Category: The Economist

  • La distancia y la clepsidra han muerto

    El sector de las
    telecomunicaciones ha experimentado importantes cambios tecnológicos. Al mismo
    tiempo que se sucedían los cambios en la tecnología de comunicaciones el
    entorno regulatorio experimentó profundas transformaciones. Los monopolios públicos
    y privados en el curso de pocos años dieron paso a una serie de operadores que
    ofrecen una variedad de opciones a los consumidores.

    La revista The Economist del 30
    de septiembre de 1995 dedico su historia principal al estado de las
    telecomunicaciones en el Mundo. Frances Cairncross autora del artículo encontró
    un título que describía muy bien una característica importante del sector. Manifestó,
    que de pronto ya la distancia no importaba para comunicarse y que era probable
    que la distancia hubiera muerto.[1]

    Pero no solo la distancia parece
    no importar en el mundo de las telecomunicaciones sino que tampoco ya no
    importa la duración de la llamada. El reloj de agua también
    conocido como la Clepsidra utilizado por los griegos desde 325 a. C. para
    controlar el tiempo utilizado por los oradores, ya no se necesita pues la
    factura de muchos servicios de comunicaciones no depende  del número de llamadas realizadas durante un
    período de facturación. Por eso podría hablarse de que para efecto de las
    comunicaciones también la clepsidra ha muerto.

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  • La tasa de cambio real: A la carta

    La tasa de cambio real: A la carta

    Históricamente los exportadores nunca han  estado contentos con la tasa de cambio vigente
    siempre esperan que las autoridades económicas tomen medidas para lograr un
    valor más alto por los dólares producto de sus ventas al exterior. Si  hoy  la
    tasa de cambio llega a los dos mil pesos por dólar mañana buscarán que este
    valor sea un poco más alto.

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  • Presupuesto a la inglesa

    El presupuesto de 1993 debe ser discutido con extremo
    cuidado y revisarse con lupa por parte de toda la ciudadanía con el fin de
    evitar que el producido de la reforma tributaria se dilapide.

    Cada año por esta época comienza en Colombia la discusión
    presupuestal.  El ciudadano común se
    pierde en esta danza de cifras.  Los
    valores mencionados en los medios de comunicación son de tal magnitud  que prácticamente nadie puede comprender la
    verdadera dimensión del presupuesto del gobierno.

    Los grandes fracasos de la gestión pública en Colombia como
    el del sector eléctrico, el Metro de Medellín y la quiebra de ciudades como
    Pasto nos están mostrando que el sistema presupuestal colombiano adolece de
    muchas fallas que tienen que ser corregidas si se quiere que el Estado
    colombiano sea más eficiente.

    La falta de discusión de alternativas presupuestales es una
    de las grandes limitaciones en el presupuesto colombiano. El público nunca
    tiene una opción con la que pueda comparar la propuesta del gobierno.  Cuando se aprobó el Metro de Medellín, no se
    considero una tecnología de transporte de menor costo. Tampoco se consideró la
    posibilidad de realizar un programa de mejoramiento urbano que atacara
    problemas más apremiantes de los estratos más pobres del Valle de Aburrá.

    El poco interés de la ciudadanía en el proceso presupuestal
    ha permitido que los gobernantes de turno nos embarquen en los famosos elefantes
    blancos.  Los Alcaides de Verdad buscan
    inmortalizarse en obras de concreto sin preocuparse de la manera en que se van
    a pagar dichas obras.  Este torrente de
    obras mal concebidas, no solo aumenta de manera alarmante los impuestos sino
    que muchas veces requiere de un endeudamiento creciente.

    Cuando no hay controles efectivos en el proceso
    presupuestal, los grandes errores tienden a reproducirse.  Colombia es, sin lugar a dudas, el país del
    Mundo con más aeropuertos internacionales. 
    En este juego presupuestal los habitantes de Medellín, Barranquilla y
    Cali pueden apoyar la construcción de un aeropuerto internacional de Cúcuta
    porque saben que en el futuro podrán alegar que sus ciudades también merecen
    tener su propio aeropuerto.

    Una idea muy interesante para mejorar el proceso
    presupuestal aparece en el último de la revista The Economist.  En lugar de tener discusiones separadas entre
    el ministro del Tesoro y cada uno de los ministros las discusiones
    presupuestales se van hacer de manera colegiada.  En este esquema ideado por el maquiavélico
    Norman Lamont, cada ministro tiene un incentivo en atacar los malos proyectos
    de sus colegas, por cuanto los ahorros que se hagan pueden ser incorporados en
    su propio presupuesto por quien logre demostrar que ese gasto es
    innecesario.  Si este procedimiento se
    adoptara en Colombia sin lugar a dudas impediría gastos tan innecesarios como
    los famosos aviones Kafir.  Los ministros
    de Salud, Educación, Justicia verían una oportunidad magnífica de aumentar sus
    presupuestos tratando de eliminar las malas inversiones en el Presupuesto de la
    Defensa.  El Ministro de la Defensa por
    su parte tendría que convencer no solo al Ministro de Hacienda y al Director de
    Planeación sino a todo el Gabinete en pleno.

    El presupuesto de 1993 debe ser discutido con extremo
    cuidado y revisarse con lupa por parte de toda la ciudadanía con el fin de
    evitar que el producido de la reforma tributaria se dilapide.  La adición presupuestal de 1.6 billones de
    pesos para pagar burocracia al mes y medio de aprobada la reforma tributaria,
    debe abrirnos los ojos sobre lo que nos espera en el futuro si no hacemos
    reformas importantes en el proceso presupuestal colombiano.