Category: precios relativos

  • Un osito de felpa

    Lo que debe entender el público es que la inflación no ha bajado, por que el gobierno no está dispuesto a pagar el costo político de hacer, una verdadera campaña para reducir el incremento en el costo de la vida
    Este gobierno parece estar de malas. Después de haber hecho un tremendo oso con la supuesta captura de uno de los personajes más buscados, a los pocos días tiene que enfrentarse al público para comunicarles que la meta de inflación que alcanzó en junio no era la de 1995, sino que a duras penas estaba alcanzando la de dos años atrás.  En efecto, a junio de 1995 la tasa de inflación anual es apenas similar a la de 1993 y como en esa época, a duras penas es inferior al tan anhelado 22 por ciento.

    Las cifras de junio, sin lugar a dudas, muestran que el dieciocho por ciento no se puede cumplir.  Más aún, es probable que si el gobierno no toma los correctivos necesarios, terminemos, como en 1993, con una inflación al final del año superior a la alcanzada en junio. El gobierno debe dejar de buscar culpables de la inflación en donde no están.  El presidente tiene que entender que el alto nivel de gasto público tiene más culpa de la inflación que el incremento de los precios de la vivienda.
    El equipo económico tiene que explicarle a su jefe y al país lo que les enseñaron en sus primeras clases de economía.  Una cosa es el incremento generalizado de los precios. conocido técnicamente como la inflación. y otra es el cambio en el precio relativo de los bienes.
    Si la vivienda sube más rápidamente que el promedio de los precios. es porque existen condiciones especiales en el mercado de la vivienda que hacen que el precio de los inmuebles crezca a un ritmo diferente al de los otros sectores. El crecimiento generalizado de los bienes obedece a condiciones de carácter macroeconómico que tiene que ver con la demanda agregada de la economía.
    Si creyéramos que el incremento de los precios de la vivienda fuera uno de los causales de la inflación, podríamos afirmar que los Ángeles y Nueva York, ciudades caracterizadas por un desenfrenado ritmo de crecimiento de los precios de la vivienda, deberían ser sitios de alta inflación.  Estas dos grandes ciudades norteamericanas pueden tener infinidad de problemas pero nadie puede decir que la inflación es uno de ellos.  El análisis del ‘rápido crecimiento de los precios de la vivienda en estas dos ciudades. tiene que hacerse mirando las condiciones de oferta y demanda. tratando de establecer porque la demanda ha crecido más rápido que la oferta, El desentrañar los efectos de las altas tasas de interés en el incremento de los precios es una labor completa, pues afecta tanto la demanda a través de las condiciones de las hipotecas. como la oferta a través del incremento en los costos financieros y disponibilidad de recursos para los constructores.

    Al hacer el análisis de la inflación. el país debe dejar de preocuparse por lo que los economistas llaman el cambio en los precios relativos y realmente concentrarse en las políticas macroeconómicas.  Lo que debe entender el público es que la inflación no ha bajado por que el gobierno no esta dispuesto a pagar el costo político de hacer una verdadera campaña para reducir el incremento en el costo de vida.  El presidente lo ha manifestado claramente al afirmar que la recesión si puede tumbarlo, mientras que no cree que la inflación lo vaya a tumbar.  El gobierno no ha bajado la inflación por no arriesgarse a producir la temida recesión.  Lo triste es que una falta de credibilidad en el gobierno puede llevarnos al peor de lo dos mundos: una recesión con inflación.
  • A la tercera va la vencida

