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  • La política económica de los Estados Unidos en los noventas

    Según el profesor Paul
    Krugman, los Estados Unidos se están contentando con resultados mediocres y han
    perdido el deseo de hacer los sacrificios necesarios para lograr un mejor
    resultado.
    En estos días de
    puentes nada mejor que deleitarse con un buen libro. Aunque no es muy frecuente
    encontrar libros atractivos que traten el tema económico, de vez en cuando se
    publica un libro que no solo llega a los eruditos en el tema sino que atrae al
    público en general. Paul Krugman profesor del afamado Instituto Tecnológico de
    Massachusetts (MIT) ha producido recientemente un interesante libro sobre
    política económica titulado The Age of Diminished Expectations en el que se
    presentan de manera clara y sencilla los principales problemas de política
    económica de los Estados Unidos.
    Este importante libro publicado
    inicialmente por el Washington Post ha tenido bastante éxito entre el público
    en general y gracias a ello ha sido reimpreso por el MIT Press en edición
    rústica a un precio accesible de once dólares. El libro del Profesor Krugman es
    una combinación interesante de rigor académico y claridad de expresión. El
    mensaje básico de Krugman repetido hasta la saciedad por Clinton durante su
    campaña presidencial es que la economía de los Estados Unidos, si bien no está
    al borde del abismo, sí está atravesando por una situación precaria muy por
    debajo de las expectativas de otras épocas.
    Para Krugman el gran
    problema es, entonces, el contentarse con la mediocridad. Según este ilustre
    profesor, los Estados Unidos se están contentando con resultados mediocres y han
    perdido el deseo de hacer los sacrificios necesarios para lograr un mejor
    resultado.
    Esta conformidad con la
    mediocridad es lo que ha convertido a los noventas en una era de expectativas
    disminuidas. Los Estados Unidos, según Krugman, atraviesan un período de su
    historia muy similar al que está atravesando nuestro Santafecito lindo. En
    1993, ya no aspiramos a campeonato ni a copa Libertadores, ni mucho menos al
    cuadrangular sino que nos conformamos con que el equipo no descienda.
    Según el autor, el comienzo
    de la solución es entender lo que está pasando y encontrar una explicación a la
    crisis. Su explicación y plan de acción para los Estados Unidos se presenta en
    16 interesantes capítulos en los que se analizan temas de vital importancia. El
    tratamiento dado a todos los temas y en especial a los relacionados con el
    comercio exterior y las finanzas internacionales es de muy alta calidad. Las
    contribuciones importantes del mismo Krugman y otros profesores del MIT son
    presentadas de una manera sencilla y agradable que contribuyen a ilustrar al
    lector sobre temas bastante complejos.
    Gracias a su claridad y
    rigor científico, este libro se ha convertido en referencia obligada para quien
    este interesado en los problemas de política económica de los Estados Unidos.
    Dada la importante participación que tienen los egresados del MIT  en la política económica latinoamericana no
    es de extrañar que en las campañas presidenciales latinoamericanas se debatan
    temas como los tratados en el libro de Krugman.

    Buena parte del éxito
    del libro se explica por una presentación relativamente balanceada de los
    problemas. Puede decirse que fuera de los monetaristas radicales casi todos los
    economistas concuerdan con buena parte del análisis presentado en este libro.
    En general, el análisis de Krugman puede enriquecer el próximo debate. Lo que
    debe quedar muy claro para todos los candidatos es que para lograr mejores
    resultados hay que elevar las expectativas del público y lograr además que los
    colombianos hagan un mayor sacrificio para poder logra un rápido crecimiento. 
  • La educación en Colombia.

