Category: estabilización de precios

  • Estabilización o catástrofe

    En vez de dedicarnos a entrar en largas discusiones sobre compromisos
    de cada uno de los diferentes estamentos, el gobierno debería dedicar su
    esfuerzo a poner en funcionamiento un verdadero plan de estabilización en el
    que se logre controlar el impacto negativo del desequilibrio fiscal.
    Para contribuir a la discusión sobre la política económica colombiana
    la Asociación Bancaria trajo la semana pasada a importantes figuras del
    continente que se han destacado por sus contribuciones a la estabilización de
    las economías más importantes de Latino América. Los destacados economistas sin
    pretender enseñar a los asistentes expusieron sus experiencias y dieron algunas
    recomendaciones. Lo tratado en el Simposio sobre el Mercado de Capitales
    realizado en la capital del Valle ha servido para orientar las discusiones
    sobre las negociaciones relacionadas con la fijación del manejo de la política
    económica en el próximo año.
    De las presentaciones hechas en Cali, quedó claro que por regla
    general en situaciones como la colombiana no es necesario ni recomendable
    confiar demasiado en la utilización de un acuerdo como el conocido en Colombia
    como el Pacto Social. Lo que se requiere es una política orientada a remediar
    los graves desequilibrios económicos especialmente a atacar los desequilibrios
    fiscales y externos. El control de la inflación por el cómodo sistema de cuotas
    anuales del dos por ciento no justifica un desgaste entre autoridades
    económicas empresarios y trabajadores. Los beneficios logrados con la reducción
    gradual de la inflación son muy inferiores a los costos que incurre la economía
    especialmente en lo que se refiere a la mala asignación de recursos que suele
    ocurrir cuando se adoptan estos compromisos.
    En vez de dedicarnos a entrar en largas discusiones sobre compromisos
    de cada uno de los diferentes estamentos, el gobierno debería dedicar su
    esfuerzo a poner en funcionamiento un verdadero plan de estabilización en el
    que se logre controlar el impacto negativo del desequilibrio fiscal. Debe
    quedar claro que los problemas no son creados por la mala voluntad de
    trabajadores y empresarios sino que son en buena parte el resultado de una mala
    política económica.
    La revaluación del peso tiene muy poco que ver con el aumento del
    salario mínimo y mucho que ver con la financiación del gasto público. La
    entrada de divisas para financiar el déficit fiscal ha inundado de dólares el
    mercado cambiario y ha hecho que el peso haya mejorado su valor con relación al
    dólar. El déficit fiscal ha impedido que la devaluación nominal se transforme
    en una verdadera devaluación real. Mientras no se logre un superávit fiscal
    considerable cualquier aceleración de la devaluación nominal se va a
    transformar en un aumento considerable de la inflación. Tratar de estimular la
    economía en esta época de recesión sería un grave error que nos pondría a las
    puertas de una crisis fiscal.
    La revaluación es la principal causante de la ampliación de la brecha
    externa ya de por si importante. Un país no puede mantener estos déficit
    externos tan grandes sin poner en peligro su credibilidad como deudor. Pensar
    que se puede aumentar la deuda externa a una tasa del cinco por ciento del PIB
    por año es totalmente irreal. Los acreedores tarde o temprano van a aplicar el
    freno a la economía colombiana lo que llevará a graves problemas de ajuste.
    Es mejor comenzar a realizar el ajuste en estos momentos que esperar a
    que la situación toque fondo. La experiencia muestra que cuando la economía
    toca fondo el país tiene que acudir al Fondo Monetario Internacional y aceptar
    las condiciones que le impongan. La posibilidad de llegar a estos extremos en
    una circunstancia en la que Colombia cuenta con poco apoyo en Washington es tan
    grave que el gobierno debe adoptar las medidas necesarias lo más rápido
    posible.

    Colombia tiene que retornar a la ortodoxia fiscal. Los excesos de los
    dos últimos gobiernos en la ampliación del tamaño del Estado deben revertirse.
    Se necesita de un gobierno más pequeño y más eficiente que deje respirar al
    sector privado sin ahogarlo con el cúmulo de impuestos que han brotado tanto a
    nivel nacional como a nivel local. Es hora de emprender una segunda fase de las
    reformas económicas que permitan al sector privado cumplir con su papel en el
    desarrollo económico.
  • Dos años de alta inflación

