Category: Subastas

  • La exención al pico y placa en Bogotá: cinco puntos a considerar desde la teoría y la práctica

    La exención al pico y placa en Bogotá: cinco puntos a considerar desde la teoría y la práctica

    La Administración Distrital de Enrique Peñalosa
    Londoño con el
     deseo de mejorar los
    ingresos fiscales destinados
      a
    solucionar los problemas de movilidad de los bogotanos, está proponiendo
     un mecanismo innovador para las personas que
    utilizan automóviles particulares puedan circular durante todas las horas del
     días sin estar sujetos  a la restricción de pico y placa. El Alcalde
    Peñalosa ha dicho que este beneficio se puede obtener siempre y cuando el dueño
    de un vehículo particular realice un pago anual adicional a los impuestos
    vigentes.
    [1]
    El debate en los medios de comunicación y en las
    redes sociales sobre la conveniencia de esta medida, así como sus pros y sus contras,
    ya comenzó. El Tiempo en su editorial
    del día 12 de mayo de 2016 sostuvo que está medida puede cumplir el propósito
    de generar algunos recursos adicionales para mejorar el transporte público capitalino,   que
    puede tener éxito advirtiendo que:  “Limitar
    o pagar por el uso de las vías a cualquier hora siempre resultará antipático, a
    menos que la ciudadanía sienta que hay una estrategia clara que prioriza medios
    alternativos de movilidad y dignifica a los usuarios de a pie. Y en la
    Administración está buena parte de los estrategas que más saben del tema.”


    Con el ánimo de contribuir al debate, a
    continuación haré cinco observaciones desde la teoría y la práctica que pueden aportar
    elementos adicionales a esta discusión.
  • Absurdos económicos

    El Ministerio de Comunicaciones adjudicó en días pasados cien emisoras de frecuencia modulada. Al presentarse algunas fallas en el proceso licitatorio, el Ministro tuvo que hacer la selección de los beneficiados. Sin entrar a analizar los posibles efectos que tiene una asignación a dedo sobre la libertad de expresión es conveniente analizar este tipo de procesos desde el punto de vista económico.


    Como lo enseñan los libros de textos, la economía “es el estudio de la manera en que  la sociedad decide utilizar los recursos productivos escasos que pueden utilizarse con distintos fines para producir mercancías de diferentes tipos y distribuirlas entre los diferentes grupos”, y por lo tanto la decisión de asignar un bien escaso como las estaciones de F M es de la esencia misma de la ciencia económica. Los libros de texto nos enseñan, también, que el mercado a través del sistema de precios asigna los recursos de la sociedad de manera óptima. Mediante el sistema de mercado los bienes escasos quedan en manos de los que están dispuestos a pagar más por ellos obteniéndose una solución eficiente en la que no es posible mejorar a alguien sin desmejorar a otra persona. 


    La recomendación obvia de un economista para la asignación de las estaciones de frecuencia modulada no puede ser más sencilla. Hacer una subasta entre los interesados para determinar quien está dispuesto a pagar más por las emisoras y asignárselas a estos considerando que los que pujen más por las emisoras serán aquellos que posean los mayores talentos para su operación. Ningún economista que se respete se atreverá a pensar que un Ministerio tenga mejor criterio que el mercado y por lo tanto descartará de plano una adjudicación a dedo como la que operó en el caso colombiano. 


    La asignación a dedo de las emisoras de frecuencia modulada no solo es ineficiente sino que resulta en grandes injusticias. El cobrar un precio por debajo del valor es un subsidio implícito, por tanto el regalarle las emisoras a destacados periodistas no es otra cosa que un subsidio de monumentales proporciones. Si aceptamos lo dicho por el periódico El Tiempo, el valor comercial de la licencia para una emisora en Bogotá es un millón y medio de dólares y por lo tanto los favorecidos en la adjudicación han recibido un subsidio equivalente a casi nueve mil salarios mínimos mensuales. Por una decisión administrativa, los afortunados adjudicatarios recibieron en un momento lo que una familia obrera se gana en 365 años.


    A nadie escapa que un programa de subsidios de esta magnitud sería altamente cuestionable en cualquier parte, aún si se hiciera al azar. Pero darle el subsidio a los mayores grupos económicos  del país para agravar la pésima distribución del ingreso es una grave afrenta a la sociedad colombiana.  Pero más aún, en circunstancias como las actuales en las que se habla de una inminente crisis fiscal, andar regalando los activos de nación al mismo tiempo que se están aumentando los impuestos es el síntoma más claro de la falta de sindéresis de un gobierno. 


    Como al que no quiere caldo se le dan dos tazas, al pobre colombiano se le ofrece más de lo mismo. El gobierno ha vuelto a abrir una nueva licitación para asignar 81 nuevas emisoras de FM. Otra vez se cae en el error de otorgar un recurso valioso a unos pocos afortunados a quienes se les va a dar un subsidio monumental, otra vez se continúa con el proceso de concentración en el ingreso y se fortalece el poder de los grandes grupos económicos dándoles mas poder en los medios de comunicación. 


