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  • Del afán no queda sino el cansancio

    La ciudad no solo ha tenido que pagar más por obras
    innecesarias y demoradas sino que ha tenido que sufrir años de incomodidades
    causadas por la construcción de las tan promocionadas soluciones al trancón.

    En los comienzos de la administración de Jaime Castro cuando alguien
    quería poner de manifiesto su falta de acción decía que estaba esperando que el
    Alcalde se posesionara.
     
    Para la mayoría
    de los bogotanos y para los asesores del Alcalde esta falta de acción fue un
    grave pecado que tuvo que ser enmendado con el comportamiento contrario en la
    etapa final de su mandato
    .

    El Alcalde Castro optó por subir espectacularmente los impuestos
    apelando a todos los trucos de carácter fiscalista habidos y por haber.  Reencauchó el cobro de valorización por
    beneficio general, apeló a un auto-avalúo y nos cobró dos veces el impuesto de
    industria y comercio.  Armado con estos
    recursos comenzó la feria de las obras contratando puentes y vías sin tener los
    diseños ni mucho menos sin contar con los predios.
    El encarecimiento de las obras por escasez de materiales, mano de obras
    y hasta equipos de transporte no se hizo esperar.  Las obras planeadas, más con el corazón que
    con la razón, para ser entregadas en los días finales de la administración han
    sido objeto de considerables atrasos, hasta el punto de que algunas no han
    podido ser entregadas funcionando como se esperaba.
    La famosa Autopista NQS que ha sido el objeto de grandes inversiones en
    los ú1timos cinco años opera en muchos puntos en cámara lenta.  El cruce de la NQS con la calle 127 es un
    verdadero cuello de botella en el que el sufrido bogotano tiene que gastar ocho
    minutos los fines de semana.  Todo el
    tiempo ahorrado desde la calle 13 hasta la cien por las ingentes inversiones se
    pierde en una intersección dejada a la buena de Dios.
    La falta de planeación de la Administración Castro y el afán para
    recuperar el tiempo perdido no solo han llevado a un plan de obras poco eficaz
    para resolver el problema del transporte sino que ha dado lugar a sobrecostos
    causados por las demoras en las obras. 
    La ciudad no solo ha tenido que pagar más por obras innecesarias y
    demoradas sino que ha tenido que sufrir años de incomodidades causadas por la
    construcción de las tan promocionadas soluciones al trancón.
    Cuando uno transita por la calle 100 con la carrera quince no puede
    menos de preguntarse si se justifica de alguna manera estar sufriendo, durante
    tanto tiempo, los problemas ocasionados por la construcción de una intersección
    a desnivel que no beneficia al usuario normal de esta vía.  El conflicto originado por el cruce de estas
    dos importantes avenidas sigue vigente sin que las costosas obras hayan
    contribuido a la solución.  Como en el
    dicho popular los usuarios de esta intersección se quedaron con el pecado y sin
    el género.
    Como lo hemos dicho en repetidas ocasiones, lo que es más triste de esta
    situación es que la decisión de diferir las obras hasta el momento en que se
    pudieran hacer con buenos diseños y con una eficiente planeación era la
    correcta.  Los recursos generados por la
    valorización por beneficio general y por el cobro anticipado del impuesto de
    industria y comercio han debido servir para disminuir el elevado endeudamiento
    del Distrito y sus empresas.  De esta
    manera unos recursos de carácter netamente transitorio se convertirían en
    recursos permanentes pues reducirían el elevado servicio de la deuda.
    Pagar deudas y diferir inversiones cuando los recursos son de carácter
    transitorio es una recomendación bastante 
    lógica.  Los modelos financieros de las finanzas
    consolidadas del Distrito muestran claramente esta opción como una de las más
    atractivas para solucionar en el largo plazo la situación del Distrito.  La experiencia en el manejo de bonanzas,
    revisadas cuando se estaban estudiando las opciones de política de manejo
    macroeconómico de la bonanza petrolera, muestran, inequívocamente, que el
    secreto de un manejo adecuado de un hallazgo inesperado es el guardar el valor
    del hallazgo y vivir de la renta.  Los
    que se dedican a gastarse las loterías terminan, por lo general, en peores
    condiciones de las que arrancaron.

    Los bogotanos deberían aprender de los errores de sus gobernantes para
    definir una política más seria de sus sucesores.  La experiencia en los 
    últimos cinco años
    muestra que solo con asignar dinero no se solucionan los problemas de la
    ciudad.  La Administración tiene que
    cambiar para poder ejecutar eficientemente las obras contempladas en un
    plan.  Al Alcalde Mockus hay que dejarle
    que termine las obras de su antecesor y que estudie cuidadosamente las suyas
    antes de entrar en la onda de las grandes contrataciones.  El no gastar es una política que puede pagar
    en el futuro.
  • El café toco fondo

