Blog

  • El transporte urbano del futuro

    No debería extrañarnos que nuestros conocimientos sobre el transporte colectivo sea mejor que el de los países avanzados.


    Planeación Nacional y el Ministerio de Desarrollo organizaron la semana pasada un interesante seminario sobre las políticas e instituciones para el futuro desarrollo urbano de Colombia. En él se presentaron una serie de ponencias sobre diversos temas de interés en el campo urbano. Se contó con participación de conocidos especialistas colombianos y extranjeros.


    El tema del transporte urbano fue tratado por Jorge Acevedo y por el profesor Ralph Gakenheimer del MIT. A diferencia de otros seminarios en donde la actuación de nuestros investigadores es muy inferior a la de los extranjeros, en este y en especial en el tema del transporte se me hizo que la parte colombiana mostró un mayor dominio del tema. Aunque a muchos pueda sorprenderles, el conocimiento sobre el campo del transporte urbano en Colombia es bastante bueno en comparación con el  de los países avanzados. 


    No debería extrañarnos que nuestros conocimientos sobre el transporte colectivo sea mejor que el de los países avanzados. Para los países de Norteamérica el medio predominante es el automóvil mientras que en Colombia es el bus. el poco transporte que se realiza en bus es prestado por compañías del Estado que nunca han mostrado ser muy eficientes ni se han preocupado por prestar un servicio orientado al usuario.


    La investigación y el desarrollo en el campo del transporte en los Estados Unidos por lo general está orientado hacia el transporte privado y por lo tanto en ese campo nos llevan una gran ventaja. Por el contrario, los pocos desarrollos que se han dado en el transporte colectivo por buses han ocurrido en países menos avanzados en donde el medio de transporte predominante es el bus. La interesante experiencia con las troncales originada en Brasil es adaptada en otros países como Colombia en donde existe urgente necesidad de mejorar el servicio de transporte mientras llega la tan anunciada solución definitiva.


    El mejor conocimiento de los colombianos sobre los temas del transporte urbano se notó en el seminario organizado por el Gobierno. Mientras las soluciones planteadas por el experto colombiano resultaron convincentes, la del ilustre profesor del MIT dejaron serias dudas. Sus afirmaciones de que el principal problema del transporte es que los automovilistas somos muy tercos y que por nada del mundo dejamos de utilizar el automóvil, revela un simplismo llevado al extremo. Los automovilistas, al igual que todos los consumidores, siempre tienen en cuenta los costos y beneficios de sus acciones. Es claro que el automóvil se usa cuando el beneficio es mayor que el costo. Si el costo se incrementa, ya sea por aumento del costo de los insumos o por cobros mayores por el parqueo, la decisión de utilizar el vehículo particular puede cambiar. El descartar de plano la utilización de instrumentos fiscales para obtener una mejoría en la asignación de recursos es, sin duda, una grave falla muy común en Norteamérica. Como bien lo anotaba John Kain, esta imposición prematura de limitaciones es la mayor falla que ha tenido la planeación del transporte urbano en los Estados Unidos.


    El profesor del MIT tampoco nos convenció cuando nos presentó tres prerrequisitos que debe cumplir una ciudad que quiera pensar en un Metro. Si una ciudad ha logrado racionalizar el sistema de rutas, ha mostrado que puede controlar el uso de la tierra y puede aumentar la densidad en determinadas zona y además, puede mostrar que la gente puede pagar mayores tarifas del servicio público a cambio de un mejor servicio, indudablemente es un caso excepcional. Cumplir con uno solo de estos prerrequisitos sería propósito de varias generaciones. Por ejemplo, desde 1969 se ha hablado de racionalizar el sistema de rutas en Colombia sin que hasta el momento se haya logrado. Controlar el uso de la tierra mediante planes reguladores es un ejercicio en que los planificadores urbanos han gastado muchas horas y muchos lápices de colores sin ningún resultado. Pero aún si existe esa mítica ciudad que cumple con los tres prerrequisitos, para mi no es obvio que esté interesada en construir un Metro, pues para esa época ya habría tenido resuelto su problema de transporte de otra forma más económica.


    Al escribir esta columna me vino a la memoria el glorioso cinco cero del 5 de septiembre. Los colombianos no sólo les hemos podido ganar a los que nos enseñaron a jugar fútbol, sino que también le podemos ganar a los profesores del MIT que nos enseñaron a planear el transporte.