    Más aún, al pasar la ley Daniels la revisión de constitucionalidad el reparto del estado se ha ampliado a los canales públicos. Los noticieros de televisión, otro recurso escaso se adjudicarán a dedo y servirán para pagar los favores recibidos por el ejecutivo. Los periodistas amigos del régimen obtendrán su jubilación que les permitirá gozar de los placeres de la buena mesa en el dorado exilio que comenzará el ocho de agosto de 1998. 


    La repartición de los bienes del estado entre los favoritos de un régimen debería eliminarse. Las leyes deberían incorporar como único medio de asignación de los recursos escasos una verdadera subasta entre los interesados. El ordenamiento legal debería, además, dejar muy claro que los que han pagado por el derecho a utilizar los bienes del estado tienen un derecho que no puede ser conculcado por una ley. Si nuestro ordenamiento legal no es claro en lo que se refiere al respeto de los contratos la posibilidad de contar con inversión extranjera es mínima. Si Colombia no moderniza sus instituciones  y las pone a tono con las de los  países industrializados, el despegue hacia el crecimiento se demorará indefinidamente.
  • Los noticieros de televisión de nuevo son noticia

    La manera de evitar
    problemas en la adjudicación de los espacios de televisión es a través de un
    mecanismo que permita asignar los recursos escasos a los que están dispuestos a
    pagar más.
    Cuando el Presidente
    Gaviria adjudicó los noticieros, Francisco Santos escribió una columna en la
    que denunció un tratamiento favorable a algunos de los principales
    contribuyentes a su campaña. Esta columna dio origen a diversos comentarios y
    sirvió de base para una investigación de la procuraduría que finalmente no
    concluyó en nada. Aprovechando la oportunidad brindada por la columna de
    Francisco Santos expuse nuevamente algunas de las ideas que he sostenido sobre
    la absurda manera como se adjudicaban los noticieros y demás programas de
    televisión.
    A nadie escapa que el
    privilegio de poder utilizar una franja de alta sintonía para transmitir
    noticias tiene un importante valor económico. Un noticiero bien manejado genera
    ingresos por encima de los gastos incurridos en su elaboración y permite a sus
    dueños disfrutar de unas ganancias importantes. Fuera de estos beneficios
    económicos, el concesionario puede llegar a tener una influencia decisiva en la
    política y gozar de un reconocimiento popular. El poder de una administración
    que tiene en sus manos la adjudicación de espacios de televisión y de unas
    frecuencias de radio es mayor que la de una a la que no puede adjudicar estos
    recursos escasos.
    El efecto económico de
    la adjudicación de estos recursos escasos tiene dos consecuencias diferentes
    desde el punto de vista económico. En primer lugar, si el adjudicatario no paga
    el verdadero valor económico el gobierno está haciendo una transferencia de
    recursos importante a sus amigos que por lo general no son los más necesitados.
    Esta asignación se puede convertir en una manera disfrazada de pagar el apoyo
    político pues el criterio de adjudicación muchas veces es el de compensar a los
    que más contribuyeron a la campaña del presidente de turno.
    Por otra parte, la
    adjudicación a dedo, por lo general no es hecha a los más capaces sino que se
    hace a los amigos más cercanos que no siempre son los mejores empresarios de
    televisión. El público tiene que pagar el favoritismo del mandatario de turno
    soportando una programación pobre en la que predomina la defensa del mandatario
    de turno que hizo famoso al llamado noticiero lambicolor.
    La manera de evitar estos
    dos problemas es a través de un mecanismo que permita asignar los recursos
    escasos a los que están dispuestos a pagar más por los espacios de televisión.
    Al igual que se hizo con la telefonía celular los futuros concesionarios deben
    hacer una oferta escrita en la que manifiesten lo que están dispuestos a pagar
    por cada uno de espacios disponibles. El que haya hecho la oferta más alta
    obtiene la concesión. De esta manera no solo no se está pagando por favores
    recibidos y fomentando el clientelismo sino que el público va a tener la mejor
    programación, pues es de suponer que quien está dispuesto a pagar más por un
    espacio tiene las cualidades requeridas para hacer el mejor noticiero.
    El adjudicar los
    noticieros de televisión por el método de subasta además de tener unas
    propiedades atractivas desde el punto de vista de la teoría económica puede ser
    una solución de compromiso entre los partidarios de la revocatoria y los
    defensores de la situación actual. En efecto, los buenos noticieros y en
    especial los que han hecho inversiones considerables estarían dispuestos a
    hacer una oferta más alta que la de los amigos del régimen pues, no solo
    cuentan con la experiencia sino que sus instalaciones se han amortizado en
    estos seis años. Por otra parte, los amigos del Presidente Samper que
    verdaderamente saben hacer televisión podrán ganarse el derecho ofreciendo una
    cifra justa por el espacio que pretendan.

