Category: Inflación

  • El Big Data y la pregunta del billón

    El Big Data y la pregunta del billón

    El pasado jueves 26 de mayo de 2016, asistí al
    evento organizado por la oficina para Latinoamérica de la Escuela de Negocios
    de Sloan del Massachusetts Institute of Technology en el hotel JW Marriot cuyo
    tema fue “
    Big Data: Shaping the Future of
    Latin America
    “.
    El evento fue un gran éxito y tuvo una gran acogida
    con una asistencia superior a la esperada. Quiero agradecer a Diego Maldonado,
    Presidente de Avanxo, quien me permitió asistir al seminario a pesar de no
    haber confirmado mi asistencia con suficiente antelación.
    En la reunión brilló con luz propia el venezolano Roberto
    Rigobón, Profesor de la Escuela de Negocios del MIT, quien además de ser el
    conferencista principal fue el Maestro de Ceremonias del evento logrando el
    cumplimiento del horario de manera estricta y muy entretenida, algo extraño en
    este tipo de seminarios.

    La presentación del Profesor Rigobón se llamó “Big
    Data in Economic Measurement” y se dividió en tres temas interesantes como lo
    son la medición de: la inflación, la tasa de cambio real y la actividad
    productiva.

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  • La inflación sigue alta a pesar de todo

    Los periódicos de esta semana muestran que Colombia no solo ha bajado en su nivel futbolístico sino que también en el manejo económico de la inflación está disputándose el último lugar con Venezuela. Las Autoridades Económicas al igual que el bolillo Gómez no han podido cumplir las metas que se han fijado. La inflación sigue por encima de la meta trazada al comienzo del año y por lo visto en los últimos meses, va a continuar por encima del dieciocho por ciento. Si se mantienen las tendencias recientes, en donde las cifras del noventa y siete son un fiel reflejo de las del noventa y seis, la inflación a diciembre estaría por encima del 18,5 por ciento.


    Una inflación tan alta como la registrada en los últimos meses debe ser motivo de honda preocupación. El aumento de precios domésticos unido a una estabilidad en la tasa de cambio está volviendo la producción colombiana menos competitiva. Cada vez es más notoria la gran sobre valuación de la moneda colombiana. Los precios de los artículos manufacturados están cada vez más lejos de los producidos en el exterior. Las comparaciones entre los productos colombianos y los extranjeros son cada día más odiosas. Cuando uno va a los centros comerciales y pregunta por el precio de los vestidos le dan ganas de salir a Miami a aperarse. Esta simple comparación de precios lo convence de que hoy como hace quince años el Emperador no se esta vistiendo con ropas colombianas. 


    La falta de competitividad colombiana se manifiesta en muchos más frentes. Las comparaciones siguen siendo odiosas cuando uno mira los precios y calidades de los servicios suministrados a las familias colombianas. La televisión por cable, que hoy en día es un artículo de consumo popular que no puede ser gravado con el IVA, tiene precios muy superiores a los que uno ve anunciados en los Estados Unidos. Por el precio que se paga en Colombia, el televidente americano recibe todos los canales que aquí se cobran por aparte. Cuando se olvida que está en recesión y se decide ir a uno de los restaurantes famosos, encuentra que con lo que paga aquí hubiera podido asistir a un  restaurante de primera en cualquier parte del mundo, obteniendo además un servicio mucho mejor.


    Además de la pérdida de competitividad, una tasa de inflación tan alta se convierte en un freno a la baja en las tasas de interés. La tasa de interés puede bajar por dos razones. La primera, es  una reducción en la tasa de interés real y la segunda es una reducción en las expectativas de inflación. La reducción en la tasa de interés real solo se puede esperar por una desaceleración mayor de la economía o por una disminución del déficit fiscal. Ambas posibilidades deberían descartarse en estas épocas pre-electorales pues el gobierno está interesado en ampliar el déficit fiscal y en reactivar la economía. Por tanto, en estos momentos, la reducción en las expectativas de inflación se convierte en la  única esperanza para la reducción de las tasas de interés.


    Al ritmo que ha venido descendiendo la inflación, la expectativa de una fuerte reducción es prácticamente nula. Más aún, la aceleración de los precios al productor están dando la señal contraria. El crecimiento más rápido de los precios al productor que el de los precios al consumidor no solo reflejan una disminución de la rentabilidad de la actividad productiva sino que muchas veces son el mejor indicador de los precios futuros al consumidor. Esto quiere decir que la aceleración de los precios al productor está indicando una futura aceleración del IPC, lo que indudablemente debería reflejarse en un aumento en las expectativas de inflación y consecuentemente en un aumento en las tasas  nominales de interés


    Las altas tasas de inflación son preocupantes en la situación colombiana pues se han dado en forma simultánea con una fuerte desaceleración de la economía. La reducción de un punto porcentual por año es muy poco cuando el crecimiento de la economía ha caído en casi cuatro puntos porcentuales.  Estas cifras son demasiado elevadas, pues en una economía como la norteamericana una reducción de la actividad económica de esta magnitud se vería reflejada en una reducción de varios puntos porcentuales. Una reducción tan drástica en la demanda agregada debería haber llevado a la economía a una inflación de un solo dígito.


