Category: Consumo

  • Un padre vence a la pobreza; un hijo es reconocido como el mejor economista: la historia de Angus Deaton

    Un padre vence a la pobreza; un hijo es reconocido como el mejor economista: la historia de Angus Deaton

    Aprovechando que comienza la Semana Santa en Colombia
    y con la idea de tomar un respiro sobre el oscuro panorama que se vislumbra en
    la economía del país, me gustaría hacer una reflexión sobre uno de los temas
    que más me llama la atención año tras año. Este es la entrega del Premio en
    Ciencias Económicas en Honor de Alfred Nobel por parte del Banco Central de
    Suecia.
    En la más reciente edición de este galardón, el 12
    de octubre de 2015 el Banco Central de Suecia le concedió el Premio Nobel de
    Economía a Angus Deaton[1],
    profesor estadounidense-escocés vinculado a la Universidad de Princeton quien obtuvo
    un PhD en economía de la Universidad de Cambridge, por sus contribuciones destacadas
    en el “análisis del consumo, la pobreza y el bienestar.”[2]

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  • ¿Qué tanto debemos ahorrar?

    El ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino que debe
    verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo actual para
    poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.
    El tratamiento del ahorro y el consumo es uno de los temas más importantes dentro de la teoría económica moderna.  La conclusión más importante que nos ha dejado la discusión sobre este tema es que la mejor manera de comprender las decisiones de ahorro de una sociedad se deriva de las consideraciones que deben tomar las familias dentro de un horizonte de planeación de largo plazo.  La mayoría de las familias ahorra para poder gozar de un nivel de consumo adecuado en las épocas en que los jefes de familia se hayan retirado de la fuerza de trabajo.  De igual manera, las familias jóvenes tienden a endeudarse para poder comenzar a disfrutar la buena vida lo más antes posible.  El sistema financiero dentro de estos modelos llamados de ciclo vital se comporta como un intermediario entre las familias maduras que están ahorrando para la vejez, por una parte, y las familias que tienen necesidades de fondos para poder pagar unos gastos superiores a sus ingresos.  Dentro del tratamiento moderno las decisiones de ahorro de una sociedad están, pues íntimamente ligadas a las del consumo.
    Debe anotarse también que uno de los objetivos más importantes de
    política económica debe ser el poder dotar a la sociedad de magnificas
    oportunidades de consumo a todas las 
    familias.  Por tanto, lo importante es lograr un
    equilibrio entre los consumos a lo largo del ciclo de vida y lograr que las
    generaciones futuras puedan disponer de oportunidades similares o mejores que
    las de las generaciones actuales.  El
    Estado por lo general debe respetar las decisiones de las familias en cuanto a
    sus niveles de consumo a menos que se logre demostrar que las decisiones de las
    familias van en contra de las generaciones futuras.

    No sobra advertir que el consumo es una de las medidas importantes de bienestar
    de una población y que por lo tanto el gozar de unos altos niveles de consumo es
    uno de los objetivos claves de política. 
    Por tanto, el ahorro no puede considerarse como un fin en si mismo sino
    que debe verse como el resultado de una decisión de sacrificar el consumo
    actual para poder gozar de un mayor nivel de consumo en el futuro.  Más aún, si suponemos que las familias buscan
    lograr su mayor bienestar y si por alguna razón llegamos a la conclusión de que
    el nivel de ahorro no es socialmente adecuado la conclusión obvia es que hay
    algunas fallas del entorno que hacen que las decisiones que son óptimas desde
    el punto de vista particular no lo sean desde el punto de vista social.

    Teniendo en cuenta lo anterior, las discusiones recientes sobre los bajos
    niveles de ahorro de la economía colombiana deberían entenderse más bien como
    un deseo de cambiar las reglas de juego imperantes en el país para ser más
    atractivo el consumo en el futuro que el consumo presente.  El querer reducir la discusión a si los
    colombianos gastan ahora más de lo que gastaban antes de la apertura y de paso
    asignar toda la responsabilidad del bajo ahorro a las reformas económicas de la
    Administración anterior no es enteramente correcto. En primer lugar, debe
    anotarse que los altos niveles de consumo son en buena parte un fenómeno que
    ocurre una sola vez.  Los incrementos en
    el consumo deben interpretarse más bien como lo ocurrido cuando se cambia de
    una situación en que la demanda ha estado reprimida a una en la que la sociedad
    tiene disponibles todas sus opciones.  El
    incremento en los gastos en bienes durables ocurrido en Colombia es muy similar
    a lo vivido en los Estados Unidos al finalizar la segunda guerra mundial.  El regreso de los veteranos y la eliminación
    de las restricciones vigentes durante la guerra vinieron acompañados de
    elevados gastos en bienes durables que dieron un fuerte impulso a la economía
    norteamericana.

    En segundo lugar, el elevado gasto reciente de los hogares colombianos
    se ha disparado por una sobre valoración del peso y por las bajas tasas de
    interés que se utilizaron en un momento como instrumentos de
    estabilización.  En estas circunstancias,
    el elevado consumo de los colombianos más que un problema real era la consecuencia
    de un entorno económico inapropiado en el que existían serios desequilibrios
    macroeconómicos.  La falta de ahorro era
    pues la consecuencia de una política económica equivocada y por lo tanto la
    solución adecuada para obtener un mayor nivel de ahorro era eliminar las
    distorsiones existentes.  Afortunadamente
    y sin querer queriendo, los desequilibrios cambiarios y monetarios se han
    venido solucionando lo que indudablemente tendrá un efecto positivo en los
    niveles de ahorro de la economía colombiana.

    Si bien las dos principales causas de un gasto excesivo ya no están
    vigentes pues la transición hacia el nuevo régimen más abierto se ha dado y los
    desequilibrios cambiarios y monetarios se han reducido es necesario tomar
    medidas adicionales para que sea atractivo disminuir el consumo actual con el
    fin de aumentar el consumo futuro.  La
    elevación del IVA en dos puntos puede ayudar un poco pues como lo reconocen la
    mayoría de los economistas el cambio de un impuesto a la renta por un impuesto
    al consumo tiende a incentivar el ahorro. 
    La reforma pensional y la creación de un nuevo sistema de seguridad
    social también es una acción en la dirección correcta.  Finalmente, el aumentar la rentabilidad de
    las inversiones del común de la gente y la eliminación de los privilegios a los
    grandes conglomerados puede ser un elemento importante para aumentar para que
    el colombiano común y corriente consuma menos ahora con el fin de logra un
    mejor nivel de bienestar en el futuro.