    La grave situación que
    vive la educación en Colombia ha sido el fruto de errores de política.
    Hace unos treinta y
    cinco años los mejores estudiantes aspiraban a entrar a la Universidad
    Nacional. En esa época en la que no existían las pruebas del ICFES la calidad
    de los colegios se medía por el número de estudiantes que podían entrar a la
    Nacional. Los estudiantes que eran admitidos a la Nacional y a otra universidad
    privada de prestigio como los Andes o la Javeriana, usualmente preferían
    matricularse en el campus de la 45. Hoy en día, los buenos estudiantes piensan
    primero en las universidades privadas. Los Andes, la Javeriana, el Rosario y el
    Externado son las principales opciones consideradas.
    La Nacional recibía en
    sus buenas épocas magníficos estudiantes de todas las clases sociales, con una
    alta participación de la clase media y media alta. Los estudiantes de la
    nacional, con el correr del tiempo se convertían en la clase dirigente. La
    educación universitaria era en esa época la principal causa de movilidad
    social. Los estudiantes de los buenos colegios oficiales como el Camilo Torres
    o el Colegio Mayor de San Bartolomé ascendían social y económicamente gracias a
    un buen sistema educativo público.
    Hoy en día, por el
    contrario, la posibilidad de llegar a puestos directivos a través del sistema
    oficial es muy baja. La calidad de la educación oficial no es muy apreciada por
    los estudiantes y sus familias y más bien prefieren incurrir en costos elevados
    para gozar de una mejor educación en el sistema privado. La segregación social
    en el sistema educativo existente hoy en día es bastante grave pues las grandes
    diferencias existentes a nivel familiar se magnifican a través de sistemas
    educativos segregados. En el pasado, la Universidad Nacional era un crisol en
    el que se nivelaban todas las clases sociales y en las que todos aprendíamos de
    nuestros compañeros fueran ricos o pobres.
    La grave situación que
    vive la educación en Colombia ha sido el fruto de errores de política. El
    considerar que la única manera de ayudar a los estudiantes pobres era mediante
    la creación de instituciones oficiales ha sido un gravísimo error. Las Universidades
    públicas se convirtieron en instituciones en las que lo que menos importaba era
    la excelencia académica. Lo más importante era, por una parte, concientizar a
    los alumnos de los graves problemas del país y por otra lograr que profesores y
    empleados gozaran de grandes beneficios salariales independientemente de su
    desempeño. Los colegios oficiales se contagiaron de estas enfermedades. Los
    estudiantes preocupados por los problemas del país y aprendiendo las consignas
    revolucionarias y los profesores y empleados buscando mejoras salariales.
    Para poder resolver el
    problema de la educación en Colombia es necesario reducir la participación del
    sector público en la provisión de la educación. Esto no implica que los
    estudiantes pobres no vayan a tener acceso a la Educación. Por el contrario es
    probable que la ayuda a los estudiantes más necesitados se pueda ampliar. El
    estado tiene que dejar de financiar a las instituciones y comenzar a financiar
    a los estudiantes pobres independientemente del sitio en donde decidan
    estudiar.
    Las instituciones
    oficiales tienen que volverse más eficientes y reducir sus costos. Para ello el
    gobierno tiene que cambiar la manera como financia la educación pública. En
    lugar de cubrir los costos incurridos, debe más bien reconocer los servicios
    prestados por las instituciones públicas a tarifas similares a las del sector
    privado. El ahorro puede llegar a ser considerable. Estimativos hechos para el
    Distrito muestran que con la mitad del dinero es posible atender en el sector
    privado a los estudiantes que van a la Universidad Francisco José de Caldas. 
  • Gradualismo monetario

    La disminución brusca
    del encaje tiene serios problemas y lo que se requiere es hacer un ajuste
    gradual en el que se minimice su impacto monetario.
    Hace poco con ocasión
    de la reunión de la Asociación Bancaria se estuvo debatiendo la posibilidad de
    reducir el encaje bancario. Los miembros de la Asociación alegaban con mucha
    justicia que les era muy difícil competir con los bancos extranjeros cuando se
    les obligaba a tener congelado gran parte de los recursos mientras que en el
    extranjero los requerimientos de reserva bancaria eran muy inferiores. En
    Colombia los bancos deben depositar en el Banco de la República casi la mitad
    de los recursos que captan en cuentas corrientes mientras que en los países
    industrializados solamente se requiere depositar el 10 por ciento de los
    recursos en el Banco Central.
    Los altos encajes
    colombianos ponen en desventaja a los Bancos colombianos porque estos tienen
    que operar con márgenes más elevados que sus contrapartes de los países
    industrializados. Adicionalmente, los altos márgenes de intermediación
    dificultan el control monetario. El Banco de la República no solo debe mantener
    un equilibrio entre la rentabilidad de los depósitos en Colombia y en el
    exterior sino que además tiene que mantener una igualdad entre el costo del
    crédito en Colombia y en el exterior. Cuando los márgenes de intermediación de
    Colombia son más altos en Colombia que en el exterior no es posible lograr
    simultáneamente equilibrio para los depósitos y para los créditos y por lo
    tanto el Banco de la República se ve enfrentado a un cruel dilema.
    Aunque una reducción
    del encaje puede ser conveniente tanto a los bancos como a la Autoridad
    monetaria ya que los intermediarios financieros pueden obtener una mayor
    rentabilidad y el Banco de la República puede lograr un mayor control monetario
    los beneficios netos de la medida no son igualmente atractivos para ambos. El
    Banco Central colombiano en las circunstancias actuales no puede permitir un
    crecimiento muy alto en los medios de pago si quiere mantener un control sobre
    la inflación y por lo tanto debería tomar medidas que contrarresten el efecto
    expansionario de la reducción del encaje.
    La disminución brusca
    del encaje tiene, entonces, serios problemas y por lo tanto lo que se requiere
    es hacer un ajuste gradual en el que se minimice su impacto monetario. La mejor
    manera de hacer un ajuste gradual es hacer una distinción entre el encaje sobre
    los depósitos ya existentes y los que ocurran posteriormente. El encaje sobre
    los depósitos ya existentes debe mantenerse en su nivel actual y el encaje en
    los nuevos depósitos debe reducirse a niveles cercanos al 10 por ciento. Aunque
    en el papel esta medida puede parecer un poco artificial y difícil de aplicar,
    en la práctica no es muy complicada. Cuando la Autoridad Monetaria ha creído
    conveniente realizar un control drástico de los medios de pago ha apelado a
    poner en funcionamiento un mecanismo en el que hay dos tipos de encajes uno
    para los depósitos existentes y otro más alto para los nuevos depósitos.
    La medida propuesta no
    tiene por qué ser definitiva. Con el tiempo y a medida que los nuevos recursos
    vayan creciendo comparados con los ya existentes los encajes se pueden unificar
    sin crear graves problemas monetarios. La medida propuesta de imponer un encaje
    bajo únicamente sobre las nuevas captaciones puede llevarnos de manera gradual
    hacia lo que queremos un sector financiero que pueda competir con el resto del
    mundo.

