Category: Cobros por congestión

  • El transporte en Bogotá

     La falta de cobro
    directo por las vías no solo obliga a sacrificar la inversión social sino que
    lleva a un exceso de demanda que se transforma en congestión y desorden.
    El martes y miércoles
    de la semana pasada se realizó en la Biblioteca Luis Angel Arango un seminario
    sobre el transporte en Bogotá. Aunque la intención de los organizadores era
    analizar dos estudios recientes sobre el tema, no se pudo cumplir con este
    objetivo debido a las demoras en la entrega del estudio sobre la línea
    prioritaria del Metro. El incumplimiento en la entrega del estudio y la pésima
    presentación realizada por Jaime Ortiz, uno de los funcionarios de la Consejería para Bogotá, fueron los lunares de un seminario que resultó muy interesante.
    El contraste entre una
    Administración Distrital seria y preocupada por encontrar la solución a los
    problemas de la ciudad y el representante del Gobierno Nacional fue tan notorio
    que puso a pensar a muchos de los asistentes si se justificaría la existencia
    de una Consejería para el Distrito. Esta burocracia inútil no solo representa
    una afrenta al proceso de descentralización sino que resulta en un pésimo
    ejemplo en épocas de crisis fiscal que han llevado al gobierno a decretar una
    emergencia económica.
    A pesar de las
    divergencias de opiniones entre los participantes se ha comenzado a llegar a
    algunas conclusiones que pueden ser de vital importancia para el diseño de una
    política de transporte. La primera de ellas se refiere a la importancia que
    tiene la estructura de la ciudad para determinar las necesidades de transporte.
    Los sabios consejos de los Profesores Owen y Currie recobraron vigencia. Las
    ciudades dentro de las ciudades, sin lugar a dudas, son la base para lograr una
    disminución de las necesidades de movilización. En la medida en que los nuevos
    desarrollos que se van a dar en las Localidades de Suba y Usaquén cuenten con
    fuentes de empleo y sean lo más autocontenidos posibles las necesidades de
    obras de infraestructura serán menores. Si nos dedicáramos a planear a Subaquén
    para atender a los más de dos millones y medio de habitantes que tendrá en el
    año 2.020, lograríamos una disminución radical en los casi 10 mil millones de
    dólares de inversión contemplada en el plan Maestro de Transporte y además
    lograríamos mejorar considerablemente el nivel de vida de los habitantes de
    este conglomerado urbano que sería la segunda ciudad más grande de Colombia en
    el año 2.020.
    El segundo punto en el
    que se logró un consenso fue el de comenzar a cobrar de una manera directa por
    el uso de las vías. La falta de cobro directo por las vías no solo obliga a
    sacrificar la inversión social sino que lleva a un exceso de demanda que se
    transforma en congestión y desorden. Como lo advirtió el Gerente del Banco de
    la República, los avances tecnológicos en el cobro de las vías han sido tan
    importantes que es muy probable que en muy poco tiempo y con toda seguridad
    antes del año 2.020 se pueda hacer el cobro mediante tarjetas inteligentes y
    sensores ubicados en las principales zonas congestionadas de la ciudad.
    La tecnología de cobro
    electrónico sería la cura milagrosa para remediar las distorsiones introducidas
    en el mercado por el alto costo de las transacciones. Con la adecuada
    tecnología será tan fácil cobrar por el uso de la red vial como es ahora
    posible cobrar por el uso de la red de telefonía celular. Las grandes urbes
    comenzarán a considerar a las grandes autopistas urbanas no como un barril sin
    fondo en donde van a parar todos los impuestos, sino como una fuente de
    recursos muy importante. Así como la instalación de medidores de agua es el
    mejor antídoto contra el despilfarro del agua, los sensores electrónicos
    permitirán ponerle freno al desperdicio del tiempo y del espacio público.
    Los expertos nacionales
    e internacionales estuvieron de acuerdo en la importancia de contar con
    instituciones fuertes que se dediquen a la planeación, regulación y control del
    sector. Los grandes problemas del transporte bogotano, para muchos de los
    participantes surgen de la debilidad institucional. Los encargados del sector
    muchas veces no tienen los conocimientos especializados porque las
    instituciones no tienen los recursos económicos que les permita contratar a los
    pocos especialistas sobre el tema del transporte. La falta de contraparte en
    los estudios, evidenciado de manera notable en el estudio de la línea
    prioritaria del Metro resultan en pésimos proyectos sin ninguna justificación
    seria que con seguridad van a terminar en sobrecostos considerables.

