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  • La partida de un gran estadista

    El jueves 21 de agosto murió el Presidente Pastrana. Su partida ha dejado un gran vacío en el partido conservador del cual fue su conductor por los últimos 27 años.  Como se puede apreciar de un análisis desapasionada de las cifras económicas, Colombia  vivió la mejor época en el gobierno presidido por Misael Pastrana entre 1970 y 1974. El Plan de Desarrollo de su Administración concebido por el gran economista Lauchlin Currie sentó las bases para un período de rápido crecimiento. El vuelco notable en la financiación de vivienda que resultó de la creación del sistema UPAC fue un elemento clave para el éxito de la gestión económica del último gobierno del frente nacional.

     La promoción de las exportaciones, el fomento del sector agropecuario y las mejoras notables en la distribución de ingreso logradas por el rápido crecimiento del empleo originado en el sector de la construcción y el exportador fueron los otros tres elementos básicos del plan conocido con el nombre de  las Cuatro Estrategias. La Administración Pastrana pudo mostrar la importancia de una concepción coherente del desarrollo económico. Por primera, y probablemente por última vez, el gobierno tuvo una visión coherente desde el punto de vista teórico de lo que se debería hacer en los cuatro años del gobierno. El Plan de las Cuatro Estrategias se diferencia marcadamente de otros que son el reflejo de lo que el Presidente Pastrana caracterizaba como una expresión del modelo navideño de desarrollo. Un árbol de navidad con regalos para todos los públicos sin tener definiciones de lo que se debe hacer ni de lo que no se puede hacer por carencia de recursos.

    Su gobierno no solo fue muy bueno en el campo económico sino que también marco el inicio del futuro. Disciplinas nuevas como la informática y la ecología recibieron un gran impulso en el último gobierno del frente nacional. El impulso modernizador en el campo de la informática dado por el Gobierno de Carlos Lleras se continuó y se logró conformar un equipo de muy alto nivel en el campo de la informática. Instituciones como el DANE y el Ministerio de Hacienda se convirtieron en los líderes del proceso de modernización y en el uso eficiente de computadores. Las entidades del gobierno se convirtieron en el semillero de los técnicos en el campo de la informática. 

    Después de concluir su labor como Presidente le tocó asumir la defensa de su gestión. Convencido como estaba de que la historia la hacían los conservadores pero la escribían los liberales dedicó buena parte de su vida a escribir su visión de la historia reciente colombiana. La necesidad de exponer sus puntos de vista lo llevó a incursionar en los medios de comunicación. Fundó la revista Guión y el diario la Prensa. La generosidad de la familia Pastrana les permitió a muchos la entrada al periodismo. Gracias a esas oportunidades, mis comentarios semanales tuvieron una difusión semanal desde 1984 hasta comienzos de este año. 

    Con gran tenacidad el Presidente Pastrana busco la reconquista del poder. Gracias a su esfuerzo Belisario Betancur llegó a la Presidencia de la República en 1982. El Partido Conservador a pesar de su condición minoritaria logró volver a la presidencia a los ocho años de haberse acabado el Frente Nacional. La elección popular de Alcaldes y Gobernadores le permitió al Partido Conservador ganar las Alcaldías de las ciudades más grandes y las gobernaciones en los Departamentos más importantes. El triunfo de Andrés Pastrana en Bogotá como primer Alcalde elegido por elección popular le deparó una gran alegría.

    El Ex Presidente Pastrana no solo se preocupaba por los asuntos locales sino que además vivía pendiente de lo que ocurría en todo el Mundo. Leía y escribía sobre lo que acontecía en el mundo. Sus escritos semanales, que gracias a la iniciativa de algunos de sus amigos se compilaban  anualmente en un libro, mostraban la amplitud de visión del Estadista. La disciplina para escribir su columna semanal sin importar en que lugar del mundo estaba eran ejemplo que inspiraba a todos los columnistas de sus publicaciones. Si el presidente Pastrana podía sacar tiempo para escribir todas las semanas su columna no había razón valedera para que uno no cumpliera con su obligación. 

    En estos momentos tristes para la familia Pastrana los que conocimos al Presidente Pastrana les queremos mandar nuestras sinceras condolencias a su esposa, a  Juan Carlos, Andrés, Jaime y María Cristina.
  • Tres años perdidos

    Completamos tres años de la Administración Samper. El balance de estos tres años no podía ser más pobre. Una descripción acertada de los tres años la hizo algún tiempo el Doctor Eduardo Sarmiento actual presidente de la Academia de Ciencias Económicas. Según su apreciación a  este gobierno todo le ha salido al revés.  Prometió subir la tasa de crecimiento de la economía y  lo que ha logrado es llevar la economía a una recesión. El gobierno prometió aumentar el empleo y lo que ha logrado es aumentar el desempleo. El gobierno prometió mejorar la distribución del ingreso y lo que ha hecho es favorecer a los grandes grupos económicos desmejorando la distribución del ingreso. El gobierno prometió mejorar la competitividad de la economía y después de tres años la tasa de cambio real se encuentra cada vez más lejana de su valor de equilibrio que permitiría la competitividad colombiana.

    Los pocos logros en materia económica como la disminución de la inflación se deben más a la Junta Directiva del Banco de la República y a la recesión que a una política propia del gobierno. El intento del Pacto Social resultó un fracaso total, podría decirse que todo el esfuerzo del Ministerio de Desarrollo fue inútil. Probablemente, los arreglos lo que han hecho es dilatar el proceso de ajuste y aumentar el costo del ajuste. Si se comparan los valores de la llamada relación de sacrificio, o sea la disminución en PIB por punto de la tasa de inflación, para Colombia y los Estados Unidos se podría concluir que la nuestra es tremendamente alta y que el Pacto social en lugar de disminuirla la aumentó considerablemente. Pareciera entonces que en el manejo de la inflación al gobierno también le salieron las cosas al revés pues en lugar de lograr una disminución en el costo del ajuste lo que obtuvo fue un incremento de este costo.

