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  • La realidad de dos proyectos controvertidos

    El Metro de Medellín y el Guavio vuelven a ser motivo de controversia.
    El DNP realizó, en noviembre de 1991, un seminario en Santa Marta con el fin de analizar la gestión pública relacionada con algunos de los más importantes proyectos llevados a cabo en el pasado reciente.  Dos de los proyectos escogidos en esa ocasión han vuelto ha ser motivo de discusión.  El Metro de Medellín por el escándalo sobre las posibles comisiones para su construcción y el Guavio, por su impacto adverso las finanzas del Distrito que ha llevado al Alcalde Mockus a proponer la venta de la Empresa de Teléfonos para “salvar” la Empresa de Energía.
    En cuanto a lo que se refiere al Metro de Medellín se puede decir que después de haber pasado la euforia inicial que acompañó a la inauguración de una gran obra, cada día es mas claro que la decisión de hacerlo no fue muy afortunada.  Las criticas al proyecto se quedaron muy cortas de la realidad.  La sobre costos previstos por los críticos de los estudios resultaron muy por debajo de los que al final se dieron.  Por otra parte, el número de pasajeros atendidos por el Metro una vez pasada la euforia resulto tremendamente inferior a lo contemplado los estudios.  Para justificar la inversión muchas veces se utilizaron cifras por encima del millón de pasajeros diarios, llegando hasta el millón seiscientos mil pasajeros en escenarios optimistas. La cruda realidad es que el Metro está movilizando apenas ciento treinta mil pasajeros diarios, menos de la décima parte de los estimativos optimistas.
    El Proyecto Metro de Medellín a la luz de la experiencia no se ha debido realizar nunca.  La inversión nunca va a poder recuperarse en términos económicos y lo que es muy probable, los costos de operación van a superar los beneficios creando un hueco permanente en las finanzas de los dueños del proyecto.  Lo que resulta aún más triste de un proyecto como el Metro de Medellín es que una vez que se comienza no se puede parar.  En el seminario de Santa marta se afirmó que aún con una movilización de novecientos mil pasajeros día, la rentabilidad de las nuevas inversiones era muy baja y que si resultara menor el proyecto sería un gran fracaso.
    Si el Metro de Medellín nunca ha debido iniciarse pues desde su mismo estudio surgieron serias dudas sobre su rentabilidad, que se confirmaron en 1991 y que resultan evidentes hoy en día, el caso del Guavio no es tan claro.  En primer lugar, los estudios iniciales nunca fueron cuestionados abiertamente y hasta fueron avalados por entidades tan serias como el Banco Mundial y el BID.  Las evaluaciones intermedias tampoco cuestionaron la bondad del proyecto sino que más bien opinaron sobre el ritmo de ejecución del proyecto.  Los organismos internacionales y el gobierno nacional propusieron desde 1985 disminuir el ritmo de inversión del proyecto en el supuesto de que los costos adicionales del proyecto pudieran ser muy bajos comparados con el efecto favorable que una disminución de la inversión pública podría tener en la estabilización de la economía colombiana.
    La necesidad del proyecto Guavio se hizo evidente en el apagón y dejó de manifiesto la equivocación del Doctor Guillermo Perry al retrasar tan importante proyecto.  La importancia del Proyecto en las finanzas de la empresa se pone de manifiesto en la gran diferencia existente entre los ingresos del proyecto y sus costos operacionales.  Si bien nadie en su sano juicio diría que la solución del problema es cerrar el Guavio muchos como el actual Gerente y el Alcalde se preocupan por los altos costos financieros originados en su construcción que tienen un efecto tremendo en la capacidad de atender los gastos normales de la empresa.
    Visto de esta manera, el problema de la Empresa de Energía es simplemente que el excedente operacional no le alcanza para pagar los altos costos financieros.  La primera solución a este problema es relativamente sencilla desde el punto de vista conceptual.  Una empresa en estas circunstancias debe aumentar sus ingresos, reducir sus costos operacionales, o inyectarle capital para reducir el alto nivel de endeudamiento.  Ante las dificultades de aumentar los ingresos o reducir los costos operativos la Administración ha pensado buscar la solución de conseguir más capital para lo cual ha propuesto la venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá.
    Esta solución aparentemente sencilla no es enteramente satisfactoria pues no esta enfrentando el verdadero problema de las empresas públicas de Bogotá.  Lo que ha pasado es que las empresas se han venido manejando de manera equivocada desde hace muchos años.  En primer lugar, cada una de ellas anda por su lado y, además, nunca han buscado una eficiencia económica en la que se minimicen los costos y se maximicen las ganancias.  A pesar de las sanas reformas introducidas por el Estatuto de Bogotá, las empresas se manejan con fuertes interferencias políticas, y de manera independiente.  La unidad de caja y la existencia de criterios al nivel de toda la ciudad no se han podido establecer.
    Si la Empresa de Telecomunicaciones estuviera funcionando bien y estuviera generando considerables beneficios no habría necesidad de venderla para tapar el hueco que le creó el Proyecto Guavio a la Empresa de Energía.  Los activos de la Empresa de Telecomunicaciones y su flujo de caja serian el mejor respaldo para que el Distrito consiguiera una refinanciación de la EEB y para que su servicio de la deuda fuera manejable.
    El Alcalde Mockus esta planteando un falso dilema a la ciudad.  Para salvar a la Empresa de Energía no se necesita vender la ETB ni los bogotanos tenemos que escoger el menor de dos males. Lo que necesitamos es que el Distrito se convierta en un dueño responsable de todas sus empresas y que comience a generar los excedentes necesarios para atender sus deudas. Cuando las empresas comiencen a manejarse bien ahí debemos pensar que hacer con ellas si las vendemos, las regalamos o las seguimos manteniendo.  Lo que quiere la ciudadanía es que la Administración asuma sus responsabilidades y no que tome por el camino fácil de abrir un hueco para tapar otro.
  • ¿Qué tanto debemos ahorrar?