  • Todo tiempo pasado no fue mejor

    El control de cambios
    nunca pudo contener el flujo de capitales hacia el exterior.
       
    Algunos críticos de la
    política económica del actual gobierno insisten en que esta ha sido un fracaso
    total y que por lo tanto debemos volver a lo existente hace quince años. Para
    estos analistas de la situación económica el ideal es volver a las épocas de
    una intervención excesiva del gobierno. Como nos pasa a muchos con el
    transcurso del tiempo nos acordamos únicamente de lo bueno y olvidamos los
    graves inconvenientes causados por esta excesiva intervención del gobierno.
    Los excesivos controles
    a la tenencia de divisas afortunadamente eliminados por el actual gobierno son
    un ejemplo claro de que todo tiempo pasado no fue mejor. El control de cambios
    que prohibía la tenencia de divisas y que consagraba el monopolio del manejo de
    la moneda extranjera en el Banco de la República realmente nunca funcionó. Los
    grandes grupos económicos y las multinacionales muy pronto encontraron la
    manera de evadir estos controles.
    Cuando fue atractivo
    desde el punto de vista económico comprar dólares los grandes intereses
    económicos encontraron la manera de hacerlo. Desde 1983 a 1985 la fuga de
    capitales en Colombia fue espectacular. Los controles instaurados fueron
    incapaces de contener el flujo de capitales hacia el exterior. El efecto real
    de medidas tan extremas como revisar a los viajeros que salían al exterior para
    ver si llevaban dólares no autorizados fue mínimo. La obligación de incluir en
    el pasaporte el monto de los dólares comprados durante el año no impidió que se
    llegará al borde de una crisis cambiaria en 1985.
    De la misma manera,
    cuando el diferencial de la tasa de interés incentivaba las inversiones en
    Colombia los dueños de las grandes fortunas trajeron sus dólares a Colombia. El
    boom de la construcción, la elevación de los precios de los inmuebles y la
    revaluación de la moneda no fue algo ocurrió por primera vez en este gobierno.
    La economía colombiana durante las administraciones López y Turbay sufrió del
    mal holandés a pesar de tener control de cambios. La existencia de los
    controles a la tenencia extranjera nunca fue realmente efectiva ni para evitar
    la fuga de capitales ni para impedir que el peso se revaluara ante la entrada
    masiva de capitales.
    Aunque los resultados
    para el país no son muy diferentes con o sin control de cambios, la situación
    para el común de la gente es muy distinta. El ciudadano común y corriente está
    mucho mejor ahora. Cuestiones tan sencillas como suscribirse a una revista
    extranjera, pedir un libro o un programa de computador se puede hacer sin mayor
    problema pues basta indicar el número de la tarjeta de crédito en la orden de
    pedido. En los viajes no es necesario comprar con varios días de anticipación
    los dólares o cheques viajeros sino que ahora si se puede pagar con las
    tarjetas de crédito expedidas en Colombia.

    El volver al antiguo
    sistema de cambios que proponen algunos de los críticos del gobierno no va
    impedir que los errores de política afecten la economía. Por el contrario, nos
    va a dar una falsa sensación de seguridad que a lo mejor lo que va a hacer es
    incitar a un mal manejo económico. 
  • El costo de uso del capital en el análisis económico

    Un gran investigador de la Universidad de Harvard cumple 60 años.