    El problema con la aplicación de la fórmula de
    reajuste del precio interno del café surgió, como era de esperarse, cuando el
    precio internacional comenzó a bajar.
    Desde el momento en que
    fue nombrado el actual Ministro de Hacienda comenzó a plantear una solución
    para la determinación del precio interno del café. Haciendo gala de su gran
    habilidad para los números, el Doctor Perry se craneó una fórmula para evitar los
    problemas de las negociaciones habituales entre gobierno gremio para fijar el
    precio interno del café. Según las promesas hechas en ese momento, la fórmula
    evitaría los problemas en el futuro, pues el ajuste automático tendría en
    cuenta la evolución de los precios externos y de manera salomónica dividiría
    los aumentos de los precios internacionales ente el Fondo del Café y los
    cafeteros.
    Infortunadamente, la
    experiencia con el uso de la fórmula de ajuste ha mostrado que esta idea, no
    resultó como se esperaba. En efecto, los cafeteros respaldaron inicialmente la
    utilización de la fórmula de ajuste automático pues la puesta en marcha de la
    fórmula coincidió con una época de vacas gordas, lo que tuvo como consecuencia
    un aumento en el ingreso de los cafeteros a costa de un deterioro relativo de
    las finanzas del Fondo del Café. El problema con la aplicación de la fórmula
    surgió, como era de esperarse, cuando el precio internacional del café comenzó
    a bajar. Los cafeteros se resistieron a aceptar la baja de sus ingresos y el
    Ministro Perry comenzó a hacer ajustes matemáticos a la fórmula para que el
    precio se mantuviera en niveles aceptables para el gremio.
    La credibilidad de la
    política automática para el ajuste en el precio del café se perdió en el mismo momento
    en que el gobierno cedió a la presión del gremio por conservar su nivel de
    ingresos. De ahí en adelante el proceso de fijar el precio interno del café
    volvió a su estado natural, o sea un proceso de negociación entre el gobierno y
    el gremio cafetero.
    El fracaso del proceso
    ideado por el Doctor Perry debe dejarnos una serie de lecciones. La primera
    lección que hemos aprendido es que para ser buen economista no basta con ser
    hábil para las matemáticas. Una decisión tan importante como la fijación del
    precio interno del café es eminentemente política. El gremio cafetero aceptará
    con gusto que se le aumente sus ingresos en épocas de bonanza pero hará todo lo
    posible para mantener sus ingresos en épocas de crisis. Diseñar una fórmula que
    elimine la negociación en épocas de bonanza, de ninguna manera va a evitar que
    se apele al sagrado derecho al pataleo en épocas de crisis. Lo único que se
    logra con adoptar una fórmula es llegar a la época de vacas flacas con menores
    recursos para afrontar la destorcida del precio internacional del café.
    La segunda lección que
    nos deja esta amarga experiencia es que los esquemas de estabilización como el
    del Fondo del Café introducen comportamientos inadecuados. Todos los que
    tenemos ingresos fluctuantes hemos aprendido las sabias enseñanzas que le dio
    José al Faraón. Ahorrar en las épocas de vacas gordas para sobrevivir en las
    épocas de vacas flacas. Los cafeteros y en general, todos  a los que
    los obligan a ahorrar en épocas de bonanza tienden a gastarse su parte pues
    están seguros de que papá gobierno les ayudará en las épocas de crisis. Los
    fondos de estabilización, a la larga llevan a la privatización de las ganancias
    y a la socialización de las pérdidas y parten de la equivocada noción de que el
    Estado puede tomar mejores decisiones que el sector privado. Además, estos
    esquemas tienden a perpetuarse más allá de la época para la que fueron creados.
    Si el Fondo del café fue importante cuando dependíamos de este cultivo como
    fuente de divisas y cuando no existía un mercado de capitales ahora es menos
    justificable en una economía diversificada y en el que el sector financiero
    podría muy bien servir para invertir bien los excedentes en épocas de bonanza.
    La tercera lección que
    podemos sacar de esta experiencias que no se puede confiar demasiado en el
    excedente del sector descentralizado para financiar el gasto del gobierno
    central. Tal como lo mencionábamos en una columna anterior, el sector
    descentralizado se ha especializado en gastar y se las ingenia para consumir
    todos los recursos que le entran. La tremenda equivocación del Doctor Perry en
    el manejo del precio interno del café nos llevó más rápido a una situación
    insostenible e indudablemente hizo más urgente un ajuste fiscal. Lo más triste
    de estos es que el pobre contribuyente debe, ahora, asumir los costos de una
    reforma más severa para tapar el hueco dejado por una equivocación del Ministro
    de Hacienda.

    Finalmente, debemos
    aprender que el ceder en su deber de controlar el gasto público no vuelve al
    gobierno más popular ni aún entre los que se benefician de esta generosidad.
    Tal como lo muestran las protestas de los campesinos de los departamentos
    cafeteros, el gremio no quedó contento con lo que el gobierno les concedió.
  • Productividad y competitividad

    El tratamiento de tan importante tema estuvo enmarcado en el nuevo paradigma de la competitividad en el e se pone especial énfasis en la dinámica del crecimiento
    El Departamento Administrativo Nacional de Estadística, DANE patrocinó la semana pasada el foro internacional “Productividad, Competitividad e Internacionalización Económica”.  El tema del seminario de especial interés en este momento el que el país esta atravesando por u etapa de transición de un modelo sustitución de importaciones a uno orientado hacia un Mercado externo.

    Como se mostró en la primera sesión hoy en día, todo el mundo está acuerdo en que para poder crecer es necesario orientar el crecimiento ha afuera.  Los países no sólo deben abrir su comercio a la competencia externa sino que también requieren de aumentos tos considerables en su productividad para poder capturar los mercados externos.  El tratamiento del tema estuvo marcado en el paradigma de competitividad en el que se pone especial énfasis en la dinámica del crecimiento.

    A diferencia del modelo ricardiano sus variantes más modernas como teoría del comercio internacional neoclásico en el que se hace énfasis en ventaja comparativa, los nuevos modelos se basan en la idea clásica de la ve taja absoluta.  Para poder tener éxito la competencia es necesario hacer I cosas mejor que nuestros rivales y para ‘tener un éxito continuado es necesario hacer las cosas cada vez mejor.

