Category: Convertibilidad

  • El plan de no-reactivación

    Para algunos de los
    analistas pensar en reactivación con los niveles de déficit externo actual
    puede resultar en una crisis cambiaria
    El Presidente Samper
    aprovechando la oportunidad de la posesión de José Antonio Ocampo nuevo Ministro de Hacienda, ha
    lanzado el nuevo plan de reactivación en el que da a conocer una serie de
    medidas para lograr aumentar el ritmo de crecimiento de la economía. El paquete
    contiene una serie de medidas encaminadas a inducir al sector privado a
    incrementar sus planes de gasto.
    En sus primeras
    declaraciones a los medios de comunicación, el Ministro de Hacienda, tratando
    de convencer al sector privado de su ortodoxia fiscal, ha aclarado que el
    paquete no está basado en un incremento del gasto público, sino que busca
    estimular algunos componentes del gasto agregado a través de medidas
    relacionadas con la política monetaria, cambiaria y crediticia. Teniendo en
    cuenta esas precisiones, el plan de reactivación más bien parece un mensaje  a sus colegas de la Junta Directiva del Banco
    de la República que un plan de acción, trabaja para su, probablemente, muy
    breve faena como Ministro de Hacienda. La promesa de mantener una disciplina
    fiscal es un buen anuncio del Ministro Ocampo, y revela un cambio positivo de
    alguien que hace menos de quince años, cuando trabajaba en Fedesarrollo,
    pregonaba el impulso fiscal como la solución apropiada para mantener altos
    ritmos de crecimiento de la actividad económica.
    A pesar de las
    declaraciones del Ministro han comenzado a surgir serias críticas al plan
    propuesto. Para algunos de los analistas, pensar en reactivación con los
    niveles de déficit externo actual puede resultar en una crisis cambiaria. El
    razonamiento es muy sencillo. Mientras que la Tasa de Cambio esté en tope de la
    banda, cualquier disminución en la tasa de interés se va a traducir en una
    mayor demanda de divisas por parte del sector privado. Ante la mayor demanda de
    la Junta Directiva del Banco de la República debe vender dólares, lo que trae
    como consecuencia una disminución de las reservas internacionales y una
    reducción de la oferta monetaria. El menor crecimiento de la liquidez,
    finalmente, desemboca en un aumento de las tasas de interés. El estímulo lo
    único que conseguirá es exportar reservas internacionales lo que hace más
    vulnerable de la economía al desequilibrio externo y aumenta las posibilidades
    de una especulación del peso.
    Que esto no es una
    especulación de unos teóricos, se puede comprobar repasando la triste historia
    cambiaria ocurrida en los años 83 y 84 en Colombia. Bajo la dirección del
    Ministro Edgar Gutiérrez, se dieron considerables estímulos para contrarrestar
    la recesión de la industria antioqueña y para salvar el sistema financiero
    colombiano. El resultado no fue el anunciado. El ritmo de crecimiento se mantuvo
    como uno de los más bajos de la historia colombiana, mientras que el nivel de
    reservas bajó considerablemente obligando al final al gobierno a tomar
    drásticas medidas para conjurar la crisis cambiaria.
    El estímulo a la economía
    Colombiana en presencia de un déficit externo es cada vez menos aconsejable,
    pues a raíz de la apertura la movilidad de los capitales se ha incrementado, lo
    que hace que las reacciones a un estímulo monetario sean mucho más inmediatas y
    potentes. Más aún, en las circunstancias actuales en las que la crisis de
    gobernabilidad ha inducido a una preferencia por los dólares, la baja de las
    tasas de interés lo único que va a hacer es permitir satisfacer esta mayor
    demanda de divisas.

    La conclusión que nos deja
    el análisis de las experiencias anteriores en Colombia, así como lo ocurrido
    recientemente en México y Venezuela, es que un estímulo monetario lejos de
    convertirse en una solución para la economía con problemas puede en un momento
    dado convertirse en una de las causas de una crisis cambiaria. Cuando el sector
    privado no tiene interés en invertir, la abundancia de crédito no asegura que
    se aumente el gasto en nuevo equipo. En estas circunstancias se aplica el
    famoso dicho de que a un caballo se le puede llevar a un río pero no se le
    puede obligar a beber. 
  • Apertura del crédito externo: un paso en la dirección correcta

