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  • Autocrítica de la autoridad monetaria

    Parece claro que cualquier intento de bajar el nivel de las reserves internacionales deberá venir acompañado de una baja en la tasa de interés, y tenderá a producir una devaluación  real del peso
    El Banco de la República se ha pronunciado recientemente sobre el nivel de reservas internacionales.  Considera el Banco Emisor que el nivel actual está por encima de las necesidades del país y que por lo tanto sería conveniente tratar de ir disminuyendo su monto hasta niveles más de acuerdo con las necesidades del país.

    Esta actitud de las autoridades económicas ante el nivel de reservas es relativamente reciente.  Los que tienen buena memoria se deben acordar que hace algún tiempo el nivel de las reservas internacionales se consideraba como un indicador de la bondad de la política económica.  El Presidente de la República, el Gerente del Banco Central y el Ministro de Hacienda estaban prontos a señalar cada aumento en las reservas internacionales como uno de sus principales logros en el campo de la política económica.  Únicamente en épocas de bonanzas, cafetera, marimbera o petrolera se dejaba de considerar como algo meritorio el aumento en el nivel de las reservas internacionales.
    El hombre de la calle nunca entendía cómo era posible que lo que se consideraba en un momento dado como el mejor indicador del nivel de bienestar de un país se pudiera convertir de un momento a otro en el causante de los mayores males.  Los comentaristas trataban de explicar que [as reservas internacionales se deberían tratar más bien como el licor que tomado con mesura podía llevar a una mayor euforia pero tomado en exceso puede dar lugar a resultados indeseables.
    La idea de la Junta Directiva del Banco de la República de adoptar una política activa sobre el nivel de reservas internacionales es interesante pues está mostrando al público que esta variable será de ahora en adelante uno de los principales objetivos de política económica.  Podemos esperar que la Junta Directiva del Banco de la República estará atenta a actuar sobre las variables a su disposición para lograr que las reservas internacionales se sitúen en lo que podríamos llamar a un nivel óptimo.

    Ante las dificultades que ha tenido el Banco de la República en el control de los medios de pago muchos podrían pensar que esta materia podría ser igualmente difícil de cumplir.  Los que piensan que el nivel de reservas se debe principalmente a unos deseos poco racionales de algunos acaudalados colombianos podrían apostar a que el Banco’ de la República tampoco podría cumplir sus metas relacionadas con el nivel de reservas.
    Sin embargo, los que han aprendido su economía en los escritos del Fondo Monetario Internacional pensarán que es mucho más razonable escoger como una meta de política económica el nivel de reservas que el crecimiento de los medios de pago.  Para ellos, cuando hay una alta movilidad de capitales y cuando se tiene una tasa de cambio fijo la política monetaria se torna en una variable endógena, o sea que no puede ser controlada por la Autoridad Monetaria.  En estas circunstancias, en las que los medios de pago se rehusan a seguir la trayectoria deseada por la Junta Directiva, lo único que se puede controlar es la manera en que el crecimiento de los medios de pago se traduce en un aumento en las reservas 0 en un aumento del crédito doméstico.  Si el Banco de la República suelta el crédito, las reservas disminuyen; si por el contrario nuestra Autoridad Monetaria decide restringir el crédito doméstico, la consecuencia lógica es el crecimiento de las reservas internacionales.

    Para los seguidores del Organismo Internacional con sede en Washington, el reconocimiento de que las reservas internacionales están muy altas es ni más ni menos que un sano ejercicio de autocrítica de la Junta Directiva del Banco en el que se arrepienten de haber restringido el crédito.  Estos devotos de la escuela de Washington estarán pensando que el anuncio del Banco de la República es un indicador de que la política crediticia futura será mucho más generosa, pues seria la única manera de reducir el nivel de Reservas internacionales.

    Sin entrar a tomar partido por la posición extrema, lo que parece claro es que cualquier intento de bajar el nivel de las reservas internacionales deberá venir acompañado de una baja en la tasa de interés, y tenderá a producir una devaluación real del peso.  Si esto se da, la economía colombiana podría mantener su ritmo de crecimiento por un año más.

  • Bogotá Miami Caracas

    La experiencia amarga de los efectos de una devaluación en Venezuela debería mantenernos alerta para tratar de tomar medidas remediales necesarias para evitar un impacto negativo en nuestra economía.
    Es interesante comparar la situación cambiaria colombiana con la venezolana.  En Colombia, al menos por el momento, la gran mayoría de los analistas piensa que el precio del dólar es alto y que, en consecuencia es probable que en el futuro su precio tienda a disminuir.  Además, como el diferencial de tasas de interés hace atractivo endeudarse en el exterior, los mismos analistas prevén una entrada de capitales que, sin lugar a dudas, influiría en acentuar la tendencia a la baja del dólar en Colombia.

