Category: Apertura económica

  • Algunos misterios de la apertura económica

    Todavía no es claro es si el éxito de la apertura se
    logró por la aceleración notable en la inversión o si se dio por mejoras
    significativas en la productividad.
    A pesar de la importancia
    del tema, la apertura económica colombiana no ha sido objeto de un análisis
    serio y profundo que permita sacar lecciones claras sobre tan importante
    proceso.  La revisión de los ocurrido en
    los últimos seis años permite comenzar a dilucidar algunos de los interrogantes
    que se discutieron al comienzo del proceso. 
    La experiencia colombiana ha mostrado que es más recomendable una
    apertura rápida y amplia.  En primer
    lugar, no solo el demorar la apertura hace que los enemigos de ella tengan tiempo
    para sabotearla sino que además muchas veces inhibe las respuestas
    adecuadas.  Como se recuerda, la apertura
    económica estuvo a punto de fracasar por quererla hacer muy despacio.  Las importaciones se estancaron notablemente
    en espera de una baja adicional de los aranceles y en una mayor revaluación del
    peso.  Solamente cuando se decidió
    acelerar el proceso de apertura y cuando se adoptó una política de bajas tasas
    de interés se logró consolidar el proceso de apertura económica.
    En segundo lugar, no es fácil
    realizar predicciones de quien va a ganar o perder en un proceso de apertura
    pues el resultado final depende de muchos factores que no son fáciles de
    predecir a priori.  El éxito o el fracaso
    de una rama industrial en un proceso de apertura depende de la adopción de
    políticas novedosas y de la reacción que tengan posibles competidores
    externos.  Los reales factores claves del
    éxito de una empresa son muy difíciles de prever y hasta los mejor informados
    pueden equivocarse.  Nadie en Colombia
    pensaba que las ensambladores de vehículos, que habían gozado de enormes
    niveles de protección, podrían sobrevivir una apertura tan extrema como la que
    se planeaba.  Sin embargo, la realidad ha
    mostrado que el sector automotor logró un crecimiento espectacular en el
    periodo pos apertura y que las ensambladores que lograron adaptarse mejor
    subieron más sus ventas.
    En resumen puede decirse
    que el éxito de la apertura se debió en buena parte a su rapidez y amplitud. Lo
    que no queda claro es si el éxito de la apertura se logró por la aceleración
    notable en la inversión lo que llevó a contar con mejores equipos e
    instalaciones o si se dio por mejoras significativas en la productividad.  Es claro que las rebajas arancelarias de los
    bienes de capital, las bajas tasas de interés real y la revaluación del peso
    dispararon la demanda de inversión de los industriales.  Las cifras de importaciones de bienes de
    capital, y en general las de la inversión industrial muestran un notable
    crecimiento en los años posteriores a la apertura económica.  Por otra parte los estudios de los casos
    exitosos son más consistentes con incrementos importantes en la productividad
    total de los factores logrados como consecuencia de cambios en la mezcla de
    productos y la especialización en las líneas más rentables.
    Los primeros intentos
    hechos por el DNP y FEDESARROLLO para medir la contribución del aumento de la
    productividad total de los factores en el crecimiento de la industria
    manufacturera parecen asignar todo el crecimiento de la producción industrial a
    la formación de capital, dejando por fuera la importante contribución del
    incremento de la productividad.
    Al revisar las cifras y la
    metodología empleada comienzan a surgir algunas posibles soluciones a este
    enigma.  Lo primero que queda claro es
    que las mediciones del acervo de capital son en extremo inciertas.  En primer lugar, la inversión no es llevada
    por ramas de actividad económica sino por sectores institucionales y por lo
    tanto el cálculo tanto de la inversión como del acervo de capital para la
    industria manufacturera puede resultar poco preciso.  Más aún, la manera como se mide el acervo de
    capital no es la adecuada para calculo de productividad.  Pero lo más grave es que la tasa de
    depreciación económica del capital no se conoce y por lo general se estima a
    partir de vidas útiles de los bienes que no siempre corresponden a lo que es
    acertado desde el punto de vista teórico.
    Pero si esto no fuera
    suficiente para despertar serias dudas sobre los estimativos de los
    investigadores del DNP y FEDESARROLLO, bastaría hacer la observación de que el
    proceso mismo de apertura tiene que haber influido en el acervo de capital de
    la industria.  En primer lugar, al
    disminuir los aranceles y abrirse la economía una parte de los equipos
    productivos de las industrias se vuelven obsoletos y tienen que darse de
    baja.  La apertura causa pues una
    disminución abrupta del acervo de capital que no es considerada en ninguno de
    los dos estudios mencionados.  En
    consecuencia el acervo de capital y por tanto su contribución al crecimiento
    del producto están sobrestimados.
    Adicionalmente, después de
    la apertura es de esperar que la depreciación del capital sea más rápida que
    antes de la apertura y por lo tanto no debería ser lógico calcular el acervo de
    capital con la misma tasa de depreciación antes y después de la apertura.  Los dos estudios al calcular el acervo de
    capital con la misma tasa antes y después de la apertura tienden a sobrestimar
    el crecimiento del acervo de capital y por lo tanto a subestimar la contribución
    de la productividad total de los factores.
    Con el debido respeto que
    merecen los investigadores de tan importantes entidades es conveniente anotar
    que el país necesita un esfuerzo mayor para lograr establecer una respuesta
    precisa a la pregunta clave del desarrollo. 
    ¿Qué tanto se explica por el crecimiento de los factores y qué tanto se
    explica por el crecimiento de la productividad.