    Los conferencistas del seminario nos han tratado de mostrar sus secretos de cómo se hacen las cosas mejor y cómo se mantiene un ambiente de permanente mejoramiento.  Para unos el éxito es un centro de productividad que tan pronto se crea comienza a impulsar el desarrollo de Taiwan.  La aplicación de la ingeniería industrial para lograr la racionalización de la producción acompañada de un fuerte proceso de  automatización y un empeño en hacer las cosas cada vez mejor pueden convertir un país subdesarrollado y pobre en recursos naturales en pocos años en un país subdesarrollado.

    Para otro destacado conferencista el factor clave del éxito es una intervención inspirada del gobierno orientada por una política industrial, apoyada la formación de capital humano y soportada por una adaptación de la tecnología apropiada que se complemente

    Otro de los invitados nos propone adoptar el método de gestión japonesa con sus círculos de calidad, sistemas de inventarios justo a tiempo,  y con relaciones especiales con los proveedores y a lo que permite eliminar los defectos,  mejorar la calidad y competir mis eficientemente en el nuevo entorno internacional

    Aunque cada conferencista expresa  sus puntos de vista de forma convincente, el seminario deja al participante algunas dudas.  Si lo que nos dicen  es cierto y existen recetas fáciles, como es que no todos los países crecen al mismo ritmo. Pareciera que el desarrollo es una cuestión de actitud y de perseverancia y que si no todos crecen al mismo ritmo es porque algunos o no conocen las recetas o si las conocen no  están dispuestos a seguirlas.

    Sin pretender demeritar las sabias enseñanzas de los ilustres participantes   hay algo que hace falta.  La reiteración  de fórmulas mágicas no es suficiente Los métodos japoneses son conocidos desde hace mucho tiempo y como lo ha recordado algún conferencista estas fueron desarrollados en Estados Unidos.  El control de calidad estadístico, el control de inventarios fueron desarrollados en Norteamérica y son ampliamente conocidos en muchos países. La ingeniería industrial es enseñada en Colombia desde hace algún tiempo sin que e haya  logrado causar un impacto de la magnitud experimentada en Taiwan

    Si en Colombia no nos esforzáramos por progresar es porque probablemente hemos encontrado más ventajoso, en el corto plazo, utilizar otros atajos.  Si toleramos el rápido enriquecimiento y si consideramos que el vivo es el modelo a imitar, en lugar del que laboriosamente trabaja con dedicación, lo más probable es que el penoso camino del esfuerzo continuado no tenga seguidores.  Mientras no se cambie el facilísimo colombiano por una visión de más largo plazo que valore el esfuerzo productivo, perspectivas  tan interesantes como las vistas en el foro seguirán siendo oportunidades para el lucimiento de distinguidos conferencistas. 
  • Bill Gates sabe más de economía que el Profesor Samuelson

    Las razones del éxito de Bill Gates deben indicarnos en donde están las
    fallas de la argumentación de tan ilustres profesores que han pregonado durante
    tanto tiempo el argumento de las fallas del mercado como justificación de la
    intervención del Estado
    .
    El lanzamiento mundial de Windows 95 el nuevo sistema operativo de la
    compañía Microsoft debería ser motivo de reflexión para los grandes teóricos de
    la economía que a través de sus enseñanzas han moldeado buena parte de las
    políticas económicas que nos han guiado en épocas pretéritas.  En efecto, la intervención del Estado en la
    actividad productiva ha venido siendo justificada con el argumento de la
    existencia de fallas del mercado.  Dentro
    de esta teoría la presencia del Estado se justifica, entre otros casos, en la
    provisión de los llamados bienes públicos. 
    Estos bienes públicos, se caracterizan por el hecho de que su consumo
    por parte de un individuo no impide que sean consumidos por otras personas.
    Los profesores de microeconomía y los libros de texto ilustran este
    concepto de los bienes públicos con una serie de ejemplos entre los que se
    encuentran la iluminación de un faro, las señales de televisión y la
    información.  Los estudiantes aceptan sin
    mucha discusión que este tipo de bienes no pueden ser producidos a través del
    mercado y que por lo tanto seria conveniente crear el Ministerio de los Faros,
    de la Televisión y el de la información que produzca en abundantes cantidades y
    a costos mínimos lo que el mercado no puede hacer.
    El gran consenso sobre la existencia de fallas de mercado que justifica
    la presencia del Estado es cuestionado en ocasiones por exponentes de la
    Escuela de Chicago como el Profesor Ronald Coase ganador del premio Nobel de
    economía quien descubre evidencia histórica de una presencia importante del
    sector privado en la provisión de servicios de iluminación por faros en
    Inglaterra.  La necesidad de la
    intervención del Estado en la provisión de señales de televisión no requiere de
    una amplia investigación histórica. 
    Basta comparar las diferencias entre la calidad y cantidad de señales de
    los sistemas estatales de televisión con la calidad y calidad de los sistemas
    de televisión para darse cuenta de la superioridad del sector privado.  La fortuna y el éxito alcanzado por los
    magnates de la televisión por cable a escala mundial contradicen las enseñanzas
    de los profesores que quieren convencer a sus alumnos de que la existencia de
    bienes públicos justifica la intervención del estado.
    El éxito logrado por Ted Turner que descubrió que uno de los negocios
    más atractivos de los últimos tiempos era entrar a mercadear agresivamente la
    provisión de señales de televisión es mínimo cuando se compara con lo logrado
    por Bill Gates.  Este visionario de los
    sistemas ha logrado acumular la mayor fortuna del planeta con la producción y
    distribución de programas de computador que pueden considerarse como un ejemplo
    más de los bienes públicos.
    No nos debe quedar duda alguna que Bill Gates ha logrado demostrar una
    vez más con el lanzamiento de su nuevo sistema operacional que los ejemplos
    mencionados en clase para justificar la intervención del Estado en la economía
    deberían ser utilizados, más bien, para justificar la privatización de muchas
    actividades productivas.  Parece mucho
    más razonable concluir que muchas de las fallas del mercado son apenas una
    posibilidad teórica y que el sector privado puede tener éxito aún en sectores
    en los que el Estado puede tener un papel de primera línea.
    Las razones del éxito de Bill Gates deben indicamos en donde están las
    fallas de la argumentación de tan ilustres profesores que han pregonado durante
    tanto tiempo el argumento de las fallas del mercado como justificación de la
    intervención del Estado.  Sin lugar a
    dudas, el elemento clave en el éxito de Microsoft ha sido la existencia de las
    leyes que protegen la propiedad intelectual. 
    Si no existieran estas leyes y si Microsoft no hubiera invertido
    cuantiosas sumas en asesoría legal, el precio de los sistemas operacionales
    hubiera llegado a ser igual a su costo de reproducción y todas las empresas
    productoras de software no hubieran podido generar los excedentes necesarios
    para mantener un activo programa de investigación y desarrollo.

