Category: Junta Directiva del Banco de la República

  • Autocrítica de la autoridad monetaria

    Parece claro que cualquier intento de bajar el nivel de las reserves internacionales deberá venir acompañado de una baja en la tasa de interés, y tenderá a producir una devaluación  real del peso
    El Banco de la República se ha pronunciado recientemente sobre el nivel de reservas internacionales.  Considera el Banco Emisor que el nivel actual está por encima de las necesidades del país y que por lo tanto sería conveniente tratar de ir disminuyendo su monto hasta niveles más de acuerdo con las necesidades del país.

    Esta actitud de las autoridades económicas ante el nivel de reservas es relativamente reciente.  Los que tienen buena memoria se deben acordar que hace algún tiempo el nivel de las reservas internacionales se consideraba como un indicador de la bondad de la política económica.  El Presidente de la República, el Gerente del Banco Central y el Ministro de Hacienda estaban prontos a señalar cada aumento en las reservas internacionales como uno de sus principales logros en el campo de la política económica.  Únicamente en épocas de bonanzas, cafetera, marimbera o petrolera se dejaba de considerar como algo meritorio el aumento en el nivel de las reservas internacionales.
    El hombre de la calle nunca entendía cómo era posible que lo que se consideraba en un momento dado como el mejor indicador del nivel de bienestar de un país se pudiera convertir de un momento a otro en el causante de los mayores males.  Los comentaristas trataban de explicar que [as reservas internacionales se deberían tratar más bien como el licor que tomado con mesura podía llevar a una mayor euforia pero tomado en exceso puede dar lugar a resultados indeseables.
    La idea de la Junta Directiva del Banco de la República de adoptar una política activa sobre el nivel de reservas internacionales es interesante pues está mostrando al público que esta variable será de ahora en adelante uno de los principales objetivos de política económica.  Podemos esperar que la Junta Directiva del Banco de la República estará atenta a actuar sobre las variables a su disposición para lograr que las reservas internacionales se sitúen en lo que podríamos llamar a un nivel óptimo.

    Ante las dificultades que ha tenido el Banco de la República en el control de los medios de pago muchos podrían pensar que esta materia podría ser igualmente difícil de cumplir.  Los que piensan que el nivel de reservas se debe principalmente a unos deseos poco racionales de algunos acaudalados colombianos podrían apostar a que el Banco’ de la República tampoco podría cumplir sus metas relacionadas con el nivel de reservas.
    Sin embargo, los que han aprendido su economía en los escritos del Fondo Monetario Internacional pensarán que es mucho más razonable escoger como una meta de política económica el nivel de reservas que el crecimiento de los medios de pago.  Para ellos, cuando hay una alta movilidad de capitales y cuando se tiene una tasa de cambio fijo la política monetaria se torna en una variable endógena, o sea que no puede ser controlada por la Autoridad Monetaria.  En estas circunstancias, en las que los medios de pago se rehusan a seguir la trayectoria deseada por la Junta Directiva, lo único que se puede controlar es la manera en que el crecimiento de los medios de pago se traduce en un aumento en las reservas 0 en un aumento del crédito doméstico.  Si el Banco de la República suelta el crédito, las reservas disminuyen; si por el contrario nuestra Autoridad Monetaria decide restringir el crédito doméstico, la consecuencia lógica es el crecimiento de las reservas internacionales.

    Para los seguidores del Organismo Internacional con sede en Washington, el reconocimiento de que las reservas internacionales están muy altas es ni más ni menos que un sano ejercicio de autocrítica de la Junta Directiva del Banco en el que se arrepienten de haber restringido el crédito.  Estos devotos de la escuela de Washington estarán pensando que el anuncio del Banco de la República es un indicador de que la política crediticia futura será mucho más generosa, pues seria la única manera de reducir el nivel de Reservas internacionales.

