Category: Tarifas energía

  • Recordando el 92

    Todas las discusiones
    serias sobre el tema ponen de manifiesto que el origen del apagón se origina en
    la equivocada decisión de desacelerar los grandes proyectos de inversión.
    En esta semana se
    cumplió el segundo aniversario del apagón de mil novecientos noventa y dos. El
    recuerdo penoso de los trece meses se revivió con el apagoncito del martes
    pasado. Las dos horas de apagón revivieron para muchos los inconvenientes
    vividos a lo largo de trece meses que ensombrecerán perennemente a la
    administración Gaviria. Como en todos los aniversarios, la ocasión es propicia
    para reflexionar sobre lo que nos enseñó tan amarga experiencia.
    Todas las discusiones
    serias sobre el tema ponen de manifiesto que el origen del apagón se origina en
    la equivocada decisión de desacelerar los grandes proyectos de inversión. Guillermo Perry, el
    primer Ministro de Minas y Energía de la Administración Barco se equivocó en
    materia grave al aplazar la entrada de los principales proyectos
    hidroeléctricos. Los altos costos que tuvimos que pagar por aplazamiento de los
    proyectos son inmensamente superiores a los precarios beneficios que pudo
    obtener el país por el cambio súbito en sus prioridades de inversión. Alterar
    el ritmo de inversión de proyectos de tal complejidad nunca puede ser
    considerado como un buen elemento de control macroeconómico. Es evidente que el
    equilibrio macroeconómico debe lograrse a través de políticas de carácter
    general sin tener que entrar a cambiar los planes de trabajo de un proyecto en
    ejecución.
    Un segundo error que
    nos llevó a los problemas del racionamiento es haber basado el desarrollo del
    sector eléctrico en proyectos hidroeléctricos. Generar energía con agua y no
    con carbón puede resultar más económico en el corto plazo especialmente cuando
    hay abundancia de agua. En el largo plazo, en una economía en que hay escasez
    de capital y en la que hay una mayor incertidumbre en los proyectos
    hidroeléctricos puede resultar contraproducente depender demasiado en la
    generación basada en el agua. Los retrasos originados por problemas debidos a
    las condiciones geológicas y a la alta rotación en las directivas de las
    empresas pueden acabar con las ventajas relativas de los proyectos hidroeléctricos.
    La comparación de los costos de la energía entre Colombia y los países que nos
    compran carbón para generar muestra que los costos de la energía eléctrica en
    los países que nos compran carbón suelen ser menores que los altos costos que
    deben pagar los usuarios industriales y comerciales en Colombia.
    El tercer error grave
    en materia de política energética que llevó al apagón del 92 es haber diseñado
    una política de tarifas que incentiva no solo el mal uso de este recurso escaso
    por parte de los usuarios de bajos ingresos sino que incentiva el contrabando
    de energía por parte de los grandes usuarios. Colombia ha abusado de los
    esquemas redistributivos y los ha convertido en una de las principales causas
    de la mala asignación de los recursos energéticos. El pensar que las tarifas no
    tienen ningún efecto en el consumo es una de las principales causas de la mala
    asignación de recursos en Colombia. Las políticas pregonadas por nuestros
    populistas de turno han llevado a distorsiones de gran magnitud que han
    resultado extremadamente difíciles de desmontar.

    Una cuarta enseñanza de
    esta dura experiencia es que el manejo de las empresas es vital. El lograr
    minimizar el impacto negativo del clientelismo en las empresas es realmente
    importante. El buen comportamiento de EPM y el mal comportamiento de otras
    Empresas del sector se explica porque los ciudadanos del Valle de Aburrá
    decidieron minimizar el influjo de los políticos y dotaron a EPM de
    instrumentos que les permite operar sin tener que pasar permanentemente por el
    Concejo. Las mejoras institucionales logradas con el Estatuto de Bogotá pueden
    permitir que en el futuro la EEB pueda competir favorablemente con otras
    ciudades y aún con el sector privado.