    La conclusión del análisis anterior es bastante obvia. El problema de la inflación en Colombia es cada vez más serio y no se puede seguir tratando como hasta ahora. Hemos perdido demasiado tiempo en este juego de bajar la inflación sin querer queriendo. Lo que se requiere ahora es convertir en prioritaria la lucha contra la inflación. Esta es una guerra que no podemos perder. 
  • Un osito de felpa

    Lo que debe entender el público es que la inflación no ha bajado, por que el gobierno no está dispuesto a pagar el costo político de hacer, una verdadera campaña para reducir el incremento en el costo de la vida
    Este gobierno parece estar de malas. Después de haber hecho un tremendo oso con la supuesta captura de uno de los personajes más buscados, a los pocos días tiene que enfrentarse al público para comunicarles que la meta de inflación que alcanzó en junio no era la de 1995, sino que a duras penas estaba alcanzando la de dos años atrás.  En efecto, a junio de 1995 la tasa de inflación anual es apenas similar a la de 1993 y como en esa época, a duras penas es inferior al tan anhelado 22 por ciento.

    Las cifras de junio, sin lugar a dudas, muestran que el dieciocho por ciento no se puede cumplir.  Más aún, es probable que si el gobierno no toma los correctivos necesarios, terminemos, como en 1993, con una inflación al final del año superior a la alcanzada en junio. El gobierno debe dejar de buscar culpables de la inflación en donde no están.  El presidente tiene que entender que el alto nivel de gasto público tiene más culpa de la inflación que el incremento de los precios de la vivienda.
    El equipo económico tiene que explicarle a su jefe y al país lo que les enseñaron en sus primeras clases de economía.  Una cosa es el incremento generalizado de los precios. conocido técnicamente como la inflación. y otra es el cambio en el precio relativo de los bienes.
    Si la vivienda sube más rápidamente que el promedio de los precios. es porque existen condiciones especiales en el mercado de la vivienda que hacen que el precio de los inmuebles crezca a un ritmo diferente al de los otros sectores. El crecimiento generalizado de los bienes obedece a condiciones de carácter macroeconómico que tiene que ver con la demanda agregada de la economía.
    Si creyéramos que el incremento de los precios de la vivienda fuera uno de los causales de la inflación, podríamos afirmar que los Ángeles y Nueva York, ciudades caracterizadas por un desenfrenado ritmo de crecimiento de los precios de la vivienda, deberían ser sitios de alta inflación.  Estas dos grandes ciudades norteamericanas pueden tener infinidad de problemas pero nadie puede decir que la inflación es uno de ellos.  El análisis del ‘rápido crecimiento de los precios de la vivienda en estas dos ciudades. tiene que hacerse mirando las condiciones de oferta y demanda. tratando de establecer porque la demanda ha crecido más rápido que la oferta, El desentrañar los efectos de las altas tasas de interés en el incremento de los precios es una labor completa, pues afecta tanto la demanda a través de las condiciones de las hipotecas. como la oferta a través del incremento en los costos financieros y disponibilidad de recursos para los constructores.

    Al hacer el análisis de la inflación. el país debe dejar de preocuparse por lo que los economistas llaman el cambio en los precios relativos y realmente concentrarse en las políticas macroeconómicas.  Lo que debe entender el público es que la inflación no ha bajado por que el gobierno no esta dispuesto a pagar el costo político de hacer una verdadera campaña para reducir el incremento en el costo de vida.  El presidente lo ha manifestado claramente al afirmar que la recesión si puede tumbarlo, mientras que no cree que la inflación lo vaya a tumbar.  El gobierno no ha bajado la inflación por no arriesgarse a producir la temida recesión.  Lo triste es que una falta de credibilidad en el gobierno puede llevarnos al peor de lo dos mundos: una recesión con inflación.
  • El desempleo baja mientras la inflación sube

