Category: Transferencias

  • Una reforma tributaria para reparar las fallas de la constitución del 91

    El gobierno busca aumentar sus ingresos para poder seguir en la alegre
    danza de los millones a nivel local.

    La discusión de la reforma tributaria ha sacado a relucir una serie de
    problemas estructurales de la economía colombiana.  El Ministro de Hacienda al tratar de convencernos
    de la necesidad y conveniencia de su reforma tributaria ha puesto sobre el
    tapete un problema que en su paso por la constituyente contribuyó a crear.  Los constituyentes del 91 en su afán de
    acelerar el incipiente proceso de descentralización que había iniciado el país
    en la década de los 80’s decidió transferir cuantiosos recursos a los
    departamentos y municipios.  Como
    consecuencia de los cambios constitucionales, las finanzas del gobierno central
    comenzaron a experimentar un notable desequilibrio.
    El gobierno central debió aumentar considerablemente las transferencias
    a las regiones sin lograr reducir los gastos pues los desarrollos legales no
    pudieron compensar el aumento en las transferencias de recursos con la
    disminución de los gastos cuya responsabilidad fue transferida a los municipios
    y departamentos.  Como era de esperarse
    en un congreso en el que están representados los intereses regionales la ley de
    competencias y recursos fue muy generosa con las regiones a costa del tesoro
    nacional.
    El impacto negativo de la constitución del 91 en las finanzas del
    gobierno central es impresionante.  El
    superávit corriente del gobierno central que estaba en un 3 por ciento del PIB
    en 1991 comenzó a desaparecer y en poco tiempo se llegó a un déficit de similar
    magnitud. El gobierno central a partir de 1993 comenzó a gastar en
    funcionamiento más de lo que recibía por impuestos teniendo que comenzar a
    gastarse los ingresos extraordinarios de las privatizaciones y las concesiones
    de los celulares.
    Tal como lo muestran las cifras utilizadas por el Ministro Perry para
    justificar la necesidad de la reforma tributaria esta disminución del superávit
    corriente se explica en buena parte por el crecimiento desmesurado de las transferencias
    a los gobiernos locales que de un nivel de 5 por ciento del PIB hasta 1991 han
    alcanzado un nivel del 8 por ciento y que se estiman que en 1998 lleguen al
    doble del nivel anterior a la constitución. 
    La evidencia es tan clara que el Doctor Perry ha tenido que aceptar que
    los buenos deseos de él y de otros constituyentes del 91 han sido los causantes
    del principal problema a que se ve enfrentada la economía colombiana.
    Si bien el gobierno a través de su Ministro de Hacienda encuentra que el
    mayor problema fiscal de la economía colombiana tiene que ver con el mal diseño
    del sistema de transferencias para resolverlo no plantea una reforma ni a la
    constitución ni a la ley de competencias y recursos sino que más bien trata de
    arreglar el problema creado por la constitución del 91, quien lo creyera, a
    través de una reforma tributaria.  La
    única acción directa prevista es el lanzamiento de una nueva edición de la
    comisión de gasto público que estuvo trabajando hace diez años y en la que pude
    participar con algunos de los escogidos por el gobierno nacional.
    Es muy triste que la principal solución adoptada por el
    gobierno sea aumentar sus ingresos para poder seguir la alegre danza de los
    millones.  El ciudadano no puede entender
    cómo es posible aceptar que el mal uso de los recursos a nivel local tenga que
    ser pagado con un incremento en los impuestos. Abusos como la construcción de
    piscinas de olas, coliseos cubiertos y otra serie de elefantes blancos que se
    aprecian en las primeras páginas de los periódicos se aceptan como la norma
    inevitable.
    El gobierno central que antes criticaba la conducta de
    algunos municipios que gastaban por encima de sus ingresos corrientes ha
    encontrado que es mejor conseguir más recursos que cambiar su propensión a
    gastar por encima de sus medios.  Lo más
    grave de esta carrera desenfrenada por conseguir más recursos para sostener un
    gasto descontrolado es que ha traído como consecuencia un disparo del
    endeudamiento de los entes regionales. 
    El aumento acelerado de las transferencias ha permitido un fácil acceso
    a las fuentes de crédito.  Los municipios
    han acudido a todas las fuentes de crédito poniendo como garantía el aumento de
    las transferencias.  Los alcaldes y
    gobernadores han encontrado la manera de erigir monumentos a su memoria que sean
    pagados por las próximas administraciones.
    El querer arreglar el problema fiscal creado por las transferencias no
    solo va en contra de la lógica elemental de atacar directamente las causas de
    los problemas sino que resulta injusto con ciertas regiones que han hecho
    considerables esfuerzos para lograr un balance en sus finanzas.  El caso de Bogotá es bastante claro.  Todos sabemos que la mitad de los recaudos de
    los impuestos nacionales es pagado por los bogotanos.  El bogotano que gracias a las genialidades de
    los doctores Castro y Caicedo vio incrementados sus impuestos locales en los
    últimos años para poder sanear las finanzas del Distrito tendrá que aumentar el
    pago de sus impuestos nacionales para poder sufragar los gastos ocasionados por
    la combinación diabólica de la generosidad de los constituyentes de 1991 y la
    irresponsabilidad de unos gobernantes locales que han querido pasar a la
    historia en el breve lapso de tres años.