  • El ahorro y la apertura

    El análisis de lo ocurrido en los Estados Unidos al terminar la segunda guerra mundial puede ayudar a explicar la disminución del ahorro ocurrida en Colombia después de la apertura.
    Uno de los principales problemas de la economía colombiana es la insuficiencia del ahorro privado que ha ocasionado un incremento considerable del endeudamiento externo del sector privado. Los analistas han tratado de encontrar las causas de la disminución significativa del ahorro privado y muchos de ellos se han declarado incapaces de encontrar una explicación satisfactoria.

    Con el fin de dar un poco de luz que pueda aclarar este enigma, es conveniente mirar algunos casos en los que se presentó un fenómeno similar. A nivel mundial es famoso lo ocurrido en los Estados Unidos al finalizar la segunda guerra mundial. Como lo enseñan los libros de texto, una vez finalizada la segunda guerra mundial, los Estados Unidos tuvieron un notable auge económico en el que el consumo se disparó de manera notable. Los veteranos no solo volvieron a las universidades en forma masiva, sino que gastaron sus ahorros en los automóviles y viviendas que no habían estado disponibles por mucho tiempo. El aumento de la demanda unido a una recomposición de la oferta de bienes y servicios llevaron a la economía a un período de prosperidad basado en una explosión del consumo de bienes durables.

    Para explicar este gran aumento del consumo los investigadores económicos norteamericanos ponen de presente que es necesario distinguir entre las compras de bienes durables y el resto de los bienes. La compra de los bienes de consumo durable debe ser considerado como una inversión de los hogares y por lo tanto sus determinantes tienen que ver con condiciones de más largo plazo. El costo relativo de los bienes durables, las condiciones financieras como la disponibilidad y el costo del crédito, las expectativas económicas tienen que ver con la decisión de si se compra el automóvil hoy o si se espera hasta el año entrante para reemplazarlo.

    Al igual que ocurre con la inversión de las empresas, la compra de los bienes durables depende del acervo existente en los hogares. Las familias con fortunas establecidas desde hace tiempo nunca son tan buenos clientes como los nuevos ricos que buscan comprar en muy poco tiempo lo que sus contrapartes han tenido por generaciones. La pobre dotación inicial de los hogares americanos al final de la segunda guerra mundial, debida al desplazamiento de la producción de armamentos, es una de las explicaciones mas plausibles de la bonanza de consumo ocurrida en los Estados Unidos. 

    A la luz de las observaciones anteriores las explicaciones de la bonanza del consumo ocurrida después de la apertura parecen bastante claras. En primer lugar, el modelo de substitución de importaciones dejó al país con un deseo insatisfecho de bienes durables. Las dotaciones de bienes durables de los hogares colombianos eran muy inferiores a las asociadas con su nivel de ingreso. El boom del consumo se explica entonces en buena parte por el paso de una economía  de guerra a una economía normal. Se puede decir entonces que el consumo después de la apertura no debe ser considerado como anormalmente alto sino más bien que el consumo antes de la apertura era anormalmente bajo. Más aún, el fenómeno del auge del consumo se controla a sí mismo pues es de carácter temporal. Los hogares una vez que lleguen a su nivel deseado de existencias dejan de comprar bienes durables y vuelven a contar con excedentes para invertir en  los negocios.

    En segundo lugar, el cambio en el entorno económico ocasionado por las aperturas influyó de manera positiva en el consumo de bienes durables. La disminución de aranceles, la revaluación de la moneda, el aumento en la liquidez ocasionada por la reforma cambiaria y financiera y la amnistía tributaria que incentivo la traída de dólares, así como el pago de indemnizaciones a los trabajadores impulsan de manera importante la compra de bienes durables. Al igual que lo analizado anteriormente, el impacto favorable del entorno económico originado en la apertura  ocurre por una sola vez. Los aranceles no pueden seguir bajando permanentemente, como tampoco la moneda puede seguir revaluándose todos los días. Los que trajeron sus ahorros del exterior no pueden volverlos a traer. 

    Sin querer decir que esta es la explicación del enigma que ha mantenido desvelados a destacados  investigadores, si se puede decir que el problema tiende a resolverse por si solo, pues lo que hemos observado en estos años Post-apertura es el desplazamiento de la economía a una nueva posición de equilibrio. Durante este período de transición el consumo de bienes durables ha sido  uno de los principales estimulantes de la economía que ha tenido que pagarse con una disminución temporal del ahorro de la economía. 

