Category: José Antonio Ocampo

  • ¿Cómo salir de la recesión?

    El lunes de esta semana El Tiempo convocó a distinguidas personalidades para que plantearan  sus propuestas para salir de la actual recesión. En el Foro participaron tres de los mayores empresarios, tres voceros de los gremios, el Ministro de Hacienda y Salomón Kalmanovitz uno de los cinco codirectores del Banco de la República. Aunque los representantes del sector privado ampliaron el alcance de su presentación para cubrir temas de mediano plazo relacionados con el desarrollo del país, se pudo llegar a tener una visión tanto de las causas como de las posibles soluciones de la actual crisis.


    Quedó claro que la recesión se originó en medidas de política económica de índole coyuntural. Se enterró la noción de que estábamos viviendo las consecuencias del cambio de modelo económico. Los representantes del sector público reconocieron que la recesión fue la consecuencia lógica del aterrizaje forzoso de una economía que estaba creciendo por encima de sus posibilidades. Si bien hubo acuerdo sobre el recalentamiento de la economía, no se pudo lograr un consenso sobre  si el límite máximo de crecimiento de la economía colombiana es, hoy en día, el cuatro o el cinco por ciento. El Ministro de Hacienda mencionó en su presentación que probablemente el haber creído que la economía podía crecer al cinco por ciento sin recalentarse había sido una de las razones para que no se hubieran tomado las medidas con la debida anticipación. 


    Aunque durante el debate no se tocó el tema, un observador desprevenido se hubiera dado cuenta que la falta de coordinación entre el Banco de la República y el Gobierno ha llevado a la economía a una situación económica más desfavorable. Es claro que si tanto el gobierno como el Banco de la República trabajan armoniosamente en frenar la economía pueden hacerlo a un  costo muy inferior al que se tiene que pagar cuando uno, el gobierno, quiere acelerar, mientras que el otro, el Banco de la República quiere frenar. 


    En el Foro se logró un consenso en que la revaluación de la tasa de cambio era la principal causa de la recesión. Para la mayoría de los participantes,  la revaluación del peso se originó en una entrada de capitales que dieron lugar a un exceso de divisas que condujeron a una disminución en el valor del dólar. Según los participantes en el foro, el diferencial entre las altas tasas de interés internas y las externas, la financiación del déficit del gobierno con crédito externo, las compras de bancos, las privatizaciones y la monetización de los excedentes petroleros contribuyeron al exceso de divisas y a la revaluación del peso.  


    La falta de credibilidad en el gobierno se mencionó, repetidamente, como otra de las causas de la recesión. El desaliento con la situación del país se ha venido manifestando desde hace bastante tiempo. Desde el segundo trimestre de 1995 las decisiones de inversión se encuentran en el congelador. Los industriales archivaron sus proyectos de inversión hace más de dos años y posteriormente congelaron sus nóminas. Los altos costos laborales unidos a la falta de confianza en el gobierno ha mantenido congelada la nómina del sector privado mientras que el gobierno cede a las presiones de los sindicatos oficiales. Cada nueva concesión del gobierno a los sindicatos oficiales aumenta el déficit fiscal, empuja al alza las tasas de interés y reduce la demanda de trabajo por parte del sector privado, aleja cada vez más la posibilidad de una reactivación y afecta adversamente la credibilidad en el Ministro de Hacienda. 


