Category: Reforma Tributaria

  • El Presidente está de malas

    El Presidente está de malas

    No han sido buenas las noticias en
    el frente económico. La caída de los precios del petróleo fue el detonante de
    los problemas. De ahí se derivó el desplome del valor de las compañías
    petroleras y carboneras y en general otras productoras de energía.

    La baja del precio del petróleo
    dio lugar a un aumento en el precio del dólar que ha llevado a hacer más pesada
    la carga de la deuda externa del gobierno y ha afectado a los que tomaron
    préstamos en dólares ya sea para hacer un viaje al extranjero o para hacer sus
    estudios en los Estados Unidos.

    El sueño de tener un metro en
    Bogotá que parecía se iba a poder realizar se aleja pues el proyecto tiene un
    alto componente expresado en dólares y a esos precios tal como ha advertido
    Enrique Peñalosa la viabilidad económica y financiera se vuelve casi  imposible de lograr.

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  • Al que no quiere caldo se le dan dos tasas

    Las estadísticas fiscales muestran sin lugar a dudas que la pereza tributaria de los bogotanos es una falacia
    EI Concejo de Bogotá esta discutiendo un proyecto de racionalización tributaria presentado por la Administración Mockus.  El proyecto aunque contiene algunos elementos que, probablemente, van a mejorar y facilitar las relaciones entre el contribuyente y la Administración, en realidad es, nada más ni nada menos, que una reforma tributaria disfrazada.  La Administración Mockus busca aumentar en 500 mil millones de pesos sus recaudos mediante un incremento importante en el impuesto de Industria v Comercio.

    Esta desafortunada iniciativa no pudo caer a más mala hora pues la semana pasada las comisiones económicas del Congreso aprobaron el alza en dos puntos del IVA solicitado por el Gobierno Nacional.  Teniendo en cuenta el impacto adicional del aumento en los impuestos distritales algunos concejales, han comenzado a mostrar su oposición al aumento en el Impuesto de Industria y Comercio solicitado por la Administración.

    En un foro realizado por la Comisión de Presupuesto del Concejo Distrital tuve la oportunidad de opinar sobre tan importante tema, Tal como lo manifesté en ese recinto el problema básico que tiene la ciudad es el poco valor que obtienen los bogotanos por los impuestos pagados.  Gracias a las reformas de Castro y Caicedo Ferrer los bogotanos estarnos pagando los impuestos de Nueva York para obtener una calidad de servicios inferior la de Somondoco.

    Las estadísticas fiscales muestran sin lugar a dudas que la pereza tributaria de los bogotanos es una falacia.  Las reformas tributarias han cerrado totalmente la brecha que existió alguna vez entre los tributos percápita de Bogotá y el resto de las grandes capitales colombianas.  Lo que no se ha podido hacer es lograr una calidad de servicios igual a la de Medellín y Cali.  El estado de las vías, la educación, la recreación y la salud de la Capital de la República son muy inferiores a las de las capitales de Antioquia y el Valle.

    Tal como lo hemos mencionado al analizar el caso de la reforma tributaria propuesta por el Doctor Perry, el subir impuestos es una estrategia equivocada para lograr un equilibrio fiscal.  Lo que se requiere es asegurar que el aumento en el presupuesto se refleje en el aumento de la calidad y cantidad y que no quede reducido a un aumento en burocracia.  Los que han estudiado el tema saben que en Colombia y en el Distinto el gasto social es ineficiente debido a la poca capacidad institucional de las entidades del sector social.  Los recursos ingentes logrados en reformas tributarias anteriores se han traducido siempre en mayores costos y nunca han repercutido un mayor logro de los objetivos buscados.
    El número de kilómetros construidos en Bogotá ha variado mucho menos que los recursos fiscales.  La calidad de la educación en Bogotá y en el resto del país ha cambiado muy poco a pesar del considerable aumento en los presupuestos del sector.  La justicia, la seguridad ciudadana, la defensa nacional están hoy peor que antes que el Doctor Hommes  hiciera una reforma tributaria que nos iba a solucionar estos problemas tan sentidos.