    Sin entrar a tomar partido por la posición extrema, lo que parece claro es que cualquier intento de bajar el nivel de las reservas internacionales deberá venir acompañado de una baja en la tasa de interés, y tenderá a producir una devaluación real del peso.  Si esto se da, la economía colombiana podría mantener su ritmo de crecimiento por un año más.

  • Política Económica: Mucho cacique y pocos indios

    Los ministros del equipo económico continúan pisándose las mangueras.
    El representante de El Tiempo en el gobierno continua opinando acerca de los
    asuntos cafeteros.

    Los primeros resultados en el campo económico no auguran un buen año.
    Si en la economía existieran las cabañuelas, las predicciones para todo el 92
    no parecerían muy brillantes. Los encargados de la política no parecen haber
    encontrado la medicina adecuada para aliviar las dolencias que aquejan a la
    economía colombiana. La política monetaria, cambiaria y fiscal siguen siendo
    manejadas sin una clara orientación y sin producir los resultados esperados.
    Las autoridades monetarias no han encontrado la manera de cumplir con
    unas metas de crecimiento del dinero. Los medios de pago siguen descontrolados.
    Las medidas tomadas no han logrado disminuir el crecimiento de la base
    monetaria. Las autoridades parecen, al igual que un amigo mío, haber tomado la
    decisión de seguir siendo indecisos. No saben todavía si es importante o no
    controlar los medios de pago. Como consecuencia de la falta de control las
    presiones inflacionarias se mantienen vivas. 
    En efecto, el costo de vida arrancó con patada de antioqueño en
    1992.  El 3.5 por ciento del 92 superó
    con creces los resultados de los últimos años.
    La política cambiaria sigue siendo utilizada como un elemento de
    control monetario.  La Junta Directiva
    del Banco de la República, ha continuado revaluando el peso para controlar el
    crecimiento de la base monetaria aún a costa de la competitividad externa. Las
    negras perspectivas externas del café, el petróleo y el carbón, se unen a un
    sombrío panorama de las importaciones no tradicionales  y, a una economía americana en recesión para
    augurar un mal año a las exportaciones.
    La política fiscal sigue en el limbo. La tan mentada reforma
    tributaria espera que pasen las elecciones para que sea discutida en el
    Congreso. En consecuencia, el déficit fiscal se mantiene en niveles
    incompatibles con el equilibrio macroeconómico. Los huecos negros (Fondo
    Nacional del Café, Sector Eléctrico, ISS, Colpuertos, Metro de Medellín) donde
    desaparecen todos los fondos del gobierno siguen tan profundos como los de las
    calles santafereñas.
    Las batallas económicas se están perdiendo porque parece que en el
    gobierno hay muchos caciques y pocos indios. Poner de acuerdo a seis
    economistas y un abogado en la Junta Directiva del Banco de la República, se ha
    mostrado bastante difícil. En temas tan importantes como, si se debía o no
    controlar las tasas de interés se presentaron importantes divergencias. La
    falta de estudios por parte de los funcionarios del Banco Central contribuye a
    dilatar las discusiones, e impide llegar a una pronta solución. Como si no
    fuera suficiente contar con seis opiniones, el Gobierno ha traído a destacados
    asesores que con sus densos documentos han contribuido a aumentar la entropía
    económica.

    Los ministros del equipo económico continúan pisándose las mangueras.
    El representante de El Tiempo en el gobierno continua opinando acerca de los
    asuntos cafeteros. En la radio sostiene que el precio interno del café debe
    bajar antes de que sus colegas de Hacienda y Agricultura hayan tomado la
    decisión. Como si no tuviera suficiente trabajo con presidir la UNCTAD y fijar
    la política cafetera, el Doctor Santos decide también fijar las políticas de
    ensamble del país. Si se quiere que haya futuro en el frente económico, el
    Presidente Gaviria debería comenzar a buscar una embajada a los ministros que
    están impidiendo una marcha armoniosa del equipo económico.
  • El milagroso 3,5 por ciento

