Category: Certificados de cambio

  • La eliminación del certificado de cambio.

    La presente administración si bien ha buscado
    poner punto final a prácticas obsoletas, no deja de tener sus pecadillos
    manteniendo medidas más allá de lo necesario.
    No hay nada más peligroso que una medida
    transitoria cuya vigencia se prolonga más de lo estrictamente necesario. El
    apretón monetario de 1976 establecido para controlar la bonanza cafetera, al
    prolongarse más allá de lo debido dió origen a la crisis del sector financiero
    en el 82. La política de sustitución de importaciones justificada como una
    medida temporal para apoyar las industrias durante su infancia se convirtió en
    un esquema de seguridad social para industrias que nunca tuvieron viabilidad
    económica.
    La presente administración si bien ha buscado
    poner punto final a prácticas obsoletas, no deja de tener sus pecadillos
    manteniendo medidas más allá de lo necesario. La utilización del certificado de
    cambio como un método de control monetario es, en mi opinión, un claro ejemplo
    de un instrumento que completó su vida útil y que debe ser desmontado lo antes
    posible. La medida tomada en junio de 1991 de emitir certificados de cambio a
    tres meses y su ampliación a 12 meses hecha en octubre del mismo año, fueron
    bastante útiles pues le dieron a la autoridad monetaria un margen para tomar
    otras medidas que contrarrestaran los efectos negativos de la política
    macroeconómica vigente en ese momento.
    Es claro que la situación de hoy en día es muy
    diferente a la que existía cuando se tomo esta medida. En esa época, debido a
    las expectativas de una disminución del precio de las importaciones, éstas se
    encontraban estancadas, lo que unido a unas exportaciones dinámicas tenía como
    consecuencia un superávit comercial considerable. El atacar la enfermedad
    directamente mediante una revaluación acompañada de una congelación de recursos
    haciendo que los costos de la restricción monetaria cayera en los exportadores
    parecía razonable. 
    El superávit comercial ha desaparecido y el
    sector exportador se encuentra en dificultades. En estas circunstancias la
    única razón para mantener el uso del certificado es evitar el posible impacto
    de su desmonte brusco. El impacto en otros sectores como el cambiario o en la
    rentabilidad de las actividades bursátiles es menor y puede ser manejado
    fácilmente.
    Una manera de ir terminando gradualmente con
    los certificados de cambio es reducir su alcance, esto es, exonerar de la
    obligación de recibir certificados de cambio a algunos productores. Por ejemplo
    podría eliminarse el certificado de cambio para las exportaciones agrícolas
    buscando mejorar la rentabilidad del sufrido gremio agropecuario. Sin embargo,
    esto implicaría de hecho el uso de tasas de cambio diferenciales, práctica un
    tanto peligrosa y poco aceptable por los organismos internacionales como el FMI
    o el Banco Mundial que están siempre en contra de estos subsidios o impuestos
    implícitos inherentes en las tasas de cambio diferenciales.
    Parece mucho más lógico y transparente desde el
    punto de vista económico ir reduciendo gradualmente el período de maduración de
    los certificados de cambio. Esta disminución debería hacerse en varias etapas
    para evitar problemas en el manejo cambiario y monetario. El siguiente esquema
    podría servir de base para una eliminación gradual del tipo de cambio. El
    próximo primero de mayo el período de los certificados debería reducirse a once
    meses. A los dos meses, o sea el primero de julio de 1993, el período de los
    certificados se volvería a reducir otro mes. Este proceso de reducción, un mes
    cada dos meses se repetiría hasta que en enero de 1995 los certificados
    tuvieran una vigencia de solo un mes.
    El esquema propuesto permitiría una disminución
    gradual del saldo de certificados de cambio del nivel de 1.200 millones de
    dólares hasta su desaparición en febrero de 1995. La eliminación del
    certificado permitiría no solo aumentar el ritmo de devaluación sino que
    eliminaría una serie de distorsiones existentes.