    El ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino que debe
    verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo actual para
    poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.
    El tratamiento del ahorro y el consumo es uno de los temas más importantes dentro de la teoría económica moderna.  La conclusión más importante que nos ha dejado la discusión sobre este tema es que la mejor manera de comprender las decisiones de ahorro de una sociedad se deriva de las consideraciones que deben tomar las familias dentro de un horizonte de planeación de largo plazo.  La mayoría de las familias ahorra para poder gozar de un nivel de consumo adecuado en las épocas en que los jefes de familia se hayan retirado de la fuerza de trabajo.  De igual manera, las familias jóvenes tienden a endeudarse para poder comenzar a disfrutar la buena vida lo más antes posible.  El sistema financiero dentro de estos modelos llamados de ciclo vital se comporta como un intermediario entre las familias maduras que están ahorrando para la vejez, por una parte, y las familias que tienen necesidades de fondos para poder pagar unos gastos superiores a sus ingresos.  Dentro del tratamiento moderno las decisiones de ahorro de una sociedad están, pues íntimamente ligadas a las del consumo.
    Debe anotarse también que uno de los objetivos más importantes de
    política económica debe ser el poder dotar a la sociedad de magnificas
    oportunidades de consumo a todas las 
    familias.  Por tanto, lo importante es lograr un
    equilibrio entre los consumos a lo largo del ciclo de vida y lograr que las
    generaciones futuras puedan disponer de oportunidades similares o mejores que
    las de las generaciones actuales.  El
    Estado por lo general debe respetar las decisiones de las familias en cuanto a
    sus niveles de consumo a menos que se logre demostrar que las decisiones de las
    familias van en contra de las generaciones futuras.

    No sobra advertir que el consumo es una de las medidas importantes de bienestar
    de una población y que por lo tanto el gozar de unos altos niveles de consumo es
    uno de los objetivos claves de política. 
    Por tanto, el ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino
    que debe verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo
    actual para poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.  Más aún, si suponemos que las familias buscan
    lograr su mayor bienestar y si por alguna razón llegamos a la conclusión de que
    el nivel de ahorro no es socialmente adecuado la conclusión obvia es que hay
    algunas fallas del entorno que hacen que las decisiones que son óptimas desde
    el punto de vista particular no lo sean desde el punto de vista social.

    Teniendo en cuenta lo anterior, las discusiones recientes sobre los bajos
    niveles de ahorro de la economía colombiana deberían entenderse más bien como
    un deseo de cambiar las reglas de juego imperantes en el país para ser más
    atractivo el consumo en el futuro que el consumo presente.  El querer reducir la discusión a si los
    colombianos gastan ahora más de lo que gastaban antes de la apertura y de paso
    asignar toda la responsabilidad del bajo ahorro a las reformas económicas de la
    Administración anterior no es enteramente correcto. En primer lugar, debe
    anotarse que los altos niveles de consumo son en buena parte un fenómeno que
    ocurre una sola vez.  Los incrementos en
    el consumo deben interpretarse más bien como lo ocurrido cuando se cambia de
    una situación en que la demanda ha estado reprimida a una en la que la sociedad
    tiene disponibles todas sus opciones.  El
    incremento en los gastos en bienes durables ocurrido en Colombia es muy similar
    a lo vivido en los Estados Unidos al finalizar la segunda guerra mundial.  El regreso de los veteranos y la eliminación
    de las restricciones vigentes durante la guerra vinieron acompañados de
    elevados gastos en bienes durables que dieron un fuerte impulso a la economía
    norteamericana.

    En segundo lugar, el elevado gasto reciente de los hogares colombianos
    se ha disparado por una sobre valoración del peso y por las bajas tasas de
    interés que se utilizaron en un momento como instrumentos de
    estabilización.  En estas circunstancias,
    el elevado consumo de los colombianos más que un problema real era la consecuencia
    de un entorno económico inapropiado en el que existían serios desequilibrios
    macroeconómicos.  La falta de ahorro era
    pues la consecuencia de una política económica equivocada y por lo tanto la
    solución adecuada para obtener un mayor nivel de ahorro era eliminar las
    distorsiones existentes.  Afortunadamente
    y sin querer queriendo, los desequilibrios cambiarios y monetarios se han
    venido solucionando lo que indudablemente tendrá un efecto positivo en los
    niveles de ahorro de la economía colombiana.

    Si bien las dos principales causas de un gasto excesivo ya no están
    vigentes pues la transición hacia el nuevo régimen más abierto se ha dado y los
    desequilibrios cambiarios y monetarios se han reducido es necesario tomar
    medidas adicionales para que sea atractivo disminuir el consumo actual con el
    fin de aumentar el consumo futuro.  La
    elevación del IVA en dos puntos puede ayudar un poco pues como lo reconocen la
    mayoría de los economistas el cambio de un impuesto a la renta por un impuesto
    al consumo tiende a incentivar el ahorro. 
    La reforma pensional y la creación de un nuevo sistema de seguridad
    social también es una acción en la dirección correcta.  Finalmente, el aumentar la rentabilidad de
    las inversiones del común de la gente y la eliminación de los privilegios a los
    grandes conglomerados puede ser un elemento importante para aumentar para que
    el colombiano común y corriente consuma menos ahora con el fin de logra un
    mejor nivel de bienestar en el futuro.