    Si los pecados de acción son grandes los de omisión también lo son. El gobierno ha frenado el proceso de reforma institucional Hoy en día, como no lo ha recordado Sebastián Edwards, Colombia se ha quedado atrás de los otros países latinoamericanos. El marco institucional colombiano tiene una serie de defectos que han debido atacarse en este gobierno para lograr mejorar la competitividad de la economía colombiana. Los inversionistas requieren de unas leyes que les garanticen sus derechos especialmente los derechos de propiedad. Esto hubiera requerido hacer una reforma a la constitución en lo que se refiere a la posibilidad de expropiación. Mientras que exista este artículo las relaciones entre el país y los inversionistas no sería clara.

    Igualmente importante es contar con unos esquemas regulatorios que garanticen la inversión en  los servicios públicos. Como lo muestra las dificultades en la privatización de larga distancia y con la ley de televisión, los inversionistas no pueden estar tranquilos con un marco regulatorio en el que se pueden presentar cambios importantes y que dependen de la interpretación de uno de los magistrados. No es posible hacer una planeación de grandes inversiones cuando no se puede garantizar la participación de los operadores de telefonía de larga distancia. Nadie va a  querer pagar 150 millones de dólares por una licencia cuando cualquier telefónica local puede  entrar al mercado.

    Otro gran error de omisión de este gobierno ha sido el dejar crecer el poder de los grandes monopolios. La debilidad del Presidente se ha traducido en un incremento del poder de los ahora llamados cacaos. Los grandes grupos económicos les ha ido muy bien con este gobierno. Han  tenido un tratamiento tributario muy favorable y algunos artículos de la reforma tributaria se hicieron para favorecer los interesados de los que han respaldado tanto la campaña como la presidencia de Samper.

    Las transferencias a las regiones se han mantenido sin tratar de ajustarlas a las posibilidades del gobierno central. Las reformas tributarias no han mejorado la situación del gobierno en parte porque un alto porcentaje debe destinarse a las transferencias. Siguiendo la tradición latina el gobierno siempre ha dejado para mañana el problema de las transferencias. Con gran desparpajo, el gobierno nos dice que este problema es mejor dejárselo a la próxima administración. El gobierno no ha tenido el valor de afrontar este problema esperando que los recursos del petróleo den para todo.

    La seguridad social se ha mantenido tal como la dejo el gobierno anterior, olvidando que era necesario hacer ajustes importantes para evitar que en poco tiempo se vuelva inmanejable. El dejar suelto al ISS con un régimen insostenible y mantener unas condiciones en las empresas públicas muy por encima de sus posibilidades financieras es un claro error de omisión. El país tiene que darse el lapo en las reformas institucionales a la mayor brevedad para poder competir con éxito en una economía globalizada. 

  • Absurdos económicos

    El Ministerio de Comunicaciones adjudicó en días pasados cien emisoras de frecuencia modulada. Al presentarse algunas fallas en el proceso licitatorio, el Ministro tuvo que hacer la selección de los beneficiados. Sin entrar a analizar los posibles efectos que tiene una asignación a dedo sobre la libertad de expresión es conveniente analizar este tipo de procesos desde el punto de vista económico.


    Como lo enseñan los libros de textos, la economía “es el estudio de la manera en que  la sociedad decide utilizar los recursos productivos escasos que pueden utilizarse con distintos fines para producir mercancías de diferentes tipos y distribuirlas entre los diferentes grupos”, y por lo tanto la decisión de asignar un bien escaso como las estaciones de F M es de la esencia misma de la ciencia económica. Los libros de texto nos enseñan, también, que el mercado a través del sistema de precios asigna los recursos de la sociedad de manera óptima. Mediante el sistema de mercado los bienes escasos quedan en manos de los que están dispuestos a pagar más por ellos obteniéndose una solución eficiente en la que no es posible mejorar a alguien sin desmejorar a otra persona. 


    La recomendación obvia de un economista para la asignación de las estaciones de frecuencia modulada no puede ser más sencilla. Hacer una subasta entre los interesados para determinar quien está dispuesto a pagar más por las emisoras y asignárselas a estos considerando que los que pujen más por las emisoras serán aquellos que posean los mayores talentos para su operación. Ningún economista que se respete se atreverá a pensar que un Ministerio tenga mejor criterio que el mercado y por lo tanto descartará de plano una adjudicación a dedo como la que operó en el caso colombiano. 


    La asignación a dedo de las emisoras de frecuencia modulada no solo es ineficiente sino que resulta en grandes injusticias. El cobrar un precio por debajo del valor es un subsidio implícito, por tanto el regalarle las emisoras a destacados periodistas no es otra cosa que un subsidio de monumentales proporciones. Si aceptamos lo dicho por el periódico El Tiempo, el valor comercial de la licencia para una emisora en Bogotá es un millón y medio de dólares y por lo tanto los favorecidos en la adjudicación han recibido un subsidio equivalente a casi nueve mil salarios mínimos mensuales. Por una decisión administrativa, los afortunados adjudicatarios recibieron en un momento lo que una familia obrera se gana en 365 años.


    A nadie escapa que un programa de subsidios de esta magnitud sería altamente cuestionable en cualquier parte, aún si se hiciera al azar. Pero darle el subsidio a los mayores grupos económicos  del país para agravar la pésima distribución del ingreso es una grave afrenta a la sociedad colombiana.  Pero más aún, en circunstancias como las actuales en las que se habla de una inminente crisis fiscal, andar regalando los activos de nación al mismo tiempo que se están aumentando los impuestos es el síntoma más claro de la falta de sindéresis de un gobierno. 


    Como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, al pobre colombiano se le ofrece más de lo mismo. El gobierno ha vuelto a abrir una nueva licitación para asignar 81 nuevas emisoras de FM. Otra vez se cae en el error de otorgar un recurso valioso a unos pocos afortunados a quienes se les va a dar un subsidio monumental, otra vez se continúa con el proceso de concentración en el ingreso y se fortalece el poder de los grandes grupos económicos dándoles mas poder en los medios de comunicación. 


