uno de los funcionarios se
    preocupa únicamente por su propio presupuesto y se concentra en lograr que los
    ponentes lo aprueben. Los funcionarios más veteranos saben que en este proceso
    ayuda contar con algunas vacantes en donde se puedan nombrar los recomendados
    de los llamados veedores presupuestales.
    Este forcejeo político
    tiene un impacto limitado en las llamadas entidades descentralizadas y en la
    administración central. Es natural que la fijación de prioridades y la
    determinación de los rubros presupuestales de estas entidades estén sometidas a
    la discusión política. Por el contrario, la determinación del presupuesto de
    las Empresas de Servicio Público mediante un proceso de regateo entre
    Concejales y funcionarios es la mejor manera para llevarlas a la bancarrota.
    No es de extrañar que
    la situación financiera de la EAAB esté tan deteriorada cuando sus tarifas se
    fijan sin tener en cuenta los estudios técnicos. A los concejales no les
    tiembla el pulso al bajar el crecimiento de las tarifas del Acueducto de un
    3.4% mensual a un 2.2%. El Gerente, como cualquier mercader, tiene que terminar
    contentándose con un modesto 2.5% partiendo la diferencia entre su propuesta
    inicial y la contrapropuesta del Concejal representante de la Sociedad
    Protectora de Usuarios de Servicios Públicos.
    Es claro que la
    Administración de las Empresas no puede asumir la responsabilidad una vez que
    sus presupuestos han sido cambiados radicalmente por el Concejo. Más aún, si se
    tiene en cuenta que las Juntas Directivas de las Empresas también tienen
    representación del Concejo se puede comprender que la Gerencia de las Empresas
    carece de una verdadera autonomía.
    Las Empresas para poder
    funcionar, no solo requieren de la eliminación de la participación del Concejo
    en las Juntas Directivas, sino muy probablemente de una eliminación total de
    dichas Juntas. Además de eliminar las Juntas Directivas de las Empresas de
    Servicio Público será necesario remover el proceso presupuestal del Concejo de
    Bogotá.
    Las Empresas de
    Servicio Público son un valioso patrimonio de la ciudad y no pueden seguir
    siendo manejadas de manera tan alegre. Si no se da una verdadera autonomía a la
    Gerencia, debería pensarse más bien en privatizarlas.
  • A la tercera va la vencida

