Category: David Ricardo

  • Diferentes visiones de la política fiscal

    Las discusiones sobre la conveniencia de un aumento de los impuestos en épocas de recesión dejan perplejos a gran parte de los observadores. El hombre de la calle se pregunta: ¿Cómo es posible que destacados economistas no se puedan poner de acuerdo en un tema tan sencillo? Muchos se acuerdan de su primer maestro de economía que en el curso de principios les enseñó que la política fiscal era un instrumento apropiado para estabilizar la economía. En ese primer curso, se enseñaba que si la demanda agregada era baja debería establecerse una política fiscal que estimulará la economía. Los aumentos de impuestos solo se justificaban para casos en los que la economía se encontraba recalentada y que por lo tanto lo que se buscaba era lograr un control sobre el crecimiento de los precios.

    A medida que se avanzaba en el estudio de la economía las respuestas se complicaban y ya no era tan sencillo saber si el estímulo fiscal era adecuado. En efecto, cuando se consideraba el caso de una economía abierta, la situación era más compleja pues la conveniencia de reactivar la economía mediante un estimulo fiscal podía llegar a ser inconveniente. El estímulo a la demanda agregada podría ser inadecuado cuando se presentaba un desequilibrio en el sector externo. En las economías abiertas el aumento de la demanda agregada se convierte en un aumento en las importaciones y en una disminución de las exportaciones. El deterioro de la balanza comercial de un país es muy grave cuando ocurre en circunstancias como las actuales en las que se presenta un déficit externo. Por tanto, el impulso fiscal no es recomendable cuando el sector externo está en desequilibrio pues puede acelerar la crisis cambiaria. En estas circunstancias el dilema es bien complejo se da un impulso fiscal a la economía para mejorar el llamado balance interno o se mantiene una política de austeridad para alcanzar el equilibrio externo. 

    De lo anterior puede concluirse fácilmente que en casos en los que el estímulo a la demanda agregada afecta desfavorablemente el balance externo es necesario complementar el manejo de la demanda agregada con medidas que tiendan a mejorar el equilibrio externo. Como se ve en los cursos intermedios de teoría económica, en estas circunstancias se deben tomar medidas complementarias en el frente cambiario que alivien las presiones sobre el balance externo. En algunas circunstancias el paquete de medidas adecuado puede contener una fuerte devaluación acompañada de un ajuste fiscal importante. La eficacia de esta fórmula para el caso colombiano se mostró claramente cuando Roberto Junguito fue Ministro de Hacienda. En 1985 se logró el equilibrio de la economía mediante una fuerte devaluación del 45 por ciento en un año y un aumento en los impuestos. Los ajustes realizados durante la Administración Betancur sirvieron para devolver la economía colombiana a su senda de crecimiento. 

    De lo anterior se puede concluir que en algunas ocasiones una aumento de impuestos si puede ser la receta adecuada para lograr el equilibrio macroeconómico, aún en circunstancias recesivas. En estos casos lo que se necesita es diseñar un paquete de medidas que permitan obtener simultáneamente los dos objetivos: el equilibrio externo y el equilibrio interno. No es posible llegar a conclusiones de la conveniencia de una medida solamente mirando si la economía está en recesión o no.

    Debe notarse que todas las consideraciones anteriores están basadas en la premisa de que la política fiscal es eficaz en su intento de estabilizar la economía. Los economistas han demostrado que esto no es cierto en dos circunstancias. La primera en un régimen de tasas de cambio flotantes, cuando existe movilidad infinita de capitales. En este caso los cambios en la política fiscal son contrarrestados por movimientos de capitales que tienen el efecto contrario. Los estímulos fiscales dan lugar a una revaluación de la moneda que reduce las exportaciones y aumenta las importaciones.

    El otro caso, que para algunos es apenas una posibilidad, ocurre cuando los agentes económicos tienen una visión nítida del futuro. En este caso, los consumidores y productores actúan mirando el efecto de largo plazo. Estos agentes saben que si un déficit no se financia mediante impuestos sino mediante endeudamiento del gobierno y que por lo tanto el no hacer el ajuste fiscal en este momento lo único que va a pasar es que el ajuste se debe hacer en el futuro. Los agentes económicos en estas circunstancias actúan racionalmente disminuyendo su consumo y ahorrando para poder pagar los mayores impuestos necesarios cuando el gobierno decida realizar el ajuste fiscal. 

    Esto quiere decir que el efecto recesivo causado por una disminución de la demanda agregada se da aún si no se aumentan los impuestos. La economía no se estimula con los déficit fiscales pues los agentes ven más allá del efecto de corto plazo y guardan su plata debajo del colchón para poder pagar el incremento de los impuestos en el futuro. En este mundo descrito por los destacados economistas David Ricardo y Robert Barro los déficit no estimulan la economía y por lo tanto en él la controversia planteada en Colombia sobre la conveniencia de un ajuste fiscal en una época de recesión no tiene sentido alguno. 

     De todo lo anterior debe quedar claro que muchas de las controversias entre economistas se deben a diferencias en las premisas adoptadas. Las conclusiones válidas para una economía cerrada no lo son para una economía abierta. Lo que es válido para agentes ultrarracionales que ven el futuro con absoluta claridad y que toman las mejores decisiones en un horizonte de largo plazo no lo es para agentes que tienen un horizonte de más corto plazo.