    A partir del análisis anterior, parece claro que la primera prioridad debe ser evitar una revaluación de la tasa de cambio y buscar una devaluación real que aumente la competitividad de la economía. Los excedentes petroleros y del producto de las privatizaciones deben mantenerse en el exterior evitando un posible impacto en el mercado cambiario. La reducción del déficit fiscal y la generación de un superávit fiscal para compensar el impacto de la bonanza petrolera es una medida que tarde o temprano debe tomarse para evitar incurrir en la ten temida enfermedad holandesa. El gobierno y el Banco de la República deben actuar de manera concertada para poder lograr el ajuste al menor costo. Si el endeudamiento externo público o privado aumenta en forma excesiva y con esto se revalúa el peso es por que la política macroeconómica ha hecho más atractivo endeudarse en el exterior. No es lógico tratar de distinguir, como lo hizo el Ministro de Hacienda entre el uno y el otro, asignando el papel de malo de la película al sector privado. El aumento del endeudamiento no es sino la respuesta lógica a unas condiciones creadas por las autoridades económicas. El revertir estas medidas es lo que hay que hacer. Si el endeudamiento en Colombia se vuelve atractivo, el sector privado reducirá su endeudamiento externo y contribuirá de esta manera a reducir la presión sobre el peso. 


    La recuperación de la credibilidad es algo mucho más difícil de alcanzar. Las actuaciones del gobierno en materia económica son vistas con gran desconfianza por el público. La tendencia natural de un gobierno al optimismo ha sido exagerada en esta Administración. El público ya no cree en lo que le dicen. Los analistas económicos ya no se creen el cuento de que Colombia es un ejemplo para imitar en América Latina. Las tasas de crecimiento son más bajas que en el resto del continente, la inflación es de las  más altas y el desempleo está llegando a niveles preocupantes.  Mientras no reconozcamos que el ajuste necesario en la economía es penoso y que debemos tener el valor de pagar su costo, cualquier reactivación será transitoria. Lo peor que le podría pasara a la economía colombiana es que se reactivará la economía artificialmente en   esta época electoral y que le quedará como herencia a la próxima administración una economía totalmente descuadernada.

  • El plan de no-reactivación

    Para algunos de los
    analistas pensar en reactivación con los niveles de déficit externo actual
    puede resultar en una crisis cambiaria
    El Presidente Samper
    aprovechando la oportunidad de la posesión de José Antonio Ocampo nuevo Ministro de Hacienda, ha
    lanzado el nuevo plan de reactivación en el que da a conocer una serie de
    medidas para lograr aumentar el ritmo de crecimiento de la economía. El paquete
    contiene una serie de medidas encaminadas a inducir al sector privado a
    incrementar sus planes de gasto.
    En sus primeras
    declaraciones a los medios de comunicación, el Ministro de Hacienda, tratando
    de convencer al sector privado de su ortodoxia fiscal, ha aclarado que el
    paquete no está basado en un incremento del gasto público, sino que busca
    estimular algunos componentes del gasto agregado a través de medidas
    relacionadas con la política monetaria, cambiaria y crediticia. Teniendo en
    cuenta esas precisiones, el plan de reactivación más bien parece un mensaje  a sus colegas de la Junta Directiva del Banco
    de la República que un plan de acción, trabaja para su, probablemente, muy
    breve faena como Ministro de Hacienda. La promesa de mantener una disciplina
    fiscal es un buen anuncio del Ministro Ocampo, y revela un cambio positivo de
    alguien que hace menos de quince años, cuando trabajaba en Fedesarrollo,
    pregonaba el impulso fiscal como la solución apropiada para mantener altos
    ritmos de crecimiento de la actividad económica.
    A pesar de las
    declaraciones del Ministro han comenzado a surgir serias críticas al plan
    propuesto. Para algunos de los analistas, pensar en reactivación con los
    niveles de déficit externo actual puede resultar en una crisis cambiaria. El
    razonamiento es muy sencillo. Mientras que la Tasa de Cambio esté en tope de la
    banda, cualquier disminución en la tasa de interés se va a traducir en una
    mayor demanda de divisas por parte del sector privado. Ante la mayor demanda de
    la Junta Directiva del Banco de la República debe vender dólares, lo que trae
    como consecuencia una disminución de las reservas internacionales y una
    reducción de la oferta monetaria. El menor crecimiento de la liquidez,
    finalmente, desemboca en un aumento de las tasas de interés. El estímulo lo
    único que conseguirá es exportar reservas internacionales lo que hace más
    vulnerable de la economía al desequilibrio externo y aumenta las posibilidades
    de una especulación del peso.
    Que esto no es una
    especulación de unos teóricos, se puede comprobar repasando la triste historia
    cambiaria ocurrida en los años 83 y 84 en Colombia. Bajo la dirección del
    Ministro Edgar Gutiérrez, se dieron considerables estímulos para contrarrestar
    la recesión de la industria antioqueña y para salvar el sistema financiero
    colombiano. El resultado no fue el anunciado. El ritmo de crecimiento se mantuvo
    como uno de los más bajos de la historia colombiana, mientras que el nivel de
    reservas bajó considerablemente obligando al final al gobierno a tomar
    drásticas medidas para conjurar la crisis cambiaria.
    El estímulo a la economía
    Colombiana en presencia de un déficit externo es cada vez menos aconsejable,
    pues a raíz de la apertura la movilidad de los capitales se ha incrementado, lo
    que hace que las reacciones a un estímulo monetario sean mucho más inmediatas y
    potentes. Más aún, en las circunstancias actuales en las que la crisis de
    gobernabilidad ha inducido a una preferencia por los dólares, la baja de las
    tasas de interés lo único que va a hacer es permitir satisfacer esta mayor
    demanda de divisas.