    Una inflación alta unida a una marcada desaceleración de la economía y a
    un persistente déficit en cuenta corriente nos han llevado a una situación de
    difícil manejo.
    Se completa el segundo año del gobierno Samper con una inflación muy
    parecida a la que se tenia en el momento del cambio de gobierno.  En efecto, de una inflación de año corrido de
    15,73 por ciento al comienzo del mandato se llega al cabo de veinticuatro meses
    de una criticada gestión a una inflación de 15,7ó por ciento para los primeros
    siete meses del 9ó.
    La inflación registrada en los últimos siete meses no solo está muy
    cercana a la meta actual del diecisiete por ciento sino que resulta demasiada
    alta para un país que busca integrarse a la economía mundial y que para lograr
    una estabilidad en la tasa de cambio requiere de inflaciones cercanas al cuatro
    por ciento.  Una inflación anual del
    20.57 en los últimos doce meses dista mucho de cifras que revelen un manejo
    adecuado de la economía.
    Una inflación alta unida a una marcada desaceleración de la economía y a
    un persistente déficit en cuenta corriente nos han llevado a una situación de
    difícil manejo.  Si las autoridades
    económicas abandonan la lucha contra la inflación para tratar de reactivar la
    economía aumentan las expectativas de inflación y hacen por lo tanto más
    difícil el cumplimiento de las metas de inflación en el futuro.  Además, estas condiciones pueden precipitar a
    la economía en una crisis cambiaria, pues el estimulo generado por un aumento
    en la oferta monetaria puede desencadenar una fuga de capitales y agudizar el
    desequilibrio externo.
    Si tenemos en cuenta el deseo de aumentar el nivel del gasto militar la
    complejidad del manejo económico se agudiza. 
    El aumento de la participación del sector público planeado no deja de
    ser preocupante pues continua una tendencia muy preocupante iniciada en la
    administración anterior.  A partir del
    gobierno Gaviria y de la constitución del 91 se han incrementado de manera
    alarmante los gastos del gobierno sin haberse obtenido a cambio mejoras en los
    servicios prestados.
    El notable incremento en el presupuesto de gastos en los sectores
    sociales no se han traducido en mejoras en el nivel de vida de los
    colombianos.  Los incrementos en los
    gastos del sector justicia no se han visto reflejados en una mejor
    administración de la justicia y los incrementos en el gasto militar no se ha
    traducido en mejoras notables en la seguridad ciudadana.
    Por el contrario la mayor ineficiencia asociada con un sector público
    cada vez mayor y cada vez más ineficiente ha sido la principal razón de los
    desequilibrios macroeconómicos que se reflejan en una inflación alta acompañada
    de un aumento del desempleo. La inflación persistente acompañada de altos
    niveles de desempleo es el resultado de una incompatibilidad entre las metas
    monetarias y fiscales.  El gobierno se ha
    empeñado en aumentar su gasto por encima del margen monetario acordado con la
    Junta Directiva del Banco de la República.
      
    El manejo de la inflación de los dos últimos años no puede continuar
    pues hoy en día nadie está creyendo en las metas de inflación.  El Gobierno por su debilidad ha tenido que
    ceder a los grupos de presión y en consecuencia el gasto público ha aumentado
    considerablemente.  Los recursos
    generados por las reformas tributarias han desaparecido muy rápidamente sin
    lograr los propósitos buscados en el frente de la estabilización.  Las reiteradas promesas del Presidente y de
    algunos de sus ministros más el intento de completar el período presidencial a
    costa del presupuesto nacional han impedido lograr la reducción de la
    inflación.  Se han perdido dos años
    preciosos para avanzar en la reducción de la inflación.

