Category: Metro de Medellín

  • La realidad de dos proyectos controvertidos

    El Metro de Medellín y el Guavio vuelven a ser motivo de controversia.
    El DNP realizó, en noviembre de 1991, un seminario en Santa Marta con el fin de analizar la gestión pública relacionada con algunos de los más importantes proyectos llevados a cabo en el pasado reciente.  Dos de los proyectos escogidos en esa ocasión han vuelto ha ser motivo de discusión.  El Metro de Medellín por el escándalo sobre las posibles comisiones para su construcción y el Guavio, por su impacto adverso las finanzas del Distrito que ha llevado al Alcalde Mockus a proponer la venta de la Empresa de Teléfonos para “salvar” la Empresa de Energía.
    En cuanto a lo que se refiere al Metro de Medellín se puede decir que después de haber pasado la euforia inicial que acompañó a la inauguración de una gran obra, cada día es mas claro que la decisión de hacerlo no fue muy afortunada.  Las criticas al proyecto se quedaron muy cortas de la realidad.  La sobre costos previstos por los críticos de los estudios resultaron muy por debajo de los que al final se dieron.  Por otra parte, el número de pasajeros atendidos por el Metro una vez pasada la euforia resulto tremendamente inferior a lo contemplado los estudios.  Para justificar la inversión muchas veces se utilizaron cifras por encima del millón de pasajeros diarios, llegando hasta el millón seiscientos mil pasajeros en escenarios optimistas. La cruda realidad es que el Metro está movilizando apenas ciento treinta mil pasajeros diarios, menos de la décima parte de los estimativos optimistas.
    El Proyecto Metro de Medellín a la luz de la experiencia no se ha debido realizar nunca.  La inversión nunca va a poder recuperarse en términos económicos y lo que es muy probable, los costos de operación van a superar los beneficios creando un hueco permanente en las finanzas de los dueños del proyecto.  Lo que resulta aún más triste de un proyecto como el Metro de Medellín es que una vez que se comienza no se puede parar.  En el seminario de Santa marta se afirmó que aún con una movilización de novecientos mil pasajeros día, la rentabilidad de las nuevas inversiones era muy baja y que si resultara menor el proyecto sería un gran fracaso.
    Si el Metro de Medellín nunca ha debido iniciarse pues desde su mismo estudio surgieron serias dudas sobre su rentabilidad, que se confirmaron en 1991 y que resultan evidentes hoy en día, el caso del Guavio no es tan claro.  En primer lugar, los estudios iniciales nunca fueron cuestionados abiertamente y hasta fueron avalados por entidades tan serias como el Banco Mundial y el BID.  Las evaluaciones intermedias tampoco cuestionaron la bondad del proyecto sino que más bien opinaron sobre el ritmo de ejecución del proyecto.  Los organismos internacionales y el gobierno nacional propusieron desde 1985 disminuir el ritmo de inversión del proyecto en el supuesto de que los costos adicionales del proyecto pudieran ser muy bajos comparados con el efecto favorable que una disminución de la inversión pública podría tener en la estabilización de la economía colombiana.
    La necesidad del proyecto Guavio se hizo evidente en el apagón y dejó de manifiesto la equivocación del Doctor Guillermo Perry al retrasar tan importante proyecto.  La importancia del Proyecto en las finanzas de la empresa se pone de manifiesto en la gran diferencia existente entre los ingresos del proyecto y sus costos operacionales.  Si bien nadie en su sano juicio diría que la solución del problema es cerrar el Guavio muchos como el actual Gerente y el Alcalde se preocupan por los altos costos financieros originados en su construcción que tienen un efecto tremendo en la capacidad de atender los gastos normales de la empresa.
    Visto de esta manera, el problema de la Empresa de Energía es simplemente que el excedente operacional no le alcanza para pagar los altos costos financieros.  La primera solución a este problema es relativamente sencilla desde el punto de vista conceptual.  Una empresa en estas circunstancias debe aumentar sus ingresos, reducir sus costos operacionales, o inyectarle capital para reducir el alto nivel de endeudamiento.  Ante las dificultades de aumentar los ingresos o reducir los costos operativos la Administración ha pensado buscar la solución de conseguir más capital para lo cual ha propuesto la venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá.
    Esta solución aparentemente sencilla no es enteramente satisfactoria pues no esta enfrentando el verdadero problema de las empresas públicas de Bogotá.  Lo que ha pasado es que las empresas se han venido manejando de manera equivocada desde hace muchos años.  En primer lugar, cada una de ellas anda por su lado y, además, nunca han buscado una eficiencia económica en la que se minimicen los costos y se maximicen las ganancias.  A pesar de las sanas reformas introducidas por el Estatuto de Bogotá, las empresas se manejan con fuertes interferencias políticas, y de manera independiente.  La unidad de caja y la existencia de criterios al nivel de toda la ciudad no se han podido establecer.
    Si la Empresa de Telecomunicaciones estuviera funcionando bien y estuviera generando considerables beneficios no habría necesidad de venderla para tapar el hueco que le creó el Proyecto Guavio a la Empresa de Energía.  Los activos de la Empresa de Telecomunicaciones y su flujo de caja serian el mejor respaldo para que el Distrito consiguiera una refinanciación de la EEB y para que su servicio de la deuda fuera manejable.
    El Alcalde Mockus esta planteando un falso dilema a la ciudad.  Para salvar a la Empresa de Energía no se necesita vender la ETB ni los bogotanos tenemos que escoger el menor de dos males. Lo que necesitamos es que el Distrito se convierta en un dueño responsable de todas sus empresas y que comience a generar los excedentes necesarios para atender sus deudas. Cuando las empresas comiencen a manejarse bien ahí debemos pensar que hacer con ellas si las vendemos, las regalamos o las seguimos manteniendo.  Lo que quiere la ciudadanía es que la Administración asuma sus responsabilidades y no que tome por el camino fácil de abrir un hueco para tapar otro.
  • Revolcón 2