  • El dólar de nuevo en primer plano

    El fuerte impacto del acontecer político en la
    economía es algo relativamente novedoso en Colombia
    La incertidumbre política ha tenido efectos
    devastadores en la economía.  El dólar
    experimentó un fuerte aumento en su valor a causa de la renuncia y posterior
    detención del Ministro de Defensa Nacional. 
    Como bien lo han anotado varios analistas económicos, lo que no pudo
    hacer el equipo económico del gobierno lo ha logrado la incertidumbre política
    que vive el país.  En Colombia, el freno
    a la revaluación real del peso no se obtuvo mediante una política fiscal
    austera sino que fue el resultado de las actuaciones del Fiscal General de la
    Nación.
    El fuerte impacto del acontecer político en la
    economía es algo relativamente novedoso en Colombia.  Por mucho tiempo, las expectativas de los
    agentes económicos estaban basados en lo que acontecía en el frente
    económico.  El dólar subía en la medida
    en la que se percibía una crisis en la balanza de pagos y bajaba cuando se
    esperaba que debido a las circunstancias económicas fuera atractivo traer
    capitales.  La apertura de la economía y
    la participación de inversionistas institucionales que valoran altamente la
    estabilidad política ha cambiado de manera fundamental el funcionamiento del
    mercado de capitales y del mercado cambiario. 
    Si Colombia quiere atraer capitales y acelerar su desarrollo no solo
    debe mantener una política económica coherente sino que, además, debe garantizar
    un entorno político estable.
    Lo peor que puede pasarle al país es minimizar la
    gravedad de la situación.  No podemos
    decir que este es el resultado de una conspiración fraguada en el New York Deli
    de la Avenida Chile y que con una declaración del Ministro de Hacienda se va a
    arreglar la situación.  No debemos perder
    de vista que la intervención en el mercado cambiario realizada por el Banco de
    la República fue similar a lo que se tenia presupuestado para todo el año.  No es lo mismo que el país pierda cincuenta
    millones de sus reservas internacionales en todo el año a perder esa misma
    cantidad en un solo día.
    Lo que menos se debe hacer es responder con un
    incremento en los controles en el mercado cambiario.  La experiencia a escala mundial muestra que
    los controles a la negociación de divisas son impotentes para contener una fuga
    de capitales.  La existencia de controles
    en 1983 y 1984 no impidió que los agentes económicos sacarán más de dos mil
    millones de dólares de Colombia y que llevarán a la economía al borde de una
    crisis cambiaria.  En las circunstancias
    actuales, la manera más fácil de precipitar una crisis cambiaria seria la
    implantación de controles adicionales en el mercado de las divisas.  Esto se interpretaría, como el último recurso
    de una administración que ha perdido el control de la economía y confirmaría
    las peores expectativas sobre la economía colombiana.  Todo el mundo se dedicaría a comprar dólares
    disparando el precio del dólar y disminuyendo la posibilidad de perder en este
    juego de apostar en contra del peso.
    La actuación correcta en estos casos es adoptar
    políticas económicas sanas y hacer más atractivo traer dólares a Colombia.  Las restricciones impuestas en el periodo de
    bonanza cambiaria que buscaban impedir la entrada de capitales deberían ser
    eliminadas.  No solo se mejoran los
    incentives para la entrada de capitales sino que, además, en un mercado más
    libre las señales son más claras y precisas. 
    En un mercado más transparente los desequilibrios pueden ser observados
    más fácilmente y en consecuencia la intervención de las autoridades económicas
    puede hacerse más rápidamente.
    En las circunstancias actuales le cabe una gran
    responsabilidad a nuestro Banco Central. 
    Las ventajas de contar con un organismo autónomo, independiente del
    ejecutivo se pueden apreciar mejor en momentos de crisis.  Debido a su independencia y en buena parte a
    que el gobierno actual no tuvo la oportunidad de hacer nombramientos en el
    Banco de la República el mercado tiene plena confianza en los encargados de la
    política monetaria y cambiaria.  El país
    estaría en graves circunstancias si las ideas del actual gobierno se hubieran
    plasmado en una Ley que hubiera limitado la independencia del Banco de la
    República.  La economía estaría a la
    deriva en momentos como este en que se cuestiona al Presidente y a sus más
    allegados.  Ojalá que esta experiencia,
    nos lleva a archivar, para siempre, los intentos de volver a las épocas de un superministro de Hacienda.  Un país no
    puede confiar en conseguir a Superman como su ministro de Hacienda pues, como
    bien se sabe, a todo Superman le aparece su criptonita.  Un arreglo institucional con un Banco Central
    independiente es una mejor garantía de estabilidad.

