Category: Apagón

  • El sistema eléctrico colombiano entra al Socialismo del Siglo XXI con un Apagón

    El sistema eléctrico colombiano entra al Socialismo del Siglo XXI con un Apagón

    Justo
    cuando me iba a disponer a publicar la columna de esta semana en el blog, el
    Presidente de la República de Colombia, Juan Manuel Santos Calderón, soltó una
    noticia bomba en su alocución en la mañana de hoy 7 de marzo de 2016.
    A una hora completamente inusual para dirigirse a
    los colombianos, el Presidente Santos le informó al país que le había aceptado
    la renuncia al Ministro de Minas y Energía, Tomás González Estrada, “porqué (el
    Ministro) asumió la responsabilidad por la demora en estas medidas de ahorro y
    ha presentado su renuncia.”

    (more…)

  • Apagón pactado

    El Pacto Social se puede convertir, al igual que la famosa teoría del sobredimensionamiento, en la razón de ser un futuro apagón

    El aumento en el costo de vida en febrero resultó más alto de lo esperado por el Gobierno.  El aumento en lo corrido del año es muy, superior a lo que se esperaría de tanto protagonismo que ha tenido el Pacto Social en los medios de comunicación.  Lo más triste es que esta disminución tan pequeña sólo se ha logrado al diferir aumentos en los precios controlados por el Gobierno.  Gracias a que el alza de la gasolina se hizo en la última década y por lo tanto no quedó registrada en las mediciones del Dane, se ha logrado mantener una tasa de inflación ligeramente inferior al 21 por ciento.  Basados en las cifras anteriores, los analistas han comenzado a apostar en contra del cumplimiento de la meta del 18 por ciento para 1995.

    El incumplir la meta de inflación es grave para la credibilidad de la política económica, pues en el futuro los agentes económicos con toda seguridad no volverán a jalarle al Pacto y la oportunidad de doblegar el flagelo inflacionario en la Administración Samper se habrá perdido.  Lo que es triste es que este magro resultado se ha obtenido a un alto costo.  Como se ha mencionado anteriormente en esta columna, las empresas de servicios públicos han sido afectadas adversamente por el Pacto Social, pues su situación financiera se ha visto desmejorada y el objetivo de mantener una solvencia financiera ha pasado a ocupar un lugar secundario.  Las cuantiosas inversiones necesarias para atender los incrementos en la  demanda tienen que ser aplazadas, pues las empresas no pueden hacer frente a un agresivo programa de expansión necesario para atender en forma adecuada a sus sufridos usuarios.

    El racionamiento en el servicio de acueducto, se ha comenzado a aplicar en algunas regiones y la perspectiva de un nuevo apagón ha sido aceptada  por el Ministro de Minas y Energía.  Los bajos precios de la energía eléctrica han puesto en peligro la viabilidad financiera, de las empresas de energía, han desincentivado la participación del sector privado y están induciendo consumos muy por encima de lo que sería aconsejable en estas épocas de sequía.  El Pacto Social  se puede convertir, al igual que la famosa teoría de sobredimensionamiento en  la razón de ser de un futuro apagón.

    El impedir mediante políticas inadecuadas que el sistema de precios cumpla con su función de asignación de recursos, puede llevarnos a una situación cuyos recuerdos todavía están frescos.  Las comidas frías, la subida de nueve pisos a pié, las tareas realizadas a la luz de la vela y todas las incomodidades sufridas en el apagón anterior deberían servir para intentar resolver esta discrepancia entre oferta y demanda. 0 través del sistema de precios.  Un sobreprecio en épocas de sequía y una disminución en épocas de fuertes lluvias haría que tanto empresas como consumidores actuaran en forma socialmente responsable, disminuyendo el consumo y aumentando la generación térmica cuando bajan los embalses.  El cambio en la política de tarifas del sector eléctrico es una medida más apropiada para manejar una escasez temporal, que apelar a un racionamiento que se sabe tiene que hacerse de manera severa, pues los pañitos de agua tibia lo único que hacen es desplazar el consumo para otra hora.