    La situación en Venezuela es marcadamente diferente.  El precio del dólar está muy bajo, todos están interesados en convertir sus ahorros a una moneda dura.  Muchos de los venezolanos están buscando financiación local para poder comprar los dólares cuyo precio están esperando que suba.  Por tanto, la especulación en contra del bolívar cada día es más fuerte y la pregunta que se hacen no es tanto si habrá una devaluación, sino más bien la inquietud se centra en la fecha y en el monto de la devaluación.

    El reciente retiro de algunos inversionistas venezolanos del mercado colombiano puede interpretarse como una señal de que la devaluación se acerca.  Los pesos parecen estar saliendo para los Estados Unidos vía Miami para un eventual regreso a Caracas.  Los inversionistas venezolanos están interesados en mantener activos en dólar, que no sólo son más líquidos, sino que al mismo tiempo quedan protegidos de cualquier repercusión de la devaluación venezolana en la economía colombiana.

    La importancia de mantener una alta liquidez en momentos de una crisis cambiaria es bastante obvia.  Cuando se da una devaluación real de la moneda los activos denominados en moneda local sufren una considerable pérdida de valor.  El tener la platica lista puede ayudar a conseguir verdaderas gangas.  Los capitales que podríamos apodar buitres, están dispuestos a hacer su agosto en todos los sitios donde ha habido una fuerte devaluación.  Estos arriesgados inversionistas han logrado importantes ganancias comprando propiedades en Palermo después de una devaluación en Argentina y en Punta del Este después de una devaluación en Uruguay.

    El riesgo de que en Colombia suframos un coletazo de la devaluación venezolana no es trivial. La experiencia vivida en Cúcuta en el 82, cuando el bolívar sufrió una importante devaluación es recordada por muchos de los que sufrieron las consecuencias de este evento económico.  El impacto en la frontera colombo venezolana se fue extendiendo poco a poco por todo el territorio.  Primero fueron los comerciantes de Cúcuta, más tarde los proveedores en Bucaramanga, hasta que todo el país sintió el efecto.  El efecto de la devaluación en la producción se vio magnificado por el flujo de retorno de antiguos inmigrantes a Venezuela.  La devaluación del bolívar en presencia de un marcado desequilibrio fiscal y cambiario, sin lugar a dudas, nos puso ante la penosa alternativa de devaluar aceleradamente en el año 85.

    Aunque mucho va del 82 al 94 en materias de desequilibrio macroeconómico, la experiencia amarga de los efectos de una devaluación en Venezuela debería mantenemos alerta para tratar de tomar las medidas remediales necesarias para evitar un impacto negativo en nuestra economía.  El gobierno y la Junta Directiva del Banco de la República deberían estar vigilantes para actuar de manera rápida y eficaz y asegurar que est administración termine bien en el campo económico.