  • El desempleo baja mientras la inflación sube

    La razón de la
    disminución en el desempleo y la aceleración se encuentran por los lados del
    gasto público.
    Los profesores de
    macroeconomía enseñan a sus alumnos que, en condiciones normales, para poder
    bajar la inflación es necesario pagar un costo en términos de aumento de
    desempleo. Esto quiere decir que por regla general los avances en uno de los
    dos campos vienen acompañados de retrocesos en el otro. Esta relación inversa
    entre el descenso de la inflación y el aumento en la inflación es ni más ni
    menos la versión modificada de la famosa Curva de Phillips.
    La evolución reciente
    de la economía colombiana muestra que esta relación inversa entre el desempleo
    y la inflación no solo se da en los libros de texto sino que también se da en
    la práctica. En efecto, el desempleo está mostrando una disminución mientras
    que la inflación ha vuelto a acelerarse.
    De lo anterior se puede
    concluir que no debemos buscar explicaciones como algunos lo han hecho en la
    deficiencia de la entidad encargada de llevar las estadísticas sino que más
    bien debemos investigar cuáles son las causas del descenso y evaluar si las
    políticas que se han seguido han sido las correctas.
    La razón de la
    disminución en el desempleo y la aceleración se encuentran por los lados del
    gasto público. Como lo han manifestado las Directivas de nuestro Banco Emisor y
    algunos analistas este gobierno está terminando su mandato con un desorden
    importante en el campo fiscal. El querer cumplir con todas las promesas hechas
    en las elecciones en el último año de gobierno puede contribuir a que el
    partido de gobierno se mantenga por otro período pero es la causa del desorden
    cuando los recursos fiscales no alcanzan para cumplir este loable empeño de
    mejorar la condición de los más desfavorecidos.
    El crecimiento
    desmedido del gasto público es algo que no puede mantenerse como un instrumento
    para reactivar la economía. Como bien se sabe en una economía abierta al crecer
    el gasto público se genera una revaluación real de la moneda que tiene como
    consecuencia la disminución de las exportaciones y el incremento de las
    importaciones. La experiencia ha mostrado que el desbalance externo en muy poco
    tiempo se transforma en una crisis de balanza de pagos que lleva a tomar el
    tipo de medidas que forman parte del recetario del Fondo Monetario
    Internacional.
    Dicho en otras
    palabras, el efecto del estímulo fiscal es por su propia naturaleza de corta
    duración, la disminución del desempleo no puede durar y el ajuste fiscal
    necesario para corregir el exceso de demanda va a causar importantes
    traumatismos en la economía. El negocio de inflar la economía a base de aumento
    en el gasto público nunca es bueno pues los beneficios no solo son de corta
    duración sino que siempre resultan inferiores a los costos que se deben pagar
    posteriormente en términos de recesión.

    El gobierno actual, que
    ha tenido logros importantes en el campo económico, no debería dañar su nota
    por intentar cumplir, a última hora, con unas promesas hechas hace casi cuatro
    años. La mejor herencia que podría dejar el gobierno sería entregar una
    economía sana sin los desequilibrios existentes actualmente.
  • El triste espectáculo del presupuesto 1994

    La falta de discusión
    de las prioridades del gasto público es la manera más sencilla para caer en un
    caos fiscal.

    La atención del público
    estuvo puesta la semana pasada en la aprobación del presupuesto. El debate se
    centro en el tema de unas partidas presupuestales por cien mil millones de
    pesos y sobre su legalidad y moralidad. El monto total del presupuesto, su
    distribución por tipo de gasto, el efecto del gasto tanto en la asignación de
    recursos como en la estabilidad macroeconómica pasaron a segunda línea a pesar
    de su importancia.
    El triste espectáculo
    de la resurrección de los auxilios no puede ocultar el hecho de que la discusión
    del gasto público en Colombia es inexistente y consecuentemente, y que esto
    puede llevar a situaciones graves. La falta de discusión de las prioridades del
    gasto público es la manera más sencilla para caer en un caos fiscal.
    El proceso presupuestal
    anual debería ser la oportunidad para discutir cuales son las principales
    necesidades del país y como se van a satisfacer. Deberíamos discutir si lo que
    necesitamos es cañones o mantequilla. Si debemos reforzar los presupuestos de
    la defensa, si debemos construir más carreteras o si por el contrario lo que se
    requiere es mejorar las condiciones de la población colombiana mediante la
    inversión en capital humano reforzando los gastos en salud, educación y
    seguridad social.
    La discusión del
    presupuesto debería además servir para fijar compromisos entre el gobierno y el
    congreso. La entidad que fija el presupuesto para aprobar una partida debe
    conocer muy bien cuál es el objetivo que se va a cumplir con esa plata y debe
    además pedir cuentas de lo que se hizo en el pasado con los recursos asignados.
    No se puede seguir asignando partidas sin establecer unas metas físicas que
    puedan servir para evaluar posteriormente si se cumplió o no  con el objetivo propuesto. Cuando uno fija
    una partida para educación tiene que saber cuántos niños de primaria se van a
    educar, cuál va a ser la calidad de la educación que se va a impartir para
    poder evaluar si lo que se prometió obtener a cambio del dinero asignado
    efectivamente se logró. No podemos continuar asignado el gasto sin exigir al
    gobierno unos compromisos cuantificables y sin evaluar el impacto del gasto
    público.
    Las entidades del
    gobierno que reciben dinero deben ser responsables de cumplir con los
    compromisos adquiridos. Si su incumplimiento se vuelve crónico el país debe
    pensar en remedios drásticos para que funcionen bien o si no mejoran debe
    contemplarse su desaparición. La idea de un presupuesto base cero en el que las
    entidades deben justificar cada año su existencia es sin lugar a dudas un
    instrumento importante para mejorar le eficiencia del gasto público.
    La discusión del
    presupuesto es el momento propicio para evaluar si los recursos contemplados
    son suficientes y si realmente constituyen la mejor manera de obtener los
    recursos. Es el momento de pensar si se debe seguir dependiendo de impuestos
    indirectos o si se debe apelar más a los impuestos directos. También debe
    discutirse sobre la equidad de los tributos y por lo tanto es necesario pensar
    hasta que punto los impuestos que estamos usando son los más aconsejables desde
    el punto de vista de su efecto sobre la distribución de ingreso.
    Igualmente, la
    discusión del presupuesto debe contemplar el efecto que tiene sobre el entorno
    macroeconómico. No podemos ignorar que en las circunstancias actuales, cuando
    se ha abierto la economía,la política fiscal es el instrumento de política
    económica con mayor impacto. La tasa real de cambio, la tasa de inflación son
    determinados en muy buena parte por la política fiscal. Es inconcebible que
    estos temas no se mencionen cuando se discute el presupuesto ni que se ponga de
    presente el efecto pernicioso que pueda tener un desbordamiento del gasto
    público.

