Category: Julio Roberto Piza

  • En abril impuestos mil

    Si todos los bogotanos
    decidimos utilizar como base de auto avalúo la cifra que aparece en el
    formulario, el gobierno distrital no podría físicamente hacer cumplir la ley.
     Los bogotanos estamos
    al borde de la desesperación. Este es el mes en el que tenemos que afrontar el
    chaparrón de impuestos que nos ha preparado el Secretario de Hacienda del
    Distrito. A medida que se acercan las fechas de pagos de los diferentes
    tributos el sufrido habitante de la capital comienza a entrar en pánico.
    Como primera medida, el
    pobre contribuyente tiene que acudir a expertos asesores tributarios para que
    le expliquen la manera como este año se debe cumplir con la penosa obligación
    de pagar impuestos para obtener un nivel de vida inferior al que gozan los
    habitantes de Somondoco.
    Después de varias
    sesiones logra entender que ante la absoluta incapacidad del catastro distrital
    debe contratar el mismo a un avaluador para que le diga cuanto vale su
    vivienda. de manera totalmente ilusa se pretende que el contribuyente haga en
    un día lo que no pudo hacer el Distrito con una inmensa burocracia en diez
    años.
    Esta absurda
    privatización del catastro no le cabe en la mente al ciudadano. Lo lógico
    hubiera sido que si la administración no es capaz de mantener un catastro lo
    contrate con el sector privado, en manera similar a lo que en buena hora hizo
    Andrés Pastrana con las basuras. El apelar al auto avalúo es como pretender que
    para mejorar la recolección la solución sea que cada persona lleve sus basuras
    a los rellenos sanitarios. Las personas no están para recolectar basuras ni
    para hacer auto avalúos.
    Sin embargo, lo grave
    es que se pretende castigar a todos aquellos que pongan en su declaración un
    avalúo inferior al que, arbitrariamente, les fije el Catastro Distrital. La
    Administración Distrital se enfrentará a pleitos interminables en los que
    tendrá que comprobar la mala fe de los contribuyentes, quienes alegarán hasta
    el cansancio que su declaración fue hecha de buena fe y que las discrepancias
    se deben simplemente a la dificultad que tiene un persona común para hacer un
    avalúo.
    Lo grave de esta
    situación es que si todos los bogotanos decidimos utilizar como base de auto
    avalúo la cifra que aparece en el formulario, el gobierno distrital no podría
    físicamente hacer cumplir la ley. En primer lugar, tendría que abrirle juicio
    fiscal a un millón de contribuyentes que alegarían, con sobrada razón, que para
    ellos las cifras del catastro son las mejores guías para determinar el valor de
    su predio. Además, la Administración tendría que hacer por su cuenta un avalúo
    serio de todos los casos en litigio. Esto equivaldría, obviamente, a hacer en
    seis meses una labor, la conformación del catastro, que no ha podido hacer en
    diez años.
    Pero si no fuera
    suficiente con tamaño despropósito, el Secretario de Hacienda Distrital, Julio Roberto Piza, ha
    incurrido en abusos peores. Solo a un impenitente alcabalero se le puede
    ocurrir que los contribuyentes bogotanos tienen que pagar doblemente el
    Impuesto de Industria y Comercio. A la declaración normal que se hace
    habitualmente por estos meses, el Doctor Piza ha agregado una serie de
    declaraciones mensuales correspondientes a lo que normalmente se hubiera pagado
    el año entrante. Este anticipo que no es otra cosa que un préstamo forzoso no
    solo no recibe intereses sino que en caso de no otogársele al gobierno tiene
    unas multas que pueden llegar en algunas ocasiones a más del quinientos
    porciento.