  • Las perspectivas macroeconómicas

    La coherencia y
    credibilidad del programa macroeconómico del gobierno se ha mejorado
    notablemente a raíz de las medidas recientemente adoptadas en el frente fiscal.
    La semana pasada ANIF y
    FEDESARROLLO organizaron un interesante seminario en el que se presentaron los
    resultados del 93, se analizó el programa macroeconómico del gobierno y se
    dieron a conocer las proyecciones elaboradas por los organizadores para 1994.
    Una de las principales conclusiones que nos quedó a los asistentes es que
    existe un acercamiento entre las proyecciones de los organizadores y lo
    previsto en el programa macroeconómico del gobierno.
    Los participantes en el
    seminario pusieron de presente que la coherencia y credibilidad del programa
    macroeconómico del gobierno se ha mejorado notablemente a raíz de las medidas
    recientemente adoptadas en el frente fiscal. No cabe duda que el gobierno ha
    tomado una decisión importante en este campo y que este cambio de rumbo,
    solicitado por la mayoría de los analistas económicos, es una muy buena
    noticia.
    Las medidas
    relacionadas con el manejo cambiario resultaron más difíciles de digerir. Pese
    a la magnífica presentación que hizo el Doctor Roberto Junguito, la audiencia
    no logró entender si esta medida iba a dar lugar a una revaluación o si por el
    contrario, iba a tener como consecuencia una aceleración de la devaluación.
    Para poder entender el
    posible efecto de estas medidas es necesario recalcar que el certificado de
    cambio es un instrumento que sirvió primordialmente para diferir el efecto de
    una entrada masiva de divisas. Este instrumento, que en su momento permitió
    congelar recursos considerables, había perdido totalmente su poder y tal como
    lo habíamos propuesto en varias columnas, debía ser eliminado. Las
    complicaciones que estaba causando, especialmente al transmitir las variaciones
    en las tasas de interés al precio del dólar, eran muy superiores a los escasos
    beneficios que todavía se lograban con su existencia. Debo reconocer que la
    manera como la Junta Directiva del Banco de la República eliminó el certificado
    resultó mucho más sencillo de lo que yo pensaba. Encuentro que la solución
    adoptada es mucho más clara y elegante que la que yo había planteado en una
    columna anterior.
    Al eliminarse el
    certificado de cambio y al establecerse límites generosos de intervención
    obligatoria en el mercado cambiario, la Junta Directiva ha ganado autonomía en
    el manejo de la divisa. Debe recalcarse que el Banco de la República podrá
    intervenir aún en el caso en que el precio de la divisa esté dentro del
    corredor establecido, si lo considera necesario. De ninguna manera el precio
    del dólar se ha dejado libre y por lo tanto, sigue siendo un instrumento
    importante para la política económica.
    Esto quiere decir, que
    la medida en si no va a contribuir ni a una revaluación, ni a una devaluación.
    La eliminación del certificado de cambio permite, eso si, adoptar con mayor
    facilidad una política determinada. Cuando existía el certificado de cambio el
    aumento del ritmo de devaluación tenía efectos perversos que iban en contravía
    de la medida adoptada. En efecto, el aumento en el ritmo de la devaluación
    aumentaba la tasa de interés de paridad y la tasa de interés doméstica, lo que
    conducía a una revaluación de la tasa representativa del mercado. Al eliminarse
    el certificado de cambio, el vínculo entre la tasa representativa y la tasa de
    interés desaparece y con ello el efecto perverso en la tasa representativa del
    mercado. De manera análoga, como la tasa de interés no afecta de manera
    inmediata a la tasa representativa del mercado, ahora es más fácil utilizar la
    tasa de cambio nominal como instrumento de control de la inflación.

    La consecuencia,
    entonces, de la eliminación de la tasa de cambio es apenas obvia. Los analistas
    necesitan estar pendientes del efecto de variables como el defícit fiscal, que
    afectan de manera importante las variables económicas. Si consideramos que la
    tasa de cambio esta sobrevalorada debemos poner especial cuidado entonces, en
    generar un importante superávit fiscal que permita hacer una devaluación real
    del peso. 
  • A pensar sobre la revaluación

    Los rastros dejados por
    la revaluación invisible son bastantes evidentes.
    La semana anterior el
    Doctor Alfonso López Michelsen al hacer su presentación del Libro “El
    Comercio Exterior y la Política Internacional del Café” de los Doctores
    Roberto Junguito y Diego Pizano, puso a pensar al país sobre el tema de la
    revaluación de la tasa real de cambio. El ilustre Expresidente, con su discurso
    ampliamente aplaudido por los asistentes, puso sobre el tapete el tema de lo
    que él llamó la revaluación invisible.
    Tal como lo manifestó
    el Expresidente López Michelsen, la revaluación de la tasa real no aparece
    todos los días en los periódicos y por lo tanto, no tiene la notoriedad de la
    variación de la tasa representativa del mercado. Si bien el hombre de la calle
    no está enterado de la magnitud de esta revaluación invisible, no por ello deja
    de sentir sus consecuencias. La teoria económica nos enseña que cuando hay una
    revaluación real, los bienes que no entran en el comercio internacional
    presentan un excedente de demanda y su precio sube.
    Por tanto, en estas
    circunstancias, los sectores que producen bienes como la finca raíz que no
    entran en el comercio exterior,se enfrentan a una bonanza y sus precios suben
    más rápido que los bienes que exportamos e importamos. Por eso no es de
    extrañar que las bonanzas de la finca raíz sucedan en las épocas en las que el
    peso está sobrevalorado con relación al dólar. También se ha visto que cuando
    hay una devaluación invisible del peso la finca raíz entra en crisis. Esto nos
    indicaría que quienes se preguntan si va a continuar la bonanza de la
    edificación, lo que realmente se deberían preguntar es hasta cuando vamos a
    poder sostener un peso sobrevalorado.
    Cuando hay una
    revaluación real del peso el precio de los bienes que pueden ser exportados o
    importados suben más lentamente que los servicios y la finca raíz. Por lo
    tanto, cuando hay una revaluación real del peso es apenas lógico que el precio
    de los alimentos y algunos productos industriales suban por las escaleras
    mientras que los servicios y los arriendos lo hacen por el ascensor. Los
    agricultores y los industriales que están ahora enfrentados a la competencia
    externa deben entender que sus precios comenzarán a subir más rápidamente que
    los de los sectores no transables cuando el país se empeñe en hacer una
    devaluación real del peso. Las medidas fáciles de apoyo temporal no serán mas
    que paños de agua tibia.
    Cuando hay una
    revaluación invisible los empleados mejoran sus ingresos en términos de
    dólares. Los salarios mínimos, medidos en dólares, de los colombianos suben más
    rápidamente que los de otros países. Infortunadamente, el mayor poder
    adquisitivo de los trabajadores colombianos se convierte en un espejismo, pues
    ésta subida de los salarios se traduce en una pérdida de competitividad de la
    economía colombiana, lo que tarde o temprano se manifiesta en una crisis del
    sector productivo colombiano.
    Como se ha visto
    anteriormente, los rastros dejados por esta revaluación invisible son muy
    evidentes hoy en día. Su presencia no se puede negar ni ocultar mediante el
    juego de seleccionar índices de precios. Es claro que el país debe pensar en la
    forma de enfrentar este grave problema.