    Para celebrar los sesenta años de vida del profesor Dale W Jorgenson se realizó el sábado 8 de mayo una reunión de carácter académico en la Universidad de Harvard.  A ella asistimos algunos de los alumnos que tuvimos la magnifica oportunidad de hacer la tesis doctoral con tan afamado profesor.  A esta cita se hicieron presentes alumnos de todas partes del mundo.  Destacados profesionales de Nueva Zelandia, Corea, Japón, Canadá, Estados Unidos acudieron a este evento académico que contó también con la presencia de los más renombrados economistas de los Estados Unidos.

    Buena parte de la conferencia estuvo dedicada a resaltar la importante contribución del profesor Jorgenson en lo que se refiere al concepto del costo de uso del capital.  Este concepto de suma importancia en el análisis económico fue desarrollado hace 30 años en un famoso articulo publicado en mayo de 1963 en la Revista Americana de Economía.  Este articulo titulado ‘La teoría del capital y el comportamiento de la inversión’ constituye la base de la llamada teoría neoclásica de la inversión, que ha servido para entender los principales determinantes de la decisión de invertir por parte de las empresas.

    Como consecuencia de la investigación sobre los determinantes de la inversión ha quedado claro que una buena política económica puede ayudar a incrementar la inversión.  El impacto de la política tributaria en la inversión, hoy en día, se analiza a través del efecto que tienen las disposiciones tributarias en el costo de uso del capital. El profesor Jorgenson y sus alumnos continuamente son citados al Congreso de los Estados Unidos cuando se discuten los cambios en la legislación tributaria.  Una importante contribución hecha en este campo es la de la tasa efectiva de tributación que permite medir el verdadero impacto del tratamiento de la depreciación.

    La medición adecuada del costo de uso de capital también tiene que ver con los temas de la productividad total de los factores y el crecimiento económico. Jorgenson y sus colaboradores han hecho importante contribuciones a una mejor medición de la productividad.  Gracias al trabajo de este grupo de investigadores se ha podido establecer que gran parte del crecimiento se explica por el crecimiento de los factores de producción.  Para otros investigadores menos cuidadosos, el crecimiento económico sigue siendo un misterio.  La metodología desarrollada por Jorgenson ha sido puesta en práctica en Estados Unidos, Japón y la República Alemana con resultados muy satisfactorios.
    La medición del capital humano en las cuentas nacionales, las decisiones del consumidor, v la manera correcta de medir los cambios en el bienestar de las familias fueron otras de las Area, importantes de investigación que se revisaron en el fin de semana en Cambridge, Massachusetts.

    Las contribuciones de Jorgenson también han sido importantes en el campo teórico y econométrico. El trabajo sobre la función de producción y  demanda de forma translog hecho con Larry Lau y Laurits Christensen avanzó considerablemente la práctica econométrica y permitió desarrollar modelos de equilibrio general mucho más realistas.
    El retorno del pasado realizado el fin de semana anterior sirvió para poder apreciar la magnitud de la contribución del profesor Jorgenson en el campo de la economía. Al finalizar la conferencia todos los asistentes nos sentimos muy contentos por habernos reunido con una persona realmente extraordinaria, que siempre se ha preocupado por mantener vivos los vínculos con sus antiguos alumnos y colaboradores.
  • Los problemas del Profesor Hommes

    El control de la
    inflación que parecía estar a tiro de as se torna dudoso.
    La Administración
    Gaviria le está pasando lo mismo que a nuestro representante en la Copa
    Libertadores de América. En los últimos minutos del partido está perdiendo toda
    la ventaja que había acumulado en un buen primer tiempo. Con los últimos
    acontecimientos económicos, los hinchas del Ministro de Hacienda estamos
    sufriendo lo mismo que los seguidores del Profesor Maturana.
    El caso de la caída de
    los Rudi bonos es un ejemplo que ilustra lo anterior. Las reformas tributarias
    generaron abundantes recursos para tapar el hueco fiscal. Con una situación
    relativamente holgada en el campo de los ingresos, el gobierno pudo mantener
    una dura posición de labios para afuera pero en el fondo bastante
    generosa.  Los recursos permitieron
    aumentarles el precio interno a los sufridos cafeteros, aumentar el gasto
    militar y financiar la liquidación de Colpuertos y el retiro de algunos
    funcionarios del Senado. El Ministro de Hacienda siempre se oponía a los
    aumentos pero muchas veces terminaba aceptando las demandas de los gremios y
    grupos de presión.
    En lugar de aumentar la
    ventaja lograda en el frente fiscal abocando problemas como las bajas tarifas
    residenciales de las empresas de servicios públicos y un bajo precio a la
    gasolina, el gobierno se confió. La situación se complicó cuando al equipo del
    profesor Hommes le anularon dos golecitos por fuera de lugar. El primero fue el
    de la aplicación inmediata del IVA y el segundo el de los bonos de guerra.
    Pareciera entonces que en política económica también se aplica el famoso dicho
    futbolero: “el que no hace los goles los ve hacer”.
    Al igual que al
    Profesor Maturana le ha tocado afrontar la indisciplina del Palomo y el Checho
    al Ministro de Hacienda le ha tocado retirar a los Doctores Piza y Zarama por
    esta misma causa, pues como muy bien lo dijo en donde manda capitán no manda
    marinero. La angustia de los defensores de la política económica es muy grande
    pues a medida que se acercan las elecciones el gobierno se va quedando solo.
    Con el transcurrir del
    tiempo se ve cada vez más difícil lograr las metas económicas. El control de la
    inflación que parecía estar a tiro de as se torna dudoso. Como lo han mostrado
    las recientes estadísticas la cifra nacional está a un solo punto de la meta
    fijada y ya hay seis ciudades en donde ya se ha alcanzado la meta del gobierno.
    El incremento del déficit fiscal puede ahora hacer imposible obtener un control
    duradero de la inflación.
    El respaldo político
    del partido de gobierno es cada vez más precario. Es muy probable que en julio
    el actual gobierno haya perdido todo su respaldo de su gobierno. El
    precandidato que va punteando las encuestas actual embajador en España tratará
    de distanciarse cada vez más del gobierno. El Ministro de Agricultura
    continuará con su política de oposición desde el edificio Pedro A López. Los
    otros candidatos liberales sin cuota ministerial arreciarán sus críticas a la
    política económica y criticarán lo realizado hasta ahora.
      

