Category: Pagos por limitación del área sembrada en café

  • Racionando el café.

    Pagar a los
    agricultores por limitar las áreas de cultivo suena muy atractivo, sobre todo
    cuando uno está dedicado al ingrato oficio del agro.   Sin embargo, mientras los precios internos
    continúen siendo atractivos, el efecto de largo plazo en la reducción de la
    oferta tenderá a minimizarse.
    El viernes de la semana
    pasada nos despertamos con la noticia de que Colombia había entrado a la liga
    de los países desarrollados. En primera página de los diarios, el Ministro de
    Comercio Exterior anunciaba que para resolver los problemas del sector cafetero
    se iban a retirar del cultivo del café cien mil hectáreas.
    Pagar a los
    agricultores por limitar las áreas de cultivo suena muy atractivo, sobre todo
    cuando uno está dedicado al ingrato oficio del agro. Este lujo de recibir
    ingresos por no hacer nada es propio de los países avanzados. En los países
    pobres como Colombia, el pagar por no hacer nada es una receta clara para el
    desastre. Los caficultores ya no tendrán que envidiar a los trabajadores de
    COLPUERTOS que se han jubilado con altos sueldos, pues ahora van a poder
    disfrutar de la vida sin tener que trabajar.
    Sin entrar a cuestionar
    la bondad de esta política de jubilación anticipada para los caficultores, es
    conveniente anotar que la evaluación de las políticas de restricción del área
    cultivada muestra que no es la mejor manera de cumplir con el loable propósito
    de proteger a un gremio, que se ha sacrificado por el país.
    Es claro, que al
    restringirse la oferta de un bien con una demanda inelástica el ingreso de los
    productores aumenta. Por tanto, la propuesta del Ministro Santos va a favorecer
    al gremio caficultor, tanto a los que se acojan al programa, como a los que continúen
    con el vicio de cultivar café. Sin embargo, mientras los precios internos
    continúen siendo atractivos, el efecto de largo plazo en la reducción de la
    oferta tiende a minimizarse. Cuando el precio de un cultivo es alto y el área
    se disminuye, se vuelve muy atractivo aumentar la productividad de los
    cultivos. Los caficultores encontrarán muy atractivo utilizar variedades de
    mayor rendimiento y aumentar el uso de fertilizantes y de otros insumos, que
    lleven a un incremento de la producción de café en una área dada.
    El efecto final de la
    política será mucho menos favorable de lo que se piensa. Al final, la
    producción habrá aumentado otra vez al nivel que tiene en la actualidad y
    seguirá sobrando el millón y medio de sacos. El Fondo del Café no sólo tendrá que
    incurrir en los costos de la erradicación, sino que continuaría
    descapitalizándose por la compra del café a precios por encima de su nivel
    internacional. 
    Ahora cuando, gracias
    al racionamiento, todos nos hemos convertido en expertos en el sector eléctrico
    podemos entender mejor la política del Gobierno en materia de manejo cafetero.
    En efecto, el desangre del Fondo Cafetero es ni más ni menos equivalente al
    manejo irresponsable de los embalses. La restricción del área es equivalente al
    racionamiento, pues es tratar de manejar un desequilibrio entre la oferta y la
    demanda imponiendo limitaciones a su libre juego.  Más aún, el absurdo manejo de los embalses y
    de los precios del café ha obedecido a claros propósitos electorales.

    La superabundancia
    de elecciones que hemos padecido en Colombia en los últimos años, nos ha
    alejado del curso sencillo y claro que enseñan los libros de introducción a la
    economía. El papel del sistema de precios para indicar la relativa escasez de
    los diferentes bienes se ha distorsionado totalmente. En lugar de subir el
    precio de los bienes escasos para indicar que es necesario contar con una
    oferta abundante de electricidad y gas propano, 
    el precio de los energéticos se mantiene en niveles absurdamente bajos.
    En lugar de reducir el precio de los bienes abundantes para indicar que no es
    rentable producir un bien como el café, éste se mantiene artificialmente alto.
    Los consumidores de energía se mantienen contentos siempre y cuando haya
    energía. Los productores de café son más afortunados pues su racionamiento
    viene acompañado de pagos por dedicarse al dolce fare niente.