    Además, como muy bien
    lo anotó el Doctor López en su conferencia, el momento para adoptar las medidas
    es ahora mismo. No podemos, debatir las medidas que se tomarán para
    enfrentarnos a la revaluación que acompañará la bonanza de Cusiana, pensando
    que tenemos tiempo. Hay que pensar en una acción inmediata olvidándonos un poco
    de algo que a lo mejor no va a llegar. 
  • Enterrar a los muertos

    No solo es necesario
    asegurar que la EDIS se liquide lo más rápido posible, sino que se debe estar
    pendiente de mirar con cuidado las condiciones en que entren a operar los
    nuevos entes encargados de la recolección de basura.
    En un reconocimiento
    tardío de la incapacidad de prestar el servicio de aseo, el Concejo Distrital
    aprobó la liquidación de la Empresa Distrital de Servicios Públicos. Los
    intentos de las dos últimas administraciones por resucitar un muerto terminaron
    en lo que hace mucho se sabía era su suerte irremediable. Como lo recomienda la
    Santa Madre Iglesia, la alternativa en estos casos es enterrar a los muertos.
    Las decisión tomada
    durante la Alcaldía de Andrés Pastrana de contratar con particulares la
    recolección de las basuras, sin lugar a dudas, se ha mostrado correcta. La recolección
    de basuras a partir de este momento mejoró notablemente y mostró que ese era el
    camino adecuado. La indecisión de la Administración Caicedo en continuar con la
    política de contratación lo único que hizo fue demorar lo inevitable, agravando
    de paso la situación financiera del Distrito.
    La ciudadanía, algún
    día, reconocerá la importante decisión de liquidar la Empresa. Lo importante es
    haber dado los pasos adecuados para asegurar que en el futuro se preste un
    servicio de vital importancia para la ciudad. Debemos felicitar al anterior
    gerente Doctor Camilo Silva por su importante participación para lograr que el
    Concejo Distrital aprobará la liquidación de la Empresa. Desafortunadamente, la
    decisión fue tomada en el momento de más baja popularidad de una Administración
    que se encuentra atacada por todos sus flancos. En retrospecto, hubiera sido
    deseable que la iniciativa hubiera partido del Alcalde y que la decisión de
    liquidar la EDIS se hubiera tomado al comienzo de la administración.
    La actual administración
    de la Capital tiene que darse cuenta que el descontento de la ciudadanía es
    real y que no es el producto de los políticos que están en busca de una curul.
    Los problemas de Bogotá tienen que ser enfrentados a tiempo y no se puede
    esperar hasta que exploten para tomar una decisión. La estrategia no puede ser
    dejar crecer los problemas hasta que la ciudadanía clame por una solución, para
    lograr un consenso en torno a decisiones penosas.
    Lo que se busca es un
    estilo de gobierno en el que se sienta un sentido de dirección. Los bogotanos
    estamos conscientes de que nos toca remar duro si queremos llegar a la meta de
    un buen modo de vivir. Necesitamos de alguien que nos guíe y nos oriente en
    esta tarea penosa.
    La liquidación de la
    EDIS debe convertirse en una oportunidad para cambiar. No solo debemos buscar
    una reducción de costos sino que debemos aprovechar para ensayar una serie de
    ideas que han tenido éxito en otras partes. El gobernante exitoso es el que se
    convierte en un catalizador. Es el que pone a trabajar a todos en busca de un
    propósito común. El gobierno no debe estar hecho para recoger basuras sino para
    asegurar que las calles estén limpias. La limpieza de las calles a su vez, es
    una labor de todos. Del ciudadano que deposita la basura en los recipientes, de
    la entidad que la recoge y la del gobierno que fija las normas y que financia a
    los estratos más bajos que no pueden cubrir los costos de recolección de
    basuras.

