Category: Política Fiscal

  • Diferentes visiones de la política fiscal

    Las discusiones sobre la conveniencia de un aumento de los impuestos en épocas de recesión dejan perplejos a gran parte de los observadores. El hombre de la calle se pregunta: ¿Cómo es posible que destacados economistas no se puedan poner de acuerdo en un tema tan sencillo? Muchos se acuerdan de su primer maestro de economía que en el curso de principios les enseñó que la política fiscal era un instrumento apropiado para estabilizar la economía. En ese primer curso, se enseñaba que si la demanda agregada era baja debería establecerse una política fiscal que estimulará la economía. Los aumentos de impuestos solo se justificaban para casos en los que la economía se encontraba recalentada y que por lo tanto lo que se buscaba era lograr un control sobre el crecimiento de los precios.

    A medida que se avanzaba en el estudio de la economía las respuestas se complicaban y ya no era tan sencillo saber si el estímulo fiscal era adecuado. En efecto, cuando se consideraba el caso de una economía abierta, la situación era más compleja pues la conveniencia de reactivar la economía mediante un estimulo fiscal podía llegar a ser inconveniente. El estímulo a la demanda agregada podría ser inadecuado cuando se presentaba un desequilibrio en el sector externo. En las economías abiertas el aumento de la demanda agregada se convierte en un aumento en las importaciones y en una disminución de las exportaciones. El deterioro de la balanza comercial de un país es muy grave cuando ocurre en circunstancias como las actuales en las que se presenta un déficit externo. Por tanto, el impulso fiscal no es recomendable cuando el sector externo está en desequilibrio pues puede acelerar la crisis cambiaria. En estas circunstancias el dilema es bien complejo se da un impulso fiscal a la economía para mejorar el llamado balance interno o se mantiene una política de austeridad para alcanzar el equilibrio externo. 

    De lo anterior puede concluirse fácilmente que en casos en los que el estímulo a la demanda agregada afecta desfavorablemente el balance externo es necesario complementar el manejo de la demanda agregada con medidas que tiendan a mejorar el equilibrio externo. Como se ve en los cursos intermedios de teoría económica, en estas circunstancias se deben tomar medidas complementarias en el frente cambiario que alivien las presiones sobre el balance externo. En algunas circunstancias el paquete de medidas adecuado puede contener una fuerte devaluación acompañada de un ajuste fiscal importante. La eficacia de esta fórmula para el caso colombiano se mostró claramente cuando Roberto Junguito fue Ministro de Hacienda. En 1985 se logró el equilibrio de la economía mediante una fuerte devaluación del 45 por ciento en un año y un aumento en los impuestos. Los ajustes realizados durante la Administración Betancur sirvieron para devolver la economía colombiana a su senda de crecimiento. 

    De lo anterior se puede concluir que en algunas ocasiones una aumento de impuestos si puede ser la receta adecuada para lograr el equilibrio macroeconómico, aún en circunstancias recesivas. En estos casos lo que se necesita es diseñar un paquete de medidas que permitan obtener simultáneamente los dos objetivos: el equilibrio externo y el equilibrio interno. No es posible llegar a conclusiones de la conveniencia de una medida solamente mirando si la economía está en recesión o no.

    Debe notarse que todas las consideraciones anteriores están basadas en la premisa de que la política fiscal es eficaz en su intento de estabilizar la economía. Los economistas han demostrado que esto no es cierto en dos circunstancias. La primera en un régimen de tasas de cambio flotantes, cuando existe movilidad infinita de capitales. En este caso los cambios en la política fiscal son contrarrestados por movimientos de capitales que tienen el efecto contrario. Los estímulos fiscales dan lugar a una revaluación de la moneda que reduce las exportaciones y aumenta las importaciones.

    El otro caso, que para algunos es apenas una posibilidad, ocurre cuando los agentes económicos tienen una visión nítida del futuro. En este caso, los consumidores y productores actúan mirando el efecto de largo plazo. Estos agentes saben que si un déficit no se financia mediante impuestos sino mediante endeudamiento del gobierno y que por lo tanto el no hacer el ajuste fiscal en este momento lo único que va a pasar es que el ajuste se debe hacer en el futuro. Los agentes económicos en estas circunstancias actúan racionalmente disminuyendo su consumo y ahorrando para poder pagar los mayores impuestos necesarios cuando el gobierno decida realizar el ajuste fiscal. 

    Esto quiere decir que el efecto recesivo causado por una disminución de la demanda agregada se da aún si no se aumentan los impuestos. La economía no se estimula con los déficit fiscales pues los agentes ven más allá del efecto de corto plazo y guardan su plata debajo del colchón para poder pagar el incremento de los impuestos en el futuro. En este mundo descrito por los destacados economistas David Ricardo y Robert Barro los déficit no estimulan la economía y por lo tanto en él la controversia planteada en Colombia sobre la conveniencia de un ajuste fiscal en una época de recesión no tiene sentido alguno. 