    Los agentes económicos
    están sumidos en la incertidumbre, al no tener muy claro quién es el
    responsable por la inflación: 
    la Junta Directiva del
    Banco de la República o el Ministro de Hacienda
    La semana anterior los
    medios de comunicación nos dieron a conocer una noticia en el frente
    inflacionario. De acuerdo con el Dane la inflación de enero llegó a 3,5 por
    ciento. Esta cifra no sólo superó los eneros de los últimos años, sino que de
    continuar durante el resto del año nos pondría en el explosivo nivel del 50 por
    ciento.
    Al mirar con más
    detenimiento el incremento de los precios, uno se da cuenta que en buena parte
    está reflejando los aumentos del año pasado. En efecto, para poder pasar al año
    con menos de 27 por ciento, el gobierno decidió incrementar el precio de la
    gasolina cuando el Dane ya había cerrado el mes de diciembre. De esta manera se
    logró una cifra  menor en 1991 a costa de
    una mayor inflación en 1992.
    Si bien la inflación no
    va a seguir corriendo a ritmos tan altos como el de enero, es posible que no
    baje tan rápido como se espera. Las cifras disponibles sobre medios de pago
    muestran que el crecimiento de la demanda agregada sigue siendo muy alto. En
    crecimiento del dinero cercano al 35 por ciento no puede ser compatible con una
    inflación del 22 por ciento.
    La entrada de divisas
    sigue influyendo positivamente en el crecimiento de las reservas
    internacionales, y, por lo tanto, está alimentando el crecimiento de los medios
    de pago. Las importaciones se mantienen estancadas y las expectativas de
    revaluación siguen vigentes.
    La Junta Directiva del
    Banco de la República y el Ministro de Hacienda, han venido pasándose la pelota
    emulando a los dirigidos por el “Bolillo” Gómez. El público no tiene
    muy claro quién de los dos es el responsable de por la inflación. La Junta le
    pide al Ministro de Hacienda que aumente el superávit fiscal para poder
    controlar la inflación, mientras que el Ministro considera que la
    responsabilidad del control de la inflación ha pasado al parque de Santander.
    Esta situación no
    debería continuar pues, los agentes económicos están sumidos en la
    incertidumbre. La Junta debería asumir la responsabilidad del control
    inflacionario, sin esperar a que el ministro logre el milagro de reducir el
    déficit fiscal. El gobierno debe asumir la responsabilidad de determinar una
    política en la que se pueda absorber el superávit cambiario mediante una
    reducción del déficit fiscal.

    Bajo un esquema lógico
    de asignación de responsabilidades, la Junta tendría a su cargo la obligación
    de mantener una tasa de inflación baja, y que el gobierno debería responder por
    la coherencia macroeconómica del plan de apertura. 
  • La calentura no está en las sábanas

