Category: Antanas Mockus

  • Cambio de guardia en Bogotá

    Con la renuncia del Alcalde de Bogotá y su
    relevo por uno de sus más cercanos colaboradores se inicia la campaña
    presidencial de 1998. La presencia de Mockus en medio de los candidatos va a
    marcar las próximas jornadas electorales en donde el ciudadano tendrá que
    decidir entre la continuidad o renovación de la clase política tradicional.
    La decisión de renunciar antes de haber
    terminado su período ha sido objeto de serias críticas, algunas de ellas
    infundadas. Los que argumentan que no es apropiado renunciar antes de haber
    terminado su obra de gobierno olvidan las graves limitaciones que han sido
    impuestas por la constitución. En efecto, la no reelección directa de Alcaldes
    y Gobernadores es la mayor traba que existe para una renovación de las
    costumbres políticas.
    Un período de tres años es demasiado corto
    para que un líder anti- establecimiento pueda transformar una ciudad o un
    Departamento. En este período es imposible atacar y resolver los problemas de
    fondo que afectan a la ciudad. El cambio en las costumbres políticas es un
    proceso lento que requiere esfuerzos continuados para poder tener éxito.
    Enfrentarse a la realidad de una ciudad tan compleja como Bogotá, organizar un
    equipo de trabajo, definir las prioridades, conseguir los recursos necesarios
    es algo que bien puede tomar más de la mitad del período de gobierno.
    Ya con el sol a las espaldas, el líder comienza
    a sufrir de una angustia existencial pues el tiempo que le queda es muy poco,
    las decisiones penosas que ha tenido que tomar le han hecho perder buena parte
    de su popularidad y las pocas realizaciones apenas comienzan a dar sus frutos.
    Como la prohibición de una reelección directa le cierra la posibilidad de otros
    tres años para consolidar sus logros, el pobre líder, cuando apenas comienza a
    comportarse como un verdadero estadista, tiene que empezar a pensar en dos
    serios problemas.
    El primero en que va a hacer con su vida y
    con las habilidades que ha desarrollado en este tiempo, y la segunda quien lo
    va a reemplazar en su lucha quijotesca contra la clase política de su ciudad.
    La idea de buscar otros destinos mayores como la Presidencia de la República
    puede aparecer a muchos como el camino más apropiado para completar su misión
    reformadora. La declaración de victoria y la retirada del ámbito local resulta
    más aceptable cuando el movimiento no ha podido consolidar un copiloto a quien
    se pudiera confiar, temporalmente, el avión en los siguientes tres años
    mientras el líder goza de una merecidas vacaciones.
    Como puede deducirse de los comentarios
    anteriores, el comportamiento de los políticos muchas veces no es fruto de su
    desmedido orgullo, ni de malos consejos de los allegados, sino más bien es una
    consecuencia de unas reglas de juego inadecuadas. Si se quiere lograr que los
    políticos terminen sus obras de gobierno es necesario, al menos en el nivel
    local, permitir la reelección directa.
    Una oportunidad de reelección directa va a
    permitir una mayor competencia pues va a haber muchos más candidatos que
    encuentren más atractivo participar en la lucha política cuando el período del
    mandato va a ser más largo. Como en muchas otras ocasiones entre mayor sea el
    período de retorno de una inversión mayor será el incentivo para realizar esta
    inversión. Como se ha dicho los grandes reformistas son los más interesados en
    disponer de un período más largo. Por el contrario, los defensores del status
    quo prefieren la no reelección pues a través de sus grupos pueden asegurarse
    una participación continuada en el poder.
    Más aún, como lo muestra la experiencia del
    PRI en México, la no reelección es una condición importante para la
    supervivencia de un grupo en el poder. El interés de vincularse al movimiento
    aumenta en la medida en la que las posibilidades de llegar a la cima del poder
    aumente. Por tanto la no reelección, al limitar las posibilidades de los líderes con experiencia  lo que está haciendo es ayudar a
    perpetuar al partido en el poder y por lo tanto a impedir cualquier posible
    reforma.
    La no reelección directa impide distinguir
    entre los buenos y malos gobernantes. En Colombia todos los ex-mandatarios
    gozan de un fuero especial sin distinguirlos por sus resultados. Mandatarios
    como Caicedo Ferrer o Jaime Castro que salieron bastante desacreditados de su
    paso por el Palacio Liévano, con el tiempo, a medida que la gente olvida sus
    equivocaciones, se convierten en grandes estadistas y hasta llegan a pensar en
    volverse a sacrificar por la ciudad. Por el contrario, cuando el mismo pueblo
    decide si reelige a un mandatario o no, el fallo de las urnas discrimina entre
    buenos y malos alcaldes. Los que no logran su reelección pasan al cuarto de San
    Alejo y de allí no los vuelven a sacar ni siquiera en las emergencias.
    La conclusión parece bastante clara si
    queremos evitar situaciones como la que está viviendo la capital de la
    República lo que hay que hacer es acabar con la prohibición de reelección directa de Alcaldes
    y Gobernadores. No cabe duda que es más democrático permitir la reelección de
    los buenos que perpetuar los regímenes clientelistas.
  • La Privatización de los Teléfonos en Bogotá