    El gobierno, al
    mantener unas metas que nunca ha podido cumplir, está pensando entonces que la
    constancia vence lo que la dicha no alcanza.
    En noviembre las
    revistas se llenan de colorido con las fotografías  de las candidatas al cetro de la belleza en
    Cartagena. En este mes de reinas, las páginas económicas comienzan a hablar de
    los pronósticos económicos para el año entrante. A diferencia de lo que ocurre
    en los Reinados de Belleza donde las candidatas no repiten, en los pronósticos
    económicos las cifras se repiten año a año. En efecto, la meta inflacionaria
    por tercer año consecutivo se ha colocado en el 22 por ciento. El equipo
    económico del gobierno vuelve otra vez con metas muy similares. La del
    crecimiento de la economía se sitúa de nuevo en el cuatro por ciento y la del
    crecimiento de los medios de pago en el 26 o 27 por ciento. El déficit fiscal
    como porcentaje del PIB vuelve a la cifra mágica del uno por ciento del
    producto. Este resultado es el mismo independientemente de si hay aumento de
    impuestos o no.
    La repetición de las
    metas económicas nos recuerda al empedernido jugador de chance que siempre
    escoge su número favorito. El gobierno, al mantener unas metas que nunca ha
    podido cumplir, está pensando entonces que la constancia vence lo que la dicha
    no alcanza. Ante tan poco acierto más valdría pensar que lo que ha faltado es
    atacar verdaderamente los problemas básicos de la economía.
    El jugar siempre a los
    dos paticos en el campo de la inflación ha hecho olvidar que lo importante en
    este campo es tener un conjunto de precios adecuados. El precio de la gasolina,
    del café y de la energía no han podido llegar a su nivel de equilibrio. La
    gasolina sigue aún por debajo del deseado nivel internacional. El dólar veinte
    por galón de gasolina que ha sido un objetivo durante estos tres años sigue
    siendo inalcanzable. El precio interno del café continúa siendo muy alto, lo
    que ha llevado a cosechas muy por encima de los niveles de exportación, ha
    descapitalizado el Fondo del Café y agravado el déficit fiscal.
    El precio de la energía
    sigue muy bajo. El consumo del gas no se ha podido masificar porque el precio
    en Colombia es muy inferior al precio internacional. Los usuarios de bajos
    ingresos tienen precios de energía eléctrica demasiado bajos lo que magnifica
    el problema causado por el bendito racionamiento. Los precios de los usuarios
    industriales y comerciales siguen siendo demasiado altos con graves
    consecuencias en el aumento de las pérdidas negras.
    Los beneficios en las
    rebajas en los aranceles todavía no han llegado al consumidor. El crecimiento
    menor del índice de precios al productor con relación al índice de precios ala
    consumidor ha mejorado la rentabilidad de los productores y les ha permitido
    compensar en parte el retraso cambiario.
    El proceso de apertura
    sigue amenazado, por tercer año consecutivo, por un nivel de la tasa de cambio
    muy bajo. La meta fijada para la tasa de cambio real por la Junta Directiva del
    Banco de la República es totalmente inadecuada. El nivel de referencia escogido
    de una paridad igual a la de 1985 sería el correcto si no se hubiera hecho la
    apertura comercial. Al reducirse el arancel es necesario compensar mediante una
    mayor devaluación para mantener la competitividad de la economía.
    El manejo cambiario es
    inadecuado no solo por el nivel escogido sino también por el tipo de
    instrumentos empleados. Por ejemplo, es conveniente eliminar de manera
    definitiva la tasa de cambio oficial. El mantener una tasa oficial
    artificialmente alta únicamente para la redención de los certificados de cambio
    es injusto y discriminatorio. El nivel de protección debe ser el mismo para la
    industria, independientemente de si exporta o compite con las importaciones.
    Las tasas de interés se
    mantienen en niveles demasiado bajos, imposibles de sostener en el largo plazo.
    Las tasas de interés reales negativas no son compatibles con una reducción de
    la inflación. Tarde o temprano es necesario eliminar el control en las tasas de
    interés y reducir los encajes a niveles similares a los de otros países. Con
    una estructura de costos más favorable el sector financiero podrá competir
    mejor con el de otros países más avanzados.

    El breve repaso de los
    graves problemas que está padeciendo la economía colombiana nos pone de
    presente que si esta vez queremos acertar, no sólo es necesario seguir jugando
    a nuestro número favorito sino que también se requiere tomar las medidas
    adecuadas.

  • Clintonomía

    El seguimiento de la economía de los Estados Unidos no debe ser algo que se hace cada cuatro años sino que debe ser algo rutinario.

    Todo el mundo se está preocupando en estos días por el impacto que pueda causar el cambio de Presidente de los Estados Unidos en la economía colombiana. Los especialistas en todo están dispuestos a satisfacer la curiosidad de los colombianos y para el efecto comienzan a improvisar sobre lo que se imaginan que pueda suceder.


    Obviamente, nuestros expertos de turno no tienen la más remota idea de lo que están diciendo y tienen un conocimiento muy escaso sobre lo que está sucediendo en los Estados Unidos. Algunos de ellos que tienen algo de respeto por su audiencia se pasan por Carulla para comprar el último número de Time y del Business Week para opinar con mayor autoridad. Otros han tenido la precaución de mirar los debates en TV Cable y de estar pendientes del canal noticias para poder apreciar lo que se opina en los programas económicos


    Los más responsables que por lo general leen las páginas económicas en los periódicos colombianos se enteran que el famoso Rudiger Dornbusch, profesor del MIT y graduado en la Univerisda de Chicago es uno de los principales consejeros del Presidente electo de los Estados Unidos y muy pronto comienzan a buscar los escritos de este profesor para imaginarse las políticas que se van a seguir en los próximos cuatro años.