    Los próximos meses
    prometen ser de infarto no solo por los partidos de nuestros representantes en
    la Copa Libertadores, Copa América y selección al mundial sino para los hinchas
    del Ministro de Hacienda. 
  • La modernización del Estado

    La obtención del
    certificado de movilización en Colombia ilustra perfectamente la manera como
    las reformas complican procesos ya de por si bastante complejos.
      
    En estos días se ha
    vuelto a poner sobre el tapete el tema de la modernización del Estado. Los
    famosos decretos elaborados hace cuatro meses se han comenzado a caer. El
    ciudadano común y corriente no logra asimilar los cambios efectuados en la manera
    como funciona el Estado. La dura realidad cotidiana nos confirma que el avance
    hacia la modernización es lento y penoso. El Estado a todos sus niveles sigue
    siendo tan ineficiente como siempre.
    El proceso de
    modernización del Estado en Colombia es tortuoso por nuestra costumbre de
    incorporar las reformas en un esquema obsoleto. Aquí traemos ideas de otros
    países que adoptamos sin eliminar los tortuosos procedimientos existentes. El
    resultado obvio es que el Estado es más lento y corrupto. En lugar de simplificar
    terminamos complicando los procesos existentes.
    La obtención del
    certificado de movilización en Colombia ilustra perfectamente la manera como
    las reformas complican procesos ya de por si bastante complejos. Ante el
    deplorable estado de algunos vehículos en circulación y para reducir el riesgo
    al público a alguno de nuestros genios se les ocurrió adoptar el procedimiento
    utilizado en algunos sitios de los Estados Unidos. Para poder circular en
    algunos Estados es necesario obtener una calcomanía que muestre que el vehículo
    se ha revisado. A diferencia de lo que ocurre en Colombia en Estados Unidos el
    proceso es relativamente sencillo. Basta ir a una estación de servicio
    cercana  para hacer la revisión. Los carros
    son revisados rápidamente y en caso en que esté en perfecto estado la
    calcomanía es colocada inmediatamente.
    En Colombia, para poder
    conseguir el certificado de movilización es necesario pagar impuestos, pagar
    las multas, sacar un paz y salvo y llevarlo a un CADE a que le pongan un sello.
    El poder cumplir con todos estos requisitos no es muy fácil pues muchos días en
    el CADE no hay sistema y para poder conseguir que le pongan el Sello es
    necesario antes ir a hacer colas interminables en la sede del Automóvil Club,
    en Paloquemao o en Alamos para obtener el bendito paz y salvo. Pero si esto
    fuera poco, antes de poder ir a la revisión es necesario consignar en una
    oficina de un banco el valor de los trámites ante la tesorería distrital y el
    Intra y además comprar un seguro obligatorio.
    Esta innumerable serie
    de requisitos que en los Estados Unidos ni se contemplan tornan imposible algo
    que en un país civilizado es sencillo. No es de extrañar que se diga que en
    Bogotá hay ciento cincuenta mil vehículos que circulan sin certificados de
    movilización o con certificados falsos. Para el pobre ciudadano que hace todo
    lo mandado por la ley lo que le extraña es como es posible que haya trescientos
    cincuenta mil ciudadanos que cumplan la ley y obtengan su calcomanía
    legalmente.
    La verdadera modernización
    del Estado se logra reduciendo los trámites innecesarios. Por tanto en un
    Estado moderno para obtener el certificado de movilización no se debe requerir
    pagar los impuestos. El Distrito debe tener mecanismos idóneos para cobrar los
    impuestos y para imponerle multas al que no cumple con esta obligación. También
    se debe acabar con la obligación de pagar multas como requisito para obtener el
    certificado de movilización. En Colombia las infracciones de tránsito, por ley,
    se les imponen a los conductores y no a los dueños de los vehículos por tanto
    el obligar a pagar estas multas a quien no es responsable es abiertamente
    ilegal.

