Category: Javier Fernández Riva

  • Di No a la inflación

    El secreto del éxito de
    una política de estabilización radica más en la credibilidad de la política
    económica que en la receta específica.
    En una conferencia
    sobre las economías en transición un ilustre economista colombiano contó sus
    experiencias sobre las reformas en las economías comunistas y su transformación
    a las economías de mercado. Al presentar las diversas experiencias destacó la importancia
    de llevar a cabo las reformas económicas lo más rápido posible. Con cifras
    mostró que las economías que se habían ajustado rápido, en poco tiempo lograban
    recuperar la senda del crecimiento.
    Además, mostró que no
    solo los indicadores económicos eran mejores en las economías que habían hecho
    la transición de un solo golpe sino que también los indicadores sociales eran
    superiores. Según la experiencia del consultor internacional, los buenos
    resultados económicos no estaban en contradicción con buenos resultados en
    otros aspectos.
    El secreto del éxito
    según el conferencista radicaba más en la credibilidad de la política económica
    que en la receta específica. Seguir las recomendaciones de los libros de texto
    era menos importantes que el contar con autoridades que tuvieran un propósito
    claro y que contaran con la credibilidad suficiente. Al igual que lo ocurrido
    con Pablo en su camino a Damasco, no era necesario que el líder fuera uno de
    los discípulos de la ortodoxia sino que en un momento dado se iluminara.
    Un banquero central de
    un régimen en transición podía a través de sus contactos con las autoridades
    del Bundes Bank ver que si seguía comportándose de manera poco ortodoxa sería
    rechazado por sus colegas más responsables. Una posible descertificación de los
    banqueros centrales de Europa se convertía de esta manera en el ingrediente
    necesario para un cambio radical. El ingreso del banquero a inflacionistas
    anónimos lo dotaba de la fuerza de voluntad para dejar sus prácticas poco
    ortodoxas y le hacía ganar la credibilidad de sus colegas de los Bancos
    Centrales europeos y de los agentes económicos de su país.
    Para lograr la
    credibilidad necesaria el banquero central tenía que asumir posiciones
    radicales hasta el punto de negar las demandas de crédito a todos los agentes
    económicos, gobierno y sector privado, por igual. Los problemas temporales del
    ajuste y las dificultades transitorias en el camino a la estabilidad debían ser
    aceptadas con serenidad, de la misma manera que el alcohólico anónimo tiene que
    sobrevivir a la urgencia de tomarse una copita. Las ventajas de la estabilidad
    económica compensarían, en el largo plazo, cualquier costo que se tuviera que
    pagar en la transición.
    La lección para el caso
    colombiano parece muy clara. Con medidas timoratas y de conveniencia temporal
    no se logra ganar la confianza del público y la economía no solo no se ajusta
    sino que a la larga tiene que pagar costos mucho más altos. La persistencia en
    una reducción gradual de la inflación no nos está llevando a ninguna parte. La
    Junta Directiva del Banco de la República no puede seguir con políticas
    gradualistas de ir reduciendo la inflación a cuenta gotas. Pensar llevar a la
    economía a una estabilidad económica en cómodas cuotas anuales de dos puntos
    porcentuales es posponer una decisión por diez años.
    El fracaso de la lucha
    contra la inflación durante los últimos seis años no es sino el reflejo de la
    falta de compromiso de las autoridades económicas colombianas. La lucha contra
    la inflación ha sido solo una sucesión de declaraciones inocuas sin contenido
    de política económica. El querer meter a la Junta Directiva del Banco de la
    República en el fracasado Pacto Social es un ejemplo más del enfoque
    mamagallista que ha distinguido al Presidente Samper desde sus inicios en la
    política.
    Lo que se requiere de
    veras es reconocer que el enfermo requiere un tratamiento de choque y que para
    que la medicina surta sus efectos es necesario poderle creer al médico. El
    gobierno debe darse cuenta de la gravedad de la situación y liderar un cambio
    radical en su política económica. Lamentablemente, los fracasos de las
    políticas gradualistas ha acabado con la credibilidad de buena parte de
    nuestros economistas. La pésima conducción del Doctor Perry acabó con la poca
    credibilidad que le dejó su desastrosa gestión en el Ministerio de Minas y
    Energía. Los pocos resultados logrados por el Doctor Ocampo unidos al saboteo
    de sus colegas del gabinete está acabando con el prestigio de un distinguido
    académico.

    Todo parece indicar que
    para lograr recuperar la credibilidad de la política económica será necesario
    apelar a una nueva cara en el Ministerio de Hacienda. Parodiando al Presidente
    López podríamos decir y si nos es Javier Fernández, ¿
    quién?