    A pesar de su alta calidad, los libros de Dornbusch no son siempre de mucha utilidad. Su trabajo ”La macroeconomía de una economía abierta”es demasiado avanzado y está lleno de ecuaciones y derivadas que lo hacen relativamente inaccesible al común de los economistas. En contraste el libro “Economía”escrito con Fischer y Schlamensee es demasiado elementar y por lo tanto no tiene recomendaciones muy específicas.


    El tercer libro “Macroeconomía”escrito con su colega Stanley Fischer, quien ha sido decano del departamento de economía del MIT y economista principal del Banco Mundial, no ilustra muy bien sobre el tipo de políticas que pueda seguir el presidente Clinton. Este importante libro de texto presenta un tratamiento interesante tanto de la política monetaria como de la política fiscal. Es notable el balance logrado entre las dos principales escuelas del pensamiento macroeconómico. Tanto el neokeynesianismo como el monetarismo encuentran cabida en el texto de Dornbusch y Fischer.


    El texto de macroeconomía intermedia ha tenido un notable éxito tanto en el tratamiento equilibrado de las diferentes tendencias del pensamiento como el énfasis que tiene en los aspectos de la economía internacional. Los importantes aportes de Dornbusch en este campo aparecen en este texto presentados de una manera relativamente sencilla lo que facilitó notablemente su divulgación. Temas muy especializados estudiados únicamente en cursos a nivel de doctorado se hicieron accesibles de segundo año de carrera.


    Este método de llegar a conocer las posibles sendas que pueda tomar el presidente Clinton en los próximos cuatro años es un poco largo sólo recomendable para un académico. El método más directo es consultar la revista The Economist del 24 al 30 de octubre que trae un escrito de Dornbusch sobre lo que representaría la presidencia de Clinton. Según Dornbusch, los Estados Unidos se enfrentan a tres retos. El primero de ellos es de una vigorosa recuperación económica que se ha dificultado por la falta de confianza del consumidor. El segundo problema es el deterioro de la capacidad productiva originada por una inversión pública inadecuada. El tercer reto es lo que el Doctor Carlos Lleras hubiera llamado el desencuadernamiento de la economía americana causado por el enriquecimiento de los ricos y el empobrecimiento de los pobres.


    El programa de Clinton según el artículo de Dornbusch tendría cuatro aspectos básicos. Un programa de obras públicas parecido a lo que aquí se llamo el PIN. Una mejora en la educación con programas estilo Sena y Colfuturo. Reforma del sistema de asistencia pública que incentive el retorno de los beneficiarios al mercado de trabajo y una reforma del sistema de salud que al mismo tiempo que busque una universalización de su cubrimiento logre un control sobre las entidades encargadas de su provisión.


    El seguimiento de la economía de los estados Unidos no debe ser algo que se hace cada cuatro años sino que debe ser algo rutinario. Es absurdo que nuestros centros de investigación hagan publicaciones sobre la coyuntura económica latinoamericana y en nuestras universidades se dicten cursos sobre la realidad económica latinoamericana al mismo tiempo que se ignora totalmente a nuestro principal socio económico que es a la vez la potencia económica número uno del mundo.

  • Credibilidad Nula

    Las autoridades del sector energético piensan únicamente en si se debe racionar los lunes festivos o no.  La solución de utilizar el sistema de precios para igualar la oferta con la demanda no se les pasa por la cabeza.

    Hace poco más de un año se comenzó a gestar el problema eléctrico.  En los meses de septiembre y octubre de 1991 se presentó un descenso en el nivel de los embalses.  En lugar de crecer como era lo habitual en estos meses, que tradicionalmente eran de invierno, los embalses comenzaron a disminuir.  En esa época las autoridades energéticas se dejaron sorprender y no tomaron ninguna medida que hubiera podido disminuir la severidad de los racionamientos.  Por no haber adaptado las medidas a tiempo el racionamiento ha tenido que prolongarse más y ha sido mucho más severo.