     De todo lo anterior debe quedar claro que muchas de las controversias entre economistas se deben a diferencias en las premisas adoptadas. Las conclusiones válidas para una economía cerrada no lo son para una economía abierta. Lo que es válido para agentes ultrarracionales que ven el futuro con absoluta claridad y que toman las mejores decisiones en un horizonte de largo plazo no lo es para agentes que tienen un horizonte de más corto plazo.

  • Los problemas del Profesor Hommes

    El control de la
    inflación que parecía estar a tiro de as se torna dudoso.
    La Administración
    Gaviria le está pasando lo mismo que a nuestro representante en la Copa
    Libertadores de América. En los últimos minutos del partido está perdiendo toda
    la ventaja que había acumulado en un buen primer tiempo. Con los últimos
    acontecimientos económicos, los hinchas del Ministro de Hacienda estamos
    sufriendo lo mismo que los seguidores del Profesor Maturana.
    El caso de la caída de
    los Rudi bonos es un ejemplo que ilustra lo anterior. Las reformas tributarias
    generaron abundantes recursos para tapar el hueco fiscal. Con una situación
    relativamente holgada en el campo de los ingresos, el gobierno pudo mantener
    una dura posición de labios para afuera pero en el fondo bastante
    generosa.  Los recursos permitieron
    aumentarles el precio interno a los sufridos cafeteros, aumentar el gasto
    militar y financiar la liquidación de Colpuertos y el retiro de algunos
    funcionarios del Senado. El Ministro de Hacienda siempre se oponía a los
    aumentos pero muchas veces terminaba aceptando las demandas de los gremios y
    grupos de presión.
    En lugar de aumentar la
    ventaja lograda en el frente fiscal abocando problemas como las bajas tarifas
    residenciales de las empresas de servicios públicos y un bajo precio a la
    gasolina, el gobierno se confió. La situación se complicó cuando al equipo del
    profesor Hommes le anularon dos golecitos por fuera de lugar. El primero fue el
    de la aplicación inmediata del IVA y el segundo el de los bonos de guerra.
    Pareciera entonces que en política económica también se aplica el famoso dicho
    futbolero: “el que no hace los goles los ve hacer”.
    Al igual que al
    Profesor Maturana le ha tocado afrontar la indisciplina del Palomo y el Checho
    al Ministro de Hacienda le ha tocado retirar a los Doctores Piza y Zarama por
    esta misma causa, pues como muy bien lo dijo en donde manda capitán no manda
    marinero. La angustia de los defensores de la política económica es muy grande
    pues a medida que se acercan las elecciones el gobierno se va quedando solo.
    Con el transcurrir del
    tiempo se ve cada vez más difícil lograr las metas económicas. El control de la
    inflación que parecía estar a tiro de as se torna dudoso. Como lo han mostrado
    las recientes estadísticas la cifra nacional está a un solo punto de la meta
    fijada y ya hay seis ciudades en donde ya se ha alcanzado la meta del gobierno.
    El incremento del déficit fiscal puede ahora hacer imposible obtener un control
    duradero de la inflación.
    El respaldo político
    del partido de gobierno es cada vez más precario. Es muy probable que en julio
    el actual gobierno haya perdido todo su respaldo de su gobierno. El
    precandidato que va punteando las encuestas actual embajador en España tratará
    de distanciarse cada vez más del gobierno. El Ministro de Agricultura
    continuará con su política de oposición desde el edificio Pedro A López. Los
    otros candidatos liberales sin cuota ministerial arreciarán sus críticas a la
    política económica y criticarán lo realizado hasta ahora.
      

    Los próximos meses
    prometen ser de infarto no solo por los partidos de nuestros representantes en
    la Copa Libertadores, Copa América y selección al mundial sino para los hinchas
    del Ministro de Hacienda. 
  • Tasas de cambio fijas o flexibles

    La existencia de dos
    sistemas de cambio ha obligado a los economistas a estudiar las implicaciones
    que tienen las políticas monetaria y fiscal para cada una de ellas
    .
    A comienzos de 1970 se
    discutió mucho si era más conveniente mantener un sistema de tasas de cambio en
    las que la Banca Central interviniera o sí, simplemente sería mejor dejar que
    las fuerzas del mercado determinaran el precio de las divisas.
    En esa ocasión, el
    profesor Milton Friedman fue uno de los principales defensores de adoptar un
    sistema de tasas de cambio flexibles. Para ello dio una serie de argumentos,
    que sin lugar a dudas contribuyeron a convencer a los encargados de la política
    económica a nivel mundial.
    Los argumentos teóricos
    en favor de un sistema de cambios flexibles, unidos a las perturbaciones de
    comienzos de los setenta, llevaron al abandono del sistema de Bretton Woods,
    vigente desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Los países
    industrializados han mantenido en los últimos quince años, un sistema en el que
    las autoridades monetarias y cambiarias prácticamente no intervienen en el
    mercado de divisas.
    La experiencia con el
    sistema de tasas de cambio variables ha sido positiva, pues ha servido para
    absorber los efectos de grandes perturbaciones externas sin consecuencias muy
    negativas en las economías de los países industrializados. Sin embargo, la
    experiencia también ha demostrado que el sistema de cambios flexibles no puede
    ser adoptado por los países pequeños, pues en mercados de tamaño reducido no es
    posible desarrollar instrumentos que permitan cubrir los riesgos inherentes en
    variaciones no previstas de la tasa de cambio.
    La coexistencia de dos
    sistemas de cambio, uno de tasas de cambio fijo para países pequeños, y otro de
    tasas de cambio flexible, ha obligado a los economistas a estudiar las
    implicaciones que tienen las políticas monetaria y fiscal para cada uno de los
    dos regímenes.
    Las conclusiones de
    este análisis son bien importantes, sobre todo, cuando se considera la
    existencia de los capitales golondrina que vuelan hacia el país donde el
    retorno es más alto. En estos casos, la conclusión es que en un sistema de
    cambios fijos la política monetaria es impotente para cambiar el nivel de la
    actividad económica doméstica. Por otra parte, en un sistema de tasas de cambio
    fijo, la política fiscal se torna importante para estabilizar la economía.
    La experiencia de la
    importancia de las autoridades monetarias en la Administración Gaviria para
    controlar la economía colombiana, corrobora que el análisis realizado por los
    buenos macroeconomistas también se aplica en el trópico.
  • Política Fiscal Colombiana