  • Tasas de Cambio Fijas o Flexibles

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    La coexistencia de dos sistemas de cambio, ha
    obligado a los economistas a estudiar las implicaciones que tienen las
    políticas monetaria y fiscal para cada uno de ellos.
    A
    comienzos de 1970 se discutió mucho si era más conveniente mantener un sistema
    de tasas de cambio en las que el Banco Central interviniera o si, simplemente
    sería mejor dejar que las fuerzas del mercado determinaran el precio de las
    divisas.
    En esa
    ocasión, el Profesor Milton Friedman fue uno de los principales defensores de
    adoptar un sistema de tasas de cambio flexibles. Para ello dió una serie de
    argumentos, que sin lugar a dudas contribuyeron a convencer a los encargados de
    la política económica a nivel mundial.
    Los
    argumentos teóricos en favor de un sistema de cambios flexibles, unidos a las
    perturbaciones de comienzos de los setentas, llevaron al abandono del sistema
    de Bretton Woods vigente desde el final de la segunda guerra mundial. Los países
    industrializados han mantenido en los últimos quince años, un sistema en el que
    las autoridades monetarias y cambiarias prácticamente no intervienen en el
    mercado de las divisas.
    La
    experiencia con el sistema de tasas de cambio variables ha sido positiva, pues
    ha servido para absorber los efectos de grandes perturbaciones externas sin
    consecuencias muy negativas en las economías de los países industrializados.
    Sin embargo, la experiencia también ha mostrado que el sistema de cambios
    flexibles no puede ser adoptado por los países pequeños, pues en mercados de
    tamaño reducido no es posible desarrollar instrumentos que permitan cubrir los
    riesgos inherentes en variaciones no previstas de la tasa de cambio.
    La
    coexistencia de dos sistemas de cambio, uno de tasas de cambio fijo para países
    pequeños, y otro de tasas de cambio flexible ha obligado a los economistas a
    estudiar las implicaciones que tienen las políticas monetaria y fiscal para
    cada uno de los dos regímenes.
    Las
    conclusiones de este análisis son bien importantes, sobre todo cuando se
    considera la existencia de los capitales golondrinas que vuelan hacia el país
    donde el retorno es más alto. En estos casos, la conclusión es que en un
    sistema de cambios fijos la política monetaria es impotente para cambiar el
    nivel de la actividad económica doméstica. Por otra parte, en un sistema de
    tasas de cambio fijo, la política fiscal se torna impotente para estabilizar la
    economía.
    La
    experiencia de la impotencia de las autoridades monetarias en la Administración
    Gaviria para controlar la economía colombiana, corrobora que el análisis
    realizado por los buenos macroeconomistas también se aplica en el trópico.
  • El ahorro y la apertura

    El análisis de lo ocurrido en los Estados Unidos al terminar la segunda guerra mundial puede ayudar a explicar la disminución del ahorro ocurrida en Colombia después de la apertura.
    Uno de los principales problemas de la economía colombiana es la insuficiencia del ahorro privado que ha ocasionado un incremento considerable del endeudamiento externo del sector privado. Los analistas han tratado de encontrar las causas de la disminución significativa del ahorro privado y muchos de ellos se han declarado incapaces de encontrar una explicación satisfactoria.

    Con el fin de dar un poco de luz que pueda aclarar este enigma, es conveniente mirar algunos casos en los que se presentó un fenómeno similar. A nivel mundial es famoso lo ocurrido en los Estados Unidos al finalizar la segunda guerra mundial. Como lo enseñan los libros de texto, una vez finalizada la segunda guerra mundial, los Estados Unidos tuvieron un notable auge económico en el que el consumo se disparó de manera notable. Los veteranos no solo volvieron a las universidades en forma masiva, sino que gastaron sus ahorros en los automóviles y viviendas que no habían estado disponibles por mucho tiempo. El aumento de la demanda unido a una recomposición de la oferta de bienes y servicios llevaron a la economía a un período de prosperidad basado en una explosión del consumo de bienes durables.

    Para explicar este gran aumento del consumo los investigadores económicos norteamericanos ponen de presente que es necesario distinguir entre las compras de bienes durables y el resto de los bienes. La compra de los bienes de consumo durable debe ser considerado como una inversión de los hogares y por lo tanto sus determinantes tienen que ver con condiciones de más largo plazo. El costo relativo de los bienes durables, las condiciones financieras como la disponibilidad y el costo del crédito, las expectativas económicas tienen que ver con la decisión de si se compra el automóvil hoy o si se espera hasta el año entrante para reemplazarlo.

    Al igual que ocurre con la inversión de las empresas, la compra de los bienes durables depende del acervo existente en los hogares. Las familias con fortunas establecidas desde hace tiempo nunca son tan buenos clientes como los nuevos ricos que buscan comprar en muy poco tiempo lo que sus contrapartes han tenido por generaciones. La pobre dotación inicial de los hogares americanos al final de la segunda guerra mundial, debida al desplazamiento de la producción de armamentos, es una de las explicaciones mas plausibles de la bonanza de consumo ocurrida en los Estados Unidos. 

    A la luz de las observaciones anteriores las explicaciones de la bonanza del consumo ocurrida después de la apertura parecen bastante claras. En primer lugar, el modelo de substitución de importaciones dejó al país con un deseo insatisfecho de bienes durables. Las dotaciones de bienes durables de los hogares colombianos eran muy inferiores a las asociadas con su nivel de ingreso. El boom del consumo se explica entonces en buena parte por el paso de una economía  de guerra a una economía normal. Se puede decir entonces que el consumo después de la apertura no debe ser considerado como anormalmente alto sino más bien que el consumo antes de la apertura era anormalmente bajo. Más aún, el fenómeno del auge del consumo se controla a sí mismo pues es de carácter temporal. Los hogares una vez que lleguen a su nivel deseado de existencias dejan de comprar bienes durables y vuelven a contar con excedentes para invertir en  los negocios.

