Category: Franco Modigliani

  • ¿Qué tanto debemos ahorrar?

    El ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino que debe
    verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo actual para
    poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.
    El tratamiento del ahorro y el consumo es uno de los temas más importantes dentro de la teoría económica moderna.  La conclusión más importante que nos ha dejado la discusión sobre este tema es que la mejor manera de comprender las decisiones de ahorro de una sociedad se deriva de las consideraciones que deben tomar las familias dentro de un horizonte de planeación de largo plazo.  La mayoría de las familias ahorra para poder gozar de un nivel de consumo adecuado en las épocas en que los jefes de familia se hayan retirado de la fuerza de trabajo.  De igual manera, las familias jóvenes tienden a endeudarse para poder comenzar a disfrutar la buena vida lo más antes posible.  El sistema financiero dentro de estos modelos llamados de ciclo vital se comporta como un intermediario entre las familias maduras que están ahorrando para la vejez, por una parte, y las familias que tienen necesidades de fondos para poder pagar unos gastos superiores a sus ingresos.  Dentro del tratamiento moderno las decisiones de ahorro de una sociedad están, pues íntimamente ligadas a las del consumo.
    Debe anotarse también que uno de los objetivos más importantes de
    política económica debe ser el poder dotar a la sociedad de magnificas
    oportunidades de consumo a todas las 
    familias.  Por tanto, lo importante es lograr un
    equilibrio entre los consumos a lo largo del ciclo de vida y lograr que las
    generaciones futuras puedan disponer de oportunidades similares o mejores que
    las de las generaciones actuales.  El
    Estado por lo general debe respetar las decisiones de las familias en cuanto a
    sus niveles de consumo a menos que se logre demostrar que las decisiones de las
    familias van en contra de las generaciones futuras.

    No sobra advertir que el consumo es una de las medidas importantes de bienestar
    de una población y que por lo tanto el gozar de unos altos niveles de consumo es
    uno de los objetivos claves de política. 
    Por tanto, el ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino
    que debe verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo
    actual para poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.  Más aún, si suponemos que las familias buscan
    lograr su mayor bienestar y si por alguna razón llegamos a la conclusión de que
    el nivel de ahorro no es socialmente adecuado la conclusión obvia es que hay
    algunas fallas del entorno que hacen que las decisiones que son óptimas desde
    el punto de vista particular no lo sean desde el punto de vista social.

    Teniendo en cuenta lo anterior, las discusiones recientes sobre los bajos
    niveles de ahorro de la economía colombiana deberían entenderse más bien como
    un deseo de cambiar las reglas de juego imperantes en el país para ser más
    atractivo el consumo en el futuro que el consumo presente.  El querer reducir la discusión a si los
    colombianos gastan ahora más de lo que gastaban antes de la apertura y de paso
    asignar toda la responsabilidad del bajo ahorro a las reformas económicas de la
    Administración anterior no es enteramente correcto. En primer lugar, debe
    anotarse que los altos niveles de consumo son en buena parte un fenómeno que
    ocurre una sola vez.  Los incrementos en
    el consumo deben interpretarse más bien como lo ocurrido cuando se cambia de
    una situación en que la demanda ha estado reprimida a una en la que la sociedad
    tiene disponibles todas sus opciones.  El
    incremento en los gastos en bienes durables ocurrido en Colombia es muy similar
    a lo vivido en los Estados Unidos al finalizar la segunda guerra mundial.  El regreso de los veteranos y la eliminación
    de las restricciones vigentes durante la guerra vinieron acompañados de
    elevados gastos en bienes durables que dieron un fuerte impulso a la economía
    norteamericana.

    En segundo lugar, el elevado gasto reciente de los hogares colombianos
    se ha disparado por una sobre valoración del peso y por las bajas tasas de
    interés que se utilizaron en un momento como instrumentos de
    estabilización.  En estas circunstancias,
    el elevado consumo de los colombianos más que un problema real era la consecuencia
    de un entorno económico inapropiado en el que existían serios desequilibrios
    macroeconómicos.  La falta de ahorro era
    pues la consecuencia de una política económica equivocada y por lo tanto la
    solución adecuada para obtener un mayor nivel de ahorro era eliminar las
    distorsiones existentes.  Afortunadamente
    y sin querer queriendo, los desequilibrios cambiarios y monetarios se han
    venido solucionando lo que indudablemente tendrá un efecto positivo en los
    niveles de ahorro de la economía colombiana.