    La conclusión que nos deja
    el análisis de las experiencias anteriores en Colombia, así como lo ocurrido
    recientemente en México y Venezuela, es que un estímulo monetario lejos de
    convertirse en una solución para la economía con problemas puede en un momento
    dado convertirse en una de las causas de una crisis cambiaria. Cuando el sector
    privado no tiene interés en invertir, la abundancia de crédito no asegura que
    se aumente el gasto en nuevo equipo. En estas circunstancias se aplica el
    famoso dicho de que a un caballo se le puede llevar a un río pero no se le
    puede obligar a beber. 
  • Una renuncia esperada

    Con la salida del ministro Perry se intensifica la
    discusión sobre la verdadera situación económica y sobre la bondad política
    económica del actual gobierno
    El domingo pasado presentó renuncia el Ministro de
    Hacienda de la Administración Samper. Tal como se había analizado en esta
    columnala falta de credibilidad en el gobierno eran tan evidente que tarde o temprano
    el Ministro de Hacienda o el Director de Planeación se verían enfrentados a
    escoger entre su futuro profesional o su lealtad con el Presidente de la
    República. Aunque se esperaba la salida del Director de Planeación quien ya
    tenía un ofrecimiento de una Universidad de Inglaterra, al final la cuerda se
    reventó por el lado del Ministro de Hacienda.
    Con la salida del ministro Perry se intensifica la
    discusión sobre la verdadera situación económica y sobre la bondad de la
    política económica del actual gobierno. Para la mayoría de los analistas, la
    salida de Perry es un síntoma inequívoco de la existencia de graves problemas
    en el manejo de la economía. Es muy diciente que alguien, como el doctor Perry,
    que nos tiene acostumbrados a justificar lo injustificable termine dándose
    cuenta de la gravedad de la situación. El pregonar una situación mejor que la
    real durante tanto tiempo le quitó credibilidad dentro de la comunidad
    internacional a las políticas del gobierno colombiano. Ser Ministro de Hacienda
    de un gobierno descertificado en el que los indicadores económicos eran cada
    vez más negativos estaba acabando con el prestigio internacional del Ministro
    de Hacienda. Las posibilidades de mostrar unos resultados positivos eran cada
    vez más remotas y por lo tanto era necesario buscar una salida digna de un
    gobierno cada día más cuestionado.
    La renuncia del Doctor Perry, no puede extrañarnos
    pues era algo que se veía venir. Lo que nos sorprende es por qué no se presentó
    antes y cómo alguien con una trayectoria académica como la del doctor José
    Antonio Ocampo acepta seguir vinculado a un gobierno que ha mostrado una
    propensión tan grande al mal manejo económico. Si es cierto que la decisión del
    doctor Perry se debió a discrepancias en el manejo económico y en especial al
    gasto desbordado para sostener al Presidente, uno se pregunta si antes de abril
    de 1996 nunca se habían presentado estos excesos.
    La respuesta es clara, nadie que conociera a
    Samper podría dudar que, tarde o temprano las tendencias populistas propias de
    un Alan García saldrían a flote. El técnico que aceptara ser Ministro de
    Hacienda del doctor Samper debería, como primera tarea, escribir su carta de
    renuncia teniéndola lista para presentarla en el momento en que el Presidente
    propusiera algo en contra de un prudente manejo fiscal. Por ejemplo, habría valido
    la pena renunciar en el momento en que el Gobierno incumpliendo sus promesas
    electorales propone una nueva reforma tributaria. Defender una reforma
    tributaria con el peregrino argumento de que el plan de desarrollo no cuenta
    con la financiación adecuada, cuando la prudencia ordenaba presentar un Plan de
    Desarrollo que estuviera dentro de las posibilidades existentes no concuerda
    con la imagen del Ministro que se nos quiere presentar.
    El ministro Perry, tal vez, por su amistad con el
    Presidente fue demasiado tolerante con los excesos del Gobierno y del Congreso.
    Las ventajas tributarias para los grandes financiadores de la campaña Samper
