Category: Gasto social

  • En espera de un nuevo “revolcón”

    El aumento en la
    responsabilidad del Estado y la transferencia de funciones a los niveles
    locales puede representar una magnífica oportunidad para mejorar el nivel de
    vida de los colombianos.
    Después de cinco meses
    de arduos trabajos, el 4 de julio se promulgó la nueva constitución. La
    Constitución del 91 consagra unas nuevas prioridades del gasto público. La
    nueva carta de navegación muestra una mayor prioridad en el gasto social que
    refleja el sentir ciudadano.
    La nueva constitución
    no solo reorienta las prioridades del gasto sino que cambia la responsabilidad
    de la prestación de muchos de los servicios sociales. La ejecución del gasto
    público se transfieren de la Nación a los Departamentos y Municipios.
    La transición hacia el
    nuevo orden constitucional puede causar algunos traumatismos. El aumento en las
    transferencias del gobierno central a las entidades territoriales va a causar
    un impacto negativo en las finanzas del gobierno central. Pues el monto de las
    transferencias a los gobiernos locales es superior al ahorro en los gastos
    transferidos a los niveles inferiores del gobierno.
    Para cubrir este faltante
    será necesario elevar los tributos a nivel nacional.  Infortunadamente, este aumento en los
    impuestos ocurre en una época en la que las finanzas públicas están siendo
    fuente de inestabilidad macroeconómica. Con ocasión de la visita del Fondo Monetario
    Internacional, el gobierno encontró que en lugar de tener unas finanzas
    equilibradas tenía un hueco del dos por ciento del PIB.
    Además de cubrir los
    gastos recurrentes que implican las nuevas responsabilidades, el gobierno
    central deberá contar con recursos para respaldar los pasivos de los
    trabajadores que se transfieran a los Departamentos y Municipios. El proceso de
    ajuste también va a implicar el pago de indemnizaciones a los empleados
    redundantes existentes hoy en día.
    El aumento en la
    responsabilidad del Estado y la transferencia de funciones a los niveles
    locales puede representar una magnífica oportunidad para mejorar el nivel de
    vida de los colombianos. Para esto es indispensable que el aumento del
    cubrimiento de los servicios venga acompañado de importantes aumentos en la
    eficiencia en la prestación de los servicios a cargo del Estado. Los cambios
    ordenados por la nueva Constitución, deberán por tanto, ser el resultado de un
    sistema en el que se minimice la ineficiencia natural del Estado. Este sistema
    debería tener al menos los siguientes elementos. Primero, en lo posible, el
    gobierno debería ser el financiador del gasto más bien que el responsable de la
    prestación de los servicios. Por ejemplo, sería deseable que el gobierno en vez
    de ampliar los cupos en los colegios oficiales, otorgara becas para que los
    jóvenes de escasos recursos asistan a colegios privados. La gran diferencia
    entre los costos reales de los dos tipos de instituciones educativas permitiría
    que con el mismo dinero se atendieran un mayor número de estudiantes si estos
    van a los colegios privados.
    Segundo, la eficiencia
    del gasto aumentaría en la medida en que el gobierno central estableciera un
    mecanismo de transferencias ligado a los resultados. Bajo este esquema, los colegios
    oficiales recibirían un reembolso por estudiante matriculado, en vez de obtener
    recursos para cubrir todos los gastos. En la medida en que los padres de
    familia tuvieran la libertad de elegir entre el sector privado y el público se
    introducirían factores de competencia que permitirían mejorar la eficiencia del
    gasto público.

    El revolcón en la
    prestación de los servicios públicos podría llegar a ser espectacular. Si los
    estudiantes de la Universidad Nacional recibieran directamente los subsidios
    del gobierno y lo pudieran gastar en cualquier Universidad del país es muy
    probable que muy pocos decidirían continuar en el claustro dirigido por el
    excéntrico Doctor Mockus.