Category: Alfonso López Michelsen

  • Los Presidentes NO renuncian piden renuncias

    Los Presidentes NO renuncian piden renuncias

    No es una
    buena época para los líderes presidenciales latinoamericanos. Evo Morales acaba
    de perder el 21 de febrero un referendo en el que se le preguntó a los
    bolivianos si aprobaban una nueva reelección de su presidente. El 6 de
    diciembre de 2015, la oposición venezolana propinó una fuerte derrota al oficialismo
    en Venezuela. El 22 de noviembre de 2015, Mauricio Macri derrotó a Daniel
    Scioli candidato oficialista en Argentina.
    Los gobiernos
    en Sur América tienen unas tasas de aprobación muy bajas. Presidentes de varios
    países tienen unos niveles de favorabilidad históricamente muy bajos. Según la
    última encuesta de popularidad Dilma
    Roussef
    tiene una aprobación de tan solo 11% en Brasil, Michelle
    Bachelet
    no sale mejor librada; tiene una aprobación de 24 % en Chile.
    Está crisis
    de gobernabilidad no es ajena a Colombia, infortunadamente no somos una excepción.
    Según el Yanhaas Poll de febrero 12 de 2016 nuestro presidente Juan Manuel
    Santos tiene una aprobación de tan solo
    16%,
    con una marcada tendencia a la baja, pues en la anterior encuesta tenía 21%.



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  • Hace veintiún años

    Según personas allegadas al equipo económico de esa  época, las improvisaciones del entonces director de impuestos tuvieron al borde del colapso nervioso al Presidente López.

    En estos días se ha comenzado a discutir el proyecto de reforma tributaria de la Administración Samper.  Sin entrar a discutir las consecuencias políticas de la propuesta reforma tributaria ni mucho menos pretender siquiera insinuar que el hacer una reforma tributaria en contra de las promesas electorales podría tener consecuencias parecidas a las que tuvo que sufrir George Bush al haber incrementado los impuestos después de haber dicho la frase famosa “Lean mis labios: no más impuestos”, es importante hacer algunos comentarios.

    En primer lugar, es conveniente volver a destacar que la práctica ha demostrado que ni el incremento en tarifas, ni las reformas tributarias son la solución definitiva para controlar el déficit fiscal.  La experiencia colombiana ha demostrado que el aumento de las tarifas lo único que hace es aumentar transitoriamente los impuestos y a la vuelta de algunos años el déficit vuelve a surgir en algunos casos con mayor virulencia.  La reforma tributaria de 1974 mostró claramente que el aumento de los ingresos dio origen a un incremento desmesurado de los gastos y los políticos encontraron atractivo apropiarse de los recursos para incrementar todo tipo de gasto.

    En segundo lugar, el incremento de tarifas tiene como consecuencia un incremento en la evasión. La comentada reforma del 74 convirtió a todos los colombianos en evasores. Fueron de tal magnitud los incrementos de las tarifas y en especial el tratamiento de las llamadas ganancias ocasionales que a partir de ese momento las transacciones de finca raíz, entre otras, nunca más se volvieron a registrar por su valor real. A partir de 1974, las escrituras de compraventa de inmuebles se convirtieron en una gran medida en la que se registraban cifras inferiores al valor comercial de los inmuebles.  A partir de ese momento los choferes, jardineros y las empleadas de servicio doméstico se convirtieron en los principales inversionistas.  Algunas entidades del sector financiero tenían a la disposición de sus posibles clientes una lista de nombres con su respectivo NIT para que el inversionista pudiera evadir el impuesto sobre sus rendimientos financieros.  Esta práctica, sin duda, contribuyó en buena parte a la crisis del sector financiero en 1982.

    En tercer lugar no debemos olvidar que el sistema colombiano está hecho para que la gente pague lo que quiera.  No hay instrumentos para controlar a los evasores.  La simplificación tributaria ha llevado a que no exista un registro en poder de la Administración de los valores recibidos por los contribuyentes.  Si uno quiere no declarar o declarar menos el Gobierno no está en capacidad de cruzar la información de lo declarado por un contribuyente y lo que debería aparecer en las declaraciones de los que hicieron los pagos como gastos deducibles. Los pocos controles existentes para asegurar que los contribuyentes que hacen las retenciones de ninguna manera pueden servir de control, por la sencilla razón que nunca se reporta una relación  del detalle de las retenciones. Si ese control se eliminó en aras de una simplificación tributaria es imposible tener un control real del contribuyente. La mejora real del control no necesita una reforma sino apenas de decisiones por parte del gobierno. 

    Por si fuera poco, se vuelve a insistir en aumentar los impuestos  a los vehículos estableciendo unas tarifas diferenciales según el tipo de vehículo que lo único que hacen además de dificultar enormemente la administración tributaria, es darle un nuevo aire a la demanda, de los llamados vehículos suntuarios. Este anuncio, que a lo mejor no termina en nada, lo que hace es que los ricos se apresuren a comprar los vehículos antes de que se establezcan los impuestos.  Eso ya pasó en el 74, en el reciente pasado cuando el profesor Garay lanzó esta propuesta.  Desde ese mismo momento se comenzó a gestar el déficit en cuenta corriente pues todo el que tenia algunos ahorros se lanzó a comprar vehículos antes de que les pusieran los elevados impuestos sugeridos por tan destacado analista.

