Category: Reinvención del gobierno

  • La reinvención del gobierno bogotano

    Dos consejos de analistas
    americanos pueden contribuir a mejorar considerablemente el transporte en
    Bogotá.

    Las entidades del gobierno, por
    regla general, no tienen definidos claramente los objetivos que deben cumplir.
    Los decretos que crean las entidades suelen definir una serie de funciones que,
    muchas veces, son el resultado de lo que históricamente han venido haciendo a
    través del tiempo y que por pura inercia continúan realizando aunque hace mucho
    tiempo la función ha dejado de tener su razón de ser. El Profesor Parkinson ha
    mostrado con ejemplos sacados del Reino Unido las incogruencias de entidades
    que siguen prestando funciones que han dejado de ser relevantes hace mucho
    tiempo. Las oficinas encargadas de manejar el Imperio Británico siguieron
    funcionando mucho tiempo después de que se hubiera acabado el imperio.

    En el caso colombiano, entidades
    como la Secretaría de Obras del Distrito tiene todavía a su cargo una serie de
    funciones propias de un pueblito y que debieron ser muy útiles en su momento.
    Por ejemplo, como en una época se le encomendó la reparación de todos las
    instalaciones municipales hoy en día tiene en su nómina a varios plomeros y
    maestros que deberían estar pendientes de mantener en buenas condiciones las
    instalaciones donde funcionan las dependencias municipales. Esta organización
    puede justificarse cuando los principales activos de un municipio son el
    palacio municipal y la sede del concejo pero dejan de tener razón en una época
    como la presente en que el principal activo de la ciudad puede ser su
    infraestructura vial.

    Lo concentración en la función
    de control por parte de la Secretaría de Tránsito pudo ser muy adecuada en
    épocas pretéritas en las que la propiedad de los vehículos era poco frecuente y
    en la que la capacidad vial era relativamente sencilla y fácil de diseñar y
    mantener. Cuando la ciudad evoluciona y para el buen funcionamiento del tráfico
    se requiere de altas dosis de ingeniería y educación de la población, suele
    suceder que las instituciones no cambian y se sigue pensando primordialmente en
    las funciones de control, descuidando las otras dos actividades.

    El papel de una institución como
    el IDU no se adapta a las nuevas circunstancias y se mantiene como un apoyo a
    las labores de diseño y construcción de la infraestructura. La visión del
    conjunto y la planeación de la expansión de la capacidad del sistema vial no se
    hace dejando a las Misiones extranjeras la definición de los planes maestros
    viales y de transporte.

    La falta de claridad en los
    objetivos y el abandono de los que ya no tienen sentido, por lo general, vienen
    acompañados de una ausencia total de medición de los resultados de las
    instituciones. La falta de medición de los resultados tiene varias consecuencias
    que han puesto de presente autores como Osborne y Gaebler. Si no se pueden
    medir los resultados no se puede distinguir entre el éxito y el fracaso. En
    consecuencia, si no se puede reconocer el éxito no se puede recompensar lo que
    se traduce en que muchas veces estemos recompensando el fracaso en lugar de
    recompensar el éxito.

    Sin lugar a dudas, la falta de
    medición de los resultados de los encargados de la gestión del transporte ha
    resultado en el caos a que hemos llegado en Bogotá. Ante la ausencia de una
    medición de resultados, el público asocia el éxito de una gestión en la
    Secretaría de Obras Públicas con una gran actividad de tapar huecos. El mejor
    Secretario es entonces el que haga más contratos en su corto período de
    gestión. Lo que realmente quiere la ciudadanía, que es poder circular sobre una
    infraestructura vial en óptimas condiciones nunca se ha logrado. Medidas como
    el control de la circulación de vehículos pesados sobre vías que no estén
    diseñadas para esto o la de hacer vías de buena calidad que no se dañen con el
    paso del tráfico normal se dejan de lado porque no se pueden ver tan claro como
    la presencia de las máquinas pavimentadoras.

    Por falta de medición de los
    resultados de la gestión del Secretario de Tránsito, los medios de comunicación
    muchas veces califican la gestión del funcionario de turno por la vistosidad de
    sus acciones. El Secretario que se inventa medidas como el contraflujo y que
    las impone a pesar de sus inconvenientes pasa como un gran funcionario mientras
    que alguien que se dedica a resolver los problemas básicos es considerado como
    un fracasado.

    De lo anterior, es importante
    considerar como prioritario entrar en proceso de definición de la verdadera
    Misión que le debemos fijar a las entidades del gobierno y a la vez desarrollar
    un esquema de medición de resultados que nos permita distinguir entre el éxito
    y el fracaso. Como bien lo dice el libro de los mencionados autores “si se
    pueden exhibir resultados se puede alcanzar el apoyo social¨.