    El Ministro Perry tiene que aceptar que los costos de la política de reducción de la inflación han comenzado a ser muy superiores a sus beneficios.  Es el momento de h hacer un acto de fe en las bondades del sistema de precios como instrumento para asignar los recursos escasos. Impedir que el  sistema de precios envíe las señales correctas, puede tener consecuencias  muy graves 
  • La Leona y el Niño

    Mientras que la competencia en las cervezas  aleja cada vez más la posibilidad de tener
    que ver los partidos de fútbol a palo seco, la falta de competencia y los
    continuados errores de política
     
    mantienen latente la posibilidad de un racionamiento de energía
    eléctrica
    Simultáneamente con el comienzo de la guerra de las polas ha
    vuelto al  tapete el  tema de un posible apagón.  Mientras que los clientes de los monopolios
    privados de la cerveza comienzan a independizarse de su habitual proveedor, el
    sufrido usuario del monopolio estatal tiene que seguir acudiendo a las
    rogativas a San Pedro para que en los próximos años no se presente con mucha
    intensidad el fenómeno del Niño. 
    Mientras que la competencia en las cervezas aleja cada vez mis la
    posibilidad de tener que ver los partidos de fútbol a palo seco, la falta de
    competencia y los continuados errores de política mantienen latente la
    posibilidad de un racionamiento de energía eléctrica
    En efecto, la política energética de 1995 sigue tan
    equivocada como la que nos llevó al apagón de 1992.  Los precios de la energía eléctrica se
    mantienen por debajo de su costo conduciendo a una equivocada asignación de
    recursos.  Los usuarios residenciales en
    Colombia continúan consumiendo mucha más energía eléctrica que en otros países
    de igual grado de desarrollo.  Los bajos
    precios de la electricidad en Colombia siguen incentivando su despilfarro en la
    cocción de alimentos y en el calentamiento de agua para el baño.  Colombia sigue manteniendo el dudoso
    privilegio de ser la nación en donde el consumo residencial de electricidad es
    superior al consumo industrial de energía eléctrica.  A pesar de la amarga experiencia de 1981 y
    1992 seguimos dependiendo en grado sumo de las hidroeléctricas.  A pesar de tener tarifas industriales mis
    altas que las de los países a los cuales exportamos nuestro carbón nos seguimos
    creyendo el cuento de que la energía hidroeléctrica es mucho más barata que la
    térmica.
      
    Pero más grave aún que mantener una política equivocada de
    precios es aumentar sus distorsiones.  En
    aras de un pacto social se sacrifica la viabilidad financiera de las empresas
    del sector.  La posibilidad de contar con
    inversión del sector privado es cada vez más remota cuando se pospone
    indefinidamente el ajuste de las tarifas residenciales y el desmonte de los
    subsidios a los consumidores del servicio eléctrico.
    El plan de masificación del consumo de gas avanza lentamente
    debido a los bajos precios fijados para el gas. 
    Ante la imposibilidad de importar masivamente gas tenemos que seguir
    esperando que aparezcan depósitos de gas cerca a los grandes centros de consumo
    que permitan servir las principales ciudades. Con aumentos del 18 por ciento en
    el  precio del gas es casi imposible que
    el sector privado encuentre atractivo en el negocio y por lo tanto es necesario
    seguir dependiendo del monopolio estatal.
      
    Y como si esto fuera poco, el efecto tequila ha comenzado a
    sentirse en el costo de capital.  Un
    sector como eléctrico tan intensivo en capital y tan dependiente del ahorro
    externo es, sin lugar a dudas, tremendamente vulnerable a los eventos ocurridos
    en el frente cambiario.  Los encargados
    del sector eléctrico no deben olvidar lo que – ocurrió en 1982 cuando el no pago
    de deuda mejicana desencadenó la crisis en toda Latinoamérica.  Los mercados comenzaron a cerrarse, las tasas
    de interés subieron y finalmente las devaluaciones masivas acabaron con  la viabilidad financiera de unas empresas con
    altos niveles de endeudamiento externo.
    Ante un panorama tan incierto, el sector eléctrico debe
    dejar de preocuparse por si va a haber un apagón este año y comenzar a discutir
    si sus políticas de precios son coherentes con una inversión del sector
    privado.
      También debe analizar las
    implicaciones de cierre del crédito externo y de una posible devaluación
    masiva.
      Si no lo hace volveremos al
    triste espectáculo del sacrificio de inocentes funcionarios del sector
    eléctrico para calmar a un público enardecido por haber soportado las
    consecuencias de un apagón.
  • Recordando el 92