    A pesar
    de los grandes avances logrados en los ochentas el sistema fiscal colombiano
    tiene algunos problemas que deben ser corregidos poco a poco.
    El miércoles de la
    semana pasada se desarrolló en Bogotá un seminario sobre Política Fiscal
    Colombiana en donde se presentaron dos trabajos de destacados economistas
    colombianos. En el seminario, la mayor discusión se concentró en la relación
    existente entre la política fiscal y la estabilización de la economía. Para uno
    de los ponentes, el haber adoptado Colombia una política fiscal  anticíclica, ha sido una de las causas de la
    relativa estabilidad de su política macroeconómica, aún ante la presencia de un
    sector externo oscilante.
    Los dos ponentes, Jorge
    Ospina y Eduardo Sarmiento a pesar de las claras diferencias en sus enfoques,
    estuvieron de acuerdo en que el caso colombiano se ha caracterizado por un
    manejo discrecional de la política fiscal. Esta discrecionalidad, la mayor
    parte de las veces, se ha empleado para ayudar en la estabilización. Por
    ejemplo, las cifras muestran que fue posible revertir las tendencias negativas
    imperantes en 1984, mediante una sano proceso de ajuste macroeconómico en el
    que la política fiscal fue un protagonista importante.
    El paquete de medidas
    que lograron este pequeño milagro económico no solo fueron de carácter fiscal,
    sino que también incluyeron medidas cambiarias y monetarias que facilitaron el
    ajuste en los frentes externo e interno. Los estudios retrospectivos muestran
    la importancia de haber conseguido un nivel adecuado en la tasa de cambio real
    de la economía colombiana.
    A diferencia de las
    reformas anteriores, los cambios ocurridos en los ochentas fueron puestos en
    marcha sin tener que acudir a misiones fiscales lideradas por expertos
    extranjeros. Estas reformas, “made in Colombia”, tuvieron un carácter
    pragmático y buscaron simplificar las relaciones entre el contribuyente y la
    administración. Para Jorge Ospina, el buen resultado de las reformas fiscales
    colombianas se ha debido en buena parte a su carácter gradual. El público está
    dispuesto a aceptar cambios cuando estos son pequeños y frecuentes. Los grandes
    cambios asociados con la elaboración de estudios exaustivos liderados por
    reconocidos expertos extranjeros parecen entonces, ser menos efectivos que una
    serie de ajustes sugeridos y puestos en práctica por expertos nacionales.
    A pesar de los grandes
    avances logrados en los ochentas el sistema fiscal colombiano tiene algunos
    problemas que deben ser corregidos poco a poco. En primer lugar, es necesario
    disminuir la participación de los tributos sobre las importaciones. Para poder tener
    éxito en el proceso de apertura se requiere bajar los aranceles y los recargos
    a las importaciones. Obviamente para lograr mantener una estabilidad
    macroeconómica es necesario apelar a aumentos en otros tributos.


    En segundo lugar, será
    necesario controlar las transferencias hacia los municipios. El Impuesto al
    Valor Agregado que podría generar recursos adicionales está limitado por la
    necesidad de transferir el 50 por ciento a los municipios. Si bien, en
    principio, sería posible transferir responsabilidades adicionales a los
    municipios, en la práctivca esto es imposible. La realidad política colombiana
    es que la descentralización ha venido acompañada de un aumento en el déficit
    del nivel central. Los gastos transferidos han sido siempre menores que los
    recaudos transferidos. Las fórmulas utilizadas para ejecutar las transferencias
    no solo no han sido rígidas sino que no han incentivado un mayor esfuerzo
    local. Si la constituyente que elegimos el 9 de diciembre suprimiera las
    fórmulas específicas del situado fiscal, dandole un manejo más flexible a las
    relaciones fiscales intergubernamentales, habría contribuido notablemente a la
    mejor marcha de la nación.