  • Una propuesta digna de ser estudiada

     Como muy bien lo
    anotaba el anterior Gerente de la EEB para lograr garantizar una mayor
    confiabilidad es necesario contar con niveles adecuados en los más grandes
    embalses y en especial en los embalses agregados de la sabana y en el Peñol.
    Al comienzo de la
    semana se posesionó el nuevo gerente de la Empresa de Energía de Bogotá.
    Deseamos muchos éxitos al Doctor Mauricio Cárdenas en su gestión en la EEB. Al
    anterior Gerente lo felicitamos por su labor y en especial por haber logrado
    que el Proyecto Guavio entrará a generar y a contribuir a la disminución del
    apagón. Entre las iniciativas que no alcanzó a poner en funcionamiento el Doctor
    Calderón durante su corta gestión es conveniente recordar su propuesta de
    buscar llenar los embalses multianuales. Como muy bien lo anotaba el anterior
    Gerente de la EEB para lograr garantizar una mayor confiabilidad es necesario
    contar con niveles adecuados en los más grandes embalses y en especial en los
    embalses agregados de la sabana y en el Peñol. La idea es bien interesante pues
    esto permitiría sortear más fácilmente los problemas causados en años con pocas
    lluvias.
    La propuesta consiste
    en pagar a las empresas de energía por no generar con el agua de sus embalses
    durante los años con buenos regímenes de lluvias, con el fin de poder entregar
    un alto nivel de embalses al concluir el año con abundantes lluvias. Esta
    política de ahorro únicamente se justifica para los embalses multianuales pues
    en los otros como Chivor y Betania no existe suficiente capacidad de
    almacenamiento.
    Aunque la propuesta del
    anterior Gerente es bien atractiva existen una serie de interrogantes que deben
    irse resolviendo. En primer lugar, debe tenerse presente que para poder llenar
    los embalses multianuales es necesario contar con un excedente en el resto del
    sistema que permita satisfacer la demanda sin tener que usar el agua almacenada
    en los embalses. En estos momentos no parece que el sistema cuente con un
    margen de maniobra suficiente para poder reducir las descargas de los embalses
    multianuales. Para poder llenar los embalses se deberían mantener en magnífico
    estado todas las otras plantas para poder utilizarlas en el período de lluvias
    a plena carga.
    En segundo lugar, para
    poder lograr aumentar los embalses se requiere que los dueños de los embalses o
    sea EPM y la EEB encuentren atractivo, desde su propio punto de vista, el no
    utilizar el agua de sus embalses para generar. Según el Doctor Calderón una
    manera de hacer atractivo que las dos empresas más grandes de Colombia no
    generen sería mediante un subsidio pagado por el gobierno o por el resto del
    sistema eléctrico nacional. El monto del subsidio y la forma de pago no ha sido
    definido. La idea parece ser que el gobierno compensara a las empresas por el
    costo de oportunidad incurrido. Como el agua se piensa ahorrar para utilizarla
    en los años secos la compensación que debería hacer el Gobierno a las empresas
    sería equivalente al interés dejado de percibir por las empresas durante el
    período en que mantuvieran almacenada el agua. Otra manera equivalente, sería
    que el gobierno comprara agua en el período de lluvias a las Empresas y lo
    guardara en los embalses hasta que fueran necesario utilizarla en un año de
    sequía.
    Es claro que este
    esquema podría generar una serie de dificultades. En primer lugar, haría que el
    gobierno se viera involucrado en la operación de los embalses y que por lo
    tanto las decisiones se volvieran más políticas de lo que ahora son. No es muy
    difícil pensar el gran incentivo que tendría el gobierno para utilizar sus
    ahorros de agua en vísperas pre-electorales. La determinación de las
    compensaciones a las grandes empresas sería también motivo de grandes
    controversias. Si el Gobierno quiere favorecer a las grandes empresas podría
    fijar altas compensaciones. Si por el contrario quiere extraer parte de las
    ganancias de las grandes empresas fijaría compensaciones muy bajas.