    Más aún, al pasar la ley Daniels la revisión de constitucionalidad el reparto del estado se ha ampliado a los canales públicos. Los noticieros de televisión, otro recurso escaso se adjudicarán a dedo y servirán para pagar los favores recibidos por el ejecutivo. Los periodistas amigos del régimen obtendrán su jubilación que les permitirá gozar de los placeres de la buena mesa en el dorado exilio que comenzará el ocho de agosto de 1998. 


    La repartición de los bienes del estado entre los favoritos de un régimen debería eliminarse. Las leyes deberían incorporar como único medio de asignación de los recursos escasos una verdadera subasta entre los interesados. El ordenamiento legal debería, además, dejar muy claro que los que han pagado por el derecho a utilizar los bienes del estado tienen un derecho que no puede ser conculcado por una ley. Si nuestro ordenamiento legal no es claro en lo que se refiere al respeto de los contratos la posibilidad de contar con inversión extranjera es mínima. Si Colombia no moderniza sus instituciones  y las pone a tono con las de los  países industrializados, el despegue hacia el crecimiento se demorará indefinidamente.
  • Colombia se quedó atrás

    El miércoles de esta semana en un seminario convocado por Anif, además del análisis de coyuntura y de la presentación de las predicciones macroeconómicas, se trató un tema de vital importancia para Colombia. En una presentación muy bien recibida por los participantes del seminario, el Profesor Sebastián Edwards fue muy crítico de la política económica colombiana. Con mucha preocupación el Profesor nos puso de presente que no debemos seguir mirando al pasado para congratularnos de los éxitos obtenidos anteriormente. Compararnos con los más pequeños y los mas desaplicados en materia de política económica nos lleva necesariamente al fracaso. Las comparaciones tienen que ser con los que han logrado éxito.


    Tal como lo hemos venido sosteniendo en estas columnas, mientras gastemos todo el tiempo en discutir si la inflación va a ser del 18,2 o del 18 por ciento no reaccionaremos de la forma adecuada. Hoy en día una inflación de 18 por ciento descalifica a cualquier país en el concierto de las economías bien manejadas. La inflación tiene que ser muy cercana a la de los países industriales y por lo tanto mientras no lleguemos a una inflación del tres por ciento no podremos decir que la economía ha salido de sus problemas. No es posible que sigamos pensando, como lo están haciendo el gobierno, Fedesarrollo y Anif que podemos cerrar este siglo con inflaciones cercanas al 20 por ciento.


    El Profesor Edwards además de llamarnos la atención sobre el mediocre desempeño macroeconómico nos puso de presente que es necesario profundizar las reformas emprendidas al comienzo de la década. Según Edwards, los resultados pobres de la economía se deben no a lo que hicimos en el campo de la reforma sino más bien a lo que hemos dejado de hacer. Edwards nos ha dicho lo obvio, unas instituciones tan deficientes como las colombianas son el principal obstáculo para el desarrollo. El liberarnos de algunas de  prácticas tan absurdas, como las  licencias de importación, los permisos para tener dólares en el exterior, que sostuvimos por muchos años no pueden ser la causa de nuestros problemas es apenas el comienzo de la verdadera modernización de la economía colombiana.. 


    Los estudios de Douglass North, que hemos comentado en estas columnas y la experiencia con las reformas de las economías socialistas, han demostrado que las instituciones básicas de la sociedad como el sistema judicial, el respeto a la propiedad y el cumplimiento de los contratos son básicas para el desarrollo económico. Edwards con su característica habilidad de buen conferencista reiteró en su presentación la importancia de avanzar en las reformas institucionales para poder asegurar que las ventajas de las reformas lleguen al común de la población. Según Edwards la experiencia ha mostrado que los países en donde se realizan las reformas institucionales simultáneamente con las reformas económicas tienden a tener un mayor éxito. 


    Si las reglas del juego se mantienen los cambios económicos no llegan a los que tocan. Si no existe una verdadera regulación de la competencia, la privatización de los servicios públicos lo único que cambia es a un monopolio oficial por un monopolio privado. Las ventajas potenciales de una participación del sector privado se evaporan ante la ausencia de una efectiva regulación. Mientras no hagamos cumplir las leyes que regulan la competencia vamos a tener que las guerras de precios y las mejoras de los servicios terminan prematuramente cuando los operadores se dan cuenta que es mejor limitar la competencia. En Colombia ante la deficiente regulación de la competencia pasamos de una situación en la que regalamos los celulares por preguntar el saldo en un cajero automático a tener las tarifas de telefonía móvil más caras del mundo.


    El desencanto de Edwards parece estar mostrando el sentimiento de la mayoría de los analistas que se han preocupado por el caso colombiano. Los resultado económicos son cada vez más deficientes. Los maestros en el arte del compromiso económico se han olvidado de la importancia de la disciplina fiscal. Los hábiles manejadores de las bonanzas y los serios conductores de antaño se han dejado contagiar del populismo que acabó con las economías latinoamericanas. El mantener una inflación que se movía entre el veinte y el treinta por ciento durante varias décadas ya no es un ejemplo de imitar. Com hemos dicho a Colombia en el campo de la política económica le está pasando lo mismo que a la selección del Bolillo Gómez. Esta viviendo de los logros del pasado y hasta Venezuela está obteniendo mejores resultados. 


    La solidez de la economía colombiana que le permitió sobrevivir a un país que siempre obtenía las peores calificaciones en su desarrollo institucional ya no es suficiente para compensar tan serias desventajas institucionales. El mensaje es claro para la Colombia del siglo veintiuno. Hay que renovar urgentemente las instituciones colombianas. La justicia tiene que funcionar. Las reglas de juego deben ser claras y no deben estarse cambiando a cada minuto. La clase política tiene que responder a la sociedad civil y los grandes conglomerados no pueden abusar del poder económico. Las reglas de juego deben favorecer el surgimiento de innovadores. Las oportunidades no se pueden limitar a los grandes grupos económicos sino que deben favorecer  en últimas al consumidor. 