    La razón de la
    disminución en el desempleo y la aceleración se encuentran por los lados del
    gasto público.
    Los profesores de
    macroeconomía enseñan a sus alumnos que, en condiciones normales, para poder
    bajar la inflación es necesario pagar un costo en términos de aumento de
    desempleo. Esto quiere decir que por regla general los avances en uno de los
    dos campos vienen acompañados de retrocesos en el otro. Esta relación inversa
    entre el descenso de la inflación y el aumento en la inflación es ni más ni
    menos la versión modificada de la famosa Curva de Phillips.
    La evolución reciente
    de la economía colombiana muestra que esta relación inversa entre el desempleo
    y la inflación no solo se da en los libros de texto sino que también se da en
    la práctica. En efecto, el desempleo está mostrando una disminución mientras
    que la inflación ha vuelto a acelerarse.
    De lo anterior se puede
    concluir que no debemos buscar explicaciones como algunos lo han hecho en la
    deficiencia de la entidad encargada de llevar las estadísticas sino que más
    bien debemos investigar cuáles son las causas del descenso y evaluar si las
    políticas que se han seguido han sido las correctas.
    La razón de la
    disminución en el desempleo y la aceleración se encuentran por los lados del
    gasto público. Como lo han manifestado las Directivas de nuestro Banco Emisor y
    algunos analistas este gobierno está terminando su mandato con un desorden
    importante en el campo fiscal. El querer cumplir con todas las promesas hechas
    en las elecciones en el último año de gobierno puede contribuir a que el
    partido de gobierno se mantenga por otro período pero es la causa del desorden
    cuando los recursos fiscales no alcanzan para cumplir este loable empeño de
    mejorar la condición de los más desfavorecidos.
    El crecimiento
    desmedido del gasto público es algo que no puede mantenerse como un instrumento
    para reactivar la economía. Como bien se sabe en una economía abierta al crecer
    el gasto público se genera una revaluación real de la moneda que tiene como
    consecuencia la disminución de las exportaciones y el incremento de las
    importaciones. La experiencia ha mostrado que el desbalance externo en muy poco
    tiempo se transforma en una crisis de balanza de pagos que lleva a tomar el
    tipo de medidas que forman parte del recetario del Fondo Monetario
    Internacional.
    Dicho en otras
    palabras, el efecto del estímulo fiscal es por su propia naturaleza de corta
    duración, la disminución del desempleo no puede durar y el ajuste fiscal
    necesario para corregir el exceso de demanda va a causar importantes
    traumatismos en la economía. El negocio de inflar la economía a base de aumento
    en el gasto público nunca es bueno pues los beneficios no solo son de corta
    duración sino que siempre resultan inferiores a los costos que se deben pagar
    posteriormente en términos de recesión.

    El gobierno actual, que
    ha tenido logros importantes en el campo económico, no debería dañar su nota
    por intentar cumplir, a última hora, con unas promesas hechas hace casi cuatro
    años. La mejor herencia que podría dejar el gobierno sería entregar una
    economía sana sin los desequilibrios existentes actualmente.
  • La Inflación y el déficit fiscal

    No hace mucho se
    publicó en un periódico un cuadro con información sobre el crecimiento de los
    medios de pago y las tasas de inflación para “demostrar” que no hay
    una relación estrecha entre la inflación y los medios de pago, como
    justificación para no controlar el crecimiento de estos últimos
    .
    En Colombia se está
    convirtiendo en un dogma la existencia de una fuerte relación entre la magnitud
    del déficit fiscal y la tasa de inflación. La Junta Directiva del Banco de la
    República ha encontrado como disculpa para no alcanzar las metas de inflación
    la existencia de un déficit fiscal.
    El mecanismo que liga
    el déficit con la inflación es la relación existente entre el déficit fiscal y
    el crecimiento de los medios de pago cuando los gastos del gobierno se
    financian con recursos del Banco de la República.
    Estudios serios sobre
    la realidad colombiana hechos por algunos investigadores han mostrado que en la
    práctica existe una importante relación entre las tasas de inflación y la
    magnitud del déficit fiscal. Uno de estos investigadores que ahora está
    trabajando en Washington cree tan firmemente en esta estrecha relación que cada
    vez que regresa al país y encuentra una tasa de inflación elevada concluye,
    casi siempre con mucha razón, que el déficit fiscal no se ha logrado reducir.
    Ahora existe la
    tendencia a comparar dos series de variables para un conjunto de países y ver
    si existe una relación de causalidad. Por ejemplo, no hace mucho se publicó en
    un periódico un cuadro con información sobre el crecimiento de los medios de
    pago y las tasas de inflación para “demostrar” que no hay una
    relación estrecha entre la inflación y los medios de pago, como justificación
    para no controlar el crecimiento de estos últimos.
    Utilizando este mismo
    procedimiento, si se observan los datos sobre el déficit fiscal de algunos
    países industrializados y sus respectivas tasas de inflación se podría concluir
    que no hay una relación estrecha entre el déficit fiscal y la inflación. El
    último número del Economist trae información sobre el déficit fiscal de algunos
    países industrializados. Entre ellos, el único país con superávit fiscal es el
    Japón. Los demás tienen déficit fiscales muchos más altos que el de Colombia.
    Por ejemplo, Francia tiene un déficit fiscal cercano al 2.5 del PIB, Alemania
    tiene un déficit del 3 por ciento y Estados Unidos uno del 3.5. La inflación en
    todos estos países es bastante parecida. En el Japón es del 2 por ciento, en
    Francia del 3, en Alemania del 4.3 y en Estados Unidos es del 3.1 por ciento.
    Países con déficit fiscales relativamente altos como España, con un 5 por
    ciento, e Italia, con un 11 por ciento, logran hacer lo que no se ha podido lograr
    en Colombia, pues tienen inflaciones moderadas del 6.2 y del 5.4.

    Si tomamos los datos de
    12 países es posible comprobar que existe una pequeña relación inversa entre el
    superávit fiscal y la tasa de inflación. En promedio por cada punto porcentual
    de incremento del superávit fiscal se reduce en dos décimas de punto porcentual
    de la tasa de inflación. Evidentemente deben existir otras explicaciones
    adicionales; de lo contrario, con un déficit de 2 por ciento, deberíamos tener
    en Colombia una tasa de inflación inferior al 3 por ciento anual.