    Finalmente, del
    Seminario ha quedado claro que el Metro de Bogotá va a necesitar un subsidio
    para cubrir los costos de operación y que va tener un fuerte impacto sobre las
    finanzas de la ciudad. Aunque ninguno de los dos trabajos hace un verdadero
    análisis financiero los datos parecen mostrar que el pago del servicio de la
    deuda desborda la capacidad de pago de la ciudad y que causaría serios
    problemas sobre las finanzas del gobierno nacional si el Presidente cumpliera
    sus promesas electorales. Cuando casi todos los analistas se han podido poner
    de acuerdo en la necesidad de contar con un Metro, es triste pensar que el
    populismo haya llevado a una crisis fiscal en la que se ve muy difícil
    financiar la participación de la Nación en el Metro.
  • En el transporte el precio no es correcto

    El
    transporte es uno de los campos en donde el sistema de precios no cumple bien
    su función indicadora. Como generalmente, el precio que paga el usuario por los
    recursos utilizados es cercano a cero no es posible señalar mediante un precio
    alto el caso en el que hay insuficiencia de recursos, ni mediante un precio
    bajo el caso en el que hay abundancia de ellos. Más aún, en ocasiones no solo
    no se cobra por el uso de ciertos recursos, sino que se deja de cobrar por el
    perjuicio a que se somete la comunidad.


    La
    Congestión Urbana


    Un
    ejemplo puede aclarar el problema que se presenta en la asignación de recursos
    en el transporte. El conductor que entra en una vía urbana congestionada, no
    solo está utilizando el espacio vial sin tener que pagar, sino que no  paga por el perjuicio que le está
    infringiendo a los otros conductores que están compartiendo la vía y que tienen
    que disminuir su velocidad como consecuencia del ingreso de un nuevo vehículo
    en la vía. La carencia de señales de precios hace que las vías se utilicen más
    de la cuenta causando una mala asignación de recursos.
    La
    recomendación de un economista puro, o sea diseñar un sistema de precios, tiene
    claras desventajas de tipo político y solo ha sido aceptada en Singapur. En el
    resto de las ciudades, el problema de la congestión trata de resolverse por
    métodos indirectos. En ocasiones se adoptan una serie de medidas de ingeniería
    de tráfico. Por ejemplo, se da preferencia a la utilización del vehículo de transporte
    colectivo, limitando el uso del vehículo particular en ciertas areas de la
    ciudad y creando carriles exclusivos para buses. Este tipo de medidas, aunque
    un poco extremas, suelen mejorar las condiciones del tráfico en las zonas
    congestionadas de la ciudad. Dado la mayor eficiencia del transporte colectivo
    en el uso del espacio vial las preferencias a este medio contribuyen a una
    mejor asignación de recursos.


    El
    Impuesto a la Gasolina


    Una
    manera indirecta de restringir el uso del carro particular sugerida por algunos
    analistas, es el gravar un bien o 
    servicio complementario con su uso. Entre los bienes que han sido
    sugeridos más frecuentemente se encuentran algunos insumos como la gasolina y
    las llantas. Se ha pensado que si un aumento en el precio de la gasolina tiene
    como consecuencia un menor uso del vehículo particular, el gravar la gasolina
    puede no solo generar recursos para el fisco sino que además puede contribuir
    a  aliviar el problema de la congestión.

    Si
    el anterior razonamiento es válido, nos estaría indicando que otro precio  del transporte que no es correcto es el de la
    gasolina. El precio que paga actualmente el consumidor  de gasolina en Colombia es muy cercano al
    precio internacional de la gasolina y por lo tanto el impuesto que realmente
    está pagándose por galón de gasolina es muy bajo. Si consideramos el porcentaje
    fijado por la ley (alrededor de 120%) 
    como un indicador del posible impuesto, 
    y si tomamos como base el precio internacional del galón de gasolina,
    podemos establecer que el precio de venta al público puede estar muy cercano a
    los 200 pesos por galón.


