Category: Valorización por beneficio general

  • Santafé, Campeón 1994

    Es necesario preguntarse si la sobretasa a la gasolina es el instrumento más adecuado para financiar un  plan vial
    Con la propuesta del cobro de la sobretasa a la gasolina el Alcalde Castro logrará coronar a Santafé de Bogotá como el campeón en el campo de los impuestos.  El ilustre burgomaestre ha logrado llevar a Bogotá de un modesto duodécimo puesto que ocupaba al comienzo de su Administración al primer lugar, desplazando a Zaragoza Antioquia como el líder en el campeonato de impuestos.  El gran esfuerzo hecho por el sufrido santafereño no es reconocido en el resto del país en donde se sigue tratando a los capitalinos como perezosos en materia tributaria.  De aprobarse la sobretasa, la nueva Administración del Distrito Capital podría contar, al fin, con una base impositiva suficiente para atender los ingentes gastos necesarios para realizar las adiciones que requiere la deteriorada e insuficiente malla vial.

    Sobre la incorporaci6n de la sobretasa a la gasolina en el presupuesto para la vigencia de 1995 es necesario hacer una serie de observaciones.  En primer lugar debe decirse que el hecho mismo de su propuesta es una aceptación, tácita, por parte de la Administración actual de que su importante labor de saneamiento fiscal no se pudo completar, pues de otra manera no se explicaría el incluir una fuente de recursos, adicional.  Este hecho que ahora se hace evidente ya había sido descubierto por los estudiosos de las Finanzas Públicas Distritales, quienes habían destacado que el equilibrio fiscal se había logrado en la Administración Castro mediante medidas de carácter netamente coyuntural, como el doble cobro del impuesto de industria y Comercio y la valorización por beneficio general.  La solicitud de una sobretasa a la gasolina está demostrando que para poder atender los requerimientos de infraestructura vial es necesario contar con una fuente de recursos de carácter permanente que permita sufragar por un período largo el plan vial que necesita la ciudad.
    En segundo lugar es necesario preguntarse si la sobretasa a la gasolina es el instrumento más adecuado para financiar un plan vial.  La respuesta a este interrogante es bastante compleja y como en la mayoría de los casos prácticos debe hacerse pesando los pros y los contras.  La sobretasa tiene innegables factores positivos.  Hacer que los beneficiarios de las obras contribuyan a su financiación es un sano principio de hacienda pública.  En este aspecto es más equitativo financiar inversión en vías con un impuesto a la gasolina que a través de un doble cobro del Impuesto de Industria y Comercio.  Aumentar el costo de la utilización de los vehículos tiene un efecto benéfico pues de alguna manera disminuye la congestión al reducir la utilización excesiva de los vehículos.
    La sobretasa a la gasolina, dentro de ciertos limites es muy sencilla de cobrar y su costo de recaudo es mínimo. Sin embargo, la sobretasa a la gasolina tiene serios inconvenientes.  El más grave de todos es su clara incidencia regresiva.  El impuesto termina afectando en mayor grado a los usuarios de bajos ingresos.  Financiar obras públicas con una larga vida útil a través de impuestos tiene el serio inconveniente de gravar a las generaciones actuales para beneficiar a las generaciones futuras, por tanto la sobretasa a la gasolina tiene serios inconvenientes desde el punto de vista de equidad intergeneracional.  En la medida en que la sobretasa tenga cubrimiento parcial se induce un contrabando de gasolina de zonas no gravadas a las zonas gravadas.  La experiencia ha mostrado que el contrabando puede tener serios inconvenientes desde el punto de vista de la seguridad ciudadana.  El tráfico y venta de combustibles se convierte en un serio peligro ciudadano que las autoridades muchas veces no pueden controlar efectivamente.