    El ciudadano tiene que
    participar en el proceso de modernización, tiene que involucrarse en el debate
    y exponer sus opiniones. No puede ser el sujeto pasivo de reformas concebidas a
    sus espaldas. Las reformas a la seguridad social, al SENA, al ICA y a las demás
    entidades tendrían una mayor aceptabilidad si son sometidas a un amplio debate
    antes de ser aprobadas. 
  • Economía hamburguesa

    El determinar el nivel
    de equilibrio de la tasa de cambio es un proceso bastante complejo.
      
    En los últimos días ha
    vuelto a tomar vigencia la discusión sobre la tasa de cambio real. El Ministro
    de Agricultura recordando sus tiempos de FEDESARROLLO y de asesor del Doctor
    Samper ha comenzado a criticar la política económica del gobierno y del Banco
    de la República. En efecto, el Ministro ha entrado a apoyar la tesis de la
    Asociación Nacional de Exportadores sosteniendo que debe acelerarse la
    devaluación para dar una mayor competitividad a las exportaciones y en especial
    a las del sector agropecuario.
    Se me hace muy
    interesante la posición del Ministro Ocampo por varias razones. La primera,
    porque encuentro una mayor acogida a mi posición de que uno de los grandes
    obstáculos a un proceso de apertura es la revaluación de la tasa de cambio que
    se ha dado durante este gobierno. La segunda, porque me complace que el mismo
    Doctor Ocampo ha abandonado la posición que tenía durante el gobierno del
    Presidente Betancur en contra de la devaluación como un instrumento de política
    para mejorar la posición competitiva del país. En esa época FEDESARROLLO
    sostenía que cualquier aumento en el ritmo de devaluación se traducía en un
    aumento en la inflación que posteriormente neutralizaba el efecto favorable de
    la misma devaluación.
    El aumento en el apoyo
    a una aceleración en el ritmo de devaluación del dólar nos debe poner a pensar
    cuál debe ser realmente el nivel de la tasa de cambio de equilibrio de la
    economía colombiana. La manera como el Banco de la República ha venido
    determinando su meta de tasa de cambio real tiene que ser revaluada. El
    utilizar el crecimiento de los precios al por mayor parece no ser el más
    adecuado en este momento. Lo mismo puede decirse de considerar como ideal la
    tasa de cambio real obtenida en 1986. No podemos olvidar que si bien en esa
    época la balanza de pagos estaba en equilibrio, la economía estaba protegida
    por altos aranceles y mecanismos de licencias de importación. La experiencia
    con los procesos de apertura y la misma lógica económica nos ha enseñado que
    cuando se eliminan las restricciones del comercio éstas deben ser reemplazadas
    por una devaluación real de la moneda.
    El determinar el nivel
    de equilibrio de la tasa de cambio es un proceso bastante complejo. Sin
    embargo, como lo muestra el último número del Economist, es posible llegar a
    estimativos de la tasa de cambio de equilibrio mediante cálculos muy sencillos.
    Esta importante publicación ha encontrado que se obtiene una aproximación a la
    tasa de cambio mediante la comparación del precio de la famosa hamburguesa Big
    Mac producida por la cadena McDonalds.
    En la mencionada
    publicación se calcula el precio de la tasa de cambio de equilibrio para
    veinticuatro países a partir del valor del Big Mac en dichos países y en
    Estados Unidos. En efecto la tasa de cambio de equilibrio calculada es
    simplemente el valor del Big Mac en cada país por el valor del Big Mac en los
    Estados Unidos. Esta regla nos indica que en la Argentina la tasa de cambio
    debería ser de 1.58 pesos por dólar en lugar de la oficial de un peso por dólar
    y que en México la tasa de cambio oficial es prácticamente igual a la de equilibrio.

