Category: Modelos econométricos

  • Pronósticos para 1994.

    Al llegar al último año
    del período del presidente Gaviria, la economía estará mejor que nunca. La
    inflación habrá bajado al 13% y la tasa de crecimiento de la economía alcanza
    un 8%.
    En días pasados
    FEDESARROLLO presentó sus pronósticos para 1991. En ellos se mostraba que los
    resultados para el presente año iban a ser peores que los que estaba esperando
    el gobierno. La meta del 22 por ciento de inflación no se podía cumplir y el
    crecimiento iba a ser menor del 2.5%. Estas predicciones estaban basadas en un
    modelo de equilibrio general, de más de doscientas ecuaciones, que trataban de
    representar la economía colombiana.
    Este resultado obtenido
    por los investigadores de FEDESARROLLO debe haber desvelado al Ministro Hommes
    e indudablemente habrá puesto contentos a los críticos de la actual política
    económica. A algunos  observadores
    interesados en el acontecer macroeconómico nos puso a pensar si nuestros
    modelos más pequeños, de tres ecuaciones con tres incógnitas, estarían de
    acuerdo con las predicciones del famoso Instituto de Investigación.
    Después de haber
    gastado una media hora en hacer las predicciones correspondientes, obtuve unos
    resultados similares. Según el modelo presentado en un texto intermedio
    calibrado para la situación colombiana, el resultado para este año sería una
    inflación de 27 por ciento y un crecimiento negativo del uno por ciento. Los
    pronósticos para 1992 no son muy brillantes. La inflación sería de casi el 20%
    y el producto interno bruto permanecería constante.
    Lo que sorprende es que
    a partir de 1993 la situación mejora considerablemente. En ese año la inflación
    se reduce a menos del 15 por ciento y la economía crece al cinco por ciento. Al
    llegar al último año del período del presidente Gaviria, la economía está mejor
    que nunca. La inflación ha bajado al 13% y la tasa de crecimiento de la
    economía alcanza un 8%.
    Una conclusión de estos
    resultados, que indudablemente no pueden ser tomados sino como una primera
    aproximación de lo que puede pasar, es la importancia que tiene el mantener una
    política económica. Los beneficios que se esperan de una política de ajuste
    suelen ocurrir con una demora considerable. Por lo tanto, no es conveniente
    estar cambiando la política económica si los resultados de dicha política
    durante el primer año no son muy buenos.
    Más aún, es conveniente
    tomar las medidas de ajuste en el momento en que comienza el período
    presidencial. La recuperación que se obtiene una vez se haya realizado el
    ajuste, indudablemente contribuye a mejorar la imagen con que termina un
    Presidente y su equipo económico el período presidencial.

    Los gobiernos que han
    tomado el ajuste en sus primeros años, como el de López Michelsen y Ronald
    Reagan, han terminado su período con muy buenos índices. Los partidos políticos
    de estos gobernantes lograron sostenerse y los encargados de la política
    económica al final del mandato salieron con elevado prestigio. Por el
    contrario, los gobiernos que tomaron la decisión del ajuste en mitad de su
    período, se quedaron con el pecado y sin el género. Los resultados electorales
    de su partido no fueron muy buenos y los elogios tuvieron que compartirlos con
    los dirigentes del equipo económico del gobierno que los sucedió.
  • Apertura de Modelos