    Si el mico de los
    auxilios logra despertar la conciencia ciudadana sobre la importancia del
    presupuesto nacional habría prestado un buen servicio. Los candidatos a las
    corporaciones públicas y a la presidencia de la república deberían presentarnos
    propuestas creativas para mejorar la calidad de este proceso.
  • El año de los cliometristas

    La academia sueca ha
    reconocido la monumental labor de dos historiadores económicos norteamericanos.
    La Academia sueca
    distinguió con el Premio Nobel a dos destacados economistas americanos. Douglass North y William Fogel ganaron el codiciado galardón por sus importantes
    trabajos en el campo de la historia económica. Los trabajos de los dos
    profesores americanos se ha distinguido por la utilización de los métodos
    matemáticos y estadísticos en el estudio de la historia.
    La nueva historia
    económica cuyos representantes más importantes son los ilustres ganadores del
    Nobel 1993 ha sido objeto de notables controversias. Aunque muchos historiadores
    económicos se han mostrado bastante escépticos sobre la utilidad de los métodos
    matemáticos en la historia, hoy en día la importancia de estas técnicas ha sido
    reconocida universalmente.
    El debate sobre la
    relevancia de utilizar las técnicas matemáticas y estadísticas también se dió
    en nuestro país. En efecto, los historiadores económicos tradicionales tuvieron
    un fuerte debate a finales de los setenta con William McGrevey, tal vez el más
    caracterizado exponente de la utilización de las técnicas cuantitativas al caso
    colombiano.
    Los debates entre los
    partidarios y opositores de la nueva historia económica, fuera de tener
    importantes aspectos metodológicos muchas veces tuvieron también una clara
    connotación ideológica. Para muchos los hallazgos de los cliometristas
    resultaron bastante reaccionarios en parte porque aportaban nuevos elementos de
    juicio sobre problemas que se habían decidido más con el corazón que con el
    cerebro.
    El trabajo del Profesor
    Fogel, Tiempo en la Cruz o el análisis económico de la esclavitud negra
    de los Estados Unidos, escrito con Stanley L. Engerman, es un ejemplo de lo
    anterior. Hasta antes de Fogel, se suponía que la institución de la esclavitud
    había desaparecido porque ya no era eficiente y no cumplía con su función económica.
    Los descubrimientos de Fogel fueron sorprendentes. En su libro el Profesor
    Fogel muestra diez de las principales correcciones sobre la caracterización de
    la economía esclava de los Estados Unidos.
    Para ilustración de
    nuestros lectores y como una muestra de los temas tratados reproduciremos las
    primeras cinco. La primera corrección mencionada en el libro de Fogel y
    Engerman no que no debería sorprender a ningún economista es que la esclavitud
    no era un sistema sostenido irracionalmente por los dueños de las plantaciones
    que dejaban de percibir a sus mejores intereses económicos. La segunda
    corrección señalaba que el sistema esclavista no se encontraba moribundo al
    comenzar la guerra civil americana. En tercer lugar se mostraba que los dueños
    de los esclavos no estaban preocupados por el futuro de su sistema en la década
    que precedió a la guerra civil. La cuarta corrección que se destaca en el libro
    es que la agricultura esclavista no era menos eficiente que la agricultura que
    utilizaba trabajadores no esclavos. En quinto lugar se muestra que el esclavo
    típico no era perezoso, inepto ni improductivo. En promedio era más camellador
    y eficiente que su contraparte de color blanco.