    Lo que viene en el
    campo de la recolección de basuras es importante y el proceso debe ser sometido
    a un escrutinio. No solo es necesario asegurar que la EDIS se liquide lo más
    rápido posible sino que se debe estar pendiente de mirar con cuidado las
    condiciones en que entren a operar los nuevos entes encargados de la recolección
    de basura. Las reglas de juego deben asegurar que se aumente la competencia y
    que se mantengan costos bajos. Nada sacamos cambiando un mal servicio prestado
    por el sector público, por un mal servicio prestado por el sector privado. 
  • ¿Cuánto debe aumentarse el salario?

    Cualquier aumento por
    encima del 15 por ciento se está dando a costa de la competitividad del sector
    exportador colombiano.
    Los niños y los
    trabajadores esperan con ansiedad el mes de diciembre. Los primeros esperan la
    llegada del niño Dios con sus regalos navideños y gozan con la pólvora que
    acompaña las novenas de aguinaldos. Los segundos se ponen contentos pues saben
    que durante el mes de diciembre les llega no solo la tan esperada prima sino
    también la ilusión del aumento en sus salarios. Con sorprendente regularidad
    por esta época navideña, los trabajadores esperan lograr satisfacer los anhelos
    permanentemente pospuestos.
    La discusión sobre el
    aumento del salario mínimo se torna por esta época en una de las noticias de
    mayor cubrimiento en los medios de comunicación masiva. La discusión en las
    negociaciones laborales se centra, muchas veces, en el ajuste por inflación.
    Para algunos el ajuste por inflación debe reflejar el aumento en el costo de
    vida del año pasado, mientras que para otros el ajuste por inflación debe
    reflejar el aumento de la inflación esperada para el año entrante. Los primeros
    piensan que las consideraciones de justicia con el trabajador deben conducir a
    que éste mantenga su nivel de vida pasado. Los segundos argumentan que la
    lógica económica señala que lo pasado, pasado y que las decisiones deben
    basarse en las expectativas de lo que puede pasar en el futuro.
    Las discrepancias entre
    las dos maneras de pensar se hacen evidentes en períodos en los que las
    autoridades económicas están llevando a cabo un plan de estabilización exitosa,
    pues la inflación esperada es inferior a la observada en el año anterior. Adicionalmente,
    durante los períodos de estabilización se pone de  manifiesto la inercia inflacionaria que tiene
    un sistema de ajuste ligado al índice de costo de vida.
    En épocas recientes se
    ha considerado importante incluir, además del aumento en el costo de vida, un
    incremento debido al aumento en la productividad del trabajo. La discusión se
    polariza, entonces en dos cifras. La primera corresponde a la inflación
    esperada incrementada por el aumento en la productividad y la inflación
    esperada incrementada en dos puntos porcentuales que representa el aumento de
    la productividad. En el caso colombiano la primera cifra podría estar alrededor
    de un 21 por ciento y la segunda alrededor del 24 por ciento. 
    Las negociaciones sobre
    salario mínimo se han venido desarrollando entre estos dos límites y es
    probable que terminen más cerca del límite inferior. La principal razón de que
    esto ocurra se deriva del proceso de internacionalización de la economía
    colombiana. Como bien lo anota la Revista Dinero “la mano de obra colombiana
    se está encareciendo en dólares, lo cual reduce la capacidad para competir de
    los productores nacionales con sus contrapartes de otros países.” Este
    encarecimiento en dólares que se inició en 1990 
    y es simplemente
    una de las manifestaciones del famoso mal holandés no puede continuar sin
    causar serios estragos en la actividad productiva.

    Infortunadamente, el
    parar este encarecimiento, en dólares, de la mano de obra colombiana solo se
    puede lograr mediante un frenazo en el ritmo de crecimiento de los salarios en
    pesos. Por ejemplo, si quisiéramos mantener los salarios al mismo nivel de
    nuestras contrapartes en los Estados Unidos el aumento para el año entrante
    debería ser de apenas un 15 por ciento. Dicho de otra manera, cualquier aumento
    por encima del 15 por ciento se está dando a costa de la competitividad del
    sector exportador colombiano. 
  • Reinventando el gobierno