    Es claro que el margen de intermediación debe bajar hasta niveles
    comparables a los de nuestros socios comerciales.  El país no puede competir con una desventaja
    en el costo del crédito.
    La Junta Directiva del Banco de la República ha tomado unas medidas para
    facilitar el endeudamiento con el extranjero. 
    Ante los comentarios surgidos sobre el tema es conveniente hacer algunas
    precisiones.  En primer lugar debe
    anotarse que las ú1timas medidas no corresponden a una total apertura del crédito
    externo.  El público no puede salirse a
    endeudarse libremente en el exterior pues tiene que cumplir con unos requisitos
    que aunque menores que los que venían rigiendo, terminan elevando el costo del
    crédito por encima de los que habría si existiera una entera libertad para
    endeudarse en el exterior.
    También se ha podido apreciar que a nadie le gusta competir
    internacionalmente y que los voceros de los sectores afectados tienen el
    sagrado derecho al pataleo.  Los gremios
    que representan al sector financiero han hecho sentir sus voces de protesta por
    la medida y han puesto de presente que los costos de intermediación colombianos
    son muy altos comparados con los vigentes en los grandes centros
    financieros.  Los gremios han aprovechado
    la oportunidad para insistir en su pedido de una disminución de los encajes con
    el fin de lograr que sus márgenes de intermediación se reduzcan y puedan ser
    competitivos con el exterior.
    De lo anterior debe quedar claro que los intermediarios financieros
    continúan gozando de una protección de la competencia externa y que los
    usuarios del crédito tienen que pagar m costo adicional por el privilegio de
    utilizar el crédito externo.  Puede
    decirse entonces que la medida anunciada por el Banco Central es apenas un paso
    en el proceso de liberación cambiaria y de ninguna manera puede tomarse como
    una renuncia del Banco de la República al control del endeudamiento ni se puede
    pensar tampoco que el sistema financiero ha quedado totalmente desprotegido a
    la competencia externa.  La medida
    realmente trata de establecer unas condiciones que reflejen la situación actual
    del costo del crédito externo comparado con el costo del crédito en Colombia
    buscando mantener una protección al sector financiero colombiano que refleje
    las diferencias en los costos de intermediación colombianos comparados con los
    del resto del mundo y que no puede hablarse de un cambio radical en las
    políticas sino más bien de un ajuste pequeño.
    La medida adoptada por la Junta Directiva del Banco de la República no
    puede interpretarse como la solución última. 
    Es claro que el margen de intermediación debe bajar hasta niveles
    comparables a los de nuestros socios comerciales.  El país no puede competir con una desventaja
    en el costo del crédito.  Las industries
    deben modernizar su aparato productivo y realizar las inversiones que le
    permitan mantener su ventaja competitiva. 
    Un país que quiera entrar a competir a escala mundial debe tener un
    sector financiero muy eficiente y con encajes similares a los que rigen
    internacionalmente.  Los Directores del
    Banco Central tienen que planear un programa de mediano plazo en el que
    simultáneamente vayan bajando los encajes y vayan disminuyendo la protección al
    sector financiero dada por las restricciones al endeudamiento externo.
    Por otra parte, es muy importante analizar el impacto en los equilibrios
    macroeconómicos de los cambios que se den en la estructura de protección al
    sector financiero colombiano.  Los
    encargados de la política económica tienen que analizar el impacto que pueda
    tener la liberación cambiaria con el fin de compensar sus efectos para que no
    afecten las metas macroeconómicas.  Por
    ejemplo, una disminución en los costos de protección puede resultar en una
    entrada adicional de capitales cuyo efecto en la tasa de cambio y en el
    crecimiento del dinero debe ser compensados. 
    Si las autoridades diseñan m paquete de medidas adecuadas es posible
    lograr un cambio en las condiciones de competencia sin que por ello se ponga en
    peligro el equilibrio macroeconómico. Argumentar que no se debe liberar el mercado cambiario porque esto da
    lugar a una fuerte revaluación es suponer que no se puede o no se quieren tomar
    medidas compensatorias.
    Más aún, en situaciones especiales en las que precisamente se quiera
    atraer capitales para compensar la incertidumbre política una medida como la
    comentada puede ser doblemente efectiva. 
    Pues por un lado mejora la eficiencia económica, reduce los costos de
    producción y mejora la situación macroeconómica pues compensa una potencial
    fuga de capitales.
    En conclusión, puede decirse que abrir las posibilidades de
    endeudamiento en el exterior es una medida que tiene buenos propósitos y que
    pude tener un impacto macroeconómico que debería ser compensado para no
    separamos de las metas macroeconómicas.  Por
    tanto la discusión debería centrarse en si las medidas complementarias son las
    adecuadas o no, más bien que discutir si la medida va a contribuir a la
    revaluación o no.

  • Eliminemos de verdad las restricciones al comercio internacional

    La presencia de nuestros profesionales en el exterior señala un filón importante de nuestras divisas en la
    que Colombia podría utilizar las cuantiosas inversiones realizadas en el pasado en la formación profesional

    Las nuevas teorías del desarrollo destacan la importancia de contar con trabajadores altamente capacitados.  Colombia, afortunadamente. cuenta con un grupo de profesionales altamente calificados que está buscando oportunidades de trabajo en el resto del mundo.  En los vuelos a Venezuela, Ecuador y Perú se nota la presencia de una serie de profesionales que se desplazan a los países vecinos a prestar sus servicios.  Para un observador optimista la presencia de nuestros profesionales en el exterior señala un filón importante de nuevas divisas en la que Colombia podría utilizar las cuantiosas inversiones realizadas en el pasado en la formación profesional.