  • Lecciones de gran interés

    El regreso al libre juego de la oferta y demanda de crédito antes del
    tiempo anunciado es una buena ocasión para hacer un análisis de lo sucedido

    Al final de la semana la
    Junta Directiva del Banco de la República, atendiendo en parte los reclamos de
    los voceros del sector financiero, decidió eliminar el control de las tasas de
    interés.  El regreso al libre juego de la
    oferta y demanda antes del tiempo anunciado es una buena ocasión para hacer un
    análisis de lo sucedido.
    En primer lugar debe
    destacarse que los efectos positivos en la 
    economía fueron el resultado en las condiciones de liquidez de la economía y que la implantación de los controles
    contribuyó muy poco al logro del resultado esperado.  Las tasas de interés bajaron realmente y
    comenzaron a tener un efecto en otras variables debido al aumento en la liquidez
    que inyectó el Banco de la República al sistema financiero.  La rebaja en el gasto público anunciado por
    el Gobierno también ayudó considerablemente pues mostró un compromiso real en
    la lucha contra la inflación.
    También debe destacarse
    que la experiencia está mostrando que en este delicado aspecto se cumple la
    máxima de Gracián que lo bueno si breve, dos veces bueno.  Cualquier efecto importante que tenga la
    imposición de los controles se magnifica si el control es por tiempo
    limitado.  El mantener una situación
    artificial por mucho tiempo puede resultar muy perjudicial para la 
    economía pues las distorsiones causadas con los controles tienden a acentuarse con el paso del tiempo.  Tampoco debe olvidarse
    que los mercados financieros y cambiarios tienden a ajustarse mucho más rápido
    que el de los bienes y factores de producción. 
    Mientras que los salarios, en muchos casos se ajustan cada dos años, las
    tasas de interés cambian en cuestión de días. 
    Los mercados financieros, aún en Colombia, se distinguen por lo que
    técnicamente se conoce como su eficiencia. 
    La información sobre las condiciones del mercado es rápidamente
    incorporada en la fijación de precios de tal manera que los valores observados
    en un momento dado son el mejor predictor de su curso futuro.  En estos mercados eficientes, la intervención
    de las autoridades económicas es justificable, únicamente, cuando hay clara
    evidencia de la existencia de las llamadas burbujas especulativas.
    La tercera lección de la
    última experiencia con el control de las tasas de interés que debemos sacar es
    la gran importancia que tiene la tasa de interés en una 
    economía abierta con
    tasas de cambio fijo.  Lo ocurrido en
    Colombia en los cinco años que llevamos con políticas de apertura muestra que
    la evolución de la tasa de cambio está muy ligada a la evolución de las tasas
    de interés.  Cuando las tasas de interés
    suben la devaluación se frena y cuando las tasas de interés bajan la
    devaluación sube.  Los cambios en las
    tasas de interés no solo afecta la demanda interna sino que tiene un fuerte
    impacto en la demanda de importaciones y exportaciones a través de los cambios
    en el precio de la divisa.
    El control en las tasas de
    interés aunado a la pérdida de credibilidad del gobierno causada por las
    investigaciones sobre la financiación de la campaña lo estaban llevando a una
    preferencia por la divisa americana totalmente diferente a la existente al comienzo
    de los controles a la tasa de interés. 
    La intervención del Banco de la República fue necesaria no para evitar
    una revaluación mayor del peso sino para evitar que el precio del dólar
    superara el techo del corredor cambiario fijado por la Junta.
    La cambiante situación
    económica dependiente en buena parte de situaciones por fuera del control de
    las autoridades económicas hace deseable que éstas mantengan en su arsenal
    todas las armas posibles para lograr un mayor control sobre la actividad económica.  Fijar las tasas de interés por decreto puede
    resultar igual de peligroso que enfrentarse a un boxeador profesional con una
    mano atada a las espaldas.  La situación
    no está para guardar los instrumentos más potentes en una urna que diga
    utilizar únicamente en caso de incendio.

  • Una reforma tributaria para reparar las fallas de la constitución del 91

    El gobierno busca aumentar sus ingresos para poder seguir en la alegre
    danza de los millones a nivel local.