    Todas las discusiones
    serias sobre el tema ponen de manifiesto que el origen del apagón se origina en
    la equivocada decisión de desacelerar los grandes proyectos de inversión.
    En esta semana se
    cumplió el segundo aniversario del apagón de mil novecientos noventa y dos. El
    recuerdo penoso de los trece meses se revivió con el apagoncito del martes
    pasado. Las dos horas de apagón revivieron para muchos los inconvenientes
    vividos a lo largo de trece meses que ensombrecerán perennemente a la
    administración Gaviria. Como en todos los aniversarios, la ocasión es propicia
    para reflexionar sobre lo que nos enseñó tan amarga experiencia.
    Todas las discusiones
    serias sobre el tema ponen de manifiesto que el origen del apagón se origina en
    la equivocada decisión de desacelerar los grandes proyectos de inversión. Guillermo Perry, el
    primer Ministro de Minas y Energía de la Administración Barco se equivocó en
    materia grave al aplazar la entrada de los principales proyectos
    hidroeléctricos. Los altos costos que tuvimos que pagar por aplazamiento de los
    proyectos son inmensamente superiores a los precarios beneficios que pudo
    obtener el país por el cambio súbito en sus prioridades de inversión. Alterar
    el ritmo de inversión de proyectos de tal complejidad nunca puede ser
    considerado como un buen elemento de control macroeconómico. Es evidente que el
    equilibrio macroeconómico debe lograrse a través de políticas de carácter
    general sin tener que entrar a cambiar los planes de trabajo de un proyecto en
    ejecución.
    Un segundo error que
    nos llevó a los problemas del racionamiento es haber basado el desarrollo del
    sector eléctrico en proyectos hidroeléctricos. Generar energía con agua y no
    con carbón puede resultar más económico en el corto plazo especialmente cuando
    hay abundancia de agua. En el largo plazo, en una economía en que hay escasez
    de capital y en la que hay una mayor incertidumbre en los proyectos
    hidroeléctricos puede resultar contraproducente depender demasiado en la
    generación basada en el agua. Los retrasos originados por problemas debidos a
    las condiciones geológicas y a la alta rotación en las directivas de las
    empresas pueden acabar con las ventajas relativas de los proyectos hidroeléctricos.
    La comparación de los costos de la energía entre Colombia y los países que nos
    compran carbón para generar muestra que los costos de la energía eléctrica en
    los países que nos compran carbón suelen ser menores que los altos costos que
    deben pagar los usuarios industriales y comerciales en Colombia.
    El tercer error grave
    en materia de política energética que llevó al apagón del 92 es haber diseñado
    una política de tarifas que incentiva no solo el mal uso de este recurso escaso
    por parte de los usuarios de bajos ingresos sino que incentiva el contrabando
    de energía por parte de los grandes usuarios. Colombia ha abusado de los
    esquemas redistributivos y los ha convertido en una de las principales causas
    de la mala asignación de los recursos energéticos. El pensar que las tarifas no
    tienen ningún efecto en el consumo es una de las principales causas de la mala
    asignación de recursos en Colombia. Las políticas pregonadas por nuestros
    populistas de turno han llevado a distorsiones de gran magnitud que han
    resultado extremadamente difíciles de desmontar.

    Una cuarta enseñanza de
    esta dura experiencia es que el manejo de las empresas es vital. El lograr
    minimizar el impacto negativo del clientelismo en las empresas es realmente
    importante. El buen comportamiento de EPM y el mal comportamiento de otras
    Empresas del sector se explica porque los ciudadanos del Valle de Aburrá
    decidieron minimizar el influjo de los políticos y dotaron a EPM de
    instrumentos que les permite operar sin tener que pasar permanentemente por el
    Concejo. Las mejoras institucionales logradas con el Estatuto de Bogotá pueden
    permitir que en el futuro la EEB pueda competir favorablemente con otras
    ciudades y aún con el sector privado.
  • Mil novecientos noventa y dos: el año del niño