    Sin embargo, este dinamismo que se .observa en el flujo de viajeros internacionales no se refleja en las cifras del comercio internacional.  Las exportaciones, castigadas por la revaluación del peso originadas en las altas tasas de interés y el excesivo gasto del gobierno muestran un estancamiento preocupante. Unas exportaciones estancadas unidas a una importaciones que crecen aceleradamente son, sin lugar a dudas, la causa de un déficit comercial del país que ha llegado a niveles insostenibles.

    Al tratar de indagar por qué la exportación de servicios no se ha traducido en un renglón importante de exportación surgen algunas pistas importantes.

    En primer lugar, los profesionales colombiano,, a pesar de sus habilidades tienden a ser discriminados.  El pasaporte colombiano sigue siendo un obstáculo grande.  Los colombianos que viajan con cierta frecuencia son objeto de sospechas por las autoridades de migración.  En los países en que se requiere la visa, [as autoridades son severas con los colombianos y especialmente si por razones de trabajo tiene que pasar por Honduras, Perú o Bolivia.

    En tercer lugar, algo tan sencillo como hacer pago en moneda extranjera se vuelve una labor de titanes. Pagar la inscripción a una universidad norteamericana o pagar una suscripción a una revista que no admite pagos a través de la tarjeta de crédito requiere hacer una especialización en Comercio Exterior y tomar cursos en el diligenciamiento de una serie de formularios, todos ellos extremadamente complejos.  Lo que en un país civilizado se puede hacer con una llamada telefónica, en Colombia requiere los servicios de un mensajero y un profesional durante dos o tres días.

    Finalmente y    no por ello menos importante, el querer orientarse hacia el exterior se convierte en un mal negocio.  El gobierno con el fin de castigar a los malos y prevenir el lavado de dólares ha establecido una retención en la fuente, del diez por ciento a los ingresos por exportaciones de servicios.  Esto quiere decir que si un profesional va a vender los dólares recibido,, por los pagos de sus servicios, el banco le paga un diez por ciento menos.  En lugar de recibir los ochocientos ochenta pesos que le cobran por los giros al exterior recibe apenas setecientos noventa pesos.  El diferencial cambiario se convierte en u impuesto muy alto que unido a la revaluación real del  peso tiene como consecuencia la decisión de no exportar servicios y mejor dedicarse a atender el mercado local.

    Es tan alto e injusto el impuesto a la exportación de servicios que todo el mundo trata de evadirlo.  La manera más sencilla es la de recibir el pago en efectivo y convertir los dólares a peso en las casas de cambio. reduciendo de esta manera el impuesto a cargo del exportador de servicios.  Todo el esfuerzo hecho por el país para legalizar las transacciones en dólares como base par una apertura de la economía. se ha venido perdiendo pues en cinco años de apertura no se ha logrado que el colombiano pueda integrarse a la economía mundial.  Si realmente queremos integrarnos a la economía mundial debemos permitir a los colombianos honestos que tengan parte de sus activos en dólares y que puedan convertirlos libremente a una moneda de sus preferencias.  La lucha contra el lavado de dólares se puede hacer manteniendo unas tasas de cambio uniformes que no discriminen a los exportadores de servicios,
  • La devaluación del 97