    En segundo lugar, el cambio en el entorno económico ocasionado por las aperturas influyó de manera positiva en el consumo de bienes durables. La disminución de aranceles, la revaluación de la moneda, el aumento en la liquidez ocasionada por la reforma cambiaria y financiera y la amnistía tributaria que incentivo la traída de dólares, así como el pago de indemnizaciones a los trabajadores impulsan de manera importante la compra de bienes durables. Al igual que lo analizado anteriormente, el impacto favorable del entorno económico originado en la apertura  ocurre por una sola vez. Los aranceles no pueden seguir bajando permanentemente, como tampoco la moneda puede seguir revaluándose todos los días. Los que trajeron sus ahorros del exterior no pueden volverlos a traer. 

    Sin querer decir que esta es la explicación del enigma que ha mantenido desvelados a destacados  investigadores, si se puede decir que el problema tiende a resolverse por si solo, pues lo que hemos observado en estos años Post-apertura es el desplazamiento de la economía a una nueva posición de equilibrio. Durante este período de transición el consumo de bienes durables ha sido  uno de los principales estimulantes de la economía que ha tenido que pagarse con una disminución temporal del ahorro de la economía. 

    El tratar de solucionar tardía e innecesariamente el problema del sobreconsumo puede ser peor que la enfermedad. Cuando la finca raíz estaba viviendo una crisis y cuando el sector de bienes durables había llegado a su máximo resulta incoherente dar  como argumento para un aumento de impuestos al consumo, la necesidad de ahorrar más. Como todo el mundo sabe dada la incertidumbre política el problema actual no es de gasto excesivo sino, por el contrario, de insuficiencia de demanda. 

    Esperamos que ahora que se ha vuelto a mencionar al Doctor Perry como causante del apagón por su teoría del sobredimensionamiento, no entremos en un apagón económico por su nueva teoría del sobreconsumo y su receta de aumentar cuatro puntos al IVA.
  • La generación del siglo XXI

    Sin lugar  a dudas, el nuevo rector de la Universidad de los Andes acierta en poner como uno de los más grandes problemas de la educación la falta de conocimiento de los que dirigen este importante sector.
    La posesión de Rudolf Hommes como rector de la Universidad de los Andes se convirtió en uno de los temas de discusión en la semana pasada.  Los medios de comunicación han dedicado un amplio espacio al tema y han presentado una serie de entrevistas en las que el ministro de Hacienda de la Administración Gaviria expone sus pensamientos sobre el tema educativo y en las que manda una serie de dardos a sus opositores de ayer y al gobierno de turno.

    Sin lugar a dudas, el nuevo rector de la Universidad de los Andes acierta en poner como uno de los grandes problemas de la educación la falta de conocimiento de los que dirigen este importante sector.  Al igual a lo que ocurre con el tema del transporte en el que todo el que ha montado en una buseta se considera experto en tan complicado tema, los que se han matriculado en una universidad se consideran con suficiente autoridad para dirigir el sector educativo.

    Por otra parte, aquellos que han dedicado su vida a la formación de la juventud, muchas veces, carecen de la visión administrativa de la educación.  Las autoridades universitarias carecen de una visión realista de lo que se requiere para mantener la excelencia académica en una sociedad como la colombiana en la que la academia tiene que competir con el sector productivo, el gobierno y las organizaciones multilaterales por el personal altamente calificado.
    Las universidades de avanzada piensan que la solución para lograr una magnifica facultad de economía es contratar a alguien de prestigio para que lidere un proceso de cambio.  A los decanos de economía de algunas universidades les pasa lo que a los directores técnicos de muchos equipos de fútbol a quienes los dueños de los equipos no les dan los jugadores que solicitan.  Al igual que el profesor Maturana, el pobre decano es culpado por los malos resultados de su facultad y es cambiado cada año.  También, al igual que en el fútbol, los decanos son contratados por otras facultades para que allá haga el milagro de evitar el descenso.

    La falta de realismo en la espera de un Mesías que salve la Universidad ha impedido su progreso continuo.  El doctor Hommes, a quien admiro y a quien deseo la mejor de las suertes en su nuevo puesto no puede hacer lo imposible.  Las universidades excelentes requieren de un equipo de profesores e investigadores de muy elevadas calificaciones.  No sólo es necesario atraer a todos los que han tenido el privilegio de lograr un doctorado en el exterior, es necesario cambiar muchas reglas para que la universidad cambie realmente.  Es absurdo que en Colombia todavía se confunda lo que es academia y lo que es ejercicio profesional.  Las leyes exigen como requisito para ser decano de una facultad de economía el tener una tarjeta profesional de economista.  Los grandes académicos de Estados Unidos o Europa no podrían ser nombrados, legalmente, como decanos de ninguna facultad de economía.  Más aún, en Colombia los premios Nobel de Economía no pueden enseñar los cursos de teoría porque no tienen su tarjeta de economista.