    Antes de hacer lo fácil, que es conseguir el dinero, lo que se requiere es hacer lo difícil que es reinventar el gobierno.  El Estado colombiano no puede seguir siendo tan ineficiente,  tiene que comenzar a manejarse como lo mandan los cánones administrativos.  Las promesas del candidato tienen que traducirse en metas cuantitativas de fácil seguimiento.  Los gobiernos tienen que definir las metas que van a cumplir en un período fiscal.  Deben indicarnos en cuanto va a disminuir el tiempo perdido en los trancones, en lugar de decirnos que va a gastar miles de millones de pesos en ampliar la malla vial.  Tienen que decirnos cual va a ser la mejora en los puntajes del lcfes en los colegios distritales, antes de decirnos que va a gastar miles de millones adicionales en el sector de la educación.  Debe comprometerse en reducir el número de infracciones en la calle 19 y en la ciudad en lugar de decirnos que ha contratado cien mimos mas o que ha repartido un millón de cartulinas.

    Por otra parte. el gobierno distrital tiene que hacer más productivas las empresas de servicios públicos.  El conglomerado más grande de Colombia compuesto por las tres empresas de servicios públicos puede ayudar a financiar la ciudad.  Si los principales grupos económicos pueden financiar los equipos de fútbol y los mundiales de ciclismo y contribuir a muchas obras meritorias. no hay razón valedera para que las empresas de servicios públicos de Bogotá no hagan su aporte a la ciudad.  La. empresas deben salirse del negocio repartir subsidios y dedicarse a lo que es su función principal. o sea. prestar un buen servicio a sus usuarios y pagar dividendos a sus accionistas que somos todos los bogotanos. 
  • Una reforma tributaria para reparar las fallas de la constitución del 91

    El gobierno busca aumentar sus ingresos para poder seguir en la alegre
    danza de los millones a nivel local.

