Category: Jaime Castro

  • Cobrar y cobrar

    Para la Administración
    lo importante es cobrar a los dueños de los predios, a los dueños de los
    vehículos y a don Raimundo y a todo el mundo.
    Cuando nos disponíamos
    a gastarnos la plata de la prima de junio, nos sorprenden con la noticia de que
    en pocos días se va a comenzar el cobro de la valorización por beneficio
    general. Nos encontramos nuevamente frente a una situación en la que una
    Administración busca primero los recursos antes de decidir en que invertir. Han
    pasado tres años de discusiones jurídicas sin que se haya hecho un plan serio
    sobre las necesidades de transporte de la ciudad. Todo este tiempo se ha
    dedicado a discusiones jurídicas y políticas sin haber tenido en cuenta que
    para poder realizar las obras se necesitan estudios que fijen las prioridades
    de la ciudad.
    Más aún, por estar
    discutiendo sobre otros temas se ha olvidado que bajo un concepto de
    valorización, así sea por beneficio general, las obras y los cobros deben tener
    alguna relación. Para poder contar con el apoyo ciudadano, los bogotanos deben
    ver que los cobros de la valorización les van a reportar algún beneficio
    futuro, pues de otra manera lo que se está haciendo es incrementando un impuesto
    a los predios bogotanos.
    Parece claro que el
    gobierno bogotano no ha dedicado mucho esfuerzo a encontrar un plan de obras en
    el que la financiación y el beneficio estén ligados. Más aún, parece que la
    Administración ha considerado que esto no es importante. Para la Administración
    lo importante es cobrar a los dueños de los predios, a los dueños de los
    vehículos y a don Raimundo y a todo el mundo. Un día piensa que todos los
    costos deben ser asumidos por los usuarios y por tanto busca concesionarios
    para un sistema de transporte masivo que con tarifas puedan hacer todas las
    cuantiosas inversiones que se demandan en este tipo de transporte. Al otro día
    piensa que son los usuarios de los teléfonos los que deben pagar por las
    inversiones y la operación del deficiente sistema de semáforos.
    Como todas estas
    fuentes parecen insuficientes el funcionario de turno decide incrementar no
    solo los costos de poseer un vehículo sino también la tramitología, creando
    certificados de movilización, calcomanías para los carros matriculados fuera de
    Bogotá y nuevos números para los vehículos con placas negras. Como si todo esto
    no fuera suficiente se contempla como alternativa una sobretasa a la gasolina
    con el argumento de que en Colombia la gasolina es muy barata.
    Con tanta imaginación
    sobre fuentes de recursos para financiar un gasto prioritario uno pensaría que
    el tráfico bogotano debería ser el más fluido del mundo y que las calles de
    Bogotá y no las de San Francisco, serían la envidia de todo el mundo. La realidad
    cotidiana muestra todo lo contrario. Los huecos son tan abundantes que se han
    comenzado a privatizar. Los contratistas han encontrado que los dueños de
    muchas viviendas están dispuestos a pagar el arreglo de las calles. Los
    periódicos han encontrado fuente inagotable de noticias el mal estado de las
    vías y la congestión reinante en Bogotá. La radio tiene a diario su reporte
    sobre el tráfico en el que se anuncian que todas las calles tienen problemas.

    La oportunidad que se
    presenta en este momento en el que se van a recaudar tan importantes sumas no
    debería desaprovecharse. Las obras que se hagan deberían ser ampliamente
    discutidas y escoger las verdaderamente prioritarias. Busquemos que los que
    están haciendo el esfuerzo económico reciban al menos algún beneficio. Las
    universidades, los gremios, la Cámara de Comercio deberían convertirse en
    veedores de unas obras de tal magnitud. Al menos que nuestros pesos se
    inviertan bien y que mañana no tengamos que buscar a los pavimentadores para
    que nos arreglen las vías que utilizamos.
  • Sigamos el ejemplo de Castro