    Finalmente, es necesario tener en cuenta que la justificación misma de un impuesto para financiar una obra depende de la rentabilidad misma de la obra.  Una inversión que no produce un retorno económico no se debe hacer así se financie con el mejor impuesto.  Por tanto, lo que realmente necesita Bogotá antes de cobrar más impuestos es una gran reforma institucional que asegure que las obras públicas se hagan siguiendo los mejores procedimientos, a un costo mínimo y dentro de los plazos previstos.  No sacamos mucho repitiendo, al infinito, la triste historia de los planes viales de las dos últimas administraciones.
  • Cobrar y cobrar

    Para la Administración
    lo importante es cobrar a los dueños de los predios, a los dueños de los
    vehículos y a don Raimundo y a todo el mundo.
    Cuando nos disponíamos
    a gastarnos la plata de la prima de junio, nos sorprenden con la noticia de que
    en pocos días se va a comenzar el cobro de la valorización por beneficio
    general. Nos encontramos nuevamente frente a una situación en la que una
    Administración busca primero los recursos antes de decidir en que invertir. Han
    pasado tres años de discusiones jurídicas sin que se haya hecho un plan serio
    sobre las necesidades de transporte de la ciudad. Todo este tiempo se ha
    dedicado a discusiones jurídicas y políticas sin haber tenido en cuenta que
    para poder realizar las obras se necesitan estudios que fijen las prioridades
    de la ciudad.
    Más aún, por estar
    discutiendo sobre otros temas se ha olvidado que bajo un concepto de
    valorización, así sea por beneficio general, las obras y los cobros deben tener
    alguna relación. Para poder contar con el apoyo ciudadano, los bogotanos deben
    ver que los cobros de la valorización les van a reportar algún beneficio
    futuro, pues de otra manera lo que se está haciendo es incrementando un impuesto
    a los predios bogotanos.
    Parece claro que el
    gobierno bogotano no ha dedicado mucho esfuerzo a encontrar un plan de obras en
    el que la financiación y el beneficio estén ligados. Más aún, parece que la
    Administración ha considerado que esto no es importante. Para la Administración
    lo importante es cobrar a los dueños de los predios, a los dueños de los
    vehículos y a don Raimundo y a todo el mundo. Un día piensa que todos los
    costos deben ser asumidos por los usuarios y por tanto busca concesionarios
    para un sistema de transporte masivo que con tarifas puedan hacer todas las
    cuantiosas inversiones que se demandan en este tipo de transporte. Al otro día
    piensa que son los usuarios de los teléfonos los que deben pagar por las
    inversiones y la operación del deficiente sistema de semáforos.
    Como todas estas
    fuentes parecen insuficientes el funcionario de turno decide incrementar no
    solo los costos de poseer un vehículo sino también la tramitología, creando
    certificados de movilización, calcomanías para los carros matriculados fuera de
    Bogotá y nuevos números para los vehículos con placas negras. Como si todo esto
    no fuera suficiente se contempla como alternativa una sobretasa a la gasolina
    con el argumento de que en Colombia la gasolina es muy barata.
    Con tanta imaginación
    sobre fuentes de recursos para financiar un gasto prioritario uno pensaría que
    el tráfico bogotano debería ser el más fluido del mundo y que las calles de
    Bogotá y no las de San Francisco, serían la envidia de todo el mundo. La realidad
    cotidiana muestra todo lo contrario. Los huecos son tan abundantes que se han
    comenzado a privatizar. Los contratistas han encontrado que los dueños de
    muchas viviendas están dispuestos a pagar el arreglo de las calles. Los
    periódicos han encontrado fuente inagotable de noticias el mal estado de las
    vías y la congestión reinante en Bogotá. La radio tiene a diario su reporte
    sobre el tráfico en el que se anuncian que todas las calles tienen problemas.

    La oportunidad que se
    presenta en este momento en el que se van a recaudar tan importantes sumas no
    debería desaprovecharse. Las obras que se hagan deberían ser ampliamente
    discutidas y escoger las verdaderamente prioritarias. Busquemos que los que
    están haciendo el esfuerzo económico reciban al menos algún beneficio. Las
    universidades, los gremios, la Cámara de Comercio deberían convertirse en
    veedores de unas obras de tal magnitud. Al menos que nuestros pesos se
    inviertan bien y que mañana no tengamos que buscar a los pavimentadores para
    que nos arreglen las vías que utilizamos.
  • El Idu de la Fantasía

    Normal
    0

    21

    false
    false
    false

    ES-CO
    X-NONE
    X-NONE

    MicrosoftInternetExplorer4

    /* Style Definitions */
    table.MsoNormalTable
    {mso-style-name:”Tabla normal”;
    mso-tstyle-rowband-size:0;
    mso-tstyle-colband-size:0;
    mso-style-noshow:yes;
    mso-style-priority:99;
    mso-style-qformat:yes;
    mso-style-parent:””;
    mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
    mso-para-margin-top:0cm;
    mso-para-margin-right:0cm;
    mso-para-margin-bottom:10.0pt;
    mso-para-margin-left:0cm;
    line-height:115%;
    mso-pagination:widow-orphan;
    font-size:11.0pt;
    font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
    mso-ascii-font-family:Calibri;
    mso-ascii-theme-font:minor-latin;
    mso-hansi-font-family:Calibri;
    mso-hansi-theme-font:minor-latin;}

