Category: Deuda Distrital

  • Autocontrol antes de intervención

    La peor consecuencia de
    una crisis fiscal es la pérdida de autonomía en el manejo de la ciudad.
    En el fin de semana
    pasado se realizó un importante seminario sobre el futuro del Distrito. Con la
    asistencia de destacados expositores del Banco Mundial y del gobierno nacional
    se revisó la situación del Distrito Capital y se analizaron las perspectivas
    que le espera a la Administración que comienza el próximo primero de junio.
    Por lo visto en el
    seminario, a la ciudad no le fue muy bien en los dos últimos años. Los
    compromisos con el Banco Mundial no se cumplieron lo que tuvo como consecuencia
    la cancelación del segundo Proyecto de Distribución de la Empresa de Energía de
    Bogotá. El Proyecto Bogotá IV de gran importancia para la Empresa de Acueducto
    de Bogotá presenta considerables retrasos y muy probablemente será cancelado
    dentro de muy poco tiempo.
    Dos proyectos de gran
    importancia para la ciudad cuyo trámite se encontraba bastante adelantado al
    comienzo de la Administración Caicedo Ferrer se encuentran en el limbo
    burocrático. El Proyecto de transporte urbano ya evaluado por el Banco Mundial
    no ha podido ser llevado a la aprobación del Directorio por falta de
    compromisos serios sobre el manejo de las finanzas bogotanas. El Proyecto
    Bogotá V sometido a la consideración del Banco Mundial no ha podido avanzar por
    la postración financiera en que se encuentra la Empresa de Acueducto y Alcantarillado.
    Los indicadores de
    eficiencia de las Empresas de Energía y Acueducto son muy pobres. Los costos
    laborales de las empresas no solo son altos sino que además han continuado
    creciendo en el pasado reciente. La oligarquía sindical del Distrito ha montado
    su propio programa de bienestar. Los sobrecostos laborales superan los gastos
    sociales del Distrito.
    La deuda del Distrito
    ha venido creciendo vertiginosamente. Los plazos con los que se ha contratado
    la deuda distrital son tan cortos que más de la mitad de los nuevos créditos
    deben ser contratados para amortizar créditos anteriores. El Distrito Capital
    en los dos últimos años parece estar enviciado con la contratación de deudas.
    En el pasado la deuda se contrató para poder financiar la inversión necesaria
    para asegurar la prestación de los servicios a cargo del Distrito. En 1991 fue
    necesario incurrir en endeudamiento para poder cubrir los pagos corrientes pues
    los ingresos resultaron insuficientes.
    Los casos de Nueva York
    y Ciudad de México se mencionaron durante el seminario como posibilidades de lo
    que puede pasar cuando las ciudades pierden el control absoluto de sus
    finanzas. Para salir de su crisis las dos ciudades mencionadas tuvieron que
    pedir ayuda al gobierno central. Como bien lo dijo William Dillinger del Banco
    Mundial.  “En ambos casos, la ayuda
    del gobierno central tuvo un costo altísimo. La ayuda del gobierno
    norteamericano dependió de lograr un presupuesto balanceado en tres años. Esto
    requirió una cirugía radical tanto desde el lado de gasto como del lado
    impositivo. Para reducir el gasto fue necesario despedir  25.000 funcionarios, revocar un aumento
    salarial del 6%, y congelar por cinco años los programas de construcción de
    vivienda. Para aumentar los ingresos, el gobierno debió aumentar 200 millones
    de dólares de impuestos, incrementar las tarifas del metro y de los buses y
    fijar matrículas en una universidad que tradicionalmente había sido gratis.
    México, de manera similar, se vio forzado a aumentar dramáticamente sus
    impuestos y tarifas, esto incluyó el impuesto predial, las placas de los
    vehículos, arriendos, tarifas de acueducto, y del metro. México redujo sus
    gastos en una tercera parte, principalmente mediante una reducción drástica de
    la inversión.”
    Si uno considera, con
    el expositor, que la peor consecuencia de la crisis, se da en el largo plazo
    con la pérdida de autonomía en el manejo de la ciudad no puede menos de pensar
    que es necesario evitar a toda costa que Bogotá entre en una crisis financiera.
    El triste ejemplo de la pérdida de autonomía de la Empresa de Energía al
    suscribir un convenio con la FEN nos debe alertar sobre la posibilidad de
    quedar sometidos a unos compromisos dolorosos impuestos, unilateralmente, por
    otros niveles de la Administración Pública.

    Para evitar que Bogotá
    pierda la autonomía que le confiere la nueva Constitución es necesario retornar
    a una disciplina fiscal estricta. El Alcalde debe tomar las riendas de toda la
    ciudad. En especial debe ejercer un control sobre el proceso de inversión de
    las grandes empresas. El Alcalde, con un grupo selecto de asesores, tiene que
    asumir la responsabilidad de fijar topes en la inversión que puedan ejecutar
    las Empresas de Servicios Públicos. Los gastos de inversión de gastos deben ser
    congruentes tanto con la capacidad fiscal de la ciudad como con las metas
    macroeconómicas del gobierno central. Las decisiones sobre los proyectos de
    ampliación más atractivos tienen que ser tomadas por el Alcalde y su grupo de
    asesores buscando siempre los proyectos con las más altas rentabilidades
    económica y social. Esta dura labor de autocontrol, sin lugar a dudas, es
    preferible a entregar la autonomía del Distrito al gobierno nacional a cambio
    de una ayuda financiera solicitada en momentos de crisis en los que no existe
    capacidad negociadora alguna.