    Los colombianos debemos aceptar el regaño del Profesor Edwards. La comunidad internacional está perdiendo la fe en Colombia y si no hacemos las reformas institucionales indicadas a la mayor brevedad posible nos dejará el tren del progreso. Los candidatos presidenciales deben tomar atenta nota del mensaje de Edwards que coincide con el pensamiento del común de la gente. Todos estamos aburridos de la situación actual y queremos vivir en una sociedad en la que se castigue a los corruptos y donde los honestos puedan avanzar. Nuestra preocupación no puede seguir siendo si la inflación bajará un punto porcentual o si la máxima tasa de crecimiento posible es del cuatro o del cinco por ciento. Los temas del momento son de una mayor trascendencia.

  • ¿Cómo salir de la recesión?

    El lunes de esta semana El Tiempo convocó a distinguidas personalidades para que plantearan  sus propuestas para salir de la actual recesión. En el Foro participaron tres de los mayores empresarios, tres voceros de los gremios, el Ministro de Hacienda y Salomón Kalmanovitz uno de los cinco codirectores del Banco de la República. Aunque los representantes del sector privado ampliaron el alcance de su presentación para cubrir temas de mediano plazo relacionados con el desarrollo del país, se pudo llegar a tener una visión tanto de las causas como de las posibles soluciones de la actual crisis.


    Quedó claro que la recesión se originó en medidas de política económica de índole coyuntural. Se enterró la noción de que estábamos viviendo las consecuencias del cambio de modelo económico. Los representantes del sector público reconocieron que la recesión fue la consecuencia lógica del aterrizaje forzoso de una economía que estaba creciendo por encima de sus posibilidades. Si bien hubo acuerdo sobre el recalentamiento de la economía, no se pudo lograr un consenso sobre  si el límite máximo de crecimiento de la economía colombiana es, hoy en día, el cuatro o el cinco por ciento. El Ministro de Hacienda mencionó en su presentación que probablemente el haber creído que la economía podía crecer al cinco por ciento sin recalentarse había sido una de las razones para que no se hubieran tomado las medidas con la debida anticipación. 


    Aunque durante el debate no se tocó el tema, un observador desprevenido se hubiera dado cuenta que la falta de coordinación entre el Banco de la República y el Gobierno ha llevado a la economía a una situación económica más desfavorable. Es claro que si tanto el gobierno como el Banco de la República trabajan armoniosamente en frenar la economía pueden hacerlo a un  costo muy inferior al que se tiene que pagar cuando uno, el gobierno, quiere acelerar, mientras que el otro, el Banco de la República quiere frenar. 


    En el Foro se logró un consenso en que la revaluación de la tasa de cambio era la principal causa de la recesión. Para la mayoría de los participantes,  la revaluación del peso se originó en una entrada de capitales que dieron lugar a un exceso de divisas que condujeron a una disminución en el valor del dólar. Según los participantes en el foro, el diferencial entre las altas tasas de interés internas y las externas, la financiación del déficit del gobierno con crédito externo, las compras de bancos, las privatizaciones y la monetización de los excedentes petroleros contribuyeron al exceso de divisas y a la revaluación del peso.  


    La falta de credibilidad en el gobierno se mencionó, repetidamente, como otra de las causas de la recesión. El desaliento con la situación del país se ha venido manifestando desde hace bastante tiempo. Desde el segundo trimestre de 1995 las decisiones de inversión se encuentran en el congelador. Los industriales archivaron sus proyectos de inversión hace más de dos años y posteriormente congelaron sus nóminas. Los altos costos laborales unidos a la falta de confianza en el gobierno ha mantenido congelada la nómina del sector privado mientras que el gobierno cede a las presiones de los sindicatos oficiales. Cada nueva concesión del gobierno a los sindicatos oficiales aumenta el déficit fiscal, empuja al alza las tasas de interés y reduce la demanda de trabajo por parte del sector privado, aleja cada vez más la posibilidad de una reactivación y afecta adversamente la credibilidad en el Ministro de Hacienda. 


    A partir del análisis anterior, parece claro que la primera prioridad debe ser evitar una revaluación de la tasa de cambio y buscar una devaluación real que aumente la competitividad de la economía. Los excedentes petroleros y del producto de las privatizaciones deben mantenerse en el exterior evitando un posible impacto en el mercado cambiario. La reducción del déficit fiscal y la generación de un superávit fiscal para compensar el impacto de la bonanza petrolera es una medida que tarde o temprano debe tomarse para evitar incurrir en la ten temida enfermedad holandesa. El gobierno y el Banco de la República deben actuar de manera concertada para poder lograr el ajuste al menor costo. Si el endeudamiento externo público o privado aumenta en forma excesiva y con esto se revalúa el peso es por que la política macroeconómica ha hecho más atractivo endeudarse en el exterior. No es lógico tratar de distinguir, como lo hizo el Ministro de Hacienda entre el uno y el otro, asignando el papel de malo de la película al sector privado. El aumento del endeudamiento no es sino la respuesta lógica a unas condiciones creadas por las autoridades económicas. El revertir estas medidas es lo que hay que hacer. Si el endeudamiento en Colombia se vuelve atractivo, el sector privado reducirá su endeudamiento externo y contribuirá de esta manera a reducir la presión sobre el peso. 


    La recuperación de la credibilidad es algo mucho más difícil de alcanzar. Las actuaciones del gobierno en materia económica son vistas con gran desconfianza por el público. La tendencia natural de un gobierno al optimismo ha sido exagerada en esta Administración. El público ya no cree en lo que le dicen. Los analistas económicos ya no se creen el cuento de que Colombia es un ejemplo para imitar en América Latina. Las tasas de crecimiento son más bajas que en el resto del continente, la inflación es de las  más altas y el desempleo está llegando a niveles preocupantes.  Mientras no reconozcamos que el ajuste necesario en la economía es penoso y que debemos tener el valor de pagar su costo, cualquier reactivación será transitoria. Lo peor que le podría pasara a la economía colombiana es que se reactivará la economía artificialmente en   esta época electoral y que le quedará como herencia a la próxima administración una economía totalmente descuadernada.

  • Lecciones del manejo económico de los últimos treinta años.