    La confusión creada por
    los representantes amigos de Samper podría ser la ocasión para que la
    adjudicación de los recursos escasos del gobierno se haga por medio de una
    verdadera licitación lo que aseguraría una solución que cumpla con los
    objetivos de eficiencia y equidad. 
  • ¿Quién da más o quién dió más?

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    Los mejores espacios de televisión, son asignados a los más
    allegados a los gobernantes de turno. Cómo lo ha manifestado recientemente
    Francisco Santos, en su columna de El Tiempo, el asignar un buen espacio al
    mayor financiador de la campaña no es algo que nos pueda hacer sentir
    orgullosos.

    En el último número de
    la revista Business Week, en una pequeña nota, se comentan los problemas que ha
    tenido la asignación de las frecuencias para los sistemas de teléfonos
    celulares en los Estados Unidos. A mediados de los ochenta, la FCC realizó una
    lotería entre ricos solicitantes; los médicos, abogados y otros profesionales
    que tuvieron la buena suerte de ganarse las licencias, las vendieron por varios
    millones de dólares a las empresas que querían montar sistemas celulares.

    Recientemente, se ha
    vuelto a repetir la lotería de las frecuencias con resultados igualmente
    criticados. El Presidente de la agencia encargada de la regulación de las comunicaciones
    ha sugerido que en lugar de este procedimiento se adopte uno como el que hemos
    venido recomendando en estas columnas, para la adjudicación de los espacios de
    la televisión colombiana.

    El procedimiento
    consiste en subastar los recursos escasos (frecuencias para los sistemas
    celulares o los espacios de la televisión), asignándolos al que ofrezca el
    mayor precio por ellos. La gran ventaja del mecanismo de subasta es, que el
    dinero que los empresarios están dispuestos a pagar por los recursos escasos va
    al bolsillo que toca y no queda en el de unos afortunados que se ganaron la
    lotería. Esta injusta distribución de los beneficios se ha pensado eliminar en
    los Estados Unidos mediante cambios en la legislación que se piensan estudiar
    en este otoño.

    Si la introducción de
    mecanismos de subasta se presenta como una alternativa muy interesante en los
    Estados Unidos, su adopción para la asignación de los espacios de la televisión
    colombiana tendría ventajas adicionales.

    En los Estados Unidos
    la asignación se hace por una lotería mientras que en Colombia se hace a dedo.
    Los mejores espacios son asignados a los más allegados a los gobernantes de
    turno. Cómo lo ha manifestado recientemente Francisco Santos, en su columna de
    El Tiempo, el asignar un buen espacio al mayor financiador de la campaña no es
    algo que nos pueda hacer sentir orgullosos.

    Adicionalmente, en Colombia los espacios no pueden ser negociados
    libremente. En los Estados Unidos los que se ganan la lotería tienen la entera
    libertad de vender los espacios. La empresa que piense que puede prestar el
    mejor servicio buscará comprar la frecuencia y estará dispuesto a pagar el
    máximo por la frecuencia. A través de este libre intercambio, las frecuencias
    quedarán en las manos de los más capacitados.

    En Colombia, por el
    contrario, los programas quedan en la mano de los afortunados
    “licitantes”. Como no es muy claro que los que contribuyen más a las
    campañas presidenciales sean los mejores para realizar programas de televisión,
    el sufrido televidente tiene que aguantarse a los Juan Guillermo Ríos.

    Como economista, yo le
    aconsejaría al gobierno que en el futuro las licitaciones se conviertan en
    verdaderas subastas. Por el momento, como televidente, le pediría que
    permitiera vender el privilegio que se les otorgó a los licitantes.
  • Televisión: Licitar de Verdad