    Un debate en el que deberían predominar las
    consideraciones técnicas sobre la conveniencia de las diferentes alternativas
    se ha transformado por falta de elementos de juicio serios en una discusión de
    carácter ideológico.

    Las Empresas Públicas de Bogotá son, sin lugar a
    dudas, el patrimonio más preciado de los bogotanos.  Los activos de las tres empresas son
    superiores al de los principales pos económicos colombianos. El ahorro de varias
    generaciones de bogotanos está representado en las instalaciones productivas de
    las tres grandes empresas bogotanas.  El
    buen manejo de las tres empresas de servicios públicos es la condición
    necesaria para poder alcanzar un buen nivel de vida en la capital del
    país.  Por tanto, cualquier decisión
    relacionada con una de estas tres empresas debe ser objeto de un amplio debate.
    Que las empresas de servicios públicos de Bogotá
    están pasando por un periodo critico y que su manejo deja mucho que desear es
    una realidad que se vive día a día.  El
    esfuerzo pecuniario de los bogotanos para sostener una administración
    totalmente ineficiente es cada día mayor. 
    El aumento continuado de las cargas unido a un deterioro en la calidad
    de los servicios nos ha llevado a la deplorable situación de tener que pagar
    los impuestos de Nueva York y padecer una calidad de vida inferior a la de
    Somondoco.
    Para lograr salir de esta encrucijada la
    Administración Distrital ha propuesto una salida fácil.  Privatizar la Empresa de Telecomunicaciones
    de Bogotá.  Con esta jugada genial se
    pretende matar dos pájaros de un solo tiro. 
    Por una parte, se busca mejorar la eficiencia en la prestación del
    servicio telefónico y por otra se intenta aumentar los recursos para financiar
    el plan de desarrollo de la actual Administración.
    La falta de un diagnóstico claro sobre la Empresa de
    Telecomunicaciones, así como su abandono por parte de la Administración Mockus
    durante este año y medio ha llevado a la conclusión simplista de que la única
    solución para la Empresa es su privatización. 
    Las dificultades financieras generadas por un esquema absurdo de tarifas
    se ignoran achacándole los problemas a su condición de establecimiento público
    del orden Distrital.  La posibilidad de
    mejorar su eficiencia mediante la transformación en empresa industrial y
    comercial del distrito ya ni se discute, tal vez, debido a la gravedad de la
    situación actual de la ETB.
    Un debate en el que deberían predominar las
    consideraciones técnicas sobre la conveniencia de las diferentes alternativas
    se ha transformado por falta de elementos de juicio serios en una discusión de
    carácter ideológico.  Los partidarios de
    la privatización han tenido que apelar a argumentos débiles para sostener su
    posición.  Sostener que posponer la
    decisión llevaría a una pérdida de valor de la Empresa no es más que pensar con
    el deseo.
    Si bien el aumento de la competencia ha debilitado
    la posición monopólica de la ETB, las ventajas derivadas de la misma naturaleza
    del negocio todavía son formidables.  A
    nadie que conozca el negocio de las comunicaciones le puede cabe la menor duda
    de que es mejor comprar la ETB que comenzar de nuevo.
    Más aún, no es muy claro que el valor de la ETB haya
    disminuido con el tiempo como lo aseguran algunos de los grandes privatizadores.  Si bien a la ETB le han salido rivales y por
    lo tanto ya no puede considerarse como la dueña de todo el mercado, es muy
    probable que con el avance de las telecomunicaciones y la aparición de nuevos
    servicios el valor de la empresa haya subido en la medida en 
    que el aumento los
    ingresos correspondiente a los nuevos servicios compense la disminución de los
    ingresos debidos al aumento de la competencia.

