Category: Café

  • El canal de Panamá con aroma de café

    El canal de Panamá con aroma de café

    El 15 de agosto de este año (2014) se celebró el
    centenario de la entrada en funcionamiento del canal de Panamá
    [1].
    William McGreevey, profesor asociado de la Universidad de Georgetown, en su
    libro “Historia Económica de Colombia 1845-1930” resalta algunos efectos del canal
    de Panamá en el desarrollo de Colombia. Según este reconocido historiador, como
    consecuencia de la apertura del canal, los flujos relacionados con el comercio
    exterior, y en especial el de las exportaciones de café tomaron la ruta del
    Pacífico.
    El ferrocarril del Pacífico se convirtió en la
    empresa con ingresos brutos más altos de Colombia y el Puerto de Buenaventura
    se convirtió en el de mayor movimiento de Colombia. La participación de
    Buenaventura en el movimiento portuario se multiplicó por cinco entre 1918-1919
    y 1943-1947. En ese período el porcentaje de las exportaciones cafeteras que se
    movían a través de Buenaventura pasó de una cifra insignificante a un 60%  del total.

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  • El café toco fondo

    El problema con la aplicación de la fórmula de
    reajuste del precio interno del café surgió, como era de esperarse, cuando el
    precio internacional comenzó a bajar.
    Desde el momento en que
    fue nombrado el actual Ministro de Hacienda comenzó a plantear una solución
    para la determinación del precio interno del café. Haciendo gala de su gran
    habilidad para los números, el Doctor Perry se craneó una fórmula para evitar los
    problemas de las negociaciones habituales entre gobierno gremio para fijar el
    precio interno del café. Según las promesas hechas en ese momento, la fórmula
    evitaría los problemas en el futuro, pues el ajuste automático tendría en
    cuenta la evolución de los precios externos y de manera salomónica dividiría
    los aumentos de los precios internacionales ente el Fondo del Café y los
    cafeteros.
    Infortunadamente, la
    experiencia con el uso de la fórmula de ajuste ha mostrado que esta idea, no
    resultó como se esperaba. En efecto, los cafeteros respaldaron inicialmente la
    utilización de la fórmula de ajuste automático pues la puesta en marcha de la
    fórmula coincidió con una época de vacas gordas, lo que tuvo como consecuencia
    un aumento en el ingreso de los cafeteros a costa de un deterioro relativo de
    las finanzas del Fondo del Café. El problema con la aplicación de la fórmula
    surgió, como era de esperarse, cuando el precio internacional del café comenzó
    a bajar. Los cafeteros se resistieron a aceptar la baja de sus ingresos y el
    Ministro Perry comenzó a hacer ajustes matemáticos a la fórmula para que el
    precio se mantuviera en niveles aceptables para el gremio.
    La credibilidad de la
    política automática para el ajuste en el precio del café se perdió en el mismo momento
    en que el gobierno cedió a la presión del gremio por conservar su nivel de
    ingresos. De ahí en adelante el proceso de fijar el precio interno del café
    volvió a su estado natural, o sea un proceso de negociación entre el gobierno y
    el gremio cafetero.
    El fracaso del proceso
    ideado por el Doctor Perry debe dejarnos una serie de lecciones. La primera
    lección que hemos aprendido es que para ser buen economista no basta con ser
    hábil para las matemáticas. Una decisión tan importante como la fijación del
    precio interno del café es eminentemente política. El gremio cafetero aceptará
    con gusto que se le aumente sus ingresos en épocas de bonanza pero hará todo lo
    posible para mantener sus ingresos en épocas de crisis. Diseñar una fórmula que
    elimine la negociación en épocas de bonanza, de ninguna manera va a evitar que
    se apele al sagrado derecho al pataleo en épocas de crisis. Lo único que se
    logra con adoptar una fórmula es llegar a la época de vacas flacas con menores
    recursos para afrontar la destorcida del precio internacional del café.
    La segunda lección que
    nos deja esta amarga experiencia es que los esquemas de estabilización como el
    del Fondo del Café introducen comportamientos inadecuados. Todos los que
    tenemos ingresos fluctuantes hemos aprendido las sabias enseñanzas que le dio
    José al Faraón. Ahorrar en las épocas de vacas gordas para sobrevivir en las
    épocas de vacas flacas. Los cafeteros y en general, todos  a los que
    los obligan a ahorrar en épocas de bonanza tienden a gastarse su parte pues
    están seguros de que papá gobierno les ayudará en las épocas de crisis. Los
    fondos de estabilización, a la larga llevan a la privatización de las ganancias
    y a la socialización de las pérdidas y parten de la equivocada noción de que el
    Estado puede tomar mejores decisiones que el sector privado. Además, estos
    esquemas tienden a perpetuarse más allá de la época para la que fueron creados.
    Si el Fondo del café fue importante cuando dependíamos de este cultivo como
    fuente de divisas y cuando no existía un mercado de capitales ahora es menos
    justificable en una economía diversificada y en el que el sector financiero
    podría muy bien servir para invertir bien los excedentes en épocas de bonanza.
    La tercera lección que
    podemos sacar de esta experiencias que no se puede confiar demasiado en el
    excedente del sector descentralizado para financiar el gasto del gobierno
    central. Tal como lo mencionábamos en una columna anterior, el sector
    descentralizado se ha especializado en gastar y se las ingenia para consumir
    todos los recursos que le entran. La tremenda equivocación del Doctor Perry en
    el manejo del precio interno del café nos llevó más rápido a una situación
    insostenible e indudablemente hizo más urgente un ajuste fiscal. Lo más triste
    de estos es que el pobre contribuyente debe, ahora, asumir los costos de una
    reforma más severa para tapar el hueco dejado por una equivocación del Ministro
    de Hacienda.