  • Reelegir a los buenos y enterrar a los muertos

    Si hay reelección inmediata, las
    ciudades van a ver como los buenos Alcaldes se dedican a realizar las obras
    verdaderamente fundamentales.
    Los temas de interés
    periodístico suelen llegar en grupos. Hay semanas en que a los columnistas nos
    toca devanarnos los sesos para encontrar un tema de interés, mientras que en
    otras la abundancia de temas noticiosos conduce a horas de insomnio en las que se
    medita sobre las posibilidades de los diferentes temas. La última semana fue
    fecunda en acontecimientos. ANIF y FEDESARROLLO presentaron su análisis de la
    situación macroeconómica y sectorial en la que se trataron temas de especial
    interés dignos de ser comentados. El Instituto de los Seguros Sociales mostró
    una vez más su total ineficiencia cuando no pudo poner a disposición de los
    usuarios los formularios necesarios para hacer la consignación de los aportes
    mientras su Director defendía la compra de elefantes blancos. Por si esto fuera
    poco reguladores y regulados se dedican a hacerse la vida fácil pidiendo los
    unos y regalando los otros pasajes para los auto-homenajes celebrados en la
    frontera colombo venezolana.
    La angustia del columnista ante
    la abundancia de temas de actualidad se vuelve casi intolerable cuando en las
    horas de insomnio se da cuenta que tiene un tema importante que ha querido
    tratar y que nunca ha encontrado la oportunidad de hacerlo. Después de sopesar
    los pros y contras de la actualidad sobre la importancia he llegado a la
    conclusión de que en esta ocasión es necesario tratar un tema que si bien en el
    momento no está de moda si puede convertirse en poco tiempo en tema de
    actualidad.
    La finanzas locales y su impacto
    en las finanzas nacionales ha comenzado a aparecer en las discusiones sobre la
    financiación del Salto Social. Como muy bien lo anotó el Director de Planeación
    en su presentación en el seminario organizado por ANIF, buena parte del déficit
    del gobierno central durante el próximo cuatrienio se va a deber al aumento
    acelerado de las transferencias del gobierno central a los gobiernos locales.
    El fallo de la Corte y la reacción de los gobiernos locales muestra que si bien
    es posible fijar unas restricciones a la financiación de los gastos de
    funcionamiento con los recursos de las transferencias, en la práctica la
    presión de los burócratas locales y sus amigos a nivel central impide un sano
    control de los gastos locales.

    Si el país quiere mantener una
    situación fiscal sana debe a la mayor brevedad emprender una reforma drástica
    de su esquema de transferencias. Tiene que llegar a la penosa conclusión que a
    los constituyentes se les fue la mano en la rapidez como se aumentaron las
    transferencias y que los mecanismos compensatorios contemplados en la reforma
    de las finanzas intergubernamentales no fueron suficientes. Por tanto es
    necesario emprender una importante reforma tributaria de carácter local en la
    que se asegure que los recursos para el funcionamiento se generen a nivel local
    y en el que el gasto público sea realizado con mayor eficiencia y eficacia.



    No solo es necesario reforzar
    los controles y emprender una reforma de carácter local que sustituya los
    ingresos necesarios para los gastos de funcionamiento sino que se requiere de
    un cambio importante en las limitaciones impuestas en los períodos de los
    alcaldes.
    El haber implantado la no
    reelección inmediata y un período de tres años pareció, en su momento, una
    buena idea pues evitaba que los alcaldes utilizaran el poder para perpetuarse
    indebidamente en el puesto. Sin embargo, la realidad resultó muy distinta. En
    primer lugar, la experiencia ha mostrado que la ciudadanía se da cuenta
    fácilmente de quien es buen alcalde y merece ser reelegido, la limitación a la
    reelección resulta en estas circunstancias superflua. En segundo lugar, cuando
    no hay reelección el Alcalde se preocupa más por su siguiente etapa en su vida
    política que en hacer una buena alcaldía pues sabe que no puede ser reelegido.
    Algunos pueden llegar a ser tan miopes que dejan totalmente endeudado a la
    ciudad  tratando de hacer obras
    faraónicas para que los recuerde y sigan ascendiendo por encima de su nivel de
    incompetencia.
    El caso de Bogotá es tal vez el
    más destacado. Los Alcaldes Castro y Caicedo nunca se preocuparon por cambiar
    realmente la ciudad sino que intentaron hacer una serie de puentes sobre la
    Avenida Ciudad de Quito convencidos que con eso podrían lograr la Presidencia
    de la República. En lugar de hacer las reformas necesarias en la Administración
    para asegurar una financiación sana de la ciudad decidieron irse por el camino
    fácil de meterle la mano a los contribuyentes aumentando exageradamente los
    impuestos.
    Lo triste del caso es que a
    pesar de haber salido totalmente desprestigiados de su cargo siguen aspirando a
    llegar alguna vez al solio de Bolívar. Tratan ahora de mostrar que son unos
    estadistas profundos, cuando nunca pudieron ejercer un liderazgo a nivel local.
    Si hubiera habido una reelección inmediata, tanto Castro como Caicedo hubieran
    sufrido una tremenda barrida y ahora estarían enterrados políticamente.
    Si hay reelección inmediata, las
    ciudades van a ver como los buenos Alcaldes se dedican a realizar las obras
    verdaderamente fundamentales,  contando
    con el apoyo popular por varios períodos. 
    El Cura Hoyos reconocido como buen Alcalde por todos los barranquilleros
    ha debido continuar. Si el Doctor Mockus nos logra educar y Bogotá se vuelve a
    convertir en la Atenas Suramericana es mejor dejarlo como Alcalde que mandarlo
    al Palacio de Nariño para que allá aprenda a manejar el País del Sagrado
    Corazón.