    Presidente se hicieron a espaldas del Ministro de Hacienda, sin que el doctor
    Perry diera la pelea necesaria para preservar el sano equilibrio fiscal. En
    retrospecto, el presentar renuncia cuando el Congreso le metió esos goles
    hubiera consagrado al doctor Perry  como
    un campeón de la ortodoxia fiscal.
    Del análisis anterior, debe quedar claro que un
    académico como el doctor Perry ha perdido prestigio por demorarse en la
    decisión de renunciar, su credibilidad, que se había recuperado después del
    penoso incidente del apagón, ha vuelto a niveles muy bajos. Los académicos ante
    el fracaso de uno de sus mejores exponentes, deben estar pensando si vale la
    pena vincularse al Gobierno y si el deseo de tener un impacto positivo en el
    desarrollo económico del país justifica esta decisión. La respuesta no es
    fácil. Lo que sí queda claro es que es un gran error vincularse a un gobierno tan
    cuestionado desde el punto de vista moral. Un verdadero académico no ha debido
    entrar al gobierno desde el momento mismo en el que se conocieron los famosos
    narcocasetes, pues algo que comienza tan mal tiene que terminar mal.
  • Inflación disparada

    Políticas sectoriales,
    bien intencionadas, como las seguidas por el Ministro de Agricultura, han
    contribuido sin lugar a dudas a elevar el precio de los alimentos.
    Mientras que el país se
    dedicaba a la reflexión de la Semana Mayor el DANE nos sorprendió con las
    cifras de la inflación correspondientes a marzo. Los resultados del mes
    confirman que hay un serio problema de control inflacionario. Los esfuerzos
    realizados no están surtiendo el efecto deseado. La inflación que en julio del
    año pasado parecía estar siendo sometida sigue su ascenso inexorable.
    El continuado ascenso
    de la inflación nos muestra que la demanda agregada sigue sin control. El deseo
    muy natural de terminar el período presidencial con altas tasas de crecimiento
    económico están, sin lugar a dudas, dificultando el manejo macroeconómico. El
    Banco de la República y el gobierno deben buscar reducir la presión sobre la
    demanda agregada para poder revertir la tendencia ascendente en la tasa de
    inflación.
    En estas
    circunstancias, en las que es necesario disminuir las presiones inflacionarias,
    es necesario tener mucho cuidado con las medidas tomadas. Lo que necesita el
    país es de un Banco Central que con inusitada habilidad pueda instrumentar un
    aterrizaje muy suave de la economía.
    Además de una política
    monetaria y cambiaria muy bien manejada se requiere también de políticas
    sectoriales coherentes que no solo contribuyan a un mejor control de la inflación
    sino que además permitan una repartición equitativa de las cargas inherentes al
    ajuste.
    Políticas sectoriales,
    bien intencionadas, como las seguidas por el Ministro de Agricultura, han
    contribuido sin lugar a dudas a elevar el precio de los alimentos. Esta
    elevación del precio de los alimentos no solo ha hecho que las cifras de
    inflación registradas sean más elevadas que las del año pasado, sino que han
    afectado adversamente a los estratos de menores ingresos.
    Para resaltar el efecto
    perverso de la política seguida en materia de precios agropecuarios es
    conveniente comparar esta política con una mini reforma tributaria. Para un
    economista, el aumento artificial del precio de los alimentos es equivalente a
    un paquete de políticas en que por una parte se introduce un impuesto a las
    ventas de alimentos y por otra se introduce un subsidio equivalente al
    productor.
    Un Ministro de Hacienda
    que proponga semejante paquete tributario duraría menos que lo que dura un
    merengue en la puerta de una escuela. Tratar de poner IVA a los alimentos ha
    sido causa de más de una crisis y ha desembocado en disturbios callejeros en
    países hermanos. La destinación específica de los impuestos no solo ha sido
    objetada por todos los tratadistas de la hacienda pública sino que ha sido
    expresamente prohibida por nuestra constitución.