    La universidad colombiana tiene en estos momentos una gran responsabilidad.  El próximo año ingresa a la universidad la primera generación del siglo XXI.  Los que se van a graduar en el mítico año 2000 van a comenzar sus estudios en 1996.  El doctor Hommes y los otros directivos de las universidades colombianas tienen bajo su responsabilidad el hacer que estos profesionales salgan con las habilidades para enfrentar los problemas del futuro.  Este es un esfuerzo en el que todos debemos colaborar y en el que esperamos ver mucho más que personajes de la talla del doctor Hommes.  La universidad no se le puede criticar porque atrae al doctor Hommes con un salario que tiene muerto de envidia a más de uno.  A la universidad se le debe criticar si no atrae a muchos más como el famoso ex ministro de Hacienda.
  • Época de presupuestos

    La necesidad de mejorar la eficiencia del gobierno se hace más evidente
    en el manejo de sus empresas, donde no existe la disculpa de que los resultados
    de los programas son difíciles de cuantificar.
    Por esta época el sector privado ya tiene listos sus planes para el
    9ó.  Después de m largo proceso de
    concertación ha logrado establecer su presupuesto de ingresos y gastos para el
    próximo año.  Este ejercicio es tomado en
    serio y como resultado de este importante proceso anual la gerencia se
    compromete con la Junta Directiva a cumplir una serie de metas que, por lo
    general, implican una mejora considerable con relación al año anterior.
    Por el contrario, el proceso de programación en el sector público no
    solo es demorado sino que, casi siempre, se limita a reflejar el aumento en el
    costo de la vida.  Las entidades se
    contentan con tener un aumento en el presupuesto y para ello en los ó1timos
    meses se lanzan a gastarse los restos del presupuesto para que el Ministerio de
    Hacienda no les quite las partidas no ejecutadas.  Esta orgía de gastos que se está viviendo en
    este año causada por las reformas en el proceso presupuestal de ninguna manera
    se compadece con la tramitación de un proyecto de reforma tributaria que busca
    aumentar los impuestos.
    La falta de capacidad de ejecución de los programas del gobierno que se
    repite año tras año y que se hace más evidente en los 
    últimos meses continúa
    siendo un grave problema que no ha sido enfrentado por los gobiernos nacionales
    y locales.  La necesidad de mejorar la
    eficiencia del gobierno se hace más evidente en el manejo de sus empresas,
    donde no existe la disculpa de que los resultados de los programas son
    difíciles de cuantificar.
    Los bancos oficiales tienen siempre unos resultados inferiores a los de
    sus contrapartes en el sector privado. 
    Los intentos de control de las entidades oficiales han resultado
    fallidos.  En buena parte las
    dificultades en el control nacen de un esquema equivocado introducido en la
    reforma administrativa de 1968.  Como se
    recuerda en esa época las entidades oficiales se adscribieron a un Ministerio
    al que se le asigno su tutela y vigilancia.
    Esa tutela nunca se pudo ejercer por varias razones.  En primer lugar, porque el vigilado muchas
    veces tuvo mayor poder que el propio ministro. 
    Los Gerentes de Ecopetrol, de Telecom y otras empresas del Estado casi
    siempre fueron más poderosos que el Ministro de turno.  Aún si el Ministro contaba con el pleno
    respaldo del Presidente por sus múltiples actividades no podía ejercer la
    tutela sobre las empresas y tenia que delegar la vigilancia a uno de sus
    subalternos.
    En segundo lugar, las entidades casi nunca se fijaban unas metas que
    fueran posibles de seguir.  Solamente
    cuando entraban en crisis, se lograba concretar el cumplimiento de unas metas
    de desempeño.  Debido a presiones
    políticas el incumplimiento de las metas nunca se traducía en cambios en la
    dirección de las empresas ni en verdaderas reestructuraciones de las entidades.
    La falta de incentivos unida a la preponderancia de consideraciones
    políticas en el nombramiento de los gerentes han afectado de manera adversa el
    desempeño de los que llegan a la dirección de las empresas.  A diferencia de lo que se estila en el sector
    privado la remuneración de los gerentes es independiente de los resultados.  El gerente público que cada vez más está
    sometido a mayores castigos cuando su desempeño resulta inferior a las
    expectativas de los encargados del control fiscal y político no tiene un premio
    cuando su desempeño es excelente.  Debido
    a esta asimetría en su evaluación el gerente público nunca toma riesgos ni
    mucho menos considera caminos de acción que lo enfrenten a los poderosos
    políticamente.
    Las consecuencias para el bienestar de la nación no pueden ser más
    graves.  Las empresas públicas continúan
    siendo una de las principales causantes del tremendo déficit fiscal que tiene
    que ser cubierto con impuestos nacionales y locales cada vez mayores.  El país no puede continuar indiferente a la
    suerte de las empresas del estado ha llegado el momento de darles un manejo
    gerencial.  No podemos continuar año tras
    año engañados con la farsa presupuestal que se da en estos últimos meses del
    año.  Los planes de las empresas no
    pueden seguir siendo una expresión de buenos deseos.  Las empresas o cumplen lo que se comprometen
    a hacer o desaparecen.

  • Una luz en las tinieblas

    Si la situación económica
    no ha llegado a extremos graves es porque afortunadamente el gobierno central
    ha perdido el monopolio del manejo económico
    .