    El tratar de solucionar tardía e innecesariamente el problema del sobreconsumo puede ser peor que la enfermedad. Cuando la finca raíz estaba viviendo una crisis y cuando el sector de bienes durables había llegado a su máximo resulta incoherente dar  como argumento para un aumento de impuestos al consumo, la necesidad de ahorrar más. Como todo el mundo sabe dada la incertidumbre política el problema actual no es de gasto excesivo sino, por el contrario, de insuficiencia de demanda. 

    Esperamos que ahora que se ha vuelto a mencionar al Doctor Perry como causante del apagón por su teoría del sobredimensionamiento, no entremos en un apagón económico por su nueva teoría del sobreconsumo y su receta de aumentar cuatro puntos al IVA.
  • ¿Quo Vadis Ernesto?

    Es necesario adoptar
    una línea clara en materia de política económica.
    La nueva administración
    al completar sus primeros cincuenta días está tratando de comenzar a
    diferenciarse de su predecesora. No solo ha hecho modificaciones al presupuesto
    general de la nación buscando orientarlo hacia sus programas banderas sino que
    también ha comenzado a dar reversa en muchas de las medidas adoptadas en el
    gobierno Gaviria.
    El cambio hasta ahora
    se ha apreciado más a nivel de los medios de comunicación que en la realidad.
    En los noticieros oficialistas de las nueve y media de la noche y en los
    periódicos liberales de Bogotá aparecen mensajes aparentemente inspirados por
    la nueva administración en que se insinúa la posibilidad de cambios en la
    dirección de la política.
    Por ejemplo, se
    aprovecha la celebración de los cincuenta años de la ANDI para destacar, muy
    merecidamente, a sus directivas y para mandar el mensaje de que el proceso de
    apertura ha ido muy lejos. Cuando el público comienza a sospechar que estos
    mensajes están indicando un reversazo se encuentra con artículos de destacados
    Ex-Ministros que claman por una continuidad de las políticas seguidas por la
    administración anterior.
    Aspectos tan
    importantes como la autonomía del Banco de la República aparecen como temas de
    debate. A menos de tres años de haber establecido la nueva estructura del Banco
    Emisor se comienza a cuestionar la conveniencia de la reforma originada en la
    nueva Constitución. La posición del gobierno no es nada clara pues a veces
    pareciera que busca propiciar la reforma para volver a “lo mismo  que antes”, mientras que en otras ocasiones
    el Ministro de Hacienda aparece muy sonriente con los restantes miembros de la
    Junta dando la impresión de una armoniosa relación.
    La relación entre
    Bogotá y el gobierno nacional tampoco es clara. Los diarios liberales y los
    noticieros de la televisión nos muestran los problemas originados por la
    elección popular de Alcaldes con el mensaje subliminal de que sería mejor
    volver a la siutación anterior en los que los Alcaldes de las principales
    ciudades eran nombrados por el mismo Presidente de la República. La nueva
    administración, tal vez añorando esa época nos sorprende con el nombramiento de
    una destacada ex-alcalde de la capital como consejera especial para Bogotá. El
    papel de la consejería no queda muy claro a pesar de las precisiones hechas en
    diferentes foros por la distinguida funcionaria quien destaca su papel como un
    canal de comunicación entre la administración nacional y el Alcalde
    seleccionado por voluntad popular.

    Esta ambigüedad en la
    línea del gobierno no es buena para la economía. No es conveniente que
    comiencen a circular en los cocteles los chistes sobre si el Presidente Samper
    ya se posesionó. Se necesita que la Administración adopte una línea clara y que
    nos diga hasta que punto se va a cambiar el ritmo de las reformas emprendidas
    por el gobierno anterior. Sería mucho mejor saber lo que se quiere hacer, que
    estar en la duda de si vamos a continuar con las reformas o si lo que se
    pretende es volver a las épocas tan añoradas por los habitantes de Jurassic
    Park.
  • La apertura y la reconversión espacial