    La discusión de la reforma tributaria ha sacado a relucir una serie de
    problemas estructurales de la economía colombiana.  El Ministro de Hacienda al tratar de convencernos
    de la necesidad y conveniencia de su reforma tributaria ha puesto sobre el
    tapete un problema que en su paso por la constituyente contribuyó a crear.  Los constituyentes del 91 en su afán de
    acelerar el incipiente proceso de descentralización que había iniciado el país
    en la década de los 80’s decidió transferir cuantiosos recursos a los
    departamentos y municipios.  Como
    consecuencia de los cambios constitucionales, las finanzas del gobierno central
    comenzaron a experimentar un notable desequilibrio.
    El gobierno central debió aumentar considerablemente las transferencias
    a las regiones sin lograr reducir los gastos pues los desarrollos legales no
    pudieron compensar el aumento en las transferencias de recursos con la
    disminución de los gastos cuya responsabilidad fue transferida a los municipios
    y departamentos.  Como era de esperarse
    en un congreso en el que están representados los intereses regionales la ley de
    competencias y recursos fue muy generosa con las regiones a costa del tesoro
    nacional.
    El impacto negativo de la constitución del 91 en las finanzas del
    gobierno central es impresionante.  El
    superávit corriente del gobierno central que estaba en un 3 por ciento del PIB
    en 1991 comenzó a desaparecer y en poco tiempo se llegó a un déficit de similar
    magnitud. El gobierno central a partir de 1993 comenzó a gastar en
    funcionamiento más de lo que recibía por impuestos teniendo que comenzar a
    gastarse los ingresos extraordinarios de las privatizaciones y las concesiones
    de los celulares.
    Tal como lo muestran las cifras utilizadas por el Ministro Perry para
    justificar la necesidad de la reforma tributaria esta disminución del superávit
    corriente se explica en buena parte por el crecimiento desmesurado de las transferencias
    a los gobiernos locales que de un nivel de 5 por ciento del PIB hasta 1991 han
    alcanzado un nivel del 8 por ciento y que se estiman que en 1998 lleguen al
    doble del nivel anterior a la constitución. 
    La evidencia es tan clara que el Doctor Perry ha tenido que aceptar que
    los buenos deseos de él y de otros constituyentes del 91 han sido los causantes
    del principal problema a que se ve enfrentada la economía colombiana.
    Si bien el gobierno a través de su Ministro de Hacienda encuentra que el
    mayor problema fiscal de la economía colombiana tiene que ver con el mal diseño
    del sistema de transferencias para resolverlo no plantea una reforma ni a la
    constitución ni a la ley de competencias y recursos sino que más bien trata de
    arreglar el problema creado por la constitución del 91, quien lo creyera, a
    través de una reforma tributaria.  La
    única acción directa prevista es el lanzamiento de una nueva edición de la
    comisión de gasto público que estuvo trabajando hace diez años y en la que pude
    participar con algunos de los escogidos por el gobierno nacional.
    Es muy triste que la principal solución adoptada por el
    gobierno sea aumentar sus ingresos para poder seguir la alegre danza de los
    millones.  El ciudadano no puede entender
    cómo es posible aceptar que el mal uso de los recursos a nivel local tenga que
    ser pagado con un incremento en los impuestos. Abusos como la construcción de
    piscinas de olas, coliseos cubiertos y otra serie de elefantes blancos que se
    aprecian en las primeras páginas de los periódicos se aceptan como la norma
    inevitable.
    El gobierno central que antes criticaba la conducta de
    algunos municipios que gastaban por encima de sus ingresos corrientes ha
    encontrado que es mejor conseguir más recursos que cambiar su propensión a
    gastar por encima de sus medios.  Lo más
    grave de esta carrera desenfrenada por conseguir más recursos para sostener un
    gasto descontrolado es que ha traído como consecuencia un disparo del
    endeudamiento de los entes regionales. 
    El aumento acelerado de las transferencias ha permitido un fácil acceso
    a las fuentes de crédito.  Los municipios
    han acudido a todas las fuentes de crédito poniendo como garantía el aumento de
    las transferencias.  Los alcaldes y
    gobernadores han encontrado la manera de erigir monumentos a su memoria que sean
    pagados por las próximas administraciones.
    El querer arreglar el problema fiscal creado por las transferencias no
    solo va en contra de la lógica elemental de atacar directamente las causas de
    los problemas sino que resulta injusto con ciertas regiones que han hecho
    considerables esfuerzos para lograr un balance en sus finanzas.  El caso de Bogotá es bastante claro.  Todos sabemos que la mitad de los recaudos de
    los impuestos nacionales es pagado por los bogotanos.  El bogotano que gracias a las genialidades de
    los doctores Castro y Caicedo vio incrementados sus impuestos locales en los
    últimos años para poder sanear las finanzas del Distrito tendrá que aumentar el
    pago de sus impuestos nacionales para poder sufragar los gastos ocasionados por
    la combinación diabólica de la generosidad de los constituyentes de 1991 y la
    irresponsabilidad de unos gobernantes locales que han querido pasar a la
    historia en el breve lapso de tres años.

  • Hace veintiún años

    Según personas allegadas al equipo económico de esa  época, las improvisaciones del entonces director de impuestos tuvieron al borde del colapso nervioso al Presidente López.

    En estos días se ha comenzado a discutir el proyecto de reforma tributaria de la Administración Samper.  Sin entrar a discutir las consecuencias políticas de la propuesta reforma tributaria ni mucho menos pretender siquiera insinuar que el hacer una reforma tributaria en contra de las promesas electorales podría tener consecuencias parecidas a las que tuvo que sufrir George Bush al haber incrementado los impuestos después de haber dicho la frase famosa “Lean mis labios: no más impuestos”, es importante hacer algunos comentarios.

    En primer lugar, es conveniente volver a destacar que la práctica ha demostrado que ni el incremento en tarifas, ni las reformas tributarias son la solución definitiva para controlar el déficit fiscal.  La experiencia colombiana ha demostrado que el aumento de las tarifas lo único que hace es aumentar transitoriamente los impuestos y a la vuelta de algunos años el déficit vuelve a surgir en algunos casos con mayor virulencia.  La reforma tributaria de 1974 mostró claramente que el aumento de los ingresos dio origen a un incremento desmesurado de los gastos y los políticos encontraron atractivo apropiarse de los recursos para incrementar todo tipo de gasto.