    Por otra parte, la
    presencia de los operadores de la telefonía celular puede hacer que el Distrito
    logre un mayor valor por sus activos.
      Si
    la ETB se hubiera vendido hace algunos años el interés de los grandes grupos
    económicos hubiera sido menor pues el riesgo de entrar a un nuevo negocio
    hubiera sido considerable.
      Hoy en día,
    gracias a la experiencia que han ganado con la telefonía celular los grupos
    económicos cuentan con especialistas en el área de las telecomunicaciones que
    les permitirán obtener óptimos resultados en sus inversiones en este dinámico
    sector.

    La conclusión de lo
    anterior es muy sencilla.
      El debate
    sobre la suerte de las Empresas Públicas tiene que darse con suficientes
    elementos de juicio y no puede convertirse en una discusión de carácter
    ideológico. La Administración Distrital debe contratar estudios serios que le
    permitan tomar la mejor decisión sobre lo que se debe hacer con las tres
    grandes empresas de servicios públicos.

  • Comprar antes de vender

    Los trabajadores, los usuarios, la Universidad Distrital y la Secretaria
    de Tránsito y Transportes pueden ser los verdaderos dueños de la ETB.
    La propuesta del Alcalde Mockus de vender la Empresa de
    Telecomunicaciones de Bogotá para salvar a la Empresa de Energía de Bogotá ha
    sido otra de las víctimas del llamado proceso ocho mil.  Por estar preocupándose por la posible renuncia
    del Presidente Samper los medios de comunicación no le han dado toda la
    discusión que se merece tan importante tema. 
    Para volver a poner sobre el tapete el tema de la venta de la ETB quiero
    hacer a continuación un par de reflexiones.
    En primer lugar, es importante pensar si es viable desde el punto de
    vista practico la venta de la ETB.  Como
    lo he manifestado en ocasiones anteriores no es muy claro que el verdadero
    dueño de la Empresa es el gobierno bogotano. El Alcalde por lo general no
    interviene en el manejo de la Empresa sino que más bien nombra a un Gerente en
    quien se delegan todas las responsabilidades. 
    Los Gerentes en muchas ocasiones no responden a la ciudadanía misma sino
    que buscan adelantar sus propios planes. 
    No hace mucho, Antonio Galán Sarmiento, Gerente de la ETB salió en
    hombros de los trabajadores después de haber firmado una convención colectiva
    en la que se les mejoraban considerablemente las ya jugosas prestaciones
    sociales.  De hecho, para muchos los
    verdaderos dueños de la ETB han sido los trabajadores de la Empresa quienes han
    logrado remuneraciones muy atractivas.
    Los usuarios de la ETB han destinado una parte de sus ahorros para
    adquirir su línea telefónica y se convierten de hecho en dueños de una del
    millón y medio de acciones de la ETB.  El
    problema legal de cómo indemnizar a los usuarios  puede convertirse en un obstáculo formidable
    para cualquier venta futura de la Empresa y debería ser afrontado a la mayor
    brevedad posible.  además de los
    trabajadores y de los usuarios, la Universidad Distrital y la Secretaria de
    Tránsito y Transportes pueden alegar su condición de propietarios.  Gracias a la generosidad de administraciones
    anteriores que han considerado a la ETB como la tía rica del Distrito las dos
    instituciones anteriores reciben transferencias que les permite sufragar parte
    de sus gastos.
    En sana lógica el Distrito antes de pensar vender la ETB debe comenzar a
    pensar lo que tiene que hacer para ser su verdadero dueño.  La Administración tiene que considerar que
    las Empresas del Distrito son su mayor patrimonio y que un buen manejo de ellas
    puede ayudar a disminuir la presión tributaria que tiene agobiados a los
    bogotanos que tienen los impuestos de Nueva York y el nivel de vida de
    Somondoco.
    En segundo lugar, la decisión de vender debe tomarse con base en una
    verdadera estrategia de manejo de activos. Tal como se enseña en los seminarios de planeación estratégica cuando un
    conglomerado quiere analizar su portafolio de negocios, debe clasificar los negocios
    mediante una matriz en la que se tienen en cuenta por una parte la
    participación del negocio en el mercado y por otro la tasa de crecimiento del
    mercado.  A partir de esta matriz y
    siguiendo una lógica elemental debe mantenerse en los negocios en los que tenga
    una alta participación el mercado tratando de ordeñar los negocios maduros y
    aprovechando la oportunidad de crecimiento de los negocios con buenas
    perspectivas.  Según esta metodología
    desarrollada por el Grupo Consultor de Boston los negocios que se deben
    abandonar son los de baja participación y lento crecimiento en donde las nuevas
    inversiones no van a tener mucho futuro.
    Si el Alcalde hubiera hecho este ejercicio matricial sus conclusiones
    hubieran sido muy distintas.  Sin
    realizar mucho esfuerzo y aún siendo muy pesimistas sobre el futuro de
    las telecomunicaciones el negocio de la ETB debe ser considerado como una
    estrella.  La ETB, por lo menos hasta el
    momento, tiene una elevadísima participación el mercado de las
    telecomunicaciones en la capital y su crecimiento esperado es alto.  Por tanto desde el punto de vista estratégico
    lo aconsejable seria conservarla.
    Si uno quisiera actividades de las cuales seria conveniente salirse
    debería buscar aquellos de muy baja participación con baja rentabilidad y con
    poco porvenir. Entre estos, sin lugar a dudas el primer candidato es la
    Universidad Distrital.  La participación
    de esta universidad es mínima, su organización es tan caótica que no ha podido
    comenzar clases y sus costos son tan elevados que por el mismo dinero se
    podrían otorgar becas en las mejores universidades colombianas a un número
    mayor de estudiantes.
    Las reflexiones anteriores nos llevarían a concluir que antes de vender
    la ETB el Distrito tiene que comprárselas a sus dueños de facto y además que si
    de salirse de algo se trata la recomendación lógica es la de salirse de los
    huesos como la Universidad Distrital en la que cada año gastamos plata buena
    para tratar de salvar una plata mala que se ha invertido en el pasado.