    La experiencia
    colombiana ha mostrado que la limitación al flujo de capitales es muy difícil
    de hacer cumplir.
    En los últimos días
    Colombia y el Japón han experimentado una revaluación de su moneda frente al
    dólar americano. La revaluación japonesa se ha originado en un sector
    exportador altamente competitivo que ante las limitaciones impuestas a las
    importaciones americanas, ha generado un exceso de divisas. La revaluación
    colombiana, por el contrario, se ha dado en buena parte por una entrada masiva
    de dólares a través de la cuenta de capital y una situación de déficit en la
    cuenta corriente de la balanza de pagos.
    Aunque la teoría
    muestra que en el largo plazo el mercado cambiario llega a un nuevo equilibrio
    las autoridades tienden a intervenir con el fin de llegar a una posición más
    favorable. Los países con sectores exportadores fuertes buscan reducir el
    impacto en la pérdida de  competitividad
    con el tiempo mientras que los países a los que llegan los capitales
    golondrinas en busca de tasas de interés más altos tratan de reducir el impacto
    de la entrada de estos capitales antes de que la capacidad de endeudamiento del
    país llegue a su límite.
    Las políticas para
    contrarrestar los efectos de una revaluación de la moneda son muy distintas
    dependiendo de si el desequilibrio se da en el sector real o si se debe a un
    desequilibrio en las tasas de interés. Mientras que un país como Japón ha
    encontrado que el aumento de la productividad del sector exportador, el
    movimiento de la producción industrial hacia otros países y una política fiscal
    austera son los elementos de la mejor política para enfrentarse a una moneda
    fuerte causada por un superávit comercial, los países como Colombia que se
    enfrentan a desequilibrios importantes en el mercado de capitales han
    encontrado necesario corregir estos desequilibrios igualando la rentabilidad
    externa e interna.
    Mientras que persistan
    grandes desequilibrios entre la rentabilidad interna y externa es muy poco lo
    que se puede hacer. Para nadie es un secreto que la rentabilidad de colocar los
    excedentes de liquidez en Colombia es mucho más alta que en los Estados Unidos.
    Un dólar puesto en Miami está rentando, en pesos, apenas el tres por ciento
    mientras que en Colombia la rentabilidad es cercana al treinta por ciento.
    Tampoco es un secreto que es mejor endeudarse en el exterior que en Colombia.
    Mientras que el costo de un crédito obtenido en Miami puede ser del ocho por
    ciento en Bogotá el costo es de por lo menos un cuarenta por ciento.
    La experiencia
    colombiana ha mostrado que la limitación al flujo de capitales es muy difícil
    de hacer cumplir. Ante diferencias tan altas los colombianos, como los
    venezolanos y los de otras nacionalidades han encontrado siempre maneras de
    evadir estos controles. Lo que se requiere entonces es encontrar políticas que
    ataquen las causas de los problemas y que no se dirijan a calmar los síntomas
    de los problemas.
    Mientras no se tomen los
    correctivos verdaderos, es muy probable que las medidas anunciadas la semana
    pasada no logren cumplir con el objetivo de evitar una revaluación del peso.
    Por el contrario, en la medida en que los agentes económicos encuentren poco
    creíble la política económica puede suceder que aceleren la entrada de
    capitales y que por lo tanto se aumenten las expectativas de una revaluación
    más alta. Las prohibiciones lo que harán en buena parte será limitar el número
    de agentes que están dispuestos a especular a favor del peso.

    Si bien las
    consecuencias de jugar a la revaluación del peso pueden parecer bastante
    favorables en este momento, no debemos olvidar que en el largo plazo es muy
    probable que el país se vea abocado a una devaluación para poder mantener
    competencia en el sector externo. Esta aceleración de la devaluación puede
    tomar desprevenido a aquellos que aprovecharon esta ocasión para aumentar su
    endeudamiento en dólares. Esperemos que las Empresas de Servicios Públicos no
    repitan su experiencia de los años ochenta y no los coja de sorpresa el ajuste
    cambiario de finales de los noventas. 
  • Cinco – cero

    El cinco por ciento de crecimiento sostenido durante todo el período presidencial daría un impulse importante al país y permitiría avanzar en la satisfacción de muchas de nuestras necesidades básicas
    A partir de hoy se entra en la recta final de la contienda presidencial.  Los debates entre los diferentes candidatos a la presidencia van a tener que tocar el tema económico.  Lo que podría ser buen programa de gobierno y que sería muy atractivo para el electorado podría resumirse en el tan recordado resultado logrado en Buenos Aires el día cinco de septiembre de 1993.

    El cinco cero que sonaría muy atractivo en el programa presidencial se debería entender como el resumen de las melas económicas.  El cinco por ciento de crecimiento sostenido durante todo el período presidencial daría un impulso importante al país y permitiría avanzar en la satisfacción de muchas de nuestras necesidades básicas.  Este cinco por ciento de meta para todo el periodo podría estar compuesto de un siete por ciento en algunos años y un crecimiento inicial menor en el primer año que podría acompañar el programa de estabilización necesario para cumplir la otra meta del programa económico.

    El cero por ciento de inflación al final del periodo presidencial sería, sin lugar a dudas, una meta importante de política económica.  La experiencia reciente ha mostrado que en el frente inflacionario no es aconsejable poner metas poco ambiciosas.  El gradualismo en el control inflacionario no ha sido muy exitoso en Colombia en los últimos años.  El público nunca creyó que la Administración Gaviria estaría dispuesta a pagar el costo necesario para reducir seriamente la inflación.

    Para poder alcanzar una inflación cero se necesitaría, entre otras cosas, contar con una estabilidad de precios en los países avanzados y ligar el peso colombiano al dólar.  La estabilización de precios en los países avanzados suele lograrse como lo ha mostrado la experiencia reciente.  En los Estados Unidos la inflación en enero fue de cero por ciento.  Es probable que con una buena política económica esta estabilidad de precios se pueda mantener en los Estados Unidos.  De igual manera, siempre y cuando Bancos Centrales de la Unión Europea no incurran en graves errores, es posible lograr una estabilidad de precios al nivel de toda Europa.