    La Administración Samper
    no ha podido cumplir ninguna de sus promesas. 
    Las políticas económicas adoptadas no han tenido el efecto deseado.  Su plan de empleo no se ha cumplido ni
    siquiera en la cuarta parte.  El pacto
    social no ha logrado cumplir con su meta del dieciocho por ciento pues la
    inflación continua por encima del veinte por ciento.  El sano equilibrio de las finanzas no se ha
    podio lograr y el gobierno ha tenido que apelar a una nueva reforma tributaria
    con el fin de tapar el inmenso hueco fiscal dejado por un ambicioso plan de
    desarrollo.  El clima de los negocios y
    la confianza en el gobierno han entrado en barrena.  Los indicadores económicos cada vez son más
    negativos.
    Paradójicamente, el único
    logro ha sido el frenar la devaluación real del peso que, en realidad, es un
    reflejo de la desconfianza que tiene el público en las políticas del gobierno y
    que refleja más bien el manejo que le ha dado el Banco de la República a las
    políticas monetaria y cambiaria y que muestra las bondades de contar con un
    Banco de la República independiente que no ha sido afectado por el desprestigio
    de la Administración Samper.
    Si la situación económica
    no ha Llegado a extremos graves es porque afortunadamente el gobierno central
    ha perdido el monopolio del manejo económico. 
    La descentralización y las reformas al Banco de la República han recortado
    los poderes omnimodos del gobierno central y, por tanto, han hecho menos
    vulnerable a la economía colombiana a una crisis política.  Los cambios institucionales han introducido
    elementos estabilizadores que dan una mayor confianza al sector privado.  En estas circunstancias, los cambios que
    puedan ocurrir en el gobierno nacional no tienen porque afectar ni a la
    autoridad monetaria ni a los departamentos y municipios.
    En estas circunstancias lo
    que se requiere es un gran esfuerzo por parte del Banco de la República y de
    los gobiernos locales para dar un ejemplo de manejo serio y responsable.  Los gobiernos locales tienen que mejorar su
    eficiencia sin apelar al fácil expediente de subir los impuestos para financiar
    un aparato totalmente ineficiente.  La
    autoridad monetaria tiene que obrar con mucho tino para evitar que la falta de
    confianza en el gobierno central lleva a la tan temida recesión.
    En estas circunstancias en
    que se ha perdido la confianza en el gobierno es preciso tener especial cuidado
    en el campo de la política cambiaria.  El
    dólar ha superado la barrera psicológica de los mil pesos sin que se haya
    logrado una estabilidad de precios.  La
    posibilidad de usar una paridad fija con relación al dólar se ha perdido pues a
    nadie en su sano juicio se le ocurriría en estas circunstancias recomendar una
    congelación de la tasa de cambio pues cualquier beneficio que se lograra en el
    frente inflacionario se perdería en el campo de la competitividad pues el peso
    en muy poco tiempo se sobre valoraría lo que llevaría a una pérdida de
    competitividad y a una crisis cambiaria.
    En estas circunstancias lo
    que se requiere en el frente cambiario es un cambio en la banda cambiaria
    buscando que el actual valor del peso quede en el punto medio de la banda.  La razón principal de este cambio es evitar
    que cualquier fluctuación en la cotización del dólar tenga efectos importantes
    en el frente monetario.  El estado de la economía
    no permite que una demanda transitoria de dólares tenga efectos nocivos como un
    aumento en la tasa de interés.  La
    recuperación del margen de maniobra en el frente cambiario por parte del Banco
    de la República es clave en este momento en el que se prevé una devaluación en
    Venezuela.
    La eliminación de las
    tasas de cambio múltiples en especial el cobro de un diez por ciento de
    retención a las exportaciones de servicios es muy conveniente en momentos en
    los que cualquier evento puede romper el precario equilibrio entre la oferta y
    demanda de divisas.  La eliminación de
    esta retención en la fuente puede contribuir a unir dos segmentos del mercado
    en los que hoy en día existe una diferencia del cinco por ciento.  La integración del mercado cambiario no solo
    mejora la eficiencia sino que, además, puede contribuir a una pequeña disminución
    en la inflación como consecuencia de una moderación en el crecimiento del dólar
    oficial.
    En estos momentos tan
    difíciles para el país lo que realmente se necesita es que las autoridades que
    tienen algo de credibilidad ejerzan su liderazgo.  El pueblo colombiano espera que el Banco de
    la República y los gobiernos locales que todavía conservan la legitimidad de su
    mandato llenen el vacío que ha dejado la crisis en el gobierno central.

  • Al que no quiere caldo se le dan dos tasas

    Las estadísticas fiscales muestran sin lugar a dudas que la pereza tributaria de los bogotanos es una falacia
    EI Concejo de Bogotá esta discutiendo un proyecto de racionalización tributaria presentado por la Administración Mockus.  El proyecto aunque contiene algunos elementos que, probablemente, van a mejorar y facilitar las relaciones entre el contribuyente y la Administración, en realidad es, nada más ni nada menos, que una reforma tributaria disfrazada.  La Administración Mockus busca aumentar en 500 mil millones de pesos sus recaudos mediante un incremento importante en el impuesto de Industria v Comercio.

    Esta desafortunada iniciativa no pudo caer a más mala hora pues la semana pasada las comisiones económicas del Congreso aprobaron el alza en dos puntos del IVA solicitado por el Gobierno Nacional.  Teniendo en cuenta el impacto adicional del aumento en los impuestos distritales algunos concejales, han comenzado a mostrar su oposición al aumento en el Impuesto de Industria y Comercio solicitado por la Administración.

    En un foro realizado por la Comisión de Presupuesto del Concejo Distrital tuve la oportunidad de opinar sobre tan importante tema, Tal como lo manifesté en ese recinto el problema básico que tiene la ciudad es el poco valor que obtienen los bogotanos por los impuestos pagados.  Gracias a las reformas de Castro y Caicedo Ferrer los bogotanos estarnos pagando los impuestos de Nueva York para obtener una calidad de servicios inferior la de Somondoco.

    Las estadísticas fiscales muestran sin lugar a dudas que la pereza tributaria de los bogotanos es una falacia.  Las reformas tributarias han cerrado totalmente la brecha que existió alguna vez entre los tributos percápita de Bogotá y el resto de las grandes capitales colombianas.  Lo que no se ha podido hacer es lograr una calidad de servicios igual a la de Medellín y Cali.  El estado de las vías, la educación, la recreación y la salud de la Capital de la República son muy inferiores a las de las capitales de Antioquia y el Valle.