    Si lo que se busca es
    lograr ahorros en las épocas de mucha lluvia para utilizar el agua en épocas de
    poca lluvia pareciera mucho más sencillo establecer un esquema en donde se
    permitieran tarifas diferenciales por estación seca y por estación lluviosa. Si
    las dos empresas más grandes pueden cobrar más en la estación seca que en la
    estación lluviosa, tendrían un incentivo para ahorrar el agua de sus embalses
    multianuales para poderlos utilizarla en la época en que les produjera una
    mayor ganancia. Si el esquema de tarifas está bien calculado, se podría lograr
    que las empresas se comportaran de la manera óptima para la sociedad al querer
    maximizar sus ganancias. Este esquema de tarifas tendría la gran ventaja
    adicional que los consumidores reducirían su demanda en las estaciones secas contribuyendo
    a disminuir las posibilidades de apagón. 
  • El segundo trimestre pinta bien

    La justificación de un
    estímulo fiscal para compensar el choque de oferta causado por el apagón ya no
    es válida.
    El mes de abril
    comienza con buenas noticias en el frente económico. En primer lugar, el jueves
    primero, día de los inocentes en Estados Unidos y Europa, el Presidente Gaviria
    clausuró oficialmente el apagón. En segundo lugar, el DANE nos informa que la inflación
    continúa descendiendo. El incremento de los precios a nivel nacional en los
    últimos doce meses llegó a un poco más del veinticuatro por ciento. Esta cifra
    puede ser un buen indicio de que la meta de inflación para el presente año si
    se puede cumplir. Esta posibilidad se refuerza cuando se mira la inflación en
    las diversas ciudades en las que el DANE realiza su investigación sobre el
    costo de vida. En efecto, en algunas ciudades ya se ha logrado cumplir con la
    meta fijada por el Gobierno y el Banco de la República. Medellín y Cartagena
    están experimentando inflaciones de menos del 22 por ciento. Montería y
    Villavicencio están muy cerca a los dos paticos y pueden llegar a la meta el
    próximo mes.
    La euforia causada por
    estas dos buenas noticias no debería dar origen a una falsa complacencia. Por
    el contrario, es vital que el Gobierno adopte una serie de medidas que mantuvo
    en el congelador mientras duraba el odiado apagón. El gobierno debe reforzar el
    control del gasto público. La justificación de un estímulo fiscal para
    compensar el choque de oferta causado por el apagón ya no es válida.
    El ajuste en los
    precios de los energéticos y de otras tarifas de servicios públicos que eran
    políticamente imposibles con apagón y con una inflación que se resistía a ceder
    se vuelven viables cuando se cuenta con energía las veinticuatro horas del día
    y cuando la inflación se está aproximando a la meta.
    Un manejo riguroso de
    los instrumentos de política fiscal debe convertirse entonces en prioridad del
    gobierno. Los agentes económicos van a estar muy pendientes de todas las
    actuaciones del gobierno y las claudicaciones fiscales van a terminar con el
    espíritu optimista de los primeros días de abril. En esta semana la opinión
    estará pendiente de la determinación del precio interno del café. Ante una
    situación ampliamente deficitaria, el gobierno debería tratar de mantener el
    precio de la carga de café en los 85.000 pesos que estableció en julio de 1992.
    Podría mejorar, eso si, la situación de los cafeteros disminuyendo o aún
    eliminando el valor que se paga en Títulos de Ahorro Cafetero.
    Un buen manejo fiscal
    no solo es vital para un mejor control inflacionario sino que también se vuelve
    indispensable para obtener mejores resultados en el sector agropecuario, en
    general y en el sector cafetero en particular. Para todos es claro que la
    revaluación real del peso ha influido negativamente en la competitividad del
    sector agropecuario y que por lo tanto, para la recuperación del sector
    agropecuario se necesita lograr una devaluación real del peso.
    Aunque no existe un
    consenso sobre la política que se puede seguir para obtener la tan anhelada
    recuperación de la competitividad externa, las experiencias exitosas del pasado
    y los análisis teóricos muestran que la reducción del gasto público y la
    eliminación del déficit fiscal es la mejor posibilidad de lograr que una
    aceleración de la devaluación nominal se convierta en una mejora en la
    competitividad de una economía.