    El tratamiento que se le ha venido dando a los cambios procedimentales es un mal signo para lo que se viene.  El doctor Perry ha lanzado ideas para mejorar la recaudación de impuestos tales como el cobrar una retención en la fuente a los comerciantes a través del sistema de tarjetas de crédito sin haber sido estudiadas a cabalidad.  Para los que tienen buena memoria precisamente esto fue lo que sucedió en la reforma del 74. Las medidas se debían cambiar a cada instante porque el Doctor Perry parece que no hacía bien su tarea. Según personas allegadas al equipo económico de esa  época, las improvisaciones del entonces director de impuestos tuvieron al borde del colapso nervioso al Presidente López.

    En resumen, la reforma no solo es totalmente contraria a las propuestas de la campaña  sino que tiene vicios que ya parecían enterrados y que infortunadamente vuelven a reaparecer.  Los errores cometidos por el Doctor Perry en 1974 cuando era Director de Impuestos vuelven a  reaparecer a los veintiún años.
  • A pensar sobre la revaluación

    Los rastros dejados por
    la revaluación invisible son bastantes evidentes.
    La semana anterior el
    Doctor Alfonso López Michelsen al hacer su presentación del Libro “El
    Comercio Exterior y la Política Internacional del Café” de los Doctores
    Roberto Junguito y Diego Pizano, puso a pensar al país sobre el tema de la
    revaluación de la tasa real de cambio. El ilustre Expresidente, con su discurso
    ampliamente aplaudido por los asistentes, puso sobre el tapete el tema de lo
    que él llamó la revaluación invisible.
    Tal como lo manifestó
    el Expresidente López Michelsen, la revaluación de la tasa real no aparece
    todos los días en los periódicos y por lo tanto, no tiene la notoriedad de la
    variación de la tasa representativa del mercado. Si bien el hombre de la calle
    no está enterado de la magnitud de esta revaluación invisible, no por ello deja
    de sentir sus consecuencias. La teoria económica nos enseña que cuando hay una
    revaluación real, los bienes que no entran en el comercio internacional
    presentan un excedente de demanda y su precio sube.
    Por tanto, en estas
    circunstancias, los sectores que producen bienes como la finca raíz que no
    entran en el comercio exterior,se enfrentan a una bonanza y sus precios suben
    más rápido que los bienes que exportamos e importamos. Por eso no es de
    extrañar que las bonanzas de la finca raíz sucedan en las épocas en las que el
    peso está sobrevalorado con relación al dólar. También se ha visto que cuando
    hay una devaluación invisible del peso la finca raíz entra en crisis. Esto nos
    indicaría que quienes se preguntan si va a continuar la bonanza de la
    edificación, lo que realmente se deberían preguntar es hasta cuando vamos a
    poder sostener un peso sobrevalorado.
    Cuando hay una
    revaluación real del peso el precio de los bienes que pueden ser exportados o
    importados suben más lentamente que los servicios y la finca raíz. Por lo
    tanto, cuando hay una revaluación real del peso es apenas lógico que el precio
    de los alimentos y algunos productos industriales suban por las escaleras
    mientras que los servicios y los arriendos lo hacen por el ascensor. Los
    agricultores y los industriales que están ahora enfrentados a la competencia
    externa deben entender que sus precios comenzarán a subir más rápidamente que
    los de los sectores no transables cuando el país se empeñe en hacer una
    devaluación real del peso. Las medidas fáciles de apoyo temporal no serán mas
    que paños de agua tibia.
    Cuando hay una
    revaluación invisible los empleados mejoran sus ingresos en términos de
    dólares. Los salarios mínimos, medidos en dólares, de los colombianos suben más
    rápidamente que los de otros países. Infortunadamente, el mayor poder
    adquisitivo de los trabajadores colombianos se convierte en un espejismo, pues
    ésta subida de los salarios se traduce en una pérdida de competitividad de la
    economía colombiana, lo que tarde o temprano se manifiesta en una crisis del
    sector productivo colombiano.
    Como se ha visto
    anteriormente, los rastros dejados por esta revaluación invisible son muy
    evidentes hoy en día. Su presencia no se puede negar ni ocultar mediante el
    juego de seleccionar índices de precios. Es claro que el país debe pensar en la
    forma de enfrentar este grave problema.

    Además, como muy bien
    lo anotó el Doctor López en su conferencia, el momento para adoptar las medidas
    es ahora mismo. No podemos, debatir las medidas que se tomarán para
    enfrentarnos a la revaluación que acompañará la bonanza de Cusiana, pensando
    que tenemos tiempo. Hay que pensar en una acción inmediata olvidándonos un poco
    de algo que a lo mejor no va a llegar.