    En segundo lugar, el incremento de tarifas tiene como consecuencia un incremento en la evasión. La comentada reforma del 74 convirtió a todos los colombianos en evasores. Fueron de tal magnitud los incrementos de las tarifas y en especial el tratamiento de las llamadas ganancias ocasionales que a partir de ese momento las transacciones de finca raíz, entre otras, nunca más se volvieron a registrar por su valor real. A partir de 1974, las escrituras de compraventa de inmuebles se convirtieron en una gran medida en la que se registraban cifras inferiores al valor comercial de los inmuebles.  A partir de ese momento los choferes, jardineros y las empleadas de servicio doméstico se convirtieron en los principales inversionistas.  Algunas entidades del sector financiero tenían a la disposición de sus posibles clientes una lista de nombres con su respectivo NIT para que el inversionista pudiera evadir el impuesto sobre sus rendimientos financieros.  Esta práctica, sin duda, contribuyó en buena parte a la crisis del sector financiero en 1982.

    En tercer lugar no debemos olvidar que el sistema colombiano está hecho para que la gente pague lo que quiera.  No hay instrumentos para controlar a los evasores.  La simplificación tributaria ha llevado a que no exista un registro en poder de la Administración de los valores recibidos por los contribuyentes.  Si uno quiere no declarar o declarar menos el Gobierno no está en capacidad de cruzar la información de lo declarado por un contribuyente y lo que debería aparecer en las declaraciones de los que hicieron los pagos como gastos deducibles. Los pocos controles existentes para asegurar que los contribuyentes que hacen las retenciones de ninguna manera pueden servir de control, por la sencilla razón que nunca se reporta una relación  del detalle de las retenciones. Si ese control se eliminó en aras de una simplificación tributaria es imposible tener un control real del contribuyente. La mejora real del control no necesita una reforma sino apenas de decisiones por parte del gobierno. 

    Por si fuera poco, se vuelve a insistir en aumentar los impuestos  a los vehículos estableciendo unas tarifas diferenciales según el tipo de vehículo que lo único que hacen además de dificultar enormemente la administración tributaria, es darle un nuevo aire a la demanda, de los llamados vehículos suntuarios. Este anuncio, que a lo mejor no termina en nada, lo que hace es que los ricos se apresuren a comprar los vehículos antes de que se establezcan los impuestos.  Eso ya pasó en el 74, en el reciente pasado cuando el profesor Garay lanzó esta propuesta.  Desde ese mismo momento se comenzó a gestar el déficit en cuenta corriente pues todo el que tenia algunos ahorros se lanzó a comprar vehículos antes de que les pusieran los elevados impuestos sugeridos por tan destacado analista.

    El tratamiento que se le ha venido dando a los cambios procedimentales es un mal signo para lo que se viene.  El doctor Perry ha lanzado ideas para mejorar la recaudación de impuestos tales como el cobrar una retención en la fuente a los comerciantes a través del sistema de tarjetas de crédito sin haber sido estudiadas a cabalidad.  Para los que tienen buena memoria precisamente esto fue lo que sucedió en la reforma del 74. Las medidas se debían cambiar a cada instante porque el Doctor Perry parece que no hacía bien su tarea. Según personas allegadas al equipo económico de esa  época, las improvisaciones del entonces director de impuestos tuvieron al borde del colapso nervioso al Presidente López.

    En resumen, la reforma no solo es totalmente contraria a las propuestas de la campaña  sino que tiene vicios que ya parecían enterrados y que infortunadamente vuelven a reaparecer.  Los errores cometidos por el Doctor Perry en 1974 cuando era Director de Impuestos vuelven a  reaparecer a los veintiún años.
  • Las cuentas de la lechera

    Si se quiere buscar una
    financiación sana para el plan de desarrollo el gobierno debería presentar, de
    manera inmediata, un proyecto de ley en el que se prolongue la vigencia de las
    tarifas existentes en el impuesto a la renta y el IVA.