    Al revisar nuevamente
    el libro de Fogel y Engerman no puede uno menos de maravillarse ante el trabajo
    monumental de los nuevos historiadores económicos. Ojalá esta distinción
    inspire a los economistas colombianos a escudriñar nuestro pasado. 
  • Pronósticos para el Nobel de economía

    El ganador del Premio Nobel puede ser un econometrista.
    A mediados de Octubre la Academia sueca hace una nueva elección del
    Premio Nobel de Economía. En el 89 y en el 90 por esta fecha, en columnas de LA
    PRENSA presenté mis pronósticos sobre los posibles ganadores de la más
    codiciada distinción entre los economistas profesionales. El ganador del Premio
    Nobel en 1989 el econometrista noruego Trygve Haavelmo fue una gran sorpresa
    que obviamente no estaba entre mis favoritos. La elección de Gary Becker el año
    pasado no sorprendió a casi nadie y se puede decir que la lógica volvió a
    imperar. El nombre del destacado economista de Chicago se encontraba en la
    lista de favoritos de la mayoría de los economistas. Su orden de aparición
    podía diferir en muchas listas pero todos podrían apostar que en su debida
    oportunidad sería merecedor de la distinción concedida por la Academia sueca.
    Como lo mencioné en mi columna de hace un año en la que comenté el
    resultado del año pasado, la mayoría de las veces los elegidos se han destacado
    en los medios académicos y han sido distinguidos por sus colegas. Paul
    Samuelson, Milton Friedman, James Tobin, Kenneth Arrow, Lawrence Klein, Robert
    Solow y Gary Becker el ganador del Premio Nobel del año pasado, han sido
    premiados con la medalla John Bates Clark antes de haber ganado el Premio
    Nobel. Maurice Allais, Friedrich Hayek, John R. Hicks, James Meade, Richard
    Stone, Jan Tinbergen y el mismo Haavelmo, han sido nombrados miembros
    honorarios extranjeros de la Asociación Económica Americana (AEA) con
    anterioridad al Premio Nobel. Arthur Lewis, Herbert Simon, Gerard Debreu y
    James Buchanan, fueron reconocidos como Miembros Destacados de la AEA. James
    Tobin, W. Arthur Lewis, Robert Solow, Simon Kuznets, George Stigler, han sido
    encargados de dictar la Conferencia Richard T. Ely.
    De lo anterior uno podría concluir que entre los economistas también
    existe la famosa fila india que imperaba en las elecciones presidenciales
    colombianas. Si en el caso colombiano se debía mirar a los antiguos embajadores
    en Washington, en el caso de los economistas parece que para poder saber cuál
    va a ganar es conveniente mirar entre los que han sido destacados con la
    medalla John Bates Clark. Por tanto, podríamos pensar que Hendrik Houthaker,
    Zvi Griliches, Marc Nerlove y Dale Jorgenson quienes ganaron la medalla entre
    el 63 y el 71 tienen una alta probabilidad de ser galardonados con el Nobel de
    economia.
    Curiosamente, todos estos se han destacado en el campo econométrico y
    han tenido importantes contribuciones en la aplicación de las técnicas
    econométricas a problemas empíricos. Houthaker de 69 años, se graduó de la
    universidad de Amsterdam, obtuvo la medalla en 1963 y ha realizado importantes
    contribuciones al análisis de la demanda. Sus campos actuales de investigación
    se encuentran en la demanda del consumidor, los mercados financieros y la
    distribución del Ingreso. Griliches de 63 años, se graduó en la universidad de
    Chicago, obtuvo la medalla en 1965 y tiene intereses en la econometría en la
    productividad y en el cambio tecnológico. Nerlove de 60 años, graduado de la
    Universidad de Johns Hopkins, que obtuvo la medalla en 1969 y tiene interés en
    la los métodos econométricos y en la economía agraria. Por último, pero no por
    ello menos importante, se debe mencionar al Profesor Jorgenson de 60 años,
    graduado de la Universidad de Harvard, quien tiene interés en la econometría del
    comportamiento del consumidor y del productor.