    Visto de esta manera,
    la congelación del precio interno del café puede convertirse en un elemento
    positivo en la solución definitiva del problema del sector agropecuario. Una
    mejora en el balance fiscal puede permitir una aceleración en el ritmo de
    devaluación lo que permitirá obtener más pesos por los pocos dólares que se le
    están pagando a los agricultores en los mercados mundiales. 
  • Hamlets energéticos

    El método utilizado
    para atender el desbalance entre oferta y demanda ha sido tremendamente injusto
    e ineficiente. Un método basado en el sistema de precios hubiera sido más
    eficiente.
    En los primeros quince
    días del año los periódicos han tratado en diversas ocasiones el tema
    energético. Las autoridades han mantenido una actitud bastante ambivalente en
    lo referente a la disminución del racionamiento. Como Hamlet, las autoridades
    energéticas han estado dudando entre disminuir o no el horario de
    racionamiento. La entrada de una nueva unidad en el Guavio y las lluvias de
    enero son motivo de optimismo y hacen presagiar una reducción del
    racionamiento. La posible repetición de un verano como el del año pasado y el
    recuerdo de la masacre de un martes en la noche en que las cabezas del sector
    eléctrico rodaron en una alocución presidencial, hacen diferir la decisión de
    reducir la severidad del racionamiento.
    Esta cruel
    incertidumbre de comienzos del año es una manifestación más de la alta
    dependencia en generación hidráulica. El apagón de 1992 nos ha enseñado que el
    sistema colombiano basado en hidroeléctricas es muy poco confiable. La
    capacidad real de generación es muy inferior a la teórica. Los principales
    embalses como el agregado de Bogotá nunca se pueden llenar pues la contribución
    de los ríos apenas cubre los requerimientos de generación. La capacidad real de
    los embalses cada vez es más insuficiente. La demanda de energía ha venido
    creciendo mientras que los flujos que entran a los embalses han venido
    decreciendo por la deforestación y la capacidad real de los embalses ha
    disminuido.
    Si se tiene en cuenta
    además el incremento en la demanda para uso humano y para riego es posible
    concluir que el desarrollo del sistema eléctrico colombiano debe orientarse
    hacia una utilización mayor de las plantas térmicas. Nuestra riqueza
    carbonífera nos puede permitir suplir sin problema las necesidades de materia prima.
    No parece lógico que sigamos exportando carbón e importando energía. Es mucho
    más lógico utilizar el carbón en Colombia para generar electricidad.
    Otra importante lección
    que nos ha dejado el apagón es que el sistema de precios de la energía está muy
    distorsionado. Estas distorsiones en el sistema de precios han agravado los
    problemas causados por una mala planeación y operación del sistema eléctrico
    colombiano. En efecto, las tarifas de la energía eléctrica para el sector
    residencial son demasiado bajas y los usuarios están utilizando
    ineficientemente la electricidad para cocinar y para calentar agua que puede
    hacerse a un costo menor mediante otros energéticos.
    Los bajos niveles de
    las tarifas para el sector residencial no son el único problema existente en
    los precios de la energía eléctrica. Es bastante grave que los precios no
    indiquen la escasez relativa de un bien. 
    El precio de la energía debería ser más alto en momentos de escasez y
    más bajo en momento de abundancia. El usuario trataría de ahorrar en los
    momentos de escasez y los productores redoblarían sus esfuerzos para atender
    estas épocas de vacas flacas.
    La experiencia de otros
    países puede servir para aminorar el impacto de un sistema demasiado
    dependiente en centrales hidroeléctricas. En Brasil existen tarifas
    diferenciales según la estación. En épocas de verano las tarifas son más altas
    que en las épocas de lluvias. Cinco mil consumidores que representan el 53% del
    consumo nacional pagan una tarifa más alta entre mayo y noviembre. En estos
    meses la tarifa por kilovatio-hora sube un 15 por ciento en relación con los
    meses lluviosos.