  • El café toco fondo

    El problema con la aplicación de la fórmula de
    reajuste del precio interno del café surgió, como era de esperarse, cuando el
    precio internacional comenzó a bajar.
    Desde el momento en que
    fue nombrado el actual Ministro de Hacienda comenzó a plantear una solución
    para la determinación del precio interno del café. Haciendo gala de su gran
    habilidad para los números, el Doctor Perry se craneó una fórmula para evitar los
    problemas de las negociaciones habituales entre gobierno gremio para fijar el
    precio interno del café. Según las promesas hechas en ese momento, la fórmula
    evitaría los problemas en el futuro, pues el ajuste automático tendría en
    cuenta la evolución de los precios externos y de manera salomónica dividiría
    los aumentos de los precios internacionales ente el Fondo del Café y los
    cafeteros.
    Infortunadamente, la
    experiencia con el uso de la fórmula de ajuste ha mostrado que esta idea, no
    resultó como se esperaba. En efecto, los cafeteros respaldaron inicialmente la
    utilización de la fórmula de ajuste automático pues la puesta en marcha de la
    fórmula coincidió con una época de vacas gordas, lo que tuvo como consecuencia
    un aumento en el ingreso de los cafeteros a costa de un deterioro relativo de
    las finanzas del Fondo del Café. El problema con la aplicación de la fórmula
    surgió, como era de esperarse, cuando el precio internacional del café comenzó
    a bajar. Los cafeteros se resistieron a aceptar la baja de sus ingresos y el
    Ministro Perry comenzó a hacer ajustes matemáticos a la fórmula para que el
    precio se mantuviera en niveles aceptables para el gremio.
    La credibilidad de la
    política automática para el ajuste en el precio del café se perdió en el mismo momento
    en que el gobierno cedió a la presión del gremio por conservar su nivel de
    ingresos. De ahí en adelante el proceso de fijar el precio interno del café
    volvió a su estado natural, o sea un proceso de negociación entre el gobierno y
    el gremio cafetero.
    El fracaso del proceso
    ideado por el Doctor Perry debe dejarnos una serie de lecciones. La primera
    lección que hemos aprendido es que para ser buen economista no basta con ser
    hábil para las matemáticas. Una decisión tan importante como la fijación del
    precio interno del café es eminentemente política. El gremio cafetero aceptará
    con gusto que se le aumente sus ingresos en épocas de bonanza pero hará todo lo
    posible para mantener sus ingresos en épocas de crisis. Diseñar una fórmula que
    elimine la negociación en épocas de bonanza, de ninguna manera va a evitar que
    se apele al sagrado derecho al pataleo en épocas de crisis. Lo único que se
    logra con adoptar una fórmula es llegar a la época de vacas flacas con menores
    recursos para afrontar la destorcida del precio internacional del café.
    La segunda lección que
    nos deja esta amarga experiencia es que los esquemas de estabilización como el
    del Fondo del Café introducen comportamientos inadecuados. Todos los que
    tenemos ingresos fluctuantes hemos aprendido las sabias enseñanzas que le dio
    José al Faraón. Ahorrar en las épocas de vacas gordas para sobrevivir en las
    épocas de vacas flacas. Los cafeteros y en general, todos  a los que
    los obligan a ahorrar en épocas de bonanza tienden a gastarse su parte pues
    están seguros de que papá gobierno les ayudará en las épocas de crisis. Los
    fondos de estabilización, a la larga llevan a la privatización de las ganancias
    y a la socialización de las pérdidas y parten de la equivocada noción de que el
    Estado puede tomar mejores decisiones que el sector privado. Además, estos
    esquemas tienden a perpetuarse más allá de la época para la que fueron creados.
    Si el Fondo del café fue importante cuando dependíamos de este cultivo como
    fuente de divisas y cuando no existía un mercado de capitales ahora es menos
    justificable en una economía diversificada y en el que el sector financiero
    podría muy bien servir para invertir bien los excedentes en épocas de bonanza.
    La tercera lección que
    podemos sacar de esta experiencias que no se puede confiar demasiado en el
    excedente del sector descentralizado para financiar el gasto del gobierno
    central. Tal como lo mencionábamos en una columna anterior, el sector
    descentralizado se ha especializado en gastar y se las ingenia para consumir
    todos los recursos que le entran. La tremenda equivocación del Doctor Perry en
    el manejo del precio interno del café nos llevó más rápido a una situación
    insostenible e indudablemente hizo más urgente un ajuste fiscal. Lo más triste
    de estos es que el pobre contribuyente debe, ahora, asumir los costos de una
    reforma más severa para tapar el hueco dejado por una equivocación del Ministro
    de Hacienda.

    Finalmente, debemos
    aprender que el ceder en su deber de controlar el gasto público no vuelve al
    gobierno más popular ni aún entre los que se benefician de esta generosidad.
    Tal como lo muestran las protestas de los campesinos de los departamentos
    cafeteros, el gremio no quedó contento con lo que el gobierno les concedió.
  • Tampoco fue en 1994