    De estos cuatro
    econometristas tres son profesores de la Universidad de Harvard. Tuve el honor
    de ser alumno de Houthaker, Griliches y Jorgenson. Guardo un especial aprecio
    por ellos pues pude apreciar su calidad humana y su pasión por la
    investigación. Como exalumno de la universidad de Harvard pienso que los tres
    profesores son magníficos candidatos al premio Nobel y espero que su trabajo
    sea reconocido. Como el éxito de una buena predicción es cuidarse de dar tanto
    una cifra como una fecha, a último momento cambie el título de mi columna
    borrando de ella el año 93. Pienso que de esta manera mi pronóstico tiene una
    mayor probabilidad de que se cumpla. Más aún, si no se cumplen este año me
    queda la posibilidad de reciclar esta columna en octubre de 1994.

  • Conteo regresivo

    La sabia recomendación
    de hacer el censo en un día entre semana no se ha seguido. Las consecuencias de
    esta falla son fáciles de prever
    El próximo 24 de
    octubre se llevará a cabo un nuevo censo de población y vivienda. Dada la
    importancia que tiene la información censal para poder hacer una buena
    planeación todos los colombianos están esperando que el Departamento Nacional
    de Estadística logre realizar con éxito esta compleja operación.
    Infortunadamente, Colombia no se ha destacado por la calidad de sus últimos
    censos. En efecto, tanto el Censo del 73 como el del 85 han sido seriamente
    cuestionados por sus principales usuarios.
    En lugar de avanzar en
    la calidad de los censos en muchos casos hemos retrocedido. Para algunos que
    recuerdan con nostalgia el Censo del 38, que fue dirigido por el ilustre
    Ex-presidente Lleras Restrepo cuando era Contralor General de la República,
    todo tiempo pasado fue mejor. A juzgar por lo visto hasta el momento, el
    próximo censo no va a cambiar esta tendencia negativa.
    Es triste ver como los
    avances metodológicos adoptados en el Censo anterior han sido descartados. La
    utilización de un concepto de jure por el de facto, la recolección por personal
    profesional y el hacer el Censo, como en los países civilizados, sin tener que
    inmovilizar la población se han descartado en aras de un menor costo y un menor
    riesgo.
    El retroceso
    tecnológico podría tener alguna justificación si los procedimientos antiguos
    garantizaran una mejor calidad de la información y se apreciera un buen nivel
    de preparación. La situación parece ser muy diferente. Aunque parezca
    increíble, a menos de 20 días de iniciarse la operación no se ha expedido la
    Ley que autoriza su realización. Como se recalca en los seminarios sobre
    planificación censal, una de las primeras actividades que se deben incluir en
    el Cronograma Censal es la de la expedición de la Ley Censal. Contar con una
    base legal firme es una condición importante para asegurar los recursos
    suficientes y para lograr la aceptación de la ciudadanía.
    No solo es grave
    carecer de un soporte legal firme. Es necesario contar con personal capacitado
    que permita asegurar una buena calidad de la información recolectada. No dudo
    de la capacidad de nuestros jóvenes bachilleres. Creo que tienen la capacidad
    de aprender a recolectar la información. Sin embargo, el proceso de
    capacitación toma su tiempo. Los conceptos estadísticos en muchos casos se
    prestan a ciertas confusiones. El distinguir entre lo que es un hogar y lo que
    es una vivienda no es fácil. Los encuestadores profesionales requieren de
    entrenamiento para poder captar estas diferencias sutiles entre conceptos que
    en la vida práctica son equivalentes.
    Para poder contar con
    información confiable sobre las características mismas de la vivienda presupone
    que todos los encuestadores tengan el mismo criterio. Esto no se logra en un
    día y menos para una encuesta de carácter nacional en la que el mismo concepto
    se conoce con diferentes nombres en los diferentes sitios.
    Otra falla grande de la
    operación es el haber escogido un domingo para llevarla a cabo. La tradición de
    hacer los censos los días miércoles se ha olvidado probablemente con la idea de
    no perjudicar a la economía. La sabia recomendación de hacer el censo en un día
    entre semana no se ha seguido. Las consecuencias de esta falla son fáciles de
    prever. No debemos perder de vista que el censo pretende determinar el sitio
    habitual de residencia. Cuando el censo se realiza en un domingo y además se
    aplica una inmovilización general es muy probable que buena parte de las
    familias decidan aprovechar la oportunidad para darse un merecido descanso. Por
    tanto los sitios de veraneo van a aparecer con una población mucho mayor. Las
    familias que aprovechan para viajar a la finca del amigo van a ser registradas
    como familias sin vivienda y el hacinamiento que se tolera en un paseo va a
    quedar registrado como un serio problema que requiere una pronta solución.

    El gobierno actual que
    será recordado por mucho tiempo por el apagón y el mal manejo que le dió al
    sector eléctrico puede estar ad-portas de otro gran fracaso. Para bien del país
    esperemos que en el último momento se nos aparezca Freddy Rincón y ayude a meterle
    un gol a la improvisación. 