    Como todos sabemos la
    cadena McDonalds no ha podido entrar a Colombia porque nuestros tecnócratas
    habían considerado que no era justificable pagar regalías por una tecnología
    tan sencilla. Por tanto la determinación de la tasa de paridad por el método
    del Big Mac no es tan sencilla. En el caso colombiano, es necesario tratar de
    establecer cual sería el precio de un Big Mac. Para esto es necesario
    establecer una hamburguesa comparable con el patrón internacional. Después de
    consultas con mis asistentes y con mis hijos, todos ellos especialistas en
    comidas rápidas, pude establecer que un precio razonable para una hamburguesa
    como el Big Mac sería de 2.300 pesos. Si se considera que el Big Mac en Estados
    Unidos vale 2 dólares con veintiocho centavos podríamos concluir que la tasa de
    cambio de equilibrio en Colombia sería de mil pesos por dólar. Este simple
    ejercicio vendría a corroborar el planteamiento de ANALDEX y a reforzar la
    posición recientemente asumida por el Ministro de Agricultura.
  • Una propuesta digna de ser estudiada

     Como muy bien lo
    anotaba el anterior Gerente de la EEB para lograr garantizar una mayor
    confiabilidad es necesario contar con niveles adecuados en los más grandes
    embalses y en especial en los embalses agregados de la sabana y en el Peñol.
    Al comienzo de la
    semana se posesionó el nuevo gerente de la Empresa de Energía de Bogotá.
    Deseamos muchos éxitos al Doctor Mauricio Cárdenas en su gestión en la EEB. Al
    anterior Gerente lo felicitamos por su labor y en especial por haber logrado
    que el Proyecto Guavio entrará a generar y a contribuir a la disminución del
    apagón. Entre las iniciativas que no alcanzó a poner en funcionamiento el Doctor
    Calderón durante su corta gestión es conveniente recordar su propuesta de
    buscar llenar los embalses multianuales. Como muy bien lo anotaba el anterior
    Gerente de la EEB para lograr garantizar una mayor confiabilidad es necesario
    contar con niveles adecuados en los más grandes embalses y en especial en los
    embalses agregados de la sabana y en el Peñol. La idea es bien interesante pues
    esto permitiría sortear más fácilmente los problemas causados en años con pocas
    lluvias.
    La propuesta consiste
    en pagar a las empresas de energía por no generar con el agua de sus embalses
    durante los años con buenos regímenes de lluvias, con el fin de poder entregar
    un alto nivel de embalses al concluir el año con abundantes lluvias. Esta
    política de ahorro únicamente se justifica para los embalses multianuales pues
    en los otros como Chivor y Betania no existe suficiente capacidad de
    almacenamiento.
    Aunque la propuesta del
    anterior Gerente es bien atractiva existen una serie de interrogantes que deben
    irse resolviendo. En primer lugar, debe tenerse presente que para poder llenar
    los embalses multianuales es necesario contar con un excedente en el resto del
    sistema que permita satisfacer la demanda sin tener que usar el agua almacenada
    en los embalses. En estos momentos no parece que el sistema cuente con un
    margen de maniobra suficiente para poder reducir las descargas de los embalses
    multianuales. Para poder llenar los embalses se deberían mantener en magnífico
    estado todas las otras plantas para poder utilizarlas en el período de lluvias
    a plena carga.
    En segundo lugar, para
    poder lograr aumentar los embalses se requiere que los dueños de los embalses o
    sea EPM y la EEB encuentren atractivo, desde su propio punto de vista, el no
    utilizar el agua de sus embalses para generar. Según el Doctor Calderón una
    manera de hacer atractivo que las dos empresas más grandes de Colombia no
    generen sería mediante un subsidio pagado por el gobierno o por el resto del
    sistema eléctrico nacional. El monto del subsidio y la forma de pago no ha sido
    definido. La idea parece ser que el gobierno compensara a las empresas por el
    costo de oportunidad incurrido. Como el agua se piensa ahorrar para utilizarla
    en los años secos la compensación que debería hacer el Gobierno a las empresas
    sería equivalente al interés dejado de percibir por las empresas durante el
    período en que mantuvieran almacenada el agua. Otra manera equivalente, sería
    que el gobierno comprara agua en el período de lluvias a las Empresas y lo
    guardara en los embalses hasta que fueran necesario utilizarla en un año de
    sequía.
    Es claro que este
    esquema podría generar una serie de dificultades. En primer lugar, haría que el
    gobierno se viera involucrado en la operación de los embalses y que por lo
    tanto las decisiones se volvieran más políticas de lo que ahora son. No es muy
    difícil pensar el gran incentivo que tendría el gobierno para utilizar sus
    ahorros de agua en vísperas pre-electorales. La determinación de las
    compensaciones a las grandes empresas sería también motivo de grandes
    controversias. Si el Gobierno quiere favorecer a las grandes empresas podría
    fijar altas compensaciones. Si por el contrario quiere extraer parte de las
    ganancias de las grandes empresas fijaría compensaciones muy bajas.