    La discusión de la reforma tributaria ha sacado a relucir una serie de
    problemas estructurales de la economía colombiana.  El Ministro de Hacienda al tratar de convencernos
    de la necesidad y conveniencia de su reforma tributaria ha puesto sobre el
    tapete un problema que en su paso por la constituyente contribuyó a crear.  Los constituyentes del 91 en su afán de
    acelerar el incipiente proceso de descentralización que había iniciado el país
    en la década de los 80’s decidió transferir cuantiosos recursos a los
    departamentos y municipios.  Como
    consecuencia de los cambios constitucionales, las finanzas del gobierno central
    comenzaron a experimentar un notable desequilibrio.
    El gobierno central debió aumentar considerablemente las transferencias
    a las regiones sin lograr reducir los gastos pues los desarrollos legales no
    pudieron compensar el aumento en las transferencias de recursos con la
    disminución de los gastos cuya responsabilidad fue transferida a los municipios
    y departamentos.  Como era de esperarse
    en un congreso en el que están representados los intereses regionales la ley de
    competencias y recursos fue muy generosa con las regiones a costa del tesoro
    nacional.
    El impacto negativo de la constitución del 91 en las finanzas del
    gobierno central es impresionante.  El
    superávit corriente del gobierno central que estaba en un 3 por ciento del PIB
    en 1991 comenzó a desaparecer y en poco tiempo se llegó a un déficit de similar
    magnitud. El gobierno central a partir de 1993 comenzó a gastar en
    funcionamiento más de lo que recibía por impuestos teniendo que comenzar a
    gastarse los ingresos extraordinarios de las privatizaciones y las concesiones
    de los celulares.
    Tal como lo muestran las cifras utilizadas por el Ministro Perry para
    justificar la necesidad de la reforma tributaria esta disminución del superávit
    corriente se explica en buena parte por el crecimiento desmesurado de las transferencias
    a los gobiernos locales que de un nivel de 5 por ciento del PIB hasta 1991 han
    alcanzado un nivel del 8 por ciento y que se estiman que en 1998 lleguen al
    doble del nivel anterior a la constitución. 
    La evidencia es tan clara que el Doctor Perry ha tenido que aceptar que
    los buenos deseos de él y de otros constituyentes del 91 han sido los causantes
    del principal problema a que se ve enfrentada la economía colombiana.
    Si bien el gobierno a través de su Ministro de Hacienda encuentra que el
    mayor problema fiscal de la economía colombiana tiene que ver con el mal diseño
    del sistema de transferencias para resolverlo no plantea una reforma ni a la
    constitución ni a la ley de competencias y recursos sino que más bien trata de
    arreglar el problema creado por la constitución del 91, quien lo creyera, a
    través de una reforma tributaria.  La
    única acción directa prevista es el lanzamiento de una nueva edición de la
    comisión de gasto público que estuvo trabajando hace diez años y en la que pude
    participar con algunos de los escogidos por el gobierno nacional.
    Es muy triste que la principal solución adoptada por el
    gobierno sea aumentar sus ingresos para poder seguir la alegre danza de los
    millones.  El ciudadano no puede entender
    cómo es posible aceptar que el mal uso de los recursos a nivel local tenga que
    ser pagado con un incremento en los impuestos. Abusos como la construcción de
    piscinas de olas, coliseos cubiertos y otra serie de elefantes blancos que se
    aprecian en las primeras páginas de los periódicos se aceptan como la norma
    inevitable.
    El gobierno central que antes criticaba la conducta de
    algunos municipios que gastaban por encima de sus ingresos corrientes ha
    encontrado que es mejor conseguir más recursos que cambiar su propensión a
    gastar por encima de sus medios.  Lo más
    grave de esta carrera desenfrenada por conseguir más recursos para sostener un
    gasto descontrolado es que ha traído como consecuencia un disparo del
    endeudamiento de los entes regionales. 
    El aumento acelerado de las transferencias ha permitido un fácil acceso
    a las fuentes de crédito.  Los municipios
    han acudido a todas las fuentes de crédito poniendo como garantía el aumento de
    las transferencias.  Los alcaldes y
    gobernadores han encontrado la manera de erigir monumentos a su memoria que sean
    pagados por las próximas administraciones.
    El querer arreglar el problema fiscal creado por las transferencias no
    solo va en contra de la lógica elemental de atacar directamente las causas de
    los problemas sino que resulta injusto con ciertas regiones que han hecho
    considerables esfuerzos para lograr un balance en sus finanzas.  El caso de Bogotá es bastante claro.  Todos sabemos que la mitad de los recaudos de
    los impuestos nacionales es pagado por los bogotanos.  El bogotano que gracias a las genialidades de
    los doctores Castro y Caicedo vio incrementados sus impuestos locales en los
    últimos años para poder sanear las finanzas del Distrito tendrá que aumentar el
    pago de sus impuestos nacionales para poder sufragar los gastos ocasionados por
    la combinación diabólica de la generosidad de los constituyentes de 1991 y la
    irresponsabilidad de unos gobernantes locales que han querido pasar a la
    historia en el breve lapso de tres años.

