Category: Ventaja comparativa

  • ¿Quién tiene la razón: David Ricardo o Michael Porter?

    Los seis años de apertura han producido la evidencia necesaria para
    comenzar a dilucidar cual de las dos teorías tiene más validez.
    Los defensores del modelo de desarrollo hacia dentro siempre han
    sostenido que un país en vía de desarrollo debe mantener altas barreras
    arancelarias para poder competir en la economía mundial pues consideran que si
    se abre la competencia los productores nacionales perderán ante la superioridad
    manifiesta de los productores extranjeros. 
    Similar posición han sostenido algunos de los grandes teóricos de la
    Administración como el Profesor Porter, quien ha tratado de convencernos que
    para poder competir en el Ámbito mundial las empresas y los países deben acabar
    con las desventajas competitivas que les impiden tener éxito en una economía
    global.
    Por el contrario, los economistas y muchos de los partidarios de la
    apertura han venido sosteniendo un concepto mucho más sofisticado.  Los países y las firmas pueden competir a
    escala mundial si se especializan en la producción de los bienes y servicios en
    los que tienen una ventaja comparativa. 
    Tal como lo mostró David Ricardo, un país que tenga una desventaja a
    absoluta en la producción de todos los bienes puede competir a escala mundial
    si se especializa en la producción de los bienes para los cuales sea menos
    malo.  No es necesario esperar a ser el
    mejor en todos los bienes o en algunos de ellos para poder sobrevivir en la
    competencia global sino que esto se puede lograr mediante la especialización en
    la producción de algunos bienes.
    Los seis años de apertura han producido la evidencia necesaria para
    comenzar a dilucidar cual de las dos teorías tiene más validez.  Lo sucedido con las ensambladoras de
    vehículos es bastante ilustrativo.  Los
    fabricantes de vehículos tradicionalmente han sido defensores de la protección
    a la producción nacional.

    Algunos de ellos han estado dispuestos a pagar un precio alto por el
    derecho a ensamblar vehículos en un mercado protegido.  Por ejemplo, la Renault, estuvo dispuesta a
    pagar una valor alto por las acciones de SOFASA bajo el supuesto de que la
    protección se fuera a mantener indefinidamente. 
    Cuando el gobierno decidió hacer la apertura los nuevos dueños de SOFASA
    considerando que las instalaciones colombianas eran menos productivas, se
    sintieron perjudicados y comenzaron a solicitar una indenmización por los
    posibles perjuicios ocasionados por la apertura de la economía colombiana.
    La realidad ha mostrado que las inquietudes de los nuevos dueños de
    SOFASA resultaron infundadas.  Las
    ensambladoras colombianas han progresado en los ú1timos seis años y la apertura
    les ha favorecido.  Los fabricantes no
    tuvieron que hacer inversiones cuantiosas para ampliar la capacidad de sus plantas
    a niveles de 300 mil unidades que ha sido considerada como el mínimo para
    competir en una economía global.  La
    respuesta de las ensambladoras esta más en línea con el principio de la ventaja
    comparativa pues se dedicaron a producir los vehículos en que su desventaja era
    menor en términos relativos, complementando su oferta con vehículos importados
    de otros países.
    Más aún, aprovecharon la gran
    ventaja que les daba una amplia red de distribución para competir con éxito con
    otros productores que ofrecían precios más favorables. En poco tiempo, estos
    productores que quisieron competir solo con el precio perdieron la pelea con
    las ensambladoras nacionales y aquellos importados que lograron montar una
    adecuada red de distribución.  Las
    ensambladoras lograron adaptarse al nuevo entorno mediante la especialización y
    la utilización del principio de la ventaja comparativa.
    Algunos productores que tenían un producto mejor lograron penetrar el
    mercado colombiano, pero para ello tuvieron que hacer inversiones considerables
    en montar una buena red de distribución y servicio que le garantizara al dueño
    del vehículo su inversión por muchos años.
    Otras experiencias exitosas confirman la validez del principio de la
    ventaja comparativa. El grupo Corona, fabricante de porcelana sanitaria
    aprovechó su amplio conocimiento del mercado de la construcción para ampliar
    sus actividades de distribución complementando su línea con artículos importados.  Los American Home Centers establecidos en
    Bogotá, ofrecen una amplia variedad de artículos de construcción y sirven como
    un canal de distribución de los principales artículos del Grupo Corona.
    El conocimiento del mercado y los contactos con los minoristas también
    han resultado factores claves del éxito para muchos productores de
    alimentos.  En lugar de ponerse a hacer
    cuantiosas inversiones para competir con los fabricantes a escala mundial
    muchos de los productores como Rica Rondo o Nestlé se han concentrado en algunas
    de sus líneas y han importado productos de la competencia que distribuyen a
    través de sus propios canales.
    La apertura económica ha permitido a muchas fábricas que poseían una
    gran fortaleza en el mercadeo especializarse en estas labores y ampliar su
    presencia mediante la distribución de productos importados que aparentemente
    iban a acabar con la producción nacional. 
    Los consumidores han ganado pues ahora tienen unos productores que han
    mejorado su eficiencia mediante mejoras en la productividad lograda a través de
    inversiones mejores y más moderna fábricas y a través de una juiciosa
    especialización en las actividades en que poseen una ventaja comparativa.
  • Los diamantes pueden ser nocivos