  • La realidad de dos proyectos controvertidos

    El Metro de Medellín y el Guavio vuelven a ser motivo de controversia.
    El DNP realizó, en noviembre de 1991, un seminario en Santa Marta con el fin de analizar la gestión pública relacionada con algunos de los más importantes proyectos llevados a cabo en el pasado reciente.  Dos de los proyectos escogidos en esa ocasión han vuelto ha ser motivo de discusión.  El Metro de Medellín por el escándalo sobre las posibles comisiones para su construcción y el Guavio, por su impacto adverso las finanzas del Distrito que ha llevado al Alcalde Mockus a proponer la venta de la Empresa de Teléfonos para “salvar” la Empresa de Energía.
    En cuanto a lo que se refiere al Metro de Medellín se puede decir que después de haber pasado la euforia inicial que acompañó a la inauguración de una gran obra, cada día es mas claro que la decisión de hacerlo no fue muy afortunada.  Las criticas al proyecto se quedaron muy cortas de la realidad.  La sobre costos previstos por los críticos de los estudios resultaron muy por debajo de los que al final se dieron.  Por otra parte, el número de pasajeros atendidos por el Metro una vez pasada la euforia resulto tremendamente inferior a lo contemplado los estudios.  Para justificar la inversión muchas veces se utilizaron cifras por encima del millón de pasajeros diarios, llegando hasta el millón seiscientos mil pasajeros en escenarios optimistas. La cruda realidad es que el Metro está movilizando apenas ciento treinta mil pasajeros diarios, menos de la décima parte de los estimativos optimistas.
    El Proyecto Metro de Medellín a la luz de la experiencia no se ha debido realizar nunca.  La inversión nunca va a poder recuperarse en términos económicos y lo que es muy probable, los costos de operación van a superar los beneficios creando un hueco permanente en las finanzas de los dueños del proyecto.  Lo que resulta aún más triste de un proyecto como el Metro de Medellín es que una vez que se comienza no se puede parar.  En el seminario de Santa marta se afirmó que aún con una movilización de novecientos mil pasajeros día, la rentabilidad de las nuevas inversiones era muy baja y que si resultara menor el proyecto sería un gran fracaso.
    Si el Metro de Medellín nunca ha debido iniciarse pues desde su mismo estudio surgieron serias dudas sobre su rentabilidad, que se confirmaron en 1991 y que resultan evidentes hoy en día, el caso del Guavio no es tan claro.  En primer lugar, los estudios iniciales nunca fueron cuestionados abiertamente y hasta fueron avalados por entidades tan serias como el Banco Mundial y el BID.  Las evaluaciones intermedias tampoco cuestionaron la bondad del proyecto sino que más bien opinaron sobre el ritmo de ejecución del proyecto.  Los organismos internacionales y el gobierno nacional propusieron desde 1985 disminuir el ritmo de inversión del proyecto en el supuesto de que los costos adicionales del proyecto pudieran ser muy bajos comparados con el efecto favorable que una disminución de la inversión pública podría tener en la estabilización de la economía colombiana.