    Las empresas
    colombianas podrían pensar en recargos cercanos al 20% en los meses de enero a
    marzo con el fin de incentivar el mejor uso de la energía. Los ahorros en el
    consumo permitirían sortear estas épocas de bajas lluvias sin tener que apelar
    a un racionamiento tan fuerte. El método utilizado para atender el desbalance
    entre oferta y demanda ha sido tremendamente injusto e ineficiente. Un método
    basado en el sistema de precios hubiera sido más eficiente y hubiera resuelto
    el problema de una manera mucho más rápida. 
  • Una luz en el campo de las tarifas de energía

    Por primera vez los
    representantes del Gobierno han hablado de establecer los subsidios a los
    usuarios de bajos ingresos en forma explícita.
    En las Jornadas de
    ACIEM (Asociación de Ingenieros Mecánicos Eléctricos y Afines) recientemente
    realizadas en Bogotá se discutió, una vez más, sobre las tarifas del sector
    eléctrico. El tema de las tarifas del sector eléctrico en general y el de las
    tarifas de la Empresa de Energía de Bogotá es bastante complejo y tiene muchos
    aspectos de interés. Para muchos analistas, el problema más grave de las
    tarifas de la Empresa de Energía de Bogotá consiste en que su nivel es
    insuficiente para cubrir los gastos de la Empresa y en especial los derivados
    del servicio de la deuda externa. Para otros, el mayor problema no se debe a
    que el nivel promedio de la tarifa es bajo, sino que más bien se origina en la
    existencia de una diferencia entre la tarifa que se le cobra a un determinado
    usuario y el costo de proveerle el servicio.
    Como se ha venido
    sosteniendo en estas columnas, la creencia de que la solución de largo plazo
    para los problemas financieros de las Empresas del Sector Eléctrico se puede
    lograr mediante el aumento de las tarifas es totalmente equivocada. Esta
    creencia se basa en la hipótesis de que el aumento de precios no afecta el
    consumo. La experiencia colombiana ha mostrado que no hay nada más alejado de
    la realidad. Los empresarios y los consumidores han cambiado su comportamiento
    como consecuencia del aumento en las tarifas. Algunos han disminuido sus
    consumos, otros han sustituido el consumo de energía eléctrica por otros
    energéticos y otros han descubierto que el fraude es una alternativa mejor que
    pagar las enormes tarifas que les han impuesto las empresas de energía.
    Aunque nadie puede
    negar hoy en día este hecho, todavía existen algunos encargados de tomar
    decisiones de política que creen que el efecto neto de un aumento en las
    tarifas puede ser positivo. Suponen que el aumento en los precios puede
    compensar el efecto causado por la reducción del consumo causado por el
    incremento en los precios.  Sin embargo,
    los estudios realizados sobre la demanda de energía eléctrica han mostrado que
    el efecto de un incremento en los precios en los ingresos de las empresas es
    prácticamente igual a cero. Esto es, un aumento de un 10 por ciento en la
    tarifa viene acompañado por una disminución del 10 por ciento en las cantidades
    consumidas.
    La triste realidad de
    que el cambio en el nivel de tarifas no va a solucionar el problema financiero
    de las Empresas del Sector Eléctrico no debe paralizarnos. Es necesario en
    primer lugar, hacer que todo el mundo cubra los costos de proveer este
    servicio. De otra manera, en el largo plazo será imposible mantener un cubrimiento
    adecuado de este servicio.
    Infortunadamente, el
    elevar las tarifas de los usuarios que están utilizando ineficientemente la
    energía eléctrica hasta hacerlo coincidir con el costo para la sociedad tiene
    el gran problema de que estos usuarios son de bajos ingresos. La solución obvia
    para llevar las tarifas a su nivel eficiente desde el punto de vista económico
    es hacer un ajuste gradual de las tarifas. Este ajuste se puede facilitar en la
    medida en que el subsidio que se ha incorporado en la estructura tarifaria se
    cambie por un subsidio explícito. Afortunadamente, parece que el Gobierno está
    contemplando esta posibilidad. Por primera vez los representantes del Gobierno
    han hablado de establecer los subsidios en forma explícita. Ojalá que lo que se
    escuchó en las Jornadas de ACIEM se convierta pronto en una realidad.