    Si
    bien un aumento de esta magnitud (cercano a un dólar por galón) tendría
    consecuencias muy desfavorables desde el punto de vista social, indudablemente
    contribuiría de manera muy favorable a disminuir la congestión en nuestras
    ciudades. La disminución de la congestión ha sido notable en países como
    Uruguay y Paraguay, en donde el Fondo Monetario Internacional ha logrado
    convencer a las autoridades de dichos países para que adopten precios del
    combustible más realistas.  Además, el
    aumento en el precio de la gasolina a una cifra de tres dígitos sería una buena
    oportunidad para adoptar el sistema métrico decimal.  Al no poderse indicar en los surtidores  un precio unitario de tres dígitos  se puede cambiar la unidad por una menor. Se
    puede entonces optar la solución que adoptaron algunas estaciones de servicio
    en los Estados Unidos en el año 79, consistente en medir en litros. Así, en
    lugar de cobrar 198 pesos por galón se podría cobrar 53 pesos por litro.



    Las
    Tarifas de los Parqueaderos


    Las
    tarifas de los parqueaderos por lo general son fijadas sin buscar una mejor
    asignación de recursos y en consecuencia, muchas veces terminan siendo fijadas
    incorrectamente. Desde el punto de vista de la asignación óptima de recursos,
    la política adecuada de tarifas de estacionamiento debe tender a disminuir la
    congestión y por lo tanto debe fijar un precio alto en los períodos pico  y en las zonas donde exista congestión y uno
    muy bajo o cercano a cero en los períodos y zonas donde no la haya. Por lo
    tanto deberá cobrarse una tarifa alta en las zonas de los distritos comerciales
    y en los períodos pico. Al aumentar las 
    tarifas de estacionamiento en los períodos pico se tenderá a reducir la
    congestión en dichos períodos, desplazando demanda por viajes hacia vehículos
    de transporte colectivo que utilizan más eficientemente el espacio vial.

    Como
    se ha podido comprobar recientemente con ocasión del cambio de las tarifas de
    los parqueaderos de la capital del país, la política vigente produce un efecto
    contrario al deseado, pues la tarifa es más alta en las horas  de la noche y en los días festivos cuando la
    congestión  es relativamente baja. Por
    otra parte, las tarifas más bajas por hora corresponden a los usuarios por
    mensualidades que por lo general utilizan las vías en las horas de mayor
    congestión. Estos costos promedios menores están contribuyendo a aumentar la
    congestión en los distritos comerciales. Más aún, para aquellos conductores con
    contrato mensual que miran únicamente el costo incremental de un viaje, el
    efecto de la  tarifa es cercano a cero, pues
    una vez cancelada la mensualidad, cesa el incentivo de no utilizar el vehículo
    particular para el viaje al trabajo.


    Cambios
    en las Políticas de Precios


    Si
    bien el cambiar una política de precios en el transporte urbano presenta serias
    dificultades por cuanto los más afectados tienden a ser las familias de menores
    ingresos, cada día se vuelve más urgente. El nivel de motorización de las ciudades
    colombianas es tal que sin un uso más racional del espacio vial sería necesario
    emprender cuantiosas inversiones en infraestructura de transporte. La presencia
    de un nuevo equipo de trabajo en el Ministerio de Obras Públicas con amplia
    experiencia en el tema puede servir para comenzar a fijar políticas mas
    realistas en este campo. El actual Ministro viene de cumplir una magnífica
    labor en ECOPETROL y por lo tanto conoce muy bien los efectos benéficos de una
    política de precios de la gasolina que refleje el costo real del combustible.
    La Vice‑Ministra en su actividad profesional ha tenido la oportunidad de
    analizar el campo del transporte urbano y conoce muy bien la mayoría de los
    estudios sobre el tema.


    Si
    tenemos en cuenta que organismos como el Banco Mundial han sido pioneros en el
    campo de fijación de precios de transporte y que por lo tanto estarían muy
    interesados en colaborar con el gobierno en un proyecto que busque mejorar la
    utilización de la infraestructura existente, fácilmente podríamos concluir que
    este es un momento preciso para intentar un cambio en las políticas de precios.