    No debemos olvidar que el IDU recaudó como ingresos de valorización en
    el período 1971- 1989 una cifra inferior a los ochenta y tres mil quinientos
    millones de pesos que el Alcalde de Verdad piensa cobrar en un año.
     
    En estos días Emiliani,
    en donde aumenta la oferta de televisión, vienen a nuestra memoria algunos de
    los programas que en su época tuvieron éxito. La Isla de la Fantasía programa
    producido por la cadena ABC de los Estados Unidos tuvo mucho éxito a comienzos
    de los ochentas. En él Ricardo Montalbán y su asistente Tattoo brindaban a los
    visitantes de la isla la oportunidad de vivir sus fantasías.
    El Alcalde de Bogotá
    pareciera que no ha tenido necesidad de hacer el vuelo hasta la Isla de la
    Fantasía pues el Director del IDU le ha prometido que en los últimos nueve
    meses de su mandato puede llevar a cabo todo lo que se ha imaginado. En efecto,
    le ha prometido que a pesar de tener que presidir dos elecciones puede recaudar
    en un año lo que anteriormente se recaudaba en un poco más de 19 años. No
    debemos olvidar que el IDU recaudó como ingresos de valorización en el período
    1971- 1989 una cifra inferior a los ochenta y tres mil quinientos millones de
    pesos que el Alcalde de Verdad piensa cobrar en un año.
    La magnitud del
    esfuerzo fiscal adicional con que sueña el burgomaestre bogotano puede
    apreciarse cuando se compara con los ingresos totales del Distrito en épocas
    anteriores. El Presupuesto consolidado de Bogotá en 1979, medido en pesos de
    hoy, fue inferior a un año de la contribución de valorización por beneficio
    general. Con lo que se piensa cobrar por beneficio general los bogotanos de
    1979 no solo financiaron todos los servicios sociales, las obras de la
    administración central, sino que pudieron pagar las cuentas de sus servicios
    públicos como electricidad, acueducto, teléfonos y aseo.
    Las obras que aparecen
    en su fantasía no se van a poder hacer en el poco tiempo que le queda al
    Alcalde Caicedo. Los 167 mil millones de pesos que piensa recaudar el IDU no
    van a poderse gastar en nueve meses. El presupuesto de la famosa avenida
    expresa, con todas sus obras, es de 26 mil millones de pesos. Por más que se
    quiera no se va a poder ejecutar en su totalidad, entre otras cosas porque los
    terrenos por donde pasa han sido invadidos. La Administración al final de su
    mandato podrá entregar algunos puentes de esta avenida con un costo de 800
    millonesla unidad. Si entrega cinco puentes habrá gastado apenas 4.000 millones
    de pesos.
    No parece lógico
    recaudar 85.000 millones para entregar obras por un valor de cuatro mil
    millones. Más aún, es inconcebible que haya que cobrar con anticipación unas
    obras que se encuentran financiadas. La Avenida Norte Quito Sur forma parte de
    un paquete que ha sido financiado por FINDETER. Si esta institución no lo
    hubiera aceptado, el Proyecto habría podido ser finaciado dentro del programa
    presentado a la consideración del Banco Mundial. Para que hubiera podido ser
    financiado dentro del Programa del Banco, el IDU debería presentarlo de acuerdo
    con las normas de Contratación aprobadas para dicho programa. El afán de
    terminar las obras lo más rápido posible ha llevado al IDU a contratar el
    diseño con la construcción y ha impedido que obras como la Avenida NQS y la
    troncal de la Caracas no puedan ser financiadas con los recursos del Banco
    Mundial.
    En la fantasía del
    Alcalde nunca aparecía la protesta ciudadana. La felicidad era total. Los
    bogotanos cumplían el llamado del IDU vendiendo sus lotes y hacían colas para
    entregarle el ahorro de toda su vida al Alcalde, para que éste pudiera
    inaugurar todas las obras antes del primero de junio de 1992.