    Si a las políticas
    económicas del Presidente Gaviria y su equipo económico se les dió el odioso
    nombre de Revolcón, a las que van a emprender con el sol en las espaldas deberían
    comenzar a llamarlas Revolcón 2.
    Hace muchos años,
    cuando una radionovela tenía éxito las emisoras trataban de capitalizarlo
    lanzando una segunda parte, que por lo general se refería a las aventuras del
    hijo del héroe. Por ejemplo, después del éxito de la radionovela “El
    Arabe” se lanzaba una segunda parte llamada “El hijo del Arabe”;
    después de “Tanané” se hacía una secuela llamada “Tangaré el
    hijo de Tanané”. Hoy en día, las secuencias mantienen el mismo nombre de
    la película que tuvo éxito adicionado de un número. Esta práctica es tan
    generalizada que ya es difícil saber cual es la última versión en una
    secuencia. Hay 6 Locademias de Policía, 5 Rockies, 3 o 4 Rambos, 3 Guerras de
    las Galaxias, dos Tortugas Ninja, dos Duros de Matar y un número muy grande de
    otras secuencias.
    Si a las políticas
    económicas del Presidente Gaviria y su equipo económico se les dió el odioso
    nombre de Revolcón, a las que van a emprender con el sol en las espaldas
    deberían comenzar a llamarlas Revolcón 2. Convendría entonces imaginarse lo que
    contendrían los anuncios de esta nueva superproducción.
    En Revolcón 2, el
    Ministro Hommes emprendería nuevamente su lucha contra la inflación. Como se
    recuerda, en la primera parte de la serie nuestro héroe fue brutalmente
    castigado por el villano a pesar de haber utilizado armas tan potentes como el
    encaje marginal del ciento por ciento y la revaluación del peso. En la segunda
    parte de la serie contará con la ayuda de los directores de la Junta que
    aparecieron al final de la película anterior. Contará además con más impuestos
    que logró conseguir en negociaciones con el Congreso al final del primer
    episodio.
    Si en la primera parte
    nuestro héroe logró obtener un triunfo importante en el frente laboral con la
    creación de los fondos privados de cesantías, en la segunda intentará obtener
    el premio mayor de la creación de los fondos privados de pensiones. Los
    trabajadores, aliados con la administración del ISS, tratarán de evitar la
    puesta en marcha de estos fondos y perpetuar la caótica situación existente.
    En el frente fiscal, el
    Revolcón 2 nos presentará nuevos intentos de aumentos en los ingresos del
    gobierno. Se tratará de elevar a niveles internacionales el precio de la
    gasolina. Las tarifas de las empresas de servicio público crecerán más rápido
    que el índice de precios. Las contribuciones al Seguro Social, a pesar de
    reiteradas promesas, crecerán sin ofrecer ningún beneficio a los pobres
    afiliados. Se intentará, vanamente, reducir el déficit del Fondo Nacional del Café.
    En lugar de bajar los precios se apelará a medidas ingeniosas como el pagar por
    erradicar nuestro cultivo bandera. El Metro de Medellín se continuará
    construyendo a pesar de su rentabilidad negativa. Los gastos originados en la
    Nueva Constitución aprobada en el primer episodio se desbordarán, acabando con
    los ingresos producidos en la reforma tributaria que se alcanzó a aprobar al
    final del episodio anterior.
    Ante las graves
    consecuencias en el frente exportador causadas por la revaluación que se hizo
    en el Revolcón, las autoridades apoyarán su programa de apertura con una
    aceleración de la devaluación. Esta devaluación será necesaria para frenar la
    avalancha de importaciones que se desató al final del primer episodio. Los
    Industriales y trabajadores que se sentían amenazados por la competencia
    externa lograrán defenderse gracias a la aceleración de la devaluación.