Category: ETB

  • La Privatización de los Teléfonos en Bogotá

    Un debate en el que deberían predominar las
    consideraciones técnicas sobre la conveniencia de las diferentes alternativas
    se ha transformado por falta de elementos de juicio serios en una discusión de
    carácter ideológico.

    Las Empresas Públicas de Bogotá son, sin lugar a
    dudas, el patrimonio más preciado de los bogotanos.  Los activos de las tres empresas son
    superiores al de los principales pos económicos colombianos. El ahorro de varias
    generaciones de bogotanos está representado en las instalaciones productivas de
    las tres grandes empresas bogotanas.  El
    buen manejo de las tres empresas de servicios públicos es la condición
    necesaria para poder alcanzar un buen nivel de vida en la capital del
    país.  Por tanto, cualquier decisión
    relacionada con una de estas tres empresas debe ser objeto de un amplio debate.
    Que las empresas de servicios públicos de Bogotá
    están pasando por un periodo critico y que su manejo deja mucho que desear es
    una realidad que se vive día a día.  El
    esfuerzo pecuniario de los bogotanos para sostener una administración
    totalmente ineficiente es cada día mayor. 
    El aumento continuado de las cargas unido a un deterioro en la calidad
    de los servicios nos ha llevado a la deplorable situación de tener que pagar
    los impuestos de Nueva York y padecer una calidad de vida inferior a la de
    Somondoco.
    Para lograr salir de esta encrucijada la
    Administración Distrital ha propuesto una salida fácil.  Privatizar la Empresa de Telecomunicaciones
    de Bogotá.  Con esta jugada genial se
    pretende matar dos pájaros de un solo tiro. 
    Por una parte, se busca mejorar la eficiencia en la prestación del
    servicio telefónico y por otra se intenta aumentar los recursos para financiar
    el plan de desarrollo de la actual Administración.
    La falta de un diagnóstico claro sobre la Empresa de
    Telecomunicaciones, así como su abandono por parte de la Administración Mockus
    durante este año y medio ha llevado a la conclusión simplista de que la única
    solución para la Empresa es su privatización. 
    Las dificultades financieras generadas por un esquema absurdo de tarifas
    se ignoran achacándole los problemas a su condición de establecimiento público
    del orden Distrital.  La posibilidad de
    mejorar su eficiencia mediante la transformación en empresa industrial y
    comercial del distrito ya ni se discute, tal vez, debido a la gravedad de la
    situación actual de la ETB.
    Un debate en el que deberían predominar las
    consideraciones técnicas sobre la conveniencia de las diferentes alternativas
    se ha transformado por falta de elementos de juicio serios en una discusión de
    carácter ideológico.  Los partidarios de
    la privatización han tenido que apelar a argumentos débiles para sostener su
    posición.  Sostener que posponer la
    decisión llevaría a una pérdida de valor de la Empresa no es más que pensar con
    el deseo.
    Si bien el aumento de la competencia ha debilitado
    la posición monopólica de la ETB, las ventajas derivadas de la misma naturaleza
    del negocio todavía son formidables.  A
    nadie que conozca el negocio de las comunicaciones le puede cabe la menor duda
    de que es mejor comprar la ETB que comenzar de nuevo.
    Más aún, no es muy claro que el valor de la ETB haya
    disminuido con el tiempo como lo aseguran algunos de los grandes privatizadores.  Si bien a la ETB le han salido rivales y por
    lo tanto ya no puede considerarse como la dueña de todo el mercado, es muy
    probable que con el avance de las telecomunicaciones y la aparición de nuevos
    servicios el valor de la empresa haya subido en la medida en 
    que el aumento los
    ingresos correspondiente a los nuevos servicios compense la disminución de los
    ingresos debidos al aumento de la competencia.

    Por otra parte, la
    presencia de los operadores de la telefonía celular puede hacer que el Distrito
    logre un mayor valor por sus activos.
      Si
    la ETB se hubiera vendido hace algunos años el interés de los grandes grupos
    económicos hubiera sido menor pues el riesgo de entrar a un nuevo negocio
    hubiera sido considerable.
      Hoy en día,
    gracias a la experiencia que han ganado con la telefonía celular los grupos
    económicos cuentan con especialistas en el área de las telecomunicaciones que
    les permitirán obtener óptimos resultados en sus inversiones en este dinámico
    sector.

    La conclusión de lo
    anterior es muy sencilla.
      El debate
    sobre la suerte de las Empresas Públicas tiene que darse con suficientes
    elementos de juicio y no puede convertirse en una discusión de carácter
    ideológico. La Administración Distrital debe contratar estudios serios que le
    permitan tomar la mejor decisión sobre lo que se debe hacer con las tres
    grandes empresas de servicios públicos.