    En Colombia, algunos
    comentaristas nos quieren hacer creer que el crecimiento del gobierno no es
    malo mientras esté balanceado y que además no es inflacionario. Sin embargo, el
    Salto Social que eleva considerablemente el tamaño del sector público presenta
    un equilibrio fiscal que no deja de ser preocupante. Los mismos keynesianos nos
    enseñaron que el presupuesto balanceado podía ser factor de crecimiento de la
    demanda agregada con basados en el hecho de que de cada peso que le llega al
    sector privado algo es ahorrado mientras que todo lo que entra al gobierno es
    gastado.
    Más aún dentro de la
    macroeconomía de la economía abierta tanto los estudios empíricos como los
    desarrollos teóricos sobre los determinantes de la tasa de cambio real han
    encontrado que además del déficit fiscal, el mismo tamaño del sector
    público  conducen inexorablemente a una
    revaluación de la tasa de cambio real y por lo tanto ambos son portadores del
    virus del llamado mal holandés. Por lo anterior, un crecimiento desmedido del
    sector público en el próximo gobierno no acompañado de mejoras importantes en
    la eficiencia del sector público es una señal de alarma aún en condiciones de
    equilibrio fiscal. Esta alarma amarilla puede fácilmente convertirse en una
    alarma roja cuando se mira en detalle el equilibrio fiscal que aparece en el
    Plan de Desarrollo de la Administración Samper.
    Expertos del tema económico con
    planteamientos tan diversos como Juan Camilo Restrepo y Eduardo Sarmiento ven
    con preocupación que el balance fiscal se logre a través de un superávit del
    sector descentralizado mientras que el sector público se convierte de la noche
    a la mañana en un ente especializado en gastar por encima de sus recursos. Esto
    cambio es potencialmente peligroso pues las entidades descentralizadas por su
    misma naturaleza están hechas para gastar recursos que le transfiere el sector
    central. En este aspecto las entidades descentralizadas se desempeñan como
    Ramona Calbaza y Cora Díaz los personajes de las tiras cómicas Educando a Papá
    y Lorenzo y Pepita que tienen el papel de gastar todos los ingresos de Don
    Pancho y del jefe de Lorenzo Parachoques. Pensar que las entidades
    descentralizadas puedan ahorrar durante cuatro años puede resultar tan
    improbable como que Ramona y la señora del 
    jefe de Lorenzo puedan alguna vez ahorrar. Si la analogía fuera válida
    la suerte del país sería preocupante pues en una encuesta realizada a lectores
    de estas dos tiras cómicas el ciento por ciento de ellos contestaron que es
    imposible que doña Ramona y Doña Cora algún día gasten menos de lo que reciben.

    Aun si aceptáramos que las
    entidades descentralizadas ingresan a Despilfarradores Anónimos y dejaran su
    obsesión por el gasto nos queda la duda si será posible contar con los recursos
    que aparecen en el Salto Social. Los colombianos estamos cansados de sostener
    un estado ineficiente con altas tasas tributarias. Un parlamento que está
    pasando por un pésimo momento no estará dispuesto a subir  los impuestos aún sea por la puerta de atrás
    como lo quiere hacer  el Gobierno de
    Samper. Mantener las actuales tarifas más allá de  su período no solo va en contra de lo
    anunciado por el entonces  candidato
    Samper en su debate con Andrés Pastrana sino que es un simple aumento de
    impuestos hecho en momentos en que el gobierno tendrá el sol a sus espaldas.
    Diferir la presentación de una reforma tributaria hasta el último momento es un
    gran error. Si se quiere buscar una financiación sana para el plan de
    desarrollo el gobierno debería presentar, de manera inmediata, un proyecto de
    ley en el que se prolongue la vigencia de las tarifas existentes en el impuesto
    a la renta y el IVA.