    Parece asombroso es que
    el impacto regional de la apertura, que puede ser tan importante como el impacto
    sectorial, no haya sido motivo de discusión.
    Los economistas
    interesados en el proceso de la apertura se han preocupado por los efectos que
    el cambio en el modelo de desarrollo pueda tener en la estructura industrial
    colombiana. Desde aún antes de la puesta en vigencia del proceso de apertura la
    reconversión industrial fue objeto de amplias discusiones. Para muchos de los
    analistas era necesario primero hacer el proceso de reconversión industrial aún
    antes de iniciar la apertura comercial. Según estos economistas el proceso
    podría ser tan salvaje que no quedaría ni el menor rastro de lo que habíamos
    logrado con tanto esfuerzo.
    Por su parte, los
    proponentes de un proceso rápido de apertura pensaban que si se buscaba primero
    fortalecer la industria para que pudiera competir era muy probable que continuáramos
    con el excesivo proteccionismo pues los industriales no dedicarían sus energías
    a adaptarse a la nueva situación sino que más bien encaminarían sus esfuerzos a
    oponerse al proceso, logrando de paso frenar cualquier posibilidad de cambio.
    Los hechos parecen
    mostrar que el hacer la apertura antes de la reconversión fue una buena idea.
    Los efectos benéficos de esta medida han logrado convencer a los consumidores
    de las ventajas de un modelo de desarrollo orientado hacia afuera y hoy en día
    son una de las principales fuerzas en contra de un regreso a épocas anteriores.
    Lo que parece asombroso
    es que el impacto regional de la apertura, que puede ser tan importante como el
    impacto sectorial, no haya sido motivo de discusión. Por ejemplo, nunca se discutió
    si antes de hacer la apertura se deberían hacer las obras necesarias para que
    una determinada región pudiera competir en un mercado más abierto. La dotación
    de infraestructura para que las regiones se integraran a la economía
    internacional siguió su curso normal. Lo único que se hizo fue cambiar el
    nombre del programa vial. Lo que en una época se llamó el Plan de Integración
    Nacional se transformó en el Plan Vial de la Apertura. Como lo puede comprobar
    cualquier persona que tenga la curiosidad de mirar los mapas correspondientes a
    los dos planes, los proyectos incluidos en ellos son básicamente los mismos.
    Por no ser de mucho
    interés, el impacto espacial de la apertura no ha sido objeto de medición. El
    muy meritorio esfuerzo de medir el impacto de la apertura en la industria
    encomendado a la Unidad de Monitoreo del Ministerio de Desarrollo no ha tenido
    su contraparte en el ámbito espacial. Afortunadamente, y como diría el Chavo
    sin querer queriendo, la información del último Censo con todo y sus limitaciones
    nos está dando una idea de las consecuencias espaciales de la apertura.
    Si las cifras del Censo
    son correctas nos estaría mostrando que ciudades como Bogotá y Cúcuta que
    tuvieron crecimientos muy por encima de lo esperado han tenido impactos favorables
    del proceso de apertura. La hipótesis de una importante reconversión espacial
    generada por el proceso de apertura se convierte en un tema de indudable
    interés.
    De ser cierto que el
    alto crecimiento de Bogotá se debe a que la apertura le ha favorecido sería un
    evento tan difícil de predecir como el del favorable impacto de la apertura en
    el sector automotor. Todos los analistas y aún los interesados en el sector
    automotor creyeron que la apertura iba a acabar con nuestras ensambladoras.
    Inclusive los franceses que le compraron su parte al IFI buscaron en un momento
    que el gobierno les compensara por el cambio en la política.
    El tema de la
    reconversión espacial puede resultar tan fascinante como el de la reconversión
    industrial para aquellos interesados en entender un poco más sobre las
    interrelaciones entre la localización de la actividad industrial y las
    políticas de comercio exterior me permito recomendarles el libro Geografía y
    Comercio Internacional del Profesor Krugman en donde explora las consecuencias
    de las nuevas teorías del Comercio Internacional en la localización de la
    actividad económica.
  • Apertura y Competencia


    Es posible observar
    algunos hechos que muestran que en realidad la apertura está logrando un mayor
    grado de competencia.

     

    Cuando se discutió la
    conveniencia de la apertura económica se argumentó que uno de sus principales
    efectos sería un aumento de la competencia, lo que redundaría en beneficio de
    los consumidores. Al abrir nuestras fronteras los productores de bienes y
    servicios se verían enfrentados a un aumento de la competencia ante lo cual
    tendrían que reducir sus costos y en general prestar un mejor servicio a sus
    clientes.

     

    Aunque no existen
    estudios detallados del efecto de la apertura sobre la competencia, es posible
    observar algunos hechos que muestran que en realidad la apertura está logrando
    un mayor grado de competencia. El caso más claro, tal vez es el del sector
    automotor. La alta concentración que caracterizaba este mercado antes de la
    apertura ha venido disminuyendo notoriamente. La participación de las tres
    ensambladoras colombianas se ha reducido 
    desde el momento mismo en que se abrieron las importaciones. Los
    segmentos alto y bajo del mercado automotor han experimentado probablemente los
    mayores cambios. Hoy en día existen varias opciones para los que están
    interesados en carros económicos y en los carros de lujo.

     

    Contrario a lo que
    muchos pensaban esta mayor competencia no ha implicado una derrota para el
    productor colombiano. En efecto, las ensambladoras han tenido dos años
    realmente buenos. En este momento sus ventas están muy por encima de los
    niveles que tenían antes de iniciarse el proceso de apertura.

     

    El sector financiero
    también se ha visto enfrentado a una mayor competencia. Los consumidores están
    recibiendo servicios cada vez mejores. Hoy en día es posible realizar gran
    parte de las transacciones sin tener que ir a la sucursal donde uno tiene su
    cuenta. La nueva tecnología le permite al usuario consultar su saldo desde su
    casa u oficina a cualquier hora del día o de la noche. Las transferencias entre
    las cuentas se pueden hacer por teléfono y hasta se puede solicitar que le
    lleven una chequera a la oficina o a la casa. La red de cajeros electrónicos se
    ha extendido por toda la ciudad. La posibilidad de retirar dinero a cualquier
    hora se facilita enormemente con este crecimiento de la red de distribución de
    servicios bancarios.