  • El sexo del desempleo

    El desempleo reportado por el DANE, por ser un fenómeno en el que priman circunstancias estacionales, sólo es comparable con el registrado en el mismo mes en años anteriores.
    Las últimas cifras
    sobre desempleo causaron un gran revuelo. Algunos 
    analistas llegaron a
    cuestionar al DANE por presentar unas cifras poco representativas de la
    situación por la que está pasando la economía colombiana. La controversia sobre
    las cifras de desempleo se originó en que las cifras de junio resultaron
    superiores a las registradas en marzo pero inferiores a las reportadas en junio
    del año pasado.
    Para un lego en
    materias económicas la discusión pareciera similar a la de algunos teólogos
    sobre el sexo de los ángeles. Este lego diría, con toda razón, que lo que está
    pasando es que la economía está mejor que el año pasado pero menos dinámica que
    el trimestre anterior. Una persona interesada en la política económica no solo
    llegaría a la misma conclusión sino que además diría, con sobrada razón que el
    mensaje importante de un indicador como el desempleo es lo que está pasando en
    el momento y que el saber que el desempleo hubiera sido menor el año pasado es
    un asunto para los interesados en la historia económica.
    Si lo que se expresa en
    el párrafo anterior fuera toda la verdad, nadie se explicaría por qué personas
    tan importantes gastan parte del tiempo debatiendo sobre algo tan elemental. La
    respuesta a esta pregunta es muy sencilla. El DANE no reporta cifras que pueden
    ser comparables de manera fácil. El desempleo reportado en Junio de 1995 no es
    comparable con el desempleo reportado en Marzo de 1995, ni con el reportado en
    Diciembre de 1994, ni con el reportado en septiembre de 1994. El desempleo
    reportado por el DANE, por ser un fenómeno en el que priman circunstancias
    estacionales, sólo es comparable con el registrado en el mismo mes en años
    anteriores.
    Como se anotó
    anteriormente, el aceptar que la única comparación posible de los índices de
    desempleo se haga con los años anteriores desvirtúa totalmente la utilización
    de este indicador. Es inaceptable que en un país en el que no existen cuentas
    trimestrales se prescinda del único indicador trimestral que pueda aportar
    información sobre el estado de la economía. Lo que se necesita es eliminar la
    posible discrepancia entre los analistas.
    La solución es bastante
    sencilla y es la práctica en otros países avanzados. El Departamento encargado
    de las estadísticas debe producir las cifras una vez se elimine cualquier
    fenómeno de carácter estacional. Estas cifras que se conocen técnicamente como
    desestacionalizadas son las que deben ser utilizadas para el análisis
    coyuntural. Si las cifras de junio, una vez desestacionalizadas, resultan
    inferiores a las de marzo la conclusión obvia para todo el mundo debe ser que
    la economía se ha desacelerado y la controversia debe centrarse en el tipo de
    medidas se deben tomar, más que en tratar de demostrar los defensores del
    gobierno que la economía está mejor que el año pasado, mientras que los
    críticos se concentran en argumentar que en junio estamos más mal que en marzo.
    Cuando uno trata de
    averiguar por qué en Colombia el DANE no presenta las cifras
    desestacionalizadas comienza a 
    oír cantidad de argumentos justificativos de la
    práctica actual. La primera es que es un proceso muy difícil y costoso. Este
    argumento no es cierto porque en Estados Unidos se consiguen programas que por
    viente dólares hacen este proceso en un microcomputador. Más aún, el DANE mismo
    tiene programas sofisticados que le han donado agencias internacionales y que
    pueden hacer este tipo de análisis. La segunda razón es que la producción de
    cifras desestacionalizadas por parte del DANE puede dar orígenes a
    controversias que le resten credibilidad a la institución. Si consideramos lo
    sucedido recientemente, la pérdida de credibilidad se debe más a no hacer el
    ajuste que a hacerlo.
    Cualquiera de los procedimientos
    generalmente utilizados para hacer el ajuste es muy superior a la solución
    actual de no hacer ningún ajuste. Debemos tener presente que son menos 
    creíbles y más controvertidas unas cifras sin ajuste. Cuando la Institución encargada de
    presentar las cifras no hace un ajuste de manera técnica deja las puertas
    abiertas para que técnicos y charlatanes hagan su propio ajuste y produzcan
    cifras que 
    sustenten su propio punto de vista.

    Si la tormenta en un
    vaso de agua creada por las cifras de desempleo de junio de 1995 sirve para
    mejorar nuestras estadísticas de desempleo y para hacerlas más apropiadas para
    el análisis coyuntural encontraremos que estas discusiones sobre el sexo del 
    desempleo resultaron fecundas.
  • Bienvenidos a la era del BigMac

    El temor al cierre abrupto de nuestras fronteras ha hecho que muchas
    familias acudan presurosas al centro comercial de la zona rosa antes de que el
    Ministro de Agricultura ante el clamor de destacados periodistas decida acabar
    con las llamadas importaciones superfluas.
    El 14 de julio se inauguró el primer restaurante de la
    cadena MacDonald’s en Bogotá.  El
    cubrimiento periodístico de la llegada de la cadena de los arcos dorados a
    Colombia ha emulado al de la llegada del hombre a la luna ocurrida hace
    veintisiete años.  Las colas de los
    aficionados a las hamburguesas han hecho que para poder entrar al Centro Andino
    sea necesario demorar casi el doble de lo normal.  El restaurante se encuentra lleno de padres e
    hijos con ganas de calmar fiebre, muchos de ellos afanados por un posible
    retomo al modelo de desarrollo económico que les privaría de gozar de una
    auténtica hamburguesa americana a los dos mil seiscientos metros de altura.  El temor al cierre abrupto de nuestras
    fronteras ha hecho que muchas familias acudan presurosas al centro comercial de
    la zona rosa antes de que el Ministro de Agricultura ante el clamor de
    destacados periodistas decida acabar con las llamadas importaciones superfluas.
    La llegada de MacDonald’s a Colombia es motivo de
    beneplácito no solo por lo que ello representa para el consumidor, que ahora
    tiene una posibilidad de gozar de una agradable comida en un ambiente familiar
    atendido con una gran eficiencia, sino también por lo que ello representa como
    ejemplo de madurez en la toma de decisiones en el campo económico.  El pais ha aceptado que el Departamento
    Nacional de Planeación tiene labores más importantes que hacer estudios para averiguar
    si se justifica una inversión extranjera en el sector de las comidas rápidas o
    si esta debe estar restringida a sectores estratégicos.  Las autoridades económicas, al fin, aceptaron
    que quien está dispuesto a arriesgar su dinero en una empresa incierta tiene
    mejor criterio que un tecnócrata sentado en su escritorio.
    Los comensales de MacDonald’s se han visto
    sorprendidos gratamente por la eficiencia de su servicio.  A pesar de las colas causadas por la
    curiosidad de los bogotanos, el servicio es rápido y la atención es muy similar
    a la de los Estados Unidos.  El contraste
    con otras cadenas de comidas es muy grande, pues mientras que en las otras se
    nota una gran diferencia con el servicio de los Estados Unidos en MacDonald’s
    las cosas funcionan a pesar de la improvisación que caracteriza al
    colombiano.  Ir a este restaurantes es
    gratificante por que allí se nota una gran preocupación por el tiempo del
    cliente.  Contrasta la atención en este
    restaurante con la recibida en entidades como la Secretaria de Tránsito, en
    donde las demoras son eternas y en donde la falta de planeación hace que una
    diligencia que debería demorarse menos de una hora se convierta en un suplicio
    de más de un día.
    La contribución de esta famosa cadena de comidas
    rápidas puede ir más allá de aumentar la competencia en el sector de las
    comidas rápidas y en brindarles una buena alternativas a las familias
    colombianas.  Los macroeconomistas
    tendrán una gran ayuda pues ahora podrán contestar lo que podríamos considerar
    como la pregunta del millón.  El saber el
    valor de equilibrio de la divisa americana va a ser una tarea relativamente
    fácil.  Ya no será necesario contratar un
    experto econometrista que nos calcule a partir del valor del déficit fiscal,
    los ingresos de Cusiana y el éxito del bloque de búsqueda cuál puede ser el
    verdadero precio del dólar.
    Tal como lo ha demostrado la revista The Economist una
    medida bastante acertada del nivel de equilibrio de la divisa norteamericana es
    el cociente entre el precio del BigMac en un 
    país y el precio del BigMac en los Estados Unidos.  Por lo tanto, si este planteamiento es
    correcto los que han ido al nuevo restaurante además de gozar de una agradable
    comida podrán comprobar que el verdadero precio del dólar en Colombia esta
    alrededor de los mil pesos, pues el costo de este artículo en Colombia es mil
    veces su costo en Estados Unidos.
    La evidencia anterior sin lugar a dudas será utilizada
    por el gremio de los exportadores para sus discusiones con el gobierno.  Los exportadores tendrán un argumento
    adicional para pedir un aumento en el ritmo de la devaluación de tal manera que
    la tasa representativa del mercado se equilibre con la tasa BigMac.  Los medios de comunicación tendrán un nuevo
    indicador para dar a conocer a sus lectores y los analistas sin tema podrán de
    vez en cuando comentar sobre las implicaciones que tiene un aumento del precio
    de la hamburguesa en la competitividad de la economía colombiana.