    El
    divertido Extra-Terrestre contribuye a mejorar la audiencia del hombre de las
    nieves amigo de Generoso el Guajiro
    .
    La principal diversión
    de los colombianos es la televisión. De acuerdo con el estudio de ANIF sobre
    uso del tiempo en Bogotá, las mujeres mayores de 18 años dedican
    aproximadamente dos horas de su tiempo a ver televisión los días laborales.
    Aunque un poco menos apegado al televisor, el bogotano promedio ve 100 minutos
    de televisión entre semana, 137 minutos el sábado y 170 minutos el domingo.
    Este pasatiempo es de común ocurrencia pues tres cuartas partes de las
    bogotanas mayores de 18 años y un poco más de las dos terceras partes de los
    bogotanos ven televisión. Por cada bogotana que lee periódicos existen 15 que
    ven televisión.
    La vida diaria de los
    economistas como el del resto de los mortales gira muchas veces en torno a la
    televisión. Los programas de televisión y el estado del tiempo son temas
    obligados de conversación en las reuniones. El último remedio para animar las
    conversaciones suele ser la última telenovela. Los dichos de los personajes de
    la televisión se vuelven populares entre los colombianos y forman parte de su
    lenguaje escrito y hablado.
    Por el contrario, la
    televisión no aparece casi en la vida profesional del economista. Las columnas
    semanales que por lo general siempre tratan los mismos temas ignoran
    completamente todo lo relacionado con los medios de comunicación masiva en
    general y con la televisión en particular. La televisión por su parte les paga
    con la misma moneda pues ignora las noticias económicas. Como un intento de
    colonizar el campo de la televisión para la economía se harán algunas reflexiones
    sobre el tema favorito de muchos colombianos.
    La licitación de
    televisión que hace cada gobierno al comenzar su período de gobierno es un
    evento importante que suele decidir el futuro de las programadoras. La
    adjudicación de la licitación de turno es objeto de controversias y al igual
    que en las ferias cada uno habla como le fue en ella. El esfuerzo considerable
    de INRAVISION para seleccionar la mejor programación se pierde al poco tiempo
    pues se introducen tal cantidad de variaciones que al final cualquier parecido
    con la programación original es pura coincidencia.
    Aunque aún no es tiempo
    para hablar de la próxima licitación es conveniente ir haciendo algunas
    precisiones relacionadas con ella. La primera observación es la conveniencia de
    utilizar mecanismos de precios para asignar los espacios. Los cuadros de los
    grandes pintores no se adjudican al comprador potencial que presente la mejor
    propuesta del sitio donde lo va a exhibir sino a quien ofrece más por él. La
    manera actual de juzgar los méritos de algo que todavía no existe por parte de
    un jurado calificador es similar a elegir a las reinas de belleza a partir de
    las fotografías de sus madres. El adjudicar al mejor postor tendría beneficios
    para el Estado por que la puja por los espacios de mayor audiencia lograría
    indudablemente mayores ingresos. Las ganancias adicionales que hoy llegan a los
    afortunados que les han adjudicado un espacio de alta sintonía llegarían a las
    arcas del Estado.
    Si bien la línea
    general debería ser el asignar un espacio a quien esté dispuesto a pagar más
    por él, debería ponerse alguna salvaguardia en el tipo de programa que se puede
    transmitir en determinados horarios. Obviamente, el Estado también debe tomar
    medidas que le protejan en caso en que el espacio no tenga el éxito previsto.
    Una protección se lograría exigiendo suscribir pólizas que garanticen el pago
    cumplido. Sería conveniente además fijar un rating mínimo para cada programa y
    sacar de la programación aquellos que tengan un rating inferior al fijado. Esto
    permitiría asegurar que los ingresos de las programadoras van a ser suficientes
    para cubrir los pagos a INRAVISION.
    Por otra parte existen
    restricciones artificiales en cuanto se refiere a la programación que no tienen
    mucho respaldo económico. Existe prohibiciones que ignoran realidades
    económicas. Por ejemplo, el período de vacaciones de diciembre es una época de
    baja sintonía y como consecuencia de baja pauta. No se puede pretender que en
    esa época se pasen programas de alto costo. En esta época se debería permitir
    la posibilidad de pasar programas ya exhibidos anteriormente. Se debería
    establecer entonces temporadas de altas y bajas audiencias manejándolos de
    manera diferente. En Estados Unidos se reconoce que la televisión tiene
    diferentes audiencias durante el año. La temporada comienza en septiembre y se
    termina en abril y se permite repetir los programas durante los otros seis
    meses. Esto no solo reconoce un hecho sino que disminuye los costos de las
    programadoras por que obtienen dos programas por el precio de uno.
    La licitación debería
    permitir cierta flexibilidad en cuanto a las franjas propuestas. La razón
    básica para permitir este tratamiento más flexible es el arrastre que tiene un
    programa sobre el siguiente. Una programadora estaría dispuesta a pagar más por
    una franja continua que por espacios separados. Como muestran las cifras de
    audiencia los rating de una telenovela se mejoran cuando el programa anterior
    es atractivo. El divertido Extra-Terrestre contribuye a mejorar la audiencia
    del hombre de las nieves amigo de Generoso el Guajiro. Cuando las programadoras
    tienen espacios contiguos y pueden aprovechar los efectos del arrastre, los
    televidentes también ganan pues las programadoras pueden ofrecer espacios más
    atractivos.

    El enfrentamiento de programas
    debería reconsiderarse en la próxima licitación. Las cifras de los rating
    parecen mostrar que la audiencia total aumenta cuando existen dos programas
    fuertes enfrentados. La calidad de las películas del cine del Domingo mejoraron
    notablemente desde que se autorizó el enfrentamiento y la audiencia total
    aumentó.