    Una medida de política
    fiscal conteniendo dos errores de esta magnitud, indudablemente, sería objeto
    de severas críticas. Lo que no deja de ser curioso es que en Colombia el padre
    de esta criatura sea reconocido como uno de los Ministros Estrella. El país,
    definitivamente,  tiene dos ópticas bien
    diferentes. Una para juzgar a los Ministros de Hacienda y otra para juzgar a
    los Ministros de Agricultura. 
  • ¿Quien dirigirá la política económica en 1986?

    Ha comenzado el proceso de las precandidaturas en el Partido
    Conservador y se empiezan a vislumbrar los principales aspirantes a la
    candidatura presidencial en el Partido Liberal. Muy pronto comenzarán los
    precandidatos a diseñar los temas económicos de sus campañas y a seleccionar
    sus asesores económicos. En el presente artículo vamos a realizar un primer
    intento de imaginar el tipo de políticas que seguirían los precandidatos en
    caso de salir elegidos y quienes serían los más probables integrantes del equipo
    económico.
    El Partido Conservador.
    Las ideas económicas del precandidato conservador y actual embajador
    en Washington han sido expuestas con frecuencia. De llegar a la presidencia
    indudablemente su política buscaría un crecimiento con estabilidad. Se podría
    preveer una estrategia orientada hacia el exterior utilizando las exportaciones
    y la minería como motores de la economía y trataría de reducir el déficit
    fiscal por el lado de una reducción y control del gasto más que por un aumento
    en los impuestos. En el manejo cambiario podría intentar nuevas alternativas al
    manejo tradicional de un puesto que ni el doctor Gómez Hurtado ni sus asesores
    se encuentran entre los que piensan que el Decreto 444 contiene todas las
    soluciones a los problemas económicos.
    El equipo económico del precandidato conservador estaría integrado en
    gran parte por economistas conservadores que pudiéramos decir han estado en la
    “banca”, se encuentran algunos amigos cercano del precandidato como
    el doctor Gabriel Melo actual director de El Siglo y antiguo ministro de
    Desarrollo. El doctor Melo puede ser considerado como el más posible candidato
    a Ministro de Hacienda pues combina sus conocimientos técnicos con un hábil
    manejo político. Una magnífica alternativa al doctor Melo sería el destacado
    economista conservador Miguel Urrutia. El doctor Urrutia quien se encuentra
    vinculado a la Universidad de las Naciones Unidas ha tenido la oportunidad de
    apreciar el desarrollo de las economías orientales y podría ser quien diseñe
    una estrategia del desarrollo basada en las exportaciones. Como el doctor
    Urrutia fue anteriormente subgerente del Banco de la República surgiría también
    como un excelente candidato a Gerente del Emisor. Un posible candidato a
    Director de Planeación sería el economista Jorge García García quien ha sido ya
    subdirector de Planeación y asesor de la Junta Monetaria.
    El Partido Liberal.
    Dentro del Partido Liberal oficialista existen dos tendencias en la
    política económica. Una de ellas se caracteriza por una tendencia hacia el
    intervencionismo del Estado mientras que la otra acepta más la operación del
    mercado. Entre los precandidatos liberales podríamos calificar de
    intervencionistas a Augusto Espinosa y a Víctor Mosquera Chaux. El ex-embajador