    En la medida en que
    este subsidio sea concedido directamente por el Gobierno Central la situación
    financiera de las empresas podrá mejorar. El subsidio directo o explícito
    permitirá mantener los ingresos de los consumidores de bajos ingresos sin
    afectar negativamente las finanzas de las empresas.
    Este subsidio no
    tendría que girarse mes a mes a las empresas sino que este podría abonarse como
    pago de las deudas que tienen las Empresas con el Gobierno Nacional. De esta
    manera, las Empresas que están contribuyendo a mantener un mejor clima social
    con unas tarifas subsidiadas verían recompensados sus esfuerzos con una
    disminución de la deuda que han contraído con el gobierno central para la
    refinanciación de las empresas.
    Cuando el Gobierno
    asuma directamente la financiación de este subsidio, es muy probable que
    considere que esta ayuda debe irse marchitando. Este subsidio se iría
    disminuyendo, poco a poco, hasta desaparecer totalmente con el transcurso del
    tiempo.
    Si bien es posible
    pensar que con el tiempo desaparecerían los problemas relacionados con los
    subsidios y las tarifas del sector residencial persistirían las distorsiones
    existentes en las tarifas de los sectores industrial y comercial. Para eliminar
    esta distorsión sería necesario disminuir las tarifas de los sectores
    industrial y comercial. Aceptar que estas tarifas sigan distorsionadas no solo
    mantendría una de las principales causas de los fraudes sino que también prolongaría
    los efectos negativos que tienen estas tarifas en la asignación de recursos.

    Ojalá que la discusión
    sobre las tarifas del sector nos permita llegar a la conclusión de que la
    política tarifaria no debe ser un instrumento para mejorar los ingresos de la
    empresas sino más bien uno para lograr una utilización racional de los
    recursos. La regla de oro de las tarifas debería ser que cada quien pague lo
    que le corresponde, ni un peso más ni un peso menos.
  • Acordémonos del Profesor Laffer

    La
    Empresa de Energía para concientizar a los ciudadanos debería comenzar a
    publicar información periódica sobre el valor de este gigantesco programa de
    distribución del ingreso.
    En
    estos días uno de los temas de discusión ha sido el alza de las tarifas de
    energía. Infortunadamente, los comentarios sobre el tema han ignorado
    aspectos muy importantes. En primer lugar, los comentaristas han desconocido
    aspectos importantes del esquema tarifario de la Empresa de Energía de Bogota.
    En segundo lugar, han ignorado los efectos que tendrán las medidas en el
    consumo de los bogotanos.
    Aunque
    la presentación de la noticia sobre las tarifas de energía han resaltado el
    impacto en los diferentes estratos, la realidad es que las tarifas de energía
    están ligadas al consumo y en mínima parte al estrato. El barrio donde se vive
    prácticamente no afecta el cobro de la tarifa de energía eléctrica. La gran
    diferencia en las cuentas se debe a variaciones en los consumos.  En el caso bogotano, las grandes diferencias
    en la facturación se pueden explicar por el hecho de cocinar o calentar el agua
    con electricidad y no con gas. Una familia de un estrato alto si utiliza el gas
    para calentar agua y para cocinar puede tener una factura notablemente menor
    que otra de su mismo nivel de ingresos que utiliza la electricidad para cocinar
    y calentar el agua.
    Por
    otra parte, las noticias tienden a destacar el papel de las Empresas.
    Curiosamente, hoy en día cuando se vive un proceso descentralista el gobierno
    nacional tiene más influencia en la fijación de tarifas que nunca.
    Anteriormente, las Juntas Directivas de las Empresas de Servicios fijaban sus
    propias tarifas. Anteriormente, la Junta Nacional de Tarifas tenía un poder de
    veto sobre las decisiones de las Empresas de Servicios Públicos y de sus Juntas
    Directivas. Desde mediados de los ochentas las políticas de tarifas comenzaron
    a ser fijadas por la Junta Nacional de Tarifas dependiente de Planeación
    Nacional. Las Empresas lo único que pueden hacer ahora es conseguir
    aplazamientos en algunas medidas que no pueden ser puestas en práctica
    inmediatamente.
