Category: Debilidad institucional

  • Vancouver: Un ejemplo a seguir para la reingeniería institucional del transporte bogotano

    Vancouver: Un ejemplo a seguir para la reingeniería institucional del transporte bogotano

    En 1976, entre el 31 de mayo y el 11 de junio, en
    Vancouver, Canadá se celebró la Primera Conferencia de las Naciones Unidas
    sobre Asentamientos Humanos conocida como `Habitat I´. Esta reunión presidida
    por Enrique Peñalosa Camargo, el padre del exalcalde bogotano y hoy candidato a
    la alcaldía de la ciudad, ha tenido una gran influencia en la política urbana mundial
    en estos últimos 39 años.
     
    Las recomendaciones de esta conferencia
    relacionadas con el transporte siguen vigentes y podrían retomarse casi al pie
    de la letra hoy en día. La  recomendación
    sobre transporte conocida como la C14, se puede consultar en el documento de la
    conferencia en la siguiente dirección.
    Adicionalmente de la influencia que ha tenido en la
    política urbana, la Conferencia dio a conocer a Vancouver como una de las
    ciudades con mejor calidad de vida en el planeta.  Esto se puede constatar en el ranking
     sobre Calidad de Vida en el mundo elaborado
    por la consultora Mercer. Para el 2015, la mejor ciudad para vivir en el
    continente americano es precisamente Vancouver. Esta ciudad canadiense, cuya
    área metropolitana según el Censo de 2011, contaba con 2,3 millones de
    habitantes, ocupa el quinto lugar de la lista Mercer detrás de Viena en
    Austria, Zürich en Suiza, Auckland en Nueva Zelanda y Munich en Alemania.

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  • El transporte en Bogotá

     La falta de cobro
    directo por las vías no solo obliga a sacrificar la inversión social sino que
    lleva a un exceso de demanda que se transforma en congestión y desorden.
    El martes y miércoles
    de la semana pasada se realizó en la Biblioteca Luis Angel Arango un seminario
    sobre el transporte en Bogotá. Aunque la intención de los organizadores era
    analizar dos estudios recientes sobre el tema, no se pudo cumplir con este
    objetivo debido a las demoras en la entrega del estudio sobre la línea
    prioritaria del Metro. El incumplimiento en la entrega del estudio y la pésima
    presentación realizada por Jaime Ortiz, uno de los funcionarios de la Consejería para Bogotá, fueron los lunares de un seminario que resultó muy interesante.
    El contraste entre una
    Administración Distrital seria y preocupada por encontrar la solución a los
    problemas de la ciudad y el representante del Gobierno Nacional fue tan notorio
    que puso a pensar a muchos de los asistentes si se justificaría la existencia
    de una Consejería para el Distrito. Esta burocracia inútil no solo representa
    una afrenta al proceso de descentralización sino que resulta en un pésimo
    ejemplo en épocas de crisis fiscal que han llevado al gobierno a decretar una
    emergencia económica.
    A pesar de las
    divergencias de opiniones entre los participantes se ha comenzado a llegar a
    algunas conclusiones que pueden ser de vital importancia para el diseño de una
    política de transporte. La primera de ellas se refiere a la importancia que
    tiene la estructura de la ciudad para determinar las necesidades de transporte.
    Los sabios consejos de los Profesores Owen y Currie recobraron vigencia. Las
    ciudades dentro de las ciudades, sin lugar a dudas, son la base para lograr una
    disminución de las necesidades de movilización. En la medida en que los nuevos
    desarrollos que se van a dar en las Localidades de Suba y Usaquén cuenten con
    fuentes de empleo y sean lo más autocontenidos posibles las necesidades de
    obras de infraestructura serán menores. Si nos dedicáramos a planear a Subaquén
    para atender a los más de dos millones y medio de habitantes que tendrá en el
    año 2.020, lograríamos una disminución radical en los casi 10 mil millones de
    dólares de inversión contemplada en el plan Maestro de Transporte y además
    lograríamos mejorar considerablemente el nivel de vida de los habitantes de
    este conglomerado urbano que sería la segunda ciudad más grande de Colombia en
    el año 2.020.
    El segundo punto en el
    que se logró un consenso fue el de comenzar a cobrar de una manera directa por
    el uso de las vías. La falta de cobro directo por las vías no solo obliga a
    sacrificar la inversión social sino que lleva a un exceso de demanda que se
    transforma en congestión y desorden. Como lo advirtió el Gerente del Banco de
    la República, los avances tecnológicos en el cobro de las vías han sido tan
    importantes que es muy probable que en muy poco tiempo y con toda seguridad
    antes del año 2.020 se pueda hacer el cobro mediante tarjetas inteligentes y
    sensores ubicados en las principales zonas congestionadas de la ciudad.
    La tecnología de cobro
    electrónico sería la cura milagrosa para remediar las distorsiones introducidas
    en el mercado por el alto costo de las transacciones. Con la adecuada
    tecnología será tan fácil cobrar por el uso de la red vial como es ahora
    posible cobrar por el uso de la red de telefonía celular. Las grandes urbes
    comenzarán a considerar a las grandes autopistas urbanas no como un barril sin
    fondo en donde van a parar todos los impuestos, sino como una fuente de
    recursos muy importante. Así como la instalación de medidores de agua es el
    mejor antídoto contra el despilfarro del agua, los sensores electrónicos
    permitirán ponerle freno al desperdicio del tiempo y del espacio público.
    Los expertos nacionales
    e internacionales estuvieron de acuerdo en la importancia de contar con
    instituciones fuertes que se dediquen a la planeación, regulación y control del
    sector. Los grandes problemas del transporte bogotano, para muchos de los
    participantes surgen de la debilidad institucional. Los encargados del sector
    muchas veces no tienen los conocimientos especializados porque las
    instituciones no tienen los recursos económicos que les permita contratar a los
    pocos especialistas sobre el tema del transporte. La falta de contraparte en
    los estudios, evidenciado de manera notable en el estudio de la línea
    prioritaria del Metro resultan en pésimos proyectos sin ninguna justificación
    seria que con seguridad van a terminar en sobrecostos considerables.

    Finalmente, del
    Seminario ha quedado claro que el Metro de Bogotá va a necesitar un subsidio
    para cubrir los costos de operación y que va tener un fuerte impacto sobre las
    finanzas de la ciudad. Aunque ninguno de los dos trabajos hace un verdadero
    análisis financiero los datos parecen mostrar que el pago del servicio de la
    deuda desborda la capacidad de pago de la ciudad y que causaría serios
    problemas sobre las finanzas del gobierno nacional si el Presidente cumpliera
    sus promesas electorales. Cuando casi todos los analistas se han podido poner
    de acuerdo en la necesidad de contar con un Metro, es triste pensar que el
    populismo haya llevado a una crisis fiscal en la que se ve muy difícil
    financiar la participación de la Nación en el Metro.