  • Reinventando el gobierno

    Al revisar la
    experiencia que se está viviendo en los Estados Unidos, Osborne y Gaebler, han
    logrado identificar diez principios básicos que se deberían tener en cuenta
    para lograr un mejor modo de gobernar.
    Al comenzar el último
    mes del 93 recibimos la mala nueva de que la inflación continúa en su marcha
    ascendente. Las cifras por debajo del 22 por ciento anual que se habían logrado
    a mediados del año, hoy ya son historia antigua. La triste conclusión que nos
    queda es que el control inflacionario ha sido una víctima más del deseo de
    ganar electores, a costa del presupuesto nacional.
    El país debe darse
    cuenta de la importancia de mantener unas finanzas públicas sanas. El
    mantenimiento de la disciplina fiscal no solo requiere que el Presidente cumpla
    con su promesa de no sancionar las leyes aprobadas recientemente que
    incrementan de manera alarmante el nivel de gastos del gobierno, sino que el
    país continúe en su esfuerzo de transformación estructural hacia una sociedad
    más eficiente.
    El desequilibrio fiscal
    es preocupante pues se ha dado en un período en el que el Gobierno ha
    patrocinado reformas fiscales importantes, cuyo efecto ha sido el aumentar el
    porcentaje que cada colombiano tiene que contribuir al funcionamiento del
    Estado. El querer lograr un equilibrio fiscal a través de un aumento de los
    impuestos, ha quedado como otra más de las grandes ilusiones de los
    colombianos. Los deseos de lograr de manera inmediata una sociedad más justa y
    eficiente a través del gobierno no se han cumplido. El gobierno como lo
    conocemos, no ha podido cumplir de manera satisfactoria los grandes propósitos
    nacionales.
    La solución no parece,
    entonces, buscar mayores recursos para hacer más de lo mismo, sino que más bien
    puede estar por el lado de hacerlo de una manera totalmente distinta. La
    disposición de los colombianos a aumentar su contribución al fisco está
    llegando a sus límites máximos. La revuelta fiscal iniciada en los Estados
    Unidos el 6 de junio de 1978, cuando los votantes de California aprobaron la
    llamada Proposición 13, puede llegar finalmente a Colombia y dar origen a una
    verdadera revolución en el campo del gobierno. Los ciudadanos de Colombia algún
    día dejarán de creer que la solución de los problemas es subir y subir los
    impuestos al nivel de Nueva York para contar con los servicios de Somondoco. La
    realidad es que los niveles impositivos actuales ya son de por si insoportables,
    para la baja calidad de servicio que obtenemos.
    Lo que se requiere es
    cambiar la manera como opera el gobierno. La solución está más por el lado de
    las ideas expuestas en el libro Reinventing Government de David Osborne y Ted
    Gaebler. Los autores al revisar la experiencia que se está viviendo en los
    Estados Unidos, han logrado identificar diez principios básicos que se deberían
    tener en cuenta para lograr un mejor modo de gobernar.
    Para los autores
    mencionados, el mejor gobierno se logra cuando la mayoría de los gobiernos
    promueven la competencia entre los proveedores de servicios; cuando los
    gobiernos transfieren poder a los ciudadanos quitándoselo a las burocracias;
    cuando los gobiernos miden el desempeño de sus agencias, mirando los resultados
    antes que los insumos; cuando los gobiernos están movidos más por metas que por
    regulaciones; cuando tratan a sus usuarios como clientes, ofreciéndoles la
    posibilidad de elegir sus escuelas o sus programas de entrenamiento; cuando los
    gobiernos previenen los problemas antes de que sucedan en lugar de atenderlos
    después de que ocurran.; cuando dedican sus energías a conseguir dinero y no
    simplemente se dedican a gastar; cuando descentralizan la autoridad adoptando
    mecanismos de participación; cuando prefieren mecanismos de mercado antes que
    los burocráticos; y finalmente cuando enfocan sus esfuerzos no solo a proveer
    servicios sino que más bien sirven de catalizador para que los sectores,
    público, privado, produzcan las acciones encaminadas a resolver los problemas de
    su comunidad.
    Los diez principios
    básicos de Osborne y Gaebler resumidos en el párrafo anterior son ilustrados
    profusamente con ejemplos tomados de los Estados Unidos que indudablemente
    pueden servir de base para que los candidatos que buscan el favor popular en
    las próximas elecciones ofrezcan una verdadera solución a sus electores.