    Al revisar la
    experiencia que se está viviendo en los Estados Unidos, Osborne y Gaebler, han
    logrado identificar diez principios básicos que se deberían tener en cuenta
    para lograr un mejor modo de gobernar.
    Al comenzar el último
    mes del 93 recibimos la mala nueva de que la inflación continúa en su marcha
    ascendente. Las cifras por debajo del 22 por ciento anual que se habían logrado
    a mediados del año, hoy ya son historia antigua. La triste conclusión que nos
    queda es que el control inflacionario ha sido una víctima más del deseo de
    ganar electores, a costa del presupuesto nacional.
    El país debe darse
    cuenta de la importancia de mantener unas finanzas públicas sanas. El
    mantenimiento de la disciplina fiscal no solo requiere que el Presidente cumpla
    con su promesa de no sancionar las leyes aprobadas recientemente que
    incrementan de manera alarmante el nivel de gastos del gobierno, sino que el
    país continúe en su esfuerzo de transformación estructural hacia una sociedad
    más eficiente.
    El desequilibrio fiscal
    es preocupante pues se ha dado en un período en el que el Gobierno ha
    patrocinado reformas fiscales importantes, cuyo efecto ha sido el aumentar el
    porcentaje que cada colombiano tiene que contribuir al funcionamiento del
    Estado. El querer lograr un equilibrio fiscal a través de un aumento de los
    impuestos, ha quedado como otra más de las grandes ilusiones de los
    colombianos. Los deseos de lograr de manera inmediata una sociedad más justa y
    eficiente a través del gobierno no se han cumplido. El gobierno como lo
    conocemos, no ha podido cumplir de manera satisfactoria los grandes propósitos
    nacionales.
    La solución no parece,
    entonces, buscar mayores recursos para hacer más de lo mismo, sino que más bien
    puede estar por el lado de hacerlo de una manera totalmente distinta. La
    disposición de los colombianos a aumentar su contribución al fisco está
    llegando a sus límites máximos. La revuelta fiscal iniciada en los Estados
    Unidos el 6 de junio de 1978, cuando los votantes de California aprobaron la
    llamada Proposición 13, puede llegar finalmente a Colombia y dar origen a una
    verdadera revolución en el campo del gobierno. Los ciudadanos de Colombia algún
    día dejarán de creer que la solución de los problemas es subir y subir los
    impuestos al nivel de Nueva York para contar con los servicios de Somondoco. La
    realidad es que los niveles impositivos actuales ya son de por si insoportables,
    para la baja calidad de servicio que obtenemos.
    Lo que se requiere es
    cambiar la manera como opera el gobierno. La solución está más por el lado de
    las ideas expuestas en el libro Reinventing Government de David Osborne y Ted
    Gaebler. Los autores al revisar la experiencia que se está viviendo en los
    Estados Unidos, han logrado identificar diez principios básicos que se deberían
    tener en cuenta para lograr un mejor modo de gobernar.
    Para los autores
    mencionados, el mejor gobierno se logra cuando la mayoría de los gobiernos
    promueven la competencia entre los proveedores de servicios; cuando los
    gobiernos transfieren poder a los ciudadanos quitándoselo a las burocracias;
    cuando los gobiernos miden el desempeño de sus agencias, mirando los resultados
    antes que los insumos; cuando los gobiernos están movidos más por metas que por
    regulaciones; cuando tratan a sus usuarios como clientes, ofreciéndoles la
    posibilidad de elegir sus escuelas o sus programas de entrenamiento; cuando los
    gobiernos previenen los problemas antes de que sucedan en lugar de atenderlos
    después de que ocurran.; cuando dedican sus energías a conseguir dinero y no
    simplemente se dedican a gastar; cuando descentralizan la autoridad adoptando
    mecanismos de participación; cuando prefieren mecanismos de mercado antes que
    los burocráticos; y finalmente cuando enfocan sus esfuerzos no solo a proveer
    servicios sino que más bien sirven de catalizador para que los sectores,
    público, privado, produzcan las acciones encaminadas a resolver los problemas de
    su comunidad.
    Los diez principios
    básicos de Osborne y Gaebler resumidos en el párrafo anterior son ilustrados
    profusamente con ejemplos tomados de los Estados Unidos que indudablemente
    pueden servir de base para que los candidatos que buscan el favor popular en
    las próximas elecciones ofrezcan una verdadera solución a sus electores.
  • El Milagro Alemán