    Los comentaristas económicos por estar pendientes de la actualidad muchas veces pierden perspectiva de las fuerzas que moldean el desarrollo del país. Para poder entender lo que acontece en el país es entonces necesarios mirar lo ocurrido a lo largo de un período largo. Gracias al trabajo de Jorge García y Sisira Jayasuriya que lleva el sugestivo nombre de “Al borde del abismo y posponiendo la prosperidad”  es posible, al fin de una larga espera, contar con un tratamiento serio  sobre las políticas económicas colombianas. Como lo mencione en una columna escrita en el diario la Prensa en marzo de 1991, este trabajo es un magnífico ejemplo de la utilización de la teoría económica moderna para el análisis del impacto de las políticas económicas en el  desarrollo colombiano.

    El trabajo de Jorge García trata en profundidad el impacto de la política, fiscal, monetaria, cambiaria y salarial de los últimos treinta años. Además de presentar un acervo importante de estadísticas muy meticulosas sobre este período, el libro llega a importantes conclusiones que deberán ser tenidas en cuenta sobre la política económica es conveniente divulgar las conclusiones de tan importante trabajo.

    La primera conclusión del trabajo de Jorge García se relaciona con la política fiscal. Según el estudio, “es necesario evitar el déficit fiscal. Como han descubierto los colombianos, aún déficit pequeños pueden generar inflación, déficit en la cuenta corriente y reducir las tasas de crecimiento.” Esta posición sustentada por un trabajo serio, basado en la construcción meticulosa de series fiscales pone en serias dudas la bondad de las propuestas hechas por algunos de los miembros de la comisión de gasto público.
    La segunda conclusión del trabajo comentado se refiere a la política cambiaria. Según el trabajo,  “tratar de alcanzar un objetivo de tasas de cambio real para estimular las exportaciones puede introducir rigideces en el manejo macroeconómico. Estas metas pueden prevenir la liberación del comercio exterior debido a que el nivel deseado de la tasa de cambio real puede ser muy bajo y entrar en conflicto con el equilibrio en cuenta corriente; igualmente malo, estas metas pueden forzar la utilización de instrumentos menos apropiados para prevenir la apreciación del peso cuando la economía se vea  sometida a una entrada de capitales.” El estudio presenta un permanente conflicto entre diferentes alternativas de política en donde la política cambiaria entra en contradicción con la estabilidad de precios.

    La tercera conclusión del libro comentado tiene que ver con la utilización de la política cambiaria como único elemento para orientar la economía hacia el exterior. En palabras de los autores: “la política cambiaria no puede remplazar la liberación del comercio para lograr un promoción de exportaciones. Una devaluación nominal, por ejemplo, no afectará el precio relativo en una manera permanente a menos que se acaben con las restricciones al comercio.”

    La cuarta conclusión se refiere al manejo de las bonanzas. En el libro se afirma: “el gobierno debe actuar cautelosamente cuando ocurren los shocks externos favorables. Un aumento temporal de precios de los productos básicos no debe desembocar en una orgía de gasto público, que sería difícil de revertir cuando la bonanza de los precios pase.” Esta sabia recomendación no debe echarse en saco roto y menos por un gobierno que está empeñado en gastarse por anticipado todas las bonanzas de los recursos naturales. 

    La quinta conclusión debe ser tenida en cuenta en momentos en los que muchos analistas le achacan la crisis actual al cambio de modelo económico. Según el libro: ‘el manejo de las crisis y las medidas de  ajuste deben buscar extender antes que reducir la flexibilidad de la economía. A pesar de algunas medidas restrictivas, la economía colombiana se movió hacia menores restricciones y niveles moderados de distorsiones creadas por la política económica en los setentas. Esta estrategia sirvió de base para el crecimiento sostenido de los últimos años 60s y los primera mitad del setenta. Debido a que el país no continuó con la liberalización del comercio exterior, el rápido crecimiento de las exportaciones cesó y el crecimiento de largo plazo se desaceleró”. Los candidatos a la presidencia deben tomar atenta nota de esta recomendación para ofrecer en su programa de gobierno una segunda dosis de reformas estructurales que permitan acelerar el crecimiento económico.

    La última lección de la experiencia colombiana tiene que ver con la importancia de una buena política social. “El crecimiento sostenible requiere de una estabilidad social y política que a su vez depende de políticas  sociales  apropiadas. Esperamos que la experiencia futura de Colombia demuestre esto en una forma positiva.” Los eventos recientes ocurridos durante esta Administración han mostrado, de una manera negativa la importancia de contar con un gobierno que sea respetado y que lleve a cabo verdaderas políticas sociales. La grave crisis de gobernabilidad de la presidencia de Samper ha puesto de manifiesto el grave impacto negativo de un mal gobierno en la economía. Esperamos que la próxima administración pueda mostrar la importancia para la economía de un buen gobierno.

    Este importante libro llega en buen momento. El debate sobre las políticas económicas se fortalece con un trabajo de tan excelente calidad. Los académicos y los políticos deben leer con cuidado este documento que resume el metódico trabajo de uno de los más importantes investigadores de la realidad colombiana.
  • La inflación sigue alta a pesar de todo

    Los periódicos de esta semana muestran que Colombia no solo ha bajado en su nivel futbolístico sino que también en el manejo económico de la inflación está disputándose el último lugar con Venezuela. Las Autoridades Económicas al igual que el bolillo Gómez no han podido cumplir las metas que se han fijado. La inflación sigue por encima de la meta trazada al comienzo del año y por lo visto en los últimos meses, va a continuar por encima del dieciocho por ciento. Si se mantienen las tendencias recientes, en donde las cifras del noventa y siete son un fiel reflejo de las del noventa y seis, la inflación a diciembre estaría por encima del 18,5 por ciento.


    Una inflación tan alta como la registrada en los últimos meses debe ser motivo de honda preocupación. El aumento de precios domésticos unido a una estabilidad en la tasa de cambio está volviendo la producción colombiana menos competitiva. Cada vez es más notoria la gran sobre valuación de la moneda colombiana. Los precios de los artículos manufacturados están cada vez más lejos de los producidos en el exterior. Las comparaciones entre los productos colombianos y los extranjeros son cada día más odiosas. Cuando uno va a los centros comerciales y pregunta por el precio de los vestidos le dan ganas de salir a Miami a aperarse. Esta simple comparación de precios lo convence de que hoy como hace quince años el Emperador no se esta vistiendo con ropas colombianas. 