  • Comprar antes de vender

    Los trabajadores, los usuarios, la Universidad Distrital y la Secretaria
    de Tránsito y Transportes pueden ser los verdaderos dueños de la ETB.
    La propuesta del Alcalde Mockus de vender la Empresa de
    Telecomunicaciones de Bogotá para salvar a la Empresa de Energía de Bogotá ha
    sido otra de las víctimas del llamado proceso ocho mil.  Por estar preocupándose por la posible renuncia
    del Presidente Samper los medios de comunicación no le han dado toda la
    discusión que se merece tan importante tema. 
    Para volver a poner sobre el tapete el tema de la venta de la ETB quiero
    hacer a continuación un par de reflexiones.
    En primer lugar, es importante pensar si es viable desde el punto de
    vista practico la venta de la ETB.  Como
    lo he manifestado en ocasiones anteriores no es muy claro que el verdadero
    dueño de la Empresa es el gobierno bogotano. El Alcalde por lo general no
    interviene en el manejo de la Empresa sino que más bien nombra a un Gerente en
    quien se delegan todas las responsabilidades. 
    Los Gerentes en muchas ocasiones no responden a la ciudadanía misma sino
    que buscan adelantar sus propios planes. 
    No hace mucho, Antonio Galán Sarmiento, Gerente de la ETB salió en
    hombros de los trabajadores después de haber firmado una convención colectiva
    en la que se les mejoraban considerablemente las ya jugosas prestaciones
    sociales.  De hecho, para muchos los
    verdaderos dueños de la ETB han sido los trabajadores de la Empresa quienes han
    logrado remuneraciones muy atractivas.
    Los usuarios de la ETB han destinado una parte de sus ahorros para
    adquirir su línea telefónica y se convierten de hecho en dueños de una del
    millón y medio de acciones de la ETB.  El
    problema legal de cómo indemnizar a los usuarios  puede convertirse en un obstáculo formidable
    para cualquier venta futura de la Empresa y debería ser afrontado a la mayor
    brevedad posible.  además de los
    trabajadores y de los usuarios, la Universidad Distrital y la Secretaria de
    Tránsito y Transportes pueden alegar su condición de propietarios.  Gracias a la generosidad de administraciones
    anteriores que han considerado a la ETB como la tía rica del Distrito las dos
    instituciones anteriores reciben transferencias que les permite sufragar parte
    de sus gastos.
    En sana lógica el Distrito antes de pensar vender la ETB debe comenzar a
    pensar lo que tiene que hacer para ser su verdadero dueño.  La Administración tiene que considerar que
    las Empresas del Distrito son su mayor patrimonio y que un buen manejo de ellas
    puede ayudar a disminuir la presión tributaria que tiene agobiados a los
    bogotanos que tienen los impuestos de Nueva York y el nivel de vida de
    Somondoco.
    En segundo lugar, la decisión de vender debe tomarse con base en una
    verdadera estrategia de manejo de activos. Tal como se enseña en los seminarios de planeación estratégica cuando un
    conglomerado quiere analizar su portafolio de negocios, debe clasificar los negocios
    mediante una matriz en la que se tienen en cuenta por una parte la
    participación del negocio en el mercado y por otro la tasa de crecimiento del
    mercado.  A partir de esta matriz y
    siguiendo una lógica elemental debe mantenerse en los negocios en los que tenga
    una alta participación el mercado tratando de ordeñar los negocios maduros y
    aprovechando la oportunidad de crecimiento de los negocios con buenas
    perspectivas.  Según esta metodología
    desarrollada por el Grupo Consultor de Boston los negocios que se deben
    abandonar son los de baja participación y lento crecimiento en donde las nuevas
    inversiones no van a tener mucho futuro.
    Si el Alcalde hubiera hecho este ejercicio matricial sus conclusiones
    hubieran sido muy distintas.  Sin
    realizar mucho esfuerzo y aún siendo muy pesimistas sobre el futuro de
    las telecomunicaciones el negocio de la ETB debe ser considerado como una
    estrella.  La ETB, por lo menos hasta el
    momento, tiene una elevadísima participación el mercado de las
    telecomunicaciones en la capital y su crecimiento esperado es alto.  Por tanto desde el punto de vista estratégico
    lo aconsejable seria conservarla.
    Si uno quisiera actividades de las cuales seria conveniente salirse
    debería buscar aquellos de muy baja participación con baja rentabilidad y con
    poco porvenir. Entre estos, sin lugar a dudas el primer candidato es la
    Universidad Distrital.  La participación
    de esta universidad es mínima, su organización es tan caótica que no ha podido
    comenzar clases y sus costos son tan elevados que por el mismo dinero se
    podrían otorgar becas en las mejores universidades colombianas a un número
    mayor de estudiantes.
    Las reflexiones anteriores nos llevarían a concluir que antes de vender
    la ETB el Distrito tiene que comprárselas a sus dueños de facto y además que si
    de salirse de algo se trata la recomendación lógica es la de salirse de los
    huesos como la Universidad Distrital en la que cada año gastamos plata buena
    para tratar de salvar una plata mala que se ha invertido en el pasado.

