Category: Charles Schultze

  • El guante de la mano invisible

    La intervención del gobierno en la regulación del mercado usualmente
    se ha realizado por medio de reglamentaciones orientadas a fijar condiciones
    que deben cumplir los productores de bienes y servicios. Dichas
    reglamentaciones se traducen en una serie de trámites que deben cumplir los
    administradores de las empresas y que, por lo general, contribuyen a encarecer
    el producto final y a distorsionar el buen uso de los recursos productivos. El
    caso colombiano es un buen ejemplo de un proceso en el que la buenas
    intenciones de los gobernantes, poco a poco, han sido anuladas por las
    distorsiones causadas por un exceso de reglamentaciones. Es tal el descontento
    de los colombianos con los resultados de las políticas de reglamentación de la
    actividad económica que, como ha sucedido en otros paises, estarán dispuestos a
    respaldar al candidato que ofrezca una tregua entre el regulador y el regulado.

    Cambios recientes en la regulación de la actividad económica.

    La tendencia moderna en la regulación de la actividad económica es
    tratar de intervenir de una manera indirecta sin fijar restricciones, cambiando
    el esquema de incentivos para que el productor ajuste sus decisiones en la
    dirección que sea más conveniente para la sociedad. Se reconoce que si los
    incentivos no cambian, el agente económico, productor o consumidor, va a buscar
    eludir los controles diseñados por el gobierno, utilizando todos los medios
    legales a su alcance. Más aún, y lo que es más grave para el propio sistema, en
    último caso puede decidir evadir los controles impuestos apelando a
    procedimientos por fuera de la ley.

    El cambio en el proceso de regulación ha sido ampliamente debatido en
    los países industrializados y ha contado con el apoyo de una gran mayoría de
    los economistas, sobrepasando muchas veces sus aficiones partidistas. Charles
    Schultze quien fuera el asesor económico del presidente Carter ha dado su apoyo
    a un cambio en el proceso de regulación. Según Schultze, el gobernante debe
    buscar “utilizar incentivos privados para obtener el bienestar
    público” y para ello debe intervenir el sistema de precios, más bien que a
    través de reglamentaciones sobre el mismo proceso productivo.

    200 años después de la Riqueza de las Naciones, los economistas han
    redescubierto un papel para la mano invisible. Cuando el esquema de incentivos
    es correcto, los productores y consumidores pueden, a través del mercado,
    reemplazar la mano invisible del regulador.

    ¿Quién da más?

    Algunos ejemplos de la utilización de los incentivos privados para
    lograr el bienestar de la comunidad, y que pueden ser adaptados al caso
    colombiano, tienen que ver con la asignación de recursos escasos por medio de
    licitación. Para nadie es un secreto que hoy en día hay una escasez de divisas
    y que, por lo tanto, el poseer licencias de importación es un activo que tiene
    un valor monetario muchas veces superior a otros más tangibles como el dinero
    en el banco. En la actualidad, el mayor precio pagado por los consumidores de
    los bienes extranjeros está llegando al importador, y en ocasiones, a funcionarios
    inescrupulosos encargados de tramitar las licencias de importación. Si se
    cambiara el sistema vigente por uno en el cual se subastaran las licencias de
    importación, no sólo se aumentarían los ingresos del fisco, sino que se
    mejoraría la asignación de recursos, pues quien mayor necesidad tuviera de
    bienes importados, ofrecería más por las divisas, logrando así una asignación
    de divisas a quien más las necesita.

    Otro caso en donde el proceso de licitación contribuiría a una mejor
    asignación de recursos es el de la televisión. En la situación actual, un
    espacio es asignado a la programadora que hace la “mejor” propuesta.
    Por este espacio la programadora debe cancelar un canon preestablecido. En un
    verdadero proceso de licitación, el proponente debe indicar hasta cuánto está
    dispuesto a pagar por el espacio que está licitando y la adjudicación se hace
    al proponente que ofrece más por el espacio. Una verdadera licitación no solo
    facilita el proceso de selección, sino que elimina los subsidios implícitos
    concedidos a programadoras favorecidas con espacios en tiempos cuyo potencial
    supera el canon de arrendamiento fijado.

    Un tercer ejemplo en donde un cambio en la regulación tendría efectos
    favorables se relaciona con la asignación de cupos a los vehículos de servicio
    público. Tradicionalmente, el cupo de buses, busetas y camiones ha sido fijado
    por las autoridades del transporte. Dadas las dificultades inherentes a las
    proyecciones del parque automotor, los cupos asignados muchas veces no
    coinciden con las necesidades reales del sector y, por lo tanto, han ocasionado
    algunos problemas. Algunas veces el cupo asignado ha sido inferior a las
    necesidades reales del sector, lo que ha dado lugar a inmoralidades en el
    proceso de adjudicación, mientras que en otras oportunidades, el número de
    cupos asignados ha sido superior a las necesidades, generando dificultades a
    los transportadores como consecuencia de un exceso de oferta. Si los cupos se
    asignaran mediante un proceso de licitación, indudablemente se lograría un equilibrio
    mayor entre oferta y demanda; si por otras razones, se juzgara necesario
    mantener unas restricciones en la oferta, los sobreprecios llegarían a las
    arcas del Estado y no se quedarían en las de los intermediarios.

    En circunstancias como las actuales, en donde hay un exceso de demanda
    por carros de servicio particular, un proceso de adjudicación de cupos, para
    ensamble o para importación, por medio de una licitación, contribuiría a
    mejorar la asignación de los recursos escasos del país.