    Si bien las dos principales causas de un gasto excesivo ya no están
    vigentes pues la transición hacia el nuevo régimen más abierto se ha dado y los
    desequilibrios cambiarios y monetarios se han reducido es necesario tomar
    medidas adicionales para que sea atractivo disminuir el consumo actual con el
    fin de aumentar el consumo futuro.  La
    elevación del IVA en dos puntos puede ayudar un poco pues como lo reconocen la
    mayoría de los economistas el cambio de un impuesto a la renta por un impuesto
    al consumo tiende a incentivar el ahorro. 
    La reforma pensional y la creación de un nuevo sistema de seguridad
    social también es una acción en la dirección correcta.  Finalmente, el aumentar la rentabilidad de
    las inversiones del común de la gente y la eliminación de los privilegios a los
    grandes conglomerados puede ser un elemento importante para aumentar para que
    el colombiano común y corriente consuma menos ahora con el fin de logra un
    mejor nivel de bienestar en el futuro.



  • Recordemos a Modigliani y a Friedman

    La creación de un fondo
    de estabilización no deja de tener serios problemas.
    En esta semana se
    llevará a cabo un importante seminario patrocinado por el Departamento Nacional
    de Planeación con el fin de analizar las posibles opciones para un manejo
    adecuado de los recursos provenientes de Cusiana. Indudablemente, la comunidad
    académica debe agradecer a los organizadores del seminario por brindarnos la
    oportunidad de oir importantes planteamientos sobre un tema de vital interés
    para todo el país.
    Una de las propuestas
    que se ha venido debatiendo con mayor frecuencia y que indudablemente será
    motivo de discusión esta semana es la creación de un fondo de estabilización
    petrolera para lograr que los ingresos de Cusiana no se utilicen de manera
    inmediata sino que más bien se mantengan para utilizarlos posteriormente. Esta
    propuesta es una interpretación moderna de los sueños del faraón. Como todos
    sabemos, José le recomendó al faraón que guardará en sus graneros las cosechas
    de los años de las vacas gordas para utilizarlos en la época de las vacas
    flacas. Nuestros consejeros no solo apelan al buen éxito obtenido por el
    gobernante egipcio sino que también mencionan el éxito alcanzado en Colombia en
    la estabilización de los ingresos originados en la bonanza cafetera.
    La creación de un fondo
    de estabilización no deja de tener serios problemas. Como se puede apreciar con
    lo sucedido con el Fondo Nacional del Café, el ahorro del Fondo de
    estabilización no solo desplaza parte de ahorro que harían los particulares
    sino que introduce una serie de incentivos que atentan contra la esencia misma
    del Fondo de estabilización. En efecto, en la época de vacas gordas el Fondo
    tiende a hacer gastos, a veces, innecesarios como patrocinar ciclistas y abrir
    lujosas oficinas en el exterior. La disciplina del gasto se pierde en buena
    parte por el acuerdo implícito de que en las épocas de vacas flacas y dada la
    importancia de la actividad productiva, el Estado no la va a dejar abandonada y
    que finalmente papá gobierno cubrirá la baja en los ingresos de los
    productores.
    Adicionalmente, cuando
    se analiza con mayor profundidad la racionalidad de crear un fondo de
    estabilización siempre se encuentra que ésta se basa en el argumento que los
    consumidores son miopes y que no tienen en cuenta que es necesario ahorrar para
    la época de las vacas flacas. Para los proponentes de los Fondos de Estabilización
    el consumidor se comporta como lo describe Keynes en su teoría general mirando
    únicamente sus ingresos corrientes y gastando como nuevo rico en las bonanzas y
    como un fakir en las época de crisis. Las investigaciones de los Profesores
    Friedman y Modigliani sobre el ingreso permanente y el consumo a través del
    Ciclo Vital que les sirvieron para ganar el premio Nobel de Economía son
    ignorados totalmente por estos distinguidos economistas.
    Las propuestas de
    Fondos de Estabilización que resultaban bastante atractivas en épocas de los
    faraones cuando no existía un sistema financiero bastante desarrollado, cada
    vez tiene menos importancia en Colombia. La posibilidad de utilizar el sistema
    financiero para precisamente consumir menos y ahorrar más en las épocas de
    bonanza para tener más recursos en la época de crisis es una realidad que no se
    puede ignorar. El sistema financiero mundial puede ofrecer mejores
    posibilidades de retorno que las que normalmente brindan los administradores de
    estos Fondos de Estabilización que no se distinguen por el acierto en la
    escogencia de las mejores inversiones.