    Desde el punto de vista
    práctico, el mejor modelo no es que el tiene unas hipótesis más realistas sino
    el que logra predecir los eventos futuros con mayor precisión.
    Recientemente han
    salido publicados los primeros libros sobre la apertura económica. Entre ellos
    se destacan dos publicaciones de Fedesarrollo y Tercer Mundo con títulos muy
    parecidos. Los libros Apertura y Modernización: las reformas de los noventa y
    Apertura y Crecimiento: El reto de los noventa presentan el esfuerzo conjunto
    de dos instituciones muy vinculadas a los temas económicos. El primero de los
    libros citados está dedicado a hacer una recopilación de las reformas hechas
    por la presente administración mientras que el segundo presenta una descripción
    de tres modelos de la economía colombiana que sirven para analizar los posibles
    efectos de la apertura.
    Estos dos libros aunque
    hechos por el mismo grupo de personas son radicalmente diferentes. Mientras que
    el primero presenta muy claramente los cambios hechos en la legislación
    colombiana y le presta un buen servicio al público interesado en los temas
    económicos, el segundo deja al lector común bastante confundido. Los que
    compren el libro Apertura y Crecimiento: el reto de  los noventa, creyendo que van a encontrar una
    fácil explicación de lo que nos espera en el futuro les va ocurrir muy
    probablemente lo que le ha ocurrido a distinguidos economistas no académicos
    que han comprado el libro Fundamentos del Análisis Económico creyendo que iban
    a encontrar una versión resumida del magnífico libro de principios del Profesor
    Samuelson.
    Si uno se repone del
    choque que le causa el abrir un libro lleno de ecuaciones y cuadros y comienza
    a leer con cuidado la presentación de los modelos y sus resultados se puede dar
    cuenta que cualquier parecido entre los tres modelos es pura coincidencia. Los
    resultados son tan diferentes como eran las opiniones de los integrantes del
    equipo económico del gobierno. La pelea entre Hommes y Samper vuelve a surgir
    pero esta vez los antagonistas son por una parte Carlos Caballero, Manuel
    Ramírez y Ana María Rodríguez y por la otra Eduardo Lora, José Antonio Ocampo y
    Leonardo Villar. 
    Ante esta divergencia
    en los resultados uno podría pensar que la divergencia entre los integrantes
    del equipo económico era más bien una consecuencia de que existían dos modelos
    igualmente atractivos y que cada bando había escogido uno de ellos. El cínico
    podría pensar que más bien la existencia de dos modelos que producen resultados
    diferentes se debe a que hay dos visiones del mundo totalmente diferentes. Para
    los cepalinos la apertura es sinónimo de desempleo, recesión y todos los otros
    males mientras que para los aperturistas la manera de salir del desarrollo es
    inyectando a la economía la competencia con el exterior para que sobrevivan los
    más eficientes.
    Infortunadamente, el
    lector común no puede discernir de la presentación de los modelos y de sus
    resultados si realmente los supuestos que tienen cada uno de ellos están
    llevando indefectiblemente a un resultado más o menos de acuerdo con la visión
    del mundo que tienen los investigadores que han desarrollado los modelos.
    Aunque se pudiera dedicar un esfuerzo considerable a profundizar sobre la
    estructura de los modelos para encontrar cual de ellos es más realista, en sus
    suposiciones y en su visión del mundo no pareciera que fuera muy útil este
    ejercicio. Desde el punto de vista práctico, el mejor modelo no es que el tiene
    unas hipótesis más realistas sino el que logra predecir los eventos futuros con
    mayor precisión.
    Mientras llegamos al
    otro siglo y analizamos cual de los modelos tuvo más éxitos en la predicción de
    los efectos de la apertura podríamos comparar los resultados de las predicciones
    de los modelos con los resultados obtenidos en otras partes. Para este efecto
    es invaluable utilizar los resultados de la investigación del Banco Mundial
    para 36 experiencias de liberalización en 19 países del mundo.
    Comparando de los
    hallazgos de la investigación del Banco Mundial con los resultados de los
    modelos, se puede decir que el Modelo de Equilibrio General de FEDESARROLLO no
    reproduce lo que se ha observado en otras experiencias de liberalización. Por
    ejemplo, a diferencia de lo que predice el modelo de equilibrio general de
    FEDESARROLLO la liberalización no ha generado mayor desempleo.

    Desafortunadamente,
    esta discrepancia en los modelos y entre los pronósticos y la realidad dejan la
    duda de si el utilizar los resultados de los modelos como testimonio para
    juzgar la bondad de una política es algo exagerado. Esperamos que los
    investigadores sigan trabajando en el desarrollo de sus modelos para poder
    algún día utilizar con entera confianza sus resultados en los debates de
    política económica.