  • Unos se desocupan y otros se llenan

    Ante el inminente
    llenado del embalse monetario para contener el flujo de divisas, es hora de
    comenzar a pensar en la forma en que se debe manejar el crecimiento de los
    medios de pago
    .
    Con la entrada del
    verano ha comenzado a disminuir el nivel de los embalses. Los periódicos, al
    lado de las cotizaciones de la bolsa, han venido presentando el estado de los
    embalses. El ciudadano ya sabe cuánto sube el dólar, cuánto sube o baja el
    Dow-Jones y como suben o bajan los niveles de los embalses.
    Mientras se desocupan
    los embalses del sistema eléctrico se ha comenzado a llenar peligrosamente el
    embalse que inauguró la Junta Directiva del Banco de la República el año
    pasado. En efecto, en octubre del año pasado, con el fin de contrarrestar el
    chorro de divisas que estaba llegando a Colombia, la Junta amplió el plazo de
    vencimiento de los certificados de cambio de 3 a 12 meses. Al ampliar el plazo,
    la Junta del Emisor efectivamente multiplicó por cuatro la capacidad de
    congelar el superávit externo por medio de este instrumento de control
    monetario.
    Como bien dice el
    refrán, no hay plazo que no se cumpla y ya está llegando el momento en que se
    acabe el impacto de contracción monetario. Al completarse un año de la
    ampliación del plazo de redención de los certificados, se comenzarán a redimir
    los certificados emitidos en octubre del año pasado. Los certificados que se
    emitan a partir de octubre ya no van a representar una congelación adicional de
    liquidez sino que van a reemplazar a los que van siendo redimidos.
    Ante el inminente
    llenado del embalse monetario para contener el flujo de divisas, es hora de
    comenzar a pensar en la forma en que se debe manejar el crecimiento de los
    medios de pago. La solución de volver a ampliar el plazo de los certificados no
    parece una posibilidad viable. El gobierno debe a toda costa mantener la poca
    credibilidad que le queda y no puede estar cambiando continuamente las reglas
    de juego de la economía.
    Frente a la pérdida de
    potencia del instrumento de certificados de cambio es conveniente revaluar su
    conveniencia misma. Es necesario entonces volver a hacer un análisis
    costo-beneficio de este instrumento. El beneficio, medido por su efectividad
    como instrumento de control monetario va a ser cada vez menor. Como ya se dijo,
    los beneficios del instrumento van a desaparecer en buena parte en octubre
    cuando se comiencen a redimir los certificados emitidos con plazo de un año.
    Los costos del instrumento para el fisco parecen ser mínimos, pues ni el fisco
    ni el Banco de la República tienen que pagar intereses por el préstamo que
    obtienen de los exportadores.
    Sien embargo, los
    costos reales de utilizar el certificado de cambio como instrumento de control
    monetario son cada vez más altos. El Banco de la República, de hecho, está
    concediendo un subsidio importante a los exportadores pues redime los
    certificados de cambio a la tasa oficial que es considerablemente superior a la
    tasa de cambio del mercado. Como muy bien lo han sostenido miembros de la Junta
    del Banco de la República, la cotización oficial está desapareciendo. Para lo
    único que se utiliza hoy en día la tasa oficial es para liquidar el valor de
    los certificados de cambio.
    La introducción de los
    certificados no solo ha venido acompañada de una revaluación sino que también
    ha dado lugar a un sistema de cambios múltiples. Las distorsiones en el mercado
    cambiario introducidas por este instrumento indudablemente van en contravía de
    la apertura. Los analistas extranjeros no logran entender como en un proceso de
    apertura comercial y cambiaria se apela a un 
    instrumento con tantos efectos nocivos para el manejo del sector
    externo.
    Teniendo en cuenta que
    los costos de los certificados van a ser muy superiores a los beneficios es
    necesario comenzar a pensar en instrumentos más neutrales y que estén más de
    acuerdo con el proceso de apertura.
  • Más de lo mismo

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    Las medidas de la Junta
    Directiva del Banco de la República son duras y van a tener efectos graves para
    el proceso de apertura de la economía. La temida recesión y el desmantelamiento
    de la industria parece que ahora si se van a dar.
                                              
    El lunes 28 de octubre
    se acabó la luna de miel que gozaron los miembros de la Junta Directiva del
    Banco de la República. Su decisión de revaluar emitiendo certificados de cambio
    a doce meses, ha levantado una gran polvareda. Los defensores de la política de
    apertura han criticado el duro golpe a los ingresos de los exportadores.
    Las medidas de la Junta
    del Banco en buena parte siguen una línea similar a la utilizada por este
    gobierno. En lugar de hacer una revaluación explícita se apela al descuento de
    los certificado para reducir el ingreso de los exportadores. En lugar de
    incentivar el ahorro de los colombianos se apela a un ahorro de carácter
    forzoso. Las medidas no atacan el verdadero problema sino que sirven para ganar
    un tiempo para hacer el necesario ajuste fiscal. Si la medicina es muy similar
    a la que nos habían estado suministrando la dosis es más fuerte.
    La necesidad de hacer
    ajustes en la tasa de cambio ha surgido de dos hechos básicos. En primer lugar,
    los medios de pago no han querido someterse al control de la autoridad
    monetaria. Las restricciones al crédito se han compensado con la entrada masiva
    de capitales. En segundo lugar, el necesario ajuste fiscal no se ha podido
    hacer por el continuo proceso electoral y la definición de la nueva
    constitución. En circunstancias en que no hay un control efectivo sobre los
    medios de pago ni hay ajuste fiscal, el único instrumento que le queda al
    gobierno es el manejo de la tasa de cambio.
    Esta realidad
    económica, tiene como consecuencia lógica que los agentes económicos comienzan
    a actuar para protegerse de la eventual revaluación. En estas circunstancias,
    la entrada de dólares no solo se explica por la mayor rentabilidad de los
    activos financieros en pesos, sino que también tiene que ver con las
    expectativas de revaluación. Cuando se espera que el dólar va a perder su valor
    todo el mundo quiere salir de él y pasarse al peso. La corrida del dólar hacia
    el peso, conocida técnicamente como la ley de Gresham, ha sido sin lugar a
    dudas una de las principales razones del ingreso de capitales a Colombia. La
    sobrefacturación de exportaciones, la subfacturación de importaciones, la
    agilización de los reintegros para exportaciones y la inercia de las
    importaciones son todas manifestaciones de esta corrida del dólar.
    El ignorar las
    autoridades económicas el alto componente especulativo de las entradas de
    capital ha tenido como consecuencia que el proceso se ha acelerado. Aumentar la
    tasa de devaluación cuando todo el mundo está esperando que el gobierno va a
    tener que revaluar es tratar de apagar un incendio con gasolina. Cerrar la
    brecha entre la rentabilidad externa y la interna con un ritmo de devaluación
    más acelerado es un buen ejercicio aritmético pero una pésima decisión
    económica.
    Las medidas de la Junta
    Directiva del Banco de la República son duras y van a tener efectos graves para
    el proceso de apertura de la economía. La temida recesión y el desmantelamiento
    de la industria parece que ahora si se van a dar. El vigor inusitado de la
    economía, que pudo aguantar diez meses de un proceso de ajuste sin llegar a una
    situación recesiva, no va a poder con la sobredosis recetada por la Junta del
    Banco de la República.