    La necesidad del proyecto Guavio se hizo evidente en el apagón y dejó de manifiesto la equivocación del Doctor Guillermo Perry al retrasar tan importante proyecto.  La importancia del Proyecto en las finanzas de la empresa se pone de manifiesto en la gran diferencia existente entre los ingresos del proyecto y sus costos operacionales.  Si bien nadie en su sano juicio diría que la solución del problema es cerrar el Guavio muchos como el actual Gerente y el Alcalde se preocupan por los altos costos financieros originados en su construcción que tienen un efecto tremendo en la capacidad de atender los gastos normales de la empresa.
    Visto de esta manera, el problema de la Empresa de Energía es simplemente que el excedente operacional no le alcanza para pagar los altos costos financieros.  La primera solución a este problema es relativamente sencilla desde el punto de vista conceptual.  Una empresa en estas circunstancias debe aumentar sus ingresos, reducir sus costos operacionales, o inyectarle capital para reducir el alto nivel de endeudamiento.  Ante las dificultades de aumentar los ingresos o reducir los costos operativos la Administración ha pensado buscar la solución de conseguir más capital para lo cual ha propuesto la venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá.
    Esta solución aparentemente sencilla no es enteramente satisfactoria pues no esta enfrentando el verdadero problema de las empresas públicas de Bogotá.  Lo que ha pasado es que las empresas se han venido manejando de manera equivocada desde hace muchos años.  En primer lugar, cada una de ellas anda por su lado y, además, nunca han buscado una eficiencia económica en la que se minimicen los costos y se maximicen las ganancias.  A pesar de las sanas reformas introducidas por el Estatuto de Bogotá, las empresas se manejan con fuertes interferencias políticas, y de manera independiente.  La unidad de caja y la existencia de criterios al nivel de toda la ciudad no se han podido establecer.
    Si la Empresa de Telecomunicaciones estuviera funcionando bien y estuviera generando considerables beneficios no habría necesidad de venderla para tapar el hueco que le creó el Proyecto Guavio a la Empresa de Energía.  Los activos de la Empresa de Telecomunicaciones y su flujo de caja serian el mejor respaldo para que el Distrito consiguiera una refinanciación de la EEB y para que su servicio de la deuda fuera manejable.
    El Alcalde Mockus esta planteando un falso dilema a la ciudad.  Para salvar a la Empresa de Energía no se necesita vender la ETB ni los bogotanos tenemos que escoger el menor de dos males. Lo que necesitamos es que el Distrito se convierta en un dueño responsable de todas sus empresas y que comience a generar los excedentes necesarios para atender sus deudas. Cuando las empresas comiencen a manejarse bien ahí debemos pensar que hacer con ellas si las vendemos, las regalamos o las seguimos manteniendo.  Lo que quiere la ciudadanía es que la Administración asuma sus responsabilidades y no que tome por el camino fácil de abrir un hueco para tapar otro.
  • El que cae paga

    Como ya hemos dicho anteriormente en estas columnas la
    fórmula para mejorar el tráfico en una ciudad, debe contemplar tres
    ingredientes que en inglés comienzan con la letra e.
     El Alcalde de Bogotá ha comenzado a enfrentar el problema
    del tráfico.
      Es una medida que en otras
    épocas se hubiera dado como ejemplo de la revolución de las cosas
    pequeñas.
      La Administración ha atacado
    uno de los problemas que en opinión de varios de los expertos de transporte de
    Colombia y el mundo tiene vital importancia.
     