    La pérdida de confianza
    en la política económica de un gobierno es en extremo grave.
    Las cifras del costo de
    vida correspondientes a septiembre muestran que en 1994 tampoco se pudo cumplir
    con la meta de inflación. En efecto, en nueve meses la inflación llegó a
    18.14%, cifra muy similar a la establecida para todo el año. Más aún, la inflación
    en los últimos doce meses es superior a la meta establecida para los años 91 a
    93. Llevamos cuatro años sin haber llegado a una inflación anual inferior al
    22% a pesar de todos los esfuerzos del gobierno y el Banco de la República.
    Ante este permanente
    fracaso de nuestras autoridades económicas, cabe preguntar qué tan grave ha
    sido esto para el país. Sin llegar a la posición extrema de que toda inflación
    es mala y que por lo tanto la única meta razonable en el frente inflacionario
    es la de estabilidad total de precios, se podría decir que la lucha contra la
    inflación ha sido el mayor fracaso de la Administración Gaviria y puede llegar
    a convertirse en una gran frustración durante la Administración Samper.
    La pérdida de confianza
    en la política económica de un gobierno es en extremo grave. En la medida en
    que los agentes económicos no confien en que se van a alcanzar las metas
    establecidas, comenzarán a alterar su comportamiento y con ello contribuirán a
    que no se puedan cumplir las metas propuestas. Si todo el mundo se convence de
    que las autoridades económicas no toman en serio las metas inflacionarias y que
    en consecuencia no tomarán las medidas necesarias para alcanzar dichas metas,
    comenzarán a protegerse aumentando sus precios y buscando aumentos salariales
    inconsistentes con las metas del gobierno. Con políticas poco creibles el
    quiebre de las expectativas inflacionarias se convierte en tarea poco menos que
    imposible.
    La falta de
    credibilidad en las autoridades monetarias no solo hace difícil el logro de las
    metas de inflación sino que abre paso a una lucha de todos contra todos que
    conduce a cambios en los precios relativos agravando el problema de asignación
    de recursos. La infructuosa lucha contra la inflación en los últimos cuatro
    años ha venido acompañada de una importante revaluación real del peso. Si es
    grave que la inflación esté por encima de la meta oficial del 19 por ciento,
    más grave aún es que durante estos últimos doce meses la devaluación haya sido
    inferior al cuatro por ciento. El exportador ha experimentado un costo en sus
    gastos locales superior al 22% mientras que sus ingresos en pesos apenas ha
    sido de un ocho por ciento. Una brecha de esta magnitud es imposible de cerrar
    con un aumento normal de productividad.
    El aumento de los precios
    relativos de los bienes no transables ha sido otra de las consecuencias
    desafortunadas de nuestra lucha con la inflación. Los precios de la vivienda y
    de los servicios locales han crecido más rápido que los de artículos que entran
    en el comercio exterior y como natural consecuencia las inversiones se han
    dirigido a estos sectores en detrimento de los sectores orientados al comercio
    exterior.

    El fracaso reiterado de
    las políticas orientadas a la lucha contra la inflación no solo han tenido
    consecuencias graves sino que también puede influir negativamente en el futuro.
    Los empresarios y los trabajadores al revisar las cifras de septiembre de 1994
    y al pensar en la inevitabilidad del pacto social no pueden menos que dedicarse
    a pensar en la mejor manera de protegerse. Los empresarios tratarán de subir
    sus precios para que la posible concertación no los sorprenda con precios
    demasiado bajos. Los trabajadores buscarán mejorar su posición antes de que se
    de comienzo a tan novedoso experimento. Esta lucha para mejorar su posición en
    el partidor lo único que producirá será una aceleración de la inflación en los
    meses anteriores a la iniciación del pacto social. 
  • Cinco – cero

    El cinco por ciento de crecimiento sostenido durante todo el período presidencial daría un impulse importante al país y permitiría avanzar en la satisfacción de muchas de nuestras necesidades básicas
    A partir de hoy se entra en la recta final de la contienda presidencial.  Los debates entre los diferentes candidatos a la presidencia van a tener que tocar el tema económico.  Lo que podría ser buen programa de gobierno y que sería muy atractivo para el electorado podría resumirse en el tan recordado resultado logrado en Buenos Aires el día cinco de septiembre de 1993.

    El cinco cero que sonaría muy atractivo en el programa presidencial se debería entender como el resumen de las melas económicas.  El cinco por ciento de crecimiento sostenido durante todo el período presidencial daría un impulso importante al país y permitiría avanzar en la satisfacción de muchas de nuestras necesidades básicas.  Este cinco por ciento de meta para todo el periodo podría estar compuesto de un siete por ciento en algunos años y un crecimiento inicial menor en el primer año que podría acompañar el programa de estabilización necesario para cumplir la otra meta del programa económico.

    El cero por ciento de inflación al final del periodo presidencial sería, sin lugar a dudas, una meta importante de política económica.  La experiencia reciente ha mostrado que en el frente inflacionario no es aconsejable poner metas poco ambiciosas.  El gradualismo en el control inflacionario no ha sido muy exitoso en Colombia en los últimos años.  El público nunca creyó que la Administración Gaviria estaría dispuesta a pagar el costo necesario para reducir seriamente la inflación.

    Para poder alcanzar una inflación cero se necesitaría, entre otras cosas, contar con una estabilidad de precios en los países avanzados y ligar el peso colombiano al dólar.  La estabilización de precios en los países avanzados suele lograrse como lo ha mostrado la experiencia reciente.  En los Estados Unidos la inflación en enero fue de cero por ciento.  Es probable que con una buena política económica esta estabilidad de precios se pueda mantener en los Estados Unidos.  De igual manera, siempre y cuando Bancos Centrales de la Unión Europea no incurran en graves errores, es posible lograr una estabilidad de precios al nivel de toda Europa.