    El control
    administrativo de las tasas de interés, fuera de ser un pésimo mensaje para los
    agentes económicos, ataca los síntomas de un problema, en lugar de atacar sus
    causas.
    La semana anterior se
    estuvo discutiendo en el seno del gobierno, la conveniencia de poner en
    práctica el control administrativo de las tasas de interés que cobran los
    intermediarios a sus clientes. Dentro de la Junta Directiva del Banco de la
    República existían varias opiniones. Algunos de los miembros pensaban que era
    conveniente la intervención, mientras que otros, consideraban que era mejor que
    las tasas de interés se siguieran determinando como un resultado del juego de
    la oferta y la demanda.
    Al final de la semana
    se llegó a un compromiso, en el que se decidió fijar las tasas de interés de
    los bancos oficiales, dejando la determinación de las de los bancos privados,
    al buen criterio de los banqueros. Las autoridades, en esta ocasión, no
    buscaron el famoso pacto de caballeros para bajar las tasas de interés. Por el
    contrario, se pronunciaron en contra de la fijación concertada de ellas.
    Inclusive, las autoridades regañaron a los miembros de la asociación de
    tarjetas de crédito, porque encontraron que el parecido en las tasas fijadas no
    era una pura coincidencia.
    Aunque en teoría, las
    discrepancias en el equipo de gobierno pueden ser sanas, en la práctica estas
    diferencias dan un mensaje negativo a los agentes económicos. En materia tan
    importante para el manejo monetario, lo menos que se puede pedir es que se
    compartan los criterios sobre cómo se determinan las tasas de interés.
    Más aún, cuando se ha
    tratado de independizar el manejo monetario de las presiones ejercidas por los
    ministros encargados del gasto, no pareciera lógico volver a la época en que se
    fijaban las tasas de interés en el despacho del Ministro de Hacienda. En los
    países con una autoridad monetaria independiente, esta busca cumplir con sus
    objetivos a través del mercado, sin apelar a las medidas directas. En Estados
    Unidos lo último que pensarían los intermediarios financieros, sería la
    apelación por parte de la Reserva Federal a controles directos de la tasa de
    interés.
    El control
    administrativo de las tasas de interés, fuera de ser un pésimo mensaje para los
    agentes económicos, ataca los síntomas de un problema, en lugar de atacar sus
    causas. Las autoridades deberían preguntarse, por qué están tan altas las tasas
    de interés y una vez obtenida la respuesta, tratar de encontrar la solución a
    estos problemas.
    El haber bajado las tasas de interés de captación frenará la entrada
    de divisas. Si se cumple lo que está pidiendo el Doctor Hommes, de que la gente
    se endeude en el exterior, se generará un efecto similar.  Terminaremos con una salida de dólares igual
    a la entrada de estos, lo cual se obtiene como resultado del endeudamiento con
    el extranjero. El control de la base monetaria requiere que la gente, no sólo
    no traiga sus dólares o los saque, sino que no se endeude en el exterior.
    Un economista podría
    pensar que las tasas de interés de captación están altas porque hay una demanda
    elevada de crédito. Es posible pensar que algunos de los cambios introducidos
    por las reformas de la actual administración, están generando demandas
    adicionales de crédito. Por ejemplo, modificaciones en la legislación laboral,
    como lo es el traslado de las cesantías a los nuevos fondos, obligará a algunas
    empresas a endeudarse para poder cumplir con esta disposición antes del 15 de
    febrero. Adicionalmente, las reformas en el régimen de retención en la fuente,
    introducidas por la dirección de impuestos para generar fondos al comienzo del
    año, en algo influyen en la liquidez de las empresas y en las necesidades de
    préstamos.
    Además de lo anterior,
    la demanda de crédito ha aumentado por el ánimo especulativo de algunos de
    nuestros yuppies. Si bien, los más prudentes han colocado sus ahorros en la
    bolsa, los más osados no han dudado en endeudarse para gozar del boom de
    nuestro Wall Street criollo.
    Por el lado de la
    oferta, también parece que las políticas del gobierno algo han tenido que ver
    con el problema del alto costo del crédito. Aunque se hubiera podido pensar que
    la privatización de los bancos contribuiría a una mayor competencia, parece que
    esto no ha ocurrido. Por el contrario, en el corto plazo, la privatización de
    los bancos, ha aumentado la concentración del poder del mercado en los grupos
    más poderosos. Los gigantes parecen estar más bien fortaleciéndose con unos
    márgenes grandes, como preparación a la pelea que se ve venir.

    A propósito de la
    privatización, resulta paradójico en la decisión de bajar el costo del crédito,
    que ella, no sólo va a hacer menos atractiva la compra de los bancos, pues los
    márgenes de intermediación van a ser menores, sino que los inversionistas se
    desalentarán, al saber que el precio de su negocio va estar bajo control de las
    autoridades monetarias. Los que compraron los bancos bajo la hipótesis de que
    los márgenes de intermediación seguirían siendo altos, deben estar pensando en
    imitar a la Renault y solicitar una indemnización, pues el negocio resultó
    menos rentable de lo que se había pensado al hacer la oferta.