    Lo más importante
    ocurrido en los últimos doce meses en el campo económico es, sin lugar a dudas,
    el cruel apagón que nos ha venido acompañando desde marzo.
    Los Organismos
    Internacionales y en especial las Naciones Unidas suelen seleccionar algunos
    años con el fin de destacar a un grupo de la población. El horóscopo chino
    designa los años con un nombre de animal. Los periodistas cuando escriben sus
    resúmenes de fin de año escogen un evento importante para caracterizar lo más
    importante de los últimos 365 días. Mil novecientos noventa y dos quedará
    registrado como el “año del niño”.
    En efecto, lo más
    importante ocurrido en los últimos doce meses en el campo económico es, sin
    lugar a dudas, el cruel apagón que nos ha venido acompañando desde marzo. El
    impacto en la pequeña y mediana empresa y en los hogares ha sido muy grande. El
    racionamiento de energía eléctrica ha tenido impactos negativos en el nivel de
    producción de muchas empresas, ha cambiado los hábitos de gran parte de los
    colombianos y ha hecho sufrir a innumerables estudiantes que han tenido que
    hacer sus labores escolares a la luz de una vela.
    El manejo del problema
    energético ha sido muy poco afortunado. En primer lugar, el gobierno pospuso la
    decisión de racionar hasta muy pocos días antes de las elecciones. El análisis
    de los registros históricos muestra que desde finales del año pasado era
    posible prever que en 1992 habría problemas con la oferta de energía eléctrica.
    En efecto, el nivel de los embalses a partir de octubre fue muy inferior al
    promedio histórico. La falta de una decisión oportuna agravó considerablemente
    el problema.
    En segundo lugar, el
    gobierno falló lamentablemente en precisar las verdaderas causas del apagón.
    Comenzó con una historia sencilla en la que el único culpable era el prolongado
    verano causado por el fenómeno del niño y terminó acusando a todos los
    encargados del sector eléctrico en los últimos diez años. El Sector Eléctrico
    de la noche a la mañana pasó de ser el mejor planeado y el mejor manejado
    dentro de sector público a ser el chivo expiatorio. Con el fin de calmar la
    justa protesta ciudadana, el Gobierno, el legislativo, y los organismos
    fiscalizadores realizaron una cacería de brujas que terminó con la carrera
    pública de distinguidos técnicos del sector eléctrico.
    En tercer lugar, el
    gobierno no pudo cumplir con el programa de emergencia. Las barcazas nunca
    pudieron entrar en funcionamiento, las plantas térmicas siguen en muy mal
    estado y el sistema sigue vulnerable a la acción de la guerrilla. Dentro de
    este panorama desolador de incompetencia en el manejo de la crisis, se salva la
    terminación del Proyecto Hidroeléctrico del Guavio. Lo que nuestro tropicalismo
    llamó el “descalabro gerencial del siglo” y la “presa en el
    aire”, al final de cuentas resultó ser la verdadera solución para el
    racionamiento de energía. Parece claro, entonces, que la terminación a tiempo
    del Proyecto Guavio y la segunda etapa de Rio Grande hubieran evitado el
    problema.
    La decisión de posponer
    deliberadamente la entrada del Proyecto Guavio tomada en el Gobierno anterior
    fue un grave error. Si las cosas hubieran continuado dentro del cronograma
    vigente al final de la Administración Betancur, se hubiera podido evitar el
    grave problema que hemos vivido en el presente año. Más aún, la Empresa de
    Energía de Bogotá no estaría en una situación financiera tan grave pues hubiera
    podido comenzar a generar desde diciembre de 1989 y se habría ahorrado los
    pagos que ha tenido que hacer al sistema interconectado en estos tres últimos
    años.
    Me complace sobremanera
    que el Doctor Alberto Calderón y el Alcalde de Bogotá hayan podido cumplirle al
    país. Les hago llegar mi sincera felicitación para ellos y para los sufridos
    funcionarios de la Empresa de Energía que durante la construcción han tenido
    que trabajar muchas veces en condiciones muy desfavorables. 
  • Credibilidad Nula

    Las autoridades del sector energético piensan únicamente en si se debe racionar los lunes festivos o no.  La solución de utilizar el sistema de precios para igualar la oferta con la demanda no se les pasa por la cabeza.

    Hace poco más de un año se comenzó a gestar el problema eléctrico.  En los meses de septiembre y octubre de 1991 se presentó un descenso en el nivel de los embalses.  En lugar de crecer como era lo habitual en estos meses, que tradicionalmente eran de invierno, los embalses comenzaron a disminuir.  En esa época las autoridades energéticas se dejaron sorprender y no tomaron ninguna medida que hubiera podido disminuir la severidad de los racionamientos.  Por no haber adaptado las medidas a tiempo el racionamiento ha tenido que prolongarse más y ha sido mucho más severo.