    El principio de la
    ventaja absoluta ha conducido a errores fundamentales de política económica en
    especial al excesivo proteccionismo.
    El Profesor Michael
    Porter de la Escuela de Administración de Negocios de la Universidad de Harvard
    es uno de los consultores mejor pagados. La firma Monitor a la cual está
    vinculado tan destacado académico ha realizado recientemente un estudio sobre
    nuestro país que ha sido objeto de algunos comentarios y que sin lugar a dudas
    servirá para centrar el debate sobre el tema de la competitividad de la
    industria colombiana durante los próximos años.
    Los análisis realizados
    por la firma consultora toman como base conceptual el libro del Profesor Porter
    titulado “La ventaja comparativa de las naciones” publicado
    originalmente por la editorial Macmillan y traducido al español por Javier
    Vergara Editor de la Argentina. Para focalizar la atención del lector el Profesor
    Porter ha acudido a un diagrama en forma de diamante en el que presenta cuatro
    atributos que determinan la ventaja comparativa de las naciones. Las cuatro
    variables elegidas por Porter son: las condiciones de los factores; las
    condiciones de la demanda; los sectores afines y de apoyo; y la estrategia,
    estructura y rivalidad de las empresas.
    El éxito de este
    sencillo diagrama es incuestionable. Los hombres de acción encuentran muy
    atractivo poder resumir todo el trabajo desarrollado en más de mil páginas en
    algo tan sencillo y fácil de recordar. Conceptos tan abstractos como el de la
    ventaja comparativa, la relativa escasez de los factores de producción, los
    encadenamientos hacia atrás y hacia adelante y el efecto de la tasa de cambio
    en la competitividad no se necesitan para poder entender la razón por la cual
    algunos sectores industriales de un país pueden alcanzar el éxito a nivel
    mundial.
    Al reconocer que no hay
    nada “más exitoso que el éxito” los consultores colombianos saltan al
    vagón de la ventaja competitiva de las naciones y se convierten muy rápidamente
    en los divulgadores del nuevo evangelio. No se paran a pensar si realmente se
    debe volver a pensar en términos de ventaja absoluta y si se ha abolido la
    teoría de la ventaja comparativa, en buena hora difundida por David Ricardo.
    Este retroceso en el
    enfoque sobre el comercio internacional no deja de ser preocupante para el
    economista teórico que ha gastado enormes esfuerzos para hacer entender a sus
    alumnos que un país que es menos eficiente que otro en todos los sectores puede
    beneficiarse del intercambio comercial con otro país que es más productivo en
    todas las actividades.
    La negación del
    principio de la ventaja comparativa y el redescubrimiento de las ventajas
    absolutas ahora bautizadas como ventajas competitivas no solo reducen el campo
    de aplicación de esta nueva teoría a unos pocos sectores de unos pocos países
    sino que conducen a políticas económicas equivocadas. El principio de la
    ventaja absoluta ha conducido a errores fundamentales de política económica en
    especial al excesivo proteccionismo. La experiencia ha mostrado que es muy
    fácil argumentar que la protección a las industrias locales es la mejor
    política cuando el comercio internacional está orientado por el principio de la
    ventaja absoluta.
    El esquema en forma de
    diamante popularizado por Porter, mal interpretado, puede llevar a conclusiones
    equivocadas en el campo cambiario. El efecto de la tasa de cambio en el
    comportamiento de las exportaciones de un país es ignorado a lo largo del
    tratado del Profesor Porter. Para los discípulos de Porter, las políticas
    macroeconómicas no tienen efecto alguno sobre la competitividad de las
    industrias. La tasa de cambio real, las políticas fiscal y monetaria son
    totalmente ignoradas a lo largo del trabajo de Porter. Esto lleva a afirmar a
    algunos fanáticos que las naciones no son las que compiten sino los que
    compiten son las firmas.

    La simplificación y
    mala interpretación de trabajos serios como el de Porter puede conducir a
    errores de política. El gran peligro en utilizar los esquemas en forma de
    diamante sin analizar cuidadosamente las restricciones que llevan estos
    esquemas simplificados puede conducir a la formulación de políticas
    equivocadas.