    Tal como lo hemos mencionado al analizar el caso de la reforma tributaria propuesta por el Doctor Perry, el subir impuestos es una estrategia equivocada para lograr un equilibrio fiscal.  Lo que se requiere es asegurar que el aumento en el presupuesto se refleje en el aumento de la calidad y cantidad y que no quede reducido a un aumento en burocracia.  Los que han estudiado el tema saben que en Colombia y en el Distinto el gasto social es ineficiente debido a la poca capacidad institucional de las entidades del sector social.  Los recursos ingentes logrados en reformas tributarias anteriores se han traducido siempre en mayores costos y nunca han repercutido un mayor logro de los objetivos buscados.
    El número de kilómetros construidos en Bogotá ha variado mucho menos que los recursos fiscales.  La calidad de la educación en Bogotá y en el resto del país ha cambiado muy poco a pesar del considerable aumento en los presupuestos del sector.  La justicia, la seguridad ciudadana, la defensa nacional están hoy peor que antes que el Doctor Hommes  hiciera una reforma tributaria que nos iba a solucionar estos problemas tan sentidos.

    Antes de hacer lo fácil, que es conseguir el dinero, lo que se requiere es hacer lo difícil que es reinventar el gobierno.  El Estado colombiano no puede seguir siendo tan ineficiente,  tiene que comenzar a manejarse como lo mandan los cánones administrativos.  Las promesas del candidato tienen que traducirse en metas cuantitativas de fácil seguimiento.  Los gobiernos tienen que definir las metas que van a cumplir en un período fiscal.  Deben indicarnos en cuanto va a disminuir el tiempo perdido en los trancones, en lugar de decirnos que va a gastar miles de millones de pesos en ampliar la malla vial.  Tienen que decirnos cual va a ser la mejora en los puntajes del lcfes en los colegios distritales, antes de decirnos que va a gastar miles de millones adicionales en el sector de la educación.  Debe comprometerse en reducir el número de infracciones en la calle 19 y en la ciudad en lugar de decirnos que ha contratado cien mimos mas o que ha repartido un millón de cartulinas.

    Por otra parte. el gobierno distrital tiene que hacer más productivas las empresas de servicios públicos.  El conglomerado más grande de Colombia compuesto por las tres empresas de servicios públicos puede ayudar a financiar la ciudad.  Si los principales grupos económicos pueden financiar los equipos de fútbol y los mundiales de ciclismo y contribuir a muchas obras meritorias. no hay razón valedera para que las empresas de servicios públicos de Bogotá no hagan su aporte a la ciudad.  La. empresas deben salirse del negocio repartir subsidios y dedicarse a lo que es su función principal. o sea. prestar un buen servicio a sus usuarios y pagar dividendos a sus accionistas que somos todos los bogotanos. 
  • La mejor inversión

    Una política realista en el campo educativo debe partir de un reconocimiento de que lo importante es que el colombiano obtenga un conocimiento de alta calidad que le permita ser mas productivo
    La pasada cumbre de Ibero América en Bariloche trató el tema de la educación como un posible motor de desarrollo.  El gobierno colombiano perdió una magnífica oportunidad para exponer su pensamiento sobre tan importante tema.  El presidente Samper dejo pasar la oportunidad de exponer el pensamiento del gobierno colombiano ante una audiencia amplia.

    No nos debe extrañar que el gobierno no tenga una política de desarrollo basada en los recursos humanos, pues hasta el momento su única preocupación ha sido con temas de carácter coyuntural.  No sólo ha tenido que defenderse de las graves acusaciones sobre la financiación de la campaña presidencial, sino que, además, por no saber hacer las cuentas de la financiación de su plan de desarrollo ha tenido que acudir al Congreso para la aprobación de una reforma tributaria improvisada e inconveniente.
    El tema educativo durante la presente administración no ha sido bien tratado. El primer ministro de la presente Administración, Arturo Sarabia Better, tuvo un manejo bastante desafortunado de la política educativa. Su gestión fue muy pobre y se concentró en atender una serie de huelgas de los sindicatos de maestros y profesores universitarios.  Nos quedamos sin saber cuál era el pensamiento del gobierno sobre el papel de la educación en el desarrollo y cuáles eran las políticas más indicadas para lograr un mayor crecimiento económico.
    Su reemplazo, María Emma Mejía, indudablemente ha tenido mayor éxito dentro de los medios de comunicación.  Hemos visto a la Ministra, con inusitada frecuencia, en todos los medios de comunicación.  Los arreglos laborales han sido bastante generosos y los sindicatos de maestros y profesores se encuentran en relativa calma.  Sin embargo, el Ministerio sigue sin una política educativa orientada hacia el crecimiento económico.

    Una política realista en el campo educativo debe partir de un reconocimiento de que lo importante es que el colombiano obtenga un conocimiento de alta calidad que le permita ser más productivo. Bienestar de los educadores es apenas una condición necesaria pero no suficiente para lograr desarrollo económico.  Por lo tanto, el gobierno debe comenzar a preocuparse por medir los resultados del proceso educativo en lugar de dedicar todos los esfuerzos a mantener contentos a los sindicatos de maestros y profesores universitarios.
    El gasto en educación no es bueno por sí mismo si no por los resultados que produce, el aumentar el gasto en educación no siempre es la solución de los problemas educativos.  Una educación más costosa no es necesariamente mejor.  El sector privado y en especial las instituciones religiosas ofrecen educación de alta calidad a costos por debajo de lo que nos toca sufragar a los contribuyentes.

    La educación pública puede no costarle mucho a los padres de los estudiantes, sin embargo, para la sociedad y para los contribuyentes los costos son muy altos.  Donde más se puede apreciar el elevado costo de la educación oficial es en las universidades públicas de Bogotá.  La Nacional y la Distrital tienen unos costos por alumno muy superiores a los de universidades particulares de igual calidad.  Si el Gobierno, el día de mañana, decidiera cerrar estas dos universidades con la mitad del presupuesto podría pagar becas en las mejores universidades colombianas para la totalidad de Los estudiantes matriculados en ellas.