     

    La apertura también ha
    contribuido a la competencia en el campo del periodismo económico. El deseo de
    prever el impacto de todo este revolcón institucional ha dado lugar a un
    crecimiento espectacular de las publicaciones económicas. Los periódicos han
    incrementado su cubrimiento de este importante campo y han surgido nuevas
    publicaciones especializadas. El número de columnistas y comentaristas en los
    temas económicos aumenta cada día.

     

    La competencia en el
    campo de la información no solo se ha concentrado en el periodismo económico
    sino que también se está dando en el de las revistas. El cuasi monopolio de
    Semana se ha venido reduciendo con la aparición de otras opciones como
    Cambio 16, la nueva Cromos y otras menos conocidas.

     

    Este crecimiento de la
    competencia si bien ha sido favorable para el consumidor está lejos de una
    situación ideal. Las principales industrias siguen siendo altamente concentradas
    y algunos productores públicos o privados continúan abusando de su poder
    monopólico. Las barreras a la entrada en los principales sectores siguen siendo
    altas. Las nuevas oportunidades en los sectores de avanzada se restringen
    artificialmente a los grupos económicos más poderosos. La apertura comercial y
    financiera requieren cada vez más de una verdadera apertura a la competencia.

  • Juego Perfecto

    Una mirada más cercana
    a los hechos nos siembra serias dudas de que en la actualidad se haya cumplido
    con el objetivo de mantener la competitividad externa.
    En la semana anterior
    se reunió la XV Asamblea Anual de la Asociación Nacional de Instituciones
    Financieras ANIF. Este importante certamen fue inaugurado por el Ministro de
    Desarrollo y clausurado por el Ministro de Hacienda con una cita del
    Evangelista  San Lucas. Además de los
    discursos se presentaron importantes conferencias en las que se trataron temas
    de reconocida actualidad.
    El tono general de la
    Asamblea fue bastante positivo. Algo apenas natural en un sector al que le ha
    ido bastante bien en épocas recientes. Las ganancias del sector financiero han
    sido bastante buenas, por lo que aquí se cumple el famoso dicho de que cada
    cual habla de la feria como le fue en ella.
    El equipo económico del
    gobierno por su parte se mostró muy orgulloso de su actuación reciente. La
    recordada encargada de los tintos diría que pareciera que hubieran lanzado un
    juego perfecto, es decir uno en el cual el equipo contrario no logró conectar
    ni un hit y en el que no se cometió un solo error.
    De acuerdo con la
    presentación de un destacado miembro de la Junta Directiva del Banco de la
    República, la autoridad monetaria se había fijado tres objetivos de política
    económica durante su primer año de labores. En primer lugar, buscó mantener la
    tasa de cambio real en su nivel de equilibrio. En segundo lugar, buscó mantener
    una tasa de interés de equilibrio y finalmente, intentó mantener un crecimiento
    de los medios de pago que no agravara la situación inflacionaria.
    El Doctor Miguel
    Urrutia en su exposición citó cifras que mostraban que el índice de la tasa de
    cambio real se había mantenido en un nivel muy similar al alcanzado en 1986.
    Como lo recalcó el conferencista, para muchos en ese año la situación cambiaria
    estuvo muy cercana al equilibrio y por lo tanto la primera meta de la autoridad
    monetaria se pudo cumplir exitósamente.
    Si bien las cifras
    presentadas por el ilustre economista parecen respaldar el argumento, una
    mirada más cercana a los hechos nos siembra serias dudas de que en la
    actualidad se haya cumplido con el objetivo de mantener la competitividad
    externa. En efecto, no hay que olvidar que en los últimos meses las
    importaciones han reaccionado violentamente lo cual nos está indicando que la
    tasa de cambio no está brindando la protección adecuada a la producción nacional.
    Las cifras de exportaciones muestran una falta de dinamismo que confirma la
    pérdida de competitividad de la economía colombiana.
    Esta realidad lo que
    nos está diciendo es que el índice de la tasa de cambio real no es el indicador
    adecuado para medir la competitividad de una economía en una época de apertura.
    Este índice presupone que las condiciones de protección de la economía
    diferentes a la tasa de cambio permanecen constantes durante el período
    considerado, cosa que no ocurre cuando se da la apertura. La experiencia de las
    aperturas exitosas nos ha enseñado que para que este proceso logre tener éxito
    es necesario que el índice de la tasa de cambio real aumente por encima del
    nivel existente antes del inicio del proceso de apertura.

    Sin negar que para el
    Banco de la República no ha sido fácil el mantener el índice de la tasa de
    cambio real en los niveles vigentes en el año 86, la realidad es que considerar
    que ese es el nivel correcto presenta una seria amenaza para el mismo proceso
    de la apertura.