    El gobierno, al
    mantener unas metas que nunca ha podido cumplir, está pensando entonces que la
    constancia vence lo que la dicha no alcanza.
    En noviembre las
    revistas se llenan de colorido con las fotografías  de las candidatas al cetro de la belleza en
    Cartagena. En este mes de reinas, las páginas económicas comienzan a hablar de
    los pronósticos económicos para el año entrante. A diferencia de lo que ocurre
    en los Reinados de Belleza donde las candidatas no repiten, en los pronósticos
    económicos las cifras se repiten año a año. En efecto, la meta inflacionaria
    por tercer año consecutivo se ha colocado en el 22 por ciento. El equipo
    económico del gobierno vuelve otra vez con metas muy similares. La del
    crecimiento de la economía se sitúa de nuevo en el cuatro por ciento y la del
    crecimiento de los medios de pago en el 26 o 27 por ciento. El déficit fiscal
    como porcentaje del PIB vuelve a la cifra mágica del uno por ciento del
    producto. Este resultado es el mismo independientemente de si hay aumento de
    impuestos o no.
    La repetición de las
    metas económicas nos recuerda al empedernido jugador de chance que siempre
    escoge su número favorito. El gobierno, al mantener unas metas que nunca ha
    podido cumplir, está pensando entonces que la constancia vence lo que la dicha
    no alcanza. Ante tan poco acierto más valdría pensar que lo que ha faltado es
    atacar verdaderamente los problemas básicos de la economía.
    El jugar siempre a los
    dos paticos en el campo de la inflación ha hecho olvidar que lo importante en
    este campo es tener un conjunto de precios adecuados. El precio de la gasolina,
    del café y de la energía no han podido llegar a su nivel de equilibrio. La
    gasolina sigue aún por debajo del deseado nivel internacional. El dólar veinte
    por galón de gasolina que ha sido un objetivo durante estos tres años sigue
    siendo inalcanzable. El precio interno del café continúa siendo muy alto, lo
    que ha llevado a cosechas muy por encima de los niveles de exportación, ha
    descapitalizado el Fondo del Café y agravado el déficit fiscal.
    El precio de la energía
    sigue muy bajo. El consumo del gas no se ha podido masificar porque el precio
    en Colombia es muy inferior al precio internacional. Los usuarios de bajos
    ingresos tienen precios de energía eléctrica demasiado bajos lo que magnifica
    el problema causado por el bendito racionamiento. Los precios de los usuarios
    industriales y comerciales siguen siendo demasiado altos con graves
    consecuencias en el aumento de las pérdidas negras.
    Los beneficios en las
    rebajas en los aranceles todavía no han llegado al consumidor. El crecimiento
    menor del índice de precios al productor con relación al índice de precios ala
    consumidor ha mejorado la rentabilidad de los productores y les ha permitido
    compensar en parte el retraso cambiario.
    El proceso de apertura
    sigue amenazado, por tercer año consecutivo, por un nivel de la tasa de cambio
    muy bajo. La meta fijada para la tasa de cambio real por la Junta Directiva del
    Banco de la República es totalmente inadecuada. El nivel de referencia escogido
    de una paridad igual a la de 1985 sería el correcto si no se hubiera hecho la
    apertura comercial. Al reducirse el arancel es necesario compensar mediante una
    mayor devaluación para mantener la competitividad de la economía.
    El manejo cambiario es
    inadecuado no solo por el nivel escogido sino también por el tipo de
    instrumentos empleados. Por ejemplo, es conveniente eliminar de manera
    definitiva la tasa de cambio oficial. El mantener una tasa oficial
    artificialmente alta únicamente para la redención de los certificados de cambio
    es injusto y discriminatorio. El nivel de protección debe ser el mismo para la
    industria, independientemente de si exporta o compite con las importaciones.
    Las tasas de interés se
    mantienen en niveles demasiado bajos, imposibles de sostener en el largo plazo.
    Las tasas de interés reales negativas no son compatibles con una reducción de
    la inflación. Tarde o temprano es necesario eliminar el control en las tasas de
    interés y reducir los encajes a niveles similares a los de otros países. Con
    una estructura de costos más favorable el sector financiero podrá competir
    mejor con el de otros países más avanzados.

    El breve repaso de los
    graves problemas que está padeciendo la economía colombiana nos pone de
    presente que si esta vez queremos acertar, no sólo es necesario seguir jugando
    a nuestro número favorito sino que también se requiere tomar las medidas
    adecuadas.