  • Salarios y productividad

    El principio de ligar
    los aumentos de productividad y del costo de vida a los aumentos salariales es
    supremamente lógico.
    Hace 31 años, los
    consejeros del Presidente Kennedy buscando evitar una aceleración de la
    inflación causada por el ejercicio del poder de los monopolios se inventaron la
    idea de ligar los incrementos salariales a los aumentos de productividad y los
    incrementos de precios a las variaciones en los costos unitarios. Estas guías
    definidas durante la Administración Kennedy dejaron de ser útiles a partir de
    1966, cuando se comenzó a acelerar la inflación. En consecuencia, el consejo de
    asesores económicos del presidente Johnson cambió esas guías incorporando en
    ellas las expectativas un ajuste por el costo de vida.
    Aunque existen dudas en
    cuanto a la efectividad de las políticas de ingresos y salarios seguidas en los
    años sesentas en los Estados Unidos, diversos gobiernos acuden a estas
    políticas de ingresos o salarios para evitar que las luchas con la inflación
    afecten negativamente a los trabajadores. Es así como el Gobierno mejicano, con
    el fin de conseguir su aprobación para el NAFTA, ha establecido, recientemente,
    una política de aumentos salariales ligados al crecimiento de la productividad.
    Si bien en Colombia,
    periódicamente se ha hablado de políticas de concertación para la fijación de
    precios y salarios, solo hasta la semana pasada se ha comenzado a hablar de una
    política en la que el aumento salarial esté ligado al crecimiento de la
    productividad.   El principio de ligar
    los aumentos de productividad y del costo de vida a los aumentos salariales es
    supremamente lógico. La teoría económica nos muestra que el crecimiento del
    precio de los productos menos el crecimiento del precio de los insumos tiene
    que ser matemáticamente igual al crecimiento de la productividad total de los
    factores.
    En teoría el cálculo del
    crecimiento de la productividad total de los factores es relativamente sencillo
    de hacer, en la práctica no lo es. En teoría, simplemente, basta
    restar de la tasa de crecimiento del producto la tasa de crecimiento de los
    factores para obtener la tasa de crecimiento de la productividad total de los factores.
    Sin embargo, en la práctica este cálculo es bastante complejo.
    El cálculo del
    crecimiento del insumo laboral no se puede hacer con precisión. En lugar de
    tener información sobre el número de horas-persona trabajadas para cada uno de
    los diferentes calidades de trabajo, apenas se 
    cuenta con información muy inexacta sobre el total de los trabajadores.
    La ausencia de información detallada sobre el insumo laboral impide medir con
    precisión la productividad laboral. La experiencia ha mostrado que en general,
    el utilizar el empleo como una aproximación de insumo laboral tiende a sobre
    estimar el crecimiento total de los factores y puede perpetuar las presiones
    inflacionarias o alternativamente a aumentar el desempleo.
    La medición del insumo
    capital es mucho más compleja que la del trabajo. En efecto, dada la ausencia
    de información sobre el stock de capital es necesario desarrollar
    procedimientos indirectos para poder calcular un verdadero valor para el acervo
    de capital. El analista tiene que reconstruir la historia de la inversión para
    poder establecer el acervo de capital de la economía. No solo debe reconstruir
    la historia sino que además debe calcular la eficiencia relativa de todas los
    equipos y estructuras para poder llegar a un estimativo de la contribución del
    capital a la producción.

    Como lo han demostrado
    los trabajos de destacados investigadores de los Estados Unidos y Europa, las
    dificultades prácticas del cálculo del crecimiento de la productividad total de
    los factores se pueden superar. La propuesta del Ministro de Trabajo Luis Fernando Ramírez puede
    servir para que en Colombia se comiencen a hacer trabajos profundos sobre el
    tema de la medición de la productividad. Para ello se requiere aumentar la
    cantidad y calidad de las estadísticas e incentivar el estudio de tan
    importante tema. 
  • ¿Gana o pierde el trabajador colombiano con la apertura?