    No sólo es necesario que los países avanzados tengan precios estables, también se requiere que la paridad entre el peso y el dólar se mantenga.  Por tanto sería necesario abandonar el esquema de la devaluación gota a gota y volver a un esquema de paridades fijas y constantes.  El mantener una paridad constante es quizás el secreto de la disminución de la inflación en la Argentina, donde se ha establecido por ley la convertibilidad del peso argentino.
    Si bien el control de la inflación se puede lograr con un esquema en que el valor del peso colombiano está vinculado totalmente al dólar, es necesario fijar la tasa de cambio en un nivel que permita mantener un alto grado de competitividad con el exterior.  No podemos sacrificar el crecimiento económico para lograr una meta de estabilización de precios.  Esto sería como volver a la era pre Maturana en la que nos contentábamos con un flamante cero cero.
    Este cinco cero debe venir acompañado de buenos logros en otros frentes.  De especial importancia es lograr que el fruto del crecimiento llegue a los más pobres.  Como bien no lo ha enseñado el filósofo Rawls, el bienestar de una sociedad debe medirse por el de los más pobres.  La sociedad colombiana como un todo no mejoraría si los más pobres no disfrutan también del cinco cero.
  • Bogotá Miami Caracas

    La experiencia amarga de los efectos de una devaluación en Venezuela debería mantenernos alerta para tratar de tomar medidas remediales necesarias para evitar un impacto negativo en nuestra economía.
    Es interesante comparar la situación cambiaria colombiana con la venezolana.  En Colombia, al menos por el momento, la gran mayoría de los analistas piensa que el precio del dólar es alto y que, en consecuencia es probable que en el futuro su precio tienda a disminuir.  Además, como el diferencial de tasas de interés hace atractivo endeudarse en el exterior, los mismos analistas prevén una entrada de capitales que, sin lugar a dudas, influiría en acentuar la tendencia a la baja del dólar en Colombia.

    La situación en Venezuela es marcadamente diferente.  El precio del dólar está muy bajo, todos están interesados en convertir sus ahorros a una moneda dura.  Muchos de los venezolanos están buscando financiación local para poder comprar los dólares cuyo precio están esperando que suba.  Por tanto, la especulación en contra del bolívar cada día es más fuerte y la pregunta que se hacen no es tanto si habrá una devaluación, sino más bien la inquietud se centra en la fecha y en el monto de la devaluación.

    El reciente retiro de algunos inversionistas venezolanos del mercado colombiano puede interpretarse como una señal de que la devaluación se acerca.  Los pesos parecen estar saliendo para los Estados Unidos vía Miami para un eventual regreso a Caracas.  Los inversionistas venezolanos están interesados en mantener activos en dólar, que no sólo son más líquidos, sino que al mismo tiempo quedan protegidos de cualquier repercusión de la devaluación venezolana en la economía colombiana.

    La importancia de mantener una alta liquidez en momentos de una crisis cambiaria es bastante obvia.  Cuando se da una devaluación real de la moneda los activos denominados en moneda local sufren una considerable pérdida de valor.  El tener la platica lista puede ayudar a conseguir verdaderas gangas.  Los capitales que podríamos apodar buitres, están dispuestos a hacer su agosto en todos los sitios donde ha habido una fuerte devaluación.  Estos arriesgados inversionistas han logrado importantes ganancias comprando propiedades en Palermo después de una devaluación en Argentina y en Punta del Este después de una devaluación en Uruguay.

    El riesgo de que en Colombia suframos un coletazo de la devaluación venezolana no es trivial. La experiencia vivida en Cúcuta en el 82, cuando el bolívar sufrió una importante devaluación es recordada por muchos de los que sufrieron las consecuencias de este evento económico.  El impacto en la frontera colombo venezolana se fue extendiendo poco a poco por todo el territorio.  Primero fueron los comerciantes de Cúcuta, más tarde los proveedores en Bucaramanga, hasta que todo el país sintió el efecto.  El efecto de la devaluación en la producción se vio magnificado por el flujo de retorno de antiguos inmigrantes a Venezuela.  La devaluación del bolívar en presencia de un marcado desequilibrio fiscal y cambiario, sin lugar a dudas, nos puso ante la penosa alternativa de devaluar aceleradamente en el año 85.

    Aunque mucho va del 82 al 94 en materias de desequilibrio macroeconómico, la experiencia amarga de los efectos de una devaluación en Venezuela debería mantenemos alerta para tratar de tomar las medidas remediales necesarias para evitar un impacto negativo en nuestra economía.  El gobierno y la Junta Directiva del Banco de la República deberían estar vigilantes para actuar de manera rápida y eficaz y asegurar que est administración termine bien en el campo económico.

  • Bienvenido el cambio libre

    El impacto adverso de
    la libertad de cambios puede y debe ser controlado por la autoridad monetaria
    para evitar posibles problemas a la economía colombiana.
      