  • Y todo sigue igual

    Los nuevos ministros tienen una tarea pesada.  Los Ministros del área social deben hacer m
    esfuerzo considerable para mejorar la eficiencia de las entidades de su sector
      
    El viernes de la semana pasada se resolvió la primera
    crisis ministerial de la Administración Samper. 
    Aunque se preveía un fuerte remezón, al final los cambios solo afectaron
    las carteras de Educación, Salud, Minas y Agricultura.  Los cambios en las carteras de educación, María Emma Mejía por Arturo Sarabia y
    salud Augusto Galán Sarmiento por Alonso Gómez Duque muestran un deseo de imprimir una nueva dinámica en el programa bandera
    de la Administración Samper y buscan remediar una mala elección hecha al
    comienzo de la Administración.
    Por el contrario, los cambios en los componentes del
    equipo económico son más de carácter cosmético y pretenden mejorar la imagen
    del gobierno pues nadie puso en duda la capacidad técnica de los ministros
    salientes.  Críticos y defensores de los
    Ministros Cock y Hernández estuvieron de acuerdo en su profundo conocimiento
    del sector y de su capacidad técnica.  Su
    bajo perfil público y la candidez del Ministro de Minas en sus declaraciones
    contribuyeron para su salida del gabinete.
    Los nuevos ministros tienen una tarea pesada.  Los Ministros del área social deben hacer m
    esfuerzo considerable para mejorar la eficiencia de las entidades de su
    sector.  El aumento de los recursos
    contemplado en el Plan de Desarrollo no se traduce necesariamente en una mejora
    en el nivel de vida de las clases menos favorecidas.  La burocracia busca mejorar sus
    remuneraciones sin mejorar su rendimiento. 
    La experiencia de este año ha mostrado que los aumentos en el
    presupuesto se traducen en aumentos en la remuneración del personal vinculado
    al sector.  Los médicos y los maestros
    han tenido considerables aumentos en sus remuneraciones sin que por ello haya
    mejorado la prestación de los servicios. 
    Más aún, la búsqueda de los mayores salarios ha venido acompañada de un
    incremento considerable de los conflictos laborales en los sectores de educación
    y salud.  Los ú1timos doce meses se han
    caracterizado por una frecuencia inusitada de paros de los maestros y del
    personal de los hospitales.
    Los nuevos Ministros del área social tienen que
    mostrarle al país que el incremento en los recursos dedicados al salto social
    de verdad se convierten en mayores coberturas y servicios de mejor calidad y
    que no terminan en una burocracia descontrolada con sueldos cada vez mejores.
    Los nuevos encargados de las carteras de Agricultura y
    Minas tienen una labor menos complicada pues en líneas generales pueden
    continuar con las políticas de sus antecesores. 
    El Ministro de Agricultura, Gustavo Castro Guerrero,  que vuelve a esta cartera puede mejorar
    considerablemente la imagen del gobierno. 
    Sin lugar a dudas, los grandes productores del sector agropecuario
    encontraron alguien que entienda sus problemas y que les ayude a salir de la
    crisis en que se encuentran.  Los
    pequeños productores y los consumidores tendrán que pagar el costo de una
    política orientada a agradar a las agremiaciones.
    El Ministro de Minas y Energía, Rodrigo Villamizar, debe a la mayor
    brevedad presentarle al país la verdadera realidad del sector eléctrico.  Es necesario que se conozca con absoluta
    certeza el estado en que se encuentra el sector eléctrico y la marcha de los
    proyectos contemplados en el plan de expansión. 
    Al país no le conviene mantener una incertidumbre sobre la
    vulnerabilidad del sistema eléctrico, como tampoco le conviene que los
    organismos de control asuman el papel de Casandras.  La fijación de reglas de juegos claras en materia
    de tarifas es una condición básica para poder poner en práctica una sana
    política de privatización.  El Ministro
    entrante tiene que liderar un proceso de cambio regulatorio que permita la
    participación del capital privado y que incentive la inversión extranjera.