    La actuación de los dirigentes del sector energético en estos últimos trece meses ha sido fatal.  La falta de liderazgo ha sido enorme.  El gran esfuerzo se ha dedicado a buscar chivos expiatorios.  La cacería de brujas emprendida ha causado víctimas inocentes y acabado con la honra de muchos funcionarios que tuvieron la poca fortuna de servir a el sector eléctrico en los últimos diez años.

    El manejo de la crisis ha sido poco imaginativo.  El racionamiento de la energía eléctrica ha sido el arma preferida de las autoridades.  Infortunadamente, esta manera de afrontar el problema ha sido inconveniente e injusta.  Las principales dependencias del Estado no han sufrido ni un solo momento la falta del preciosos “fluido”eléctrico.  La gran industria también ha estado de buenas porque sus instalaciones siempre han contado con energía.  El sufrido ciudadano y el pequeño empresario han tenido que soportar todos los rigores del racionamiento. 

    El sector eléctrico no ha logrado aumentar su oferta en manera apreciable.  La prometida interconexión con Venezuela y las tan esperadas barcazas quedaron nada más como palabras, tan sólo palabras.  Los ricos, los banqueros, algunos estilistas han resuelto su problema mediante la compra de equipos que han contribuido a aumentar los niveles de contaminación sonora y ambiental de nuestras ciudades.

    La desidia del sector público ha sido monumental.  En lugar de encargar del problema al gerente de ISA, para que éste se convierta en el gerente de la Emergencia Eléctrica, se contrata a un destacado cerebro repatriado para que por la módica suma de 45 millones de pesos informe si el cronograma del plan de emergencia se está cumpliendo.  El sistema de seguimiento de la Emergencia Eléctrica nos recuerda el que usó el Departamento de Defensa de Estados Unidos en la Guerra del Vietnam.  Este sistema informaba detalladamente sobre el número de bombas que se lanzaban y sobre las bajas del enemigo pero nunca informó que la guerra se estaba perdiendo.

    Las autoridades no han tomado conciencia de la importancia de enfrentar el problema de la falta de energía.  Recientemente pasé por la séptima con 70 y me sorprendió ver que una pequeña peluquería y una salsamentaría tenían luz mientras que el semáforo de la esquina estaba totalmente apagado.  El sector privado se había enfrentado al problema y había tratado de atender a sus clientes mientras que el funcionario público toleraba que se creara un caos en el tráfico porque un semáforo no tenía energía.

    La falta de imaginación de nuestras autoridades energéticas es monumental.  Piensan únicamente en si se debe racionar los lunes festivos o no.  La solución de utilizar el sistema de precios para igualar la oferta con la demanda no se les pasa por la cabeza.  En un año los cambios se hubieran dado. La sustitución de energéticos se hubiera facilitado.  El cambio de la manera que se otorgan los subsidios hubiera ya reducido el sobre consumo de las familias que no se enfrentan al verdadero costo de la energía.  Si a  los consumidores de bajos ingresos se les cobra el verdadero costo del servicio pero a la vez se les otorga una ayuda global sin que dependa del consumo, su comportamiento hubiera cambiado sin tener que sufrir por ello una baja en los ingresos.

    El mito de que la gente no responde a la variación de los precios no tiene mucha validez en el largo plazo.  Más aún, en la medida en que los anuncios del gobierno tengan credibilidad, la reacción del consumidor es más fuerte.  La mayoría de los que no han resuelto su propio problema ha sido porque le han creído al gobierno que él se iba a arreglar rápidamente y que los apagones iban a ser temporales.  De saber que la incapacidad del gobierno iba a ser tan grande, ya hubiéramos arreglado nuestro propio problema.  La solución del problema debe iniciarse con un programa creíble por parte del gobierno.  No podemos seguir confiando en la posibilidad de lluvia.