Category: Reforma tributaria continua

  • Una cortina de humo presupuestal

    El gobierno debería estar pensando en utilizar de
    manera eficiente los cuantiosos recursos que se le han aprobado en lugar de
    estar tratando de aumentar su participación en el ingreso nacional.

    El proceso presupuestal
    colombiano ha sido duramente cuestionado por los principales analistas de la
    realidad económica.
      El Congreso por
    regla general no participa en las discusiones sobre las prioridades de gasto ni
    sobre la manera de financiar el presupuesto.
     
    Son muy pocos los congresistas que pueden aportar a la discusión y a
    algunos de ellos se les descalifica como oposicionistas por lo que se termina
    en un dialogo entre el gobierno y el ponente del proyecto de presupuesto.
    El paso del presupuesto
    por el Congreso viene acompañada por una serie de desayunos en los que se
    discute entre el gobierno y el congreso el peaje necesario para hacer aprobar
    la propuesta del gobierno.  En este rito
    anual sale ganando el electorado de los congresistas que integran las comisiones
    económicas pues al final se incorporan unas partidas para satisfacer las
    clientelas de los políticos que manejan las comisiones encargadas del trámite
    presupuestal.
    La discusión que se debe
    dar sobre las verdaderas prioridades del gasto público y la determinación de
    cuáles deben ser los programas más adecuados para satisfacer las necesidades
    del país en materia fiscal nunca se puede hacer porque el público y sus
    representantes no tienen los elementos de juicio a su disposición.  La realidad muestra que de hecho el ejecutivo
    logra imponer sus prioridades de gasto. 
    Lo preocupante con el proceso actual es que ante la carencia de un
    verdadero control ciudadano el sector gobierno cada día es más grande y la
    eficiencia del gasto público es cada vez menor pues los aumentos en las
    partidas no se ven reflejadas en mejores resultados.
    La llamada inversión
    social se convierte mayores gastos burocráticos sin que los indicadores de
    calidad y cantidad de la educación y la salud mejoren en la proporción en que
    ha aumentado el gasto que aparece el presupuesto.  La ejecución de la inversión en
    infraestructura sigue presentando considerables rezagos y las mejoras
    prometidas nunca se ven.
    Por otra parte, a pesar
    del considerable aumento de los ingresos logrado en las últimas reformas
    tributarias el país sigue al borde de una posible crisis fiscal.  El sector central se muestra ampliamente
    deficitario y cubre su faltante con el excedente del seguro social.  El querer cumplir con los buenos deseos consagrados
    hace cinco años en la constitución del 91 ha llevado a los dos últimos
    gobiernos a un incremento considerable del tamaño del estado.  Cuando todo el mundo se encuentra en la onda
    de un estado eficiente, en Colombia seguimos en el ensueño del estado
    benefactor.
    Como si la realidad no
    fuera lo suficientemente preocupante para obligarnos a entrar a una época de
    austeridad en la que limitáramos nuestras expectativas a los recursos disponibles
    se propone por parte del Ministro de Hacienda un cambio en la mecánica
    presupuestal. Se busca en aras de una desueta ortodoxia fiscal del
    presupuesto equilibrado entrar a discutir simultáneamente los ingresos y los
    gastos presupuestales.  Por obra y gracia
    de la nueva mecánica entraremos en una reforma tributaria continua.  Cada año el gobierno se reunirá con los
    expertos tributaristas del congreso para reducir el presupuesto familiar y
    aumentar las partidas que fomentan el clientelismo y la corrupción.
    Si la discusión abierta de
    los aumentos de los impuestos no han logrado frenar el crecimiento desmesurado
    del tamaño del estado, el combinar el aumento de los impuestos con el caramelo
    de los nuevos auxilios parlamentarios nos pueden llevar muy rápido al abismo
    fiscal.  Lo que se requiere en estos
    momentos es una congelación del tamaño del estado y la reversión de las
    peligrosas tendencias nacidas de una descentralización demasiado generosa y sin
    contraprestaciones.
    El gobierno debería estar
    pensando en utilizar de manera eficiente los cuantiosos recursos que se le han
    aprobado en lugar de estar tratando de aumentar su participación en el ingreso
    nacional.  Un momento como el actual el
    que se encuentran las fuerzas tan polarizadas no parece el más apropiado para
    entrar a discutir una reforma tan discutida. 
    La mitad del país va a pensar con alguna razón que esta reforma lo que
    pretende es pagar a la clase política por la declaración de la preclusión del
    proceso al Presidente.