    Virgilio Barco se puede considerar ubicado en el campo de los
    no-intervencionistas mientras que el exministro Otto Morales se sale del molde
    partidista y puede considerarse como el continuador de las políticas económicas
    de los dos primeros años del gobierno del presidente Betancur. Los posibles
    miembros del equipo económico de un futuro presidente liberal podrían ser los
    siguientes: Si gana el ex-embajador Barco el consejero sería indudablemente el
    profesor Currie quien ya ha trabajado con el doctor Barco en varias ocasiones.
    La influencia del profesor Currie haría que la política económica continuara
    impulsando la construcción y el desarrollo urbano. Un posible Ministro de
    Hacienda podría ser el exministro de Agricultura, Enrique Peñaloza quien ha
    compartido con el precandidato muchas experiencias pues ambos formaron parte
    del gobierno del presidente Llerras Restrepo y estuvieron en Washington
    vinculados a organismos de crédito multilaterales. Otra opción para encabezar
    el equipo económico sería un dirigente gremial, como Luis Eduardo Rosas
    destacado economista muy vinculado al profesor Currie, o Carlos Ossa,
    presidente de la SAC, muy conocedor de los asuntos del agro quien uniría con el
    doctor Barco su preocupación por el sector agropecuario pues debemos recordar
    que el precandidato es miembro del consejo directivo de entidades dedicadas a
    la investigación agrícola y frecuente asistente a conferencias internacionales
    sobre estos temas. Si el triunfador es Augusto Espinosa sus asesores saldrían
    del campo de los ideólogos del intervencionismo. Es muy probable que aquellos
    que se han identificado con políticas fiscalistas y reformas tributarias no
    sean tenidos en cuenta pues despertarían mucha resistencia en el sector
    privado. Entre los intervencionistas no fiscalistas podemos mencionar en primer
    lugar al doctor Eduardo Sarmiento, actual funcionario de la CEPAL y columnista
    de El Espectador. El doctor Sarmiento ha sido subdirector de Planeación y
    asesor de la Junta Monetaria en la administración del presidente López
    Michelsen, fue también el asesor económico de la última campaña del Partido
    Liberal. Sus ideas económicas expuestas en dos libros no dejan ninguna duda
    sobre sus inclinaciones al intervencionismo del estado en todos los campos.
    Otro posible candidato dentro de la línea intervencionista podría ser el
    exdirector del incomex, Antonio Urdinola.
    La política económica del galanismo seguiría las orientaciones del
    doctor Lleras Restrepo. El equipo económico podría estar representado por el
    representante Gabriel Rosas, por la subdirectora de Planeación Nohora Rey de
    Marulanda o por el actual gerente del Acueducto, Luis Eduardo Robayo.
    La Izquierda.

    Las políticas económicas de los movimientos de izquierda son bastante
    conocidas y no cambian mucho en el tiempo. En la próxima campaña tendríamos una
    nueva edición pero con otros autores. entre los posibles candidatos se
    destacarían el actual director de FEDESARROLLO, José Antonio Ocampo y algunos
    de sus colaboradores, como el actual decano de Economía de la Universidad
    Nacional. Otros posibles candidatos son Jesús A. Bejarano, Salomón Kalmanovitz
    y otros profesores de la Universidad Nacional, algunos de ellos vinculados a la
    Contraloría General de la Nación.