    La falta de competitividad colombiana se manifiesta en muchos más frentes. Las comparaciones siguen siendo odiosas cuando uno mira los precios y calidades de los servicios suministrados a las familias colombianas. La televisión por cable, que hoy en día es un artículo de consumo popular que no puede ser gravado con el IVA, tiene precios muy superiores a los que uno ve anunciados en los Estados Unidos. Por el precio que se paga en Colombia, el televidente americano recibe todos los canales que aquí se cobran por aparte. Cuando se olvida que está en recesión y se decide ir a uno de los restaurantes famosos, encuentra que con lo que paga aquí hubiera podido asistir a un  restaurante de primera en cualquier parte del mundo, obteniendo además un servicio mucho mejor.


    Además de la pérdida de competitividad, una tasa de inflación tan alta se convierte en un freno a la baja en las tasas de interés. La tasa de interés puede bajar por dos razones. La primera, es  una reducción en la tasa de interés real y la segunda es una reducción en las expectativas de inflación. La reducción en la tasa de interés real solo se puede esperar por una desaceleración mayor de la economía o por una disminución del déficit fiscal. Ambas posibilidades deberían descartarse en estas épocas pre-electorales pues el gobierno está interesado en ampliar el déficit fiscal y en reactivar la economía. Por tanto, en estos momentos, la reducción en las expectativas de inflación se convierte en la  única esperanza para la reducción de las tasas de interés.


    Al ritmo que ha venido descendiendo la inflación, la expectativa de una fuerte reducción es prácticamente nula. Más aún, la aceleración de los precios al productor están dando la señal contraria. El crecimiento más rápido de los precios al productor que el de los precios al consumidor no solo reflejan una disminución de la rentabilidad de la actividad productiva sino que muchas veces son el mejor indicador de los precios futuros al consumidor. Esto quiere decir que la aceleración de los precios al productor está indicando una futura aceleración del IPC, lo que indudablemente debería reflejarse en un aumento en las expectativas de inflación y consecuentemente en un aumento en las tasas  nominales de interés


    Las altas tasas de inflación son preocupantes en la situación colombiana pues se han dado en forma simultánea con una fuerte desaceleración de la economía. La reducción de un punto porcentual por año es muy poco cuando el crecimiento de la economía ha caído en casi cuatro puntos porcentuales.  Estas cifras son demasiado elevadas, pues en una economía como la norteamericana una reducción de la actividad económica de esta magnitud se vería reflejada en una reducción de varios puntos porcentuales. Una reducción tan drástica en la demanda agregada debería haber llevado a la economía a una inflación de un solo dígito.


    La conclusión del análisis anterior es bastante obvia. El problema de la inflación en Colombia es cada vez más serio y no se puede seguir tratando como hasta ahora. Hemos perdido demasiado tiempo en este juego de bajar la inflación sin querer queriendo. Lo que se requiere ahora es convertir en prioritaria la lucha contra la inflación. Esta es una guerra que no podemos perder. 
  • Diferentes visiones de la política fiscal

    Las discusiones sobre la conveniencia de un aumento de los impuestos en épocas de recesión dejan perplejos a gran parte de los observadores. El hombre de la calle se pregunta: ¿Cómo es posible que destacados economistas no se puedan poner de acuerdo en un tema tan sencillo? Muchos se acuerdan de su primer maestro de economía que en el curso de principios les enseñó que la política fiscal era un instrumento apropiado para estabilizar la economía. En ese primer curso, se enseñaba que si la demanda agregada era baja debería establecerse una política fiscal que estimulará la economía. Los aumentos de impuestos solo se justificaban para casos en los que la economía se encontraba recalentada y que por lo tanto lo que se buscaba era lograr un control sobre el crecimiento de los precios.

    A medida que se avanzaba en el estudio de la economía las respuestas se complicaban y ya no era tan sencillo saber si el estímulo fiscal era adecuado. En efecto, cuando se consideraba el caso de una economía abierta, la situación era más compleja pues la conveniencia de reactivar la economía mediante un estimulo fiscal podía llegar a ser inconveniente. El estímulo a la demanda agregada podría ser inadecuado cuando se presentaba un desequilibrio en el sector externo. En las economías abiertas el aumento de la demanda agregada se convierte en un aumento en las importaciones y en una disminución de las exportaciones. El deterioro de la balanza comercial de un país es muy grave cuando ocurre en circunstancias como las actuales en las que se presenta un déficit externo. Por tanto, el impulso fiscal no es recomendable cuando el sector externo está en desequilibrio pues puede acelerar la crisis cambiaria. En estas circunstancias el dilema es bien complejo se da un impulso fiscal a la economía para mejorar el llamado balance interno o se mantiene una política de austeridad para alcanzar el equilibrio externo. 

    De lo anterior puede concluirse fácilmente que en casos en los que el estímulo a la demanda agregada afecta desfavorablemente el balance externo es necesario complementar el manejo de la demanda agregada con medidas que tiendan a mejorar el equilibrio externo. Como se ve en los cursos intermedios de teoría económica, en estas circunstancias se deben tomar medidas complementarias en el frente cambiario que alivien las presiones sobre el balance externo. En algunas circunstancias el paquete de medidas adecuado puede contener una fuerte devaluación acompañada de un ajuste fiscal importante. La eficacia de esta fórmula para el caso colombiano se mostró claramente cuando Roberto Junguito fue Ministro de Hacienda. En 1985 se logró el equilibrio de la economía mediante una fuerte devaluación del 45 por ciento en un año y un aumento en los impuestos. Los ajustes realizados durante la Administración Betancur sirvieron para devolver la economía colombiana a su senda de crecimiento. 

    De lo anterior se puede concluir que en algunas ocasiones una aumento de impuestos si puede ser la receta adecuada para lograr el equilibrio macroeconómico, aún en circunstancias recesivas. En estos casos lo que se necesita es diseñar un paquete de medidas que permitan obtener simultáneamente los dos objetivos: el equilibrio externo y el equilibrio interno. No es posible llegar a conclusiones de la conveniencia de una medida solamente mirando si la economía está en recesión o no.