  • Los verdaderos dueños de la ETB

    Un pasivo de 470
    millones de dólares, como el que tiene la ETB con sus suscriptores por concepto
    de las líneas telefónicas es un grave problema que debe ser resuelto muy
    pronto.
      
    Cuando uno hace un
    trasteo en Bogotá se da cuenta de lo difícil que es vivir en Colombia y de lo
    fácil que es vivir en un país civilizado. Cuando uno cambia de casa o de oficina
    en los Estados Unidos no tiene que estar pendiente de la correspondencia en el
    período de transición, pues basta avisarle a los correos la nueva dirección
    para recibir durante este lapso la correspondencia destinada a la antigua
    dirección. En Colombia, por el contrario, mientras que uno avisa a los amigos y
    relacionados es necesario estar pasando por la antigua dirección para recoger
    el correo.
    Mantener el contacto
    telefónico con los amigos y relacionados es más difícil aún. A menos que uno se
    mueva dentro de la misma central telefónica, el trasteo implica un proceso
    kafkiano. Por una parte, debe uno buscar en el mercado líneas para la nueva
    oficina, pues la Empresa rara vez tiene líneas disponibles en el sector y en el
    edificio a donde uno se traslada. Por otra parte, es necesario conseguir un
    cliente para que le compre las líneas de la antigua oficina o residencia. Por
    el contrario, en los Estados Unidos basta avisar  a la telefónica local para que se desconecte
    el servicio en la antigua oficina y se conecte en la nueva.
    Esta absurda
    compra-venta de líneas telefónicas puede llegar a ser desesperante cuando la
    ETB no hace los cambios de suscriptor solicitados. Los innumerables papeles
    requeridos para este trámite desaparecen misteriosamente sin dejar rastro. El
    querer arreglar estas fallas es muchas veces imposible. Si el vendedor muere o
    se va del país, la línea queda en un limbo total.
    La noción de que las
    líneas telefónicas sean del suscriptor es, sin lugar a dudas, la causante de
    todos estos problemas. Esta pequeña locura se ha venido perpetuando desde hace
    mucho tiempo. Esta idea de poner un precio relativamente alto por una línea
    telefónica con el fin obtener una financiación gratuita por parte de los
    suscriptores pudo ser interesante en épocas en que el teléfono era un
    privilegio de unos pocos. Hoy en día, cuando el invento de Bell se ha
    convertido en una necesidad en cada hogar y en cada negocio la propiedad de la
    línea telefónica por parte del suscriptor es un gran absurdo que entraba considerablemente
    el curso de los negocios.
    Más grave aún, la
    magnitud de este préstamo gratuito ha llegado a niveles considerables. Cuando
    hay más de un millón cien mil suscriptores en Bogotá y cuando cada línea tiene
    un valor promedio de 300.000 pesos, el pasivo oculto de la ETB llega a más de
    unos 330.000 millones de pesos. Un pasivo de 470 millones de dólares como el
    que tiene la ETB con sus suscriptores por concepto de este préstamo forzado es
    un grave problema que debe ser resuelto muy pronto.
    Es evidente que la ETB
    no puede comprar las líneas a sus suscriptores y que por lo tanto la viabilidad
    financiera de esta Empresa Distrital depende de que se siga manteniendo la
    ficción de que este inmenso aporte se debe hacer sin exigir ninguna
    contraprestación. Estos casi 500 millones de dólares que ha invertido el
    sufrido pueblo bogotano debería traducirse en una participación en las
    ganancias. No cabe duda de que los mayores accionistas de la ETB y quienes
    deberían asumir su dirección son sus suscriptores. Tarde o temprano, el valor
    de las líneas debe convertirse en acciones de la telefónica local.

    En sana lógica, la ETB
    ya se ha privatizado pues hoy en día hay más de un millón de accionistas que
    han suscrito acciones con un valor nominal de 300.000 pesos. Lo que se necesita
    ahora es conseguir un socio que aporte capital y tecnología para que nuestra
    sufrida urbe cuente, al fin, con el buen servicio que se merece.