    Esta es una de aquellas
    semanas en las que los columnistas económicos coincidimos en los temas
    tratados. No cabe la menor duda que la noticia económica de la semana tiene que
    ver con los cambios introducidos por la Junta Directiva del Banco de la República
    en el manejo cambiario. La eliminación de algunas restricciones a la
    utilización de los dólares en el país y la posibilidad de utilizar el crédito
    externo son opciones bien interesantes que se abren al sector privado
    colombiano. Lo que antes se hacia por debajo de la mesa ahora va a ser posible
    hacerlo abiertamente.
    Como en muchas otras
    ocasiones en que varios columnistas tratan el mismo tema, en esta ocasión la
    opinión de los analistas es bien diferente. Para algunos, como mi amigo el
    Decano de Economía de los Andes, la eliminación de cualquiera de los controles
    es una gran calamidad. Para otros, cuya inspiración proviene de la ciudad que
    alberga a los Medias Blancas, la eliminación de los controles es un paso más
    hacia la tierra prometida.
    Ante esta situación en
    que hay opiniones tan divergentes, el ciudadano común se siente como el fumador
    en la sociedad actual que encuentra que el fumar que en una época era un placer
    sensual se ha convertido en un estigma social. En efecto, si le cree a los partidarios
    a ultranza del control de cambios, es probable que se sienta culpable al abrir
    su cuenta en dólares porque de esta manera estaría contribuyendo a que el país
    pierda el control sobre la moneda.
    Lo pertinente entonces
    es tratar de establecer si la apertura cambiaria es tan mala como la pintan los
    defensores de los controles cambiarios y si además tiene la característica de
    que no solo perjudica a los que abren sus cuentas en dólares sino que además
    tiene efectos nocivos para la sociedad en general.
    La experiencia de lo
    sucedido a comienzos de esta administración nos sirve para ilustrar si en
    realidad es mala o no la liberalización cambiaria. Es evidente que en efecto al
    darse la liberalización cambiaria se pudo apreciar una entrada de capitales lo que
    tuvo como consecuencia una revaluación del peso. La entrada de capitales
    ocurrida es un fenómeno que se da una sola vez por el simple hecho de que la
    moneda colombiana se vuelve más atractiva por dos razones. La primera es que
    con libertad cambiaria es más conveniente conservar los ahorros en pesos y
    convertirlos en dólares en el último momento. Cuando se nos permite tener las
    tarjetas de crédito válidas a nivel mundial ya no es necesario mantener saldos
    en dólares para pagar las cuentas mensuales de American Express.
    En segundo lugar,
    cuando hay libertad cambiaria no es necesario mantener ahorros en el exterior
    para una eventual protección contra un riesgo cambiario. Con libertad cambiaria
    es posible utilizar el dinero en Colombia pues se sabe que en el momento que se
    requiera será posible mover el dinero hacia el exterior.

    Este impacto que ocurre
    una sola vez y que puede tener efectos nocivos cuando se da sen un ambiente de
    altas tasas de interés puede y debe ser controlado por la autoridad monetaria para
    evitar en lo posible los perjuicios que pueda causar. Se puede afirmar entonces
    que la libertad cambiaria no es mala en si, sino que más bien lo que es malo es
    no tomar las medidas que compensen los efectos nocivos que la acompañan.
  • Todo tiempo pasado no fue mejor

    El control de cambios
    nunca pudo contener el flujo de capitales hacia el exterior.
       
    Algunos críticos de la
    política económica del actual gobierno insisten en que esta ha sido un fracaso
    total y que por lo tanto debemos volver a lo existente hace quince años. Para
    estos analistas de la situación económica el ideal es volver a las épocas de
    una intervención excesiva del gobierno. Como nos pasa a muchos con el
    transcurso del tiempo nos acordamos únicamente de lo bueno y olvidamos los
    graves inconvenientes causados por esta excesiva intervención del gobierno.
    Los excesivos controles
    a la tenencia de divisas afortunadamente eliminados por el actual gobierno son
    un ejemplo claro de que todo tiempo pasado no fue mejor. El control de cambios
    que prohibía la tenencia de divisas y que consagraba el monopolio del manejo de
    la moneda extranjera en el Banco de la República realmente nunca funcionó. Los
    grandes grupos económicos y las multinacionales muy pronto encontraron la
    manera de evadir estos controles.
    Cuando fue atractivo
    desde el punto de vista económico comprar dólares los grandes intereses
    económicos encontraron la manera de hacerlo. Desde 1983 a 1985 la fuga de
    capitales en Colombia fue espectacular. Los controles instaurados fueron
    incapaces de contener el flujo de capitales hacia el exterior. El efecto real
    de medidas tan extremas como revisar a los viajeros que salían al exterior para
    ver si llevaban dólares no autorizados fue mínimo. La obligación de incluir en
    el pasaporte el monto de los dólares comprados durante el año no impidió que se
    llegará al borde de una crisis cambiaria en 1985.
    De la misma manera,
    cuando el diferencial de la tasa de interés incentivaba las inversiones en
    Colombia los dueños de las grandes fortunas trajeron sus dólares a Colombia. El
    boom de la construcción, la elevación de los precios de los inmuebles y la
    revaluación de la moneda no fue algo ocurrió por primera vez en este gobierno.
    La economía colombiana durante las administraciones López y Turbay sufrió del
    mal holandés a pesar de tener control de cambios. La existencia de los
    controles a la tenencia extranjera nunca fue realmente efectiva ni para evitar
    la fuga de capitales ni para impedir que el peso se revaluara ante la entrada
    masiva de capitales.
    Aunque los resultados
    para el país no son muy diferentes con o sin control de cambios, la situación
    para el común de la gente es muy distinta. El ciudadano común y corriente está
    mucho mejor ahora. Cuestiones tan sencillas como suscribirse a una revista
    extranjera, pedir un libro o un programa de computador se puede hacer sin mayor
    problema pues basta indicar el número de la tarjeta de crédito en la orden de
    pedido. En los viajes no es necesario comprar con varios días de anticipación
    los dólares o cheques viajeros sino que ahora si se puede pagar con las
    tarjetas de crédito expedidas en Colombia.