    Debe notarse que todas las consideraciones anteriores están basadas en la premisa de que la política fiscal es eficaz en su intento de estabilizar la economía. Los economistas han demostrado que esto no es cierto en dos circunstancias. La primera en un régimen de tasas de cambio flotantes, cuando existe movilidad infinita de capitales. En este caso los cambios en la política fiscal son contrarrestados por movimientos de capitales que tienen el efecto contrario. Los estímulos fiscales dan lugar a una revaluación de la moneda que reduce las exportaciones y aumenta las importaciones.

    El otro caso, que para algunos es apenas una posibilidad, ocurre cuando los agentes económicos tienen una visión nítida del futuro. En este caso, los consumidores y productores actúan mirando el efecto de largo plazo. Estos agentes saben que si un déficit no se financia mediante impuestos sino mediante endeudamiento del gobierno y que por lo tanto el no hacer el ajuste fiscal en este momento lo único que va a pasar es que el ajuste se debe hacer en el futuro. Los agentes económicos en estas circunstancias actúan racionalmente disminuyendo su consumo y ahorrando para poder pagar los mayores impuestos necesarios cuando el gobierno decida realizar el ajuste fiscal. 

    Esto quiere decir que el efecto recesivo causado por una disminución de la demanda agregada se da aún si no se aumentan los impuestos. La economía no se estimula con los déficit fiscales pues los agentes ven más allá del efecto de corto plazo y guardan su plata debajo del colchón para poder pagar el incremento de los impuestos en el futuro. En este mundo descrito por los destacados economistas David Ricardo y Robert Barro los déficit no estimulan la economía y por lo tanto en él la controversia planteada en Colombia sobre la conveniencia de un ajuste fiscal en una época de recesión no tiene sentido alguno. 

     De todo lo anterior debe quedar claro que muchas de las controversias entre economistas se deben a diferencias en las premisas adoptadas. Las conclusiones válidas para una economía cerrada no lo son para una economía abierta. Lo que es válido para agentes ultrarracionales que ven el futuro con absoluta claridad y que toman las mejores decisiones en un horizonte de largo plazo no lo es para agentes que tienen un horizonte de más corto plazo.

  • Una luz en las tinieblas

    Si la situación económica no ha llegado a extremos graves
    es porque afortunadamente el gobierno central ha perdido el monopolio del
    manejo económico.
    La Administración Samper no ha podido cumplir ninguna de sus
    promesas.  Las políticas económicas
    adoptadas no han tenido el efecto deseado. 
    Su plan de empleo no se ha cumplido ni siquiera en la cuarta parte.  El pacto social no ha logrado cumplir con su
    meta del dieciocho por ciento pues la inflación continua por encima del veinte
    por ciento.  El sano equilibrio de las
    finanzas no se ha podio lograr y el gobierno ha tenido que apelar a una nueva reforma
    tributaria con el fin de tapar el inmenso hueco fiscal dejado por un ambicioso
    plan de desarrollo.  El clima de los
    negocios y la confianza en el gobierno han entrado en barrena.  Los indicadores económicos cada vez son más
    negativos.
    Paradójicamente, el único logro ha sido el frenar la devaluación real
    del peso que, en realidad, es un reflejo de la desconfianza que tiene el
    público en las políticas del gobierno y que refleja más bien el manejo que le
    ha dado el Banco de la República a las políticas monetaria y cambiaria y que
    muestra las bondades de contar con un Banco de la República independiente que
    no ha sido afectado por el desprestigio de la Administración Samper.
    Si la situación económica no ha llegado a extremos graves es porque
    afortunadamente el gobierno central ha perdido el monopolio del manejo
    económico.  La descentralización y las
    reformas al Banco de la República han recortado los poderes omnímodos del
    gobierno central y, por tanto, han hecho menos vulnerable a la economía
    colombiana a una crisis política.  Los
    cambios institucionales han introducido elementos estabilizadores que dan una
    mayor confianza al sector privado.  En
    estas circunstancias, los cambios que puedan ocurrir en el gobierno nacional no
    tienen porque afectar ni a la autoridad monetaria ni a los departamentos y
    municipios.
    En estas circunstancias lo que se requiere es un gran esfuerzo por parte
    del Banco de la República y de los gobiernos locales para dar un ejemplo de
    manejo serio y responsable.  Los
    gobiernos locales tienen que mejorar su eficiencia sin apelar al fácil
    expediente de subir los impuestos para financiar un aparato totalmente
    ineficiente.  La autoridad monetaria
    tiene que obrar con mucho tino para evitar que la falta de confianza en el
    gobierno central lleva a la tan temida recesión.
    En estas circunstancias en
    que se ha perdido la confianza en el gobierno es preciso tener especial cuidado
    en el campo de la política cambiaria.  El
    dólar ha superado la barrera psicológica de los mil pesos sin que se haya logrado
    una estabilidad de precios.  La posibilidad
    de usar una paridad fija con relación al dólar se ha perdido pues a nadie en su
    sano juicio se le ocurriría en estas circunstancias recomendar una congelación
    de la tasa de cambio pues cualquier beneficio que se lograra en el frente
    inflacionario se perdería en el campo de la competitividad pues el peso en muy
    poco tiempo se sobre valoraría lo que llevaría a una pérdida de competitividad
    y a una crisis cambiaria.
    En estas circunstancias lo que se requiere en el frente cambiario es un
    cambio en la banda cambiaria buscando que el actual valor del peso quede en el
    punto medio de la banda.  La razón
    principal de este cambio es evitar que cualquier fluctuación en la cotización
    del dólar tenga efectos importantes en el frente monetario.  El estado de la economía no permite que una
    demanda transitoria de dólares tenga efectos nocivos como un aumento en la tasa
    de interés.  La recuperación del margen
    de maniobra en el frente cambiario por parte del Banco de la República es clave
    en este momento en el que se prevé una devaluación en Venezuela.
    La eliminación de las tasas de cambio múltiples en especial el cobro de
    un diez por ciento de retención a las exportaciones de servicios es muy
    conveniente en momentos en los que cualquier evento puede romper el precario
    equilibrio entre la oferta y demanda de divisas.  La eliminación de esta retención en la fuente
    puede contribuir a unir dos segmentos del mercado en los que hoy en día existe
    una diferencia del cinco por ciento.  La
    integración del mercado cambiario no solo mejora la eficiencia sino que,
    además, puede contribuir a una pequeña disminución en la inflación como
    consecuencia de una moderación en el crecimiento del dólar oficial.
    En estos momentos tan difíciles para el país lo que realmente se
    necesita es que las autoridades que tienen algo de credibilidad ejerzan su
    liderazgo.  El pueblo colombiano espera
    que el Banco de la República y los gobiernos locales que todavía conservan la
    legitimidad de su mandato llenen el vacío que ha dejado la crisis en el gobierno
    central.