    La teoría económica muestra que
    un efecto positivo en el largo plazo viene acompañado de efectos negativos en
    el corto plazo.
    La gran mayoría de los
    columnistas ha encontrado favorable el efecto de la política de apertura
    económica en el consumidor. Las festividades navideñas del año pasado nos
    permitieron disfrutar de variados manjares y licores a precios más accesibles.
    Los árboles de navidad se vieron engalanados por los últimos juguetes, los más
    sofisticados aparatos electrónicos. El sueño de poseer un carro Japonés de la
    calidad de los Hondas y Toyotas se ha podido hacer realidad para muchos
    colombianos.
    Por el contrario, el efecto de
    la apertura económica sobre la actividad productiva ha sido objeto de grandes
    controversias. Para algunos productores la entrada de materias primas a menores
    precios y con trámites expeditos ha representado la oportunidad de mejorar su
    rentabilidad y ampliar su producción. Las ensambladoras colombianas, a pesar de
    pronósticos adversos, han obtenido resultados excelentes en el último año.
    Otras ramas industriales y algunos productores agrícolas, por el contrario se
    ven enfrentados a serios problemas causados por la competencia externa.
    El impacto en el trabajador
    colombiano no ha sido muy estudiado. La evidencia existente muestra que el
    desempleo se ha mantenido en niveles parecidos a los imperantes antes de
    iniciar el proceso de apertura y que los salarios reales no han cambiado
    sustancialmente.
    Dada la importancia del tema y
    la escasa información existente sobre la coyuntura laboral es necesario
    complementar la información cuantitativa con un análisis teórico del posible
    impacto que pueda tener la apertura en los trabajadores colombianos. Para ello
    es necesario distinguir el efecto que pueda haber en el largo plazo del que
    ocurra en el corto plazo.
    La teoría económica nos enseña
    que en el largo plazo el efecto tiene que ser positivo. Uno de los hallazgos teóricos
    más importantes en el campo del comercio internacional es el llamado teorema de Samuelson o de igualdad de los retornos a los factores de producción.
    Este teorema nos dice, que bajo ciertas condiciones, el salario de los socios
    comerciales tiende a equilibrarse en la medida en que haya libertad de
    comercio. La movilidad de los bienes y servicios es, entonces, una alternativa
    a la movilidad de los factores en el proceso de lograr un equilibrio al retorno
    del capital y el trabajo.
    En la medida en que se cumplan
    las condiciones del teorema mencionado, los salarios de los países más
    avanzados tenderán a desacelerarse y los salarios de los países menos avanzados
    tenderán a crecer más rápido. Los eventos recientes en el frente laboral a
    nivel mundial no podían estar más de acuerdo con el teorema enunciado. Los
    trabajadores de los países en desarrollo que han abierto su comercio están
    gozando de un incremento en sus salarios mientras que los trabajadores de los
    países avanzados se ven enfrentados a bajos crecimientos de sus salarios.

    Infortunadamente, el efecto de
    la apertura económica en el corto plazo tiende a ser diferente. Para que la
    apertura económica sea viable se requiere de una devaluación real del peso. La
    devaluación real del peso, casi por definición, es equivalente a un deterioro
    de los salarios medidos en dólares. Esto quiere decir que para poder gozar de
    los beneficios de largo plazo los trabajadores colombianos tenemos que aceptar
    un período de transición en que el poder adquisitivo de nuestros salarios
    medido en dólares se reduzca. El gobierno no puede abandonar a los trabajadores
    de bajos ingresos en este período de transición sino que debe tender una red de
    asistencia social que proteja a los trabajadores de menores ingresos.
  • Bienvenido el cambio libre

    El impacto adverso de
    la libertad de cambios puede y debe ser controlado por la autoridad monetaria
    para evitar posibles problemas a la economía colombiana.
      
    Esta es una de aquellas
    semanas en las que los columnistas económicos coincidimos en los temas
    tratados. No cabe la menor duda que la noticia económica de la semana tiene que
    ver con los cambios introducidos por la Junta Directiva del Banco de la República
    en el manejo cambiario. La eliminación de algunas restricciones a la
    utilización de los dólares en el país y la posibilidad de utilizar el crédito
    externo son opciones bien interesantes que se abren al sector privado
    colombiano. Lo que antes se hacia por debajo de la mesa ahora va a ser posible
    hacerlo abiertamente.
    Como en muchas otras
    ocasiones en que varios columnistas tratan el mismo tema, en esta ocasión la
    opinión de los analistas es bien diferente. Para algunos, como mi amigo el
    Decano de Economía de los Andes, la eliminación de cualquiera de los controles
    es una gran calamidad. Para otros, cuya inspiración proviene de la ciudad que
    alberga a los Medias Blancas, la eliminación de los controles es un paso más
    hacia la tierra prometida.
    Ante esta situación en
    que hay opiniones tan divergentes, el ciudadano común se siente como el fumador
    en la sociedad actual que encuentra que el fumar que en una época era un placer
    sensual se ha convertido en un estigma social. En efecto, si le cree a los partidarios
    a ultranza del control de cambios, es probable que se sienta culpable al abrir
    su cuenta en dólares porque de esta manera estaría contribuyendo a que el país
    pierda el control sobre la moneda.
    Lo pertinente entonces
    es tratar de establecer si la apertura cambiaria es tan mala como la pintan los
    defensores de los controles cambiarios y si además tiene la característica de
    que no solo perjudica a los que abren sus cuentas en dólares sino que además
    tiene efectos nocivos para la sociedad en general.
    La experiencia de lo
    sucedido a comienzos de esta administración nos sirve para ilustrar si en
    realidad es mala o no la liberalización cambiaria. Es evidente que en efecto al
    darse la liberalización cambiaria se pudo apreciar una entrada de capitales lo que
    tuvo como consecuencia una revaluación del peso. La entrada de capitales
    ocurrida es un fenómeno que se da una sola vez por el simple hecho de que la
    moneda colombiana se vuelve más atractiva por dos razones. La primera es que
    con libertad cambiaria es más conveniente conservar los ahorros en pesos y
    convertirlos en dólares en el último momento. Cuando se nos permite tener las
    tarjetas de crédito válidas a nivel mundial ya no es necesario mantener saldos
    en dólares para pagar las cuentas mensuales de American Express.
    En segundo lugar,
    cuando hay libertad cambiaria no es necesario mantener ahorros en el exterior
    para una eventual protección contra un riesgo cambiario. Con libertad cambiaria
    es posible utilizar el dinero en Colombia pues se sabe que en el momento que se
    requiera será posible mover el dinero hacia el exterior.