  • El año perdido

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    Si los años ochenta
    fueron para Latino América la década perdida, para Colombia, el 1991 puede
    pasar a la historia como el año perdido.

    Si don Rip Van Winkle
    viviera en Colombia y si en lugar de haber tenido su sueño de veinte años, se
    hubiera echado su motosito de un año, al despertarse ni se habría dado cuenta
    de que había pasado todo el 91. En efecto, al levantarse y leer los periódicos
    encontraría que las autoridades económicas estarían hablando del mismo
    veintidós porciento y, que los analistas estarían vaticinando  que no se cumplirían las metas del gobierno y
    que la inflación superaría el veinticinco por ciento.
    En el frente fiscal
    seguimos lo mismo que antes. El gobierno nos sigue prometiendo que este año si
    va a ser el del verdadero ajuste. El Presidente, ha reiterado que las tarifas
    de servicios públicos deben ajustarse por encima de la inflación para poder
    contar con los recursos necesarios para financiar su expansión. La
    privatización de TELECOM y las otras empresas del sector de las
    telecomunicaciones, sigue siendo motivo de anuncios sin que el gobierno hubiera
    dado un paso importante.
    En lo referente a la
    apertura comercial, las importaciones siguen detenidas esperando la próxima
    baja del arancel. La incertidumbre creada por los permanentes cambios en las
    políticas gubernamentales unida a las expectativas de revaluación, han formado
    un dique formidable a la esperada avalancha de productos importados. La poca
    dinámica de las importaciones, si bien ha protegido al productor colombiano, ha
    contribuido de manera importante al espectacular incremento de las reservas
    internacionales.
    Si los años ochenta
    fueron para Latino América la década perdida, para Colombia, el 1991 puede
    pasar a la historia como el año perdido. La política económica al comenzar el
    año 1992 se ve enfrentada a los mismos problemas del año pasado. La experiencia
    de perder un año puede llegar a ser valiosa cuando aprendemos de nuestros
    errores.
    Las autoridades
    económicas han aprendido durante el presente año que en una economía abierta,
    con alta movilidad de capitales, es imposible controlar los medios de pago. Más
    aún, el drástico control del crédito doméstico tampoco sirve mucho para el
    control de la inflación. Las autoridades colombianas se han convencido, después
    de un año de frustraciones, que lo único que se logra con el control del
    crédito es atraer un torrente de divisas que compensan la disminución de la
    liquidez de la economía.
    El año viejo nos dejo
    unos cambios importantes a nivel institucional. Por el lado positivo, se creó
    una autoridad monetaria independiente y se nombraron destacados profesionales
    para dirigir el nuevo Banco Central. Por el lado negativo, al dividirse el
    antiguo Ministerio de Desarrollo en dos se ha perdido la unidad de comando tan
    necesario para un verdadero proceso de apertura económica.
    El cambio institucional
    del manejo económico requiere de importantes complementos en el próximo año. El
    nuevo congreso tiene por delante una ardua labor para poner a funcionar
    realmente la nueva constitución. Para los agentes económicos es de vital
    importancia conocer lo más pronto posible la nueva manera como se operará en el
    campo económico para poder empezar a planear sus actividades lo más pronto
    posible.
  • ¿Qué pasó en 1991?

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    Cuando se hace un
    análisis retrospctivo de las las políticas y metas económicas el resultado es
    muy desalentador.
    Al finalizar el año es
    útil hacer un análisis retrospectivo de lo que pasó en los últimos doce meses.
    Este análisis retrospectivo suele venir acompañado de una confrontación de lo
    realizado contra los que se había planeado al comienzo del año. Cuando se hace
    este ejercicio con las políticas  y metas
    económicas el resultado es muy desalentador. La meta de inflación que el
    gobierno de manera optimista fijó en el 22 por ciento no se pudo cumplir. Los
    resultados hasta noviembre muestran que la inflación terminará entre el 27 y el
    28 por ciento.
    A pesar de todo el
    esfuerzo de restricción en el crédito, no se pudo controlar el crecimiento de
    los medios de pago. Al comienzo del año los medios de pago estaban creciendo a
    una tasa anual de más del 30 por ciento. La triste realidad es que al final del
    año se conserva la misma tasa de crecimiento del dinero. Las restricciones del
    crédito tuvieron como consecuencia un aumento considerable de las reservas
    internacionales muy por encima de lo que se había proyectado al comienzo del
    año.
    Estos últimos quince
    meses no solo se han perdido en el control inflacionario sino que además han
    pasado en vano en el frente de la apertura. Como se quejan los amantes del buen
    vino, los precios de los bienes importados se han resistido a descender al
    mismo ritmo en que lo han hecho los aranceles. El poder monopólico de algunos
    importadores les ha permitido apropiarse de las rentas que antes iban al
    Estado. El consumidor sigue enfrentado a las mismas opciones. Los precios de
    los bienes producidos en Colombia no se han alterado en respuesta a una mayor
    competencia de los bienes importados. A pesar de las rebajas en los aranceles
    de los vehículos, nuestros carros siguen siendo los más caros del mundo.
    La privatización ha
    sido una gran frustración. Realmente en un año no se ha avanzado en este
    proceso. Las presiones sindicales han impedido avanzar en la privatización de
    las telecomunicaciones. Los servicios públicos locales siguen siendo manejados
    ineficientemente y continúan en manos del Estado. La privatización del servicio
    de recolección de las basuras en Bogotá se frenó a pesar de los óptimos
    resultados obtenidos. En la privatización de los ferrocarriles y de los puertos
    los costos de la liquidación de los trabajadores al servicio del Estado ha sido
    elevado. En el corto plazo los egresos por liquidación de personal han
    sobrepasado los ahorros en costos de operación. Los únicos ingresos a las arcas
    del gobierno debidos a la privatización se han originado en la venta de algunos
    bancos oficiales.
    La expedición de la
    nueva constitución si bien promete una mejora en el nivel de vida tiene un alto
    costo fiscal para el gobierno central al haber aumentado considerablemente el
    monto de las transferencias. Los cambios son de tal magnitud que van a requerir
    de un largo proceso de ajuste al nuevo marco normativo.
    Si el año 91 se perdió
    en muchos aspectos esperamos que el próximo sea mucho mejor. Hoy en día el
    equipo económico es mucho más homogéneo. Las peleas entre los integrantes del
    equipo económico parecen una cosa del pasado. El manejo macroeconómico
    evidentemente ha ganado con la creación de la Junta Directiva del Banco de la
    República. El asignarle las funciones de control monetario y cambiario a la
    nueva Junta Directiva de nuestro Banco Central indudablemente ha hecho más
    creíble la política de estabilización.
     