  • ¿Quién tiene la razón: David Ricardo o Michael Porter?

    Los seis años de apertura han producido la evidencia necesaria para
    comenzar a dilucidar cual de las dos teorías tiene más validez.
    Los defensores del modelo de desarrollo hacia dentro siempre han
    sostenido que un país en vía de desarrollo debe mantener altas barreras
    arancelarias para poder competir en la economía mundial pues consideran que si
    se abre la competencia los productores nacionales perderán ante la superioridad
    manifiesta de los productores extranjeros. 
    Similar posición han sostenido algunos de los grandes teóricos de la
    Administración como el Profesor Porter, quien ha tratado de convencernos que
    para poder competir en el Ámbito mundial las empresas y los países deben acabar
    con las desventajas competitivas que les impiden tener éxito en una economía
    global.
    Por el contrario, los economistas y muchos de los partidarios de la
    apertura han venido sosteniendo un concepto mucho más sofisticado.  Los países y las firmas pueden competir a
    escala mundial si se especializan en la producción de los bienes y servicios en
    los que tienen una ventaja comparativa. 
    Tal como lo mostró David Ricardo, un país que tenga una desventaja a
    absoluta en la producción de todos los bienes puede competir a escala mundial
    si se especializa en la producción de los bienes para los cuales sea menos
    malo.  No es necesario esperar a ser el
    mejor en todos los bienes o en algunos de ellos para poder sobrevivir en la
    competencia global sino que esto se puede lograr mediante la especialización en
    la producción de algunos bienes.
    Los seis años de apertura han producido la evidencia necesaria para
    comenzar a dilucidar cual de las dos teorías tiene más validez.  Lo sucedido con las ensambladoras de
    vehículos es bastante ilustrativo.  Los
    fabricantes de vehículos tradicionalmente han sido defensores de la protección
    a la producción nacional.

    Algunos de ellos han estado dispuestos a pagar un precio alto por el
    derecho a ensamblar vehículos en un mercado protegido.  Por ejemplo, la Renault, estuvo dispuesta a
    pagar una valor alto por las acciones de SOFASA bajo el supuesto de que la
    protección se fuera a mantener indefinidamente. 
    Cuando el gobierno decidió hacer la apertura los nuevos dueños de SOFASA
    considerando que las instalaciones colombianas eran menos productivas, se
    sintieron perjudicados y comenzaron a solicitar una indenmización por los
    posibles perjuicios ocasionados por la apertura de la economía colombiana.
    La realidad ha mostrado que las inquietudes de los nuevos dueños de
    SOFASA resultaron infundadas.  Las
    ensambladoras colombianas han progresado en los ú1timos seis años y la apertura
    les ha favorecido.  Los fabricantes no
    tuvieron que hacer inversiones cuantiosas para ampliar la capacidad de sus plantas
    a niveles de 300 mil unidades que ha sido considerada como el mínimo para
    competir en una economía global.  La
    respuesta de las ensambladoras esta más en línea con el principio de la ventaja
    comparativa pues se dedicaron a producir los vehículos en que su desventaja era
    menor en términos relativos, complementando su oferta con vehículos importados
    de otros países.
    Más aún, aprovecharon la gran
    ventaja que les daba una amplia red de distribución para competir con éxito con
    otros productores que ofrecían precios más favorables. En poco tiempo, estos
    productores que quisieron competir solo con el precio perdieron la pelea con
    las ensambladoras nacionales y aquellos importados que lograron montar una
    adecuada red de distribución.  Las
    ensambladoras lograron adaptarse al nuevo entorno mediante la especialización y
    la utilización del principio de la ventaja comparativa.
    Algunos productores que tenían un producto mejor lograron penetrar el
    mercado colombiano, pero para ello tuvieron que hacer inversiones considerables
    en montar una buena red de distribución y servicio que le garantizara al dueño
    del vehículo su inversión por muchos años.
    Otras experiencias exitosas confirman la validez del principio de la
    ventaja comparativa. El grupo Corona, fabricante de porcelana sanitaria
    aprovechó su amplio conocimiento del mercado de la construcción para ampliar
    sus actividades de distribución complementando su línea con artículos importados.  Los American Home Centers establecidos en
    Bogotá, ofrecen una amplia variedad de artículos de construcción y sirven como
    un canal de distribución de los principales artículos del Grupo Corona.
    El conocimiento del mercado y los contactos con los minoristas también
    han resultado factores claves del éxito para muchos productores de
    alimentos.  En lugar de ponerse a hacer
    cuantiosas inversiones para competir con los fabricantes a escala mundial
    muchos de los productores como Rica Rondo o Nestlé se han concentrado en algunas
    de sus líneas y han importado productos de la competencia que distribuyen a
    través de sus propios canales.
    La apertura económica ha permitido a muchas fábricas que poseían una
    gran fortaleza en el mercadeo especializarse en estas labores y ampliar su
    presencia mediante la distribución de productos importados que aparentemente
    iban a acabar con la producción nacional. 
    Los consumidores han ganado pues ahora tienen unos productores que han
    mejorado su eficiencia mediante mejoras en la productividad lograda a través de
    inversiones mejores y más moderna fábricas y a través de una juiciosa
    especialización en las actividades en que poseen una ventaja comparativa.