    Este impacto que ocurre
    una sola vez y que puede tener efectos nocivos cuando se da sen un ambiente de
    altas tasas de interés puede y debe ser controlado por la autoridad monetaria para
    evitar en lo posible los perjuicios que pueda causar. Se puede afirmar entonces
    que la libertad cambiaria no es mala en si, sino que más bien lo que es malo es
    no tomar las medidas que compensen los efectos nocivos que la acompañan.
  • Los costos del control de la inflación

    La experiencia colombiana muestra que el tratar de ganarle unos pocos puntos a la inflación a costa de una revaluación de la tasa de cambio real es un gran error. 


    Las páginas de la revista Estrategia Económica y Financiera han sido el escenario de un interesante debate sobre los costos y beneficios de la política antiinflacionaria. Los participantes en el debate han defendido dos posiciones bastante opuestas.


    Los defensores de la política gubernamental han tratado de mostrarnos que el control de la inflación es de vital importancia y que los costos que se puedan incurrir están ampliamente justificados. Los argumentos los ha expresado de manera muy clara el Presidente Gaviria La inflación afecta a todos los colombianos mientras que la devaluación sólo afecta a los exportadores.


    Los críticos de la política económica aducen, básicamente, que los costos de una inflación previsible y estable son mínimos, mientras que los costos de la lucha inflacionaria son bastante claros, sobre todo cuando se utiliza la revaluación de la tasa de cambio real como el instrumento básico en la lucha contra la inflación.


    En mi opinión, la posición en contra de la revaluación ha sido mejor sustentada. Los argumentos en favor de un control de la inflación a toda costa no han sido muy afortunados. Esto no debería extrañarnos. La posición académica más aceptable es que la lucha contra la inflación tiene altos costos y contados beneficios. La estrategia de una cohabitación con la inflación tan duramente criticada por el ex presidente Carlos Lleras, es bastante razonable.


    Las reformas institucionales como la existencia de activos reajustables, la indexación de los impuestos a la renta y la devaluación gota a gota eliminan la mayor parte de los problemas asociados con la inflación. La inversión, el ahorro y el empleo han florecido en Colombia cuando se han hecho las políticas económicas adecuadas a pesar de una inflación cercana al veinticinco o treinta por ciento.


    La experiencia colombiana muestra que el tratar de ganarle unos pocos puntos a la inflación a costa de una revaluación de la tasa de cambio real es un gran error. La actividad productiva ha sufrido considerablemente cuando se ha perdido la competitividad externa. La peor época, en términos de crecimiento se dio cuando se comenzó a utilizar la tasa de cambio como un instrumento de control inflacionario. El alto crecimiento sólo se logró recuperar con las políticas de ajuste del ministro Junguito en la segunda mitad de la Administración Betancur.


    Esta experiencia exitosa de un proceso de ajuste es importante para ilustrar otro tema que ha aparecido en la controversia en la mencionada publicación. Los partidarios de la revaluación han utilizado como uno de sus principales argumentos la existencia de una tasa de cambio de equilibrio por encima de la cual la devaluación se traduce en inflación. La lógica económica y la experiencia de mediados de los ochenta muestran que la tasa de cambio real puede elevarse siempre y cuando se haga un ajuste fiscal importante.


    La conclusión de todo estos es que la revaluación y el retorno de la amenaza inflacionaria recientemente experimentada es el resultado de la pérdida de control sobre el presupuesto. Las promesas electorales de los candidatos oficialistas y el deseo del partido de gobierno de mantenerse en el poder auguran un manejo fiscal muy estricto en los próximos meses.