    Si lo que se busca es
    lograr ahorros en las épocas de mucha lluvia para utilizar el agua en épocas de
    poca lluvia pareciera mucho más sencillo establecer un esquema en donde se
    permitieran tarifas diferenciales por estación seca y por estación lluviosa. Si
    las dos empresas más grandes pueden cobrar más en la estación seca que en la
    estación lluviosa, tendrían un incentivo para ahorrar el agua de sus embalses
    multianuales para poderlos utilizarla en la época en que les produjera una
    mayor ganancia. Si el esquema de tarifas está bien calculado, se podría lograr
    que las empresas se comportaran de la manera óptima para la sociedad al querer
    maximizar sus ganancias. Este esquema de tarifas tendría la gran ventaja
    adicional que los consumidores reducirían su demanda en las estaciones secas contribuyendo
    a disminuir las posibilidades de apagón. 
  • La eliminación del certificado de cambio.

    La presente administración si bien ha buscado
    poner punto final a prácticas obsoletas, no deja de tener sus pecadillos
    manteniendo medidas más allá de lo necesario.
    No hay nada más peligroso que una medida
    transitoria cuya vigencia se prolonga más de lo estrictamente necesario. El
    apretón monetario de 1976 establecido para controlar la bonanza cafetera, al
    prolongarse más allá de lo debido dió origen a la crisis del sector financiero
    en el 82. La política de sustitución de importaciones justificada como una
    medida temporal para apoyar las industrias durante su infancia se convirtió en
    un esquema de seguridad social para industrias que nunca tuvieron viabilidad
    económica.
    La presente administración si bien ha buscado
    poner punto final a prácticas obsoletas, no deja de tener sus pecadillos
    manteniendo medidas más allá de lo necesario. La utilización del certificado de
    cambio como un método de control monetario es, en mi opinión, un claro ejemplo
    de un instrumento que completó su vida útil y que debe ser desmontado lo antes
    posible. La medida tomada en junio de 1991 de emitir certificados de cambio a
    tres meses y su ampliación a 12 meses hecha en octubre del mismo año, fueron
    bastante útiles pues le dieron a la autoridad monetaria un margen para tomar
    otras medidas que contrarrestaran los efectos negativos de la política
    macroeconómica vigente en ese momento.
    Es claro que la situación de hoy en día es muy
    diferente a la que existía cuando se tomo esta medida. En esa época, debido a
    las expectativas de una disminución del precio de las importaciones, éstas se
    encontraban estancadas, lo que unido a unas exportaciones dinámicas tenía como
    consecuencia un superávit comercial considerable. El atacar la enfermedad
    directamente mediante una revaluación acompañada de una congelación de recursos
    haciendo que los costos de la restricción monetaria cayera en los exportadores
    parecía razonable. 
    El superávit comercial ha desaparecido y el
    sector exportador se encuentra en dificultades. En estas circunstancias la
    única razón para mantener el uso del certificado es evitar el posible impacto
    de su desmonte brusco. El impacto en otros sectores como el cambiario o en la
    rentabilidad de las actividades bursátiles es menor y puede ser manejado
    fácilmente.
    Una manera de ir terminando gradualmente con
    los certificados de cambio es reducir su alcance, esto es, exonerar de la
    obligación de recibir certificados de cambio a algunos productores. Por ejemplo
    podría eliminarse el certificado de cambio para las exportaciones agrícolas
    buscando mejorar la rentabilidad del sufrido gremio agropecuario. Sin embargo,
    esto implicaría de hecho el uso de tasas de cambio diferenciales, práctica un
    tanto peligrosa y poco aceptable por los organismos internacionales como el FMI
    o el Banco Mundial que están siempre en contra de estos subsidios o impuestos
    implícitos inherentes en las tasas de cambio diferenciales.
    Parece mucho más lógico y transparente desde el
    punto de vista económico ir reduciendo gradualmente el período de maduración de
    los certificados de cambio. Esta disminución debería hacerse en varias etapas
    para evitar problemas en el manejo cambiario y monetario. El siguiente esquema
    podría servir de base para una eliminación gradual del tipo de cambio. El
    próximo primero de mayo el período de los certificados debería reducirse a once
    meses. A los dos meses, o sea el primero de julio de 1993, el período de los
    certificados se volvería a reducir otro mes. Este proceso de reducción, un mes
    cada dos meses se repetiría hasta que en enero de 1995 los certificados
    tuvieran una vigencia de solo un mes.
    El esquema propuesto permitiría una disminución
    gradual del saldo de certificados de cambio del nivel de 1.200 millones de
    dólares hasta su desaparición en febrero de 1995. La eliminación del
    certificado permitiría no solo aumentar el ritmo de devaluación sino que
    eliminaría una serie de distorsiones existentes.