    No sólo es necesario que los países avanzados tengan precios estables, también se requiere que la paridad entre el peso y el dólar se mantenga.  Por tanto sería necesario abandonar el esquema de la devaluación gota a gota y volver a un esquema de paridades fijas y constantes.  El mantener una paridad constante es quizás el secreto de la disminución de la inflación en la Argentina, donde se ha establecido por ley la convertibilidad del peso argentino.
    Si bien el control de la inflación se puede lograr con un esquema en que el valor del peso colombiano está vinculado totalmente al dólar, es necesario fijar la tasa de cambio en un nivel que permita mantener un alto grado de competitividad con el exterior.  No podemos sacrificar el crecimiento económico para lograr una meta de estabilización de precios.  Esto sería como volver a la era pre Maturana en la que nos contentábamos con un flamante cero cero.
    Este cinco cero debe venir acompañado de buenos logros en otros frentes.  De especial importancia es lograr que el fruto del crecimiento llegue a los más pobres.  Como bien no lo ha enseñado el filósofo Rawls, el bienestar de una sociedad debe medirse por el de los más pobres.  La sociedad colombiana como un todo no mejoraría si los más pobres no disfrutan también del cinco cero.
  • Los costos del control de la inflación

    La experiencia colombiana muestra que el tratar de ganarle unos pocos puntos a la inflación a costa de una revaluación de la tasa de cambio real es un gran error. 


    Las páginas de la revista Estrategia Económica y Financiera han sido el escenario de un interesante debate sobre los costos y beneficios de la política antiinflacionaria. Los participantes en el debate han defendido dos posiciones bastante opuestas.


    Los defensores de la política gubernamental han tratado de mostrarnos que el control de la inflación es de vital importancia y que los costos que se puedan incurrir están ampliamente justificados. Los argumentos los ha expresado de manera muy clara el Presidente Gaviria La inflación afecta a todos los colombianos mientras que la devaluación sólo afecta a los exportadores.


    Los críticos de la política económica aducen, básicamente, que los costos de una inflación previsible y estable son mínimos, mientras que los costos de la lucha inflacionaria son bastante claros, sobre todo cuando se utiliza la revaluación de la tasa de cambio real como el instrumento básico en la lucha contra la inflación.


    En mi opinión, la posición en contra de la revaluación ha sido mejor sustentada. Los argumentos en favor de un control de la inflación a toda costa no han sido muy afortunados. Esto no debería extrañarnos. La posición académica más aceptable es que la lucha contra la inflación tiene altos costos y contados beneficios. La estrategia de una cohabitación con la inflación tan duramente criticada por el ex presidente Carlos Lleras, es bastante razonable.


    Las reformas institucionales como la existencia de activos reajustables, la indexación de los impuestos a la renta y la devaluación gota a gota eliminan la mayor parte de los problemas asociados con la inflación. La inversión, el ahorro y el empleo han florecido en Colombia cuando se han hecho las políticas económicas adecuadas a pesar de una inflación cercana al veinticinco o treinta por ciento.


    La experiencia colombiana muestra que el tratar de ganarle unos pocos puntos a la inflación a costa de una revaluación de la tasa de cambio real es un gran error. La actividad productiva ha sufrido considerablemente cuando se ha perdido la competitividad externa. La peor época, en términos de crecimiento se dio cuando se comenzó a utilizar la tasa de cambio como un instrumento de control inflacionario. El alto crecimiento sólo se logró recuperar con las políticas de ajuste del ministro Junguito en la segunda mitad de la Administración Betancur.


    Esta experiencia exitosa de un proceso de ajuste es importante para ilustrar otro tema que ha aparecido en la controversia en la mencionada publicación. Los partidarios de la revaluación han utilizado como uno de sus principales argumentos la existencia de una tasa de cambio de equilibrio por encima de la cual la devaluación se traduce en inflación. La lógica económica y la experiencia de mediados de los ochenta muestran que la tasa de cambio real puede elevarse siempre y cuando se haga un ajuste fiscal importante.


    La conclusión de todo estos es que la revaluación y el retorno de la amenaza inflacionaria recientemente experimentada es el resultado de la pérdida de control sobre el presupuesto. Las promesas electorales de los candidatos oficialistas y el deseo del partido de gobierno de mantenerse en el poder auguran un manejo fiscal muy estricto en los próximos meses.

  • Tres Rudi años.

    La retórica
    inflacionaria ha estado siempre muy por encima de los resultados obtenidos.
      