    El mantener las intersecciones libres de carros durante el tiempo que el
    semáforo esta en rojo, es tal vez la primera regia de oro en la ingeniería de
    trafico y que se trata de hacer cumplir en todas partes imponiendo fuertes
    multas a los infractores.
    El mantener despejadas las intersecciones es un claro
    ejemplo de lo que en economía se conoce como un óptimo de Pareto y contrasta
    con otras medidas, como los contraflujos, implantadas por la Administración
    anterior en las que se obtenían mejoras para un grupo a expensas de otros.  En efecto, al dejar pasar a alguien que va en
    dirección perpendicular a nosotros es mejor para la sociedad, sin que por esta
    razón nos perjudiquemos.  Este es un caso
    muy claro en el que el buen ciudadano no se perjudica pues de todas maneras no
    puede avanzar por el trancón que hay después de la intersección mientras que
    los otros si pueden pasar la vía y continuar su marcha.
    Como ya hemos dicho anteriormente en estas columnas, la
    fórmula para mejorar el tráfico en una ciudad debe contemplar tres ingredientes
    que en inglés comienzan con la letra e. Los tres ingredientes mágicos son la
    educación, el cumplimiento de la ley a través de sanciones, y la ingeniería.  La campaña del buen ciudadano sirve para
    ilustrar la manera como se deben combinar los tres ingredientes. 
    La ingeniería necesaria para poner a funcionar el juego del
    que cae paga, tiene dos aspectos: uno sencillo y uno complicado. El aspecto
    fácil consiste en pintar tanto las intersecciones como las famosas cebras, para
    que conductores y peatones tengan demarcadas con claridad las zonas
    prioritarias, que deban mantenerse libres de trancón El aspecto complicado y
    que por lo tanto requiere de soluciones de largo plazo, consiste en mejorar las
    intersecciones para que los vehículos puedan hacer el cruce sin dificultades,
    mediante cambio en el diseño geométrico, en el ciclo de los semáforos, la
    sincronización de estos y en el largo plazo, el rediseño del sistema de
    transporte colectiv0 y la construcción de puentes peatonales.  La Administración Mockus ha comenzado con
    medidas de ingeniería sencillas, que deben ser reforzadas soluciones de más
    largo plazo.
      
    La educación de conductores y peatones es un esfuerzo
    importante que debe conscientizar al ciudadano de la importancia de respetar
    las señales de tráfico y en el caso especial no bloquear la intersección.  Los medios de comunicación han hecho un
    esfuerzo importante por tratar de que el bogotano se convierta en un buen
    ciudadano.  Estas campañas de los medios
    de comunicación masiva, deben ser complementadas por un trabajo en los
    colegios, en el que se les inculque a los, estudiantes la importancia de
    cumplir con las leyes de tráfico.  Como
    podría esperarse de un académico, las medidas de educación ciudadana han sido
    ejecutadas con muy buen criterio y ha contado con un buen apoyo de los medios
    de comunicación masiva.
      
    La Administración ha buscado sancionar a los infractores en
    la Calle 100 con toda la fuerza de la ley. 
    Las sanciones han comenzado- a tener un efecto saludable en los
    conductores y en la ciudadanía en general, pues han visto con buenos ojos que
    la autoridad está empeñada en hacer cumplir la ley y que no tiene miedo en poner
    en cintura a grupos poderosos como los transportadores, que habían impuesto la
    ley del más fuerte.

    Los primeros resultados de esta campaña ciudadana, son
    ampliamente positivos y esperamos que continúen y que se haga un importante
    esfuerzo para mejorar el tráfico en Bogotá. 
    El contraste con la Administración anterior no puede ser más
    grande.  La solución de tráfico se buscó
    a través de obras monumentales como el de las piscinas de la calle cien, para
    lo cual fue necesario incrementar considerablemente los impuestos, dejando de
    lado mejoras de bajo costo pero de gran impacto.  Lo increíble de la mala gestión del Alcalde
    Castro es que uno de sus tres Secretarios de 
    Tránsito y Transporte, tuvo la misma idea de hacer una campaña y, mandó
    pintar varias intersecciones en la Avenida Ciudad de Quito.  Sin embargo, parece que en la mitad de la
    idea se arrepintió, pues no se hizo ni la campaña educativa ni mucho menos se
    decidió a enfrentarse al poderoso gremio de los transportadores.
  • Viva Bogotá libre

    Si queremos evitar que surjan movimientos separatistas, debemos comenzar a hacer las reformas que permitan que Bogotá se maneje como se han manejado los famosos tigres asiáticos
    En estos días de campaña electoral son frecuentes las reuniones en las que se presentan los candidatos a las alcaldías y gobernaciones.  El viernes de la semana pasada pude asistir a una reunión en la que participaron los dos candidatos más opcionados a la Alcaldía de Bogotá.  Tanto el doctor Mockus como el doctor Peñalosa hicieron planteamientos interesantes sobre su programa de Gobierno.