    Volkswagen y otras
    compañías que reduzcan su jornada laboral, verán disminuir su participación en
    el mercado mundial ante rivales que trabajan más intensamente.
    Según el Profesor
    Jeffrey Sachs, hay una gran diferencia entre los mercados de trabajo de Estados
    Unidos y Europa. Mientras que en los Estados Unidos los ajustes se dan mediante
    un cambio en los salarios, en los de Europa los ajustes se dan más por el lado
    de la cantidad trabajada. Como consecuencia de este comportamiento diferencial,
    los cambios ocasionados por los choques externos tienden a aumentar el
    desempleo en el viejo continente y a disminuir el nivel salarial en los Estados
    Unidos.
    La incorporación de más
    de tres mil millones de personas a la economía mundial ha ocasionado un gran
    efecto negativo en el empleo europeo y ha dado lugar a un fuerte rechazo a los
    inmigrantes. El aumento del desempleo europeo ha venido acompañado de un
    incremento en las tendencias proteccionistas de la comunidad europea, lo cual
    ha dificultado la culminación exitosa de la Ronda Uruguay.
    Para solucionar el
    problema del aumento del desempleo se han propuesto una serie de medidas que
    aparentemente pueden tener éxito, pero que en el largo plazo son
    contraproducentes. Entre las más discutidas está la de disminución de la
    jornada laboral. Con esta medida se pretende repartir el trabajo existente
    entre más personas, pensando que de esta manera se logrará el objetivo de aumentar
    el número de trabajadores empleados.
    Hay varios problemas
    con este tipo de soluciones. En primer lugar, la disminución de la jornada
    laboral suele venir acompañada de un incremento en el salario por hora. Los que
    tienen trabajo no están dispuestos a cambiar una hora de trabajo por una hora
    de ocio si esto implica un gran sacrificio monetario. En segundo lugar, el
    realizar la misma cantidad de trabajo con un mayor número de trabajadores por
    lo general le implica a la empresa aumentar el entrenamiento. Es apenas lógico
    que si tenemos empleados de medio tiempo para desempeñar un oficio determinado,
    que usualmente es realizado por un solo empleado de tiempo completo, debemos
    realizar un doble entrenamiento.
    Es claro, entonces, que
    cuando se divide el trabajo entre más trabajadores, el costo laboral por unidad
    de producción tiende a aumentar. Por tanto, las empresas como Volkswagen que se
    han comprometido a reducir la jornada laboral a cuatro días, van a ver
    incrementados sus costos laborales y por lo tanto, sufrirán una pérdida de
    competitividad frente a sus rivales. A menos que se introduzcan una serie de
    innovaciones tecnológicas que compensen en el largo plazo esta pérdida de
    competitividad, Volkswagen y otras compañías que reduzcan su jornada, verán
    disminuir su participación en el mercado mundial ante rivales que trabajan más
    intensamente.
    En Colombia, en esta
    época preelectoral, debemos estar muy pendientes de este tipo de experimentos y
    debemos tener clara conciencia de los graves problemas que puede implicar para
    nuestro país, para no dejarnos convencer de aquellos que siempre tienen
    soluciones a la mano para todo tipo de problemas. En lugar de mirar hacia
    Alemania debemos más bien mirar hacia el Oriente, en donde el trabajo arduo y
    el esfuerzo continuado, han sido los instrumentos para lograr un aumento en el
    nivel de vida.

  • La globalización del sistema económico

    La incorporación de
    casi la mitad de la humanidad al mercado económico mundial es un evento que
    marca un cambio importante en las relaciones entre los países pobres y los
    ricos.
    El viernes de la semana
    pasada tuve la oportunidad de asistir a una conferencia del Profesor Jeffrey
    Sachs en la que trató temas importantes relacionados con el comercio
    internacional. Con gran propiedad el Profesor Sachs tocó puntos de especial
    actualidad tales como los relacionados con el Tratado de Libre Comercio entre
    Estados Unidos, México y Canadá.
    Para poner de presente
    la importancia del TLC, el profesor Sachs hizo un breve repaso de algunos
    desarrollos recientes. Para el ilustre catedrático, el mundo está viviendo un
    momento especial pues en los últimos años más de la mitad de la humanidad ha
    entrado a formar parte de la economía mundial. A los cuatrocientos millones de
    latinoamericanos que, después de superar las enseñanzas de la CEPAL, han
    entrado a participar en el comercio mundial abriendo sus economías se deben
    sumar los ciento cincuenta millones de habitantes de Europa Oriental, los
    trescientos millones de rusos que están tratando de formar una economía de
    mercado, los mil doscientos millones de chinos que desde hace algunos años
    guiados por su líder abandonaron el dogmatismo de Mao y los novecientos
    millones de hindúes que han decidido integrarse a la economía mundial dejando
    atrás sus claras tendencias proteccionistas.
    La incorporación de
    casi la mitad de la humanidad al mercado económico mundial es un evento que
    marca un cambio importante en las relaciones entre los países pobres y los
    ricos. El TLC es, entonces, el inicio de un nuevo trato entre el Norte y el Sur
    que puede llegar a ser el camino para un mejoramiento del nivel de vida de los
    países en desarrollo. Sin embargo, este ajuste no es ni inmediato ni fácil.
    Las dificultades de
    ajuste explican, en parte la oposición que tuvo el Tratado en los Estados
    Unidos. Para el ilustre Profesor de Harvard, la oposición de los sindicatos
    surge del natural deterioro que pueden tener los salarios de los trabajadores
    menos calificados cuando se abren los mercados a un país que tiene una
    abundancia de trabajadores poco calificados. Es claro que las industrias del
    país avanzado que utilizan una mano de obra poco calificada van a tener que
    enfrentar directamente la competencia de las industrias de los países menos
    avanzados.
    El posible efecto del
    TLC se puede prever por lo que ha pasado en varios países a raíz de la entrada
    de la China al mercado mundial. Estados Unidos y los países de la Comunidad
    Económica Europea han visto desaparecer la competitividad de industrias como el
    calzado y los textiles en las que se aprecia inmediatamente el impacto de
    trabajadores chinos motivados y laboriosos que ganan apenas 25 centavos de
    dólar la hora.