    La actuación de los dirigentes del sector energético en estos últimos trece meses ha sido fatal.  La falta de liderazgo ha sido enorme.  El gran esfuerzo se ha dedicado a buscar chivos expiatorios.  La cacería de brujas emprendida ha causado víctimas inocentes y acabado con la honra de muchos funcionarios que tuvieron la poca fortuna de servir a el sector eléctrico en los últimos diez años.

    El manejo de la crisis ha sido poco imaginativo.  El racionamiento de la energía eléctrica ha sido el arma preferida de las autoridades.  Infortunadamente, esta manera de afrontar el problema ha sido inconveniente e injusta.  Las principales dependencias del Estado no han sufrido ni un solo momento la falta del preciosos “fluido”eléctrico.  La gran industria también ha estado de buenas porque sus instalaciones siempre han contado con energía.  El sufrido ciudadano y el pequeño empresario han tenido que soportar todos los rigores del racionamiento. 

    El sector eléctrico no ha logrado aumentar su oferta en manera apreciable.  La prometida interconexión con Venezuela y las tan esperadas barcazas quedaron nada más como palabras, tan sólo palabras.  Los ricos, los banqueros, algunos estilistas han resuelto su problema mediante la compra de equipos que han contribuido a aumentar los niveles de contaminación sonora y ambiental de nuestras ciudades.

    La desidia del sector público ha sido monumental.  En lugar de encargar del problema al gerente de ISA, para que éste se convierta en el gerente de la Emergencia Eléctrica, se contrata a un destacado cerebro repatriado para que por la módica suma de 45 millones de pesos informe si el cronograma del plan de emergencia se está cumpliendo.  El sistema de seguimiento de la Emergencia Eléctrica nos recuerda el que usó el Departamento de Defensa de Estados Unidos en la Guerra del Vietnam.  Este sistema informaba detalladamente sobre el número de bombas que se lanzaban y sobre las bajas del enemigo pero nunca informó que la guerra se estaba perdiendo.

    Las autoridades no han tomado conciencia de la importancia de enfrentar el problema de la falta de energía.  Recientemente pasé por la séptima con 70 y me sorprendió ver que una pequeña peluquería y una salsamentaría tenían luz mientras que el semáforo de la esquina estaba totalmente apagado.  El sector privado se había enfrentado al problema y había tratado de atender a sus clientes mientras que el funcionario público toleraba que se creara un caos en el tráfico porque un semáforo no tenía energía.

    La falta de imaginación de nuestras autoridades energéticas es monumental.  Piensan únicamente en si se debe racionar los lunes festivos o no.  La solución de utilizar el sistema de precios para igualar la oferta con la demanda no se les pasa por la cabeza.  En un año los cambios se hubieran dado. La sustitución de energéticos se hubiera facilitado.  El cambio de la manera que se otorgan los subsidios hubiera ya reducido el sobre consumo de las familias que no se enfrentan al verdadero costo de la energía.  Si a  los consumidores de bajos ingresos se les cobra el verdadero costo del servicio pero a la vez se les otorga una ayuda global sin que dependa del consumo, su comportamiento hubiera cambiado sin tener que sufrir por ello una baja en los ingresos.

    El mito de que la gente no responde a la variación de los precios no tiene mucha validez en el largo plazo.  Más aún, en la medida en que los anuncios del gobierno tengan credibilidad, la reacción del consumidor es más fuerte.  La mayoría de los que no han resuelto su propio problema ha sido porque le han creído al gobierno que él se iba a arreglar rápidamente y que los apagones iban a ser temporales.  De saber que la incapacidad del gobierno iba a ser tan grande, ya hubiéramos arreglado nuestro propio problema.  La solución del problema debe iniciarse con un programa creíble por parte del gobierno.  No podemos seguir confiando en la posibilidad de lluvia.