    El volver al antiguo
    sistema de cambios que proponen algunos de los críticos del gobierno no va
    impedir que los errores de política afecten la economía. Por el contrario, nos
    va a dar una falsa sensación de seguridad que a lo mejor lo que va a hacer es
    incitar a un mal manejo económico. 
  • Los mormones

    Normal
    0

    21

    false
    false
    false

    ES-CO
    X-NONE
    X-NONE

    MicrosoftInternetExplorer4

    /* Style Definitions */
    table.MsoNormalTable
    {mso-style-name:”Tabla normal”;
    mso-tstyle-rowband-size:0;
    mso-tstyle-colband-size:0;
    mso-style-noshow:yes;
    mso-style-priority:99;
    mso-style-qformat:yes;
    mso-style-parent:””;
    mso-padding-alt:0cm 5.4pt 0cm 5.4pt;
    mso-para-margin-top:0cm;
    mso-para-margin-right:0cm;
    mso-para-margin-bottom:10.0pt;
    mso-para-margin-left:0cm;
    line-height:115%;
    mso-pagination:widow-orphan;
    font-size:11.0pt;
    font-family:”Calibri”,”sans-serif”;
    mso-ascii-font-family:Calibri;
    mso-ascii-theme-font:minor-latin;
    mso-hansi-font-family:Calibri;
    mso-hansi-theme-font:minor-latin;}

    Hay conciencia de que
    las políticas del Ministro Cavallo han logrado quebrarle el espinazo a la
    inflación argentina. Desafortunadamente, la estabilización se ha logrado a
    niveles muy elevados de precios

     

    En días pasados tuve la
    oportunidad de viajar a Uruguay y Argentina. En los pocos días que estuve en
    Argentina me pude dar cuenta de que el problema de la inflación estaba bajo
    completo control. Hay conciencia de que las políticas del Ministro Cavallo han
    logrado quebrarle el espinazo a la inflación argentina. Infortunadamente, la
    estabilización se ha logrado a niveles muy elevados de precios.
    El turista muy pronto
    comprueba mediante la comparación entre artículos de uso común que Buenos Aires
    es mucho más caro que Bogotá. Un Cassette de música popular cuesta 13 o más
    dólares en Argentina mientras que en Colombia se puede conseguir por 7 dólares.
    El tradicional bife en un restaurante popular vale doce dólares mientras que en
    Bogotá se puede conseguir por menos de 5 dólares. Los vestidos tienen precios
    inalcanzables. Los libros tiene un precio dos o tres veces más alto que en
    Colombia.
    Teniendo en cuenta que
    todas las economías latinoamericanas están en plan de apertura le sorprende a
    uno encontrar tales diferencias de precios. Los costos de transporte y las
    barreras a la entrada hacen que no se eliminen las diferencias de precios. Si
    bien hay algunos libros colombianos en las librerías de Buenos Aires, estos
    tienen unos precios no fijados por el precio en Bogotá sino más bien por el
    precio en Buenos Aires. Los libros populares colombianos en Argentina tienen un
    precio fijado en comparación con los libros argentinos para evitar la competencia.
    Esto hace que los distribuidores que muchas veces son los mismos editores no
    estén dispuestos a competir con sus propios productos.
    Precisamente, esto hace
    que las políticas macroeconómicas deban ser complementadas por cambios
    importantes a nivel microeconómico. No solo es necesario abrir la economía sino
    que es necesario romper muchas de las barreras a la entrada de nuevos
    competidores. En días pasados el gobierno argentino sorprendió al público con
    unos cambios profundos en la regulación de la actividad económica.
    El tratamiento dado a
    esta noticia en las revistas argentinas muestran la forma como opera el equipo
    económico argentino. Allá el Ministro Cavallo realmente opera con un verdadero
    equipo en el que tiene una serie de colaboradores que la prensa argentina llama
    los mormones por su gran espíritu de sacrificio y trabajo y austeridad. La
    revista Somos los describe de la siguiente manera. “Casi nadie los conoce,
    pero su trabajo cambiará tarde o temprano la vida cotidiana de los argentinos.
    Obedecen a Cavallo ciegamente, y son los protagonistas de la verdadera historia
    del decreto de desregulación. La mayoría trabaja más de los normal y no asiste
    a fiestas. Son tenidos como incorruptibles y eficientísimos. No parecen buscar
    dinero, sino la gloria de figurar en los manuales de historia”.
    Sin lugar a dudas una
    de las razones para el éxito de la política económica es el poder contar con un
    equipo económico que ha venido trabajando conjuntamente en los últimos quince
    años. El problema de la poca competitividad externa argentina es sin lugar a
    dudas algo que debe ser resuelto para poder emprender una senda de alto
    crecimiento.
  • El retorno de las golondrinas