    La manera como el mundo
    reaccione a los cambios en la distribución del ingreso que ocurren cuando las
    industrias intensivas en trabajo no calificado de los países avanzados son
    desplazadas por las de los países en desarrollo puede marcar el éxito o el
    fracaso del proceso de globalización. Si los países avanzados flexibilizan sus
    mercados de trabajo el impacto será de poca duración y la globalización vendrá
    acompañada de un aumento en el número de puestos de trabajo. Por el contrario,
    si no se acepta que los salarios de los trabajadores menos calificados se
    ajusten el resultado final será un aumento del desempleo y una tensión social
    que puede acabar con el proceso de globalización que esta viviendo el mundo.
  • Soluciones al Transporte en Bogotá

    La idea de dar
    prioridad al transporte público sobre el transporte privado, en principio sana,
    cuando se aplica sin criterio puede conducirnos a graves problemas
    La semana pasada se
    realizó un importante foro organizado por la Sociedad Colombiana de Arquitectos
    sobre los problemas y soluciones al transporte en Bogotá. El foro contó con la
    participación de expertos extranjeros y de algunos analistas locales. A pedido
    de los organizadores presenté una ponencia en la que hice mención a un tema que
    ha sido poco tratado pero que indudablemente es de indudable importancia.
    Por regla general, los
    planificadores del transporte proponen darle prioridad al transporte público
    sobre el transporte privado y buscan como primera prioridad desincentivar el
    uso del automóvil particular. La razón para darle preferencia al transporte
    colectivo es que éste utiliza más eficientemente el espacio vial y que por lo tanto
    es aconsejable privilegiar el transporte público para obtener una mejor
    utilización del escaso espacio vial existente en la ciudad.
    Esta idea, en principio
    sana, cuando se aplica sin criterio puede conducirnos a graves problemas. Por
    ejemplo, el pensar que el automóvil particular es el gran culpable de la
    congestión en una ciudad lleva a una situación de tolerancia con los operadores
    de buses que puede llevar fácilmente a un caos total en la ciudad. No solo hay
    congestión cuando hay un excesivo número de vehículos particulares, si no que
    también la hay cuando hay más buses de los necesarios.
    Los bogotanos sabemos
    por experiencia que el eliminar el vehículo particular de algunas vías no ha
    sido suficiente. Como se recordará, por la carrera décima en una época no
    podían circular vehículos particulares. En esa época la condición de operación
    de dicha avenida no fue muy buena pues la congestión de buses convirtió a esta
    importante arteria en una paradero de 15 cuadras en las que el pobre usuario
    tenía que lanzarse a la mitad de la calle para poder abordar su bus.
    La solución obvia para
    disminuir la congestión es reducir el número de vehículos que utilizan una vía.
    Los resultados de hacer esto pueden se estupendos. El retiro de las busetas de
    la Avenida Caracas, en mi opinión, ha sido la principal causa del aumento de
    velocidad experimentado en la troncal de la Caracas. Con el rediseño de las
    rutas realizado y las mejoras introducidas han permitido subir la velocidad de
    circulación de 10 kilómetros por hora a veinte kilómetros por hora.
    El rediseño general de
    rutas aún cuando puede ser difícil de poner en práctica tiene un beneficio
    potencial considerable. Esta es una tarea que debiera ser prioritaria para las
    autoridades bogotanas. En lugar de dedicarse a tomar medidas improvisadas y
    arbitrarias como el contraflujo que beneficia a unos pocos en perjuicio de la
    inmensa mayoría o de cambiar las placas de los carros que solo beneficia al
    Fisco Distrital y a la cadena de intermediarios que explotan a los propietarios
    de los vehículos el Distrito debería tomar en serio su responsabilidad de
    manejar el problema del tráfico. El seguir echándole la culpa del problema del
    caótico tráfico bogotano a la indisciplina de los bogotanos o al hecho de que
    los propietarios matriculen sus carros por fuera del Distrito, tal como lo
    manifestó el Secretario de Tránsito y Transportes del Distrito es una actitud
    irresponsable que la ciudadanía no debería tolerar más.