  • Buenas noches y muchas gracias

    La buena noticia de
    poder contar con una oferta abundante de gas propano viene, acompañada de la
    mala noticia de que esto le va a implicar al sufrido consumidor, un aumento de
    casi el ciento por ciento sobre su factura mensual.
    El presidente Gaviria
    se dirigió a los colombianos el miércoles de la semana pasada. En su discurso
    el Presidente señala una serie de posibles causas del cruel apagón que hemos
    estado padeciendo desde las últimas elecciones. El miércoles, por primera vez,
    se hizo un pronunciamiento enjuiciando la política de precios de los
    energéticos.
    Estoy totalmente de
    acuerdo con el presidente cuando afirma que “Otro de los problemas es el
    de la estructura tarifaria”. Desde hace bastante tiempo he venido
    sosteniendo que uno de los mayores problema del sector tiene que ver con las
    grandes distorsiones vigentes en el precio de los energéticos. La fijación de
    precios se ha hecho en buena parte con ánimo fiscalista tratando de generar no
    más energía sino, más bien, más recursos para las empresas.
    Está política ha sido
    totalmente equivocada. Cuando se han elevado las tarifas por encima de su nivel
    de equilibrio lo único que se ha logrado es generar unos excedentes de oferta
    que han tenido como consecuencia el sobre-dimensionamiento. Por otra parte, los
    precios bajos han tenido como consecuencia un exceso de demanda y una reducción
    de la oferta. Los excesos de demanda o sobre-dimensionamientos son simplemente
    otro nombre para precios altos en el sector energético y los racionamientos no
    son sino la consecuencia elemental de los precios bajos de los energéticos.
    La estructura diseñada
    por sucesivas Juntas de Tarifas para el sector eléctrico ha llevado a
    situaciones muy graves. Los problemas existentes son muy bien descritos por el
    Señor Presidente en su discurso. “Hay muchas empresas de carácter
    industrial y de carácter comercial que están pagando muy por encima de sus
    costos, que están empezando a autogenerar, que se están empezando a salir del
    sistema y que el sistema eléctrico va a quedar eventualmente con los usuarios
    que no tienen capacidad de pago y que se van a salir los usuarios que si tienen
    capacidad.”
    El racionamiento
    eléctrico se debe no solo a fallas en el sector eléctrico sino que en buena
    parte es el resultado natural del exceso de demanda creado por unos precios
    bajos de todos los energéticos. Como se muestra en el documento Conpes 2571 del
    pasado 18 de diciembre, “En Colombia los precios de los energéticos tienen
    una estructura inadecuada. Exceptuando el carbón, todos los energéticos tienen
    un precio de venta inferior a su costo económico, lo cual supone subsidios al
    consumidor.”
    La masificación del
    consumo del gas que nos promete el Presidente como una de las soluciones del
    racionamiento de 1993 y que en sus palabras “nos permitirá cambiar la
    composición de las fuentes de energía, tener más energía de origen térmico y no
    tener ese recargo tan grande de energía hidroeléctrica que hace vulnerable todo
    el sistema en tiempos de sequía” depende en buena parte de “llevar a
    precios internacionales el gas propano, que es un material que tiene que importar
    el país.”
    El documento CONPES
    mencionado, que entre otras, se ha hecho famoso por sostener la existencia de
    2000 Mw en capacidad excedentaria eléctrica, tres meses antes de la iniciación
    del más salvaje racionamiento de la historia reciente, muestra un cuadro impresionante
    sobre estas distorsiones en el precio de los energéticos.
    La energía eléctrica
    por la cual estaríamos a dispuestos a pagar mucho más de su costo económico de
    750 dólares por tonelada equivalente de petróleo (TEP) tiene un precio apenas
    de 504.8 dólares y los afortunados que gozan sin ninguna justificación del no
    racionamiento están recibiendo, además, un subsidio del 32.7 porciento. Esto
    quiere decir que los privilegiados industriales y algunas entidades oficiales
    que tienen su oferta garantizada reciben de los sufridos consumidores la
    tercera parte del valor de su cuenta eléctrica.
    El presidente ha
    informado que quiere aumentar la oferta de gas propano y gas natural. La buena
    noticia de poder contar con una oferta abundante de gas propano viene
    acompañada de la mala noticia de que esto le va a implicar al sufrido
    consumidor un aumento de casi el ciento por ciento, 92 por ciento para ser más
    precisos, sobre su factura mensual de gas propano. Para llevar el gas natural a
    su precio económico de 183.7 dólares por TEP el consumidor tendrá que pagar un
    aumento, módico, del 69 por ciento. Sin embargo, a los usuarios del gas
    natural, como los de Ciudad Salitre, les va a quedar el consuelo de que su
    cuenta energética va a ser la más baja pues según el documento del DNP es el
    energético diferente al carbón con el menor valor económico.