    El gobierno tiene que cambiar su enfoque educativo.  El Ministerio no puede seguir siendo la institución cuya única preocupación sea mantener contento a Fecode y pagar a tiempo a los maestros.  Mucho menos debe dedicar sus esfuerzos al cumplimiento del famoso pacto social.  Su responsabilidad tiene que ser el montar un sistema educativo, eficiente y eficaz que responda a las necesidades del desarrollo económico.  Los cambios necesarios son profundos y requieren un esfuerzo continuado, el aumento en los presupuestos no se traducen necesariamente en mejores resultados para los alumnos.

  • El Premio Nobel de economía 1995

    Lo que sorprende al repasar lo hecho por Lucas en su
    vida profesional es la persistencia en la búsqueda de la verdad y en las
    implicaciones que esto tiene para la teoría económica.
    Uno de los ritos de
    octubre en el campo de la economía es la selección del Premio Nobel de Economía
    que tiene por objeto el premiar la trayectoria de uno o varios académicos en el
    campo de la economía.  Este año la
    Academia sueca premió al notable economista Robert Lucas de la Universidad de
    Chicago.  El Profesor Lucas ha logrado a
    los 58 años ser reconocido con tan importante galardón.
    La labor de tan ilustre
    profesor es reconocida por amigos y enemigos como de trascendental
    importancia.  Gracias a los aportes de
    Lucas la manera como se enseña y practica la macroeconomía ha cambiado de
    manera radical.  Los trabajos de Lucas
    han ido incorporados en las listas de lecturas de las principales universidades
    americanas bien sea para que los alumnos lo acepten como el nuevo evangelio en
    las escuelas defensoras del pensamiento neoliberal o para que los practicantes
    de ortodoxia keynesiana encuentren argumentos en su contra que defiendan la
    sabiduría convencional.  Me acuerdo que
    el Profesor Eckstein fundador de la firma de consultoría económica más grande
    del mundo incluía como lectura obligada en su curso sobre la utilización de
    Modelos Macroeconométricos, la critica de Lucas a la utilización de los modelo
    macroeconómicos tradicionales.
    Como lo han destacado las
    agencias internacionales, el nombre de Lucas ha sido asociado con la escuela de
    las llamadas expectativas racionales.  En
    los trabajos de Lucas los agentes económicos se comportan de una manera
    racional en su enfoque hacia al futuro y no se contentan con solo mirar al
    pasado para tomar sus decisiones sino como el dios Jano miran también al
    futuro.  Lucas al igual que Abraham
    Lincoln parte de la base de que no es posible engañar a todo el mundo todo el
    tiempo sino que los agentes económicos van aprendiendo a medida que pasa el
    tiempo y cambian su comportamiento y sus modelos de acuerdo con los resultados
    de sus pronósticos y la confrontación con la realidad.
    Lo que sorprende al
    repasar lo hecho por Lucas en su vida profesional es la persistencia en la
    búsqueda de la verdad y en las implicaciones que esto tiene para la teoría
    económica.  Su primer trabajo publicado
    en 1969, es un intento de aplicar al mercado laboral de un típico modelo
    macroeconómico las técnicas de modelaje 
    aplicados en los cursos de
    economía laboral.
      Lucas inicia, pues, su
    trayectoria académica buscando llenar un vacío importante dentro de la
    tradición keynesiana que dominaba ampliamente la ortodoxia macroeconómica de finales
    de los sesenta.
    El manejo de la crisis del
    petróleo obliga a un replanteamiento profundo de la teoría macroeconómica.  La tradicional relación inversa entre
    desempleo e inflación deja de funcionar en un mundo en el que aparecen
    simultáneamente la inflación y el desempleo dando origen al termino de
    estanflación.  Lucas dedica su esfuerzo
    intelectual a desarrollar modelos en los que se puedan presentar de manera
    simultánea la inflación y desempleo pero en los que en el largo plazo tiendan
    hacia un equilibrio.  Los esfuerzos no
    están dirigidos ya a reparar el modelo tradicional sino que comienzan a
    orientarse a buscar un nuevo paradigma.
    Lo que sorprende del
    trabajo de Lucas y que se capta muy bien en el libro de Arjo Klamer,
    “Conversaciones con economistas” y en el Prólogo de su libro
    “Estudios en la teoría de los ciclos económicos” es la seriedad con
    que realiza esta paciente labor de reconstrucción.  A diferencia de lo realizado por Keynes en su
    Teoría General, Lucas toma el camino largo de construir su teoría con elementos
    muy sólidos que puedan ser refutados por sus contradictores.
    La búsqueda de la verdad
    unidas a un esfuerzo monumental por reconstruir la macroeconomía sobre unas
    bases analíticas más sólidas son realmente admirables cuando se miran desde una
    perspectiva colombiana.  Mientras que en
    Colombia los últimos veinte años se han dedicado infructuosamente a reconstruir
    el modelo keynesiano y a justificar la intervención del Estado el Profesor
    Lucas dedica toda una vida de trabajo a avanzar por el sendero del
    conocimiento.
    La revisión así sea de
    manera rápida de la obra del Profesor Lucas hecha como parte de la preparación
    de esta columna me ha servido para comprobar la falta de interés que existe en
    Colombia en los temas teóricos.  Los
    comentarios que uno oye a nuestros expertos sobre el tema muestran un total
    desconocimiento de los textos originales. 
    Todos hablan del trabajo de un premio Nobel sin nunca tomarse la
    molestia de ir al texto original.  Más
    triste aún los que se sienten atacados por alguien no solo ignoran las criticas
    sino que se dedican a criticarlo por cuestiones ideológicas.  Para muchos la razón básica de no aceptar a
    Lucas es su afiliación a la escuela de Chicago y no la validez de sus
    argumentos.