    La mejora en la
    rentabilidad medida en pesos ha logrado que algunas de las golondrinas que se
    habían refugiado en el exterior hayan vuelto a los balcones colombianos.
    Con ocasión del
    seminario sobre la iniciativa Bush para las Américas, se ha vuelto a mencionar
    el problema de la Deuda Externa colombiana. El control de la inflación había
    desplazado el tema de la deuda externa de las discusiones económicas. A fuerza
    de repetirnos que la situación colombiana era muy diferente a la de otros
    países altamente endeudados, los defensores de la política del manejo de la
    deuda externa colombiana habían logrado disminuir el interés por tan importante
    tema.
    La posición dogmática
    del gobierno anterior, había hecho perder oportunidades de realizar buenos
    negocios comprando deuda que se conseguía en el mercado con descuento. Además,
    había impedido renegociar mejores plazos para las deudas contraídas y
    reducciones de intereses, que otros países latinoamericanos como México,
    Ecuador y Venezuela si habían conseguido.
    Con la aprobación del
    crédito Hércules entre el bolsillo el Gobierno ha comenzado a discutir sobre la
    posibilidad de utilizar el aumento en las Reservas Internacionales para
    realizar compras de la deuda colombiana y para pagar anticipadamente algunos
    préstamos.
    Indudablemente, la
    mejora de la situación de endeudamiento externo que se logrará con el pago
    anticipado de algunas deudas permitirá en un futuro conseguir mejores
    condiciones de los préstamos, pues el riesgo del país habrá disminuido. Lo
    interesante de esta situación, es que los recursos para el pago anticipado de
    la deuda provienen en buena parte de colombianos que habían decidido buscar
    mejores climas de inversión. La mejora en la rentabilidad medida en pesos ha
    logrado que algunas de las golondrinas que se habían refugiado en el exterior
    hayan vuelto a los balcones colombianos.
    El gobierno, mediante
    las medidas de restricción monetaria, logró “convencer” a los que
    tenían dinero en el exterior para que lo trajeran y se lo dieran a cambio de
    billetes del Banco de la República.  Con
    la decisión de dedicar los dólares al pago de la deuda externa, el gobierno ha
    eliminado la necesidad de hacer una contracción de la base monetaria para
    contrarrestar los efectos inflacionarios de la compra de los dólares.
    Los dólares que han
    traído los colombianos se pueden o bien reexportar pagando deuda externa o
    monetizar, lo que tiene que venir acompañado de una emisión de títulos del
    Banco de la República, lo cual implica que el Banco tiene que pagar altas tasas
    de interés a los usuarios reduciendo de paso, el efecto contraccionista buscado
    por la emisión de los títulos.
    Por tanto, al hacer el
    pago anticipado de deuda externa, no solo se habrá evitado que el Banco de la
    República pague intereses en los títulos que emita, sino que además se va a
    obtener un efecto benéfico al mejorar la situación de endeudamiento externo.
    El manejo monetario y
    crediticio en que está empeñado el gobierno, se va a facilitar en la medida en
    que se hagan pagos anticipados de la deuda. Sin embargo, el ministro tendrá que
    tener sumo cuidado en que el peso no se revalue en el proceso, pues esta
    revaluación podría ser fatal para la política de apertura. Por otra parte, el
    dedicar el aumento de las reservas para pagar la deuda requiere que el capital
    golondrina haga su nido en Colombia.

    Por lo menos dos
    condiciones se deben dar para que esta entrada de capitales no sea flor de un
    día. En primer lugar, es necesario crear un clima de inversión productiva
    atractivo para los colombianos. Este capital financiero debe convertirse en
    aportes en empresas productivas. En segundo lugar, es necesario que la política
    de restricción en el crédito se mantenga por un tiempo considerable. Si la
    restricción monetaria no se mantiene, los inversionistas sacarán sus ahorros
    cuando surja cualquier problema.