    Las cifras del tan
    mencionado documento CONPES están mostrando algo bien interesante. La energía
    eléctrica tiene un costo económico de 750 dólares mientras que el carbón tiene
    un costo de 24.8 dólares. Si esto fuera cierto, querría decir que el negocio
    más grande para el país es transformar el carbón en energía eléctrica y que por
    lo tanto la mejor inversión es hacer plantas termoeléctricas.

  • Verano Oscuro: Culpa del Niño o del “Chino”

    Los encargados del
    sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones
    meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las
    principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales
    de los setenta.
    Después de haber pasado
    por un crudo invierno que acabó con las calles de Bogotá, que la eficiente
    administración del Doctor Juan Martín Caicedo no ha podido reparar, nos enfrentamos
    a la declaración de un racionamiento de energía.
    Los encargados del
    sector energético nos han tratado de convencer que las condiciones
    meteorológicas y en especial, las asociadas al fenómeno del Niño, son las
    principales culpables de esta repetición de la ingrata experiencia de finales
    de los setenta.
    El sector eléctrico,
    que a mediados de 1985 se caracterizó por unos excedentes de generación y por
    un sobre-dimensionamiento, ha pasado a ser un sector con deficiencias. Colombia
    ha entrado un poco más tarde que otros países de racionamiento al ciclo
    energético. De una etapa de racionamiento pasa a una de exceso de capacidad
    instalada y luego, otra vez, en la época de apagones. Esto se ha vivido en
    otros países como Argentina y Brasil, donde también se han hecho desarrollos
    con base en hidroeléctricas.
    Los errores de
    planeación y el inmoderado optimismo de un crecimiento, da lugar a una etapa de
    ampliación considerable de expansión. Por otra parte, la necesidad de servir la
    deuda incurrida, da lugar a aumentos de tarifas que influyen negativamente en
    el crecimiento de la demanda y que causan, a su vez, el exceso de capacidad. El
    exceso de la capacidad instalada y el alto endeudamiento del sector frenan la
    inversión, lo que también influye en el futuro racionamiento.
    En este ciclo
    energético el experto Guillermo Perry, que cuando era un joven y destacado
    ingeniero se ganó por su precocidad el remoquete de “El Chino Perry”,
    ha tenido una participación importante. Como consultor, dirigió el Estudio
    Nacional de Energía, lo cual tuvo como consecuencia un plan de expansión del
    sector eléctrico, que dió lugar a la sobreinversión.
    Más tarde, como
    Ministro de Minas y Energía, para enmendar el sobre-dimensionamiento existente
    y de acuerdo con los organismos multilaterales de crédito, frenó el ritmo de
    inversión de los mega-proyectos del sector eléctrico. El frenazo al Guavio y a
    otras inversiones nos ha colocado, cinco años más tarde, en un racionamiento
    con altos costos sociales y políticos.
    La planeación del sector eléctrico, que en una época había sido
    considerada como la mejor del país, ha entrado en una nueva crisis. Los errores
    del pasado unidos a una gestión deficiente, han sido tan grandes que nos han
    llevado a esta situación. La larga gestación de los proyectos hidráulicos ha
    sido una de las causas estructurales del ciclo de los proyectos. El análisis
    elemental del conocido modelo de la telaraña ha enseñado a los estudiantes de
    primer año de economía, que entre mayor sea el rezago entre la decisión y la ejecución,
    mayor es la inestabilidad.

    Esta clara enseñanza de
    la teoría económica es olvidada por los diseñadores, quienes muchas veces
    seleccionan el proyecto con el criterio equivocado. En varias ocasiones he oído
    defender, equivocadamente, un proyecto por sus bajos costos de inversión por
    unidad de potencia.  El criterio correcto
    es escoger el proyecto con base en un criterio de minimización del costo por
    kilovatio-hora producido. En estos momentos, en que nuestros embalses están
    agotados, no es un consuelo saber que tenemos capacidad de generación en
    exceso, si nos falta el agua, o sea la materia prima para la generación
    hidráulica.