    Lamentablemente, la
    separación del Ministerio de Desarrollo en dos partes va a dificultar el manejo
    económico. Después de mucho tiempo el Ministerio de Desarrollo había logrado
    establecerse como una verdadera fuerza importante que podía liderar el proceso
    de apertura. El poder contar con el equivalente colombiano al legendario MITI
    japonés estaba comenzando a verse como una contribución importante en el
    proceso de apertura. La creación de un nuevo Ministerio en estas circunstancias
    puede llegar a convertirse en una serie de conflictos innecesarios para la
    inserción de Colombia en la economía mundial.
  • Por favor que quedemos como estábamos

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    La coyuntura económica
    hoy en día es mucho más complicada de lo que era al comenzar el actual
    gobierno.

    Luis Guillermo Soto
    solía contar la historia de un lisiado que había hecho la promesa de subir a
    Monserrate con la esperanza de que le hicieran el milagrito de sanarlo. Un buen
    día emprendió su penoso ascenso con la mala fortuna de que cuando iba a llegar
    a la cima perdió el equilibrio rodando hasta la estación del funicular.
    Obviamente, cuando intentó levantarse su situación era lamentable. En ese
    momento le pidió al Señor de Monserrate que por favor lo dejará como estaba
    antes.
    El cuento del
    Presidente de Ahorramás toma vigencia en estos momentos en que las políticas de
    estabilización del gobierno no han tenido mucho éxito. La coyuntura económica
    hoy en día es mucho más complicada de lo que era al comenzar el actual
    gobierno. En efecto, si tuviéramos que pedir un milagro, no sería en este
    momento el poder terminar el año con la meta del 22 por ciento de inflación
    sino más bien quedar como estábamos al comienzo del año.
    Cuando comenzó el plan
    de estabilización, se podía palpar un clima favorable a la apertura económica.
    Hoy en día, por el contrario, los exportadores se encuentran pasando por una
    situación extremadamente difícil. Las empresas dedicadas a la exportación que
    comenzaban a ser rentables están hoy mostrando balances del color que tanto le
    gustaba al Doctor Barco. Las empresas que compiten con las importaciones están
    próximas a una crisis. Muy pronto se va a abrir la compuerta de las
    importaciones con aranceles bajos y con un peso revaluado. La posibilidad de
    supervivencia ofrecida por una alta tasa de cambio ha desaparecido en estos
    momentos como consecuencia de medidas extremas para controlar la inflación.
    El  crédito se ha encarecido y las empresas se
    encuentran asfixiadas por los altos costos del crédito. Las cuentas de los
    contratistas y proveedores del gobierno han aumentado hasta niveles imposibles
    de sostener. Las charlas de los ingenieros siempre caen en el tema de las
    cuentas que no les han pagado en el Ministerio y en las Empresas de Servicios
    Públicos.
    El ajuste en el frente
    fiscal se ha sacrificado en parte para limitar el crecimiento de los precios.
    La gasolina sigue siendo barata en Colombia. Por el contrario, el café que
    tradicionalmente era el producto en el que teníamos una clara ventaja
    comparativa y al que podíamos gravar, tiene que ser subsidiado. Las finanzas
    del Fondo Nacional del Café están peor que las de las Empresas de Servicios
    Públicos.
    El dejarnos como
    estábamos no va a ser fácil. Como lo pudimos comprobar la última vez que se usó
    el encaje marginal del cien por ciento, en el Gobierno de López, el
    desmontarlo es mucho más difícil que el ponerlo en funcionamiento. Eliminar las
    restricciones monetarias no es sencillo. Si en estos momentos se abre la llave
    del crédito, los recursos se utilizarían para financiar una fuga masiva de
    capitales.
    Para el bien del país,
    esperamos que ahora que han entrado tan destacados economistas a la Junta del
    Banco de la República la política económica sea más exitosa.
  • Un Centavo para el Peso