    La indolencia de un
    Secretario de Tránsito ante el clamor ciudadano terminó con su renuncia. El
    abuso del Secretario de Hacienda debería terminar de igual manera. El Alcalde
    de Bogotá debe asumir el liderazgo que le permita terminar con algo de
    prestigio su período. Si la ciudad no se maneja con responsabilidad lo único
    que nos espera es la demagogia total.
  • Los economistas y el IVA

     Si para el Director de
    Impuestos lo importante es establecer un control sobre el contribuyente, para
    el economista lo importante es saber quien se ve afectado en definitiva por el
    impuesto
    .
     Los economistas tienden
    a enfocar el tema tributario desde un punto de vista muy diferente al del
    encargado de recolectar los impuestos. Para el economista lo más importante de
    un tributo es el impacto que causa en la economía y no tanto el monto del
    recaudo; para el alcabalero, por el contrario, es el monto recaudado y lo de
    menos es el efecto que puede tener este impuesto en el comportamiento del
    sufrido contribuyente.
    Si para el Director de
    Impuestos Julio Roberto Piza lo importante es establecer un control sobre el contribuyente, para
    el economista lo importante es saber quien se ve afectado en definitiva por el
    impuesto. Un ejemplo de actualidad puede ilustrar la diferencia de enfoques. El
    Impuesto al Valor Agregado se considera como un impuesto a las ventas y, por lo
    tanto, se supone que el que debe pagarlo es el comprador. Los proveedores de
    bienes y servicios actúan únicamente como unos recaudadores ad-honorem que
    cobran el IVA y que, después de descontar lo que ellos han pagado, deben
    consignar lo recaudado cada dos meses en un Banco.
    Para el economista la
    cosa no es tan sencilla. En algunos casos en los que los consumidores tienen
    alternativas no gravadas, quien finalmente paga es el productor, pues para
    conservar los clientes debe disminuir el precio que cobra. En el caso más
    general, la carga tributaria se divide entre el productor y el consumidor y por
    lo tanto los nuevos tributos no afectan sólo a los consumidores.
    Si analizamos lo
    ocurrido en la discusión de la reforma, en la que los mayores opositores a los
    aumentos del IVA fueron los gremios económicos, es posible concluir que la
    realidad se asemeja bastante al punto de vista de los economistas. Sin embargo,
    este mejor conocimiento del efecto de los impuestos, no se tradujo en una
    oposición a la extensión del IVA a sus servicios profesionales. Fueron mucho
    más hábiles los médicos y odontólogos que lograron mantener sus honorarios por
    fuera del alcance de la nueva reforma tributaria.
    A partir del primero de
    julio los economistas van a tener que sufrir en carne propia la extensión del
    IVA a los servicios profesionales. No solo verán disminuidos los ingresos de
    sus empresas por efecto del nuevo tributo, sino que además tendrán que cargar
    con el peso administrativo del manejo del IVA.
    Este contacto directo
    de los economistas con los burócratas que manejan el IVA, va servir para que se
    pueda apreciar el calvario que tienen que padecer los comerciantes e
    industriales cada dos meses. El impacto en las compañías que entran a recaudar
    el IVA ha sido bastante dramático, pues el Director de Impuestos valiéndose de
    viejos trucos burocráticos está tratando de poner a funcionar la extensión del IVA
    a partir del primero de julio.
    El Gobierno pretende
    que el público tenga una capacidad que envidiaría el mismo Superman, de poder
    leer algo antes de su publicación. Solo un burócrata de tiempo completo, puede
    pensar que un cambio tan importante como la extensión del IVA pueda comenzar a
    ejecutarse al día siguiente de la “publicación” de la Ley.
    El impacto de este
    cambio puede llegar a ser muy grande. Algunos profesionales están pensando en
    este momento en cerrar las firmas y trabajar como profesionales independientes
    pues encuentran que como firma no van a poder competir con otros colegas que
    por actuar como individuos no requieren cobrar el IVA.

    Parodiando a
    Clemenceau, quien dijo que la guerra era un asunto demasiado importante para
    dejarlo en manos de los militares, ahora podríamos decir que los impuestos son
    algo muy serio para dejarlo en manos de los directores de Impuestos. El
    ciudadano tiene que preocuparse mucho más por el curso de la reforma
    tributaria, pues el efecto en su vida es hoy en día muy importante. Los avances
    hechos en el campo de la simplificación en materia tributaria se han venido
    perdiendo en las últimas reformas y cada día es más difícil para el ciudadano
    cumplir con sus obligaciones con el Estado.