    Los tres años de la
    Administración Gaviria han estado acompañados de importantes cambios en la
    política económica. No se puede negar que la presente Administración ha tenido
    bastantes aciertos en el campo económico. Sin lugar a dudas, la
    reestructuración del Banco de la República ha sido un importante acierto. Hoy en
    día contamos con un Banco Central relativamente independiente del gobierno que
    ha demostrado en varias ocasiones su buen criterio para el manejo monetario y
    cambiario del país.
    Si bien el gobierno
    Gaviria nos ha legado un cambio institucional importante para poder mantener la
    inflación bajo control, su experiencia en tan importante tema de política
    económica no ha sido muy brillante. La retórica inflacionaria ha estado siempre
    muy por encima de los resultados obtenidos. Al comienzo del gobierno hizo demasiado
    énfasis en llegar rápidamente a niveles cercanos al veinte por ciento. El
    equipo económico llegó a ofrecer su renuncia si no se alcanzaba la cifra mágica
    del veintidós por ciento.
    La realidad fue muy
    distinta a lo prometido por el gobierno. La inflación que se recibió en julio
    de 1990 en un 28.7 por ciento, sufrió aumentos hasta niveles de más del 32 por
    ciento y se mantuvo por encima del nivel heredado del gobierno anterior hasta
    octubre de 1991. Más aún, las medidas que tomaba el gobierno con el fin de
    controlar la inflación llevaron la mayoría de las veces al incremento del IPC.
    El fuerte control monetario empleado por el gobierno con el fin de reducir la
    inflación terminó incrementando de manera significativa los medios de pago, el
    nivel de reservas internacionales y la misma inflación.
    El control de los
    medios de pago resultó totalmente infructuoso para controlar la inflación y lo
    único que logró fue disminuir el ritmo de crecimiento de la economía. Los
    beneficios logrados en el control de la inflación fueron mínimos mientras que
    los costos de estas medidas en términos de disminución del crecimiento fueron
    considerables. Los resultados de esta primera fase confirmaron una vez más que
    el costo de la lucha inflacionaria es bastante alto y que los remedios
    sencillos no son muy efectivos cuando simultáneamente se ha realizado una
    liberación cambiaria. En estas circunstancias la restricción al crédito
    doméstico en lugar de llevar a una reducción en el crecimiento del dinero
    conduce a una entrada masiva de divisas y a un incremento considerable en las
    reservas internacionales.
    Ante la impotencia de
    los medios utilizados para lograr los resultados esperados el gobierno cambió
    en buena parte su estrategia. Ante la imposibilidad de utilizar una política
    fiscal restrictiva se buscó reducir el superávit cambiario. Los analistas
    comenzaron a culpar de la alta inflación a la elevada competitividad externa de
    Colombia. Se comenzó a sostener que el exceso de devaluación real ocurrida en
    1990 era el principal culpable de la elevación de la inflación.
    En consecuencia, el
    gobierno adoptó como instrumento de política el manejo de la tasa de cambio. La
    revaluación real fue entonces el instrumento adoptado para la lucha contra la
    inflación. Los costos de la lucha inflacionaria se concentraron en los sectores
    productores de bienes que entran en el comercio exterior y que se suponían iban
    a ser beneficiados con la política de apertura comercial. Esta segunda
    estrategia resultó más efectiva que la anterior en lo que se refiere a poder
    cumplir con las metas planteadas. En efecto, en mayo de 1993 se llegó a una
    cifra muy cercana a la meta del 22 por ciento.
    Los costos de lograr la
    meta inflacionaria mediante una revaluación real son bastante claros. La
    posición competitiva que se había logrado antes de comenzar la apertura se ha
    perdido. La economía colombiana ha perdido competitividad  y el proceso de apertura comercial ha
    comenzado a tener tropiezos por la baja competitividad colombiana. El gobierno
    tiene que acudir al rescate de diferentes sectores y el gran respaldo que
    tuvieron las medidas de reforma del sistema comercial colombiano se está
    perdiendo.

    La reducción de siete
    puntos alcanzada durante estos tres rudos años no ha sido suficiente para
    convertirnos en un país con una moneda y con un nivel de precios estable. Las
    altas tasas de inflación siguen requiriendo de procedimientos como ajustes
    periódicos, reajustes por costo de vida, devaluación gota a gota y otros, que
    en buena parte reproducen el fenómeno inflacionario. La conclusión parece
    entonces clara, los tres años de la Administración Gaviria han sido bastante
    frustrantes en el frente inflacionario. 
  • El segundo trimestre pinta bien