    Hasta el momento las cuentas del
    gobierno nos recuerdan las de la lechera en camino hacia el mercado donde iba a
    vender su cántaro lleno de leche. Las dos parecen muy  atractivas esperamos que al gobierno no le
    pase lo que le pasó a la lechera y vea convertirse todos
    sus planes en un río de leche derramada.
  • Orden antes que impuestos

    Infortunadamente, la superabundancia de elecciones y la asamblea
    constituyente, demoraron la solución y 
    la magnitud del ajuste fiscal contemplado resulta demasiado alta.
    Ante el fracaso de las medidas tomadas en 1991 para controlar la
    inflación, el gobierno ha presentado a la consideración del Congreso un paquete
    tributario. La generación de un superávit fiscal aparece como la última
    alternativa para el control de la inflación dentro del modelo de apertura. La
    política fiscal surge entonces como una alternativa a las políticas monetarias
    y cambiarias ya ensayadas sin éxito.
    Como se ha venido comentando en esta columna, la generación del
    superávit fiscal es la terapeútica recomendada por los libros de texto para
    estabilizar una economía con tasa de cambio fijas y con alta movilidad de
    capitales. Desafortunadamente, la superabundancia de elecciones y la asamblea
    constituyente, demoraron la solución y 
    la magnitud del ajuste fiscal contemplado resulta demasiado alta. Al
    igual que con el racionamiento, las demoras en la toma de decisiones han
    contribuido al deterioro de la situación y a una sobrerreacción que tiene a
    todos los colombianos al borde del colapso.
    El aumento de los tributos para generar el superávit es un camino
    salpicado de peligros. El exceso de recursos en manos del Estado puede llevar a
    graves problemas. Cuando el mandatario de turno se encuentra con abundantes
    recursos, comienza a tener malos pensamientos sobre lo que puede hacer y se
    olvida de hacer un escrutinio riguroso a los gastos. Como muy bien lo ha
    descrito Parkinson, el gasto aumenta hasta igualar el monto de los tributos.

    En Colombia la tendencia a aumentar los recaudos se ha visto
    incentivada con la peregrina idea de que a los gobernantes debe medírseles por
    las obras. Los malos alcaldes se concentran en las obras de concreto con la
    esperanza de que estos monumentos les hagan olvidar a sus electores los
    innumerables errores cometidos durante su gestión. El complejo de los faraones
    de inmortalizarse con obras materiales es uno de los principales pecados
    colombianos. En sana lógica el gobernante de turno no puede reclamar como un
    logro estas obras. Los verdaderos méritos se los debe llevar el sufrido
    contribuyente que vió disminuido su presupuesto para poder sufragarlas.
    La eficiencia del gasto público debe ser un prerrequisito para un
    aumento en los impuestos. No suena muy lógico que se exijan más sacrificios al
    contribuyente ante situaciones tan aberrantes como la vivida en Bogotá. El
    Alcalde se gasta el dinero público en los famosos auxilios con el fin de que
    los Concejales le den vía expresa a sus intentos de pasar a la historia con
    obras tan inútiles como costosas.
    Los elefantes blancos no son patrimonio exclusivo del Distrito
    Capital. Obras como el Metro de Medellín deberían avergonzar a toda Colombia.
    El sacrificio que nos piden ahora se hubiera podido evitar si se hubiera parado
    a tiempo este proyecto. Los colombianos vamos a tener que apretarnos el cinturón
    por una obra sin justificación alguna.
    La ineficiencia de las Empresas Públicas y en especial las del sector
    eléctrico que nos tiene sumergidos en tinieblas a pesar de ser el mejor
    planeado nos muestra que hay amplio espacio para conseguir producir más con los
    mismos recursos. Los convenios de gestión pueden ser un instrumento para
    reducir las inefciencias existentes. Lástima que el gobierno no haya encontrado
    a alguien para la Presidencia de la FEN a quien se le ha asignado la
    importantísima función de mejorar la gestión de las empresas del sector
    Energético.
    Si bien la eficiencia en los recaudos ha mejorado en los últimos
    tiempos, la evasión de impuestos y los contrabandos siguen siendo muy altos.
    Los municipios tienen todavía mucho campo para aumentar sus recaudos. Las
    transferencias del Gobierno Nacional han sido tan generosas que han permitido a
    muchos municipios continuar con una administración tributaria muy deficiente.
    La experiencia de la infortunada reforma tributaria que el discutido
    Doctor Perry diseñó en el 75 mostró claramente que la evasión y la elusión
    dependen en buena parte de las tasas tributarias. El incremento en las tasas
    impositivas puede dar lugar a menores recaudos en la medida en que se aumenten
    la evasión y la elusión.