    El método propuesto por
    la Administración Castro en Bogotá, ha sido utilizado en el Brasil como una
    manera eficiente de hacer el autoracionamiento eléctrico.
    El pasado 19 de junio,
    la Administración distrital anunció que era necesario ahorrar agua. La poca
    intensidad del invierno en los meses de abril y mayo no permitió la
    recuperación de los embalses que sirven a Bogotá. Si en todos los años, se
    decía que en abril aguas mil, en 1992 parece que solamente llegamos a aguas
    quinientas pues apenas cayeron la intensidad de las lluvias llego apenas a la
    mitad de la habitual.
    Esta baja intensidad de
    lluvias dió oportunidad a que el Alcalde Jaime Castro ensayara un esquema
    bastante novedoso en el que se pretende racionar no a través de la fuerza bruta
    sino más bien a través del sistema de precios. Indudablemente, el esquema
    propuesto por el Alcalde de Santafé de Bogotá es un gran avance conceptual que
    debería ser imitado en el sector eléctrico.
    Como ya se ha dicho en
    repetidas ocasiones, es mucho más eficiente racionar por medio del sistema de
    precios que por medio de unos horarios de racionamiento. El grave problema del
    racionamiento de energía es, simplemente, una discrepancia entre la oferta y la
    demanda de energía eléctrica al precio existente. Esto se puede solucionar
    subiendo el precio del bien o mediante la asignación de las cantidades
    disponibles entre todos los consumidores mediante reglas arbitrarias.
    Hay dos grandes
    ventajas del racionamiento por precio. En primer lugar, la gente reduce
    selectivamente y de acuerdo con sus preferencias la demanda menos importante.
    Cuando el consumidor puede libremente elegir puede decidir si es mejor reducir
    el número de horas que ve televisión, el número de bombillas prendidas, la
    cantidad de ropa que pone en la secadora eléctrica o si más bien le baja la
    temperatura al agua con que se baña. 
    Además, cuando se aumenta el precio lo largo de todo el día el incentivo
    al ahorro se mantiene durante las 24 horas. Con el método seguido por el
    gobierno en el sector eléctrico, cuando llega la luz el subconsciente nos
    traiciona un poco y nos hace utilizar intensivamente la energía, para compensar
    la falta que hemos tenido. Si antes no veíamos televisión a las ocho de la
    noche, ahora se nos aumenta el apetito de ver el cuerpo ajeno o los
    inseparables.
    En segundo lugar, el
    precio alto de la energía incentiva a que las Empresas aumenten su oferta y a
    que los consumidores generen su propia energía o sustituyan su consumo por
    otros energéticos. Por ejemplo, con altos precios de la energía se vuelve muy
    atractivo calentar el agua en los edificios y conjuntos residenciales mediante
    el uso de calderas centrales. Esta posibilidad que se utiliza mucho en los
    Estados Unidos puede resultar muy atractiva si el precio de la energía
    eléctrica es suficientemente alto. Con precios altos es muy posible que todas
    las plantas operen permanentemente y no solo durante los períodos de
    racionamiento. Con precios altos de la energía eléctrica es posible decidirse
    por la compra del calentador que ha desarrollado el Doctor Lugari en el Centro
    de las Gaviotas.
    El método propuesto por
    la Administración Castro en Bogotá, ha sido utilizado en el Brasil como una
    manera eficiente de hacer el autoracionamiento eléctrico. Puede por tanto
    utilizarse como una mejor manera de asignar unos recursos escasos. Su adopción
    en los momentos presentes tiene dos problemas que se han mencionado ya en otras
    columnas. En primer lugar, puede dar lugar a aumentos considerables en las
    cuentas de los usuarios de bajos ingresos y en segundo lugar puede llegar a
    despertar protestas por parte de los usuarios que verían con malos ojos que las
    Empresas se lucren de un mal manejo de los embalses.
    El primero  de estos inconvenientes se puede solucionar
    en la medida en que el incremento en la factura de los realmente pobres se
    compense con un subsidio independiente de su consumo. Por ejemplo, un usuario
    de bajos ingresos con consumo de 200 kilovatios por mes y que ahora tiene que
    pagar 10 pesos por kilovatio para una factura total de 2000 pesos pagaría los
    mismo si el precio del kilovatio se subiera a 50 pesos y recibiera un subsidio
    de 8.000 pesos. Eso incentivaría el ahorro pues si consume menos de su consumo
    habitual puede tener inclusive un ahorro sobre su factura anterior. Si nuestro
    usuario de bajos ingresos reduce su consumo en un 10 por ciento y lo baja a 180
    kilovatios su factura se reduciría a 1.000 pesos.

    La segunda objeción
    al plan de racionamiento por precios no sería muy válida si el destino de los
    recargos de racionamiento recaudados por las Empresas fueran al gobierno
    Central para financiar este plan de subsidios y para apoyar la realización de
    las inversiones necesarias para salir del racionamiento