  • ¿Quién tiene la razón: David Ricardo o Michael Porter?

    Los seis años de apertura han producido la evidencia necesaria para
    comenzar a dilucidar cual de las dos teorías tiene más validez.
    Los defensores del modelo de desarrollo hacia dentro siempre han
    sostenido que un país en vía de desarrollo debe mantener altas barreras
    arancelarias para poder competir en la economía mundial pues consideran que si
    se abre la competencia los productores nacionales perderán ante la superioridad
    manifiesta de los productores extranjeros. 
    Similar posición han sostenido algunos de los grandes teóricos de la
    Administración como el Profesor Porter, quien ha tratado de convencernos que
    para poder competir en el Ámbito mundial las empresas y los países deben acabar
    con las desventajas competitivas que les impiden tener éxito en una economía
    global.
    Por el contrario, los economistas y muchos de los partidarios de la
    apertura han venido sosteniendo un concepto mucho más sofisticado.  Los países y las firmas pueden competir a
    escala mundial si se especializan en la producción de los bienes y servicios en
    los que tienen una ventaja comparativa. 
    Tal como lo mostró David Ricardo, un país que tenga una desventaja a
    absoluta en la producción de todos los bienes puede competir a escala mundial
    si se especializa en la producción de los bienes para los cuales sea menos
    malo.  No es necesario esperar a ser el
    mejor en todos los bienes o en algunos de ellos para poder sobrevivir en la
    competencia global sino que esto se puede lograr mediante la especialización en
    la producción de algunos bienes.
    Los seis años de apertura han producido la evidencia necesaria para
    comenzar a dilucidar cual de las dos teorías tiene más validez.  Lo sucedido con las ensambladoras de
    vehículos es bastante ilustrativo.  Los
    fabricantes de vehículos tradicionalmente han sido defensores de la protección
    a la producción nacional.

    Algunos de ellos han estado dispuestos a pagar un precio alto por el
    derecho a ensamblar vehículos en un mercado protegido.  Por ejemplo, la Renault, estuvo dispuesta a
    pagar una valor alto por las acciones de SOFASA bajo el supuesto de que la
    protección se fuera a mantener indefinidamente. 
    Cuando el gobierno decidió hacer la apertura los nuevos dueños de SOFASA
    considerando que las instalaciones colombianas eran menos productivas, se
    sintieron perjudicados y comenzaron a solicitar una indenmización por los
    posibles perjuicios ocasionados por la apertura de la economía colombiana.
    La realidad ha mostrado que las inquietudes de los nuevos dueños de
    SOFASA resultaron infundadas.  Las
    ensambladoras colombianas han progresado en los ú1timos seis años y la apertura
    les ha favorecido.  Los fabricantes no
    tuvieron que hacer inversiones cuantiosas para ampliar la capacidad de sus plantas
    a niveles de 300 mil unidades que ha sido considerada como el mínimo para
    competir en una economía global.  La
    respuesta de las ensambladoras esta más en línea con el principio de la ventaja
    comparativa pues se dedicaron a producir los vehículos en que su desventaja era
    menor en términos relativos, complementando su oferta con vehículos importados
    de otros países.
    Más aún, aprovecharon la gran
    ventaja que les daba una amplia red de distribución para competir con éxito con
    otros productores que ofrecían precios más favorables. En poco tiempo, estos
    productores que quisieron competir solo con el precio perdieron la pelea con
    las ensambladoras nacionales y aquellos importados que lograron montar una
    adecuada red de distribución.  Las
    ensambladoras lograron adaptarse al nuevo entorno mediante la especialización y
    la utilización del principio de la ventaja comparativa.
    Algunos productores que tenían un producto mejor lograron penetrar el
    mercado colombiano, pero para ello tuvieron que hacer inversiones considerables
    en montar una buena red de distribución y servicio que le garantizara al dueño
    del vehículo su inversión por muchos años.
    Otras experiencias exitosas confirman la validez del principio de la
    ventaja comparativa. El grupo Corona, fabricante de porcelana sanitaria
    aprovechó su amplio conocimiento del mercado de la construcción para ampliar
    sus actividades de distribución complementando su línea con artículos importados.  Los American Home Centers establecidos en
    Bogotá, ofrecen una amplia variedad de artículos de construcción y sirven como
    un canal de distribución de los principales artículos del Grupo Corona.
    El conocimiento del mercado y los contactos con los minoristas también
    han resultado factores claves del éxito para muchos productores de
    alimentos.  En lugar de ponerse a hacer
    cuantiosas inversiones para competir con los fabricantes a escala mundial
    muchos de los productores como Rica Rondo o Nestlé se han concentrado en algunas
    de sus líneas y han importado productos de la competencia que distribuyen a
    través de sus propios canales.
    La apertura económica ha permitido a muchas fábricas que poseían una
    gran fortaleza en el mercadeo especializarse en estas labores y ampliar su
    presencia mediante la distribución de productos importados que aparentemente
    iban a acabar con la producción nacional. 
    Los consumidores han ganado pues ahora tienen unos productores que han
    mejorado su eficiencia mediante mejoras en la productividad lograda a través de
    inversiones mejores y más moderna fábricas y a través de una juiciosa
    especialización en las actividades en que poseen una ventaja comparativa.