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    Los eventos recientes en el manejo de la economía colombiana nos evocan esta situación en que ya casi cuando estábamos esperando cantar victoria tenemos que contentarnos con esperar a la próxima oportunidad


    A los hinchas de las Medias Rojas de Boston nos ha pasado en repetidas ocasiones que el triunfo que hemos esperado con tanto anhelo se nos escapa en el último momento. La Serie Mundial de 1975 ante los Rojos y la de 1986 ante los METS se han perdido en el último out del último inning. Los colombianos seguidores de la selección nunca se olvidaran del momento en el que Robert Milla le arrebata el balón a Higuita y convierte el gol que nos elimina de Italia 90. Los comentaristas deportivos describen muy bien esta situación diciendo que tanto a las Medias Rojas de Boston como a la selección Colombia le quedó faltando el centavo para completar el peso.
    Los eventos recientes en el manejo de la economía colombiana nos evocan esta situación en que ya casi cuando estábamos esperando cantar victoria tenemos que contentarnos con esperar a la próxima oportunidad. Las políticas económicas fijadas por el Presidente Gaviria y su Ministro de Hacienda nos dieron la impresión de que si bien no nos iban a conducir al futuro por lo menos nos sacarían del pasado y no ubicarían en el presente.
    La apertura económica comenzada en el gobierno anterior parecía un instrumento idóneo para crecer a un ritmo suficiente para poder mejorar el nivel de vida de los colombianos. Las importantes reformas aprobadas en el anterior período legislativo parecían dar una base mucho más sólida al futuro desarrollo económico.
    El equipo económico del Presidente Gaviria en sus primeros meses tuvo un desempeño bueno. Tomo muchas medidas valerosas que si bien le hicieron perder puntos con el ciudadano común contribuyeron a mejorar el panorama económico.
    Infortunadamente, en el momento clave el equipo económico perdió el control de la política económica. El principal error fue sin duda demorar el proceso de apertura comercial. Las presiones de los gremios, ANDI y SAC lograron demorar el momento de la apertura. Las importaciones no crecieron como se esperaba por cuanto la gente encontró conveniente esperar a que bajaran los aranceles para hacer sus compras. El ejemplo más claro se puede ver en lo acontecido en el sector automotor. Las personas interesadas en adquirir un vehículo importado se entusiasmaron cuando supieron que el gobierno iba a bajar el arancel al módico ciento por ciento. Sin embargo, encontraron más rentable esperar a que el arancel bajara al 75%. Las importaciones demoraron en concretarse y en consecuencia contribuyeron a la acumulación de las reservas. La falta de reglamentación oportuna por parte del Ministerio de Desarrollo ha sido otro de los factores que han demorado las importaciones.
    Las presiones monetarias creadas por la demora en el proceso de la apertura comercial se magnificaron al ponerse en práctica las reformas cambiarias. Al disminuirse las restricciones en el mercado cambiario se facilitó la entrada de los capitales golondrina. Bajo estas circunstancias, la elevación de las tasas de interés originada por la restricción monetaria tuvo como consecuencia una entrada masiva de capitales. El programa de estabilización se enfrentó, entonces, a una entrada de divisas de tal magnitud que neutralizó completamente el efecto contraccionista de la imposición de un encaje marginal del ciento por ciento.
    La débil situación fiscal, especialmente de las empresas públicas no permitió contrarrestar las presiones monetarias mediante un aumento en el ingreso del sector público o una disminución del gasto del gobierno. Los problemas de las empresas públicas y la inflexibilidad del manejo de las finanzas del gobierno impidieron que la política fiscal se utilizara como elemento de estabilización importante.
    El lograr un superávit hubiera sido muy importante pues, por un lado, se hubiera podido reducir el esfuerzo en el frente monetario y, por el otro hubiera podido el gobierno contar con los recursos para comprar los dólares que estaban regresando al país. Estos dólares hubieran servido para cancelar deuda externa y mejorar la situación de endeudamiento externo.
    Los tres errores anteriores, demora en el proceso de apertura, liberalización anticipada del mercado cambiario y falta de ajuste fiscal tuvieron como consecuencia que el programa del gobierno no resultara exitoso. Ante el fracaso del programa ortodoxo de estabilización se ha resucitado un menú de medidas bastante heterodoxas. Los cambios múltiples, la revaluación de la tasa de cambio han surgido como alternativas atractivas para un gobierno que quiere cumplir unas metas. El éxito a corto plazo ha suplantado como propósito al crecimiento hacia afuera.