    La justificación de un
    estímulo fiscal para compensar el choque de oferta causado por el apagón ya no
    es válida.
    El mes de abril
    comienza con buenas noticias en el frente económico. En primer lugar, el jueves
    primero, día de los inocentes en Estados Unidos y Europa, el Presidente Gaviria
    clausuró oficialmente el apagón. En segundo lugar, el DANE nos informa que la inflación
    continúa descendiendo. El incremento de los precios a nivel nacional en los
    últimos doce meses llegó a un poco más del veinticuatro por ciento. Esta cifra
    puede ser un buen indicio de que la meta de inflación para el presente año si
    se puede cumplir. Esta posibilidad se refuerza cuando se mira la inflación en
    las diversas ciudades en las que el DANE realiza su investigación sobre el
    costo de vida. En efecto, en algunas ciudades ya se ha logrado cumplir con la
    meta fijada por el Gobierno y el Banco de la República. Medellín y Cartagena
    están experimentando inflaciones de menos del 22 por ciento. Montería y
    Villavicencio están muy cerca a los dos paticos y pueden llegar a la meta el
    próximo mes.
    La euforia causada por
    estas dos buenas noticias no debería dar origen a una falsa complacencia. Por
    el contrario, es vital que el Gobierno adopte una serie de medidas que mantuvo
    en el congelador mientras duraba el odiado apagón. El gobierno debe reforzar el
    control del gasto público. La justificación de un estímulo fiscal para
    compensar el choque de oferta causado por el apagón ya no es válida.
    El ajuste en los
    precios de los energéticos y de otras tarifas de servicios públicos que eran
    políticamente imposibles con apagón y con una inflación que se resistía a ceder
    se vuelven viables cuando se cuenta con energía las veinticuatro horas del día
    y cuando la inflación se está aproximando a la meta.
    Un manejo riguroso de
    los instrumentos de política fiscal debe convertirse entonces en prioridad del
    gobierno. Los agentes económicos van a estar muy pendientes de todas las
    actuaciones del gobierno y las claudicaciones fiscales van a terminar con el
    espíritu optimista de los primeros días de abril. En esta semana la opinión
    estará pendiente de la determinación del precio interno del café. Ante una
    situación ampliamente deficitaria, el gobierno debería tratar de mantener el
    precio de la carga de café en los 85.000 pesos que estableció en julio de 1992.
    Podría mejorar, eso si, la situación de los cafeteros disminuyendo o aún
    eliminando el valor que se paga en Títulos de Ahorro Cafetero.
    Un buen manejo fiscal
    no solo es vital para un mejor control inflacionario sino que también se vuelve
    indispensable para obtener mejores resultados en el sector agropecuario, en
    general y en el sector cafetero en particular. Para todos es claro que la
    revaluación real del peso ha influido negativamente en la competitividad del
    sector agropecuario y que por lo tanto, para la recuperación del sector
    agropecuario se necesita lograr una devaluación real del peso.
    Aunque no existe un
    consenso sobre la política que se puede seguir para obtener la tan anhelada
    recuperación de la competitividad externa, las experiencias exitosas del pasado
    y los análisis teóricos muestran que la reducción del gasto público y la
    eliminación del déficit fiscal es la mejor posibilidad de lograr que una
    aceleración de la devaluación nominal se convierta en una mejora en la
    competitividad de una economía.

    Visto de esta manera,
    la congelación del precio interno del café puede convertirse en un elemento
    positivo en la solución definitiva del problema del sector agropecuario. Una
    mejora en el balance fiscal puede permitir una aceleración en el ritmo de
    devaluación lo que permitirá obtener más pesos por los pocos dólares que se le
    están pagando a los agricultores en los mercados mundiales. 
  • El año perdido

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    Si los años ochenta
    fueron para Latino América la década perdida, para Colombia, el 1991 puede
    pasar a la historia como el año perdido.

    Si don Rip Van Winkle
    viviera en Colombia y si en lugar de haber tenido su sueño de veinte años, se
    hubiera echado su motosito de un año, al despertarse ni se habría dado cuenta
    de que había pasado todo el 91. En efecto, al levantarse y leer los periódicos
    encontraría que las autoridades económicas estarían hablando del mismo
    veintidós porciento y, que los analistas estarían vaticinando  que no se cumplirían las metas del gobierno y
    que la inflación superaría el veinticinco por ciento.
    En el frente fiscal
    seguimos lo mismo que antes. El gobierno nos sigue prometiendo que este año si
    va a ser el del verdadero ajuste. El Presidente, ha reiterado que las tarifas
    de servicios públicos deben ajustarse por encima de la inflación para poder
    contar con los recursos necesarios para financiar su expansión. La
    privatización de TELECOM y las otras empresas del sector de las
    telecomunicaciones, sigue siendo motivo de anuncios sin que el gobierno hubiera
    dado un paso importante.
    En lo referente a la
    apertura comercial, las importaciones siguen detenidas esperando la próxima
    baja del arancel. La incertidumbre creada por los permanentes cambios en las
    políticas gubernamentales unida a las expectativas de revaluación, han formado
    un dique formidable a la esperada avalancha de productos importados. La poca
    dinámica de las importaciones, si bien ha protegido al productor colombiano, ha
    contribuido de manera importante al espectacular incremento de las reservas
    internacionales.
    Si los años ochenta
    fueron para Latino América la década perdida, para Colombia, el 1991 puede
    pasar a la historia como el año perdido. La política económica al comenzar el
    año 1992 se ve enfrentada a los mismos problemas del año pasado. La experiencia
    de perder un año puede llegar a ser valiosa cuando aprendemos de nuestros
    errores.
    Las autoridades
    económicas han aprendido durante el presente año que en una economía abierta,
    con alta movilidad de capitales, es imposible controlar los medios de pago. Más
    aún, el drástico control del crédito doméstico tampoco sirve mucho para el
    control de la inflación. Las autoridades colombianas se han convencido, después
    de un año de frustraciones, que lo único que se logra con el control del
    crédito es atraer un torrente de divisas que compensan la disminución de la
    liquidez de la economía.
    El año viejo nos dejo
    unos cambios importantes a nivel institucional. Por el lado positivo, se creó
    una autoridad monetaria independiente y se nombraron destacados profesionales
    para dirigir el nuevo Banco Central. Por el lado negativo, al dividirse el
    antiguo Ministerio de Desarrollo en dos se ha perdido la unidad de comando tan
    necesario para un verdadero proceso de apertura económica.
    El cambio institucional
    del manejo económico requiere de importantes complementos en el próximo año. El
    nuevo congreso tiene por delante una ardua labor para poner a funcionar
    realmente la nueva constitución. Para los agentes económicos es de vital
    importancia conocer lo más pronto posible la nueva manera como se operará en el
    campo económico para poder empezar a planear sus actividades lo más pronto
    posible.
  • Inflación y Desempleo, Modelo 1992