    Más
    aún, como se ha mencionado en esta columna, el gobierno nacional buscando
    proteger a los estratos bajos ha distorsionado la estructura de las tarifas de
    la Empresa de Energía de Bogotá. Las tarifas para los sectores productivos
    están muy por encima del costo de producción mientras que las tarifas para
    bajos consumos son muy inferiores a su costo. 
    Está gran distorsión de las tarifas ha convertido a las Empresa en un
    competidor del Instituto de Bienestar Familiar cobrando impuestos a las
    empresas para darle a los pequeños consumidores energía eléctrica muy barata.
    La
    solución del problema estructural de las tarifas creada por las políticas
    distributivas del gobierno nacional requiere un aumento considerable a los
    pequeños consumidores y una rebaja sustancial a los sectores productivos. Como
    lo muestran las últimas medidas sobre tarifas, donde no se han tocado las
    tarifas de los pequeños consumidores, ni se han rebajado las tarifas del sector
    productivo este gigantesco programa de impuestos y subsidios no es fácil de
    desmontar a pesar de estar causando serias distorsiones.
    Como la
    ciudadanía no está muy consciente de la existencia de este problema no existe
    ninguna presión para llegar a una estructura tarifaria más adecuada. La Empresa
    de Energía para concientizar a los ciudadanos debería comenzar a publicar
    información periódica sobre el valor de este gigantesco programa de
    distribución del ingreso. Como el objeto social de la Empresa no es propiamente
    el de quitarle a los ricos para darle a los pobres en sana lógica quien debería
    financiar este benemérito programa sería el gobierno nacional.
    Los
    aumentos de tarifas no son una verdadera solución a los problemas de las
    Empresas. Si bien los ingresos pueden responder, en el corto plazo, a un
    aumento en las tarifas, en el largo plazo su impacto en las finanzas de la
    Empresa no es muy considerable. Como bien se sabe, cuando el precio de un bien
    sube el consumidor trata de economizar sus uso. Al subir el precio de la
    energía eléctrica el usuario tiende a disminuir su consumo. Apaga las luces,
    deja de usar la secadora eléctrica, lava a mano, se levanta temprano a prender
    el calentador, deja de ver la televisión.Si esto no es suficiente, cambia a
    otros energéticos y compra aparatos que utilicen más eficientemente la energía.
    Todo esto tiene como consecuencia que el consumo de energía disminuya y que el
    recaudo de la empresa no sea proporcional al aumento de las tarifas.
    Estudios
    de famosos economistas de los Estados Unidos han encontrado que por cada diez
    por ciento de aumento de las tarifas de energía el consumo disminuye en el
    mismo diez por ciento. Como consecuencia del comportamiento de los usuarios las
    empresas terminan como el famoso comercial de la cruz roja con los mismos
    quinientos pesitos.
    Esta
    respuesta del consumidor al aumento de las tarifas es mucho más fuerte a nivel
    de los grandes consumidores que tienen consumos discrecionales. Los pequeños
    consumidores tienen menos margen de maniobra pues sus consumos tienden a ser
    esenciales. Como nos lo ha enseñado Marshall la demanda de los consumidores es
    menos elástica cuando la fracción del ingreso gastado en el bien es menor.
    No hay
    que olvidar que las pérdidas no son una consecuencia únicamente de una mala
    administración sino que también se afectan por las altas tarifas. Los hechos
    recientes muestran que el mantener tarifas elevadas incentiva el fraude. Así como
    los altos aranceles incentivan el contrabando y la expansión de los San
    Andresitos, las altas tarifas incentivan el fraude y la aparición de empresas
    paralelas que logran reducir milagrosamente las facturas de la empresas y de
    los altos consumidores.
    Finalmente,
    no debemos olvidar que para las tarifas de los servicios públicos al igual que
    para los impuestos también se da la curva de Laffer. Para una tarifa de cero el
    recaudo es cero y para una tarifa muy alta el recaudo de la empresa también es
    cero. En un rango de la curva puede suceder que el aumento de la tarifa esté
    asociado con una disminución del recaudo.