    Aunque los candidatos no lo mencionaron explícitamente, de algunas de sus intervenciones surge la idea que Bogotá debe ser considerada más como un país que como una ciudad.  Es claro que Bogotá no sólo es la ciudad más importante del país sino que además por su mismo tamaño podría ser considerada como el decimotercero país en población y el noveno medido en términos de ingreso en América Latina.

    Si se lograra de la noche a la mañana la independencia de Bogotá del resto del país y se mantuvieran los impuestos Bogotá mejoraría considerablemente su capacidad de gasto público.  Como bien lo mostró uno de los candidatos, los impuestos recaudados en la capital superan ampliamente las transferencias recibidas del gobierno nacional.  Un movimiento separatista, que ojalá nunca surja, tendría en esta injusticia fiscal un claro argumento a su favor que le ganaría incontables adeptos.
    La importancia de Bogotá que, como ya se ha dicho la puede colocar por encima de muchos países latinoamericanos, nos debería llevar a pensar si no es hora de cambiar la manera como se maneja la ciudad.  Hasta ahora se ha pensado que el gobierno bogotano debe proveer una serie de bienes y servicios de carácter local sin preocuparse por el crecimiento mismo de la región y sin tener en cuenta su interrelación con las ciudades vecinas. Si Bogotá fuera un país independiente debería tener un Ministerio de Desarrollo y Comercio Exterior que se preocupara de la promoción de su crecimiento.  Este ministerio entre sus funciones debería tener la de ser el interlocutor con los gremios productivos y en lograr acuerdos comerciales con sus vecinos.  Un país, y con mayor razón una ciudad, sin esta importante función de promoción se vería limitado en sus deseos de progreso.  Bogotá, a la mayor brevedad, y ojalá durante el periodo del alcalde que se va a elegir el próximo 30 de octubre, debería establecer una Secretaría de Desarrollo y Comercio que impulse, a través de un proceso de concertación con las fuerzas productivas, su desarrollo económico.
    No sólo se requiere de un apoyo institucional al desarrollo sino además se necesita contar con una fuerza de trabajo altamente capacitada.  Bogotá cuenta afortunadamente con una muy buena infraestructura dedicada a la educación superior.  Las universidades bogotanas públicas y privadas se encuentran entre las mejores del país y son envidiadas por las otras ciudades colombianas.
    Si la oferta de personal profesional en Bogotá es amplia y de muy buena calidad, la de personal capacitado para la industria a escala técnica no es suficiente ni adecuada para la industria que debe enfrentarse a una fuerte competencia internacional.  Un alcalde que quiera promover la capacitación de la fuerza de trabajo se debe sentir totalmente frustrado cuando comprueba que esta importancia función está asignada a una institución tan cuestionada y tan poco eficiente como el Sena.  No se puede entender cómo el Sena, que recibe el 40 por ciento de sus recursos en el territorio del Distrito, apenas gaste el 10 por ciento de su presupuesto en las necesidades ingentes de capacitación del sector productivo nacional. La importancia de que la Administración de la ciudad asuma las funciones de capacitación de su mano de obra se hace más notable cuando se da uno cuenta que las necesidades de capacitación son muy diferentes al interior de la ciudad.  Por la misma dinámica del desarrollo y ante la presencia de las economías de aglomeración, los diferentes barrios de la ciudad se van especializando.  Las fábricas de elementos metálicos se concentran en el barrio Estrada, las carpinterías dedicadas a restaurar antigüedades se concentran en la carrera quinta, las curtiembres en el barrio San Benito y así sucesivamente.

    La concentración de la actividad económica en lugares específicos de la ciudad facilita las labores de capacitación y permite establecer un programa más adecuado a las necesidades locales.  El gobierno nacional que no tiene por qué conocer estas peculiaridades de la demanda de capacitación debe gastar considerables recursos en una investigación que le permita definir un plan de capacitación adecuado a las circunstancias locales.  La importancia de la capacitación para un desarrollo acelerado y la ventaja comparativa de Bogotá para hacerla deberían llevar a que Bogotá asuma la capacitación y que los recursos recibidos por el Sena sean transferidos en su totalidad a la capital.

    Si queremos evitar que surjan movimientos separatistas, debemos comenzar a hacer las reformas que permitan que Bogotá se maneje como se han manejado los famosos tigres asiáticos.