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    Las perspectivas para
    el año entrante parecen ser poco halagadoras, se esperará una disminución en la
    inflación con unos costos mayores en lo referente al desempleo.
    Cuando a uno le preguntan ¿Cuáles van
    a ser los dos problemas macroeconómicos para 1992? tiene uno que contestar con
    la respuesta de cajón de que van a ser el desempleo y la inflación.
    El control de la
    inflación a pesar de la visión un poco optimista del Ministro Hommes y de las
    publicaciones gobiernistas sigue teniendo una importante vigencia. Si algo es
    enteramente claro para el analista de la situación económica es que el manejo
    actual de la demanda agregada colombiana es muy complicado.
    La política monetaria
    se ha vuelto impotente para frenar la inflación. Por tanto, el control
    inflacionario requiere de un manejo integral; es necesario lograr un control
    sobre el déficit fiscal y disminuir el ingreso de capitales del exerior para poder llegar a
    un crecimiento de los medios de pago que estén de acuerdo con las metas
    inflacionarias del gobierno.
    El Gobierno, a pesar
    del cierre del crédito, no pudo bajar el crecimiento de los medios de pago. La
    inflación permaneció por encima del treinta por ciento mientras la autoridad
    monetaria mantuvo una paridad real del peso constante, solamente cuando se
    revaluó la inflación comenzó a ceder.
    Entonces, ante la
    desaparición de la holgura en la tasa de cambio real, en 1992 el control de la
    inflación deberá basarse preferiblemente en un control estricto del gasto
    público. El ajuste en las empresas públicas deficitarias debe ser una prioridad
    importante. Igualmente, debe apelarse a un ajuste en los gastos de
    funcionamiento; lamentablemente, el aumento de las dietas parlamentarias
    introduce un factor que va a distorsionar las negociaciones salariales de todo
    el sector público. Es muy difícil pedir moderación cuando a los senadores
    revocados se les ha premiado con un aumento de dos millones de pesos mensuales.
    La otra posibilidad,
    para mantener un moderado crecimiento de los medios de pago que permitan una
    reducción de la inflación, es el incremento de las importaciones. El gran
    aumento de las reservas internacionales en el presente año, se debió en buena
    parte al inesperado estancamiento de las importaciones. Por el contrario, en
    1992 es muy probable que las importaciones se desborden y que por ende, las
    reservas internacionales presenten una disminución.
    Si bien esta
    disminución de las reservas puede permitir un mejor control de la inflación, va
    a tener un efecto negativo en la actividad económica, pues en la medida en que
    las importaciones que compiten con la producción local aumenten, sin lugar a
    dudas el efecto recesivo se magnificará.
    En consecuencia, las
    perspectivas para el año entrante parecen ser poco halagadoras, se esperará una
    disminución en la inflación con unos costos mayores en lo referente al
    desempleo. Las autoridades económicas deberían mantener un estrecho seguimiento
    de los indicadores económicos con el fin de ejecutar muy pronto las
    rectificaciones que se requieran en la política económica. No podemos continuar
    manejando la economía sin conocer su estado real. Parece increíble que se
    maneje una economía tan compleja como la colombiana sin tener mediciones
    trimestrales del PIB. Se está terminando un año, en el que se han ensayado una
    serie de drásticas medidas sin poder conocer su efecto en términos de los
    cambios en la actividad económica.