    Finalmente, debemos
    aprender que el ceder en su deber de controlar el gasto público no vuelve al
    gobierno más popular ni aún entre los que se benefician de esta generosidad.
    Tal como lo muestran las protestas de los campesinos de los departamentos
    cafeteros, el gremio no quedó contento con lo que el gobierno les concedió.
  • Menú de alzas: Café y gasolina

    La
    reacción de la medida se puede explicar en parte porque el efecto del aumento
    en el precio interno es un poco opaco mientras que el del aumento en el precio
    de la gasolina es bastante transparente.
    En
    agosto el gobierno aprobó un incremento en el precio de la gasolina. El día 3
    de septiembre el gobierno aprobó un alza de 9.500 pesos en el precio interno
    del café. Para sorpresa de un observador imparcial estas dos alzas han causado
    reacciones muy diferentes en el público. El aumento del precio interno del café
    es un tema de especialistas que al común de la gente no le despierta interés.
    Más aún, los pocos colombianos que no forman parte de las 300.000 familias
    asociadas a la explotación de nuestro tradicional producto de exportación,
    tienden a mirar el aumento del precio interno del café como algo favorable. Sin
    duda, los industriales y comerciantes que sirven a la zona cafetera se
    benefician de cualquier aumento porque la demanda para sus productos y
    servicios aumenta.
    Por el
    contrario, el aumento en el precio de la gasolina es ampliamente comentado por
    todo el mundo y es objeto de protestas que en casos extremos degeneran en
    disturbios callejeros, quema de buses y saqueo de almacenes. Con la excepción
    de la esposa de un amigo –a quien no le preocupa el aumento, pues dice que lo
    único que no le afecta el presupuesto es la gasolina, porque siempre va a la
    bomba y le pone los mismos mil pesos de gasolina a su carro– todo el mundo se
    siente perjudicado por estos aumentos.
    La
    reacción de la medida se puede explicar en parte porque el efecto del aumento
    en el precio interno es un poco opaco mientras que el del aumento en el precio
    de la gasolina es bastante transparente. El aumento del precio del café no deja
    ver todos sus efectos pues algunos de estos se aislan del grueso público. Hasta
    hace muy poco, el precio del café para consumo interno se mantenía por debajo
    del nivel internacional y por lo tanto el consumidor no se veía afectado por la
    fijación del precio de compra. Sin embargo, hoy en día se ha eliminado el mal
    llamado subsidio al consumo interno y el precio al consumidor tiende a subir
    con el precio interno de compra. Nuestras amas de casa están pagando en el
    supermercado un precio de casi un dólar por libra.
    Por el
    contrario, el alza en el precio interno de la gasolina tiene un efecto
    percibido por todo el mundo. Por existir una indexación, de facto, en las
    tarifas del transporte colectivo, no solo los usuarios de los carros sino
    también los que montan en buses, busetas y colectivos sienten el impacto del
    precio de la gasolina. La gente sabe muy bien que los buenos deseos expresados
    por algunos alcaldes elegidos popularmente de no aumentar las tarifas no se
    pueden cumplir pues para poder prestar el servicio los transportadores deben
    obtener una ganancia. Los alcaldes de las ciudades pequeñas donde no hay
    transporte colectivo no desaprovechan la ocasión para ganar puntos con los
    periodistas y con sus electores anunciando que en sus jurisdicciones no se va a
    permitir el aumento de las tarifas. Finalmente, al aumentar el costo de
    transporte, el precio de los alimentos y de los otros bienes que componen la
    canasta familiar tiende a subir.
    La
    diferencia entre las dos alzas en el público, también se puede explicar por su
    impacto en los ingresos familiares. Los estudios realizados en Colombia
    muestran que el impuesto a la gasolina y las tarifas del transporte colectivo
    tienen un carácter regresivo. Esto quiere decir que los cambios en el precio de
    la gasolina y del transporte colectivo afectan más a los grupos de menores
    ingresos. Dada la amplia distribución de la propiedad cafetera el efecto del
    precio no se percibe como una dádiva a los grupos poderosos de Colombia.
    Los dos
    tipos de alzas son vistos por los Ministros de Hacienda de manera diferente.
    Por una parte, el alza en el precio del café afecta negativamente las finanzas
    del Fondo Nacional del Café y por lo tanto desde el punto de vista fiscal, todo
    peso concedido al caficultor tiende a aumentar el déficit fiscal. Por otra
    parte, el aumento del precio de la gasolina afecta positivamente las finanzas
    nacionales pues aumenta el impuesto a la gasolina y aumenta los ingresos de
    ECOPETROL. El aumento del precio interno hace que aumenten los recursos en
    poder del sector privado mientras que el aumento en el precio de la gasolina
    tiende a disminuir el poder de compra del sector privado. El Ministro Hommes al
    referirse al impacto negativo del aumento del precio de la gasolina se estaba
    refiriendo entonces, al efecto contraccionista del aumento del precio de la
    gasolina.

    Sin
    embargo, la discusión sobre las alzas ha ocultado un punto muy importante. El
    público debería estarse preguntando más bien si el precio de estos dos
    productos es el adecuado. El precio de la gasolina siendo sigue bajo en
    comparación con el precio de los otros países y el precio interno del café
    sigue siendo alto comparado con el de otros países cafeteros. Tarde o temprano
    el gobierno deberá tomar las medidas necesarias para ajustar el precio de estos
    dos productos a sus niveles internacionales.